TRIBUNAL SUPERIOR DE BOGOTA SALA CIVIL DE DECISIÓN Magistrado Ponente

Anuncio
TRIBUNAL SUPERIOR DE BOGOTA
SALA CIVIL DE DECISIÓN
Magistrado Ponente
OSCAR FERNANDO YAYA PEÑA
Bogotá D.C., veintitrés de febrero de dos mil nueve
(discutido en salas de diciembre 2 de 2008 y febrero 3 de 2009, aprobado en esta última)
REF. 11001 3103 007 2006 00368 01
Decídese
el
recurso
de
apelación
que
interpusieron
los
demandados contra la sentencia que el día 13 de febrero de 2008 dictó
el Juzgado Séptimo Civil del Circuito de Bogotá, en el proceso ejecutivo
singular por obligación de suscribir documento, seguido por José del
Carmen Mesa Suárez contra ERNESTO SANDOVAL DÍAZ y la menor
MARÍA ANGÉLICA SANDOVAL DÍAZ, esta última representada por sus
padres Ernesto Sandoval Agudelo y Sonia Ernestina López Díaz.
ANTECEDENTES
1.- Mediante demanda presentada el 1º de agosto de 2006 y
reformada el 1º de diciembre de ese mismo año, el ejecutante pidió que,
con base en una promesa de compraventa de cuotas de interés social
celebrada el 4 de septiembre de 2004, se ordenara a su contraparte
suscribir la escritura pública requerida para instrumentar la venta de
20.000 cuotas de interés social que los demandados tienen en la sociedad
Teleclub Ltda., y que se librara mandamiento ejecutivo por el monto de la
cláusula penal ($18’000.000).
2.- Los ejecutados excepcionaron “contrato no cumplido”, “carencia
de título ejecutivo por falta de exigibilidad de la obligación”, “carencia de
los requisitos legales de la minuta de escritura pública que propone el
demandante” e “indebida composición del contradictorio”. Alegaron que el
actor incumplió el parágrafo de la cláusula octava del contrato de
promesa, porque en la oportunidad prevista para el efecto (20 de
septiembre de 2004) se abstuvo de informar a los demandados -y a la
sociedad Teleclub Ltda.-, a nombre de quien debía otorgarse la aludida
escritura pública, lo que impidió que se surtiera la tramitación orientada a
hacer efectivo el derecho de preferencia que consagran los artículos 360 y
siguientes del Código de Comercio, omisión que impidió que la consabida
escritura pública se hubiera otorgado en la época estipulada en la
promesa de compraventa (entre el 3 y el 9 de octubre de 2004).
Añadieron que la minuta de la escritura pública que aportó el
ejecutante en su intento de satisfacer las exigencias del artículo 501 del C.
de P. C., hace alusión al traspaso de acciones, desconociéndose que
Teleclub es una sociedad de responsabilidad limitada, sin que se hubiera
hecho referencia a la firma del representante legal de la antedicha
sociedad, en los términos del artículo 362 del Código de Comercio.
3.- LA SENTENCIA APELADA. El juez a quo declaró imprósperas las
excepciones propuestas por el ejecutado y dispuso seguir la ejecución
conforme al auto de apremio. Adujo que el parágrafo de la cláusula 8ª de
la pluricitada promesa de compraventa contiene, no una obligación, sino
una facultad a favor del promitente comprador, de indicar a nombre de
quien habría de otorgarse la respectiva escritura pública, esto si tenía a
bien que la susodicha cesión se hiciera a favor de un tercero.
Agregó que el reseñado derecho de preferencia no es prerrequisito
para obtener el traspaso de las cuotas de interés social por la vía
ejecutiva; que en la promesa de compraventa se dejó constancia sobre el
surtimiento del ejercicio del prenombrado derecho de preferencia,
diligencia en todo caso innecesaria por cuanto quienes signaron el escrito
de promesa como representantes legales de los cedentes, a la vez hacían
parte de la junta de socios de Teleclub Ltda y llevaban, además, su
representación convencional. Acotó que los ejecutados recibieron el dinero
correspondiente al precio de las aludidas cuotas de interés social y que las
OFYP 2006 00368 01
2
falencias de la minuta del documento a suscribir destacadas por los
excepcionantes no afectan el vigor del título ejecutivo.
4.-
Al impugnar el aludido fallo, los demandados solicitaron que
se declarara nula la aludida promesa de compraventa por no concurrir
las exigencias que contempla el artículo 89 de la Ley 153 de 1887, en
tanto que en ella no se pactó plazo o término para la cesión de dichas
cuotas, ni se cumplió la condición establecida en el parágrafo único de
la cláusula 8ª del contrato en mención.
Insistieron los inconformes en que el promitente comprador no
comunicó a los promitentes vendedores a nombre de quien se debía
otorgar la escritura pública de venta de las referidas cuotas de interés,
lo cual impidió acatar las previsiones contenidas en los artículos 362 y
siguientes del Código de Comercio, de modo que la junta directiva de
Teleclub no tuvo oportunidad de definir si aceptaba el aludido acto. Por
último, recabó el apelante que en la minuta no se hizo mención al
representante legal de Teleclub Ltda, lo que tenía la trascendencia que
ya había advertido en su escrito de excepciones.
CONSIDERACIONES
1.- Se verifica la presencia de los denominados presupuestos
procesales y no se observa irregularidad que comprometa la validez de lo
actuado, lo que permite una decisión de fondo.
2.- Decantado lo anterior, advierte el Tribunal que los distintos
fundamentos incoados por los apelantes, incluyendo los que expusieron
al solicitar que se declarara nula la promesa de compraventa de las
cuotas de interés social de que trata el documento base de la ejecución,
coinciden, en lo medular, con los pilares en los que previamente habían
soportado sus excepciones de mérito, sin que para nada resulten ajenos
al tema atinente a la legalidad del mandamiento de pago que profirió el
juez a quo. Por lo mismo, la antedicha situación impone advertir que de
verificarse que el reseñado auto de apremio se ajusta a las exigencias
OFYP 2006 00368 01
3
consagradas en el artículo 488 del C. de P. C., y sus normas
concordantes, no quedará a la Sala camino distinto que desestimar la
alzada que interpuso la parte demandada.
2.1.
Ya se dijo que según los apelantes, el documento (privado)
base de la ejecución, esto es, el que se anuncia como “contrato
comercial de promesa de compraventa de cuotas de interés social de
Teleclub Ltda” (fls 2 a 5, cdno 1), no da positiva cuenta de la exigencia
que en su ordinal 3º consagra el artículo 89 de la Ley 153 de 1887, por
no haberse expresado en ella un plazo que fije la época en que ha de
celebrarse el contrato prometido.
Sin embargo, auscultado el escrito privado en cuestión, encuentra
el Tribunal que allí se estipuló (cláusula octava), “que la escritura
pública por medio de la cual se perfecciona el presente contrato de
promesa de compraventa se firmará en cualquier día hábil de la semana
comprendida entre el 3 y el 9 de octubre del año 2004, a la hora de las
11 A.M., en las dependencias de la Notaría 46 de Bogotá” (fl. 4), tema
sobre el cual conviene anotar, en armonía con el artículo 68 del Código
Civil, que estipulaciones como la traída a cuento no generan
ambigüedad alguna, ya que involucran “ ... un límite en que no es del
resorte de las partes concurrir a la notaría cuando lo prefieran, porque a
la sazón ya es forzoso hacerlo, si es que (...) no se quiere caer en
incumplimiento; trátase del último día del citado interregno”, por cuanto
en tal situación, “adviene el plazo fatal (...) que es el último día del
intervalo” (sent. de julio 19 de 2000, exp. 5478).
Lo recién expuesto significa, sin más, que en la promesa de
marras sí se satisfizo el requisito de que trata el ordinal 3º del artículo
89 de la Ley 153 de 1887, lo cual impide deducir la nulidad sustancial
sugerida por los apelantes, quienes no discutieron la presencia de los
requisitos que –frente a la validez de la promesa de contrato- en sus
demás ordinales contempla el precitado artículo 89.
OFYP 2006 00368 01
4
2.2.
Ahora, contrario a lo sugerido por la parte ejecutada, el
Tribunal resalta que en virtud del parágrafo de la cláusula 8ª del
contrato materia de ejecución se facultó al promitente comprador para
que optara por que la transferencia no se hiciera a nombre suyo, sino al
de un tercero. Per se, es elocuente el texto mismo de la antedicha la
antedicha estipulación, según la cual, los derechos sociales prometidos
en venta “... se podrán escriturar a nombre de la persona que a bien
tenga el promitente comprador” (fl. 4), evento este último en el que sí
se hubiera impuesto la carga de información a la que hizo referencia la
parte ejecutada y que es por entero irrelevante frente a la suerte final de
este litigio, en la medida en que el promitente comprador exigió para sí
(y no para un extraño), la transferencia de las disputadas cuotas
sociales.
2.3.
Establecida la legalidad de la orden de pago, cumple añadir
que la excepción de “contrato no cumplido” no estaba llamada a abrirse
paso, ya que no se acreditó que el ejecutante hubiera desatendido
alguna de las obligaciones a su cargo, tema sobre el cual observa la Sala
que la verificación oportuna del pago del precio de la negociación (de
$180’000.000) no fue siquiera cuestionada por los ejecutados y por el
contrario, encontró contundente refuerzo en los documentos privados
que en copia auténtica se adosaron a la demanda incoativa de este
proceso (fls. 6 a 20), cuya autenticidad no disputaron jamás los
demandados.
No olvida la Sala, sin embargo, que en sustento de esta defensa y
respecto
de
la
cesión
de
las
cuotas
sociales
en
disputa,
los
excepcionantes alegaron que no se agotó el trámite legal para el ejercicio
del derecho de preferencia entre los socios de Teleclub Ltda; que
previamente debió realizarse la reforma estatutaria correspondiente, con
la que la junta de socios de Teleclub decidiría si aprobaba o no la cesión
y que toda esa tramitación atinente al ejercicio del derecho de
preferencia se frustró por cuanto –desatendiendo el parágrafo de la
cláusula octava del contrato de promesa- el ahora ejecutante no enteró
OFYP 2006 00368 01
5
al representante legal de Teleclub Ltda., sobre la identidad de la persona
a nombre de la cual debía hacerse la transferencia.
Para dilucidar el reseñado aspecto de la controversia es ineludible
examinar en su integridad la estipulación octava en cita, incluyendo su
parágrafo, sin dejar de lado que en armonía con el artículo 1622 del
Código Civil, “las cláusulas de un contrato se interpretarán unas con
otras, dándosele a cada una el sentido que mejor convenga al contrato
en su totalidad”.
En el señalado orden de ideas, agrega la Sala que un examen
contextualizado del escrito de promesa conduce inequívocamente a
concluir que en virtud de sus cláusulas primera y octava, el promitente
comprador tenía dos opciones mutuamente excluyentes: que la escritura
pública con que se formalizara la prometida cesión se extendiera a
nombre suyo o que dicha transferencia se hiciera a nombre de un
tercero. Ciertamente, según la cláusula primera, los promitentes
vendedores se obligaron a transferir las disputadas cuotas sociales al
promitente comprador, hoy demandante, al paso que en el parágrafo de
la cláusula octava se estipuló que las prometidas cuotas de interés
social “se podrán escriturar a nombre de la persona que a bien tenga el
promitente comprador, para lo cual el promitente comprador deberá
avisar a los representantes legales de los promitentes vendedores, a más
tardar el 20 de septiembre de 2004, a nombre de qué personas se debe
firmar la escritura pública que perfecciona este contrato, todo con el
objeto de proceder a realizar la correspondiente Junta de Socios y su
correspondiente acta, para el ejercicio del derecho de preferencia a que
se refieren los estatutos sociales de Teleclub Ltda.” (fl. 4).
Así las cosas, no se puede perder de vista una circunstancia de
singular importancia para la definición del presente litigio: que el escrito
de promesa también fue signado por los padres de los promitentes
vendedores, señores Ernesto Sandoval Agudelo y Sonia Ernestina López
Díaz, el primero a la vez se desempeñaba como gerente de Teleclub Ltda,
y la segunda como suplente del gerente de la antedicha sociedad
OFYP 2006 00368 01
6
mercantil, de la cual era a la vez socia junto con sus hijos los aquí
demandados (ver la respectiva certificación de la Cámara de Comercio
(fls. 29 a 30).
Ante el panorama antes descrito es ostensible que si como
finalmente acaeció, el promitente comprador no varió su decisión de que
la transferencia se hiciera a nombre suyo, no resulta para nada
sorpresivo el que las partes entendieran que para la fecha en que se
otorgó la promesa ya se había superado lo atinente al ejercicio del
derecho de preferencia que en principio pudiera asistir a la señora Sonia
Ernestina Díaz López, desde luego que si ella signó sin reservas dicho
documento privado es porque no estaba interesada en adquirir las
cuotas prometidas en venta. Para abundar en razones, la Sala destaca
que en la cláusula 7ª del contrato de promesa materia de cumplimiento
forzado “... se deja claramente expresado que las partes contratantes, en
especial los promitentes vendedores, permitieron el ejercicio del derecho
de preferencia, para la venta de las cuotas de interés social de que da
cuenta este contrato, y que por tanto esta venta se ajusta en un todo a
las normas del Código de Comercio que regulan la materia, así como a
las
disposiciones
estatutarias
que
existen
sobre
el
proceso
de
enajenación de cuotas de interés social de la sociedad Teleclub Ltda.” (fl.
4, cdno. 1).
No sobra insistir, entonces, en que el enteramiento y las demás
diligencias
contempladas
en
el
escrito
de
promesa
para
dar
cumplimiento a las normas legales y estatutarias vigentes en punto al
derecho de preferencia regulado en los artículos 362 y siguientes del
Código de Comercio, sólo eran exigibles para el evento –no verificado, en
este caso- en que el promitente comprador hubiera optado porque la
escritura pública de transferencia de cuotas sociales se hiciera a favor
de un tercero. La claridad del parágrafo único de la susodicha
estipulación octava, ya trascrito, no da lugar a la menor duda.
2.4.- De otro lado, memora el Tribunal que los demandados
quisieron hacer valer como excepción perentoria una supuesta “carencia
OFYP 2006 00368 01
7
de los requisitos legales de la minuta de escritura pública que propone el
demandante”, para lo cual alegaron que en el borrador que este aportó en
atención a lo previsto en el artículo 501 del C. de P. C., se hizo alusión al
traspaso de “acciones”, desconociéndose que la verdadera naturaleza
jurídica de Teleclub Ltda., y sin referir lo atinente a la firma del
representante legal de la sociedad en cita, para dar cumplimiento a lo
normado en el inciso segundo del artículo 362 del Código de Comercio.
Ninguna de estas argumentaciones, retomadas por los ejecutantes
en el escrito de apelación, comprometen el vigor ejecutivo de la promesa
de cesión de cuotas sociales, pues, en puridad, son exigencias que
atañen no al título ejecutivo propiamente dicho, sino a las formalidades
inherentes a la demanda ejecutiva, por manera que -llegado el caso y
haciendo uso de los poderes que sobre el particular le reconoce el
ordenamiento positivo (v. gr., el artículo 37 del C. de P. C.)-, el juzgador
a quo podrá salvarlas al momento de suscribir la respectiva escritura
pública, esto de acuerdo con lo normado sobre el particular en los
artículos 501 y 503 del C. de P. C., y ante la eventual renuencia de los
llamados a signar dicho documento notarial.
En efecto, ante el fracaso de la alzada impetrada por los
demandados, ha de advertirse que sobre el juez de primera instancia
pesa el deber de remover, en cuanto esté a su alcance, todos los
obstáculos que pudieran hacer nugatoria la sentencia apelada, la que a
su vez recogió íntegramente lo dispuesto en el mandamiento ejecutivo,
esto con miras a hacer efectivo el derecho sustancial que asiste a la
parte demandante, en orden a que le sean transferidas las cuotas
sociales materia de disputa, claro está, con cabal sujeción a las
correspondientes normas legales y estatutarias.
4.- En resumidas cuentas, se impone refrendar en su integridad
la providencia apelada, sin que para ello sea óbice el reparo contenido
en el salvamento de voto que acompaña a esta sentencia, fincado en un
pretendido incumplimiento contractual de la parte actora por no haber
OFYP 2006 00368 01
8
comparecido a la respectiva notaría con miras a suscribir la escritura
pública de transferencia de los derechos sociales en disputa.
Para la mayoría de la Sala no ofrece trascendencia alguna la
circunstancia aducida por el Magistrado disidente, pues recae la misma
sobre un aspecto que ni por asomo fue planteado por los demandados,
ni a manera de excepción, ni como fundamento de su alzada. Cual si
fuera poco, no se probó que los promitentes vendedores, vale decir,
quienes en armonía con la cláusula novena de la promesa de marras,
debieron
acometer
el
diligenciamiento
y
la
aportación
de
las
informaciones y comprobantes requeridos para el otorgamiento de la
escritura pública (ver la cláusula novena de la promesa), hubieran
obrado en conformidad, por manera que la omisión que el Magistrado
disidente enrostró al promitente comprador resultó inocua, en la medida
en que así hubiera comparecido el señor Mesa Suárez a atender su
compromiso de signar el documento notarial en el lugar y época
previamente convenidos por los interesados, tal propósito no se hubiera
podido realizar dada la antedicha circunstancia, a la que se suma que
tampoco se acreditó que las personas llamadas a otorgar la escritura a
nombre de los cedentes y de la prenombrada sociedad mercantil
hubieran acudido oportunamente a honrar las obligaciones prometidas.
DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, el Tribunal Superior de Bogotá, Sala
Civil de Decisión, administrando justicia en nombre de la República y
por autoridad de la Ley,
RESUELVE
CONFIRMAR la sentencia que el 13 de febrero de 2008 dictó el
Juzgado Séptimo Civil del Circuito de Bogotá, en el proceso ejecutivo
OFYP 2006 00368 01
9
singular seguido por José del Carmen Mesa Suárez contra Ernesto
Sandoval Díaz y María Angélica Sandoval Díaz.
Costas de esta instancia
a cargo de los demandados. Liquídense por la secretaría del Tribunal.
Cumplido, devuélvase la actuación al juzgado de origen.
Notifíquese y cúmplase
Los Magistrados
OSCAR FERNANDO YAYA PEÑA
MARÍA PATRICIA CRUZ MIRANDA
MARCO ANTONIO ÁLVAREZ GÓMEZ
OFYP 2006 00368 01
10
Descargar