Desarrollo del capitalismo

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El desarrollo del capitalismo.
El sistema capitalista se acompañó de una misión civilizadora que pretendió legitimarlo y justificarlo. Esta
misión impuso los valores, las creencias y las costumbres propios de la llamada civilización occidental: la
modernización, la fe en el progreso, la superioridad de los blancos, el cristianismo como suprema religión y el
trabajo como la más elevada virtud.
La idea del progreso.
A lo largo del siglo XIX la industrialización prosiguió y se acompaño de descubrimientos científicos e
innovaciones tecnológicas. En esta época, la idea de que la humanidad avanzaba hacia el progreso se
consolidó y frecuentemente se unió a la idea de la evolución. Se creyó que los seres humanos se habían
acercado a la verdad y que sus posibilidades para resolver problemas, ser felices y dominar su entorno eran
cada vez mayores.
El conde Saint−Simon dedicó sus mayores esfuerzos a descubrir leyes del progreso, para él la edad de oro de
la humanidad se alcanzaría pronto, cuando la sociedad fuera dirigida por los industriales, los científicos y los
artistas.
Su continuador, Augusto Comte, creó una nueva ciencia: La Sociología, encargada de estudiar la estructura y
el funcionamiento de las sociedades. Para ello propuso una nueva teoría: el positivismo y la presentó como
una nueva religión de la humanidad.
En el siglo XIX casi todos los proyectos de la sociedad afirmaron que el progreso era natural, es decir, estaba
dada por las leyes de la naturaleza o por Dios, y en el siglo XX, la fe en el progreso se convirtió en el
fundamento del comportamiento de la burguesía.
A pesar del reconocimiento generalizado de la idea del progreso, también surgieron dudas y críticas acerca de
ella
El filósofo alemán Friedrich Nietzche cuestionó el hecho de que sobre la razón y las creencias admitidas se
crearan falsas esperanzas sobre el futuro.
La Segunda Revolución Industrial.
A lo largo del siglo XIX la población europea se cuadruplicó.
A partir de 1860, en Europa y Estados Unidos de América se registró una nueva ola de grandes
descubrimientos científicos y adelantos técnicos. A este fenómeno se le conoció como la Segunda Revolución
Industrial.
Entre 1870 y 1900 se inauguraron áreas agrícolas de explotación en regiones subdesarrolladas y se descubrió
la mayor parte de las riquezas naturales. La economía mundial entró en una mayor interdependencia. Los
países pobres y ricos se necesitaron mutuamente por lo que a esta época se le consideró como la primera
globalización de los mercados.
Gracias a los avances de la electricidad, la comunicación a larga distancia se hizo posible. Desde 1836 Morse
había inventado el telégrafo. En 1845 se inauguró el telégrafo público y para 1877 se instaló el teléfono.
En la segunda mitad del siglo XIX, en toda Europa se tendieron redes de ferrocarriles, estas provocaron gran
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euforia entre los usuarios. El ferrocarril disciplinó a su clientela horarios precisos de llegada y salida.
A la Segunda Revolución Industrial se le conoce también como la era del ferrocarril y la era del acero.
A partir de 1875 se empezó a usar el acero para la construcción de máquinas, herramientas y armamento y se
descubrió el acero inoxidable.
El automóvil también se desarrolló gracias al uso del acero. Parte importante de la segunda revolución
industrial fue el descubrimiento de los átomos en una molécula y el descubrimiento de yacimientos
petrolíferos subterráneos.
El desigual desarrollo económico.
A lo largo del siglo XIX, Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania, Estados Unidos y Japón consolidaron su
posición como grandes potencias económicas y militares. La nueva tecnología y los avances científicos
ocurrieron fundamentalmente en estas naciones. Aquí, el desarrollo del capitalismo fue mayor porque sus
poderosas compañías por acciones mantuvieron buenas relaciones con sus gobiernos. Para el siglo XX de
alguna u otra forma todo el planeta participaba en el sistema capitalista mundial.
El desarrollo del capitalismo ha sido desigual. Según Max Weber, el racionalismo, la responsabilidad, el
ahorro, el trabajo, el individualismo y pensamiento libre favorece la rápida expansión de la industria y del
mercado.
En las últimas décadas del siglo XIX empezó una nueva fase de colonización mundial, la cual se le ha llamado
Imperialismo. En la época del Imperialismo, las potencias imperiales no se preocuparon en ocupar territorios
y poblarlos con colonos o fundar bases comerciales.
Su mayor interés fue invertir en otros territorios para controlar la producción y transportación de materias
primas, mano de obra y máquinas. A partir de 1880 las grandes potencias entraron en una intensa competencia
por el control de los mercados y se repartieron el mundo.
Monopolios y sociedades anónimas.
A lo largo del siglo XIX, Europa atravesó por crisis económicas recurrentes. Para 1873, con el fin de atender
la demanda de una población que había aumentado enormemente, la producción mundial de mercancías era
masiva. La crisis de 1873 afectó a todas las potencias industrializadas.
En el caso de Estados Unidos de América se consolidaron monopolios y se organizó un amplio movimiento
obrero que estalló diversas huelgas.
Un monopolio controla diversas ramas de la producción, el transporte, la distribución y la comercialización de
uno o varios productos.
Los consorcios son un conjunto de monopolios que además de manejar la producción, el transporte y el
comercio son dueños de bancos y compañías de seguros.
Los hombres de negocios habían reunido sus capitales en compañías por acciones de sociedad anónima, con el
objetivo de emprender grandes proyectos comerciales para poder vender su parte cuando quisieran y no
tuvieran que estar presentes en cada una de las transacciones.
A finales del siglo XIX la mayor parte de estas compañías optaron por la responsabilidad limitada. Esto quiere
decir que los socios siguen teniendo libertad para vender sus acciones y la compañía mantiene el compromiso
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de informarles como se han invertido los capitales y cuales son las pérdidas.
Los estados de las grandes potencias se unieron a los monopolios para engrandecer juntos la nación.
Crisis y descontento.
Así como en 1880 empezó una nueva fase de la historia económica mundial, también comenzó una nueva fase
del movimiento obrero internacional. El socialismo se extendió geográficamente y creció el número de
miembros pertenecientes a los sindicatos y partidos de izquierda y este se explica por el desarrollo industrial
que requirió un considerable aumento de trabajadores y también por la emigración del campo a las ciudades.
En 1889 se volvió a organizar la gran Asociación Internacional de Trabajadores. Esta II Internacional duró 20
años y en esta prevalecieron las ideas de Marx y Engels, expulsaron a los anarquistas, se discutió si el auge
industrial trajese mejoras en las condiciones de los trabajadores. Finalmente se acordó que la organización de
partidos políticos era positiva
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