Viernes 12 de setiembre de 2008 | Diario La Nación
Como el telescopio, el acelerador revelará un mundo nuevo
Por Leon Lederman
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Por Leon Lederman Para LA NACION
El acelerador de partículas (LHC), durante su construcción Foto: Archivo
CHICAGO.- El telescopio, construido por Galileo a fines de 1500, fue una de las primeras y más
importantes herramientas de la era científica. Su poder de magnificación era igual al de un par de
binoculares económicos que podríamos comprar en cualquier supermercado, pero en manos de un
científico extraordinario abrió un mundo completamente nuevo.
Galileo pudo descubrir que Júpiter tenía cuatro lunas. Descubrió las manchas solares, lo que le
permitió afirmar que el Sol rotaba alrededor de un eje. Pero lo más espectacular fue su hallazgo de
que Venus tenía fases, lo que confirmó la visión copernicana de nuestro sistema solar y probó que
la teoría rival de Tolomeo, de que la Tierra era el centro del universo, estaba equivocada.
¿Cómo un instrumento tan elemental pudo ser tan significativo? Los esfuerzos de la humanidad
para comprender y conocer mejor el mundo depende de la capacidad de observar, medir y
razonar. Dado que gran parte de la naturaleza incluye elementos tan diminutos, distantes o sutiles
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para observar, la época "moderna" de la que Galileo fue parte necesitó de la invención de
herramientas para mejorar nuestra capacidad de observación y medición.
A medida que se fueron construyendo mejores telescopios, evolucionó nuestro conocimiento de
ese complejo y hermoso nuevo mundo del cosmos. Tomamos conciencia del vasto universo lleno
de objetos extraños -púlsares, cuásares y agujeros negros- y de que habitábamos en un punto
insignificante, una parte de una galaxia de miles de millones de estrellas con sus propios sistemas
solares.
La invención del microscopio, un dispositivo similar, pero diseñado para magnificar todo lo
diminuto, reveló el mundo de los microbios, tan pequeño que miles de ellos podrían caber
cómodamente en el punto final de esta oración. Otros avances en el desarrollo de herramientas
microscópicas revelaron nuevos mundos extraños, pero miles de veces más pequeños que los
microbios: ¡los átomos!
El LHC [el acelerador de partículas que se puso en marcha anteayer en Ginebra] es similar al
telescopio de Galileo porque les proporcionará a los científicos información de un nuevo mundo: el
de las partículas subatómicas que forman la materia. Se espera poder lograr el nivel más alto de
magnificación de las propiedades de los objetos en la historia de la física de partículas, unas
deslumbrantes 500 veces más de lo que se puede lograr hoy.
Si el telescopio de Galileo le permitió observar a Júpiter, ¿qué es lo que los científicos podrían ver
con el LHC? Su alcance y su sensibilidad bien podría revelar un nuevo mundo, un regalo para el
siglo XXI.
Pero ¿qué tipo de mundo? A partir del conocimiento que tenemos y de la mezcla de los distintos
mundos revelados a través de la gran cantidad de herramientas e instrumentos construidos desde
Galileo, ¿podemos aún esperar sorpresas? Si analizamos las preguntas que estimularon la
construcción del LHC, podemos comenzar a sentir cuán profundo indagará esa herramienta en la
naturaleza fundamental del mundo físico. El LHC nos permitirá replicar algunas de las condiciones
de los primeros instantes del universo.
Pero movidos por la historia del telescopio de Galileo, nuestra expectativa de lograr las
modificaciones más importantes en la visión del nuevo mundo a través del LHC es firme. La
precisión de este nuevo "telescopio" comenzará a verse realmente entre 2009 y 2020. Es seguro
que hallaremos respuestas a preguntas que sabemos cómo formular y, si la historia sirve de guía,
encontraremos algunas otras nuevas.
El autor recibió el Premio Nobel de Física en 1988 y fue director del Laboratorio Nacional de
Aceleradores Fermi, EE.UU.
Partículas a toda velocidad
* GINEBRA (DPA).- Tras el exitoso "viaje inaugural" de los núcleos atómicos por el gran
colisionador de hadrones (LHC), las partículas se mantienen rotando ya durante 30 milésimas de
segundo, recorriendo unos 8000 kilómetros, equivalentes a unas 300 vueltas alrededor del
acelerador subterráneo de 27 kilómetros. La idea es que las partículas roten en el futuro durante
50 horas de manera continua. Para eso, habrá que evitar que los 2800 paquetes de protones no se
desintegren y mezclen. La idea es que en el futuro choquen de manera controlada a la velocidad
de la luz para dar respuestas a preguntas fundamentales de la física.
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