Apéndice de fallos
1.
C. Civil y Comercial de 1a Nominación de Santiago del Estero,
17-2005 “Seva, Leonilde A. c. Construcciones Sema S.R.L.” LLNOA To.
2006 (abril) pág. 302
HECHOS:
La actora promueve demanda por Daños y Perjuicios invocando haber experimentado daños
materiales de gran porte en su vivienda a raíz de la construcción de un edificio en el terreno
colindante. El juez de primera instancia admite la demanda y condena a los accionados a
pagar en forma conjunta, solidaria y mancomunada. La Cámara resuelve revocar
parcialmente el fallo recurrido haciendo lugar a la prescripción de la acción interpuesta por
algunos de los codemandados.
SUMARIOS:
Las pruebas colectadas durante las diligencias preliminares -en el caso, en una acción de daños
y perjuicios derivados de una obra en construcción cuyo proyecto presentaba falencias y cuyo
abandono agravó los daños en el inmueble de la actora-, sólo son oponibles a los
codemandados a quienes se les cursó la notificación pertinente y no así a los demás
accionados.
La manifestación hecha por el deudor admitiendo un derecho en cabeza de la autora luego de
vencido el plazo de prescripción, carece de relevancia a los fines de la procedencia de la acción
-en el caso, en una acción de daños y perjuicios derivados de una obra en construcción cuyo
proyecto presentaba falencias y cuyo abandono agravó los daños en el inmueble de la actora-,
desde que sólo puede interrumpirse una prescripción en curso y no una ya cumplida, y su
reconocimiento no tiene efectos novativos.
Los codemandados que no fueron citados al proceso iniciado con las diligencias preliminares y
prueba anticipada tienen oportunidad de oponer la defensa de prescripción -en el caso, en una
acción de daños y perjuicios derivados de una obra en construcción cuyo proyecto presentaba
falencias y cuyo abandono agravó los daños en el inmueble de la actora- hasta el momento de
contestar la demanda.
Por aplicación de las reglas que rigen la renuncia de derechos, debe aceptarse que la intención
de renunciar a la prescripción -en el caso, en una acción de daños y perjuicios derivados de una
obra en construcción cuyo proyecto presentaba falencias y cuyo abandono agravó los daños en
el inmueble de la actora- no se presume y que los actos que induzcan a probar esa
determinación deben interpretarse restrictivamente, por lo que la remisión tácita de la
prescripción debe surgir inequívocamente de actos concretos del deudor, que demuestren que
renuncia porque entendió estar obligado al pago de la obligación
TEXTO (Parte pertinente):
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2ª Instancia.- Santiago del Estero, agosto 17 de 2005.
1ª ¿Es justa la sentencia apelada? 2ª ¿Qué decidir sobre las costas?
1ª cuestión.- La doctora Brunello de Zurita dijo:
Plataforma Fáctica: A los fines del recurso resultan relevantes los siguientes hechos:
I) La actora promueve demanda por Daños y Perjuicios invocando haber experimentado daños
materiales de gran porte en su vivienda, desde el año 1993, a raíz de la construcción de un
edificio en el terreno colindante de propiedad de la codemandada Lucía Lucrecia Perea de
Lugones. Afirma la accionante que dirige la acción contra los hijos de la antes nombrada
Ignacio Manuel, Juan Martín José, María Lucy y M. L. por cuanto el terreno en cuestión les fue
cedido mediante escritura N° 434 del 26/121986, como así también contra Construcciones
Sema S.R.L., el Arquitecto César Elli y el Ingeniero Henry Hinny en su condición de
constructora, proyectista y calculista respectivamente, según folletos de promoción del edificio
y por haber visto a los representantes de la constructora -Sr. Nacer- y los técnicos Elli y Hinny
durante el período de trabajos realizados en la obra. Aduce que la obra fue abandonada con
posterioridad a los trabajos de excavaciones para la construcción de cimientos, dejando un
pozo contiguo a la pared del living comedor de casi dos metros de profundidad, lo que a la
postre se convirtió en una pileta de casi 4 (cuatro) por 3 (tres) mts en tiempos de lluvia, que
sumada a la ausencia de tabique de submuración generaron el hundimiento, profundo
agrietamiento de muros, levantamiento de pisos y humedad en las paredes con sus implicancias
en la estabilidad y seguridad del inmueble. Aduce que debió soportar graves molestias durante
el tiempo que hubo obreros trabajando como ruidos molestos y vibraciones y con posterioridad
las consecuencias derivadas del modo en que se desarrolló la misma. Alega además que la
vivienda sufrió depreciación en el precio de venta en el mercado local a raíz de los perjuicios
experimentados. Acusa el daño moral, invocando el sentimiento albergado por la actora al ver
el deterioro de su casa, heredada de sus padres y mejorada en base a su esfuerzo personal,
como en el hecho de haberla habitado durante toda su vida. A fs. 128 la actora amplía los
términos de la demanda contra Ricardo Aznares, Franklin Héctor Abalos, Mirta Griselda del
Valle Luna, Domingo Hércules Simonetti y Diego Luis Jiménez. Advierte que efectuó los
reclamos pertinentes a la familia Lugones y a Nazer, responsable de la empresa constructora,
los que resultaron infructuosos.
II) Los accionados Lucía Lucrecia Perea de Lugones, Ignacio Manuel, Juan Martín José, María
Lucy y M. L. contestan la demanda y endilgan la responsabilidad por los daños a la firma Sema
Construcciones S.R.L. alegando que el terreno lindero con el inmueble de la actora, fue
vendido mediante boleto de compraventa al Arq. Jorge Eduardo Nazer en su carácter de socio
gerente de la razón social antes nombrada en fecha 8 de enero de 1992. Reseñan luego que la
venta fue rescindida el 2 de enero de 1997 mediante instrumento privado que adjuntan,
recuperando la propiedad y posesión del inmueble indicado. Pretenden deslindar su
responsabilidad alegando la transferencia de la posesión del bien y con ello el carácter de
dueño y guardián de la cosa. Oponen defensa de prescripción con basamento en los arts. 3949
y 4037 del Código Civil. Impugnan las actuaciones sobre prueba anticipada, con fundamento
en la ausencia de citación a su parte conforme lo exige el art. 320 del CPCC.
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III) La demandada en segundo término Sema Construcciones S.R.L. no compareció al proceso,
lo que motivó el decaimiento del derecho a contestar la demanda y declaración de su rebeldía a
fs. 226 vta. providencia del 4/10/2001.
IV). A fs. 108/113 comparecen los doctores S. R. de B., M. J. Z. y R. A. S. en representación
del Ing. Henry Edesmir Hinny, y responden el traslado de demanda. Impugnan la documental
agregada por la accionante y el monto litigioso estimado. Señalan que a fines de 1992 el Arq.
Nazer en nombre de Sema Construcciones propuso a su mandante un futuro contrato de
locación de servicios, en el que tendría a su cargo el cálculo estructural de un edificio de
departamentos a realizarse en calle Roca con salida a 25 de Mayo. Que la tarea reseñada se
practica sobre un proyecto arquitectónico de distribución de espacios, la que es de capital
importancia para la elección de materiales, determinación de soportes o cimientos
fundacionales, lo que redunda en la seguridad y consistencia de la obra. Afirman que a
principios de 1993 su mandante contó con un anteproyecto realizado por el Arq. Cesar Elli, lo
que le permitía proyectar un avance en cálculos de estructura, etapas de obra y estimación de
materiales, tarea que realizó su mandante con la precisión y rigor científico que caracterizan su
trayectoria profesional, trabajo que debía formalizarse posteriormente por las vías
administrativas correspondientes. Que el comitente conocedor de la normativa implementada
por la ley 4683/78 jamás se avino a suscribir la orden de trabajo en el art. 37 de la citada ley,
motivo por el cual su mandante nunca pudo avanzar en la concreción del proyecto definitivo.
Pretenden desvirtuar con la ausencia de tal instrumento la vinculación profesional del
Ingeniero Hinny con su comitente y alegan perjuicios sufridos por su conferente radicados en
la falta de pago de sus honorarios por los trabajos realizados. Desconoce los folletos
publicitarios presentados por la Actora, objetando la diligencia preliminar y prueba anticipada
promovidas por la accionante por haber incumplido la exigencia de bilateralidad prescripta por
el art. 320 del Código de Rito. Oponen defensa de prescripción invocando el art. 4037 del CC.
Pide el rechazo de la demanda con costas.
V) A fs. 117/121 se presenta el doctor J. C. R. en representación del Arquitecto César
Edmundo Elli, quien en su respuesta relata que en el curso del año 1993, el arq. Nazer
vinculado a Sema Construcciones encomendó a su poderdante un anteproyecto relativo a un
edificio a construirse sobre calle 25 de Mayo y avda. Roca, entre 9 de Julio y Urquiza de esta
Ciudad Capital. Que su mandante se concretó a elaborar el bosquejo -diseño de plantas, frentes
y cortes-. Con argumentos similares a los empleados por la defensa del Ing. Hinny se ampara
en las disposiciones del art. 37 de la ley 4683/78 para eximirse de responsabilidad, alegando
que no se cumplieron los trámites administrativos que manda la norma para generar
vinculación del profesional con la constructora. Cuestiona al igual que los anteriores la falta de
citación de su conferente a la prueba anticipada y culmina peticionando el rechazo de la
demanda con costas.
VI) A fs. 184/190 acuden al juicio los codemandados Ricardo Aznares, Franklin Héctor
Abalos, Mirta Griselda del Valle Luna, Domingo Hércules Simonetti, quienes señalan que el
inmueble adquirido a Lucía de Lugones se trata del Lote 1-A, ubicado sobre calle 25 de Mayo
de esta ciudad, siendo ajenos al inmueble lindero que supuestamente causó daños a la actora.
Agregan que nunca fueron dueños ni guardadores del terreno donde estaba asentada la obra en
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construcción, como tampoco fueron responsables del emprendimiento edilicio, oponen defensa
de prescripción y resisten la prueba anticipada restándole valor legal. La sentencia dictada en la
causa, condena en forma conjunta, solidaria y mancomunada a los accionados en primer
término al pago de pesos doscientos treinta mil ($230.000), con más la tasa de interés
compuesta por la sumatoria de la tasa pasiva promedio publicada por el Banco Central de la
República Argentina, con más el 6% anual o 0,5 mensual, los que se liquidarán desde la fecha
de constitución en mora 30/9/92 y hasta su efectivo pago. Excluye de la litis a aquellos contra
quienes se formuló ampliación de demanda e impone las costas a la vencida. Apelan el
decisorio: a fs. 586 la actora, a fs. 587 el apoderado del Coaccionado César Elli, a fs. 588 los
codemandados Aznarez, Abalos, Luna, Simonetti y Jiménez, a fs. 589 los mandatarios de la
familia Lugones y a fs. 590 los apoderados del Ing. Hinny.
Los agravios de la Actora: Expresa agravios la parte actora y argumenta lo siguiente: a) El
rechazo de la acción en contra de Aznarez, Abalos, Luna y Simonetti. Se queja de la valoración
que hizo la a quo, eximiendo de responsabilidad a los codemandados antes nombrados, lo que
implica a su juicio un apartamiento de la norma consagrada por el art. 1113 del Código Civil,
pues señala que la falta de submuración tornó a la construcción abandonada en cosa riesgosa,
emergiendo la responsabilidad de los demandados designados de su inacción. Considera que la
a quo se equivoca al considerar que la mera separación registral los exime pues en el transcurso
del abandono de la obra los coaccionados pasaron a ser dueños del inmueble, quienes de
inmediato unificaron el sustrato pasando a ser copropietarios de todo el inmueble y
construcción asentada. Afirma además que permitieron que el daño en generación se agravara,
recayendo sobre ellos una presunción iuris tantum de responsabilidad que ellos debieron
desvirtuar y no lo hicieron. Que tal agravamiento estuvo latente hasta el año 2000, cuando se
hizo la submuración y según el informe del Esc. Zaín adquirieron el inmueble el 20/02/98.
Discrepa con la a quo, destacando que si bien no se trata de una obligación propter rem aquella
derivada de los daños ocasionados por la construcción de un inmueble, en este caso específico
estamos en presencia de sucesivos propietarios de una parte de unidad funcional y de
edificación dañosa formado por el conjunto del edificio. Que habiendo nacido el proyecto de
edificación sobre ambos predios se terminó tal construcción luego de la adquisición por los
demandados en cuestión y unificación del sustrato, habiéndose terminado la misma sobre la
totalidad del inmueble, según probanzas de autos. Destaca que el abandono y por ende, el
agravamiento paulatino y continuidad del daño en su integridad, se produjeron en el lapso entre
1993 y 2000 según el perito Miller (en el año 2000 se realizó la pericia); por lo que la
responsabilidad de Aznarez; Simonetti y condóminos, deriva no de la naturaleza de la
obligación sino de la culpa directa de no haber procedido de inmediato a paliar el deterioro.
Reseña las opiniones técnicas de los peritos Miller, Carreño y del Ing. Hinny para concluir que
la paralización de la obra y concomitante entrada de agua son causas que concatenadas
potenciaron la producción de los daños causados progresivamente. Alude concretamente a la
reactivación del proyecto del edificio Lugones en el año 1999 -fs. 37/45, 232 y 233- y al
avance de daños en el período comprendido entre 1998 y 2002 -fs. 399/400-. Culmina
peticionando la revocación de la sentencia y hace reserva del Caso Federal por arbitrariedad de
la sentencia.
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Los agravios de los Codemandados Lugones: a fs. 643/649 fundan el recurso en base a los
siguientes argumentos a) Reeditan los vertidos en la contestación de demanda invocando la
compraventa celebrada con Sema Construcciones, con la transmisión del dominio y posesión
del inmueble litigioso, y con ellos la guarda y conservación, como eximente de
responsabilidad. b) Insisten en la defensa de prescripción originariamente articulada, señalando
que la Magistrada de la Instancia Inferior omitió su tratamiento en la sentencia. c) Replican los
fundamentos del fallo en trance, relativos al pedido de suspensión de plazos a fin de arribar a
un acuerdo de partes valorado "como admisión de la existencia de derechos del acreedor".
Invoca el art. 1109 del Código Civil luego de efectuar numerosas consideraciones sobre la
inaplicabilidad al caso del art. 1113 del mismo Cuerpo Legal, enfatizando que la cosa causante
del daño no ha sido el inmueble en su estado de lote de terreno anterior al inicio de la obra en
construcción. Se agravian también de los montos de la condena, destacando al efecto que la
apreciación de la Juez de Grado sobre el daño material no se encuentra respaldada por prueba
técnica alguna, descalificando por arbitrario el fallo recurrido. Por todo ello piden su
revocación, con costas. Los agravios del Codemandado Ing. Henry Hinny: a fs. 659/666 obra el
memorial recursivo en el que plasma su disconformidad con el fallo. Afirma en concreto que
de la prueba colectada no surge la responsabilidad del demandado Hinny destacando como
decisiva para demostrar su falta de intervención, la actuación administrativa efectuada ante el
Colegio de Arquitectos de Santiago del Estero (fs. 277-316). Cuestiona además el valor
probatorio del Informe técnico presentado ante la Dirección de Suelo Urbano de la
Municipalidad (fs. 91-95) alegando que el Ingeniero Hinny fue contratado 6 años después por
la firma "Del Este S.R.L." asumiendo sobre esta nueva construcción toda la responsabilidad
profesional en una nueva etapa y sobre la nueva edificación. También pretende marcar una
distinción entre la conducta observada por el Ing. Hinny en esta nueva obra y la asumida por
Sema Construcciones en el año 1993. Se queja de la valoración de pruebas y la interpretación
desarrollada por la Sentenciante al planteo de prescripción con relación al pedido de
suspensión de términos peticionada por todos los litigantes. Para finalizar argumenta la
ausencia de indicios de culpa del calculista de la obra y el fundamento de la sentencia en una
evidencia inexistente -Documental derivada del Colegio de Arquitectos-. Los agravios del
Codemandado Arquitecto César Elli: a fs. 651/657 obra el libelo respectivo que expresa los
basamentos del recurso en cierne.
Sus quejas se resumen en lo siguiente: a) Reprocha la arbitrariedad del fallo en trance, a su
juicio elaborado en base a hechos no probados en el curso del juicio. b) Reitera los argumentos
vertidos en la contestación de demanda respecto a la ausencia de orden de trabajo que
perfeccionara la vinculación entre el coaccionado y el comitente Nazer, para luego mantener la
impugnación de los recibos agregados a la causa del año 1992. c) Señala que no existen
elementos de prueba que acrediten que la ausencia de submuración se derive de un defecto del
proyecto. d) Insiste en la arbitrariedad de la sentencia por la ausencia de ponderación de hechos
probados y alude expresamente a la paralización de la obra como causante de los daños,
basando su afirmación en la progresión de los mismos conforme a los informes técnicos
obrantes en autos. e) Se queja de la ausencia de prueba relativa al quantum del daño y el exceso
en la estimación del daño moral y la falta de fundamentación relativa a la fijación de la fecha
de la mora.
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Los agravios de los Codemandados Aznarez, Abalos, Simonetti y Luna: reprochan la decisión
de la Iudex a quo en lo tocante a la imposición de costas en el juicio en base a los dispositivos
del art. 68 del CPCC, y esgrimen que las mismas debieron cargarse a la parte actora, quien
resultó perdidosa en relación a ellos dado el resultado desfavorable a su pretensión.
Trasladados los memoriales reseñados a la contraria -decreto de fs. 670- fueron evacuados por
la misma según constancias de fs. 671/675.
A los agravios de los Codemandados Aznarez, Abalos, Simonetti y Luna responde: con
argumentos íntimamente vinculados a su libelo apelatorio, sosteniendo no sólo la
responsabilidad que a su juicio les cabe, sino más allá la responsabilidad que reclama contra
ellos por los daños causados.
A los agravios de los Codemandados Elli y Hinny responde: a la defensa de prescripción, que
no fue articulada tempestivamente conforme a la interpretación del art. 3962 que manda
interponerla en la primera presentación en juicio que haga quien intente oponerla. Alega la
derivación de los daños como hecho continuado que empece a la prescripción y que estando
probado su carácter de proyectista la responsabilidad lo alcanzó, siendo inexcusable.
A los agravios de los Codemandados Lugones responde: que les comprende la crítica señalada
al planteo de prescripción, impugnando la documental con la que aspiran a acreditar la
transmisión del dominio por tratarse de res inter alios acta frente a la actora por su falta de
registración.
Consideraciones legales: Previo a adentrarme en los agravios, estimo necesario realizar algunas
precisiones. La acción incoada es de daños y perjuicios derivados de una obra en construcción
iniciada por la Empresa constructora perteneciente a la razón Social Sema Construcciones
S.R.L., luego abandonada en su fase inicial, que comprendió la excavación para cimentar el
edificio de departamentos denominado Edificio Lugones. En ella se observaron a través de los
diversos informes técnicos confeccionados en autos, fotografías y constataciones notariales,
daños de magnitud ocasionados a la vivienda de la actora. De modo que el propósito que
motoriza el proceso es lograr la reparación de perjuicios materiales y morales experimentados
por la demandante en un bien de su propiedad y en su espíritu. Dadas las características del
caso, la pluralidad de partes intervinientes en el proceso y la diversidad de complejas
cuestiones traídas a conocimiento de la Alzada, debe establecerse un orden de tratamiento de
los recursos incoados y de los fundamentos vertidos en los mismos. Son dos los temas que
merecen un análisis previo y que fueron coincidentemente insertados por la mayoría de los
demandados-apelantes en sus respectivas memorias recursivas: la ineficacia de la prueba
anticipada y diligencia preliminar, por falta de citación a los codemandados, y la defensa de
prescripción. Con respecto a la primera, debe señalarse que de las actuaciones que corren
glosadas por cuerda floja -fs. 25 vta.- surge la citación al demandado Julio Manuel Lugones,
que fuera ordenada mediante proveído de fecha 9 de marzo de 1998. A continuación constan la
notificación mediante cédula del citado decreto y el acta de Reconocimiento Judicial del
inmueble dañado en el que también tuvo intervención el Escribano Lugones. De fs. 42 Diligencias preliminares- surge la ausencia de conocimiento cabal de la actora respecto de las
personas que en calidad de demandados integrarían la relación procesal a cuyos fines peticionó
pruebas informativas. Es decir que hasta ese momento se promovió la acción contra los
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demandados Lugones, quienes estuvieron en condiciones de fiscalizar la prueba, no así las
demás partes accionadas, sin que el Magistrado instructor de la causa ordenara la citación del
Defensor Oficial que supliera a los ausentes. El contexto señalado marca, en correspondencia a
los restantes accionados, serias deficiencias en la observancia del principio de bilateralidad,
comprometiendo las garantías constitucionales del debido proceso por la falta de citación a los
actos procesales cumplidos. Debe perfilarse, que el anticipo preventivo de prueba implica la
admisión excepcional de medidas, en una etapa impropia, con fundamento en la necesidad de
su conservación ante la eventual pérdida. En el sub judice, sirvió para evidenciar los daños
generados, sin que hayan prosperado aquéllas que tendían a la determinación de las personas
hipotéticamente involucradas en el hecho dañoso. Que las medidas cumplidas en el marco de la
prueba anticipada, se ajustan a las previsiones del art. 319, inc. 2° del CPCC, que regulan el
reconocimiento judicial y la pericial in futurum que tienden a constatar un estado fáctico
expuesto a modificarse o a desaparecer antes del estadio normalmente previsto para su
incorporación al proceso. Que las pruebas colectadas devienen oponibles sólo a los
codemandados Lugones a quienes se cursó la notificación, no así a los demás accionados.
Respecto a los primeros cabe realizar una precisión. La oponibilidad señalada sólo puede
alcanzar a Lucia Lucrecia Perea de Lugones y a M. L., por ser hija menor -a la fecha de las
medidas en cuestión- en cuya representación actuaron sus padres. No ocurre lo mismo con
Ignacio, Juan M. y María Lucy Lugones, todos ellos mayores de edad, codemandados que no
fueron anoticiados de las diligencias a cumplirse. 3) Con respecto a la prescripción liberatoria
enfrentada a la pretensión de la actora, deben desgranarse varias cuestiones: a) Plazo aplicable
a la acción derivada de daños y perjuicios emergentes de responsabilidad extracontractual:
alecciona Jorge Joaquín Llambías - "Tratado de Derecho Civil", t. III, p. 433, que la obligación
de reparar los daños y perjuicios emergentes de la responsabilidad extracontractual está sujeta a
la prescripción bienal -art. 4037 del CC-. En cuanto al campo de aplicación de la misma, el
texto legal es sumamente claro: se extiende a todo supuesto de responsabilidad
extracontractual, y por ella ha de entenderse, la que surge de los hechos ilícitos, cualquiera sea
la índole de éstos; delitos o cuasidelitos, y entre estos los actos dañosos de culpa personal, o de
culpa ajena que comprometen la responsabilidad propia, o los hechos dañosos producidos por
animales o cosas inanimadas (obra citada p. 433). b) Punto de partida del plazo de
prescripción: debe ubicarse en la fecha de existencia de la responsabilidad de que se trate.
Agrega el autor: "desde que la responsabilidad existe y consiguientemente ha nacido la
pertinente acción para hacerla valer". En el sub judice, el hecho generador del daño fue
apreciado por la actora, según sus manifestaciones atestadas en el escrito inicial (ver fs. 3 vta. y
4 de los principales), durante el año 1993. Es decir que con amplitud de criterio, a comienzos
del año 1994 la Sra. Leonilde Seva conocía el daño y la perspectiva de progresión del mismo,
ergo tuvo expedita la acción. De ese modo el vencimiento del plazo establecido en la norma
operó en el año 1996. Recepta esta orientación profusa jurisprudencia que resulta de aplicación
al caso: "Cuando el daño sobreviene después del hecho, la prescripción de la acción
indemnizatoria corre desde que el perjuicio aparece" (CNCiv., sala A, 7/7/61, ED, 1-611, C 1ª
CC Mar del Plata, 25/5/69, "in re": "Vázquez Maximino vs. Molteni Ricardo y otros"), "La
circunstancia de estar el daño en proceso de evolución, no impide el curso de la prescripción
del art. 4037 del Cód. Civil" (CNEsp. Civ. y Com., sala I, 26/4/82, LA LEY, 1982-C, 299) y
"No influye sobre el momento inicial de la prescripción de la acción resarcitoria, tratándose de
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un daño ya producido pero que continúa produciéndose, la agravación posterior, ya que no
existe una nueva causa generadora de responsabilidad" (CNCiv., sala F, 228/67, ED, 21-362),
"A partir del momento en que el damnificado tuvo conocimiento del hecho, tratándose de
humedades provenientes de filtraciones de la finca lindera, corre el plazo de prescripción de la
acción por daños, aunque éstos se hayan agravado posteriormente, ya que no hay una nueva
causa generadora de responsabilidad" (CNCiv. sala F, 22/8/67, ED, 21-362- "La prescripción
liberatoria", María Rosa Bachiller, p. 59 c) Oportunidad de oponer la prescripción: Merece
exhaustivo análisis el criterio sustentado por la a quo en el decisorio en trance, quien tomando
como referente la presentación efectuada a fs. 73, interpreta la "admisión -reconocimiento- del
derecho del acreedor", e invocando el art. 3962 del CC estima que fue la primera presentación
en juicio de los codemandados, sin que hayan excepcionado por prescripción en esa
oportunidad (fs. 581 vta. de los principales). Por estos fundamentos concluyó en la
improcedencia del planteo. En este punto medular deben ponderarse de modo diferente las
singulares situaciones de los contendientes. En efecto, expresa el Esc. Lugones en el acta de
reconocimiento judicial del inmueble de fs. 27 -Expdte. 22.841- que "conoce la situación y los
daños en la propiedad de la actora y que tiene voluntad para arreglar o llegar a un acuerdo
extrajudicial y que en horas de la tarde concurriría con su Sra. Esposa a dialogar con la actora".
Su propia locución, no existe duda, engendra un reconocimiento del hecho dañoso y la
expresión "arreglar o llegar a un acuerdo extrajudicial" conlleva la admisión de un derecho en
cabeza de la actora. Sin embargo no debe perderse de vista que tal manifestación tuvo lugar el
día 16 de marzo de 1998 (fs. 27 Prueba anticipada) cuando ya había vencido el plazo de
prescripción. Por ello carece de relevancia tal admisión del deudor, desde que sólo puede
interrumpirse una prescripción en curso y no una ya cumplida. En efecto, el reconocimiento de
la obligación no tiene efectos novativos respecto de ella. Distinta consideración merece la
aplicación del art. 3962 del Código Civil que reza: "La prescripción debe oponerse al contestar
la demanda o en la primera presentación en el juicio que haga quien intenta oponerla". La
oportunidad para oponer la prescripción ha suscitado encontradas posiciones a las que refiere
Llambías - "Código Civil Anotado", Tomo V - C, p. 747. Adhiero mi postura al criterio
sustentado por la Cámara Nacional Civil sala G (LA LEY, 1985, C, 477) en el que afirma: "La
doctrina plenaria Pennigian de Khatcherian, Sateniga c. O´Flagerty Enrique del 14/IV/76" -LA
LEY, 1976-B, 285- es interpretación del art. 3962 del Código Civil, texto según ley 17.711, al
establecer, con el carácter obligatorio que le confiere el art. 303 del Código Procesal que la
norma de la ley de fondo impone oponer la prescripción en todos los casos en la primera
presentación que el oponente haga en el juicio, entendiendo por tal la que el demandado realice
con anterioridad a la contestación de la demanda. Es evidente que el actual art. 346 del Código
Procesal al permitir la oposición de la excepción hasta la contestación de la demanda debe
subordinarse a la Doctrina Plenaria por el principio de las jerarquías de las normas que
establece el art. 31 de la Constitución Nacional. Así entendida, el demandado debe oponer la
defensa referida hasta la contestación de la demanda (art. 346 del Cod. Proc.) siempre y cuando
no haya efectuado en el mismo proceso una presentación anterior". Encuentra fundamento mi
adhesión en las motivaciones mismas de la previsión normativa que rige el instituto de la
prescripción. En él median cuestiones afines al orden público, que se sustentan en el interés de
concluir con la incerteza de relaciones jurídicas perennes. Concretamente, evitando que las
obligaciones se extiendan in eternum. Resulta además aplicable al caso particular, porque los
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coaccionados Perea de Lugones y M. L. (la primera por sí y en representación de la segunda)
tuvieron dos oportunidades para hacerla valer: una al ser notificados de las diligencias
preliminares y otra al trasladárseles la demanda. Sin embargo, en el primer caso se presentaron
al juicio sin denotar nada al respecto y en el segundo solicitaron suspensión de términos para
arribar a un acuerdo extrajudicial y provocar de ese modo el fenecimiento del juicio. De ello
cabe discurrir que no es errada la conclusión expuesta por la a quo toda vez que estuvieron
debidamente resguardadas sus garantías de defensa. Distinta es la situación planteada respecto
a los codemandados Ignacio, Juan M. y María Lucy Lugones, Hinny, Aznares, Simonetti, Luna
y Abalos, quienes hicieron valer la prescripción en tiempo oportuno, al momento de contestar
la demanda, toda vez que no fueron citados al proceso iniciado con las diligencias preliminares
y prueba anticipada. Estimo que no puede merituarse el pedido de suspensión de plazos,
firmado también por el Ing. Hinny, como renuncia a la prescripción operada a su favor. Es que
no corresponde otorgarle a la mencionada presentación el alcance de suficiente anoticiamiento
de un peligro de compromiso patrimonial efectivo. No puede inferirse del pedido de
suspensión, que sus autores hayan tenido acabado conocimiento de las causas de promoción de
la acción, si las mismas los involucraban fehacientemente, existencia y alcance de una
obligación que los comprendiera, etc. Ello sin perjuicio que una vez que se interiorizaran sobre
las vinculaciones que se les imputaban, hicieran valer la defensa de prescripción. Por lo que
concluyo que para el Ing. Hinny la oportunidad de hacerlo se extendía hasta la contestación de
la demanda y, en consecuencia, su accionar fue oportuno. En este punto, es necesario advertir
que por aplicación de las reglas que rigen la renuncia de derechos, debe aceptarse que la
intención de renunciar no se presume y que los actos que induzcan a probar esa determinación
deben interpretarse restrictivamente. Queda sentado entonces que la remisión tácita de la
prescripción debe surgir inequívocamente de actos concretos del deudor, que demuestren que
renuncia a la prescripción porque entendió estar obligado al pago en cuestión. Diversa es
también la situación en que se halla el Arq. Elli, quien no se valió de tal defensa, toda vez que
se trata de una facultad del deudor, que debe oponer en las oportunidades legalmente fijadas y
no puede ser introducida de oficio por los jueces. "El juez no puede declarar la prescripción de
la obligación civil ex officio, es decir, suplir la voluntad del interesado prescindiendo del
planteamiento de la defensa como excepción o como acción" (C.Civ. y Com. Ros. sala 4ª,
18/4/86, "Varesi David c. Gentiletti José s/ Prescripción", Rep. Zeus-8-966- "Prescripción
liberatoria y adquisitiva en derecho Civil y Comercial -p. 44- "Ariana c. Soncini"Jurisprudencia temática Civil/7). Diferente también es la situación de Sema S.R.L. quien no
compareció al proceso a hacer valer sus derechos. Resumiendo: la defensa de prescripción
alcanza positivamente a los codemandados Ignacio, Juan M. y María Lucy Lugones, Hinny,
Aznares, Simonetti, Luna y Abalos. Los razonamientos delimitados a la singular posición de
cada uno de los contendientes, permite colegir que el análisis de las responsabilidades
inherentes a cada accionado deberá efectuarse respecto de los propietarios del inmueble
lindero, de la empresa constructora y del Arq. César Elli, para quienes la acción no había
prescripto y por ende continúan vinculados al juicio. La metodología antes expuesta me lleva
nuevamente a imprimir un orden en el examen de la relación de causalidad e imputabilidad de
quienes continúan en el proceso, efectuando distinciones.
Responsabilidad de los propietarios del inmueble contiguo: [… Omissis]
Apéndice de fallos
Página 9
La doctora Brunello de Zurita dijo:
Lo explicitado orienta mi decisión por la modificación parcial de la sentencia apelada, votando
en consecuencia por la Negativa.
Los doctores Sirena y Santillán dijeron:
Que comparten los fundamentos de la Sra. Vocal preopinante.
2ª cuestión.- La doctora Brunello de Zurita dijo:
Que las costas serán impuestas según lo especificado en los considerandos de la presente.
Los doctores Sirena y Santillán dijeron:
Que votan en el mismo sentido. Con lo que termina el Acuerdo.
Santiago del Estero, agosto 17 de 2005.
A mérito del Acuerdo que antecede el Tribunal resuelve: I) Revocar parcialmente el fallo
recurrido y, en su mérito:1) Hacer lugar a la prescripción de la acción interpuesta por los
codemandados Ignacio Lugones, Juan M. Lugones, María Lucy Lugones, Henry Edesmir
Hinny, Ricardo Aznares, Franklin Héctor Abalos, Mirta Griselda del Valle Luna y Domingo
Hércules Simonetti. 2) … [Omissis) II) Imponer las costas en ambas instancias en la forma
expuesta en los considerandos. - Azucena B. de Zurita. - Pablo S. Sirena. - Raúl Santillán.
2. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala K 04/07/2002 ”G., J. A. y otros c. Metrovías S.A. y otro” LA LEY To.
2002-D pág. 820
HECHOS:
Una persona que se disponía a usar el servicio de subterráneos sufrió un accidente mientras
descendía por la escalera, sin haber adquirido aún el cospel. Ello así, entabló una acción de
daños y perjuicios contra la empresa de transporte, que opuso la prescripción liberatoria
como defensa. En primera instancia se hizo lugar a dicha excepción. La Cámara de
apelaciones revocó el pronunciamiento de grado.
SUMARIOS:
Es aplicable el plazo de prescripción por responsabilidad extracontractual -2 años- y no el del
contrato el transporte -1 año-, si no existe criterio jurisprudencial unánime sobre el
encuadramiento de la pretensión -reclamo por accidente sufrido en la escalera del subterráneo
antes de adquirir el cospel-, habiendo el actor elegido el primer régimen, pues si bien ambos
son autónomos, ninguna ley establece su exclusión recíproca y la privación de derechos no se
presume, debiendo estarse a la solución que preserve mejor la vigencia de la acción promovida.
TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia. - Buenos Aires, julio 4 de 2002.
Apéndice de fallos
Página 10
Considerando: I. Contra la resolución de fs. 225/6 en cuanto hizo lugar a la excepción de
prescripción interpuesta por Metrovías S.A., se alzan el accionante y el Ministerio Pupilar,
obrando los agravios a fs. 231/3 y dictamen de fs. 280/1, habiéndose respondido los primeros a
fs. 234/6.
II. Ha dicho esta sala en fecha reciente y en una situación sustancialmente similar a la presente
(conf. Autos: "Véliz, Juana Rosa c. Metrovías S.A.", 5/4/02, LA LEY 30/4/02, p. 5, n° 103.661
-RCyS, 2002-II-154-) que aún cuando pudiera admitirse que el accionante descendía la
escalera del subterráneo en la estación Callao con intención de hacer uso del servicio de
transporte que presta la demandada, como manifiesta en su escrito introductorio, se encuentra
debatido doctrinaria y jurisprudencialmente si ese hecho resulta determinante para establecer la
existencia de contrato habida cuenta que el reclamante y potencial viajero no había adquirido el
cospel, ni transpuesto el molinete, ni se encontraba en el andén para acceder al medio de
transporte, habiendo encuandrado su acción indemnizatoria en el marco de la responsabilidad
extracontractual emanada del vicio o riesgo de la cosa (art. 1113, Cód. Civil), en este caso la
escalera de acceso a la boletería.
Adviértase que en el propio resolutorio el a quo se ha encargado de señalar que la doctrina y la
jurisprudencia han interpretado "'no sin divergencias' en forma elástica el problema que
representa determinar el momento de inicio y de finalización del referido contrato".
En atención a dicha situación de incertidumbre juzgamos procedente la opción que la
accionante formulara por la acción civil extracontractual, teniendo en cuenta que si un hecho
dañoso puede encuadrar simultáneamente en ambos regímenes, la accionante pudo
razonablemente elegir el que resultara más favorable o bien aquel que considerara más afín a
su derecho.
Sobre el particular cabe señalar que buena parte de nuestra doctrina se inclina por el derecho de
opción fundándose en que el Cód. Civil, siguiendo a Aubry y Rau instituyó dos regímenes
autónomos de responsabilidad, lo cual obviamente es exacto, pero como ningún texto legal
expreso establece la recíproca exclusión de ambos y la privación de derechos no se presume, el
debate no está definitivamente cerrado, máxime cuando el derecho comparado proporciona
ejemplos de ambas posiciones (ver Jorge Enrique Martorell, "Algunos aspectos de la
responsabilidad del trasportador de pasajeros"; ED 114-161).
Por lo antedicho, y teniendo presente que ante un caso de duda razonable, como resulta ser el
presente, corresponde expedirse por la solución que mejor preserve la vigencia de la acción
promovida, pues debe estarse por la subsistencia del derecho y no por su abrogación, es que los
agravios en vista deben acogerse.
En nada obsta para ello la jurisprudencia de esta sala mencionada por el sentenciante, toda vez
que en la causa n° 134.913 del 2/10/94 se dijo expresamente que, dadas las características del
transporte subterráneo de personas el contrato se perfecciona "cuando se aceptó la oferta de la
empresa, 'depositando el cospel en el lugar correspondiente'", cosa que en el caso no
aconteciera, en tanto en la causa "Antonelli c. Metrovías S.A.", 12/5/97, publicada en LA LEY,
1997-E, 678, n° 96.160, había ocurrido otro tanto por surgir de los hechos allí expuestos que el
hecho dañoso se produjo al descender el accionante de un vagón de la línea "C" con
Apéndice de fallos
Página 11
intenciones de combinar con la línea "B", en cuya circunstancia su pié quedó aprisionado en la
escalera mecánica cuando ya el contrato había iniciado su curso al trasladarse en calidad de
pasajero a la primera estación para lo cual debió abonar el viaje y transponer el molinete
habilitante, encontrándose en tránsito hacia la segunda para lo cual no era necesario adquirir un
nuevo cospel.
En mérito a lo expuesto, por no haber transcurrido entre la fecha del hecho que motivara la
demanda (16/12/97) y la iniciación de la acción (15/12/99 conforme cargo obrante a fs. 22 vta)
el plazo de prescripción establecido por el art. 4037 del Cód. Civil aplicable al caso, el tribunal;
resuelve: Revocar la resolución recurrida, con costas por su orden teniendo en cuenta la
situación de duda puesta de relieve en los considerandos (arts. 68 y 69, Cód. Procesal).
Regístrese y devuélvase a su juzgado de origen, previa notificación de lo decidido al defensor
de menores de Cámara en su despacho. No suscribe la presente el doctor Degiorgis por
encontrarse en uso de licencia (art. 109, Reglamento para la Justicia Nacional). - Julio R.
Moreno Hueyo. - Teresa M. Estévez Brasa.
3. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala K - 05/04/2002
“Veliz, Juana R. c. Metrovías S.A.” LA LEY To. 2002-C pág. 373 - RCyS
To. 2002 pág. 617
HECHOS:
Una persona que se disponía a usar el servicio de subterráneos sufrió un accidente mientras
descendía por la escalera, sin haber adquirido aún el cospel. Ello así, entabló una acción de
daños y perjuicios contra la empresa de transporte, que opuso la prescripción liberatoria
como defensa. El juez de primera instancia hizo lugar a dicha excepción, considerando
aplicable el plazo anual previsto para las acciones emanadas de la órbita contractual. La
Cámara de apelaciones revocó el pronunciamiento de grado.
SUMARIOS:
1. Es aplicable el plazo de prescripción por responsabilidad extracontractual -2 años- y no
el que surge del contrato de transporte contra la empresa porteadora -1 año-, si no existe
un criterio jurisprudencial unánime sobre el encuadramiento de la pretensión -reclamo
por accidente sufrido en la escalera del subterráneo antes de adquirir el cospel- en un
sistema u otro, habiendo el actor elegido el primero, pues si bien se trata de regímenes
autónomos, ninguna ley establece la exclusión recíproca de ambos y la privación de
derechos no se presume, debiendo estarse a la solución que preserve la vigencia de la
acción promovida.
Apéndice de fallos
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TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia.- Buenos Aires, abril 5 de 2002.
Considerando: I. Contra la resolución de fs. 73 en cuanto admitió la excepción de prescripción
interpuesta por la demandada, se alza la accionante, expresando agravios a fs. 77/9, cuyo
traslado fuera contestado a fs. 90/6.
II. Aun cuando pudiera admitirse que la accionante descendía la escalera del subterráneo con
intención de hacer uso del servicio de transporte que presta la demandada, se encuentra
debatido doctrinaria y jurisprudencialmente si ese hecho resulta determinante para establecer la
existencia de contrato habida cuenta de que la reclamante no había ni adquirido el cospel, ni
transpuesto el molinete, ni se encontraba en el andén para acceder al medio de transporte,
habiendo encuadrado su acción indemnizatoria en el marco de la responsabilidad
extracontractual emanada del vicio o riesgo de la cosa (art. 1113, Cód. Civil).
Adviértase que en el fallo que cita la excepcionante al contestar el traslado del memorial el a
quo se ha encargado de señalar que la doctrina y la jurisprudencia han interpretado " 'no sin
divergencias' en forma elástica el problema que representa determinar el momento de inicio y
de finalización del referido contrato".
En atención a dicha situación de incertidumbre juzgamos procedente la opción que la
accionante formulara por la acción civil extracontractual, teniendo en cuenta que si un hecho
dañoso puede encuadrar simultáneamente en ambos regímenes, la accionante pudo
razonablemente elegir el que resultara más favorable o bien aquel que considerara más afín a
su derecho.
Sobre el particular cabe señalar que buena parte de nuestra doctrina se inclina por el derecho de
opción fundándose en que el Código Civil, siguiendo a Aubry y Rau instruyó dos regímenes
autónomos de responsabilidad, lo cual obviamente es exacto, pero como ningún texto legal
expreso establece la recíproca exclusión de ambos y la privación de derechos no se presume, el
debate no está definitivamente cerrado, máxime cuando el derecho comparado proporciona
ejemplos de ambas posiciones (ver Jorge Enrique Martorell, "Algunos aspectos de la
responsabilidad del trasportador de pasajeros", ED, 114-161).
Por lo antedicho, y teniendo presente que ante un caso de duda razonable, como resulta ser el
presente, corresponde expedirse por la solución que preserve la vigencia de la acción
promovida, es que el tribunal; resuelve: Revocar la resolución recurrida, con costas por su
orden en ambas instancias en atención a la situación puesta de relieve en los considerandos
(arts. 68, 69 y 279, Cód. Procesal).
Se deja constancia que no firma la presente el doctor Degiorgis por hallarse en uso de licencia
(art. 109, Reglamento para la Justicia Nacional). - Julio R. Moreno Hueyo. - Teresa M. Estévez
Brasa.
Apéndice de fallos
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4. S.C.J.Mza., sala I, diciembre 9-1997 “Frigerio, Celina c. Brugnoli de
Pagano, Ofelia M.” La Ley Gran Cuyo To. 1998 pág. 306
SUMARIOS:
1. Cuando la acción intentada es deducida el día del vencimiento del plazo de la
prescripción, solicitando el presentante el plazo del art. 29 del Cód. Proced. Civil de
Mendoza para acreditar personaría, la ratificación efectuada por el mandatario,
apoderado con posterioridad al vencimiento del plazo de prescripción, no tiene efectos
retroactivos a los fines de la interrupción de la prescripción.
2. El autoatribuido mandatario del actor, a los fines de la relación sustancial con el
demandado, sólo reviste la calidad de un tercero, cuya actividad procesal es de todo
punto indiferente para interrumpir el curso de la prescripción otorgada en favor del
deudor oponente.
TEXTO COMPLETO:
Mendoza, diciembre 9 de 1997.
1ª cuestión.- El doctor Romano, dijo:
I. Se interpone recurso extraordinario de casación en contra de la sentencia dictada por Excma.
Cámara Tercera de Apelaciones en lo Civil y Comercial de esta Primera Circunscripción
Judicial, recaída a fs. 292/296 de los autos Nº 22.333/22.710 caratulados: "Frigerio Celina N. c.
Ofelia Maimara Brugnoli de Pagano p/ daños y perj.", alegando que dicha resolución ha
aplicado e interpretado erróneamente los arts. 29 del C.P.C y 1936 del C. C..
En la causa principal, la actora promovió demanda resarcitoria de daños y perjuicios por
intermedio de un letrado que, invocando personería en los términos del art. 29 del C.P.C.,
formaliza la presentación el día siguiente al vencimiento del plazo de prescripción de la acción,
en el horario de gracia que otorga el art. 61 inc. III del C.P.C..
La sentencia hoy recurrida, dictada por el tribunal de apelación, al confirmar la sentencia de
primer grado, sostiene que, en el caso, se encuentran involucradas las normas de los arts. 29 del
C.P.C. y 1936 y concs. del Cód. Civil. Por lo que hace a la primera norma indicada, y en un
análisis integral de sus diversos incisos, afirma que el primero de ellos, exige la acreditación de
la personería invocada, mediante el pertinente documento, lo que evidencia que el mandato
debe serlo expreso. En relación al inc. II, el decisorio sostiene que una adecuada hermenéutica
de esa norma, en cuanto autoriza a intervenir en el juicio a quienes invoquen una
representación, impone concluir que el instrumento debe existir, pero no disponen del mismo al
momento de la presentación, para lo cual la ley le otorga diez días para acreditar aquella
representación. Por último se expresa que el inc. IV, prescribe que la ratificación expresa del
litigante o de sus representantes legales, convalida las actuaciones cumplidas a instancia del
Apéndice de fallos
Página 14
representante que no acreditó debidamente la personería; pero aclarando que, según
jurisprudencia de aquel Tribunal, la ratificación para producir efectos saneatorios, debe
efectuarse dentro del plazo del acto que se pretende ratificar. Lo contrario importaría una
restitución de términos en violación a lo dispuesto por el art. 62 del C.P.C. y 1936 del Código
Civil, en cuanto este último deja a salvo los derechos de terceros en el tiempo intermedio entre
el acto del mandatario y la ratificación.
Esta decisión es ahora objeto de resistencia por parte de la actora, fundando esta queja
casatoria, esencialmente en dos agravios: a) errónea interpretación del art. 29 del C.P.C. y b)
errónea interpretación del art. 1936 del Código Civil, por parte del decisorio criticado.
En cuanto al primero de estos agravios, critica la hermenéutica de la Alzada, respecto a la
exigencia de que el documento del cual emana el mandato, deba existir al momento de
formalizarse la presentación; especialmente en cuanto estima que la ratificación, para producir
efectos saneatorios debe realizarse dentro del plazo del acto que se pretende ratificar, ya que lo
contrario implicaría una restitución de términos ya fenecidos. Entiende el recurrente al
respecto, que es común en la práctica profesional que el poder se encargue al escribano luego
de realizada la presentación o bien que el mandante lo haya encargado con posterioridad de
haberse efectuado el acto.
En lo que hace al segundo de los agravios, critica la interpretación que el decisorio hace de la
norma del art. 1936 del Cód. Civil, al entender que deben quedar a salvo de los efectos
retroactivos de la ratificación, los derechos constituidos a terceros, entre el lapso comprendido
por el acto del mandatario y la ratificación, incluyéndose no solamente los derechos
contractuales o nacidos de la actividad del acreedor, sino también los emanados de su
inactividad.
En este aspecto sostiene que, tanto semánticamente como en la nota a dicho artículo, al hablar
de los derechos constituidos a terceros, se hace referencia a las obligaciones que ya tuviera
contraídas irrevocablemente respecto de terceros, es decir, que se refiere a actividades del
beneficiado; agregando que, en el caso de autos, la máxima "res inter allios acta", no se ha
visto afectada por el acto de ratificación y que no ha existido una "constitución" de derechos en
beneficio del tercero, que justifique la aplicación de la parte final del ano 1936 del Cod. Civil.
II. Solución del caso:
El análisis en sustancia de los motivos de agravios de tal modo desarrollados, me persuaden en
el sentido de propiciar su rechazo, por las razones que siguen.
En efecto, en el conflicto que nos ocupa, el Tribunal de la instancia anterior, ha llegado a la
conclusión, a mi juicio acertada, que acoge la prescripción de la acción, por distinguir entre la
relación jurídico procesal como independiente de la relación sustancial, en la que se adscribe la
excepción deducida. Que con respecto a la ratificación de fs. 19, si bien resulta eficiente para
convalidar las actuaciones anteriores, ello sólo lo es en el primero de los ámbitos, es decir el de
la relación jurídico procesal, diferenciando con ello la validez de los actos del proceso, de los
efectos que éstos tengan respecto al objeto de la relación sustancial, es decir, lo discutido en la
causa. En este aspecto se sostiene, que la ratificación producida con posterioridad al
vencimiento del plazo de prescripción, no puede revivir la relación obligacional, afirmando que
Apéndice de fallos
Página 15
dicha ratificación, sólo puede producir efectos entre las partes del contrato de mandato, pero no
puede, ni alcanza, para perjudicar al demandado como tercero en aquella relación contractual
entre accionante y apoderado.
En verdad, el pronunciamiento criticado se encuentra lejos de negar en general, la posibilidad
de validar presentaciones anteriores por vía de la ratificación posterior; que es donde pareciera,
que centra sus objeciones el recurrente, haciendo mención de los distintos criterios
jurisprudenciales, incluso de este mismo Tribunal, en punto a la interpretación de la norma del
art. 29 del C.P.C.. Por el contrario y al margen y por sobre esta facultad de naturaleza procesal,
entiendo que de lo que claramente aquí se trata, es de merituar si la ratificación posterior por
mandatario, sin haber tenido apoderamiento al momento de articular la demanda en los
términos del art. 3986 del Código Civil, cabe reconocerle efectos interruptivos del curso de la
prescripción.
En este lugar debo advertir que este último supuesto, guarda especial analogía con el
precedente de este mismo Tribunal "in re": Nº 54.405 "Banco Central R.A. en Jº 11.881/13.888
Bistolfi por Conc. Prev. ...", en donde se sentara doctrina casatoria respecto a que, el
apoderamiento posterior, aún equivaliendo a una ratificación, no tiene efectos retroactivos a los
efectos de la interrupción del curso de la prescripción.
Para arribar a tal conclusión, en dicho fallo y en la opinión preopinante de la Dra. Kemelmajer
de Carlucci, se hizo mención de la diferencia de la autorización concedida a las partes por el
art. 29 inc. IV del C.P.C. a fin de ratificar actuaciones procesales, con la circunstancia
absolutamente distinta, de un apoderamiento posterior a la demanda, a los efectos de la
interrupción del curso de la prescripción. En el primer caso, la tesis amplia que admite la
ratificación mientras no se haya ordenado el desglose, tiene por fundamento la inexistencia del
derecho a que la contraparte no se defienda o la inexistencia de un derecho a litigar con la
contraparte en rebeldía. En el sublite como en aquel precedente, en cambio se invoca,
justamente, el derecho del demandado a la liberación, nacido de la prescripción extintiva.
Como se expresara en dicho voto, "la demanda entablada por quien carece de mandato al
efecto, no interrumpe el curso de la prescripción...". La razón de la solución es que no es el
interesado en tal interrupción quien actúa en la emergencia, sino un tercero ajeno a él, sin
facultades para proceder en su nombre; bien podría ser el acreedor al no buscar la protección
de su derecho en trance de extinguirse, tener el deseo de realizar una liberalidad (art. 1791 inc.
5) sin que se justifique la intervención oficiosa de un extraño interfiriendo esa voluntad
(Colombo, Leonardo, Interrupción de la prescripción por acciones deducidas en juicio. Los
casos previstos en el art. 3986 del C.C. L.L. 101-1042).
Creo que ella, es la correcta doctrina. En toda hermenéutica, no debe olvidarse que frente al
derecho del acreedor al logro del cumplimiento de la prestación debida, se encuentra también y
como correlato, el derecho del obligado a lograr su liberación por los medios legales a su favor.
En este aspecto, la "demanda" de la que habla el art. 3986 del Código Civil, a los efectos
interruptivos del curso de la prescripción, no puede significar otra cosa que la expresa
manifestación de voluntad del acreedor, mediante una pretensión, de mantener vivo su derecho.
Es una inequívoca interpelación del titular del derecho, como expresión de su intención de
Apéndice de fallos
Página 16
exigir el cumplimiento de la obligación que le es debida, que encuentra como contrapartida, el
derecho del obligado a la liberación si su obligación se encontrare prescripta.
Ahora bien, en nuestro caso, la representación invocada por el Dr. Carlos Albarracín Carrau
hubiera surtido los efectos interruptivos previstos en la norma, de ser cierta la existencia del
poder que dijo a fs. 7, encontrarse en trámite. Sin duda alguna, esta última afirmación, que
implicaba que el apoderamiento ya había sido otorgado, aun cuando todavía no hubiera sido
registrado, posibilitó el andamiento del trámite de admisibilidad de la demanda, que de otra
manera no hubiera sido aceptada, a estar a lo previsto por el inc. I del art. 29 del C.P.C.. En
hipótesis tampoco lo pudo ser la presentación de la Dra. Beatriz Quiroga a fs. 8/9 en fecha 25
de diciembre de 1991, cuando la prescripción se encontraba operada, dado que el poder apud
acta, se otorga recién el día 13 de abril de 1992.
En tales condiciones, el autoatribuido mandatario, a los fines de la relación sustancial con el
demandado, sólo reviste la calidad de un tercero, cuya actividad procesal es de todo punto de
vista indiferente para interrumpir el curso de la prescripción otorgada en favor del deudor
oponente.
Cierto es que la apoderada de fs. 19, cuando ya lo era, ratifica las presentaciones de fs. 1/5 y
8/9. Pero que ello sea así, no importa otorgar a tal presentación retroactividad suficiente para
validar como temporánea la demanda que promoviera un tercero, invocando un apoderamiento
que nunca se efectiviza y, más aún, que ello deba serlo en perjuicio de los derechos adquiridos
por el demandado, como quedó más arriba dicho.
No puede perderse de vista en este aspecto, que el apoderamiento se otorga el 13 de abril de
1992, cuando el lapso de prescripción se había ya cumplido, por lo que, los efectos del
mandato, tanto como los efectos de la ratificación, no pueden ser interpretados más allá de la
relación entre partes (mandatario y mandante) y sin que alcancen para perjudicar al demandado
en los derechos que hubiere adquirido por el mero transcurso del tiempo.
Se ha dicho en la resolución que venimos reseñando, que este último principio es tan fuerte que
ha sido aceptado por la jurisprudencia y la doctrina aún en países cuya legislación no deja a
salvo expresamente tales derechos (Salas Acdel E., La ratificación de los actos celebrados sin
poder, JA, 1942-IV, sec. doc. pág. 55). Y ello es así en tanto los efectos sustanciales que el acto
produce, no lo determina vía interpretación el Juez, sino que vienen dados por la ley. El juez
otorga un plazo para acreditar personería, pero los efectos sustanciales que ese acto produce,
no los determina el juez, sino la ley. Es claro que una decisión judicial que concede un plazo
para acreditar personería no puede hacer revivir un plazo sustancial ya extinguido, si el
acaecimiento de ese plazo sustancial ha producido la adquisición de un derecho (en el caso, el
derecho a la liberación).
Conforme a los principios expuestos estimo que corresponde el rechazo de la queja articulada,
toda vez que la acción intentada fue deducida el día del vencimiento del plazo de prescripción,
invocando el presentante una representación inexistente y que nunca acreditó. La ratificación
efectuada por mandataria, apoderada con posterioridad al vencimiento del plazo de
prescripción, no puede otorgársele efectos retroactivos a los efectos de la interrupción de la
prescripción. Conforme al criterio sentado por esta Corte y cualesquiera sea el criterio que se
Apéndice de fallos
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adopte con respecto a la interpretación del art. 29 del C.P.C., resulta por demás evidente que la
ratificación intempestiva nunca puede hacer resurgir un plazo sustancial, fijado por la ley en
beneficio del deudor para que se opere la prescripción de la acción en su favor.
En este aspecto la ratificación efectuada por una representante apoderada con posterioridad al
cumplimiento del término de prescripción, no puede tener eficacia en perjuicio de quien en el
interín, adquiriera el derecho a la liberación como lo enseña el art. 1936 del Código Civil. En
ese mismo sentido, Troplong, citado por el codificador en la nota a este artículo dice que "Los
efectos retroactivos de la ratificación están circunscriptos entre las partes. Ellos no se extienden
a terceros, a los que podrían perjudicar ("Du Mandat" t. XII, p. 577 y 578, Nos 617 a 620).
En cuanto a los efectos retroactivos de la ratificación, a estar a la norma del referido art. 1936,
es claro que éste no puede ser aplicado en perjuicio del derecho de terceros o, lo que es lo
mismo, no puede afectar los derechos de terceros constituidos durante el estado de pendencia.
En ello consideramos especiosa la diferencia de interpretación que intenta la recurrente
respecto al verbo "constituir" contenido en la norma. En nuestra opinión, los derechos
adquiridos por los terceros, ya sea que provengan de la acción o de la omisión del ratificante,
quedan resguardados por la norma y por supuesto, de los efectos retroactivos de la ratificación.
En este caso, la ratificación y el mandato otorgado con posterioridad a la fecha en que se operó
la prescripción, es perfectamente válida entre mandante y mandatario y produce todos sus
efectos, pero no puede afectar el derecho adquirido del demandado a ser liberado de su
obligación.
Por todo lo expuesto, propongo a mis distinguidos colegas de sala el rechazo del recurso
interpuesto.
Así voto por esta primera cuestión, por la negativa.
Sobre la misma cuestión la doctora Kemelmajer de Carlucci, adhiere por sus fundamentos al
voto que antecede.
2ª cuestión.- El doctor Romano, dijo:
Corresponde omitir pronunciamiento sobre este punto, puesto que ha sido planteado para el
eventual caso de resolverse afirmativamente la cuestión anterior.
Así voto.
Sobre la misma cuestión la doctora Kemelmajer de Carlucci, adhiere al voto que antecede.
3ª cuestión.- El doctor Romano, dijo:
Atento el resultado al que se arriba en el tratamiento de las cuestiones anteriores, corresponde
imponer las costas a la parte recurrente que resulta vencida (arts. 36-I y 148, C.P.C.).
Así voto.
Sobre la misma cuestión la doctora Kemelmajer de Carlucci, adhiere al voto que antecede.
Con lo que terminó el acto procediéndose a dictar la sentencia que a continuación se inserta:
Sentencia:
Apéndice de fallos
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Mendoza, 9 de diciembre de 1997.
Y vistos:
Por el mérito que resulta del acuerdo precedente, la Sala Primera de la Excma. Suprema Corte
de Justicia, fallando en definitiva, resuelve: 1. Rechazar el recurso extraordinario de Casación
deducido a fs. 8/16 de autos. 2. Imponer las costas a la parte recurrente vencida. 3 Regular los
honorarios profesionales de la siguiente manera: ….- Fernando Romano.- Aída Kemelmajer de
Carlucci.
5. S.C.J.Mza., sala I, diciembre 26-1995 “Banco Central R.A. en J. B., L.” La
Ley To. 1996-D pág. 754 y D.J. To. 1996-2 pág. 1203
SUMARIOS:
1. - El art. 3986 del Cód. Civil se refiere a la falta de capacidad y no a la de personería.
2. - La demanda entablada por quien carece de mandato al efecto no interrumpe el curso
de la prescripción, pues quien actuó en la emergencia no es el interesado en tal
interrupción sino un tercero sin facultades para proceder en su nombre.
3. - El principio general consistente en que la demanda deducida por quien no ha
acreditado la calidad de mandatario carece de efectos interruptivos de la prescripción,
sufre una excepción cuando ulteriormente se acredita que el mandato había sido
otorgado con anterioridad al acto interruptivo.
4. - La interpelación puede ser realizada por un gestor y será suspensiva del curso de la
prescripción si luego es ratificada por el dueño del negocio.
5. - La decisión judicial que concede un plazo para acreditar personería no puede tener por
efecto hacer revivir un plazo sustancial ya extinguido, máxime si el acaecimiento de ese
plazo sustancial ha producido la adquisición de un derecho.
6. La constitucionalidad del art. 309 bis de la ley 19.551 (Adla, XLIV-D, 3806) no puede
ser discutida, desde que regula honorarios por actividades profesionales desarrolladas
en un proceso concursal y la legislación local sólo tiene aplicación subsidiaria y en
tanto lo habilite la ley nacional.
Apéndice de fallos
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7. Los honorarios del abogado del síndico y del concursado correspondientes a la
actuación cumplida en un incidente de verificación de crédito y de verificación tardía
deben ser regulados sobre el monto de crédito, pero tomando en consideración los
porcentajes dispuestos en el art. 14 de la ley arancelaria local.
8. - La sola afirmación de una tesis jurídica no basta para configurar un agravio reparable
mediante el recurso de casación, pues es necesaria la demostración del error de
interpretación atribuido a la sentencia atacada, para que los argumentos de la queja
alcancen la entidad requerida por el inc. 4º del art. 161 y 159 del Cód. Procesal Civil.
9. - El escrito mediante el cual se interpone el recurso de casación debe atacar todos los
argumentos decisivos de la sentencia impugnada, pues ésta se mantiene como acto
jurisdiccional fundado en derecho si a pesar de contener un argumento erróneo, se
funda en otros válidos que no han sido atacados.
10. - El análisis de los escritos judiciales no puede ser realizado mediante el recurso de
casación, pues sólo puede ser canalizado por la inconstitucionalidad cuando se ha
denunciado arbitrariedad o absurdidad en esa labor interpretativa.
TEXTO (Parte pertinente):
Mendoza, diciembre 26 de 1995.
1ª ¿Son procedentes los recursos de casación interpuestos? 2ª En su caso, ¿qué solución
corresponde? 3ª Costas.
1ª cuestión. -- La doctora Kemelmajer de Carlucci dijo:
I. Plataforma fáctica.
Los hechos relevantes para la decisión de la causa son los siguientes:
1. El Banco Central de la República Argentina, en su carácter de cesionaria de los créditos del
Banco Delta S.A. se presentó a verificar su crédito en el concurso civil preventivo de L. B.,
Pidió ser insinuado por el monto de $a 11.618.619. En su informe n° 19 el síndico aconsejó la
verificación por $a 9.724.622, 83.
El acreedor impugnó el informe individual. Sostuvo que la diferencia numérica surgía de los
índices utilizados y de haber calculado la depreciación hasta el día de la apertura del concurso
y no hasta la salida del último índice.
El informe también fue impugnado por la concursada. Insistió en la excepción de prescripción
anual opuesta al contestar la ejecución iniciada por el Banco antes de la apertura del concurso;
Apéndice de fallos
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reiteró que la concursada era endosante y no libradora de los documentos acompañados y que
la demanda interpuesta no fue interruptiva pues fue iniciada por quien no tenía mandato para
hacerlo.
El juez de primera instancia siguió los razonamientos de la concursada y declaró inadmisible el
crédito. La entidad financiera inició incidente de revisión que tramitó bajo el n° 13.888.
Insistió que más allá de lo caratular, el fundamento de su crédito se encuentra en un contrato de
mutuo celebrado entre el concursado y el Banco Delta S.A. antecesor en el crédito cuya
verificación se impetra. Consecuentemente, rige el término de la prescripción decenal
establecido en el art. 846 del Cód. de Comercio.
2. El incidente fue respondido por el concursado. La sindicatura insistió en que el crédito debía
ser declarado admisible.
3. En muy escueta sentencia juez de primera instancia rechazó el incidente con estos
fundamentos:
a) Al promoverse la acción, no se contaba con la correspondiente personería para iniciarla
(constancia de fs. 27/31 autos 13.494, caratulados: "Banco Central c. Bistolfi"), motivo por el
cual se produce la liberación de la obligación por el concursado.
b) El otorgamiento del poder con fecha posterior a la prescripción de un derecho no puede
tener efectos retroactivos.
c) No existen razones para que el tribunal se aparte de los propios precedentes dictados en este
sentido.
Para la regulación de honorarios se citaron los arts. "1°, 2°, 3°, 14 (10 %) y 31". Los honorarios
del procurador P., quien actuó por la concursada, se fijaron en $ ....
4. Apeló el Banco Central y solicitó la nulidad de la sentencia de primera instancia.
Los agravios, sintéticamente expuestos, y en cuanto interesa a este recurso de casación, fueron:
a) La decisión es nula porque no analiza los argumentos de las partes. En efecto, se funda,
exclusivamente, en la posición asumida frente a la cuestión de la acreditación de la personería,
pero omite todo otro tipo de consideración sobre las cuestiones propuestas. En tal sentido, no
trata la relación jurídica sustancial; se insiste en la prescripción cambiaria sin analizar el
contrato de mutuo que es la causa de los instrumentos circulatorios. De este modo, se ignora la
naturaleza del proceso verificatorio, eminentemente causal. Los pagarés librados por G. en
favor de El ... y endosados por esta firma a favor de B. tenían solamente el papel y efecto de
garantía adicional para asegurar el cumplimiento de la obligación que se asumía por el contrato
de mutuo.
b) Pero aun cuando el tribunal no asuma tampoco esta cuestión decisiva, la sentencia debe ser
revocada, porque respecto de los puntos en que se pronuncia contiene los siguientes errores:
-- Se aferra a una interpretación sobre la gestión procesal abandonada hace muchos años por la
Corte Provincial.
Apéndice de fallos
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-- La interrupción de la prescripción operó por la demanda interpuesta por el Banco Delta,
quien luego cedió los derechos al Banco Central de la República Argentina.
-- La legitimación para actuar surge no sólo de los endosos sino del resto de la documentación
acompañada e invocada.
5. Después de una serie increíble de incidentes de caducidad cruzados, la Cámara rechazó la
nulidad y confirmó la decisión con estos fundamentos:
a) No resulta procedente el recurso de nulidad fundado en causas que pueden ser reparables por
el recurso de apelación.
Las omisiones denunciadas por el litigante pudieron ser suplidas o bien a través de una
aclaratoria o bien mediante el recurso de apelación.
b) Las actuaciones procesales de los autos n° 15.607, caratulados: "Banco Central de la
República Argentina c. L. A. B." no dejan lugar a dudas en torno a que se inició la acción
cambiaria.
c) Posteriormente, abierto el concurso, en autos n° 13.196 el Banco Central de la República
Argentina insinuó su crédito solicitando verificación quirografaria de una acreencia de $a
208,333,33 con más actualización e intereses, desde el vencimiento de las cambiales y hasta la
apertura del concurso (fs. 305/306, expediente cuyo legajo se tiene a la vista al resolver).
d) El contenido de la presentación revela --sin hesitación alguna-- que la pretensión
verificatoria se apoya en los pagarés antes individualizados.
e) También se menciona que el crédito inicial deviene de dos operaciones de descuentos de
documentos individualizándose los respectivos pagarés en su monto, vencimiento y endoso.
Las expresiones avalan la conclusión expresada relativa a la naturaleza cambiaria del crédito
cuya verificación se pretendía.
f) Despejado este aspecto, corresponde establecer si la prescripción alegada merece
confirmatoria.
g) La concursada era endosante de los pagarés; consecuentemente, la prescripción aplicable es
la anual.
Las obligaciones vencieron el 30/4/1980, 30/4/1980 y 15/5/1980 habiéndose intimado su pago
a través de los telegramas que en copia corren agregados. Admitiendo que esos telegramas
suspendieron el curso de la prescripción, ésta se habría operado, respecto de los dos primeros
pagarés, el 30/4/1982.
La acción cambiaria se interpuso el 28/4/1982 por el doctor A. R., quien invocó la
representación del Banco Delta S.A.; pero en el otro sí digo afirmó que iniciaba la acción por el
Banco Central de la República Argentina, como subrogante de los derechos y acciones del
Banco Delta; solicitó un plazo para acreditar esa personería a los términos del art. 29,
presentando el poder respectivo el 12/5/1982.
Apéndice de fallos
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Del instrumento acompañado surge que el poder fue otorgado el 10/5/1982, o sea, que al
interponer la demanda, el doctor Romera no era mandatario del Banco Central de la República
Argentina.
Consecuentemente, la demanda no interrumpió el curso de la prescripción pues fue opuesta por
alguien que no era el mandatario.
Es verdad que una demanda iniciada por un mandatario, sin presentar sus poderes, tiene efectos
interruptivos si luego se prueba que el mandato existía a la época de la demanda. Pero en el
caso de una acción promovida por un gestor que carecía de mandato, los efectos retroactivos de
la ratificación sólo se producen entre las partes y no pueden perjudicar a un tercero en los
derechos que ha adquirido. Así lo expresa el propio autor mencionado por el litigante cuando,
para estos casos, exige ratificación, siendo irrelevante el mero apoderamiento posterior.
h) Por otro lado, las intimaciones telegráficas fueron suscriptas por F. L. S., en carácter de
Subgerente general del Banco Delta S.A. Sin embargo, ese banco fue intervenido con fecha
29/1/1981, o sea que los telegramas fueron remetidos en fecha 28/4/1981 y 15/5/1981 por
quien carecía de facultades para hacerlo en nombre del Banco Delta.
Por esa misma razón, tampoco valdría sostener que la demanda interrumpió porque fue
deducida por el doctor R. que también era mandatario del Banco Delta, pues para esa fecha el
poder del doctor R. había caducado.
i) Lo mismo cabe decir del pagaré con vencimiento el 15/5/1981 pues a esa fecha, el Banco
Central de la República Argentina no había interrumpido el curso de la prescripción.
Se regularon honorarios a los abogados J. A., J. Z. M. y A. R. en $ ..., $ ... y $ ... y al
procurador A. P. en la de $ ...
6. A fs. 288 el tribunal rechazó un pedido de aclaratoria de los profesionales J. A. y A. P.
Sostuvo que los honorarios regulados eran correctos pues el monto litigado era el solicitado en
la revisión.
Contra la sentencia se alza el Banco Central de la República Argentina y contra los honorarios
regulados, el abogado J. A., y el procurador A. P.
II. Los motivos de la casación deducida.
1. Casación deducida por el Banco Central. La quejosa denuncia "errónea interpretación de los
arts. 29, 132 y 133 del Cód. Procesal Civil y 1936 y 2304 el Cód. Civil." Fundamenta del
siguiente modo:
a) La sentencia afirma que no procede el recurso de nulidad por causas que pueden ser
reparables por el recurso de apelación.
No se discute este aserto. Justamente, por eso, la omisión de pronunciamiento denunciada (no
se trató la relación jurídica sustancial) fue denunciada en el recurso de apelación.
La incorrecta interpretación del art. 132 del Cód. Procesal es decisiva pues motiva que el
tribunal deje de tratar el argumento fundamental, cual es la prescripción de la acción causal.
Apéndice de fallos
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b) La sentencia interpreta de modo extremadamente restrictivo el art. 29 inc. 2° del Cód.
Procesal. Por el contrario, la jurisprudencia más moderna se inclina por los efectos amplios de
la ratificación. Así lo ha dicho esta Corte en los autos "Sisti de Tala c. Tala". De esta manera se
puede afirmar que el efecto convalidatorio es idéntico para aquellos casos en que la ratificación
cubre un mandato ya otorgado, con testimonio indisponible por cualquier motivo, con aquellos
en que el poder se otorga con posterioridad.
La ratificación opera con la presentación del poder; otra interpretación adolece de un exceso de
rigor ritual.
c) La sentencia sostiene que los actos intermedios producidos por los directivos del Banco
Delta carecen de eficacia en razón de encontrarse sometida esta entidad a una intervención
cautelar. Una intervención de este tipo no tendría jamás los efectos que pretende el auto
recurrido, salvo que así lo dispusiera expresamente el acto administrativo, lo que no se ha
probado que aconteciera en el caso.
2. Casación interpuesta por los profesionales J. A. P. y J. A.
… [Omissis]
1. Algunos principios básicos que dominan la casación en Mendoza.
Esta sala tiene resuelto en numerosos pronunciamientos que la sola afirmación de una tesis
jurídica no basta para configurar un agravio reparable por casación siendo necesaria la
demostración del error de interpretación atribuido, a fin de que los argumentos de la queja
alcancen la entidad requerida por el Código Procesal Civil (LS, 127-1; 105-432; 147-442; 156214); de lo contrario se incumple con lo preceptuado en el art. 161 inc. 4° que, en consonancia
con la última parte del art. 159 del Cód. Procesal, impone fundar clara y concretamente en qué
forma la errónea aplicación o interpretación de la norma ha determinado que la resolución
recurrida sea total o parcialmente contraria a las pretensiones del recurrente.
También tiene dicho que es necesario que el recurso deducido ataque todos los argumentos
decisivos de la sentencia impugnada, pues aunque un argumento sea erróneo, si la sentencia se
funda en otros válidos que no han sido atacados, ella se mantiene como acto jurisdiccional
fundado en derecho y el recurso es improcedente (LA, 120-363).
2. Aplicación de estos principios a los agravios referidos a los artículos 132 y 133 del Cód.
Procesal.
La Cámara afirma que la nulidad articulada era improcedente por denunciarse una omisión de
la sentencia. Sin embargo, luego de haber declarado la improcedencia formal, trata en el
recurso de apelación el elemento que el recurrente denuncia como relevante de la omisión. En
efecto, explicita por qué la pretensión deducida fue exclusivamente la cambiaria nacida de los
títulos circulatorios y no la sustancial originada en el contrato de mutuo.
En otros términos, la Cámara trata en la apelación los puntos omitidos y rechaza expresamente
el planteo del incidentante. Consecuentemente, la presunta errónea interpretación de los arts.
131 y 132 no ha tenido ninguna incidencia en la decisión final porque, insisto, el tribunal de
Apéndice de fallos
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grado explicita las razones por las cuales la prescripción debe ser analizada a la luz de la
normas que regulan la acción cambiaria y no la relación contractual nacida en el mutuo.
El análisis judicial no ha merecido una sola crítica del recurrente, quien se abroqueló en la
nulidad denunciada, y dejó incólumes los razonamientos del tribunal.
Esta sala se ve imposibilitada de analizar la exactitud o inexactitud de los términos de la
sentencia recurrida por varias razones:
a) No hay agravios.
b) Implicaría analizar los términos de los escritos judiciales, método vedado en la vía casatoria
y sólo canalizable por la inconstitucionalidad cuando se ha denunciado arbitrariedad o
absurdidad en esa laboral interpretativa.
3. Interpretación y alcance de los artículos 29 del Cód. Procesal 1936 y 2304 del Código Civil.
a) Hechos no discutidos por las partes. No se discuten los siguientes hechos:
-- Los pagarés vencieron los días 30/4/1980, 30/4/1980 y 15/5/1980.
-- Los telegramas colacionados se enviaron los días 28/4/1981 y 5/5/1981
-- Al momento de enviarse los telegramas el Banco estaba intervenido por el Banco Central de
la República Argentina.
-- El señor F. L. S. era subgerente general del Banco Delta S.A. al momento de producirse la
intervención. No suscribió la demanda ni tuvo actividad judicial.
-- La demanda se inició el 28/4/1982. El abogado A. R. la interpuso por el Banco Delta S.A. y
acompañó poder de esa institución otorgado el 11 de agosto de 1980; sin embargo, en un otro
sí digo afirmó que "el 15 de octubre de 1981 el Banco Central dictó la res. 390/81 y en el punto
5 de la misma dispuso excluir los activos del Banco Delta que menciona. Al pagar el Banco
Central al Banco Delta el importe de tales activos excluidos, entre los que se encuentra este
crédito, el Banco Central recibió los pagarés que he detallado y se subrogó en los derechos del
Banco Delta. Por lo tanto, inició también esa acción en representación del Banco Central de la
República invocando lo dispuesto por el art. 29 del Cód. Procesal". A fs. 33, fundado en los
términos del otro sí digo, el abogado Romera desistió de la acción del Banco Delta S.A.,
produciéndose en consecuencia el cambio de carátula.
-- El abogado A. R. acreditó la personería invocada en el otro sí digo mediante poder otorgado
el 10/5/1982 presentado al expediente el 12/5/1982 (dentro del plazo previsto en el art. 29,
Cód. Procesal). Ese poder es una sustitución realizada por el abogado J. R. R., quien tenía
mandato del Banco Central de la República Argentina y lo sustituyó en favor del doctor A. R. y
otros abogados del foro local (ver poder de fs. 27/29 de los autos n° 13.494, "Banco Central c.
L. A. B. p/ ejec. cambiaria").
-- Se trata de un poder general para juicios, que no tiene cláusula expresa de ratificación de lo
actuado hasta ese momento.
Apéndice de fallos
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b) Punto de partida. Aunque la cuestión ha sido planteada como tercer agravio, la primera
cuestión a resolver es si la intervención de una entidad financiera y la designación de un
delegado interventor hace caducar de pleno derecho la representación del sub gerente general.
En efecto, si esa representación cesa, los telegramas no habrían producido la suspensión del
curso de la prescripción y, en principio, sería irrelevante la discusión de si la demanda fue o no
interruptiva pues se habría interpuesto vencido el plazo de un año computado a partir de la
fecha de vencimiento de los pagarés.
c) Los alcances de la intervención del Banco Central sobre los órganos de administración y
representación de la entidad financiera intervenida. El Banco Central sostiene, en contra de lo
afirmado por la sentencia, que la intervención al Banco Delta no hizo cesar la representación
del subcontador que firmó el telegrama.
Llama la atención que siendo la recurrente el organismo que titulariza la superintendencia
sobre todo el sistema bancario no haya auxiliado al tribunal en la búsqueda de los principios
generales del derecho bancario sobre los que asienta sus argumentaciones. Es conocida la gran
cantidad de reglamentaciones internas, circulares, etc., que complican el sistema normativo del
sector por lo que hace al buen servicio de la justicia el auxilio de los profesionales
especializados en el área.
-- La intervención se dispuso en 1980, o sea que regía la ley 21.526 que en su art. 46 disponía
que "hasta tanto se resuelva el recurso, el Banco Central de la República Argentina asumirá la
intervención de la entidad 'sustituyendo' a los representantes legales en sus derechos y
facultades".
-- Los términos de la ley no parecen dejar demasiadas posibilidades al intérprete; en la
situación prevista en el artículo, se sustituyen los representantes legales.
Sin embargo, esa cesación se producía, conforme el art. 46 transcripto, a partir del momento en
que el Banco Central disponía la "liquidación" y la entidad financiera "apelaba" esa resolución,
pues por el art. 44, salvo el supuesto del art. 50 (liquidación de una entidad financiera en estado
de cesación de pagos), cualquiera fuese la causa de la disolución de la entidad, el Banco
Central de la República Argentina podía, si consideraba que existían suficientes garantías,
permitir que los liquidadores legales o estatutarios cumpliesen los procedimientos de
liquidación (Para esta cuestión y las críticas que merecía la solución legal ver De Magalhaes,
Mario, "Disolución y liquidación de entidades financieras", Buenos Aires, Ed. Depalma, 1991;
p. 33; Villegas, Carlos G., "Régimen legal de bancos", Buenos Aires, Ed. Depalma, 1978, p.
274).
En el sub lite, las partes coinciden en que, al momento de la intimación, el Banco estaba
"intervenido", pero no existen constancias de las causas por las que se dispuso la disolución de
la entidad financiera, si se había dispuesto la liquidación y si se había producido la situación
prevista en el art. 46 de la ley 21.526, por lo que, la carencia de esta prueba lleva a sostener que
los telegramas del 28/4/1981 y del 5/5/1981 produjeron la suspensión de la prescripción anual.
En cambio, el poder presentado por el abogado Romera a fs. 1 de los autos n° 15.607 es
irrelevante para resolver la cuestión, no porque el apoderamiento hubiese cesado con la
Apéndice de fallos
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intervención, sino porque al momento de interponer la demanda él mismo declaró que el titular
del crédito no era ya el Banco Delta sino el Banco Central de la República Argentina, por lo
que solicitó se le concediera el plazo del art. 29 para acreditar personería.
d) La interrupción de la prescripción por demanda deducida antes del vencimiento del plazo
por un tercero que acredita, dentro del plazo procesal otorgado, que se le ha otorgado un poder
posterior al momento de la interposición de la demanda. La cuestión a resolver es, entonces, si
interrumpe el curso de la prescripción la demanda interpuesta por quien no era mandatario del
acreedor al momento de la interposición si ulteriormente y dentro del plazo otorgado por el
tribunal para acreditar personería, presenta a juicio un instrumento que acredita un
apoderamiento general de fecha posterior al momento de vencimiento del plazo de la
prescripción.
Partiré de la posición más favorable para el recurrente, o sea, que ese poder, aunque no
contiene mención ratificatoria de los actos anteriormente actuados en su nombre por el
apoderado, configura una ratificación tácita. Digo más favorable, pues como es sabido, la
ratificación es más poderosa que el apoderamiento, desde que es irrevocable y completa el acto
(ver Roca Sastre, Ramón, "Estudios de Derecho Privado", t. I, Madrid, Ed. Edersa, p. 470).
d) Los precedentes del tribunal. Esta sala no ha tenido oportunidad de pronunciarse sobre la
cuestión debatida en autos. Desde las instancias inferiores se viene mencionando el caso Sisti
de Tala, pero en esos precedentes la cuestión a resolver era si, a los efectos procesales, la
ratificación puede operar o no vencido el término previsto en el art. 29 apart. IV y en su caso
hasta cuando (hasta que queda firme el decreto que dispone el desglose o hasta que la
contraparte denuncia la nulidad del acto) (ver LA 80-100; LA, 93-131 y La Revista del Foro de
Cuyo n° 5, 1992, p. 198, con nota de Aldo Luis Giordano, "El mandato civil y la
representación procesal según el artículo 29 del Código Procesal"; en este comentario se
sintetizan las diferentes opiniones vertidas en las distintas integraciones de este tribunal).
La cuestión en estos autos, en cambio, es otra: si el apoderamiento ulterior, aun equivaliendo a
una ratificación, tiene efectos retroactivos "a los efectos de la interrupción del curso de la
prescripción".
La diferencia es clara: en el primer caso, la tesis amplia, que admite la ratificación mientras no
se haya ordenado el desglose, tiene por fundamento la inexistencia del derecho a que la
contraparte no se defienda; en otros términos, la inexistencia de un derecho a litigar con la
contraparte en rebeldía; en el sub lite, en cambio, se invoca, justamente, el derecho del
demandado a la liberación, nacido de la prescripción extintiva (el autor tantas veces citado en
las instancias inferiores, no se pronuncia sobre este tema sino que se refiere, en general, a la
posibilidad de ratificar actuaciones procesales sin incidencia en derechos sustanciales de
terceros; compulsar Parellada, Carlos A., "La ratificación como medio saneatorio en el
ordenamiento procesal", JA, 1980-II-547).
e) Situaciones sobre las que parece haber acuerdo en algunos precedentes doctrinales y
jurisprudenciales. La presentación del poder o la ratificación anterior al cumplimiento del plazo
de la prescripción. A esta altura de la evolución jurisprudencial puede afirmarse que existe
acuerdo en que:
Apéndice de fallos
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-- El art. 3986 del Cód. Civil se refiere a la falta de capacidad y no a la de personería (Moltoni,
Rubén A., "Interrupción de la prescripción por interposición de demanda judicial", Boletín de
la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba, año XXVIII, mayo-diciembre de
1964, n° 3-5, p. 320 con citas de jurisprudencia de la Corte Federal sobre la cuestión).
-- La demanda entablada por quien carece de mandato al efecto, no interrumpe el curso de la
prescripción (voto de Ibáñez Frocham, integrante de la C2ª Civil y Com. de La Plata, JA, 1951I-236).
La razón de la solución es que "no es el interesado en tal interrupción quien actúa en la
emergencia, sino un tercero ajeno a él, sin facultades para proceder en su nombre; bien podría
ser el acreedor, al no buscar la protección de su derecho en trance de extinguirse, tener el deseo
de realizar una liberalidad (art. 1791 inc. 5°), sin que se justifique la intervención oficiosa de
un extraño interfiriendo esa voluntad" (Colombo, Leonardo, "Interrupción de la prescripción
por acciones deducidas en juicio. Los casos previstos en el artículo 3986 del Código Civil", LA
LEY, 101-1042).
-- Sin embargo, ese principio (la demanda deducida por quien no acredita la calidad de
mandatario carece de efectos interruptivos), sufre una excepción si ulteriormente se acredita
que el mandato había sido otorgado con anterioridad al acto interruptivo.
La excepción se funda en que cualquiera sea la naturaleza de la nulidad que consagra el art. 48
del Cód. Procesal Civil, es excesivo extender los efectos de la nulidad basada en el art. 48 del
Cód. Procesal Civil a situaciones jurídicas regidas por la ley de fondo y, en especial, a casos en
que al tiempo de deducirse la demanda existía mandato válido (CApel. en lo Civil y Com. de
Mercedes, provincia de Buenos Aires, sala II, 17/10/1980, Guillán, E. c. García, Juan A., y
otros, Rev. Notarial n° 852-1635).
-- Por la misma razón, "la interpelación puede ser realizada por un gestor y valdrá como
suspensiva del curso de la prescripción si luego es ratificada por el dueño del negocio"
(CNCiv., sala A, 26/6/1990, Bandín J. c. Román Ingeniería, LA LEY, 1991-A, 189).
En apoyo de esta posición, sostenida también por la CNFed., sala Civil y Comercial (JA, 1960IV-301 o LA LEY, 100-530 y JA, 1960-V-74 o LA LEY, 101-139) y por la CApel. Rosario,
sala civil y com., LA LEY, 108-230), Moisset de Espanés ha dicho que "la posterior
presentación del mandato implica, por lo menos, una ratificación con efecto retroactivo;
además, si la última parte del art. 3986 del Cód. Civil acuerda efecto interruptivo aun a la
demanda interpuesta por quien carece de capacidad legal para hacerlo, con mayor razón debe
aceptarse ese efecto cuando la interpone un mandatario que después presenta el poder"; por
eso, el defecto procesal de no haber acompañado el poder en el momento de entablar la
demanda, no es obstáculo para que la prescripción se interrumpa si luego se demuestra que el
mandato existía realmente, pues el texto del art. 3986 es muy amplio (Moisset de Espanés,
Luis, "Interrupción de la prescripción por demanda", Córdoba, 1968, p. 61).
f) Poder o ratificación posterior al vencimiento del plazo de la prescripción. La situación en el
derecho argentino. Mas ¿qué sucede si el acto de apoderamiento o la ratificación no precede a
la demanda sino que es posterior al vencimiento del término de la prescripción?
Apéndice de fallos
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Colombo parece afirmar que en este caso la situación se asimila a la del poder anterior. En tal
sentido dice: Se comprende, no obstante, que si quien invoca la representación la acredita en
autos dentro de las condiciones o plazos fijados especialmente al respecto, el efecto
interruptivo tiene igualmente lugar, en virtud de la personería que en esas circunstancias queda
debidamente comprobada, lo cual no acontece en el supuesto inverso" (Colombo, Leonardo,
"Interrupción de la prescripción por acciones deducidas en juicio. Los casos previstos en el
artículo 3986 del Código Civil, LA LEY, 101-1042).
Este autor cita en nota 14 un fallo que, sin embargo, afirma lo contrario, o sea, que el
apoderamiento posterior no alcanza. En efecto, dijo la Cámara Federal de Paraná el 25/8/1944,
por mayoría: "La demanda presentada por un procurador sin acreditar su mandato no tiene el
efecto de interrumpir la prescripción. No obsta a ello la circunstancia de que la personería se
justificara después de cumplida la prescripción de la acción que se había promovido" (JA,
1944-IV, 89) (Aclaro que no surge del relato de los hechos que el actor hubiese solicitado
plazo para acreditar personería).
Más claramente aún se ha dicho que los efectos retroactivos de la ratificación sólo se producen
entre las partes y no pueden perjudicar a un tercero en los derechos que ha adquirido; por eso
se resolvió que "No puede considerarse demanda en el sentido del art. 3986 la acción intentada
por el peticionante como mandatario del acreedor un mes antes de que éste le otorgara el poder,
si durante ese lapso se operó la prescripción de la acción, máxime que la ratificación del
mandato tiene efecto entre las partes y no puede perjudicar el derecho adquirido por el deudor"
(C.Com. Cap., sala C, 24/5/1966, Finkelsztein c. Pérez, JA, 1966-V-444 --La Ley, 124-1158 14.578-S--) (conf. con la solución, Moisset de Espanés, Luis, "Interrupción de la prescripción
por demanda", Córdoba, 1968, p. 85).
g) Poder o ratificación posterior al vencimiento del plazo de la prescripción. La situación en el
derecho italiano.
El tema de la ratificación intempestiva ha sido objeto de un amplio debate doctrinal y
jurisprudencial en Italia. Se discute en ese país si la ratificación, negocio unilateral recepticio
por medio del cual el representante hace eficaz para sí mismo el acto realizado a su nombre y
por su cuenta por el "falsus procurator", puede acaecer después del cumplimiento del término
previsto por la ley para la realización del acto que se entiende ratificar.
La Casación italiana ha dado respuesta positiva, o sea, ha admitido la ratificación, vencido el
término legal o convencionalmente previsto para optar por: la continuación de un contrato de
locación, la aceptación de la herencia, la rescisión de un contrato de locación de servicios, etc.
Esta posición fue sostenida en 1933 por Saggese ("La rapprésentanza nella teoria e nella
pratica del diritto italiano privato") y el Supremo Tribunal italiano adhiere a ella, aunque con
algunas vacilaciones (ver algunos supuestos, "Rassegna della giurisprudenza della corte di
Cassazione", en Rivista di Diritto Processuale, anno XXV, 1970, Padova, Cedan, 1970, p.
707).
Esta solución (a la que llamo "tesis amplia"), sin embargo, ha sido criticada por conspicua
doctrina (compulsar Di Paola, Luigi, "Sulla tempestivita della ratifica", Revista del Diritto
Commerciale e del Diritto Generale delle Obbligazioni, anno XCII, 1994, n° 1/2, p. 39,
Apéndice de fallos
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Trabucchi, Alberto, "La ratifica degli atti unilateral posti in essere dal fasus procurator e
interruzione della prescrizione del diritto di accett l'ere ditá", en cinquant' anni, nell esperienza
ginidi la", Padova, Cedan, 1988, p. 1374). Los autores itálicos, con argumentos perfectamente
trasladables al derecho argentino, reprochan a la tesis amplia:
-- Olvidar que, aunque la ley no prevé tiempo para la ratificación, expresamente declara que los
efectos retroactivos no pueden perjudicar los derechos adquiridos por terceros; este principio es
tan fuerte que ha sido aceptado por la jurisprudencia y la doctrina aun en países cuya
legislación no deja a salvo expresamente tales derechos (ver Salas, Acdeel, E., "La ratificación
en los actos celebrados sin poder", JA, 1942-IV, sec. doc. p. 55).
-- Vulnerar el fundamento mismo del principio que la ratificación puede operar en cualquier
tiempo, cual es garantizar la seguridad del tráfico (y no tutelar al sujeto negligente que no ha
tomado las precauciones necesarias).
-- Aceptar que los plazos de prescripción puedan ser prolongados, por voluntad unilateral, más
allá del vencimiento del día previsto por la ley.
-- Ser tremendamente ilógica en los actos unilaterales (en los bilaterales, por ej., un acuerdo
novativo celebrado por el deudor y el gestor, eventualmente, podría configurar un
reconocimiento del crédito, situación impensable en la interrupción por demanda, acto en el
que el deudor no interviene. En el caso del acto unilateral, en cambio, el beneficiado por el
transcurso del tiempo se vería perjudicado por la actividad de un tercero ajeno, que él no tiene
ninguna posibilidad de impedir).
(En tal sentido se recuerda que, para evitar estos efectos, el código alemán impide la
ratificación en los actos unilaterales; para esta cuestión y las diversas posiciones sobre el tema,
ver Scognamiglio, Andrea, "Ratifica del negozio unilaterale e tutela del terzo
controinteressato", Revista del Diritto Commerciale e del Diritto Generale delle Obbligazioni,
anno LXXXIV, 1986; n° 5/8 p. 173 SP: Cian, Giorgio, "Tutela della controparte di fronte
all'annullamento o alla ratifica del negozio", en Rivista di Diritto Civile, anno XIX, 1973, p.
538).
-- Desentenderse de las razones por las cuales no se ha podido actuar; o sea, no toma en cuenta
si ha existido o no imposibilidad de actuar dentro del plazo (por eso, para algunos, sería posible
la ratificación tardía si el dueño del negocio justificara, mediante razones valederas, por qué no
pudo ratificar dentro del plazo).
h) La aplicación de los argumentos de la doctrina italiana al derecho argentino. El
apoderamiento posterior al momento del vencimiento de la prescripción presentado a juicio
dentro del plazo otorgado para acreditar personería. Como he adelantado, estas críticas son
perfectamente trasladables al derecho argentino, especialmente porque el art. 1936 de nuestro
código, como lo han expuesto los jueces de las instancias inferiores, deja a salvo los derechos
adquiridos por terceros.
La pregunta es: ¿la solución debe variar si se ha solicitado plazo para acreditar personería y el
litigante ha cumplido con la carga dentro del plazo otorgado? En otras palabras: ¿es éste un
dato decisivo para modificar la solución mayoritaria antes referida?
Apéndice de fallos
Página 30
Mi respuesta es negativa porque:
El juez otorga un plazo para acreditar personería, pero los efectos sustanciales que ese acto
produce no los determina el juez, sino la ley.
-- Es claro que una decisión judicial que concede un plazo para acreditar personería no puede
hacer "revivir" un plazo sustancial, ya extinguido, si el acaecimiento de ese plazo sustancial ha
producido la adquisición de un derecho (en el caso, el derecho a la liberación).
i) La cuestión axiológica. Finalmente, cabe preguntarse por la justicia de la solución en el caso
concreto.
En mi opinión, no puede afirmarse que la solución que propongo a mis colegas de sala sea de
extrema dureza. Por el contrario, coadyuva al cumplimiento del fundamento mismo de la
prescripción, cual es, la consolidación de las situaciones jurídicas por el transcurso del tiempo.
En el sub lite cabe tener especialmente en consideración:
a) Que el antecesor del acreedor había hecho valer la posibilidad de suspender el curso de la
prescripción, por un lapso idéntico al de la acción, mediante el simple hecho de enviar un
telegrama.
b) Que en ningún momento el acreedor ha invocado razones que imposibilitaran o que
dificultaran el otorgamiento del poder en tiempo oportuno, a punto tal que bastó una mera
sustitución del poder (para la valorización de las razones que justificaran su proceder ver
CNFed. Contencioso Administrativo, sala IV, 22/11/1988, Briones c. Ministerio del Interior,
DJ., 1989-II, 319 --La Ley, 1989-C, 206--).
4. Conclusiones
Por todo lo expuesto, y si mi voto es compartido por mis distinguidos colegas del tribunal,
debe rechazarse el recurso interpuesto por el Banco Central de la República Argentina.
IV. La casación interpuesta por los profesionales intervinientes por la concursada.
… [Omissis]
2ª cuestión. -- La doctora Kemelmajer de Carlucci dijo:
Corresponde omitir pronunciamiento sobre este punto, puesto que ha sido planteado para el
eventual caso de resolverse afirmativamente la cuestión anterior. Así voto.
Sobre la misma cuestión, el doctor Romano adhiere al voto que antecede.
3ª cuestión. -- La doctora Kemelmajer de Carlucci dijo:
Atento el resultado al que se arriba en el tratamiento de las cuestiones anteriores, corresponde
imponer las costas a las partes recurrentes que resultan vencidas (arts. 148 y 36-I, Cód.
Procesal). Así voto.
El doctor Romano adhiere al voto que antecede.
Por el mérito que resulta del acuerdo precedente, la sala primera de la Excma. Suprema Corte
de Justicia, fallando en definitiva, resuelve: I. Rechazar los recursos de casación deducidos a
Apéndice de fallos
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fs. 12/15 por el Banco Central de la República Argentina y a fs. 40/51 por los doctores J. A. P.
y J. A. II. Imponer las costas a los recurrentes vencidos. III. Regular los honorarios
profesionales …. IV. …. Se deja constancia que la presente resolución no es suscripta por el
doctor Moyano, por encontrarse en uso de licencia (art. 88 apart. III, Cód. Procesal). -- Aída
Kemelmajer de Carlucci. -- Fernando Romano.
6. C.S.N., octubre 30-2007 “Larrabeiti Yañez, Antole Alejandro y ot
c. Estado Nacional” LA LEY 14/12/2007, 7 - DJ 23/01/2008, 144
HECHOS:
La Cámara condenó al Estado Nacional a pagar cierta suma de dinero, más intereses a la tasa
activa desde el 26 de septiembre de 1976 en adelante, en concepto de indemnización de los
daños y perjuicios derivados de la desaparición forzada de los padres biológicos de la
coactora a manos de personal de las fuerzas de seguridad, cuando aquélla tenía cuatro meses
de edad. Contra esta decisión, ambas partes interpusieron los recursos extraordinarios
denegados y los recursos ordinarios de apelación concedidos. La Corte Suprema de Justicia
de la Nación hizo lugar al recurso ordinario interpuesto por el Estado Nacional, dejando sin
efecto la sentencia impugnada.
SUMARIOS:
1. A los fines de la responsabilidad extracontractual del Estado Nacional, no corresponde
computar el plazo de prescripción a partir de la declaración de ausencia por
desaparición forzada de los padres biológicos de la actora, cuyos legajos fueron
incluidos en el informe final de la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas,
si aquélla fue solicitada y declarada luego de más de una década del advenimiento del
gobierno constitucional y, conforme el artículo 3966 del Código Civil, no se
acreditaron las razones por las cuales los padres adoptivos habrían estado
temporalmente impedidos de deducir la demanda, cuando menos a partir del año 1986
en que fue publicado el informe referido.
2. Es inadmisible el argumento según el cual la acción para reclamar el resarcimiento
patrimonial derivado de la desaparición forzada de personas es imprescriptible porque
nace de delitos de lesa humanidad, pues la primera atañe a materia disponible y
renunciable, mientras que, desde la óptica del reproche penal, la persecución se funda
en la necesidad de que los crímenes de esa naturaleza no queden impunes, es decir, en
razones que exceden el interés patrimonial de los particulares afectados.
Apéndice de fallos
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3. Si bien la prescripción de la acción de responsabilidad civil extracontractual fundada en
la desaparición forzada de personas se rige por las disposiciones del Código Civil, el
Congreso de la Nación sancionó, entre otras, las leyes 24.411 y 25.914 (Adla, LV-A, 7;
LXIV-E, 5383), con el objeto de reparar la injusticia que significaría privar a las
víctimas de todo resarcimiento, tal como resultaría de la aplicación estricta de la
legislación civil.
4. Aun cuando los padres adoptivos de la actora se hubiesen encontrado impedidos de
promover, oportunamente —lo que no se acredita en el caso—, el reclamo de daños y
perjuicios derivados de la desaparición forzada de los padres biológicos de aquélla,
cabe considerar prescripta la acción a su respecto si la demanda no fue presentada en
tiempo útil según el artículo 3980 del Código Civil, pues, al conferir el poder general
con que se acreditó su personería en la causa, la actora —ciudadana chilena domiciliada
en ese país— expresó su condición de mayor de edad, corroborada por el notario
interviniente. (Del voto de la mayoría al que no adhieren los doctores Petracchi y
Argibay).
5. Corresponde admitir la excepción de prescripción opuesta por el Estado Nacional al
reclamo de daños y perjuicios derivados de la desaparición forzada de los padres
biológicos de la actora, si la demanda no fue presentada en tiempo útil con arreglo a lo
dispuesto por el artículo 3980 del Código Civil, pues, aun cuando no se haya invocado
la aplicación del derecho extranjero —artículo 7°, Código Civil— vigente al momento
de adquirir la mayoría de edad, al conferirse el poder general con el que se acreditó su
personería, aquélla contaba con 20 años de edad, no obstante lo cual se le otorgó el
referido acto en su carácter de mayor de edad. (Del voto del doctor Fayt).
6. La admisión de la excepción de prescripción, respecto de la acción de responsabilidad
civil extracontractual fundada en la desaparición forzada de los padres biológicos de los
actores, no importa dejar sin reparar los daños que han sufrido como consecuencia del
incalificable accionar de quienes usurparon el gobierno de la Nación, pues, con el
objeto de reparar la injusticia que significaría privar a las víctimas de todo
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resarcimiento —tal como resultaría de la aplicación estricta de la legislación civil—, el
Congreso de la Nación sancionó, entre otras, las leyes 24.411 y 25.914 (Adla, LV-A, 7;
LXIV-E, 5383). (Del voto del doctor Fayt).
TEXTO COMPLETO:
Buenos Aires, octubre 30 de 2007.
CONSIDERANDO:
1°) Que la Sala III de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo
Federal, por mayoría, admitió parcialmente la demanda interpuesta el 22 de mayo de 1996 por
Claudia Victoria Larrabeiti Yañez y condenó al Estado Nacional a pagar 250.000 pesos, más
intereses a la tasa activa desde el 26 de septiembre de 1976 en adelante, en concepto de
indemnización de los daños y perjuicios derivados de la desaparición forzada de sus padres
biológicos a manos de personal de las fuerzas de seguridad, cuando aquélla tenía cuatro meses
de edad. Asimismo, declaró prescripta la acción deducida en la misma fecha por su hermano
Anatole Alejandro Larrabeiti Yañez. Contra esta decisión, los actores y el demandado
interpusieron los recursos extraordinarios denegados a fs. 1253 y los recursos ordinarios de
apelación concedidos a fs. 1228. Además, el Estado Nacional dedujo el recurso de hecho
tramitado en la causa L.632.XLI "Larrabeiti Yañez, Anatole Alejandro y otra c/ Estado
Nacional", agregada.
2°) Que, como fundamento, el tribunal de alzada señaló que Mario Roger Julien Cáceres y Eva
Grisonas, padres biológicos de los demandantes, habían sido víctimas del operativo dirigido
por las fuerzas de seguridad contra la vivienda familiar, tomada por asalto el 26 de septiembre
de 1976. El primero, aparentemente, fue muerto en el tiroteo o habría sido trasladado a la
República del Uruguay. La madre y sus dos hijos pequeños fueron detenidos y conducidos al
centro clandestino de detención "Automotores Orletti". En diciembre de 1976 los dos niños
fueron hallados por carabineros en una plaza de la ciudad de Valparaíso, República de Chile.
Después de ser alojados en un orfanato, fueron entregados a la custodia del cirujano chileno
Larrabeiti Yañez y su esposa, quienes los adoptaron. Mientras la adopción se hallaba en
trámite, en 1979 su abuela paterna María Angélica Cáceres de Julien, después de deducir sin
éxito reiterados habeas corpus (v. fs. 355/400 del segundo cuerpo, agregado) para que las
autoridades argentinas informasen sobre el paradero de su familia, fue informada de que sus
nietos se hallaban en Chile. Se comunicó para hacerles saber su origen y tomar contacto con
ellos y el 2 de agosto de 1979, en nombre propio, de su cónyuge, y de la abuela materna de los
demandantes, firmó un acuerdo con el matrimonio Larrabeiti-Yañez, con el propósito de que
los menores conocieran sus verdaderos nombres, sin perjuicio del mantenimiento de sus
nombres adoptivos. Además, consintió la adopción y acordó un régimen de visitas con miras a
mantener la vinculación de los niños con su familia de sangre. El 22 de agosto de 1995 los
demandantes solicitaron los beneficios de la ley 24.411 y a pedido de ellos, el 2 de junio de
1997 se dictó la sentencia de ausencia por desaparición forzada de Mario Roger Julien Cáceres
y Victoria Lucía Grisonas de Julien, en los términos de la ley 24.321 (v. fs. 274/275, segundo
cuerpo). Cabe advertir que la condición de "desaparecidos" de los padres biológicos de los
Apéndice de fallos
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demandantes ya constaba en el Informe Final de la Comisión Nacional para la Desaparición de
Personas, a raíz de las denuncias formuladas por María Angélica Cáceres de Julien en 1984
tramitadas por dicho organismo bajo los legajos 2950 y 2951 (v. fs. 28/49 del primer cuerpo y
fs. 709/712 del cuarto cuerpo).
La mayoría de la cámara consideró que, en tales condiciones, no resultaba de aplicación el art.
3966 del Código Civil, según el cual la prescripción corre contra los incapaces que tuvieren
representantes legales. Destacó que, en las peculiares circunstancias del caso, no era exigible a
los padres adoptivos el ejercicio de la acción de responsabilidad civil extracontractual fundada
en la desaparición forzada de los padres biológicos y sostuvo que, en consecuencia, el plazo
bienal previsto en el art. 4037 del Código Civil debía computarse desde que los menores
habían llegado a la mayoría de edad y después de haber transcurrido el plazo de tres meses
establecido en el art. 3980 del código citado.
Señaló que, al tiempo de ser interpuesta la demanda que dio origen a la presente causa, el plazo
de prescripción bienal no había vencido con respecto a Claudia Victoria Larrabeiti Yañez, pero
sí respecto de Anatole Alejandro Larrabeiti Yañez, quien dedujo la acción correspondiente más
de dos años después de haber llegado a la mayoría de edad y de vencido el plazo previsto en el
art. 3980 del Código Civil.
3°) Que los recursos ordinarios de apelación son formalmente admisibles, toda vez que la
Nación es parte directa en el pleito y el monto disputado en último término, de conformidad
con las estimaciones formuladas por los interesados a fs. 1191/1191 vta. y 1203,
respectivamente, supera el mínimo legal establecido en la resolución 1360 de 1991.
4°) Que los actores se agravian respecto de lo resuelto por la cámara con relación a que la
acción deducida por Anatole Alejandro Larrabeiti Yañez se hallaba prescripta. En síntesis, los
demandantes invocan el precedente de Fallos: 322:1888 como fundamento para sostener que el
plazo de la prescripción bienal sólo puede computarse desde el 2 de junio de 1997, fecha en la
cual se dictó la sentencia de ausencia de desaparición forzada en los términos de la ley 24.321.
Paralelamente, sostienen que la acción civil no puede comenzar a prescribir porque los delitos
que le dieron origen son de lesa humanidad e imprescriptibles. Por otra parte, consideran que el
monto de la indemnización reconocida por la cámara a Claudia Victoria Larrabeiti Yañez es
arbitrario porque se lo fijó sin sustento en las constancias de la causa al omitir, entre otros
rubros, el daño material ocasionado por el despojo de la vivienda familiar. Añaden que la ley
24.411 constituye una reparación parcial, que en particular no comprende el padecimiento
moral personalmente experimentado por los demandantes con motivo de los hechos que dieron
lugar a la causa.
A su vez, el Estado Nacional se agravia por considerar que la acción de responsabilidad civil se
halla prescripta respecto de ambos actores. En tal sentido, destaca que según el art. 3966 del
Código Civil, el plazo bienal corrió contra los demandantes desde el momento en que tuvieron
como representantes legales a sus padres adoptivos. Agrega que, a partir del advenimiento del
gobierno constitucional en 1983, cesaron todos los impedimentos para reclamar el pago de
indemnizaciones por los delitos cometidos por los órganos del gobierno de facto. En tal sentido
agrega que la desaparición forzada de los padres biológicos de los demandantes constituía un
Apéndice de fallos
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hecho conocido, tal como lo revela el acuerdo celebrado entre la abuela paterna, María
Angélica Julien de Cáceres y el matrimonio Larrabeiti Yañez en 1979, mientras tramitaba la
adopción de los menores, así como la inclusión de Mario Roger Julien Cáceres y Eva Grisonas
en el informe final elaborado y publicado por la Comisión Nacional para la Desaparición de
Personas. Indica que la conducta de los demandantes, que comenzaron por solicitar el beneficio
extraordinario reconocido por la ley 24.411 (cuyo trámite quedó en suspenso) para después
reclamar la indemnización plena por la vía civil, es contradictoria; y concluye por afirmar que
de todo lo expuesto, surge que el 22 de mayo de 1996, fecha de interposición de la demanda
que dio origen a este pleito, la acción promovida por los dos actores había prescripto.
5°) Que el plazo de la prescripción corre desde que existe la responsabilidad y ha nacido la
acción consiguiente para hacerla valer; lo que, como regla, acontece cuando ocurre el hecho
ilícito que origina la responsabilidad, aunque excepcionalmente puede determinarse un punto
de partida diferente, ya bien porque el daño aparece después, o porque no puede ser
adecuadamente apreciado hasta el cese de una conducta ilícita continuada (Fallos: 322:1888,
considerando 10 y sus citas). Los hechos que dieron lugar a la causa difieren de los
considerados y resueltos en la causa de Fallos: 322:1888, pues en ésta el demandante nada
pudo saber ni averiguar acerca del paradero de su familia y del destino que había corrido, razón
por la cual el 7 de octubre de 1985 obtuvo la declaración de fallecimiento presunto, fijado el 16
y 20 de enero de 1978. En cambio, en el presente caso, la desaparición forzada de los padres
biológicos de los demandantes constaba en las actuaciones tramitadas ante la Comisión
Nacional para la Desaparición de Personas que los incluyó en el Anexo I del Informe Final
(publicado en 1986) bajo los legajos 2950 y 2951. El acuerdo mediante el cual en 1979 la
abuela materna de los menores, María Angélica Julien de Cáceres, después de haber instado
infructuosamente los habeas corpus, consintió los trámites de adopción iniciados por el
matrimonio chileno Larrabeiti Yañez constituye meramente un indicio de la desaparición de
aquéllos. En ese momento cabía reputar que existía imposibilidad de deducir la acción civil, en
los términos de la doctrina de Fallos: 312:2352, considerando 7°.
Sin perjuicio de ello, a diferencia de lo sucedido en el caso de Fallos: 322:1888, en la presente
causa la declaración de ausencia por desaparición forzada, con efectos análogos a los previstos
en la ley 14.934 (cfr. art. 7° de la ley 24.321), fue solicitada y declarada después de que
transcurrió más de una década desde el advenimiento del nuevo gobierno constitucional de
1983. Conforme al art. 3966 del Código Civil, "la prescripción corre contra los incapaces que
tuvieren representantes legales. Si carecieren de representación se aplicará lo dispuesto en el
art. 3980", sin que en la especie se hayan acreditado las razones en virtud de las cuales los
padres adoptivos habrían estado temporalmente impedidos de deducir la demanda interruptiva
de la prescripción, cuanto menos a partir de 1986, año en que fue publicado el informe final
elaborado por la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas por la Editorial
Universitaria de Buenos Aires, bajo el título "Nunca Más", en cuyo anexo figura el listado de
los detenidos y desaparecidos, y los números de legajo correspondientes a los padres
biológicos de los actores, ya referidos. A lo que cabe añadir que no es atendible el argumento
en virtud del cual la acción para reclamar el resarcimiento patrimonial es imprescriptible
porque nace de delitos de lesa humanidad, imprescriptibles desde la óptica del reproche penal.
Ello es así porque la primera atañe a materia disponible y renunciable, mientras que la segunda,
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relativa a la persecución de los delitos de lesa humanidad, se funda en la necesidad de que los
crímenes de esa naturaleza no queden impunes, es decir, en razones que exceden el interés
patrimonial de los particulares afectados (cfr. Fallos: 311:1490).
6°) Que, precisamente, con el objeto de reparar la injusticia que significaría privar a las
víctimas de todo resarcimiento (tal como resultaría de la aplicación estricta de la legislación
civil) el Congreso de la Nación sancionó, entre otras, las leyes 24.411 y 25.914. En los
fundamentos expuestos y compartidos por las comisiones parlamentarias que intervinieron en
la sanción de la primera de ellas se expresó: "las soluciones económicas no van a ser respuesta
al drama de los muertos, ni al de los detenidos-desaparecidos. Pero sí, y sobre todo, la solución
económica planteada es una elemental respuesta a un problema que clama justicia", pues si
bien todo el pueblo fue la víctima de esa dictadura, sin duda "los muertos, los detenidosdesaparecidos y los que pasaron por las prisiones en los años pasados fueron los más
injustamente castigados".
7°) Que, sin perjuicio de lo expuesto, corresponde destacar -a mayor abundamiento- que aun
cuando se aceptase, por hipótesis, que los padres adoptivos de los accionantes se hubiesen
encontrado impedidos de promover, oportunamente, el reclamo de daños y perjuicios, lo cierto
es que igualmente cabría considerar prescripta la acción respecto de Claudia Victoria Larrabeiti
Yañez, ya que su demanda no fue presentada en tiempo útil, con arreglo a lo dispuesto por el
art. 3980 del Código Civil. En efecto, al conferir el poder general con que se acreditó su
personería en la presente causa, la actora -ciudadana chilena domiciliada en ese país-, expresó
su condición de "mayor de edad" corroborada por el notario interviniente, conclusión relevante
en el punto que nos atañe, toda vez que la capacidad o incapacidad de las personas
domiciliadas fuera del territorio de la República, será juzgada por las leyes de su respectivo
domicilio, aun cuando se trate de actos ejecutados o de bienes existentes en la República (cfr.
art. 7° del Código Civil).
Computado entonces el plazo de tres meses previsto por el art. 3980 del Código Civil, en la
mejor de las hipótesis, desde la fecha en que el poder fue otorgado -29 de mayo de 1995-, cabe
concluir que aquél se encontraba vencido al iniciarse la demanda -22 de mayo de 1996-, lo que
conduce a admitir la excepción de prescripción en el caso (cfr. causa "P.F.K. C. S.", (Fallos:
329:1862).
8°) Que, en virtud de lo expuesto, deviene inoficioso pronunciarse sobre la queja tramitada en
la causa L.632.XLI "Larrabeiti Yañez, Anatole Alejandro y otra c/ Estado Nacional".
Por ello, se resuelve: Hacer lugar al recurso ordinario interpuesto por el Estado Nacional,
rechazar el interpuesto por los demandantes, dejar sin efecto la sentencia impugnada, declarar
prescripta la acción para reclamar la responsabilidad civil extracontractual deducida en la
demanda, y rechazar la demanda sin perjuicio del derecho de los actores a la reparación
reconocida en las leyes especiales del Congreso citadas en el considerando 6°. Costas por su
orden, en atención a la novedad de la cuestión planteada y a que los actores pudieron creerse
fundadamente con derecho al litigar. Notifíquese y remítanse. Archívese la queja. — Ricardo
Luis Lorenzetti. — Elena I. Highton de Nolasco. — Carlos S. Fayt (según su voto). — Enrique
Santiago Petracchi (según su voto). — Carmen M. Argibay (según su voto).
Apéndice de fallos
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VOTO DE LOS SEÑORES MINISTROS DOCTORES DON Enrique Santiago Petracchi Y
DOÑA Carmen M. Argibay:
CONSIDERANDO:
Que los infrascriptos coinciden con los considerandos 1° a 6° del voto que antecede.
7°) Que, en virtud de lo expuesto, deviene inoficioso pronunciarse sobre la queja tramitada en
la causa L.632.XLI "Larrabeiti Yañez, Anatole Alejandro y otra c/ Estado Nacional".
Por ello, se resuelve: Hacer lugar al recurso ordinario interpuesto por el Estado Nacional,
rechazar el interpuesto por los demandantes, dejar sin efecto la sentencia impugnada, declarar
prescripta la acción para reclamar la responsabilidad civil extracontractual deducida en la
demanda, y rechazar la demanda sin perjuicio del derecho de los actores a la reparación
reconocida en las leyes especiales del Congreso citadas en el considerando 6°. Costas por su
orden, en atención a la novedad de la cuestión planteada y a que los actores pudieron creerse
fundadamente con derecho al litigar. Notifíquese y remítanse. Archívese la queja. — Enrique
Santiago Petracchi. — Carmen M. Argibay.
Voto del Señor Ministro Doctor Don Carlos S. Fayt:
CONSIDERANDO:
1°) Que contra la sentencia de la Sala III de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Contencioso Administrativo Federal que -por mayoría- admitió parcialmente la demanda
interpuesta por Claudia Victoria Larrabeiti Yañez y condenó al Estado Nacional a pagar la
suma de $ 250.000 con más sus intereses a la tasa activa desde el 26 de septiembre de 1976, en
concepto de indemnización de los daños y perjuicios derivados de la desaparición forzada de
sus padres biológicos a manos de personal de las fuerzas de seguridad y, en cambio, declaró
prescripta la acción deducida por su hermano Anatole Alejandro Larrabeiti Yañez, los actores
y el demandado interpusieron los recursos ordinarios de apelación concedidos a fs. 1228.
Igualmente, dedujeron los remedios federales denegados a fs. 1253; sólo el Estado Nacional
planteó recurso de hecho tramitado en la causa L.632.XLI "Larrabeiti Yañez, Anatole
Alejandro y otra c/ Estado Nacional", agregada por cuerda.
2°) Que para así concluir, el tribunal de alzada señaló que Mario Roger Julien Cáceres y Eva
Grisonas -padres biológicos de los demandantes- habían sido víctimas del operativo dirigido
por las fuerzas de seguridad contra la vivienda familiar, tomada por asalto el 26 de septiembre
de 1976. El primero, aparentemente, fue muerto en el tiroteo o habría sido trasladado a la
República del Uruguay. La madre y sus dos hijos pequeños fueron detenidos y conducidos al
centro clandestino de detención "Automotores Orletti". En diciembre de 1976 los dos niños
fueron hallados por carabineros en una plaza de la ciudad de Valparaíso, República de Chile.
Después de ser alojados en un orfanato, fueron entregados a la custodia del cirujano chileno
Larrabeiti Yañez y su esposa, quienes los adoptaron. Mientras la adopción se hallaba en
trámite, en 1979, su abuela paterna María Angélica Cáceres de Julien, después de deducir sin
éxito reiterados hábeas corpus (v. fs. 355/400) para que las autoridades argentinas informasen
sobre el paradero de su familia, fue informada de que sus nietos se hallaban en Chile. Logró
entonces tomar contacto con ellos y sus adoptantes y el 2 de agosto de 1979, en nombre propio,
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de su cónyuge, y de la abuela materna de los demandantes, firmó un acuerdo con el
matrimonio Larrabeiti-Yañez, con el propósito de que los menores conocieran su verdadera
identidad, sin perjuicio del mantenimiento de sus nombres adoptivos. Consintió la adopción y
acordó un régimen de visitas con miras a mantener la vinculación de los niños con su familia
de sangre. El 22 de agosto de 1995 los demandantes solicitaron en sede administrativa los
beneficios de la ley 24.411. El 2 de junio de 1997 por su parte, a su pedido se dictó la sentencia
de ausencia por desaparición forzada de Mario Roger Julien Cáceres y Victoria Lucía Grisonas
de Julien, en los términos de la ley 24.321 (v. fs. 274/275). Cabe advertir que la condición de
"desaparecidos" de los padres biológicos de los demandantes ya constaba en el Informe Final
de la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas, a raíz de las denuncias formuladas
por María Angélica Cáceres de Julien en 1984 tramitadas por dicho organismo bajo los legajos
2950 y 2951 (v. fs. 28/49 del primer cuerpo y fs. 709/712 del cuarto cuerpo).
La cámara consideró -por mayoría- que en las peculiares circunstancias del caso, no era
exigible a los padres adoptivos el ejercicio de la acción de responsabilidad civil
extracontractual fundada en la desaparición forzada de los padres biológicos y sostuvo que, en
consecuencia, resultaba de aplicación lo dispuesto por el art. 3980 del Código Civil, en cuanto
autoriza a los jueces a liberar de los efectos de la prescripción cumplida. Entendió que la
acción del coactor Anatole Alejandro era extemporánea porque había omitido su ejercicio al
llegar a la mayoría de edad, mientras que, por el contrario, resultaba temporánea la deducida
por su hermana.
3°) Que los recursos ordinarios de apelación son formalmente admisibles, toda vez que la
Nación es parte directa en el pleito y el monto disputado en último término, de conformidad
con las estimaciones formuladas por los interesados a fs. 1191/1191 vta. y 1203,
respectivamente, supera el mínimo legal establecido en la resolución 1360 de 1991.
4°) Que el coactor Anatole Alejandro Larrabeiti Yañez se agravia respecto de lo resuelto por la
cámara con relación a que la acción por él deducida se hallaba prescripta. En síntesis, invoca el
precedente de Fallos: 322:1888 como fundamento para sostener que el plazo de la prescripción
bienal sólo puede computarse desde el 2 de junio de 1997, fecha en la cual se dictó la sentencia
de ausencia por desaparición forzada en los términos de la ley 24.321. Paralelamente, sostienen
que la acción civil es imprescriptible porque los delitos que le dieron origen son de lesa
humanidad. Por otra parte Claudia Victoria Larrabeiti Yañez considera que el monto de la
indemnización reconocida por la cámara es arbitrario porque se lo fijó sin sustento en las
constancias de la causa al omitir, entre otros rubros, el daño material ocasionado por el despojo
de la vivienda familiar. Añade que la ley 24.411 constituye una reparación parcial, que en
particular no comprende el padecimiento moral personalmente experimentado con motivo de
los hechos que dieron lugar a la causa.
A su vez, el Estado Nacional se agravia por considerar que la acción de responsabilidad civil se
halla prescripta respecto de ambos actores. En tal sentido, destaca que según el art. 3966 del
Código Civil, el plazo bienal corrió contra los demandantes desde el momento en que tuvieron
como representantes legales a sus padres adoptivos. Agrega que, a partir del advenimiento del
gobierno constitucional en 1983, cesaron todos los impedimentos para reclamar el pago de
indemnizaciones por los delitos cometidos por los órganos del gobierno de facto. Señala que la
Apéndice de fallos
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desaparición forzada de los padres biológicos de los demandantes constituía un hecho
conocido, tal como lo revela el acuerdo celebrado entre la abuela paterna, María Angélica
Julien de Cáceres y el matrimonio Larrabeiti Yañez en 1979, mientras tramitaba la adopción de
los menores, así como la inclusión de Mario Roger Julien Cáceres y Eva Grisonas en el
informe final elaborado y publicado por la Comisión Nacional para la Desaparición de
Personas. Indica que la conducta de los demandantes, que comenzaron por solicitar el beneficio
extraordinario reconocido por la ley 24.411 -cuyo trámite quedó en suspenso- para después
reclamar la indemnización plena por la vía civil, es contradictoria; y concluye por afirmar que
de todo lo expuesto, surge que el 22 de mayo de 1996, fecha de interposición de la demanda
que dio origen a este pleito, la acción promovida por los dos actores había prescripto.
5°) Que el plazo de la prescripción corre desde que existe la responsabilidad y ha nacido la
acción consiguiente para hacerla valer, lo que, como regla, acontece cuando ocurre el hecho
ilícito que origina aquella responsabilidad, aunque excepcionalmente puede determinarse un
punto de partida diferente, ya bien porque el daño aparece después, o porque no puede ser
adecuadamente apreciado hasta el cese de una conducta ilícita continuada (Fallos: 322:1888,
considerando 10 y sus citas).
Desde esta perspectiva, debe señalarse que los hechos que dieron lugar a la causa difieren de
los considerados y resueltos en la causa de Fallos: 322:1888 que se cita como sustento de los
agravios dirigidos a cuestionar la admisión parcial de la excepción de prescripción, tal como lo
ha señalado la cámara con argumentos que no han sido satisfactoriamente rebatidos por los
recurrentes, quienes a lo largo del proceso sostuvieron una postura errática tanto respecto de la
prescriptibilidad de su reclamo como con relación al momento en que debía comenzar el
cómputo respectivo.
Así, mientras en el citado precedente el demandante nada pudo saber ni averiguar acerca del
paradero de su familia y del destino que habría corrido, razón por la cual resultó razonable
computar el plazo respectivo a partir de la fecha en que obtuvo la declaración de fallecimiento
presunto, tal conclusión no puede trasladarse al presente caso. En efecto, la desaparición
forzada de los padres biológicos de los demandantes constaba en las actuaciones tramitadas
ante la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas que los incluyó en el Anexo I del
Informe Final -publicado en 1986- bajo los legajos 2950 y 2951. El acuerdo mediante el cual
en 1979 la abuela materna de los menores, María Angélica Julien de Cáceres, después de haber
instado infructuosamente los hábeas corpus, consintió los trámites de adopción iniciados por el
matrimonio chileno Larrabeiti Yañez, constituye un indicio del conocimiento familiar.
Pero -y ello es fundamental- la aplicación al caso de la doctrina del citado precedente en cuanto
al momento desde el que debe contarse el plazo de prescripción, importaría un verdadero
contrasentido si se repara en que la sentencia que declaró la ausencia por desaparición fue
dictada dos años después de iniciada la presente causa. En tales condiciones, el cómputo inicial
de la prescripción no sólo se ubicaría -de seguirse la postura del recurrente- en un momento
posterior a aquel a partir del cual la responsabilidad existe y ha nacido la consiguiente acción
para hacerla valer o, en otros términos, desde que la acción quedó expedita (Fallos: 320:2551,
entre muchísimos otros), sino que además importaría tanto como afirmar que en el caso la
acción fue deducida antes de haber nacido, conclusión que resulta inaceptable.
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6°) Que la previsión del art. 3966 del Código Civil, que el a quo entendió de aplicación en
tanto asimiló la situación de los menores -por las marcadas particularidades del caso- a la
situación de aquellos que carecen de representante legal no produce, con todo, la conclusión
que la cámara extrae con relación al reclamo de Claudia Victoria Larrabeiti Yañez, lo que
conducirá a la admisión de las quejas del Estado Nacional respecto del rechazo de la excepción
de prescripción.
En efecto, no obstante la dispensa operada a su favor, la excepción de prescripción debe
prosperar pues la demanda no fue presentada en tiempo útil con arreglo a lo dispuesto por el
art. 3980 antes citado, esto es, dentro de los tres meses de haber arribado a la mayoría de edad.
Aun cuando no se haya invocado la aplicación del derecho extranjero (art. 7 del Código Civil)
vigente al momento de adquirir la mayoría de edad, esta Corte no puede soslayar que al
otorgarse el poder general sobre la base del cual el apoderado de los actores justificó su
personería (ver fs. 1, primer párrafo y fs. 25/27), la mencionada coactora contaba con 20 años
de edad (cfr. partida que en copia obra a fs. 40). No obstante ello, otorgó el referido acto de
apoderamiento en su carácter de "mayor de edad", el cual le permitió también solicitar el 22 de
agosto de 1995 el beneficio previsto por la ley 24.411, cuyo trámite se encontraría pendiente
(fs. 947/959). Computado entonces el plazo de tres meses previsto por el art. 3980 del Código
Civil -al menos- desde la fecha en que ese poder fue otorgado -29 de mayo de 1995-, aquél se
encontraba vencido al iniciarse la demanda -22 de mayo de 1996-, lo que conduce a admitir la
excepción de prescripción en el caso (cfr. causa "P.F.K. C. S.", Fallos: 329:1862, mayoría y
voto concurrente).
7°) Que la admisión de la excepción de prescripción respecto del reclamo de ambos actores no
importa dejar sin reparar los daños que han sufrido como consecuencia del incalificable
accionar de quienes usurparon el gobierno de la Nación. Precisamente, con el objeto de reparar
la injusticia que significaría privar a las víctimas de todo resarcimiento -tal como resultaría de
la aplicación estricta de la legislación civil- el Congreso de la Nación sancionó, entre otras, las
leyes 24.411 y 25.914. En los fundamentos expuestos y compartidos por las comisiones
parlamentarias que intervinieron en la sanción de la primera de ellas se expresó: "las soluciones
económicas no van a ser respuesta al drama de los muertos, ni al de los detenidosdesaparecidos. Pero sí, y sobre todo, la solución económica planteada es una elemental
respuesta a un problema que clama justicia", pues si bien todo el pueblo fue víctima de esa
dictadura, sin duda "los muertos, los detenidos-desaparecidos y los que pasaron por las
prisiones en los años pasados fueron los más injustamente castigados". Los aquí actores
reclamaron administrativamente el otorgamiento de tales reparaciones, trámite que según
informó en autos el Ministerio del Interior, se encuentra a la espera de que los interesados
acrediten la ausencia por desaparición de sus padres el que "en principio les correspondería",
tal como lo sostiene expresamente ese informe agregado a fs. 959 de estos autos.
8°) Que, por lo expuesto, deviene inoficioso pronunciarse sobre la queja L.632.XLI "Larrabeiti
Yañez, Anatole Alejandro y otra c/ Estado Nacional".
Por ello se resuelve: Hacer lugar al recurso ordinario interpuesto por el Estado Nacional y
desestimar los deducidos por los actores. En consecuencia, se declara prescripta la acción
intentada en autos y se rechaza la demanda, sin perjuicio de los derechos que a los actores les
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asistan en virtud de las previsiones legales citadas en el considerando séptimo de la presente.
Costas por su orden en atención a que la complejidad de la cuestión planteada pudo hacer que
los actores se creyeran fundadamente con derecho a litigar. Notifíquese y devuélvase.
Archívese la queja. — Carlos S. Fayt.
7. C.Nac.Civ., sala H octubre 1-1999 “Subterráneos de Buenos Aires
c/Propietario estación de servicio Shell calle Lima entre
Estados Unidos e Independencia” J.A. To. 1999-IV pág. 309
Buenos Aires, abril 25 de 2007.- Considerando: Las presentes actuaciones fueron elevadas al
tribunal con motivo de los recursos de apelación interpuestos contra el decisorio de fs.
4467/4471.
I. En cuanto a los recursos interpuestos contra la resolución de fs. 4467/4671, se señala que el
tribunal se limitará a examinar los interpuestos por la parte actora y la parte demandada.
En efecto, el perito de oficio Ing. Sigüenza y el consultor técnico de la parte actora Lic. Díaz
que integran el grupo pericial, son auxiliares del juez, razón por la cual -al no ser parte- no se
encuentran legitimados para apelar lo decidido por el a quo.
En razón de lo expuesto ut supra y teniendo en cuenta que este tribunal es el juez del recurso,
corresponde en uso de sus atribuciones legales declarar mal concedido el recurso de apelación
interpuesto a fs. 4523.
II. A fs. 4462 la parte actora con fecha 21/9/2004 solicitó que se trabe embargo sobre las
cuentas bancarias de Shell Capsa y Dehesa S.A. por la suma de $ 67.307.300 con más un 30%
para responder a intereses y costas.
Como fundamento de la petición la actora señala que la verosimilitud del derecho es plena
dado que la sentencia dictada en los presentes se encuentra firme, mientras que el peligro en la
demora a su criterio está dado por la circunstancia de que Shell Capsa se vaya de la Argentina
y está en trámite de vender todas sus estaciones de servicios, tal como surge de la información
brindada por distintos medios de comunicación.
El fundamento en el cual se sustenta el peligro en la demora resulta insuficiente para decretar
la medida cautelar peticionada, máxime si se considera que desde la fecha en que se solicitó el
embargo hasta el presente transcurrieron 2 años y 7 meses y los presagios a los que hizo
referencia la actora no se cumplieron, puesto que la empresa Shell no se fue del país.
Por otra parte se destaca que en las presentes actuaciones la parte demandada deberá cumplir
con una obligación de hacer, es decir reparar el medio ambiente dañado, pero hasta la fecha no
está determinado cuál es el monto concreto del costo de las obras a realizar, puesto que ello
depende en gran medida del método de remediación que se utilice, por lo que mal puede
decretarse la medida cautelar solicitada.
Por último resta señalar que este tribunal comparte los argumentos por los cuales el a quo
rechazó el embargo peticionado por la accionante.
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III. La segunda cuestión sometida al examen de la alzada está referida al método de
remediación que deberá utilizarse para reparar el medio ambiente dañado.
El magistrado de grado mediante la resolución dictada a fs. 4467/4471 resolvió que "...debía
procederse a la reparación ambiental conforme a la metodología establecida en la sentencia
dictada por la sala H a fs. 2775/2778, procedimiento que ha quedado firme y reviste el carácter
de cosa juzgada...".
Lo decidido por el a quo fue recurrido por los codemandados.
Antes de examinar la cuestión sometida a estudio de este tribunal cabe poner de manifiesto que
desde el 27/9/2004, oportunidad en que el magistrado de grado dictó la resolución obrante a fs.
4467/4471, hasta el presente se realizaron en esta instancia una serie de actuaciones procesales
vinculadas al método de remediación del medio ambiente dañado a fin de determinar cuál es el
más apropiado para modificar el estado del suelo contaminado con el menor sacrificio para los
ciudadanos.
En el sentido indicado se advierte que previo a resolver los recursos interpuestos contra el
decisorio de fs. 4467/4471, este tribunal mediante la providencia dictada a fs. 4642 solicitó que
el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires remitiera el expte. adm. 3523801 (37738/04), el cual
fue recibido en ocho cuerpos el 2/5/2005 (ver fs. 4653).
Una vez examinado el mencionado expediente administrativo y teniendo en cuenta la
importancia y complejidad de la cuestión a resolver el tribunal procedió a fijar una audiencia
para el 23/6/2005 (ver fs. 4654/4656), citándose no sólo a las partes y a los peritos integrantes
del grupo pericial, sino que también se requirió la presencia de la empresa Arcadis Geotécnica
Iatasa, del GCBA., de la directora de Política y Evaluación Ambiental - Secretaría de Medio
Ambiente y Desarrollo Sustentable del Ministerio de Desarrollo Social y del Instituto Nacional
de Tecnología Industrial (INTI.).
Otro dato relevante vinculado con la cuestión a resolver, que se produjo con posterioridad al
dictado de la decisión apelada, está dado por la resolución 28 del 20/4/2005, mediante la cual
el subsecretario de Medio Ambiente en razón de lo dispuesto en la ley 123 Ver Texto de la
Ciudad de Buenos Aires y de lo decidido en el expte. adm. 37738/04, resolvió: "Apruébase el
plan de remediación propuesto por la Empresa Shell Capsa para la remediación, en una primera
instancia, de la Estación de Servicio sita en las calle Lima entre Independencia y Estados
Unidos, mediante el sistema de Extracción de Vapores del Suelo (SVE.) en la zona no saturada
y Bombeo y Tratamiento de aguas subterráneas con extracción de vapores del suelos (B&T. /
SVE.) combinados o aireación con extracción de vapores (AS./SVE.), para remediar aguas
impactadas (fase acuosa)".
La aprobación del método de remediación estaba sujeto al cumplimiento de una serie de
condiciones, técnicas, jurídicas y ambientales, tal como surge de la mencionada resolución a
cuyos términos cabe remitirse por razones de brevedad (ver fs. 4676/4677).
Teniendo a la vista la resolución antes mencionada y el expte. adm. tramitado en el GCBA., se
procedió a celebrar la audiencia fijada a fs. 4654.
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Los temas que se abordaron en la mencionada audiencia y las posturas asumidas por las partes
y por los representantes de los distintos organismos que intervinieron resultan trascendentes
para resolver el método de remediación que debe aplicarse para reparar el medio ambiente
dañado.
En efecto, abierto que fue al acto el letrado apoderado de la parte actora manifestó: "...que
siguiendo expresas instrucciones de su mandante, Subterráneos de Buenos Aires acepta la
resolución 28 de la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires que se adjunta
en este acto...". Asimismo, a fs. 4678 vta. solicitó: "...que se tome la resolución pertinente para
cumplir con la remediación del ambiente atento el orden público implicado y los riesgos que
ello implica... ".
Por su parte los demandados manifestaron: "...que conforme al expte. adm. acompañado
37738/04, cumpliendo instrucciones de su representada, propone como método alternativo de
remediación la metodología alternativa que consta en dicho expediente y que diera origen a la
resolución 28 de la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires...".
La Dra. Alejandra Tadeo, en su carácter de representante legal del Gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires, expresó: "...que conforme al art. 134 CCABA. a través de la autoridad de
aplicación de la ley 123 ha dictado la resolución 28 por la cual se aprueba el plan de
remediación por la empresa Shell Capsa con las condiciones allí establecidas...".
La Lic. Adriana Rosso en representación del INTI. ratificó el informe emitido por dicho
organismo técnico en el expte. adm. 37738/04 que tramitó en el ámbito del GCBA.
El consultor técnico de la parte demandada -integrante del denominado grupo pericial-.
Ing. Laborde manifestó: "...que aprueba el método de remediación que surge de la resolución
28 ya referenciada".
Por último el Sr. Alfredo Fonda por UTE. Arcadis IATASA. manifestó que:"...ratifica el
informe que consta en el expte. adm. 37738/04 que diera origen a la resolución 28 de la
Subsecretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires".
De lo hasta aquí expuesto surge claramente que las partes, la representante legal del GCBA. y
los funcionarios de los distintos organismos citados manifestaron su conformidad con el
método de remediación del medio ambiente que surge de la resolución 28 antes mencionada.
No obstante lo expuesto precedentemente, no se puede dejar de señalar que el perito de oficio
Ing. Sigüenza y el consultor técnico de la parte actora Lic. Díaz, presentes en la audiencia
celebrada manifestaron su oposición a la modificación del método de remediación, señalando
que debe utilizarse el método dispuesto en la sentencia firme dictada por este tribunal.
La oposición opuesta por el perito de oficio Ing. Sigüenza y el consultor técnico de la parte
actora Lic. Díaz merece una aclaración.
En efecto, si bien este tribunal no desconoce la idoneidad técnica de los profesionales
mencionados ut supra, como asimismo, la labor desarrollada en los presentes como integrantes
del "grupo pericial", lo cierto es que no se encuentran legitimados para oponerse al método de
remediación aprobado por la resolución 28 de la Subsecretaría de Medio Ambiente de la
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Ciudad de Buenos Aires, puesto que su actuación se limita a asesorar técnicamente al juez de la
causa y a este tribunal y en dicho contexto dictaminar respecto de los pro y los contra de los
distintos métodos de remediación que pueden existir en la actualidad para reparar el medio
ambiente dañado.
Tampoco se encuentran habilitados para efectuar consideraciones jurídicas, puesto que en
definitiva es este tribunal el que determinará el método de remediación que en definitiva
deberá aplicarse, toda vez que los dictámenes técnicos no obligan al juez de la causa que puede
apartarse de las conclusiones técnicas.
Cabe recordar que en la especie por la complejidad del tema a decidir no sólo interviene un
grupo pericial conformado por tres peritos, sino que además se le dio intervención al INTI., tal
como lo prevé el art. 476 CPCCN., que dispone que a petición de parte o de oficio el juez
podrá requerir opinión a universidades, academias, corporaciones, institutos y entidades
públicas o privadas de nivel científico o técnico, cuando el dictamen pericial requiriese
operaciones o conocimientos de alta especialización.
En otro orden de ideas cabe poner de manifiesto la postura contradictoria asumida por la parte
actora, toda vez que en la audiencia de fs. 4678 el Dr. Falbo en su carácter de letrado
apoderado de la accionante manifestó que siguiendo expresas instrucciones de su mandante,
Subterráneos de Buenos Aires, aceptaba la resolución 28 de la Secretaría de Medio Ambiente
de la Ciudad de Buenos Aires, mientras que a fs. 4987, se opone al método de remediación
oportunamente aceptado, que fuera sometido a una prueba piloto.
Adviértase que son las propias partes quienes aceptaron el método de remediación aprobado
por la resolución 28 de la Subsecretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires
mediante el sistema de Extracción de Vapores del Suelo (SVE.) en la zona no saturada y
Bombeo y Tratamiento de aguas subterráneas con extracción de vapores de suelos (B&T. /
SVE.) combinados o aireación con extracción de vapores (AS./SVE.), para remediar aguas
impactadas (fase acuosa).
"La `teoría de los actos propios' impide a un sujeto colocarse en un proceso judicial en
contradicción con una anterior conducta, y resulta aplicable cuando el accionar del sujeto es
incoherente y lesiona la confianza suscitada en la otra parte de la relación, y ello por cuanto
nadie puede ponerse en contradicción con sus propios actos ejerciendo una conducta
incompatible con una anterior, deliberada, jurídicamente relevante y plenamente eficaz" (Sup.
Corte Bs. As., 19/2/2002, "Romano, Eduardo L. v. Servicios Petroleros Australes S.A.
s/despido" Ver Texto ).
"Nadie puede contradecir sus propios actos precedentes, jurídicamente relevantes y plenamente
eficaces, ejerciendo una conducta incompatible con la asumida anteriormente -Fallos 294:220
Ver Texto ; 299:373 Ver Texto ; 300:147 Ver Texto y 480; 305:1402 Ver Texto ; esta sala in re
`Rondano', del 11/5/1993; `Antonio J.', del 10/9/1996-. Y el voluntario sometimiento del
interesado a un régimen legal, sin reservas expresas, determina la improcedencia de su
impugnación con base constitucional -Fallos 270:26 Ver Texto ; 294:220 Ver Texto ; 302:904
Ver Texto "- (C. Nac. Cont. Adm. Fed., sala 2ª, 10/10/1996, "Sociedad Rural Argentina v.
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Estado Nacional - PEN. ANSSal. e INOS. - ex Feria 6/96 s/amparo - causa 192/96" Ver Texto
).
Sin perjuicio de lo expuesto precedentemente, no se puede dejar de señalar que en definitiva el
método de remediación que debe aplicarse lo resolverá este tribunal, puesto que al estar en
juego el orden público ambiental los derechos de tal naturaleza son indisponibles e inalienables
para las partes. Ello es así puesto que se encuentran involucrados otros derechos y garantías
constitucionales denominados biológicos y sociales.
Por ello, y a fin de valorar la eficacia del método alternativo de remediación antes mencionado,
el tribunal dictó la resolución que obra a fs. 4680 en la que se decidió que UTE. ArcadisIATASA., será responsable de llevar adelante el plan preparado y propuesto para la
remediación del suelo de la estación de servicios Shell Capsa sita en Lima e Independencia.
Asimismo, se dispuso que la prueba piloto de remediación sería auditada -en forma
permanente- por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI.), con el alcance
dispuesto en el art. 2 ap. 12 resolución 28/SSMAMB-ley 123 Ver Texto .
De todo lo hasta aquí expuesto se puede concluir que contrariamente a lo sostenido por la parte
actora, por el perito de oficio Ing. Sigüenza y por el consultor técnico de la parte actora Lic.
Díaz, el tribunal tiene amplias facultades para determinar en la etapa de ejecución de sentencia
cuál es el método de remediación que habrá de aplicarse.
Si lo decidido en la sentencia dictada por este tribunal a fs. 2775/2787 que dispuso "...condenar
a la reparación del ambiente mediante el sistema de cambio de tierra...", fuese inalterable en la
etapa de ejecución de sentencia, cabe preguntarse qué sentido tuvieron las conformidades
puestas de manifiesto por las partes en la audiencia de fs. 4678, respecto del método de
reparación aprobado por la resolución 28/S SMAMB.-ley 123 Ver Texto y lo decidido a fs.
4680/4681 respecto de la autorización y ejecución de la prueba piloto que se llevó a cabo para
verificar la idoneidad y eficacia del método de reparación propuesto, si luego se sostiene que
por efecto de la cosa juzgada no puede aceptarse otro medio de reparación del medio ambiente.
Entendemos que en la especie debido a la magnitud, importancia, complejidad e impacto socioambiental que han de ocasionar las tareas a desarrollar para remediar el medio ambiente
dañado debe actuarse con prudencia y valorando los aspectos técnicos, jurídicos, urbanísticos y
sociales que se vinculan al caso concreto.
No se puede desconocer que las obras a desarrollar tendrán impacto no sólo en el espacio
público sino que también podrían afectar a la propiedad privada de los distintos vecinos que
habitan la zona de influencia de la pluma contaminante.
En relación a lo señalado precedentemente cabe recordar que a fs. 3015/3039 el perito de oficio
Ing. Sigüenza al contestar una serie de precisiones solicitadas por la parte actora respecto del
plan directivo de obra puso de manifiesto la importancia y magnitud de las obras a realizar
entre las que se pueden mencionar:
Transplante de árboles. Desvío de servicios. Corte de calles.
- Modificación de la señalización vial de las calles.
Apéndice de fallos
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- Corte de servicios de agua, teléfonos, gas, luz y/o cloacas.
- Retiro y reubicación de diferentes elementos de la vía pública: carteles, postes semáforos, etc.
- Rotura de pavimentos y aceras.
- Ejecución de pozos de monitoreo y de bombeo.
- Demolición de túneles peatonales de la Estación Independencia de la línea E.
- Ejecución de estructuras provisorias para contención de suelos.
- Retiro de suelos contaminados.
- Y muchas otras a las que cabe remitirse por razones de brevedad (ver fs. 3015/3039).
Asimismo, cabe citar lo señalado a fs. 3301 por el defensor adjunto del pueblo de la Ciudad de
Buenos Aires, que preocupado por la temática ambiental y su incidencia en los vecinos
expresó: "...La reparación ambiental representa una obra de inigualable envergadura, más aún
si tenemos en cuenta que el recambio de tierra significa sacar toneladas de residuos peligrosos,
que deberán ser transportados fuera de la Ciudad de Buenos Aires para ser tratados".
"Considerarnos que esta obra mermará la capacidad de tránsito de la Av. 9 de Julio y de las
calles Independencia y Estados Unidos".
"Por otro lado al considerar que la profundidad de las excavaciones no será menor a los 15 m,
hay que considerar que las conexiones de agua corriente, gas, electricidad, teléfono, cloacas,
desagües y hasta la misma línea de subterráneos se verán afectadas; y la lista sigue...".
De las consideraciones transcriptas surge evidente la magnitud de la obra en el supuesto de
aplicarse el sistema de remediación denominado"cambio de tierra" sobre la base del cual el
perito de oficio Ing. Sigüenza en el denominado "Plan director de obra" (ver fs. 2866)
estableció las tareas a realizar entre las que se mencionó el relevamiento y mediciones por
medio de planos de las superficies afectadas tanto en la calzada como en veredas y obras
civiles como consecuencia de la extracción y traslado de las tierras sujetas a "remediación" que
por las características de "residuos peligrosos" deberán trasladarse al interior de la provincia de
Buenos Aires, a sitios autorizados por medio de transportes autorizados por ley u ordenanzas
locales a la provincia de Santa Fe. Finalmente los vacíos dejados por la remoción de los
elementos afectados, serán ocupados y debidamente consolidados por las tierras libres de toda
contaminación así como ejecutar las obras civiles que resulten necesarias.
El consultor técnico de la parte demandada que también integra el "grupo pericial" Ing.
Laborde a fs. 2958 señaló: "...A fin de remediar la contaminación actual no puede ejecutarse
una propuesta que produzca un impacto ambiental negativo mucho mayor. A la luz de esta
premisa, no parece aconsejable remover 200.000 m3 de tierra en esta compacto que se
convierte en 260.000 m3 de suelo removido. El impacto ambiental que ello provocaría
afectaría por más de un año toda la zona céntrica de la ciudad...".
"...A la vez, los suelos removidos deberían transportarse en camiones especiales cerrados para
el transporte de residuos contaminados. El número de camiones, suponiendo una capacidad de
10 m3 por camión no sería inferior a 26000 camiones para la extracción total del suelo y otros
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26000 camiones con el suelo de aporte. Es decir que debería preverse una circulación de 52000
mil camiones en la zona. Todo ello sin haberse aún previsto cuál sería la zona de descarga del
suelo removido, que no puede ser tratado ni en el de Capital Federal, por su envergadura, ni en
la provincia de Buenos Aires, ya que su legislación prohíbe el tratamiento de residuos que no
se hayan producido en la provincia...".
"Asimismo, puse de manifiesto la necesidad de analizar en detalle los efectos de ejecutar el
destape parcial del túnel subterráneo. La importantísima excavación recibiría las aguas de
lluvia, creando los potenciales problemas. Por un lado mezclarse con los suelos, con lo que
deberían extraerse y también ser tratados como residuos. Por otro lado, los riesgos para la
estación de subterráneos subyacente, que a todo evento debería ser preventivamente clausurada
en el período de ejecución de los trabajos...".
En razón de lo expuesto el Ing. Laborde, expresó que en la actualidad existen técnicas
mundialmente reconocidas que sin cambiar materialmente la tierra, reparan in situ el medio
ambiente dañado por efecto de la contaminación con hidrocarburos.
Por los motivos expuestos precedentemente se reitera, que mediando conformidad de las partes
interesadas, y con la debida intervención del INTI. y del GCBA. en representación de los
vecinos de la ciudad y como garante del medio ambiente de la Ciudad de Buenos Aires, se
resolvió ordenar la realización de una prueba piloto a fin de verificar la eficacia de los medios
de remediación in situ que consisten en un sistema de extracción de vapores de suelo (SVE.) en
la zona no saturada además del bombeo y tratamiento de aguas subterráneas con extracción de
vapores del suelos (BT. / SVE.) combinados o aireación con extracción de vapores (AS./SVE.),
para remediar aguas impactadas (fase acuosa).
La empresa Arcadis Geotécnica -IATASA.-, procedió con la auditoría técnica del INTI. a
ejecutar las obras referidas a la prueba piloto ordenada por este tribunal, cuyo informe y
conclusiones obran a fs. 4605/4694, al que cabe remitirse por razones de brevedad.
A fs. 4802/4829 obra el informe técnico del INTI. que en sus conclusiones expresa: "La
tecnología PT.-SVE. se estima será moderadamente eficiente como sistema de remediación
inicial del sitio contaminado".
"Se observa necesario, antes del estudio del anteproyecto del sistema general, estimar la
concentración residual a lograr en el suelo y agua y el tiempo de tratamiento para alcanzarla.
Este tiempo dependerá de los niveles de concentración inicial de contaminantes presentes en el
suelo y agua, y de la evaluación característica del perfil concentración residual/tiempo de
operación para estos sistemas".
"Observaciones: La resolución 28/SSMAMB-ley 123 Ver Texto en su art. 2 establece que la
aprobación del plan de remediación está sujeto a una serie de consideraciones entre las que se
solicita que deben efectuarse tres perforaciones al puelche a fin de monitorear un posible
pasaje vertical del contaminante al acuífero profundo. Tales tareas serán supervisadas por
personal del INTI. y las conclusiones de las mismas serán entregadas en un informe
suplementario a éste".
Apéndice de fallos
Página 48
A fs. 4868/4958, obra el informe de investigación estratigráfica caracterización acuífero
Puelche realizado por la empresa Arcadis Geotécnica - IATASA.
A fs. 4960 obra el informe técnico del INTI. que en sus conclusiones expresa: a) Respecto a la
aclaración presentada por la UTE. IATASA. Ingenieros Consultores y Arcadis Geotécnica,
código 2973-0-MA-RS-IT-002 de febrero 2006 y se anexa al presente, se concluye:
1) La utilización de la tecnología Dual-Phase Extration donde se combinan actuando
simultáneamente las tecnologías SVE. (extracción de vapores del suelo) y PT. (bombeo y
tratamiento de aguas subterráneas) en un mismo pozo de extracción, es efectiva de acuerdo con
documentos EPA. para suelos con la permeabilidad intrínseca de las órdenes evaluadas en el
sitio.
2) Durante la ejecución de pruebas pilotos y de acuerdo con lo asentado en el libro de actas
foliado donde se registraban las novedades diarias del avance de los trabajos en el sitio el
12/1/2006 se hizo un ensayo de SVE. juntamente con PT. desde los pozos EW1 y EW2
respectivamente con resultados sastifactorios.
3) De acuerdo con la aclaración presentada por la UTE. en la cual se afirma que se utilizará la
tecnología Dual-Phase Extration en la remediación del sitio, de acuerdo con la aclaración
presentada bajo el código 2973-0-MA-RS-IT-002 de febrero de 2006 que se anexa al presente
y validando los ensayos realizados utilizando simultáneamente ambas tecnologías SVE. y PT.;
se amplían las consideraciones del informe INTI. - Ingeniera Ambiental de fecha 4/5/2006 pto.
c en su primer ítem concluyendo: la tecnología Dual-Phase Extration en donde se combinan
actuando simultáneamente desde un mismo pozo de extracción las tecnologías SVE. y PT. se
estima será eficiente como sistema de remediación inicial del sitio contaminado.
"... En base a la lectura que surge del informe Investigación Estratigráfica - Caracterización
Acuífero Puelche-Estación de Servicios Shell... se concluye que:
1) Se cumplió con las recomendaciones y procedimientos solicitados por el INTI. en lo
referente a los trabajos efectuados in situ de ubicación, diseño, tareas de perforación,
construcción y purgado de cada uno de los pozos para monitorear el acuífero Puelche.
2) Se logró mediante el muestreo del cutting de perforación y del perfilaje eléctrico establecer
una caracterización estratigráfica precisa de los sedimentos atravesados hasta el acuífero
Puelche.
3) Se establece por estratigrafía una capa acuitarda de 2 a 3 m de potencia con una textura
arcillosa entre el acuífero inferior y superior.
4) En base a las tareas de nivelación efectuadas in situ de los pozos del acuífero Puelche por la
UTE., se definió la dirección principal de escurrimiento del manto acuífero; el mismo presenta
una dirección de Sur a Norte.
5) Respecto al muestreo efectuado en los pozos construidos al acuífero Puelche (GP 1, JP 1 y
EP 1) y el análisis posterior, se observa un resultado anómalo respecto del DRO. en las
muestras de agua del pozo al acuífero Puelche GP 1 y EP 1, los cuales arrojan valores de 1,14
mg/l y 0,93 mg/l respectivamente.
Apéndice de fallos
Página 49
6) De acuerdo con las mediciones efectuadas por la UTE.; se está de acuerdo con las opiniones
vertidas de la p. 8 del informe Puelche (2973-0-MA-RS-IT-03) respecto de:
- Que las concentraciones de DRO. entre el acuífero superior y el inferior no se asocian.
- Que las direcciones entre el acuífero superior e inferior no son coincidentes.
- Que existen entre ambos acuíferos una capa acuitarda que naturalmente dificulta el pasaje de
líquidos.
- Que el nivel piezométrico entre el acuífero inferior y el superior son diferentes, siendo mayor
en el primero; lo que genera un gradiente hidráulico vertical desde el acuífero inferior hacia el
superior. De esta forma no se ve favorecida una migración vertical de arriba hacia abajo.
A fs. 4998/4999 el perito de oficio Ing. Sigüenza procedió a contestar el traslado ordenado a fs.
4967, limitándose a señalar que existe una contradicción entre Arcadis-Geotécnica Iatasa y el
INTI. respecto de la eficacia de la tecnología P&T./SVE., ya que la empresa Arcadis señala
que el método aplicado en la prueba piloto será óptimo, mientras que el INTI. manifiesta que el
método mencionado será "moderadamente eficiente" como sistema de remediación inicial del
sitio contaminado. Agregando a fs. 4960 que la tecnología Dual-Phase Extration en donde se
combinan actuando simultáneamente desde un mismo pozo de extracción las tecnologías SVE.
y P&T. se estima será eficiente como sistema de remediación inicial del sitio contaminado.
Asimismo, señala que las conclusiones de Arcadis-Geotécnica-latasa se caracterizan por una
total subjetividad, por contener errores técnicos y por proporcionar información falsa.
Al respecto, cabe poner de manifiesto que la prueba piloto referida a la utilización del método
de reparación SVE. y P&T, fue controlada y auditada por el Instituto Nacional de Tecnología
Industrial (INTI.), en razón de lo decidido por este tribunal a 4680/1 y en concordancia con lo
dispuesto en la resolución 28 de la Subsecretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos
Aires.
De los informes presentados por el INTI. no se advierte que exista una oposición al sistema de
remediación SVE. y P&T., tampoco una contradicción con las conclusiones arribadas por la
empresa que llevó a cabo la prueba piloto Arcadis-Geotécnica-latasa, toda vez que el
mencionado organismo en el último informe expresó: "...la tecnología Dual-Phase Extration en
donde se combinan actuando simultáneamente desde un mismo pozo de extracción las
tecnologías SVE. y P&T. se estima será eficiente como sistema de remediación inicial del sitio
contaminado...".
La diferencia que puede advertirse entre las conclusiones a las que arriba la empresa ArcadisGeotécnica-Iatasa y el INTI., es la siguiente: la primera expresa que el método aplicado en la
prueba piloto será óptimo, mientras que el INTI. manifiesta que el método mencionado será
eficiente como sistema de remediación inicial del sitio contaminado.
Este tribunal considera que no existen motivos para apartarse de las conclusiones técnicas
mencionadas por el INTI. como ente auditor de la prueba piloto, máxime si se considera la
idoneidad, seriedad y conocimiento del equipo técnico que lo conforma y que goza de prestigio
internacional.
Apéndice de fallos
Página 50
Por último, resta señalar que los peritajes están sometidos a la ciencia del magistrado, porque el
juicio crítico que puedan merecerle sus conclusiones forman parte de su función juzgadora
(Sup. Corte Bs. As., 20/5/1980, SP, LL 1980-471; C. Nac. Civ., sala K, 7/9/1989, Rep. JA
1990-788, sum. 7; C. Nac. Civ., sala C, 19/9/1978, LL 1979-B-112). El perito es un mero
auxiliar del juez y pretender que su dictamen es en alguna manera imperativo y obligatorio
importa acoger la doctrina de que los peritos se desempeñan con autoridad decisoria dentro de
los procesos, lo que es lo mismo, que las sentencias podrían ser, cuanto menos parcialmente,
adelantadas por quienes carecen de facultad para decidir (conf. Kielmanovich, "Código
Procesal comentado", t. II, p. 775).
No se desconoce que el juez no puede apartarse de las conclusiones del perito de oficio en
forma arbitraria, sino que ha de ser razonable y fundamentada.
En el sentido indicado precedentemente se reitera que al haberse designado al INTI. para
auditar la prueba piloto efectuada a fin determinar la eficacia de las tecnologías SVE. y P&T.
como método alternativo de reparación y al no existir a criterio del tribunal motivos para
apartarse de las conclusiones técnicas a las que arribara el mencionado organismo, corresponde
aceptar el método de remediación SVE. y P&T.
En el informe técnico realizado por el INTI. en el ámbito administrativo consideró al igual que
lo dictaminado en autos que los sistemas de remediación propuestos extracción de vapores del
suelo (SVE.) en la zona no saturada y Bombeo y Tratamiento de aguas subterráneas con
extracción de vapores del suelo (ByT. / SVE.) combinados con aireación con extracción de
vapores (AS. / SVE.) para remediar aguas impactadas (fase acuosa), serían adecuados, en una
primera instancia para remediar el área impactada.
Cabe recordar que el INTI. es un referente nacional en tecnología y líder en mediciones y
ensayos de referencias con reconocimiento internacional. Entre uno de sus objetivos
específicos se puede mencionar la protección ambiental y también actúa como referente
técnico para el Estado Argentino y para el ámbito privado, entre otras tantas funciones (ver ).
Determinado el método de remediación corresponde que este tribunal se expida respecto del
área sobre la cual debe extenderse.
Respecto a los límites y profundidad sobre la cual debe aplicarse el método de remediación del
medio ambiente dañado como consecuencia de la pluma contaminante, se señala que teniendo
en cuenta el tiempo transcurrido y las tareas efectuadas con posterioridad a la resolución
recurrida (27/9/2004), corresponde que el grupo pericial en conjunto con el INTI. informen al
magistrado de grado en el plazo de quince días de notificada la presente cuál es el área sobre la
cual debe aplicarse el método de remediación antes mencionado.
Para concluir, cabe señalar que lo que aquí se resuelve no se aparta del principio de la cosa
juzgada. Por el contrario, el art. 511 Ver Texto CPCCN. dispone que el juez, a pedido de parte
de las partes, puede establecer las modalidades de la ejecución o ampliar o adecuar las que
contenga la sentencia, dentro de sus límites. Sólo debe utilizarse este procedimiento "si las
circunstancias lo aconsejaren" (art. 558 bis Ver Texto CPCCN.), es decir, si efectivamente de
la ejecución pudieren derivar perjuicios innecesarios, extraordinarios, que no sea los que para
el deudor ocasiona naturalmente cualquier ejecución. Se ha querido humanizar el proceso con
Apéndice de fallos
Página 51
ciertos límites (conf. Colombo y Kíper, "Código Procesal Civil y Comercial de la Nación", t.
IV, p. 580; ver también arts. 163 Ver Texto inc. 7 CPCCN. y 1069 Ver Texto parte final
C.Civ.).
Con dicha pretensión -señala Peyrano- se procura prevenir un innecesario agravamiento de la
situación patrimonial del condenado judicialmente ("La acción preventiva", 2004, Ed. LexisNexis, ps. 18/22). En el caso, la solución propuesta se impone aún con mayor vigor, ya que
más que la situación patrimonial del demandado, lo que se tiene en cuenta primordialmente es
la situación de los vecinos de la ciudad que viven en la zona afectada, que podrían verse
sometidos a soportar innumerables perjuicios, y la de otros que transiten por el lugar.
Lo cierto es que el juez, a pedido de parte o de oficio, puede adecuar a las circunstancias del
caso el fallo que debe ejecutarse siempre que no altere la orientación lógica de la decisión. No
es, pues, lícito, proveer a la ejecución con apartamiento de la sentencia, pero sí debe estar
permitido, y a ello tiende el art. 511 Ver Texto , arbitrar los medios para hacerla efectiva en su
letra y espíritu cuando de lo único que se trata es de asegurar el medio para cumplirla,
respetando el principio de congruencia y sin proceder a un reexamen o revisión del fallo. Debe
tratarse, para emplear por analogía la locución empleada por la Corte Suprema, de una
adecuación razonable derivada de las circunstancias del caso (Colombo y Kíper, "Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación" cit., p. 531; más reflexiones sobre el tema puede
verse en: Evans, Guillermo F., La "pretensión moralizadora" del cumplimiento de la condena
pecuniaria: conjetura de su funcionamiento, Sup. Esp. Cuestiones Procesales Modernas, 2005,
octubre, 105).
Y, en definitiva, si este método no resultare, siempre quedan expeditas otras vías tendientes al
cumplimiento efectivo del fallo dictado por este tribunal.
IV. Por los fundamentos expuestos el tribunal resuelve: I) Confirmar lo decidido a fs. 4467 en
cuanto deniega la medida cautelar solicitada por la actora. II) Revocar el decisorio apelado en
lo que respecta al sistema de remediación del área impactada. III) Disponer que el sistema de
remediación propuesto por la Empresa Shell Capsa y que fuera auditado por el INTI. durante la
prueba piloto será el que deberá utilizarse a los fines de la remediación inicial de la superficie
contaminada, es decir mediante la extracción de vapores del suelo (SVE.) en la zona no
saturada y bombeo y tratamiento de aguas subterráneas con extracción de vapores del suelo
(ByT. / SVE.) combinados con aireación con extracción de vapores (AS. / SVE.) para remediar
aguas impactadas (fase acuosa). IV) La remediación por medio de las técnicas mencionadas
deberá efectuarse hasta alcanzar su máxima eficiencia. Una vez concluida esta etapa se deberá
proponer en función de los valores residuales las tecnologías complementarias a utilizar que a
criterio del INTI. impliquen la reparación a límites internacionalmente aceptable del medio
ambiente alterado por la fuga de hidrocarburos. V) El Instituto Nacional de Tecnología
Industrial (INTI.) deberá auditar en forma permanente el proceso técnico de remediación,
razón por la cual los gastos causídicos que genere la participación de dicho organismo estarán a
cargo de la codemandada Shell Capsa, tal como se resolviera a fs. 4681. VI) El grupo pericial
en conjunto con el INTI. deberán informar al magistrado de grado en el plazo de quince días de
notificada la presente cuál es el área sobre la cual debe aplicarse el método de remediación
antes mencionado. VII) Dentro de los treinta días de notificada de la presente la condenada
Apéndice de fallos
Página 52
Shell Capsa deberá proceder a la elección de la empresa idónea para realizar las tareas de
remediación por el método aprobado -por acto licitatorio-, la que deberá presentar el proyecto
en estas actuaciones a los quince días de su adjudicación y en el cual deberá estimarse el
tiempo de duración de las obras. VIII) El mencionado proyecto debe ser aprobado
judicialmente previo informe del Grupo Pericial y del INTI. Notifíquese por Secretaría a las
partes, a los peritos de oficio y a los consultores técnicos de parte y comuníquese por oficio al
jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, al Instituto Nacional de Tecnología Industrial
(INTI.), al subsecretario de Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires y al director de
Subterráneos de Buenos Aires. Regístrese. Se deja constancia que la Vocalía n. 23 se encuentra
vacante.- Jorge A. Mayo.- Claudio M. Kíper.
8. C.Nac.Civ., sala H, octubre 8-2007 “Bernía, Albredo c/Massalín
Particulares S.A.” J.A. To. 2007-IV fasc. 13 pág. 61 y Citar Lexis Nº
1/83320 1/83321 y 1/83322
1. Toda vez que entre productor y consumidor media la intervención del comerciante
minorista, quien produjo la venta para el consumo, la relación entre el consumidor y el
fabricante de productos potencialmente riesgosos se encuadra dentro del marco de la
responsabilidad extracontractual.
2. Corresponde tener por prescripta la acción resarcitoria planteada en tanto transcurrieron tres
años desde que el damnificado recibió recomendación médica de no seguir fumando y,
además, sufrió un infarto y padeció úlcera en el píloro y nuevamente se le prohibió fumar.
3. Si el producto generó daños a un consumidor, el plazo de prescripción aplicable es el de tres
años que establece el art. 50 ley 24240.
9. C. Civ., Com., de Familia y del Trabajo Marcos Juárez, junio 292004 “Alladio, Victoria A. c. Empresa Córdoba S.R.L. y otro” •
LLC To. 2004(octubre), 948
HECHOS:
Una persona que había descendido de un vehículo de pasajeros, fue arrollada por éste
mientras estaba agachada recogiendo los bolsos que habían sido dejados sobre la calzada. El
juez de primera hizo lugar a la demanda de daños y perjuicios entablada contra el propietario
del vehículo y contra el conductor. La Cámara modificó el fallo apelado en cuanto elevó la
indemnización por daño moral a $15.000.
SUMARIOS:
1. … [Omissis]
Apéndice de fallos
Página 53
2. … [Omissis]
3. Resulta aplicable el plazo de prescripción decenal previsto en el art. 4037 del Cód. Civil
respecto de aquella acción tendiente a obtener un resarcimiento por los daños y perjuicios
sufridos por quien fue arrollado por el vehículo del cual acababa de descender, pues si bien
medió un contrato de transporte entre el actor y el demandado, éste ya había concluido al
ocurrir el evento dañoso, razón por la cual la acción entablada no se funda en la
responsabilidad contractual sino en la extracontractual.
TEXTO (Parte pertinente):
2ª Instancia. - Marcos Juárez, junio 29 de 2004.
1ª ¿Son procedentes los recursos de apelación de la demandada Empresa Córdoba S.R.L. y de
la Compañía de Seguros citada en garantía; del codemandado Raúl Francisco De Haro y el de
la parte actora? 2ª ¿Qué corresponde decidir en definitiva?
1ª cuestión. - El doctor Namur dijo:
I. Los agravios.
… [Omissis]
II. Recurso de Apelación del codemandado Raúl Francisco De Haro.
II.1. Los Agravios.
… [Omissis]
III. Recurso de apelación de la actora.
III.1. Los agravios.
… [Omissis]
IV. Resolución de los agravios de la demandada Empresa Córdoba S.R.L. y Protección Mutual
de Seguros del Transporte Público de
Pasajeros.
IV.1. Excepción de prescripción.
IV.1.a. En este aspecto, los argumentos del a quo, más que endebles, resultan simples para
llegar a una solución acertada.
Es que, si los propios términos de la demanda determinan la clase de acción entablada,
tratándose de un reclamo de daños por responsabilidad civil extracontractual, el término de
prescripción se rige por la disposición del art. 4037, CC.
IV.1.b. En el particular, si bien la accionante se trata de una persona que había sido
transportada por el demandado, ese contrato había concluido cuando ocurre el accidente que
produce el daño.
Apéndice de fallos
Página 54
IV.1.c. Por ello incurre en un error conceptual el apelante al afirmar que se trata de una acción
iniciada por una pasajera contra el transportista, porque aquélla -conforme los términos de la
litis- ya había dejado de serlo al momento del accidente:..." se disponía a levantar su equipaje
que el Guarda había dejado sobre el pavimento".....
IV.1.d. O sea que el contrato de transporte y sus consecuencias como tal ya había concluido,
circunscribiéndose el reclamo al de un simple peatón que reclama en la eventualidad, a una
Empresa de Transporte y al chofer del ómnibus, por el daño que le ocasionaron el vehículo de
su propiedad y su dependiente, en los términos del art. 1113, CC; y al chofer, en los términos
del art. 1109 del mismo ordenamiento legal, imputándole imprudencia y negligencia como
elementos caracterizantes de la culpa.
IV.1.e. De allí que la condición de pasajera invocada, lo fue solamente a los fines de la
descripción de los hechos y a modo de introducción, por lo que no es de buena técnica
defensiva la cita parcial y descontextualizada que formula el apelante, ya que no es base de la
acción las consecuencias de un contrato oneroso de transporte, sino el hecho ilícito denunciado
y la responsabilidad refleja que ello ocasiona.
IV.2. Culpa de la víctima.
… [Omissis]
V. Resolución de los agravios del codemandado Raúl Francisco De Haro.
VI. Resolución de los agravios de la actora.
… [Omissis]
El doctor García Allocco dijo:
Que adhería a los fundamentos y conclusiones del Señor Vocal preopinante y en mérito a ello,
emitía su voto en idéntico sentido.
El doctor Conti dijo:
Que en un todo de acuerdo con lo expuesto por el Vocal del primer voto, dejaba expuesto el
suyo de igual forma.
2ª cuestión.- El doctor Namur dijo:
Si mis conclusiones fuesen compartidas propongo:
I. Se haga lugar parcialmente al recurso de apelación de los demandados y la citada en
garantía, revocando la sentencia de grado en cuanto acoge el rubro daño estético y limitando la
tasa de interés fijada en el sentido de que no podrá superar la activa.
II. Se haga lugar parcialmente al recurso de apelación de la parte actora, revocando la sentencia
de grado en cuanto condena a pagar por el rubro daño moral la suma de pesos cinco mil,
elevando el monto a la suma de pesos quince mil ($15.000,00).
III. Se confirme la sentencia de grado en lo demás que decide.
Apéndice de fallos
Página 55
IV. Respecto de las costas, resultando sustancialmente vencidos los demandados, no
corresponde innovar sobre lo resuelto en la primera instancia, debiéndoselas imponer de igual
modo en la alzada, ya que por ese motivo no resulta de aplicación el art. 132 CPC.
V. Los honorarios de los letrados intervinientes, se deberán diferir para cuando se establezca la
base definitiva de condena.
El doctor García Allocco dijo:
Que coincide con la solución propuesta por el Señor Vocal preopinante, dejando expuesto su
voto en esos términos.
El doctor Conti dijo:
Que en un todo de acuerdo con el Señor Vocal del primer voto, procede a emitir el suyo en el
mismo sentido.
Por todo lo relacionado y a mérito de los votos que anteceden, el Tribunal, resuelve: I. Hacer
lugar parcialmente al recurso de apelación de los demandados y la citada en garantía,
revocando la sentencia de grado en cuanto acoge el rubro daño estético, el que se desestima
como autónomo; limitando la tasa de interés fijada en primera instancia en el sentido de que la
fijada por el a quo no podrá superar la tasa activa. II. Hacer lugar parcialmente al recurso de
apelación de la parte actora, revocando la sentencia de grado en cuanto condena a pagar por el
rubro daño moral la suma de Pesos cinco mil, elevando su monto a la suma de pesos quince
mil ($15.000). III. Confirmar la sentencia de grado en todo lo demás cuanto decide. IV.
Imponer las costas a los demandados que resultan sustancialmente vencidos, difiriendo la
regulación de honorarios de los letrados intervinientes para cuando se establezca la base
definitiva de condena. - Juan A. Namur. - Carlos F. García Allocco. - Carlos A. Conti.
10. Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala M • 30/05/2005
• R., E. del C. c. Metrovías S.A. • La Ley Online
HECHOS:
Una persona sufrió lesiones al caerse como consecuencia de pisar una mancha líquida
aceitosa en el hall de una estación de subterráneos. El juez de primera instancia rechazó la
excepción de prescripción opuesta por la empresa de trenes demandada e hizo lugar a la
acción de daños y perjuicios incoada. La Cámara confirmó la sentencia apelada.
SUMARIOS:
1. …[Omissis]
2. Si el contrato de transporte subterráneo de personas se perfecciona cuando se acepta la
oferta de la empresa, depositando el cospel en el lugar correspondiente y trasponiendo
Apéndice de fallos
Página 56
los molinetes de ingreso, su finalización se configura simplemente al traspasar el
molinillo en sentido inverso.
3. …[Omissis].
4. Es aplicable el término de prescripción previsto en el art. 4037 del Cód. Civil, y no el
plazo establecido por el art. 855 del Cód. de Comercio, respecto de la acción de
resarcimiento por las lesiones sufridas por quien sufrió lesiones al caer en el hall de una
estación de subterráneos, como consecuencia de encontrarse el suelo húmedo -en el
caso, la actora pisó una mancha líquida aceitosa-, pues, se trata de una demanda de
naturaleza extracontractual deducida contra la empresa de trenes en su calidad de
guardián del lugar, en reclamo de los daños ocasionados por el riesgo o vicio de la cosa.
TEXTO (Parte pertinente):
2ª Instancia. - Buenos Aires, mayo 30 de 2005.
La doctora Díaz de Vivar dijo:
E. del C. R. promovió demanda contra Metrovías S.A. con motivo del accidente sufrido el 28
de enero de 1998, cuando transitaba por el hall de la estación Plaza San Martín de la línea "C".
Pisó una mancha líquida aceitosa que provocó su caída y como consecuencia de ello, sufrió los
daños por los que reclama.
La sentencia de fs. 317/327 rechazó la excepción de prescripción anual opuesta por Metrovías
S.A. y en consecuencia, admitió la demanda condenando a pagar a la actora la suma de treinta
y dos mil seiscientos pesos ($32.600), más intereses.
Contra dicho pronunciamiento apelaron ambas partes. La actora expresó agravios a fs.338/340
y Metrovías S.A. a fs. 343/352. Las quejas de la actora se refirieron a los escasos montos
indemnizatorios fijados, los agravios de la empresa demandada versan sobre el rechazo de la
excepción de prescripción opuesta y subsidiariamente, por la forma en que la a-quo ha
atribuido la responsabilidad, como así también por los daños y montos reconocidos.
I. Corresponde en primer término tratar la excepción de prescripción.
La empresa demandada opuso la excepción con sustento en lo establecido por el art. 855 del
Código de Comercio, modificado por la ley 22.096, pues entendió que R. sufrió el accidente
cuando aún revestía la calidad de pasajera y por lo tanto, el hecho debía juzgarse bajo las
normas que regulan la responsabilidad contractual (conf. art. 184 del Código de Comercio).
Como el accidente había ocurrido el 28 de enero de 1997 y la mediación fue iniciada el 17 de
abril de1998, el plazo anual ya había expirado por entonces.
Apéndice de fallos
Página 57
a) No me cabe duda que el contrato de transporte subterráneo de personas, se perfecciona
cuando se acepta la oferta de la empresa, depositando el cospel en el lugar correspondiente y
trasponiendo los molinetes de ingreso (conf. CNCiv., Sala K., mayo 12-97 en LA LEY, 1997E, 678, fallo n° 96.160; Sala A "Marín Gladys N. c. Subterráneos de Bs. As". del 20 de marzo
de 1989, entre otros).
En consecuencia, resulta válido deducir analógicamente -en igual sentido que la lo hizo la juez
a-quo-, que la finalización del mismo se configura simplemente al traspasar el molinete en
sentido inverso. Razono así porque existe un ámbito anterior a los molinetes, en el que
cualquier persona puede acceder sin intención alguna de ser trasportado. Piénsese en aquellos
que se instalan ejecutando algún instrumento musical o pidiendo limosna, sin omitir a quienes
bajan a la galería porque necesitan comprar algo en las numerosas tiendas que suelen existir en
el hall de los subterráneos. Siendo ello así, no es incongruente sostener que el molinete
delimita el ámbito en cuestión y si a la hora de juzgar el inicio del contrato es decisorio haberlo
traspuesto, también lo será para determinar la finalización, aunque falte atravesar ese hall o
galería para llegar hasta la calle.
b) El resarcimiento que se pretende …[Omissis]
Los doctores Degeorgis y Vilar adhieren por análogas consideraciones al voto precedente.
Por lo deliberado y conclusiones establecidas en el acuerdo precedente, el tribunal resuelve:
Confirmar la sentencia apelada en lo principal que decide y modificarla fijando en $3000 la
reparación en concepto de incapacidad psíquica, la suma correspondiente al daño estético en
$2500, elevando la cantidad fijada por gastos a $2000. Costas en la Alzada a la demandada
perdedora (arts 68 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación).
Diferir el pronunciamiento de los honorarios de la Alzada, para su oportunidad. - Elisa M. Díaz
de Vivar. - Carlos R. Degiorgis. - Miguel Á. Vilar.
11. C.S.N. - junio 19-2003 - ”Acuña Zaragoza, Adelfa O. c. Vuelta de
Rocha S.A.T.C.I. Línea 64 y otros” L.L. To. 2003-E pág. 404
HECHOS:
El pasajero de un ómnibus que resultó lesionado en un choque promovió acción resarcitoria
contra la empresa de transporte y su compañía de seguros, mas no contra el chofer que
culposamente había ocasionado el siniestro y había sido condenado en sede penal por lesiones
culposas. En primera instancia se admitió la demanda. La Cámara de Apelaciones revocó tal
decisión pues acogió la excepción de prescripción, fundada en que la omisión de demandar al
chofer que causó el daño tornaba aplicable el plazo anual del contrato de transporte
comercial y no el bienal que rige la responsabilidad extracontractual. Denegado el recurso
extraordinario por arbitrariedad, el actor ocurrió en queja ante la Corte Suprema, quien por
mayoría dejó sin efecto la decisión de segunda instancia.
SUMARIOS:
Apéndice de fallos
Página 58
1. El damnificado por un hecho ilícito cometido por un dependiente -en el caso, pasajero
herido en un accidente debido a la culpa del chofer del ómnibus, quien resultó
condenado en sede penal por lesiones culposas- puede perseguir directamente ante los
tribunales civiles a todos o a cualquiera de los sujetos mencionados en el art. 1113,
parte 1ª del Cód. Civil, sin estar obligado a dirigir su acción contra el autor del
siniestro, pues cada sujeto responde a título distinto y con abstracción de la
responsabilidad que quepa atribuir a los restantes (del dictamen del procurador general
que la Corte, por mayoría, hace suyo).
2. …[Omissis]
3. Es aplicable el plazo anual de prescripción previsto en el art. 855 del Cód. de Comercio
-texto según ley 22.096 (Adla, XXXIX-D, 3643)- y no el bienal del art. 4037 del Cód.
Civil, a la acción de daños y perjuicios promovida por el pasajero lesionado en un
accidente de tránsito contra la empresa transportista y su aseguradora, si no demandó al
chofer que conducía el ómnibus siniestrado -condenado en sede penal por lesiones
culposas-, pues la forma en que ha quedado trabada la litis impide tener por acreditada
la opción contemplada en el art. 1107 del Cód. Civil (de la sentencia de Cámara).
4. El pasaje del ámbito de responsabilidad contractual a la extracontractual ante un
incumplimiento del contrato de transporte oneroso de pasajeros que también constituye
ilícito civil -colisión en la que un pasajero sufrió lesiones-, sólo puede efectuarse en
bloque y no por acumulación -en el caso, se rechazó la invocación del plazo de
prescripción extracontractual, considerando que el actor había optado por la vía
contractual sin dirigir la acción contra el chofer del ómnibus-, pues no existe un sistema
mixto que permita combinar lo más beneficioso de cada órbita (de la sentencia de
Cámara).
TEXTO (Parte pertinente):
2ª Instancia. - Buenos Aires, mayo 30 de 2001.
Apéndice de fallos
Página 59
El doctor Pascual dijo:
Contra la sentencia de fs. 457/462 que admitió la demanda expresaron agravios a fs. 473/474 la
actora y a fs. 476/481 la demandada y la citada en garantía. A los fines de mantener un orden
metodológico en el tratamiento de las quejas corresponde conocer en el tema de la excepción
de prescripción.
Cabe recordar que el hecho ocurrió el día 9 de febrero de 1992 y la demanda se interpuso el 13
de mayo de 1993 (ver cargo de fs. 40) trabándose la litis con la Empresa de transportes y la
Empresa aseguradora. En sede penal se advierte que en la causa caratulada: "Villalba, Marcelo
Fabián s/art. 94 del CP" (N° 11.626) que tengo a la vista, se dictó condena contra el encartado
conductor del colectivo como autor penalmente responsable del delito de lesiones culposas (ver
sentencia de fs. 241/249 confirmada en lo substancial por el Superior a fs. 267/270);
corresponde remarcar que en esas actuaciones la aquí actora no se constituyó como querellante
y en este pleito Villalba no fue demandado.
Esta sala por mayoría de votos "in re" "Zampedri, Horacio c. Ferrocarriles Argentinos s/daños
y perjuicios" (N° 48.255, 30/06/95) sostuvo que no hay en nuestra legislación y al amparo del
art. 1107 del Cód. Civil un sistema de responsabilidad mixta que combine las normas sobre
responsabilidad contractual y la extracontractual o que autorice a extraer de cada una de ellas
lo más ventajoso para el interesado, ya que nuestro Código se enrola en la tesis de la
denominada incompatibilidad atenuada (conf. Belluscio-Zannoni, "Código Civil, comentado y
concordado", t. V, p. 325/327 y sigtes.); la mencionada norma marca el límite entre los ámbitos
contractual y extracontractual en que se divide la responsabilidad civil y sólo autoriza a pasar
de una esfera a otra no por vía de acumulación sino en bloque y únicamente cuando el
incumplimiento del contrato implica delito (conf. Alterini; Ameal; López Cabana, "Derecho de
Obligaciones", p. 154/156).
Enseña Trigo Represas que precisamente en el caso del contrato de transporte oneroso de
personas, que es típicamente comercial, se suscitó una controversia doctrinal sobre si la acción
indemnizatoria por incumplimiento del mismo que se da cuando el pasajero no llega sano y
salvo a su lugar de destino (art. 184 y su doctrina, Cód. de Comercio), le era aplicable la
prescripción ordinaria (decenal) o si el transporte de personas encuadraba en el art. 855 de
dicho Código que fijaba en un año el plazo de prescripción. Ahora bien, al margen de cuál
hubiese podido ser la solución con el texto primitivo, lo cierto es que el citado art. 855 fue
modificado por la ley 22.096 (LA, 1979-B, 1629) del 30 de septiembre de 1979 y hoy
preceptúa que: "Las acciones que derivan del contrato de transporte de personas o cosas (...) Se
prescriben: 1) por un año de los transportes realizados en el interior de la República (...)".
(Autor citado en "Regímenes de Responsabilidad Civil Contractual y Extracontractual en
nuestro Derecho positivo", JA, número especial, "Derecho de Obligaciones", 25 de abril de
2001). La excepción a la aplicación de esta norma se configuraría cuando el damnificado
pudiese optar conforme el art. 1107 del Cód. Civil por la acción de responsabilidad civil
extracontractual, en cuyo supuesto el término de prescripción sería el de 2 años conforme el
art. 4037 del Cód. Civil.
Apéndice de fallos
Página 60
En este caso concreto, de la lectura del escrito de inicio se deduce que la actora pretende
invocar el plexo normativo perteneciente a la responsabilidad extracontractual sin haber
demandado al autor del delito criminal, que es la persona física individualizada y condenada.
La congruencia procesal tiende a ordenar y determinar el "thema decidendum", que consiste en
la conformidad que debe existir entre la sentencia y las pretensiones, oposiciones y defensas
que constituyen el objeto litigioso, principio que impide al juzgador introducir una cuestión
que no fuera oportunamente pretendida por los litigantes (conf. art. 330 incs. 3° y 6°, art. 34
inc. 4°; art. 163 y concs., Cód. Procesal). No hay mayores discrepancias sobre el alcance del
principio "iura novit curia" que faculta al magistrado para calificar autónomamente los hechos
de la causa y subsumirlos en las normas jurídicas que los rigen, con independencia de las
alegaciones de las partes y del derecho invocado, resultando el ejercicio de una potestad, que
constituye un deber irrenunciable, suplir el que fuere mal invocado (conf. Fassi-Yañez,
"Código Procesal...", t. I, ps. 794, 795, comentario al art. 163 y Palacio, L., "Derecho procesal
Civil", t. I, p. 58). Es pertinente advertir que la traba de la litis en la forma antedicha impide al
Tribunal tener por acreditada la opción prevista, ya que pese a haberse configurado la
existencia de un delito resulta un obstáculo insalvable la falta de acción contra el chofer del
colectivo. Es que si bien la inejecución del contrato de transporte derivó en un delito del
derecho criminal, que permitía la posibilidad de optar por el régimen de responsabilidad civil
extracontractual, en razón de tal delito supone por sí mismo, la violación de un deber legal
independiente de la mera ejecución de contrato, el impedimento procesal puesto de resalto con
anterioridad relativo a la omisión señalada no autoriza a tener por acreditado procesalmente los
requisitos exigidos.
En consecuencia, debe aplicarse, conforme a lo dispuesto por el inc. 1° del art. 855 del Cód. de
Comercio (texto ordenado según ley 22.096), la prescripción liberatoria en el contrato de
transporte de pasajeros, que se produce al año desde el día en que quedó culminado o debía
concluir el viaje, por lo que atendiendo a las fechas mencionadas en el comienzo del voto y
doctrina del Fallo Plenario "Corsetti de Patrignani, Irene c. Martínez, Regino y otros"
(26/10/93, JA, 1994-I-239) corresponde admitir la queja y declarar la prescripción de la acción.
Por los fundamentos expuestos voto para que se revoque la sentencia de fs. 457/462
admitiéndose la defensa de prescripción y rechazándose la demanda. Las costas de ambas
instancias a la actora que resultó vencida (art. 68, Cód. Procesal).
Los doctores Giardulli y Lozano, por análogas razones, votan en igual sentido.
Por lo deliberado y conclusiones establecidas en el acuerdo transcripto precedentemente por
unanimidad de votos el tribunal decide: Revocar la sentencia de fs. 457/462 admitiéndose la
defensa de prescripción y rechazar la demanda. Las costas de ambas instancias se imponen a la
actora que resultó vencida (art. 68, Cód. Procesal).
… [Omissis]
Emilio M. Pascual. - Jorge A. Giardulli. - Judith Lozano.
Dictamen del Procurador General de la Nación:
Apéndice de fallos
Página 61
Considerando: Contra la resolución de la Cámara Nacional en lo Civil, sala L, que revocando
lo decidido por el estrado inferior admitió la defensa de prescripción y rechazó la demanda (fs.
494/495 de los principales, a los que me referiré en adelante), la actora interpuso el recurso
extraordinario de fs. 498/501 que, al ser denegado, motiva la presente queja.
En estos autos, Adelfa O. Acuña Zaragoza promovió demanda por daños derivados de un
accidente producido mientras viajaba en un colectivo de la empresa "Vuelta de Rocha S.A. de
Transportes - Línea 64" (fs. 37/39).
El juez de primera instancia rechazó la excepción de prescripción opuesta por la demandada y
la citada en garantía, con fundamento en que era aplicable al caso el término de dos años (art.
4037, Cód. Civil), y no la disposición del art. 855 del Cód. de Comercio, que establece la
prescripción anual para las acciones derivadas de los contratos de transporte. Hizo -tambiénlugar parcialmente a la acción (fs. 457/462).
La Cámara Civil -por su parte, y tal como ya adelanté- dejó sin efecto lo resuelto por el inferior
y acogió la defensa de prescripción, con el argumento de que la pretensora invocó en su escrito
de demanda el art. 1113 del Cód. Civil, sin haber accionado contra el autor del delito culposo
que ocasionó el accidente, esto es el chofer del micro que fue condenado por lesiones en sede
penal. En consecuencia -expresó- la traba de la litis en la forma antedicha impide la aplicación
de la normativa referida a la responsabilidad civil extracontractual, y es por ello que lo
pertinente es la subsunción del marco fáctico en la normativa del contrato de transporte y su
correspondiente término de prescripción (art. 855, Cód. de Comercio).
En su recurso extraordinario la actora invoca la doctrina de la arbitrariedad, aduciendo que el
resolutivo en crisis desconoce los principios y garantías de igualdad ante la ley y debido
proceso, desde el momento en que el Tribunal apelado aplicó incorrectamente las disposiciones
de la prescripción del contrato de transporte al caso de autos, cuando en realidad eran de
aplicación las disposiciones relativas a la responsabilidad extracontractual del Código Civil,
siendo para ello indiferente que se haya demandado o no al dependiente de la accionada que condenado por el delito de lesiones- provocó el accidente en su perjuicio.
II. Según surge de las constancias del sub lite, la actora viajaba en un colectivo de la línea 64,
en fecha 9 de febrero de 1992, y a raíz de una colisión del vehículo -provocada por culpa de su
conductor, conforme las piezas penales que corren agregadas a los principales- sufrió diversas
lesiones que le generaron incapacidad. Promovió demanda por daños y perjuicios contra la
transportadora en fecha 13 de mayo de 1993, fundando su derecho -principalmente- en el art.
1113 del Cód. Civil.
Como relacioné supra, en primera instancia se rechazó la defensa de prescripción
fundamentada en la legislación comercial (contrato de transporte), pero fue acogida en la
alzada pues el Tribunal consideró que -al no haberse demandado al chofer del micro como
dependiente en los términos del art. 1113 del ordenamiento civil- la responsabilidad
patrimonial no podía trasladarse a la compañía de transporte ni a la aseguradora.
Interesa aquí el examen del fallo recurrido -entonces- en cuanto decide la irresponsabilidad de
la accionada y su aseguradora al afirmar que -excluido el dependiente (chofer) voluntariamente
por la actora de la traba de la litis- deviene de tal circunstancia una traba procesal que impide
Apéndice de fallos
Página 62
atribuir responsabilidad al principal en los términos del art. 1113 del Cód. Civil, debiendo
subsumirse el presente en la normativa del contrato de transporte comercial y, consecuentemente- resolverse la prescripción de acuerdo a lo pautado por el art. 855 del Cód.
de Comercio.
III. Es menester señalar la omisión en que incurre la actora en su presentación inicial, al no
individualizar al dependiente (chofer del microómnibus), causante del accidente que originó
sus perjuicios. Sin embargo, de las constancias de autos (y especialmente del reconocimiento
de la demandada y de las piezas penales que corren anexas), es indubitable que el siniestro
ocurrió tal como lo presenta la actora en su demanda, y que ella era transportada en un
colectivo de la accionada que colisionó por culpa de su dependiente.
De la letra de los arts. 1113 y 1122, surge que ante hechos como los aquí analizados la
obligación del que ha causado un daño se extiende a los daños que causaren los que están bajo
su dependencia, y que las personas damnificadas (la actora) por los dependientes (el chofer
condenado penalmente por el delito de lesiones culposas en perjuicio de aquélla), pueden
perseguir directamente ante los tribunales civiles a los que son civilmente responsables del
daño (en autos, la accionada), sin estar obligadas a llevar a juicio a los autores del hecho
Conforme tiene dicho V.E. las obligaciones que determina la primera parte del art. 1113 del
Cód. Civil son independientes, pues cada uno de los sujetos allí mencionados responde por un
título distinto frente al damnificado, quien puede -de acuerdo a este sano criterio- demandar a
cualquiera de ellos o conjuntamente por el todo, con abstracción de la responsabilidad que
corresponda atribuirles (arg. de Fallos 310:1449).
En este contexto, la sentencia apelada no aparece como derivación razonada del derecho
vigente y se apoya en afirmaciones dogmáticas que, -so pretexto de exigencias procesales en
verdad inexistentes- se aparta de lo dispuesto por la ley en relación con el caso, en violación de
las garantías constitucionales del debido proceso y de propiedad de la actora.
Es por ello que, de acuerdo a la doctrina de V.E. al respecto, puede ser calificada como
arbitraria (Fallos 315:49; 314:535; 310:165; 308:203, entre muchos otros).
Desde mi punto de vista, debe hacerse lugar a la queja y al recurso extraordinario, y volver los
autos para que se dicte nuevo pronunciamiento conforme a derecho por ante quien
corresponda. - Noviembre 28 de 2002. - Nicolás E. Becerra.
Buenos Aires, junio 19 de 2003.
Considerando: Que los agravios de la apelante han sido objeto de adecuado tratamiento en el
dictamen del procurador general, cuyos fundamentos esta Corte comparte y a los cuales se
remite en razón de brevedad.
Por ello, con el alcance indicado, se declara formalmente admisible el recurso extraordinario y
se deja sin efecto la decisión apelada. Con costas (art. 68, Cód. Procesal). Vuelvan los autos al
tribunal de origen a fin de que, por medio de quien corresponda, proceda a dictar un nuevo
fallo con arreglo a lo expresado. Agréguese la queja al principal. - Julio S. Nazareno (en
disidencia). - Eduardo Moliné O'Connor. - Carlos S. Fayt. - Augusto C. Belluscio. - Antonio
Boggiano (en disidencia). - Guillermo A. F. López. - Juan C. Maqueda.
Apéndice de fallos
Página 63
Disidencia de los doctores Nazareno y Boggiano:
Considerando: Que el recurso extraordinario, cuya denegación origina la presente queja, es
inadmisible (art. 280, Cód. Procesal).
Por ello y habiendo dictaminado el procurador general, se desestima la presente queja. - Julio
S. Nazareno. - Antonio Boggiano.
12. S.C.J.Mza., diciembre 12-2002 Expediente: 72859 “Bravo Benardi en J:
Bravo Benardi, Daniel E. Julio César Elmelaj y ot. Daños y perj. –
INC- CAS.” LS 316 - Fs.054
TEXTO (Parte pertinente):
En Mendoza, a nueve días del mes de diciembre del año dos mil dos reunida la Sala Primera
de la Excma. Suprema Corte de Justicia, tomó en consideración para dictar sentencia definitiva
la causa n
Bravo Berardi, Daniel c/ Julio
César Elmelaj y Ot p/ D. y P. s/ Inc. Cas.”.
Conforme lo decretado a fs.84 deja constancia del orden de estudio efectuado en la causa para
el tratamiento de las cuestiones por el Tribunal: primera: Dra. Aída Kemelmajer de Carlucci;
segundo: Dr. Fernando Romano; tercero: Dr. Carlos E. Moyano.
A N T E C E D E N T E S.
A fs. 23/36 el abogado Federico Hilger , por Daniel E. Bravo Berardi, deduce recursos
extraordinarios de Inconstitucionalidad y Casación contra de la sentencia dictada por la
Segunda Cámara Civil de Apelaciones a fs. 382/402 de los autos n
caratulados “Bravo Berardi c/ Julio César Elmelaj y Ot. p/ D. y P.”.
A fs. 52 se admiten formalmente los recursos de Inconstitucionalidad y Casación deducidos y
se manda correr traslado a la contraria, quien a fs. 59/75 contesta y solicita su rechazo con
costas.
A fs. 79/81 vta. obra el dictamen del Sr. Procurador General quien por las razones que expone,
aconseja hacer lugar parcialmente a los recursos deducidos.
A fs. 83 vta se llama al acuerdo para sentencia y a fs. 84 se deja constancia del orden de
estudio en la causa por parte de los señores Ministros del Tribunal.
De conformidad con lo establecido en el art. 160 de la Constitución de la Provincia, esta Sala
se plantea las siguientes cuestiones a resolver:
PRIMERA CUESTIÓN: ¿Son procedentes los recursos interpuestos?.
SEGUNDA CUESTIÓN: En su caso, ¿qué solución corresponde?.
TERCERA CUESTIÓN: Costas.
Apéndice de fallos
Página 64
A LA PRIMERA CUESTIÓN LA DRA. AÍDA KEMELMAJER DE CARLUCCI, dijo:
I. PLATAFORMA FÁCTICA.
Los hechos relevantes para la resolución de este recurso son, sintéticamente, los siguientes.
1. El 5/12/1991 se produjo un accidente de tránsito protagonizado por un microómnibus de
propiedad del Sr. Julio César Roque Elmelaj, conducido por un dependiente suyo, el Sr. Pablo
Osvaldo Scarelli. Resultaron lesionadas varias personas transportadas, entre ellas el Sr. Daniel
Bravo.
2. El 2/12/1993 el Sr. Daniel Bravo inició demanda sumaria por daños y perjuicios contra el Sr.
Julio César Roque Elmelaj y el Sr. Pablo Osvaldo Scarelli, y/o contra quien resulte propietario
civilmente responsable por la suma de $ 34.612,45. Relató: ser empleado de la firma
Petroquímica de Cuyo S.A. desde el año 1989; que a los fines del traslado de su personal, la
referida firma contrata el servicio a empresas de transporte para que lleven a los empleados a la
planta, tanto de ida como de regreso; que el 5/12/1991, en momentos en que se dirigía a su
empleo, siendo transportado por la empresa de propiedad de Elmelaj, y conducido el vehículo
por el codemandado Scarelli, sufrió un accidente; que a raíz del accidente sufrió traumatismo
de cráneo, traumatismo facial en región zigomática y pérdida de sustancia en párpado inferior
derecho. Afirmó que la responsabilidad de las accionadas surge de manera evidente. “Por un
lado, el Sr. Elmelaj es responsable a tenor de lo dispuesto por el art. 1113 del C.C., no sólo en
su carácter de propietario del vehículo donde era transportado y en el que sufrió el accidente,
sino por ser empleador del conductor, quien debido a su obrar culposo perdió el dominio del
rodado. Reclamó los siguientes rubros: “1) Daños materiales. Daño estético”. Dijo haber
sufrido serias lesiones en su rostro, que le había dejado importantes cicatrices, originándole un
grado de incapacidad genérica estimada en un 10%. Argumentó en torno a la disminución de
su capacidad de ganancia, a la limitación en la elección de oficios y a la inferioridad en la que
quedaba para futuras colocaciones. Sobre la base de un sueldo mensual de $ 1.027, calculó, en
$ 25.612,45 el daño reclamado. “2) Daño moral”, que estimó en la suma de $ 9.000. Fundó su
derecho en los arts. 1078, 1113, 1109 y concs. del Código Civil.
3. A fs. 31/35 Julio César Elmelaj compareció y opuso la excepción de prescripción. Sostuvo
que el actor funda su acción resarcitoria en el hecho dañoso derivado de un contrato de
transporte, tal como lo manifiesta cuando afirma en su demanda “a los fines del traslado de su
personal”, etc. Conforme el art. 855 del C. Comercio, las acciones que derivan del contrato de
transporte de personas prescriben al año. En subsidio, citó de garantía y contestó la demanda.
Específicamente negó que como consecuencia del daño material el actor hubiese sufrido daño
estético alguno. Sostuvo que el reclamo era desorbitante.
4. Se rindió, entre otra, la siguiente prueba:
a) Informativa de:
– La Sociedad Española de Beneficencia y Mutualidad, que acompañó la historia clínica de la
que resulta que el actor fue internado el día 5/12/1991 y fue dado de alta dos días más tarde.
Apéndice de fallos
Página 65
– Petroquímica Cuyo (fs. 142/143). Menciona los sueldos percibidos por el actor como técnico
electricista de la compañía.
b) Pericial médica (fs. 144/146). El perito informa que el actor presenta cicatrices viciosas que
le producen una alteración estética del rostro con desfiguración, con modificaciones en su
anatomía normal por reemplazo de los tejidos nobles por tejido cicatrizal, con la aparición de
síntomas al tacto, y con el contacto del viento y el agua en temperaturas extremas. Sufre
además un complejo en algunas ocasiones y una fobia a viajes en colectivo por caminos
sinuosos. Concluye que presenta una incapacidad física, parcial y permanente por daño estético
del 15%. Que las cicatrices son de carácter permanente y tienden a la cronicidad; que no son
propensas a ulcerarse; que son apreciables a simple vista; que no influyen ni afectan el
desarrollo de su actividad como técnico electro-instalador; que le producen una incapacidad
física pero no laboral para las actividades específicas de técnico electricista. Que el paciente ya
ha recibido tratamiento de cirugía plástica, y que a su criterio no pueden mejorarse. Que el
accidente no ha lesionado ningún miembro, ni sentido, como el de la vista. La pericia fue
impugnada por el demandado a fs. 163/164, siendo contestada a fs. 167/168.
c) Testimonial de:
– Claudio Jesús Lía (fs. 120 vta.). Declara que Bravo sufrió lesiones en la cara; que se
reintegró al trabajo varios días después; que las personas transportadas no pagaban boleto; que
el transporte lo pagaba Petroquímica Cuyo; que todo el personal se trasladaba a través del
transporte del demandado.
– Ramón Armando Díaz (fs. 131 vta.). Era empleado de Petroquímica Cuyo; afirma que todos
se trasladaban en un colectivo de propiedad del Sr. Elmelaj; que Bravo se reintegró a sus tareas
varios días después; que las personas transportadas no pagaban boleto; que el transporte lo
pagaba Petroquímica Cuyo; que no era obligatorio trasladarse por ese medio, pero que todos lo
hacían; que había un recorrido fijo; que Bravo salió despedido del asiento y golpeó contra el
portaequipaje, rompiéndose los lentes que llevaba puestos, y el impacto le cortó la cara y le
introdujo esquirlas en el ojo.
– Leonardo Muzzino (fs. 132). Sus declaraciones son coincidentes con las dos anteriores. Sabe
que Bravo se cortó cerca del ojo.
5. A fs. 298/303 vta. el juez de primera instancia rechazó la excepción de prescripción e hizo
lugar a la demanda por la suma de $ 9.000 con más los intereses legales. También rechazó
parcialmente la demanda por la suma de $ 25.612,45. Impuso las costas a la parte demandada
en lo que prospera y a la actora en lo que se rechaza. Razonó del siguiente modo:
a) El resarcimiento de los daños producidos durante el transporte puede ser reclamado tanto
por la vía contractual como por la extracontractual, existiendo una suerte de opción a favor de
la víctima. En el primer caso, se aplica supletoriamente el art. 184 del C. Com. para el
transporte ferroviario. En el segundo caso es aplicable el art. 1113 del C. Civil. Está claro que
cuando se demanda al chofer, con el cual no media vínculo convencional directo alguno, se
Apéndice de fallos
Página 66
está en presencia de la responsabilidad extracontractual, ya que el acuerdo de partes, de mediar,
es con la empresa de transporte y no del chofer. No habiendo especificado concretamente por
qué vía opta, se analizará la cuestión a la luz de los principios que surgen del Código Civil,
aplicando subsidiariamente el 184 del C. Com. en cuanto impone al transportista un deber de
seguridad respecto del pasajero. Este razonamiento sirve para descartar la excepción de
prescripción, toda vez que la acción para reclamar la responsabilidad extracontractual prescribe
a los dos años (art. 4037 del C.C.), no estando comprendido el supuesto en la ley 22096.
Scarelli, también demandado, era empleado del codemandado Elmelaj, sin relación contractual
posible con el actor. De las constancias de autos surge un contrato de transporte, pero fue
realizado por Petroquímica Cuyo con Elmelaj y no con el actor del presente proceso.
b) En cuanto a los rubros reclamados se advierte que el daño estético es aquel que se sufre en el
rostro, o en cualquier parte del cuerpo, que es costumbre mostrar o exhibir, o que se trasluce al
exterior menoscabando o afectando el cuerpo. El daño patrimonial no es consecuencia forzosa
e ineludible de la lesión estética, y sólo surgirá si esta ocasiona algún perjuicio susceptible de
apreciación pecuniaria. El daño estético no constituye una categoría independiente; es
indemnizable pero no configura un elemento autónomo e independiente del daño patrimonial y
moral. Está claro que la pretensión del actor de que se le indemnice por el daño estético como
un rubro independiente del perjuicio moral debe rechazarse, pues él no ha sufrido ningún
perjuicio patrimonial directo como consecuencia del accidente. El actor, conforme lo
manifiesta el perito, no está afectado en su actividad como técnico electricista; sigue trabajando
y percibiendo la misma remuneración.
El daño moral, en cambio, debe valorarse en función de la lesión sufrida; estuvo internado en
distintos establecimientos asistenciales y todo ello implicó una aflicción de tipo moral. El rubro
resulta procedente y conforme las facultades concedidas por el art. 90, cabe fijarlo en $ 9.000.
6. Apelaron el actor y el Sr. Elmelaj. A fs. 382/402 la Segunda Cámara de Apelaciones acogió
el recurso deducido por el Sr. Elmelaj, declaró prescripta la acción interpuesta, y
consecuentemente revocó la condena contra este codemandado. En cambio, confirmó el resto
de la sentencia contra el Sr. Pablo Osvaldo Scarelli por las mismas sumas establecidas en la
primera instancia. Razonó de la siguiente manera:
a) Es necesario analizar si el daño ha sido producido dentro de la esfera de la responsabilidad
contractual, o se desplaza a la responsabilidad extracontractual. Es sabido que el Código Civil
argentino no otorga derecho a elegir el régimen; no es la norma la que individualiza la
pretensión, sino los hechos afirmados. El juez a-quo ha soslayado este problema. Se limitó a
decir que hay un derecho de opción, contradiciendo el art. 1107 del C. Civil. No hay dudas que
el accidente se produjo en ocasión y como consecuencia de ser transportado por un ómnibus de
la empresa Elmelaj. El actor reconoce que la empresa para la que trabajaba había contratado el
servicio de transporte de sus empleados, y así lo dice. Si el actor dirigió su acción contra el
transportista, y no contra su empleadora, lo fue obviamente en su calidad de porteador y,
consecuentemente, la responsabilidad de Elmelaj surge dentro de la órbita contractual y en
Apéndice de fallos
Página 67
razón de la obligación de conducir o trasladar a los pasajeros sanos y salvos.
Consecuentemente, más allá de las normas que cita el demandante, la responsabilidad del
transportista es de naturaleza contractual y está fuera del arbitrio de la víctima acudir al art.
1113, dada la valla impuesta por el art. 1107. No es exacto que el actor no se encontraba
comprendido en la responsabilidad contractual. Él reconoce que era pasajero de la empresa de
transporte. En suma, reconoce su calidad de pasajero y, es sabido que el pago del flete no es un
requisito esencial para adquirir la calidad de pasajero.
Si la responsabilidad es contractual, la opción sólo se abre cuando existe un delito del derecho
criminal. En estos autos, no ha existido pronunciamiento penal desde que el delito de lesiones
no fue instado; no habiendo sido promovida la acción, se archivaron las actuaciones. El
magistrado actuante resolvió que “no surgiendo de las presentes actuaciones. la comisión de
hecho delictuoso alguno... conforme con el art. 206 del C. Penal cabe declarar que no existe
mérito para la prosecución de esta causa”. Ante tal pronuciamiento, y no habiendo existido la
imposibilidad de lograr que el juez del fuero penal se expidiera, no estaba expedita la vía para
optar por la acción extracontractual. Por lo tanto, no existiendo opción, la única acción era la
contractual que prescribía al año. Se reconoce que el art. 1107 es una norma arcaica, pero los
problemas que ella ocasiona sólo se remedian por vía legislativa. La pretensión de forzar
jurisprudencialmente la interpretación de las leyes contraría el funcionamiento de un verdadero
estado de derecho.
b) El recurso de la actora, en cambio, no puede prosperar por las siguientes razones:
– No corresponde adentrarse en la polémica de si el daño estético constituye o no una categoría
autónoma frente al daño material o moral. El propio recurrente sostiene que no ha accionado
por daño estético en forma independiente del material, sino como parte integrante del mismo.
Sin embargo, no puede dejar de referirse a la postura adoptada por el juez a-quo, quien sostiene
que el daño estético no constituye un daño autónomo, y por eso dirige la indemnización hacia
la esfera del daño moral, por las repercusiones que aquellas han tenido, tanto por los
sufrimientos y molestias padecidas, como por las secuelas físicas descriptas por el perito. Sin
ánimo de polemizar, y coincidiendo con el a-quo y la mayoría de la doctrina nacional, se
considera que la lesión estética no constituye una categoría autónoma del daño distinta del
daño patrimonial y del moral, sino que podrán tener repercusión en el ámbito patrimonial,
moral, o en ambos. Puede repercutir patrimonialmente cuando incide en las posibilidades
económicas del lesionado, o bien puede conformar sólo una afectación moral, dada por los
sufrimientos y mortificaciones que la propia fealdad provoca en la víctima. Puede constituir
daño material si se traduce en la disminución de ingresos o en la frustración de beneficios
económicos esperados, o daño moral en los supuestos que puede engendrar. Pero fuera de ellos
no configura un tertium genus.
Al demandar, el actor pretendió fundar su daño patrimonial derivado de la lesión estética en “lo
que se llama capacidad de colocación de competencia en el mercado de trabajo”, invocando
asimismo una “disminución de la capacidad de ganancia”. Aparte de lo genérico de la
pretensión, sin concreción ni apoyatura probatoria alguna, se coincide con el a-quo en que en la
Apéndice de fallos
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especie no aparece perjuicio patrimonial detectable en el sentido señalado; por el contrario, de
la pericia surge que las cicatrices no influyen de modo alguno en el desarrollo de su actividad
como técnico eléctrico instalador, no produciéndole incapacidad laboral en las actividades
específicas.
El apelante cae en generalidades y meras conjeturas “a título de probabilidad”, como es afirmar
que en caso de perder el trabajo sería superado en el examen preocupacional por quienes
tengan mejor apariencia. Además de lo dicho por el perito, el solo examen de las fotografías
acompañadas, muestran que las lesiones no provocan una deformación ni un aspecto chocante
como para que puedan influir del modo como lo pretende el recurrente. Las secuelas que
podrían afectar esa posibilidad han sido incluidas en la indemnización del daño moral
acordado. El agravio relativo al lucro cesante por pérdida de ganancias efectivamente
esperadas no pasa de lo conjetural. Es jurisprudencia constante que la chance como mera
expectativa no es indemnizable requiriendo un cierto grado de certeza.
c) El agravio referido a las costas por la parte que no prospera la demanda tampoco puede
prosperar. Conforme el art. 4 inc. b de la ley arancelaria corresponde regular el monto por el
cual no prosperó la demanda, no obstante haberse dejado librada la condena a lo que en más o
en menos resulta de la prueba a rendir cuando se confrontan rubros rechazados en su totalidad
o cuando la cifra impetrada resulta notoriamente injustificada y exorbitante transformándose en
irrazonable. Es lo que ocurre en el caso que nos ocupa; se coincide pues con el criterio
sostenido por la Suprema Corte.
II. LOS AGRAVIOS DEL RECURRENTE.
1. Recurso de Inconstitucionalidad.
El recurrente sostiene que la decisión recurrida es arbitraria por fundarse en afirmaciones
dogmáticas o sólo aparentes, por no ser una derivación razonada del derecho vigente, apartarse
de la realidad fáctica, ser contradictoria y no respetar la jurisprudencia de la Corte provincial y
federal. Argumenta del siguiente modo:
a) Afirmaciones dogmáticas o fundamento aparente.
La Cámara sostiene que si el actor dirigió su acción contra el transportista Elmelaj, y no contra
su empleadora, lo fue obviamente en su calidad de porteador y consecuentemente la
responsabilidad surge dentro de la órbita contractual. La afirmación se aleja de las constancias
de la causa pues el actor nunca demandó a Elmelaj como porteador, sino en razón del art. 1113
del Código Civil. La suposición del tribunal carece de todo fundamento fáctico.
El tribunal cita la obra de Soler Aleu, pero tales referencias no son de aplicación al caso de
autos pues parten del supuesto en que está en discusión la calidad de pasajero de una persona
que viaja sin boleto; no es el caso de autos pues el actor viajaba sin boleto porque tal era la
modalidad, ya que él no había celebrado contrato de transporte alguno con el porteador. Otro
tanto ocurre con las sentencias que cita que no se adecuan al caso concreto.
Apéndice de fallos
Página 69
Otra suposición del tribunal, carente de apoyo es cuando afirma que considera “que no es
necesario buscar una compensación diferenciada del daño moral, pues al tarifar éste, se tiene
en cuenta el menoscabo espiritual y sicológico provocado por la alteración de su integridad
física y la incidencia que ello puede tener en su vida de relación”. El tribunal sólo “considera”,
lo que denota su falta de certeza.
b) Arbitrariedad fáctica.
El tribunal ignora la relación triangular que existe entre las partes de este proceso y el
empleador del actor. Si existe un contrato entre el Sr. Elmelaj y Petroquímica de Cuyo
(empleadora de Bravo), un contrato de trabajo entre ésta y el actor, y un beneficiario de aquel
contrato en virtud del cual Petroquímica contrató con Elmelaj, dentro de los que estaba el actor,
no se advierte que él es ajeno a dicha contratación. O sea, el servicio de transporte utilizado por
el actor lo fue en virtud del contrato de trabajo que él mantenía con Petroquímica, pero nada
tiene que ver con el Sr. Elmelaj, con quien el actor no tuvo vinculación de ningún tipo. Este
punto de partida equivocado contagia el resto de la sentencia.
c) Sentencia que no es derivación razonada del derecho vigente.
Dado el primer error, el tribunal valora en forma irrazonable el artículo 1107, que no es de
aplicación al caso concreto. El tribunal afirma que al no haber sentencia criminal, no nace el
derecho de opción consagrado por el art. 1107 del Código Civil. Esta interpretación, la más
estricta y restringida es contraria a los principios que rigen a la prescripción, y va contra la
moderna doctrina. Por lo demás, es la que menos se condice con el valor justicia pues está
fuera de toda duda que el actor sufrió un daño por culpa de terceras personas y el criterio de la
Cámara lo priva de su derecho a la reparación en debida forma. La interpretación propuesta por
la actora, en cambio, protege a las víctimas y respeta el principio de igualdad ante la ley.
d) Arbitrariedad por apartarse de la realidad fáctica, por ser contradictoria, por no respetar los
pronunciamientos de la Corte provincial y federal.
El tribunal sostiene que el actor no presenta daño material causado por el daño estético, no
obstante no estar en discusión que este daño estético se ha producido. El tribunal es
contradictorio pues primero sostiene que no ingresará en la postura de si el daño estético
constituye o no un daño autónomo para luego decir que la lesión estética no constituye una
categoría autónoma. Luego dice que no es necesario buscar una compensación diferenciada del
daño moral para sostener más tarde que las secuelas que padece el actor han sido incluidas en
la indemnización del daño moral. Es cierto que en autos no se ha acreditado una disminución
de las ganancias que el actor percibe; sin embargo, otros elementos de juicio demuestran el
daño material padecido, aunque sea a título de chance o de frustración de posibles ganancias
futuras, aspectos que no han sido considerados por el a-quo.
Por otro lado, si bien es cierto no se ha arrimado prueba actual, los jueces no pueden perder de
vista el sentido común, la experiencia personal, y lo que surge de la realidad. El sentido común
acredita que la buena presencia es exigida para poder solicitar los más diversos empleos, lo que
por sí demuestra la indudable incidencia de la belleza estética en la capacidad de ganancia. Si
Apéndice de fallos
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bien es cierto que el actor no ha visto disminuidos sus ingresos, tampoco los ha visto mejorar
no obstante que lleva más de diez años en su puesto de trabajo; no ha ascendido ni mejorado su
categoría profesional. Tampoco considera las posibles consecuencias de una pérdida de trabajo.
Con el nuevo sistema de la ley de riesgos, el actor no pasará examen preocupacional alguno.
Lo cierto es que como lo señala el perito médico (fs. 146 y sgtes.) el actor presenta una
incapacidad laboral permanente del 15% de la total obrera, si se tiene en consideración su edad,
la ubicación de la herida, la vida de relación, la buena presencia que se requiere para ser
seleccionado en diversos trabajos, etc.
e) Arbitrariedad por contradicción.
La sentencia recurrida es contraria a la jurisprudencia de la propia Cámara que sostiene que el
juez civil está autorizado a revisar el pronunciamiento dictado en la sede penal que absolvió
por duda al imputado. También ha sostenido que toda lesión a la integridad corporal provoca
un daño patrimonial indirecto y que debe indemnizarse la incapacidad física aunque no
provoque disminución de los ingresos laborales.
f) No respeta los pronunciamientos de la Corte provincial y federal.
La Sala I de esta Corte tiene dicho que deben ser indemnizadas las secuelas del daño a la
integridad física que puedan incidir en las chances de encontrar empleo. O sea, la mera
posibilidad condena a pagar el daño material por secuelas (por ej. dolores de nuca). En autos se
ha probado que el actor presenta secuelas físicas permanentes e irreversibles, pero la Cámara se
inclina en forma arbitraria a rechazar el rubro daño material.
g) Arbitrariedad en la imposición de costas.
La Cámara justifica la imposición de costas a la actora en la trascripción parcial de un fallo de
esta Sala que sostiene que las costas pueden imponerse cuando “se trate de evidente
irrazonabilidad en la petición, o del rechazo de algún rubro por su calidad”. La Cámara atenta
contra el derecho de propiedad del actor y la garantía del debido proceso, al no considerar la
prueba aportada desde que el actor fue víctima de un hecho ilícito y de éste es responsable la
parte demandada. En todo caso, se enfrenta un tema opinable, tal como surge de toda la
doctrina y jurisprudencia referenciada. El tema de la naturaleza del daño estético no puede
coartar el derecho de la víctima del accidente de tránsito de buscar una reparación lo más
integral posible. El tribunal provoca una suerte de miedo a reclamar, que se traduce en la
violación a la garantía constitucional de acceso a la justicia. En este sentido el tribunal se
aparta de la doctrina sentada por esta Sala en el caso “Chogris”. La prueba aportada apoyó la
posición de la actora; la pericia médica otorgó al actor más incapacidad que la que había
reclamado inicialmente; por lo tanto no hubo ni irrazonabilidad ni reclamo desmesurado. La
imposición de costas radica exclusivamente en que la Cámara optó por una doctrina que
considera que frente al daño estético no hay daño material. Apegarse a una determinada
doctrina, sin derecho positivo que lo sustente, y que tiene efecto sobre las costas no puede
provocar una limitación al acceso a la justicia.
Apéndice de fallos
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2. Recurso de Casación.
El actor denuncia falta de aplicación del art. 1113 del C.C. y omisión de la ley 20744 y su
modificatoria 21297. Argumenta del siguiente modo:
La Cámara ha omitido considerar la relación triangular existente entre el Sr. Elmelaj y
Petroquímica de Cuyo y el contrato de trabajo celebrado entre ésta y el actor. O sea, el servicio
de transporte utilizado por el actor lo fue en virtud del contrato de trabajo que él mantenía con
Petroquímica. Es un elemento más de ese contrato de trabajo, como es la remuneración, el
horario de trabajo, etc.; nada tiene que ver el Sr. Elmelaj, con quien no tiene vinculación de
ningún tipo. El tribunal también se aparta de la jurisprudencia de esta Sala y la doctrina más
caracterizada en la aplicación del art. 1107 del C.C.
III. LA LEGITIMACIÓN PASIVA DEL EMPRESARIO TRANSPORTADOR. LA
CUESTIÓN DE LA PRESCRIPCIÓN DE LA ACCIÓN.
1. Una cuestión ajena a la litis.
Los jueces de grado han declarado extracontractual la acción contra el conductor del vehículo,
autor del ilícito civil, y han condenado al codemandado Pablo O. Scarelli. De este modo,
siguieron el plenario de la Cámara Nacional Civil del 26/10/1993 recaído in re “Corsetti de
Patrignani” según el cual “No corresponde aplicar la prescripción anual del art. 855 inc. 1 del
CC reformado por la ley 22.096 a la acción indemnizatoria deducida por el pasajero contra el
dependiente que conduce un transporte” (ED 156-457, JA 1994-I-239; LL 1994-A-291, con
comentario de Bustamante Alsina, Un plenario necesario y encomiable. Para una certera crítica
al plenario, ver Mosset Iturraspe, Jorge, Naturaleza jurídica de la responsabilidad del
transportista y del personal dependiente. La responsabilidad del conductor, del piloto y del
capital, en Daños en el transporte n
2. La cuestión a resolver.
La cuestión discutible en estos autos es si está prescripta la acción deducida contra el dueño de
la empresa de transportes, dadas las siguientes circunstancias fácticas no discutidas:
a) La acción en sede civil se dedujo después del año, y antes de los dos años de producido el
accidente.
b) El actor, persona transportada, no contrató directamente con la transportista. Se encontraba
en el vehículo público de pasajeros en razón de un contrato celebrado por la demandada con
otra empresa (de la cual el actor es dependiente) con el fin de que trasladase al lugar de trabajo
a los empleados y funcionarios que optasen por esta vía, a costo de la patronal.
c) El juez civil condenó al conductor del vehículo de transporte luego de comprobar la
existencia de culpa por infracciones a la ley de tránsito que calificó de graves (ver fs. 299 vta)
(velocidad impresa, no mantener el pleno dominio del vehículo, etc).
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d) El expediente penal no continuó su trámite por falta de instancia.
e) Por causa del accidente, el actor sufrió lesiones en el rostro.
3. Una regla.
El art. 1107 del Código Civil dispone: “Los hechos o las omisiones en el cumplimiento de las
obligaciones convencionales no están comprendidos en los artículos de este título, si no
generan en delitos del derecho criminal”.
Hay acuerdo doctrinal y jurisprudencial de que el Código Civil argentino siguió el sistema de
la incompatibilidad relativa. En otros términos, la regla es la incompatibilidad, pero la norma
levanta la barrera, y permite pasar al campo extra-contractual cuando el incumplimiento de la
obligación de origen convencional configura, al mismo tiempo, un delito del derecho criminal.
4. Primera dificultad que presenta la regla cuando se trata del incumplimiento de un contrato de
transporte terrestre. La naturaleza jurídica de la acción concedida por el art. 184 del Cód. de
Comercio.
La primera dificultad que plantea el art. 1107 del CC cuando se denuncia el incumplimiento
del contrato de transporte terrestre es la determinación de la naturaleza jurídica de la acción
prevista en el art. 184 del Código de Comercio. En efecto, aunque minoritaria (pero de gran
impacto a nivel numérico de justiciables), un sector de la doctrina y de la jurisprudencia,
consideran que la responsabilidad prevista en la norma citada no es contractual sino legal, y
consecuentemente, de naturaleza extracontractual (Ver, en esta posición, Suprema Corte de la
Provincia de Bs. As., entre otras, sentencia del 17/9/1985, LL 1986-E-696; ED 117-569; Doc.
Jud. 1986-2-497. Un análisis prolijo de esta jurisprudencia y sus razones, a la que me remito,
se encuentra en Galdós, Jorge, M., El transporte en la Suprema Corte de Bs. As., Rev. de
Derecho de Daños, n
La propia Corte Federal da pie a esta posición; en efecto, ha fundado algunas sentencias en el
art. 1113 del CC (norma de la responsabilidad extracontractual) a supuestos de personas
transportadas en ferrocarril (CSN 12/12/1989, Ortiz c/ Empresa Ferrocarriles Argentinos, LL
1990-D-96, con nota de Bustamante Alsina, La obligación de seguridad en el transporte
ferroviario).
Es obvio que si asistiera razón a esta tesis, el problema no se presentaría. La acción sería
siempre extracontractual.
5. Una derivación doctrinal y jurisprudencial, también minoritaria.
Frente a las dificultades relativas a la naturaleza jurídica de esa acción, autores de prestigio,
como el maestro Borda, afirman, sin más, que “pasajero víctima de un accidente tiene a su
disposición dos acciones: una derivada del art. 184 del Cód. de Comercio; otra, la nacida del
hecho ilícito (art. 1109 y 1113 del CC (Tratado de D. Civil, Obligaciones, 8
ra Civil y Comercial de Rosario
sala I, (4/5/2001, La Ley Litoral 2002-381, a quien parece le basta con que la actora haya
relatado los hechos y optado por la vía extracontractual).
Apéndice de fallos
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Esta es, en definitiva, la tesis seguida por el juez de primera instancia, aunque no la mencione.
6. Una segunda dificultad.
La segunda dificultad reside en la interpretación de los escritos judiciales. En otros términos,
determinar cuál fue la acción deducida; por cuál de las dos acciones optó el actor cuando la ley
le abrió la barrera. La sentencia recurrida recuerda un precedente del mismo tribunal (aunque
parcialmente con otra integración), en la que los señores camaristas discreparon –justamente–
sobre cuál era la acción deducida; si la contractual o la extracontractual. Bien se ha dicho que a
veces, interpretar cuál es la acción puede llevar a verdaderos desatinos (Me sumo a la crítica
formulada por Carlos Parellada, al comentar ese precedente bajo el irónico título de “Acerca de
cómo un accidente judicial frustró la indemnización de los daños provocados por un accidente
de tránsito”, en La Revista del Foro de Cuyo, t. 13, 1994, pág. 59).
En el caso, el tribunal no dice abiertamente que la actora haya optado por la vía contractual,
sino que le niega toda posibilidad de elección porque, en opinión del tribunal, ésta era la única
que tenía.
La cuestión a resolver es, entonces, si el actor tenía o no la vía extracontractual.
7. Juez que califica la conducta del autor del ilícito para abrir la opción.
a) El tribunal de grado ha contestado que, en el caso, la barrera que permite pasar al campo
extracontractual no se levantó porque el art. 1107 del CC sólo alza el valladar cuando un juez
penal ha calificado la conducta del autor como un “delito del derecho criminal”, circunstancia
inexistente en el caso, desde que el proceso penal se cerró por falta de promoción de la acción.
En otros términos, la sentencia recurrida se encolumna tras la tesis doctrinal y jurisprudencial
conforme la cual la calificación del hecho como delito penal debe ser declarada por la justicia
represiva, salvo que exista imposibilidad de pronunciamiento penal (por ej., por haber muerto
el imputado).
No ignoro que esta posición cuenta con el apoyo de prestigiosa doctrina y jurisprudencia (Ver,
entre otros, Llambías, Obligaciones t. III n
Bs. As., Astrea, t. II, pág. 135; Bianchi, El olvidado art. 1107 del CC, JA 1976-II-270 y ss). Más
aún, autores significativamente protectores de las víctimas afirman que la opción del art. 1107
está sometida, como condictio sine qua non, a la decisión de un tribunal penal que así lo
declare (Mosset Iturraspe, Jorge, Una discutible opción con base en el art. 1107 del CC.
Razones que llevan al actor a preferir la vía aquiliana cuando se invoca el riesgo creado y al
demandado a aceptarla. Las partes ponen los hechos y el juez el derecho, La Ley Litoral 1997855; del mismo autor, Responsabilidad por daños, Santa Fe, ed. Rubinzal, 1998, t. I, pág. 533).
Es también la posición expresamente asumida por varias de las salas de la Cámara Nacional
civil, especialmente, la sala F, con voto preopinante de la distinguida magistrada y profesora de
la Universidad de Bs. As, Elena Highton (5/10/2000, ED 196-66). En la misma línea, la
mayoría de la sala I ha dicho que “la opción del art. 1107 del CC en sí misma, es de naturaleza
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verdaderamente excepcional. El principio es que no hay derecho a opción alguna, de allí que la
apreciación de los supuestos en que la calificación del hecho como delito del derecho criminal
autoriza la opción debe ser cuidadosamente realizada, y puesto que la misión de los tribunales
criminales es decidir si el hecho atribuido al acusado existe, si el inculpado es el autor, y si ese
hecho le es imputable según la ley penal y como delito del derecho criminal, corresponde ser
estricto en la admisión de los casos en los que tal calificación puede efectuarla la judicatura
civil (Cám. Nac. Civ. sala I, 8/9/1998, ED 185-635, y sus citas; ídem 21/9/2000, JA 2001-III213 y LL 2001-C-16; en ambos casos votó en disidencia la Dra. Borda). También la sostiene
sala C (Cám. Nac. civ. Sala C, 3/6/2000, Doc. Jud. 2001-2-686 y LL 2001-C-299).
La Corte Federal no se ha pronunciado expresamente sobre esta problemática; así por ej., el
31/3/1987, en autos Jove c/ Microómnibus Norte SA, revocó la sentencia que había declarado
prescripta la acción porque no había tenido en cuenta que la empresa había pagado los gastos
de atención médica, hecho que significaba un reconocimiento interruptivo de la prescripción; y
a reglón seguido dijo: “todo ello, sin perjuicio de señalar que no se presenta en el caso ninguna
hipótesis de opción de responsabilidad en los términos del art. 1107 del CC” (en el caso, la
actora imputaba la caída a que el conductor del micro había reiniciado bruscamente la marcha,
provocando que éste, que estaba subiendo, cayera violentamente al pavimento). El tribunal no
aclaró más, de modo que no se sabe si lo que quiso decir es que no había opción porque no
había declaración en sede penal, o porque no había contrato. En el caso Maccia de Prieto, del
17-3-1992 (ED 148-505 y JA 1992-III-583) también revocó la sentencia porque no advirtió que
se había demandado a los dos (el chofer y el empresario) y el primero había sido condenado en
sede penal; sin embargo, no podría interpretarse que, a contrario sensu, no la habría revocado
sin esa condena.
b) Otra posición, en cambio, considera que si por una u otra razón no ha habido oportunidad de
calificar en sede penal el delito (sea porque se dieron los supuestos previstos en los dos incisos
del art. 1101, sea porque se produjo la extinción de la acción penal por otras causas, sea porque
no se denunció el hecho, etc), los tribunales civiles están habilitados para apreciar si el acto
enrostrado al demandado ha constituido delito criminal a fin de admitir su responsabilidad
cuasidelictual por la que hubiese optado el demandante. En otros términos, el juez civil puede
calificar el hecho; es suficiente que la trasgresión contractual reúna en sí, de modo objetivo, los
extremos de un delito en el sentido criminal. Basta que la acción se halle tipificada como delito
penal, es decir, que el incumplimiento importe un obrar descrito en la normativa penal, lo que
puede comprobar el juez civil (Alterini, Atilio A., Responsabilidad civil. Límites de la
reparación civil, Bs. As., ed. A. Perrot, 1970, n
bilidad
extracontractual, LL 49-273: Vázquez Ferreira, Roberto, Responsabilidad por daños.
Elementos, Bs. As., Depalma, 1993, pág. 62).
En esta línea ha dicho la mayoría de la sala M de la Cámara Nacional Civil: Si a acción
cometida se encuentra tipificada en el ordenamiento penal como delito de lesiones culposas, las
leyes penales prevén las acciones punibles a través de abstracciones que condensan en
Apéndice de fallos
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fórmulas estrictas las características que deben reunir los actos que se cumplen en la vida real.
Los tribunales civiles están habilitados para apreciar si el acto enrostrado al demandado ha
constituido delito criminal a fin de admitir la responsabilidad extracontractual. El tribunal civil
pues, verá si el obrar del demandado se encuentra tipificado dentro de lo normado por el art. 94
del CP (voto del Dr. Daray) (14/4/1998, Intili J c/ Transporte Los Patricios SA,. JA 1999-I220, comentado favorablemente por Bueres-Vázquez Ferreira en Rev. del D. Privado y
comunitario, n
Parece compartir esta posición la Cámara Nacional Civil y Comercial Federal, sala 3
(decisión del 16/12/1985, JA 1986-IV-335), pues después de señalar que no hay opción, se
contenta, para otorgarla con el hecho de que no haya habido posibilidad de pronunciarse en
sede penal
8. Razones por las que adhiero a la segunda alternativa interpretativa.
Antes de ahora, y desde la actividad académica, me he pronunciado en favor de la segunda
alternativa (Responsabilidad civil: hacia la unificación de las órbitas contractual y
extracontractual, en Rev. del Colegio de Abogados de Puerto Rico, vol n
l a Junio
2000, pág. 60).
Explicaré las razones que me han llevado a sostener esta posición.
a) Interpretación gramatical.
El art. 1107, cuyo texto he reproducido más arriba, no contiene la exigencia de que el delito
haya sido declarado por un juez penal.
b) Interpretación sistemática.
Es verdad que un juez civil no puede aplicar una condena penal; no tiene competencia para
hacerlo. En cambio, nada impide que interprete una norma penal y declare si determinada
conducta descrita en forma objetiva encuadra o no en el tipo delictivo, pues esa declaración
forma parte de su jurisdicción, concepto más amplio que el de competencia. Aunque en
determinado asunto, no todos los jueces tienen competencia, todos tienen jurisdicción, en el
sentido de que todos pueden interpretar y aplicar el derecho.
¿Cuál sería la razón por la cual el ordenamiento jurídico autoriza a un juez penal a condenar
civilmente (art. 29 del CP) y, en cambio, no permitiría a un juez civil declarar, que a los efectos
de la apertura de la vía extracontractual civil, la conducta del autor encuadra en la figura del
art. 92 del Código Penal?.
La tesis que no acepta esta posibilidad provoca y genera otras asimetrías incomprensibles en el
sistema normativo, tales como:
– Fácticamente, impone a la víctima – y sin demasiadas posibilidades de éxito– la carga de
querellar. En efecto, normalmente a la víctima no le bastará denunciar, porque como mero
denunciante no podrá activar el proceso penal y, con toda seguridad, en un año no logrará tener
Apéndice de fallos
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sentencia condenatoria. Como sólo la querella suspende el curso de la prescripción de la acción
civil (art. 3982 bis) y la mera denuncia no tiene ese efecto, la víctima que pretenda ejercer un
derecho que la ley le concede, cual es el de optar civilmente por una vía que le permite ser
indemnizada no sólo de las consecuencias mediatas, sino también de las inmediatas, debe
buscar un abogado y querellar, para de ese modo tener, aunque más no sea, la posibilidad de
activar el procedimiento. Tal solución debilita no sólo el derecho constitucional de acceso a la
justicia (querellar no es gratis) sino las nuevas tendencias que intentan aliviar la pesada carga
de los procesos penales.
Más aún, ingresar como querellante en el proceso penal tampoco le da demasiadas esperanzas
de éxito oportuno asegurándose que tiene abierto el campo de la responsabilidad
extracontractual. Me explico:
El irregular, anormal, y a veces malo o pésimo funcionamiento del sistema judicial penal
argentino de nuestros días ha puesto en duda, incluso, la bondad de algunas soluciones
receptadas por Vélez Sársfield, en el siglo XIX, relativas a las relaciones entre la acción penal
y civil, entre otras, la del art. 1101 del Código Civil. Las tremendas dilaciones del proceso
penal (producidas no sólo por la necesidad de la comparecencia personal del imputado) muchas
veces provocan paralizaciones por tiempos prolongadísimos (cinco años y más) que pueden
significar, de hecho, una real frustración del derecho de la víctima a la indemnización. Por esta
razón, hace casi treinta años, la Corte Federal en el leading case del 20/11/1973, recaído in re
“Ataka” (LL 154-85, con nota aprobatoria de Bidart Campos, Germán, La duración razonable
del proceso) resolvió que el juez civil no está obligado a esperar la decisión penal si “las
circunstancias fácticas demuestran una dilación indefinida en el trámite que ocasiona agravio a
la garantía constitucional del derecho de defensa, produciendo una efectiva privación de
justicia”. La solución fue consolidada en el caso Zaccarías, del 28/4/1998 (JA 1999-1-361, con
nota aprobatoria, en este aspecto, de Trigo Represas, El caso “Zacarías”: un fallo con
importantes aportaciones, pero no obstante deficitario). Esta Sala, en diversos
pronunciamientos, ha seguido igual tendencia (Ver sentencias del 12/8/1993, recaída in re
“Cerdá, Fernández”, LAS 238-164, publicado en JA 1993-IV-399 y en Jur. de Mendoza 43-33
(y sus citas de la jurisprudencia y doctrina hasta su dictado), y del 21/5/1998, in re “Lucero,
Pascual G en j. 1092/15565 Martínez Amador c/Pascual Lucero o/Medidas Precautorias
s/Cas.", LAS 280 –148, publicado en LL 1999-A-63, Doc. Jud. 1999-1-69 y Rev. Resp. Civil
y Seguros, año I, n
Aunque el querellante tenga suerte, llamativamente el sistema penal funcione, y llegue en
forma oportuna al dictado de una sentencia, el destino de su opción puede no ser el mejor. En
efecto, pese a que originariamente la barrera para pasar al campo extracontractual se había
abierto (porque la acción penal estaba pendiente, art. 1101), al final, después de la absolución o
el sobreseimiento, se descubre que estaba cerrada; esa absolución no obliga al juez civil, que
podría condenar por la vía contractual (art. 1102), pero sí lo ata para decir que, en razón de la
absolución, no hubo delito penal ni en consecuencia opción y, por ello, al dictar sentencia,
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después de haberse tramitado todo el juicio civil, declara prescripta la acción extracontractual .
En tal sentido se ha resuelto: “Toda vez que en la causa penal se dictó sobreseimiento
provisional respecto del conductor del colectivo, atento a la inexistencia de opción en el caso
concreto, la cuestión atinente a la eventual responsabilidad de la transportista debe considerarse
reglada por el art. 855 del CC que establece la prescripción anual” (Cám. Nac. Civ. Sala F
15/3/1996, “González c/ Bogado”, JA 1997-I-643).
Queda pues, privado de toda lógica, imputar “culpa a la víctima, por no instar la causa penal”
(Conde, Héctor N y Suárez, R., Tratado sobre responsabilidad por accidentes de tránsito, Bs.
As., ed. Hammurabi, 1998, t 3 pág. 29); por el contrario, el riesgo de la opción se hace tan
grande, que desalienta a cualquier víctima de su intento de ejercer sus derechos en juicio.
– La falta de sintonía con las soluciones del ordenamiento a situaciones semejantes se
agudizan. Así, por ej., si como sostiene la mayoría de la doctrina y la jurisprudencia nacional
(posición que no comparto) el transporte benévolo genera sólo responsabilidad
extracontractual, el plazo de prescripción es de dos años; la acción contra quien lucra con la
actividad del transporte, en cambio, prescribe al año. En otros términos, el transportador
benévolo tiene sobre sus espaldas la espada de Damocles durante dos años; el transportador
oneroso, en cambio, sólo la tendrá en el caso excepcional de que la víctima haya obtenido
sentencia penal condenatoria y se haya animado a iniciar la acción civil antes del año, a riesgo
de que la justicia penal finalmente absuelva al imputado.
– La desarmonía se hace también patente cuando, vencido el plazo de prescripción anual contra
el empresario, sigue pendiente aún la acción contra el conductor del vehículo, a quien, como he
dicho, la jurisprudencia mayoritaria considera obligado extracontractualmente. Más aún, dado
que el conductor es considerado “asegurado” (aunque nunca suscribió un contrato de seguros
con la empresa), la aseguradora seguirá respondiendo hasta que venza el plazo de dos años,
aunque la acción esté prescripta contra su cliente-contratante (Cám. Nac. Civ. Sala H,
29/3/1999, Doc. Jud. 2002-2-399; conf. Bueres, A., y Vázquez Ferreira, Prescripción en el
contrato de transporte. Acción del pasajero contra el chofer dependiente, Rev. de D. Privado y
comunitario, n
ponsabilidad
contractual o extracontractual en el transporte público de pasajeros, plazos de prescripción y su
incidencia sobre el seguro de responsabilidad civil, en Rev. de D. Privado y Comunitario, n
19 pág. 246 y ss).
c) Interpretación axiológica, o por los resultados
Los autores coinciden en la injusticia del plazo breve de un año en materia de transporte
terrestre (Ver Molina Pico, Alejandro, El contrato de transporte de personas. Su prescripción.
Problemas que plantea, JA 1992-III-341; Conde, Héctor N y Suárez, R., Tratado sobre
responsabilidad por accidentes de tránsito, Bs. As., ed. Hammurabi, 1998, t 3 pág. 177 y ss).
Siendo así, es menester interpretar la ley de modo de atenuar y no de agudizar la injusticia.
Como dice Morello, la norma específica (el art. 1107) no se resiente de rigidez porque su
cometido es esencialmente el de ordenador de regímenes que giran sobre ejes propios, los que
Apéndice de fallos
Página 78
si bien no toleran que puedan ser usados de modo combinado, tampoco excluyen que, frente a
las particularidades de cada caso, evaluándose la conducta integral del agente, se admitan las
aperturas necesarias. Siempre será estéril y sólo logrará sacrificar el valor justicia, apegarse con
exceso a categorías rígidas, (Morello, indemnización del daño contractual t. I pág. 85 y ss;
conf. Trigo Represas, Félix A., Regímenes de responsabilidad civil contractual y
extracontractual en nuestro derecho positivo, JA 2001-II-1256).
d) Una última regla directriz: la interpretación restrictiva en materia de prescripción.
Los argumentos precedentemente expuestos permiten acudir, como última ratio, al criterio de
la interpretación restrictiva, por ser la prescripción un modo anormal de agotamiento de las
acciones que conducen a los derechos de las víctimas. Con este criterio se ha decidido: “Es
aplicable el plazo de prescripción por responsabilidad extracontractual (2 años) y no el del
contrato de transporte (un año) si no existe criterio jurisprudencial unánime sobre el
encuadramiento de la pretensión (reclamo por accidente sufrido en la escalera del subterráneo
antes de adquirir el cospel) habiendo el actor elegido el régimen extracontractual, pues si bien
ambos son autónomos, la privación de derechos no se presume, debiendo estarse a la solución
que preserve mejor la vigencia de la acción promovida” (Cám. Nac. Civ. Sala K, 4/7/2002, LL
2002-D-820).
9. Verdaderos alcances de la solución que propicio.
Obviamente, el juez civil debe razonar con coherencia y motivar su decisión; explicar por qué,
en el caso, está configurado un delito de derecho criminal. Así por ej., sería absurdo que
rechace la demanda contra el conductor del vehículo, sosteniendo que el daño no obedeció a su
culpa (sino, por ej., a un vicio propio de la cosa) y, al mismo tiempo, afirme la existencia de
un delito de derecho criminal imputándole el delito de lesiones culposas; o que condene a la
empresa, por un daño cuyo autor no ha sido individualizado, por un factor objetivo de
atribución, y al mismo tiempo señale la existencia de un delito de derecho criminal (por ej., la
víctima cae en una escalera mecánica que conduce a la estación de subterráneos, Cám. Nac.
Civ. Sala C, 3/6/2000, Doc. Jud. 2001-2-686 y LL 2001-C-299); o que afirme que la acción
deducida es la extracontractual, no obstante que, en todo momento, el actor, fundó su demanda
exclusivamente en el “derecho a ser transportado sano y salvo” (situación que se le presentó a
la Cám.. Civ. y Com. 5
-692, aunque la actora
también había mencionado, entre las normas aplicables, el art. 1109).
10. Razones específicas que inclinan la balanza a favor de la segunda alternativa interpretativa
al caso concreto.
Tengo la convicción que todas las razones gramaticales, sistemáticas y axiológicas antes
reseñadas son de plena aplicación al caso concreto. Valoro, especialmente, las siguientes
circunstancias:
a) En el caso, el actor no contrató con el demandado. Es verdad que el contrato celebrado por
la patronal sólo tenía sentido por la presencia de los empleados transportados y, en tal sentido,
Apéndice de fallos
Página 79
la situación puede guardar semejanzas con la estipulación a favor de un tercero, figura en la
cual, normalmente, ese “tercero” tiene acción contractual.
Sin embargo, otros supuestos en los que la relación contractual tiene sentido por la existencia
de un tercero generan, de acuerdo a la doctrina mayoritaria, responsabilidad extracontractual.
Por ej., la relación concedente-concesionario tiene sentido en tanto y en cuanto haya un usuario
que pague el peaje; sin embargo, un gran sector de trabajos monográficos y sentencias
consideran que la responsabilidad del concesionario de la ruta frente al usuario es
extracontractual (Ver, por ej., Cám. Nac. Civ. Sala G, 7/6/1995, Carnelli c/ Nuevas Rutas S.A.,
Doc. Jud. 1995-2-1110 y LL 1995-D-337, con nota aprobatoria de Poclava Lafuente,
Accidentes causados por animales en rutas otorgadas en concesión; Cám. Civ. Com. Familia y
Laboral de Río Tercero, 23/4/1997, Ciarroca c/ Red Vial Centro S.A., La Ley Córdoba, 1997
pág. 631).
El dependiente (el chofer, en el caso), tampoco es un extraño al contrato pues es él quien tiene
a su cargo el cumplimiento de la prestación del empresario. Sin embargo, la jurisprudencia
mayoritaria, mal o bien, ubica la responsabilidad de este “tercero” sin el cual el contrato no
funciona, en el ámbito extracontractual.
b) En el caso, el conductor del vehículo actuó en forma culposa; más aún, el juez de primera
instancia entendió, sin queja de los demandados, que la inobservancia de los reglamentos viales
había sido grave. No había pues razón, para que el juez civil no calificara esa conducta dentro
del tipo previsto en el art. 92 del Cód. Penal (se trata de un chofer profesional, que toma una
curva demasiado rápido, no choca con nadie, y finalmente vuelca el vehículo).
c) Está claro que el actor optó por la vía extracontractual. El hecho de relatar que era sujeto
transportado no priva de veracidad a este aserto, desde que:
– El actor demandó también al conductor y, como se ha visto, esta acción, conforme la doctrina
y jurisprudencia mayoritaria, es de naturaleza extracontractual.
– Además de la consabida frase (era persona transportada), necesaria en el relato verídico de
los hechos, la demanda menciona hechos típicos de la responsabilidad extracontractual del
principal, cuáles son, que la conducta del chofer o dependiente era típicamente culposa.
11. Conclusiones.
Por todo lo expuesto, considero que la sentencia recurrida no ha subsumido correctamente los
hechos en la causa y, consecuentemente, no debió declarar prescripta la acción contra el
demandado Julio C. Elmelaj; por el contrario, debió rechazar el recurso de apelación deducido
por éste y, consecuentemente, incluirlo en la condena, tal como lo había hecho la sentencia de
primera instancia.
IV. EL RECHAZO DEL RUBRO “DAÑO ESTÉTICO” y LA CONDENA EN COSTAS AL
ACTOR POR EL RUBRO RECHAZADO.
1. … [Omissis]
Apéndice de fallos
Página 80
V. CONCLUSIONES GENERALES.
Por lo expuesto, propongo a mis colegas de Sala modificar la sentencia recurrida y,
consecuentemente, modificar la parte resolutiva de la siguiente manera:
1. Rechazar el recurso de apelación deducido por el Sr. Julio César Elmelaj y, en consecuencia,
dejar inmodificado el dispositivo I de la sentencia de primera instancia.
2. Imponer las costas a los demandados, debiendo regularse los honorarios de todos los
profesionales sobre los montos de condena.
Así voto.
Sobre la misma cuestión los Dres. ROMANO y MOYANO, adhieren por sus fundamentos al
voto que antecede.
A LA SEGUNDA CUESTIÓN LA DRA. AÍDA KEMELMAJER DE CARLUCCI, dijo:
De conformidad al resultado al que se arriba en el tratamiento de la cuestión anterior,
corresponde hacer lugar, parcialmente, a los recursos de Inconstitucionalidad y Casación
deducidos y, en consecuencia, modificar la resolución recurrida, rechazar el recurso de
apelación interpuesto por el Sr. Julio César Elmelaj, mantener el monto de condena de primera
instancia y suprimir la imposición de costas por el rechazo del rubro daño material, debiendo
adecuar las regulaciones de honorarios de todos los profesionales a lo resuelto en esta sede..
Así voto.
Sobre la misma cuestión los Dres. ROMANO y MOYANO adhieren al voto que antecede.
A LA TERCERA CUESTIÓN LA DRA. AÍDA KEMELMAJER DE CARLUCCI, dijo:
Atento lo resuelto en las cuestiones que anteceden, corresponde imponer las costas de esta
instancia a la parte recurrida vencida (Arts. 36-I y 148 del C.P.C.).
Así voto.
Sobre la misma cuestión los Dres. ROMANO y MOYANO adhieren al voto que antecede.
Con lo que terminó el acto, procediéndose a dictar la sentencia que a continuación se inserta:
SENTENCIA:
Mendoza, 09 de diciembre de 2002.
Y VISTOS:
Por el mérito que resulta del acuerdo precedente, la Sala Primera de la Excma. Suprema Corte
de Justicia fallando en definitiva,
RESUELVE:
Apéndice de fallos
Página 81
I) Hacer lugar, parcialmente, a los recursos de Inconstitucionalidad y Casación interpuestos a
fs. 23/36 vta. y, en consecuencia, modificar la sentencia de fs. 382/402 de los autos principales,
la que queda redactada de la siguiente manera:
1
2
3
CUATROCIENTOS TREINTA Y DOS ($ 432); Dr. Federico HILGER SIRI en la suma de pesos
CIENTO TREINTA ($ 130) y Dra. María Alejandra FERNÁNDEZ en la suma de pesos
TRESCIENTOS DOS ($ 302) (Arts. 15 y 31, Ley 3641)”.
4
ducido por la parte actora y, en
consecuencia, modificar la sentencia de fs. 298/303 vta., la que queda redactada de la siguiente
manera:
I. Hacer lugar, parcialmente, a la demanda interpuesta por Daniel Edgardo Bravo Berardi a fs.
1/6 en contra de Julio César Roque Elmelaj y Pablo Osvaldo Scarelli y en consecuencia,
condenar a los mismos a que dentro del término de DIEZ DÍAS de quedar firme y consentida
la presente abonen al actor la suma de pesos NUEVE MIL ($ 9.000), con más el interés que
establece la ley 4087 (5% anual) desde el 5/12/1991 y hasta la fecha de esta sentencia,
debiendo a partir de la misma imponerse la tasa que cobra el Banco de la Nación Argentina
hasta su total cancelación.
II. Imponer las costas a la parte demandada que resulta vencida.
III. Regular los honorarios profesionales …
IV. Regular los honorarios de los peritos …”
r los honorarios …”.
5
II) Imponer las costas de esta instancia a la parte recurrida vencida.
III) Regular los honorarios …) y Dra. María Alejandra FERNÁNDEZ, en la suma de pesos
NOVENTA Y UNO ($ 91).
Notifíquese.
13. C.S.N. - junio 29-2004 – “Coco, Fabián A. c. Provincia de Buenos
Aires y ot.” - L.L. 08/11/2004 pág. 4, con nota de Mario Folchi –
R.C.yS. To. 2004-X pág. 57 – D.J. 01/12/2004 pág. 1021
HECHOS:
Un pasajero de un vuelo de bautismo realizado a bordo de un bote con aptitud de vuelo sufrió
lesiones en una de sus manos al entrar en contacto con la hélice del artefacto. Se interpuso
Apéndice de fallos
Página 82
demanda contra la Prefectura Naval Argentina y contra el dueño de la aeronave. La Corte
hizo lugar a la demanda entablada contra la Prefectura, pero declaró prescripta la acción
contra el propietario de la nave.
SUMARIOS:
1. Corresponde responsabilizar a la Prefectura Naval Argentina por las lesiones sufridas
por una persona durante un vuelo "de bautismo" en un bote con aptitud para vuelo, toda
vez que la responsabilidad de dicha repartición estatal se funda en la omisión del deber
de seguridad -en el caso, no indagó al propietario del aeronave sobre la existencia de
habilitación para realizar vuelos- que el imponía el ámbito jurisdiccional en el cual
operaba el artefacto, en tanto éste utilizaba para despegar las aguas ribereñas.
2. Cabe considerar prescripta la acción de daños y perjuicios incoada contra el propietario
de una aeronave por las lesiones sufridas por un pasajero durante un vuelo de bautismo,
pues aún cuando no pudiese considerarse una operación de transporte por no importar
el traslado de un lugar a otro, resulta aplicable por analogía el plazo de prescripción
anual previsto en el art. 228 del Cód. Aeronáutico.
TEXTO (Parte pertinente):
Buenos Aires, junio 29 de 2004.
Resulta:
I. A fs. 20/31 se presenta por medio de apoderado Fabián Alejandro Coco e inicia demanda
contra Fermín Rey, el Estado Nacional (Prefectura Naval Argentina - Destacamento Reforzado
Quilmes), contra la Provincia de Buenos Aires, la Municipalidad de Quilmes y/o quien resulte
propietario y/o poseedor y/o tenedor y/o usuario y/o usufructuario y/o civilmente responsable
por los daños causados por y con el bote semirígido con aptitud para vuelo, matrícula
Prefectura 2234 Quil.
Dice que el 24 de setiembre de 1995, en horas de la tarde, mientras se encontraba en la zona
ribereña de la localidad de Quilmes disfrutando de un día de esparcimiento en el balneario
municipal que se extiende paralelamente a la avenida Cervantes, observó que sobrevolaba la
zona una aeronave de características muy particulares a bordo de la cual se encontraban el
piloto y un pasajero. Desde tierra pudo apreciar que en la parte inferior de la aeronave aparecía
sobre un fondo blanco la palabra "paseo" escrita en grandes letras de color negro.
Atraído por la posibilidad de efectuar un vuelo se dirigió a la playa que se encuentra a pocos
metros del destacamento de la Prefectura ya que en ese lugar la aeronave operaba en maniobras
de decolaje y acuatizaje y era allí donde se encontraba su titular y se estacionaba entre cada
salida. Tomó entonces contacto con el demandado Rey, quien le ofreció la posibilidad de
Apéndice de fallos
Página 83
realizar un viaje, para lo cual le indicó que debía esperar aproximadamente treinta minutos
puesto que tenía que cambiar la hélice que hasta ese momento estaba usando. Después de un
breve lapso el demandado lo invitó a ingresar a bordo sin darle más indicaciones que las
concernientes a los lugares en los que debía pisar y al uso del cinturón de seguridad. Ante su
requisitoria -afirma el actor- le manifestó "que no habría ningún problema, que era muy
seguro".
Dice que se introdujo en la nave y que tomó asiento en la parte posterior colocándose el
cinturón de seguridad. El asiento o butaca se encontraba a una altura superior con respecto al
del piloto que estaba situado en la parte delantera y a escasos veinte o treinta centímetros por
delante del motor de la aeronave del cual emergía hacia atrás el eje que hacía girar la hélice.
Estos elementos y en especial la hélice que giraba a altísimas revoluciones a pocos centímetros
de la espalda del pasajero, no contaban con ningún tipo de protección o cobertura sino que, por
el contrario, estaban totalmente al descubierto aumentando de modo considerable la
peligrosidad que de por sí tienen los elementos de ese tipo máxime cuando funcionan
excesivamente cerca de las personas y aún más, en este caso, tratándose de pasajeros
inexpertos.
Dice que una vez todo dispuesto, el conductor hizo desplazar la nave por las aguas del Río de
la Plata hasta que alcanzó la velocidad necesaria para decolar y que ya en el aire fue
ascendiendo hasta alcanzar una altura aproximada de cincuenta metros, siempre sobrevolando
el río de espaldas a la costa. Después de unos pocos minutos -continúa- el piloto hizo girar la
nave ciento ochenta grados y la dirigió hacia la zona de ribera y, mientras sobrevolaba la zona
del Club Náutico, entre el destacamento de Prefectura y el Club Pejerrey, viró en contra del
viento, lo generó una especie de temblor o cimbronazo que por lo fuerte y repentino descolocó
al actor que se encontraba relajado disfrutando del paseo. Ese brusco movimiento sacudió su
cuerpo y a causa de ello su mano derecha fue succionada por el vacío provocado por la hélice
al intentar mantenerse en equilibrio y sujetarse nuevamente de la nave. Ello ocasionó un gran
ruido que hizo que el demandado se diera vuelta para ver que había pasado pero no pudo
observar nada por lo que siguió conduciendo hasta que el actor golpeó su casco y le mostró la
mano lesionada.
Ocurrido el infortunio el piloto hizo acuatizar la nave a unos doscientos metros de la orilla y
ante su retardo en desplazarse hacia la playa, se vio en la necesidad de arrojarse al agua y
caminar en busca de auxilio. Cuando llegó a la guardería náutica "Malibet" donde estaban sus
familiares y amigos, un médico allí presente comprobó la gravedad de las lesiones y se
comunicó con el Sanatorio Modelo Quilmes S.A. donde fue atendido constatándose la
amputación parcial de la falange distal del dedo anular y del mayor y la del dedo índice a la
altura de la falange proximal. Estas lesiones, su alcance y consecuencias, constan en el informe
médico elaborado por el doctor Guillermo Gustavo Macia que acompaña.
Dice que el daño sufrido ha alterado su vida, afectando su integridad física y espiritual y
ocasionándole importantes gastos. Por ello reclama por el daño físico y el moral, los gastos de
atención médica y psicológica y los de farmacia. También demanda el daño estético.
Apéndice de fallos
Página 84
Expone los fundamentos de la responsabilidad del demandado Rey basada en los daños
causados con una cosa riesgosa lo que hace aplicable al caso el segundo párrafo del art. 1113
del Cód. Civil y en la carencia de habilitación de la nave y del propio piloto. Asimismo
atribuye responsabilidad a los entes estatales que -sostiene- no han ejercido idóneamente el
poder de policía de seguridad que a cada uno le competía.
II. A fs. 39/41 comparece la Municipalidad de Quilmes. Realiza una negativa de carácter
general y plantea la falta de legitimación pasiva a su respecto. … [Omissis]
III. A fs. 153/160 se presenta la Prefectura Naval Argentina.
Plantea en primer término la excepción de falta de legitimación pasiva … [Omissis].
IV. A fs. 190/199 contesta la Provincia de Buenos Aires. Opone la excepción de falta de
legitimación pasiva … [Omissis]
V. A fs. 223/239 contesta Fermín Rey. Expone una negativa de carácter general respecto de los
hechos relatados en la demanda y rechaza las indemnizaciones pretendidas. Opone, también, la
prescripción del art. 855 del Cód. de Comercio aplicable en el supuesto de entenderse que
medió un contrato de transporte.
… [Omissis]
Considerando: 1°) Que este juicio es de la competencia originaria de la Corte Suprema (arts.
116 y 117, Constitución Nacional).
2°) Que corresponde en primer lugar estudiar la falta de legitimación pasiva planteada por la
Prefectura Naval, la Provincia de Buenos Aires y la Municipalidad de Quilmes.
3°) … [Omissis].
4°) … [Omissis]
5°) … [Omissis]
6°) Que corresponde, asimismo, decidir sobre la prescripción opuesta por el codemandado Rey
con fundamento en el art. 855 del Cód. de Comercio para el supuesto de que "se considerara el
caso encuadrado en los términos del contrato de transporte" (fs. 238/239).
El hecho que dio origen a estas actuaciones puede ser comprendido como una actividad
aeronáutica destinada a ofrecer vuelos calificables como de "bautismo" a terceros, aun cuando
no pudiese considerarse una operación de transporte por no importar el traslado de un lugar a
otro, y ha de reglarse por analogía según las normas correspondientes a los supuestos
ordinarios del transporte aéreo (confr. Videla Escalada, Federico, "Derecho Aeronáutico", t.
IV-B ps. 798 y 811).
Este marco legal conlleva la aplicación del plazo de prescripción anual del art. 228 del Cód.
Aeronáutico, que se encontraba vencido al tiempo de entablar la demanda. Por ello,
corresponde admitir la excepción de prescripción opuesta por el codemandado Rey.
7°) Que en cuanto al fondo de la cuestión, … [Omissis]
Apéndice de fallos
Página 85
Por ello, se decide: I.- Rechazar los reclamos interpuestos contra la Provincia de Buenos Aires
y contra la Municipalidad de Quilmes. Con costas (art. 68, Cód. Procesal Civil y Comercial de
la Nación); II.- Hacer lugar a la prescripción opuesta y, en consecuencia, rechazar la demanda
con relación a Fermín Rey; III.- Hacer lugar a la demanda seguida contra el Estado Nacional,
condenándolo a pagar dentro del plazo de treinta días la suma de $ 144.681,50 con más los
intereses que se liquidarán en la forma indicada en el considerando precedente. Con costas (art.
68 ya citado).- Enrique S. Petracchi.- Augusto C. Belluscio.- Antonio Boggiano.- Adolfo R.
Vázquez.- Juan C. Maqueda - E. Raúl Zaffaroni.
14. C.N. Apel. Civil y Com. Federal, sala I - marzo 13-2003 ”Zugnoni,
María D. c. Fuerza Aérea Argentina” L.L. To. 2003-D pág. 664
HECHOS:
La alzada, confirmando el fallo de primera instancia, desestimó la defensa opuesta por la
Fuerza Aérea Argentina en una acción de daños y perjuicios entablada contra la misma
debido a un siniestro aéreo, imputándosele omisiones y negligencia en su actividad de
contralor.
SUMARIOS:
1. Es aplicable el plazo bienal de prescripción previsto en el art. 4037 del Cód. Civil a la
acción de daños y perjuicios promovida contra la Fuerza Aérea Argentina, a raíz de un
siniestro aéreo, alegándose la existencia de omisiones y negligencias de dicha
repartición que pondrían de relieve su accionar negligente en la actividad de contralor
que le es inherente, supuesto que debe encuadrarse en el ámbito de la responsabilidad
extracontractual.
TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia. - Buenos Aires, marzo 13 de 2003.
Considerando: 1. La resolución apelada desestimó la defensa de prescripción opuesta por la
demandada, con costas a la vencida.
Para así resolver, el señor Juez se remitió a lo ya decidido en la análoga causa 6441/99, del
12/08/2002 -adjuntando copia certificada de la respectiva resolución-, oportunidad en la cual el
magistrado consideró que "la acción intentada se encuadra en el ámbito de la responsabilidad
extracontractual, por lo que prescribe a los dos años, conforme lo prevé el art. 4037 del Código
Civil, no resultando de aplicación el art. 228, inc. 1° del Código Aeronáutico" y ello así porque
en ese caso el actor afirma "que la Fuerza Aérea no ejerció debidamente el poder de policía a
que está obligada, sobre la transportista".
Los agravios de la parte demandada refieren que el de autos es un tema aeronáutico y debe
fallarse con aplicación de lo establecido en dicha rama jurídica; que la autonomía del derecho
Apéndice de fallos
Página 86
aeronáutico desplaza la aplicación de cualquier otra norma del derecho común y que, en
definitiva, debe aplicarse el plazo anual de prescripción establecido por el art. 228 del Cód.
Aeronáutico.
Por su parte, la actora solicitó que se confirme lo decidido en la resolución apelada, por las
razones que expone.
2. Así planteados los agravios del apelante, se advierte que la cuestión a resolver consiste en
determinar si estos autos se encuentran -o no- sujetos al régimen aeronáutico y a su específico
plazo de prescripción.
3. Para resolver esta cuestión debe estarse, en primer lugar, a los términos de la demanda, a
efectos de identificar con precisión cuál es la índole fáctica y la naturaleza jurídica del reclamo
de autos.
Así las cosas, cabe destacar que la demanda tiene por objeto obtener la reparación de los daños
y perjuicios ocasionados por el "actuar negligente y las omisiones en el ejercicio de las
actividades funcionales que le competen a la Fuerza Aérea Argentina", encuadrando dicho
reclamo dentro de la "denominada responsabilidad extracontractual" -cfr. fs. 270 vta.-, con cita
de los "artículos 1068, 1069, 1078, 1109, 1112, siguientes y concordantes del Código Civil", cfr. fs. 278 vta.-.
A modo ilustrativo, cabe destacar que, en su escrito de demanda, el actor afirma que la Fuerza
Aérea Argentina "habilitó la aeronave en cuestión no obstante el flagrante incumplimiento de
lo dispuesto por la DNAR 25.1346 por parte de la empresa transportista, norma que tiene
carácter obligatorio y que prescribe que las aeronaves deben tener una alarma luminosa, color
ámbar, que indique fallas en el sistema de tubos pitot"; que la prórroga otorgada por la
autoridad aeronáutica a la aerolínea Austral para cumplir con la instalación de dicha alarma
luminosa fue "concedida con posterioridad al siniestro del 10 de octubre de 1997"; que la
Fuerza Aérea omitió realizar una investigación paralela a la que llevó a cabo la Junta
Investigadora del país donde ocurrió el accidente (República Oriental del Uruguay) -fs.
262/vta. y que la Fuerza Aérea Argentina "no ha impugnado la validez o legitimidad del
informe final de la C.I.A.D.A., por lo que debe inferirse de ello que ha consentido su
contenido", entre muchas otras manifestaciones que indican omisiones y/o irregularidades en la
actuación del Estado Nacional.
De esta manera, se advierte que el reclamo de autos no es una acción derivada del contrato
aéreo, ni está referido a cuestionar la responsabilidad contractual del transportador aéreo o a
obtener de éste la reparación de daños a los pasajeros o a cosas transportadas; sino que, en
rigor de verdad, el mismo versa sobre la atribución concreta de responsabilidad
extracontractual al Estado Nacional - Fuerza Aérea Argentina con fundamento en las
omisiones y/o el accionar negligente por su parte en su actividad de contralor, reclamo que, por
carecer de un régimen propio y específico, debe ser resuelto por las normas de derecho común
que contiene el Código Civil. Es aplicable, pues, el plazo de prescripción que establece el
artículo 4037 de este último Código; no existiendo -en el caso- ninguna razón jurídicamente
relevante para apartarse de dicho régimen normativo.
Apéndice de fallos
Página 87
Efectivamente, no debe perderse de vista que en este caso no se reclama la responsabilidad del
transportista aeronáutico, sino que se pretende demostrar la existencia objetiva de omisiones y
negligencias que justifiquen la responsabilidad extracontractual del Estado Nacional - Fuerza
Aérea Argentina, todo lo cual obsta a considerar aplicable al caso el plazo de prescripción
invocado por la demandada.
Por todo lo expuesto, se resuelve: Confirmar la resolución de fs. 331. Las costas de la alzada se
imponen a la demandada vencida (arts. 68 y 69, Cód. Procesal).
Se difiere la regulación de los honorarios correspondientes a la actuación ante esta Alzada para
el momento en que se dicte la sentencia definitiva. - María S. Najurieta. - Martín D.Farrell. Francisco de las Carreras.
15. C.S.N. – abril 16-1998 “Rossi, Sarubbi, Maximiliano J. c. Cielos del
Sur S. A. y otros” L.L. To 2000-A pág. 561, (42.306-S) - JA To. 1998-IV pág.
211 con nota del Dr. Bustamante Alsina - ED To. 181 pág. 662
SUMARIOS:
1. El Código Aeronáutico (Adla, XLI-A, 1289) establece un régimen especial de
responsabilidad contractual y extracontractual, particularmente en lo que respecta a la
responsabilidad por los daños ocasionados a terceros en la superficie, lo cual conjuga
los principios que se fundan en el riesgo creado por las aeronaves en vuelo con los
intereses propios de la navegación aérea, que preserva la celeridad en la solución de los
conflictos y la contingencia del descalabro económico financiero para todo operador
aéreo.
2. El régimen del derecho aeronáutico, en los términos del art. 2° del Cód. Aeronáutico
(Adla, XLI-A, 1289), sólo recurre a la aplicación de leyes análogas o a los principios
generales del derecho común cuando una cuestión no esté prevista en el código ni en
los principios generales del derecho aeronáutico ni en los usos y costumbres de la
actividad aérea.
3. Las normas generales del Código Civil no resultan pertinentes, por haber establecido el
Código Aeronáutico (Adla, XLI-A, 1289) un régimen específico que regula las diversas
cuestiones jurídicas que se originan en el fenómeno técnico de la navegación y las
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relaciones jurídicas -tanto contractuales como extracontractuales- que nacen de su
ejercicio.
4. De la exégesis del art. 155 del Cód. Aeronáutico (Adla, XLI-A, 1289) surge que, para
aplicar el régimen especial de responsabilidad por daños a terceros en la superficie, el
hecho fuente de la obligación de indemnizar -en el caso, el daño producido por el
impacto de la aeronave en la superficie- debe integrarse con que el daño provenga de
una aeronave en vuelo.
5. Cuando se trata de la caída de un aeroplano, las normas regulatorias de la
responsabilidad del explotador aeronáutico por daños en la superficie, juegan
únicamente en lo concerniente a los perjuicios que sean consecuencia directa de tal
evento (del voto en disidencia de los doctores Moline O'Connor, López y Vázquez).
6. Cuando el daño no sea consecuencia directa de la caída, pues se ha producido fuera de
la actividad del vuelo, no cabe concebir a la aeronave como instrumento del daño, por
tanto, las reglas jurídicas que regulan la responsabilidad del explotador aeronáutico
cesan en su operatividad, para dar paso a otras (del voto en disidencia de los doctores
Moliné O'Connor, López y Vázquez).
7. Son inaplicables las reglas referentes a la responsabilidad del explotador aeronáutico
por daños a terceros en la superficie, ya que el daño no provino de una aeronave en
vuelo en los términos exigidos por el Código Aeronáutico (Adla, XLI-A, 1289), toda
vez que -en el caso- aquel perjuicio se configuró cuando el menor tomó contacto visual
con los restos incendiados del avión y los cadáveres carbonizados de pasajeros, al
concurrir al lugar del hecho para prestar socorro a las víctimas, lo cual pone en claro
que el perjuicio invocado se relacionó con el ejercicio de una actividad -el socorro a las
víctimas- que la ley somete a reglas jurídicas particulares (del voto en disidencia de los
doctores Moliné O'Connor, López y Vázquez).
8. Tratándose del reclamo de supuestos daños que se habrían producido, en definitiva, con
motivo o en ocasión del ejercicio de una actividad que se desplegó para socorrer
víctimas de un accidente aeronáutico, la norma más próxima que rige la cuestión de la
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prescripción de la acción indemnizatoria pertinente es la del art. 229 del Cód.
Aeronáutico (Adla, XLI-A, 1289), aplicable por analogía en función de lo previsto en el
art. 2° del mismo cuerpo normativo (del voto en disidencia de los doctores Moliné
O'Connor, López y Vázquez).
9. El hecho dañoso se configuró cuando -en el caso- el menor tomó contacto visual con
los restos esparcidos del avión al concurrir al lugar del accidente, no provino de una
aeronave en vuelo en los términos exigidos por el Código Aeronáutico (Adla, XLI-A,
1289), pues el detenimiento total de la máquina, como consecuencia del accidente, pone
límite a aquel concepto, sin que sea factor relevante que la caída del avión haya
acontecido durante las maniobras previas al aterrizaje. Por tanto, dado que la aeronave
se hallaba totalmente detenida al momento de ser avistada por el recurrente, no puede
considerarse el caso comprendido dentro de la prescripción del art. 228 inc. 2°. (Del
voto en disidencia del doctor Bossert).
10. Son inaplicables las normas específicas que regulan los daños ocasionados por
aeronaves en vuelo a terceros en la superficie, toda vez que el artefacto, al caer,
destruirse y encontrarse detenido como consecuencia del siniestro, dejó de ser tal para
convertirse en restos y despojos, los cuales fueron avistados por el actor.
TEXTO COMPLETO:
Buenos Aires, abril 16 de 1998.
Considerando: 1º) Que la Sala Civil de la Cámara Federal de Apelaciones de Misiones, al
revocar el fallo de la instancia anterior, hizo lugar a la excepción de prescripción planteada
como de previo y especial pronunciamiento por la demandada, en razón de que las
circunstancias fácticas probadas en el sub lite debían ser subsumidas en las normas del Código
Aeronáutico. Contra este pronunciamiento el actor interpuso el recurso extraordinario de fs.
120/142, que fue concedido a fs. 292/293 vta.
2º) Que, simultáneamente a la deducción de la apelación federal, el vencido planteó incidente
de nulidad del procedimiento y por tanto de la sentencia definitiva, toda vez que se había
omitido dar intervención al defensor oficial -arts. 59 y 494 del Código Civil-. Tal incidente y
otros tantos que se plantearon por el mismo motivo fueron desestimados, lo que originó que el
demandante dedujera los recursos extraordinarios de fs. 253/260 y 272/282, que fueron
rechazados a fs. 294/295 y 296/297, respectivamente.
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3º) Que al no existir constancias de haberse interpuesto recursos de queja, la sentencia de este
Tribunal ha de limitarse a analizar el agravio que se sustenta -según surge del recurso
extraordinario de fs. 120/142- en la interpretación y aplicación de las normas de carácter
federal en juego. Por lo que la apelación federal deducida es formalmente admisible, sin que
obste a ello la circunstancia de que deban analizarse cuestiones de hecho y prueba, pues tales
aspectos están inescindiblemente ligados con la interpretación del derecho federal (confr.
doctrina de Fallos: 301:1194 y 307:493, entre otros).
4º) Que la presente causa se origina por el reclamo de una indemnización por los daños
psíquico y moral sufridos por el menor Maximiliano José Rossi a consecuencia de haber tenido
que presenciar -el 12 de junio de 1988- en el inmueble de propiedad de su padre un accidente
aéreo y sus secuelas, tales como el incendio del avión y el despido de algunos cuerpos
carbonizados de las personas que iban a bordo (ver. fs. 20 y 26 vta.).
5º) Que la cámara consideró que tal accidente debía regirse por las normas del Código
Aeronáutico referentes a la responsabilidad objetiva por los daños producidos por aeronaves a
terceros en la superficie y, en consecuencia, que era de aplicación la prescripción de un año. En
cambio, el recurrente pretende que se subsuma el sub judice en las normas de derecho civil en
razón de que el daño no fue producido por una aeronave en vuelo, sino por el solo contacto
visual del actor con el avión envuelto en llamas y con los cadáveres que habían sido
expulsados de él. De ahí que solicita que se aplique el plazo de prescripción del art. 4037 del
Código Civil, pues sostiene que el a quo ha realizado una exégesis inadecuada de los arts. 155
y 156 del Código Aeronáutico, lo que constituye cuestión federal que habilita el recurso
extraordinario.
6º) Que el Código Aeronáutico establece un régimen especial de responsabilidad contractual y
extracontractual, particularmente en lo que respecta a la responsabilidad por los daños
ocasionados a terceros en la superficie. Ello tiene su razón de ser en que deben conjugarse los
principios que se fundan en el riesgo creado por las aeronaves en vuelo con los intereses
propios de la navegación aérea, en cuanto éstos tienden a preservar la mayor celeridad en la
solución de los conflictos y cubrir la contingencia del descalabro económico financiero para
todo operador aéreo. Tales particularidades se proyectan en otras instituciones propias del
derecho aeronáutico como la limitación de la responsabilidad y el plazo breve de prescripción.
7º) Que lo expuesto en el considerando precedente tiene sustento normativo en el art. 2º del
Código Aeronáutico, en cuanto sólo recurre a la aplicación de leyes análogas o a los principios
generales del derecho común cuando una cuestión no esté prevista en el código ni en "los
principios generales del Derecho Aeronáutico ni en los usos y costumbres de la actividad
aérea". En tal sentido ha resuelto este Tribunal en Fallos: 314:1043 que las normas generales
del Código Civil no resultan pertinentes, por haber establecido el Código Aeronáutico un
régimen específico que regula las diversas cuestiones jurídicas que se originan en el fenómeno
técnico de la navegación y las relaciones jurídicas -tanto contractuales como
extracontractuales- que nacen de su ejercicio.
8º) Que de la exégesis del art. 155 del código citado surge que, para aplicar el régimen especial
de responsabilidad por daños a terceros en la superficie, el hecho fuente de la obligación de
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indemnizar -que en el caso sería el daño producido por el impacto de la aeronave en la
superficie- debe integrarse con un presupuesto esencial, es decir, que aquel daño provenga de
una "aeronave en vuelo". Por ello, resulta imprescindible definir esta expresión con rigor
jurídico, pues de la conclusión que se obtenga depende el régimen de responsabilidad aplicable
al sub lite.
9º) Que la línea separativa entre los conceptos "en vuelo" y su opuesto "no en vuelo", según
surge de los términos del art. 156 del código citado, aparece nítidamente trazada sobre la base
de un elemento objetivo, consistente en la aplicación de la fuerza motriz para despegar -que
necesariamente debe ser anterior a la iniciación del movimiento- y la finalización del recorrido
del aterrizaje -que tiene lugar cuando la aeronave detiene su fuerza motriz y su movimiento-.
Pero, además, se requiere el cumplimiento de un elemento teleológico, es decir, la finalidad por
la cual se aplica o detiene la fuerza motriz, porque si lo es para iniciar un vuelo o para
finalizarlo normalmente, se cumple el fin tenido en mira por la norma, lo que no sucede si se
encienden los motores del avión para su desplazamiento en tierra con otras finalidades.
10) Que, en el sub lite, se desprende claramente tanto del escrito de demanda como,
particularmente, de las transcripciones de las declaraciones prestadas por los testigos en la
causa penal, que el hecho dañoso se configuró mediante una sucesión de actos
interrelacionados y dependientes entre sí, que provocaron el presunto resultado nocivo.
Además, que ese hecho provino de una aeronave en vuelo pues, debido a los bancos de niebla
intensos, el avión de la línea aérea Austral -al pretender descender para aterrizar y terminar así
su recorrido- impactó primero con la arboleda existente en el inmueble de propiedad del padre
del actor, recorrió aproximadamente 300 metros y, tras perder altura, se estrelló e incendió (ver
inspección ocular realizada en sede penal, transcripta a fs. 6/6 vta. de la demanda;
declaraciones prestadas por el controlador del tránsito aéreo, por el albañil Sosa -quien
presenció el accidente-, y por el metereólogo de guardia a la hora y fecha del desastre aéreo,
transcriptas a fs. 8 vta./10, 12 vta./13, y 13 vta./14, respectivamente).
11) Que, en tales condiciones, y sin que puedan escindirse las secuelas del accidente del hecho
causante de ellas, como pretende el recurrente, las normas que regulan el sub judice son las
referentes a la responsabilidad especial del derecho aeronáutico, pues -como ya se ha
mencionado en los considerandos precedentes- éstas tienen preeminencia con respecto a las
normas del derecho común.
Entre aquellas normas, no resultan aplicables los plazos de prescripción establecidos en la
Convención de Roma de 1952, ratificada por la República Argentina mediante la ley 17.404,
sobre la responsabilidad aeronáutica por daños causados por aeronaves extranjeras a terceros
en la superficie ya que, aun cuando la aeronave con la que se causó el siniestro estaba
matriculada en los Estados Unidos de Norteamérica, este país no es parte contratante -a
diferencia del nuestro- en la citada convención (conf. art. 23, punto 1).
En cambio y como corolario de lo expuesto, el plazo de prescripción que debe aplicarse es el
que establece el art. 228, inc. 2º, del Código Aeronáutico. En igual sentido se ha expedido esta
Corte, pero con respecto a un accidente por abordaje (ver Fallos: 314:1043).
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12) Que, en efecto, en el precedente citado ut supra se resolvió que correspondía dejar sin
efecto el pronunciamiento apelado que había rechazado la excepción de prescripción, fundada
en el art. 228, inc. 3, del Código Aeronáutico, al haber considerado aplicable el art. 4037 del
Código Civil, pues no resultaban pertinentes las normas generales del derecho civil, por haber
establecido el derecho de la navegación aérea un régimen específico en materia de
prescripción.
13) Que, finalmente, también se ha controvertido en autos el alcance que debe otorgarse a la
norma citada pues, mientras el recurrente pretende computar el plazo de la prescripción desde
que se determinó objetivamente la incapacidad psíquica -1º de diciembre de 1989, fecha del
certificado médico- el a quo, por su parte, y sobre la base de una interpretación literal de la
norma, la hace correr desde la fecha del hecho dañoso -junio de 1988- habida cuenta de que
desde ese momento el menor pudo tener conocimiento del daño.
14) Que este Tribunal ha resuelto en reiteradas oportunidades que la exégesis de las normas
legales debe practicarse sin violencia de su letra y de su espíritu, con el propósito de efectuar
una interpretación que no resulte ajena a lo que la ley establece (Fallos: 314:1422), desde que
la primera fuente de hermenéutica de la ley es su letra (Fallos: 314:458). Si la ley emplea
determinados términos, la regla de interpretación más segura es la de que esos términos no son
superfluos, sino que han sido empleados con algún propósito, por cuanto, en definitiva, el fin
primordial del intérprete es dar pleno efecto a la voluntad del legislador (Fallos: 314:458).
Sobre la base de tales pautas y del dinamismo propio de todo el hecho técnico que genera el
derecho aeronáutico, se debe interpretar el art. 228, inc. 2, del código citado.
15) Que, en efecto, aquella norma establece que el plazo de un año debe ser computado desde
que se produjo el hecho o desde que se "pudo tener conocimiento del daño". Es decir, no exige
una determinación objetiva del daño -como lo hacen las normas laborales que rigen en materia
de infortunios de los empleados- sino que basta con que se haya podido tener un conocimiento
razonable de aquél, sin que obste a ello que la incapacidad se encuentre en evolución o no se
haya especificado, en forma concreta, su porcentaje.
16) Que, en consecuencia, y según surge del certificado médico de fs. 4, el daño psíquico
sufrido por el actor sobrevino a la fecha del evento dañoso y se manifestó al finalizar el año
1988. Ello es así, pues el actor no pudo concluir el primer año del colegio y tuvo que hacer un
tratamiento psicológico intensivo durante los seis meses posteriores al accidente aéreo. De ahí
que, con tales antecedentes, el demandante estaba en condiciones de conocer que aquella
tragedia le había producido el presunto daño cuya indemnización pretende y, por ende, a la
fecha de la interposición de la demanda -12 de junio de 1990- la acción había prescripto.
Por ello, se declara formalmente admisible el recurso extraordinario concedido y se confirma la
sentencia recurrida, con costas al apelante (art. 68 del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación). Notifíquese y, oportunamente, devuélvase.- Julio S. Nazareno - Eduardo Moliné
O'Connor (en disidencia) - Carlos S. Fayt - Augusto C. Belluscio - Enrique S. Petracchi (por su
voto) - Antonio Boggiano - Guillermo A. F. López (en disidencia) - Gustavo A. Bossert (en
disidencia) - Adolfo R. Vázquez (en disidencia).
Voto del doctor Petracchi.
Apéndice de fallos
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Considerando: Que el suscripto coincide con el voto de los jueces Nazareno, Fayt, Belluscio y
Boggiano, con exclusión del considerando 11, el que expresa en los siguientes términos:
11) Que, en tales condiciones, y sin que puedan escindirse las secuelas del accidente del hecho
causante de ellas, como pretende el recurrente, las normas que regulan el sub judice son las
referentes a la responsabilidad especial del derecho aeronáutico, pues -como ya se ha
mencionado en los considerandos precedentes- éstas tienen preeminencia con respecto a las
normas del derecho común. Como corolario de lo expuesto, el plazo de prescripción que debe
aplicarse es el que establece el art. 228, inc. 2º, del Código Aeronáutico. En igual sentido se ha
expedido esta Corte, pero con respecto a un accidente por abordaje (ver Fallos: 314:1043).
Por ello, se declara formalmente admisible el recurso extraordinario concedido y se confirma la
sentencia recurrida, con costas al apelante (art. 68 del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación). Notifíquese y, oportunamente, devuélvase. - Enrique S. Petracchi.
Disidencia de los doctores Moliné O'Connor, López y Vázquez.
Considerando: Que los suscriptos coinciden con los considerandos 1º a 3º del voto de la
mayoría.
4º) Que en autos se ha reclamado una indemnización en favor del menor Maximiliano José
Rossi tendiente a reparar los daños psíquicos y morales que sufriera al concurrir con su padre a
socorrer a las presuntas víctimas que iban a bordo del avión accidentado, oportunidad en que
avistó el incendio de la aeronave y diversos restos humanos carbonizados.
5º) Que la cámara consideró que la reparación pretendida debía regirse por las normas del
Código Aeronáutico referentes a la responsabilidad objetiva por los daños producidos por
aeronaves a terceros en la superficie y, en consecuencia, que era de aplicación la prescripción
de un año establecida por el art. 228, inc. 2, de aquel cuerpo legal. En cambio, el recurrente
pretende que se subsuma el sub judice en las normas de derecho civil en razón de que el daño
no fue producido por una aeronave en vuelo, sino por el solo contacto visual del actor con el
avión envuelto en llamas y con los cadáveres que habían sido expulsados de él. De ahí que
solicita que se aplique el plazo de prescripción del art. 4037 del Código Civil, sosteniendo, en
este sentido, que el a quo ha realizado una exégesis inadecuada de los arts. 155 y 156 del
Código Aeronáutico, lo que constituye cuestión federal que habilita el recurso extraordinario.
6º) Que en la causa corresponde decidir cuál es el término de prescripción aplicable a la acción
intentada, para lo cual es menester indagar, ante todo, si tal como lo sostuvo la cámara, los
daños por los que se reclama pueden entenderse comprendidos en la hipótesis reflejada por el
art. 155 del Código Aeronáutico, es decir, como daños sufridos por una persona en la
superficie que provienen de una "aeronave en vuelo".
7º) Que el concepto de "aeronave en vuelo" que recoge la ley 17.285 en su art. 155, es aclarado
por el art. 156 al decir que "...a los fines del artículo anterior, se considera que una aeronave se
encuentra en vuelo desde que se aplica la fuerza motriz para despegar hasta que termina el
recorrido de aterrizaje...".
Que la referencia legal se asienta, entonces, en un elemento objetivo, consistente en la
aplicación de la fuerza motriz para despegar -que necesariamente debe ser anterior a la
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iniciación del movimiento- y la finalización del recorrido del aterrizaje -que tiene lugar cuando
la aeronave detiene su fuerza motriz y su movimiento-. Pero, además, se requiere el
cumplimiento de un elemento teleológico, es decir, la finalidad por la cual se aplica o detiene
la fuerza motriz, porque si lo es para iniciar un vuelo o para finalizarlo normalmente, se
cumple con el fin tenido en mira por la norma, lo que no sucede si se encienden los motores del
avión para su desplazamiento en tierra con otras finalidades, vgr. para un cambio de ubicación
de pista o de hangar sin intención de decolar y para volver a quedar inmovilizado.
Que, en este aspecto, el Código Aeronáutico Argentino reproduce el criterio utilizado en el
convenio sobre daños causados a terceros en la superficie por aeronaves extranjeras firmado en
Roma el 7 de octubre de 1952 (art. 1º, apartado 2º). La fórmula seleccionada en los dos
ordenamientos ("aeronave en vuelo"), interpretada con los alcances antes referidos, permite
aceptar como supuestos abarcados por las reglas especiales que rigen la responsabilidad del
explotador aeronáutico por daños a terceros en la superficie, a consecuencias dañosas que
respondan a acontecimientos que pueden constituir accidentes (vgr. caída de la aeronave),
como aquellos que no lo son y que derivan del simple hecho del sobrevuelo (vgr. el daño
causado por el ruido anormal de la aeronave; caída o echazón de una cosa desde la aeronave;
etc.).
8º) Que, ciñendo el análisis al supuesto que interesa al caso, parece juicioso interpretar que
cuando se trata de la caída de un aeroplano, las normas regulatorias de la responsabilidad del
explotador aeronáutico por daños en la superficie, juegan únicamente en lo concerniente a los
perjuicios que sean consecuencia directa de tal evento. Por ejemplo: el aplastamiento sufrido
por una vivienda; el daño a personas o bienes derivado de la explosión, combustión del avión o
de la propagación del fuego; el daño a lo sembrado en el campo donde la aeronave cayó; etc.
Que en cuanto no sean consecuencia directa de la caída, es decir, cuando el daño se ha
producido fuera de la actividad del vuelo, no cabe concebir a la aeronave como instrumento del
daño (conf. Rafael Gay de Montellá, "Principios de Derecho Aeronáutico", pág. 634, Bs. As.
1950), y las reglas jurídicas indicadas cesan en su operatividad, para dar paso a otras.
9º) Que esto último aparece nítido en nuestro Código Aeronáutico cuando distingue, por una
parte, los daños a terceros en la superficie producidos por una "aeronave en vuelo" (arts. 155 y
156 citados), de los daños emergentes soportados por quienes, por ejemplo, prestaron socorro salvamento- a seres humanos que viajaban en una aeronave que sufrió un accidente (art. 179).
Claramente se aprecia que los daños producidos en esta última hipótesis, no se consideran
causalmente vinculados a la actividad del vuelo de la aeronave, sino al ejercicio directo de la
operación de socorro. Basta la lectura de los preceptos citados para advertir la delimitación que
el legislador ha hecho en este aspecto.
10) Que lo expuesto en el párrafo anterior sirve para afirmar que, en el caso, el daño por el que
se reclama no está vinculado causalmente con la actividad del vuelo de la aeronave ni, por
tanto, debe regirse por las normas seleccionadas por el tribunal a quo.
En efecto, de acuerdo con las constancias de autos el supuesto hecho dañoso se configuró
cuando el menor tomó contacto visual con los restos incendiados del avión y los cadáveres
carbonizados de pasajeros, al concurrir al lugar del hecho -junto a su padre- con el propósito de
Apéndice de fallos
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prestar socorro a las víctimas. Por lo tanto, no puede afirmarse que el daño provino de una
"aeronave en vuelo" en los términos exigidos por el Código Aeronáutico, puesto que además
que el detenimiento total de la máquina, consecuencia del accidente, pone obvio límite a aquel
concepto, resulta claro que el perjuicio invocado se relacionó con el ejercicio de una actividad
(el socorro de las víctimas) que la ley 17.285 somete a reglas jurídicas particulares,
desvinculadas -porque el daño reconoce un origen causal distinto- de las referentes a la
responsabilidad del explotador aeronáutico por daños a terceros en la superficie.
11) Que lo expuesto precedentemente tiene como único sentido excluir del sub lite la
aplicación de las normas sobre responsabilidad por daños a terceros en la superficie
ocasionados por aeronaves en vuelo, mediante la distinción de la diversa causa productora del
daño por el que se reclama, mas sin que ello deba ser entendido como la afirmación de que el
socorro intentado por el actor y su padre hubiera constituido técnicamente un salvamento con
los efectos jurídicos que le son propios, cuestión que no ha sido planteada en el sub lite.
Pero aun así, tratándose del reclamo de supuestos daños que se habrían producido, en
definitiva, con motivo o en ocasión del ejercicio de una actividad que se desplegó para socorrer
víctimas de un accidente aeronáutico, la norma más próxima que rige la cuestión de la
prescripción de la acción indemnizatoria pertinente es la del art. 229 del Código Aeronáutico,
aplicable por analogía en función de lo previsto en el art. 2º.
Que, en este aspecto, y para comprender la pertinencia de la solución que queda
precedentemente expuesta, sólo interesa agregar que el salvamento puede ser obligatorio,
contractual o espontáneo (conf. Antonio Lefebvre D'Ovidio y Gabrielle Pescatore, "Manuale di
Diritto della Navegazione", Nº 476/477, págs. 443 y sgtes., Dott. A. Giuffré Editore, Milano,
1964). Nuestro Código Aeronáutico regula exclusivamente al primero, aprehendiendo inclusive
al realizado por tierra (arts. 175 a 184), pero no descarta al segundo, que tiene lugar a partir de
un contrato de socorro (que puede ser de asistencia o salvataje, según el caso), ni excluye al
salvamento espontáneo, que naturalmente puede ser emprendido, por obvias razones
humanitarias por particulares, salvo cuando la autoridad competente les ordene dejar de prestar
socorro, tal como lo señala el art. 157 del Anteproyecto de Código Aeronáutico, recogiendo
principios comúnmente aceptados en la materia.
12) Que en función de la autonomía y del particularismo que inspira al derecho aeronáutico, así
como de la necesidad ínsita a esa rama jurídica de brindar soluciones análogas frente a
situaciones que presenten igualdad de esencia con el caso no contemplado por la ley
aeronáutica, lo que lleva a otorgar preeminencia a sus normas propias, inclusive en materia de
prescripción (doctrina de Fallos: 314:1043), no es inapropiado concluir acerca de la ya
anticipada pertinencia de la aplicabilidad al sub lite del art. 229 de la ley 17.285.
13) Que, en este punto, cabe recordar que el Tribunal tiene la facultad de discurrir los
conflictos litigiosos y dirimirlos según el derecho vigente, calificando autonómicamente la
realidad fáctica, y subsumiéndola en las normas jurídicas que las rigen, con prescindencia de
los fundamentos que enuncian las partes. Criterio que es particularmente aplicable en materia
de prescripción, desde que si bien el juez no puede declararla de oficio (art. 3964 del Código
Civil), le corresponde determinar cuál es la naturaleza de la relación jurídica y cuál el plazo
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aplicable, independientemente de lo que hubieran señalado los litigantes sobre el particular. No
se trata de sustituir los hechos, ni de apartarse de los términos de la litis, sino de decidir cuál es
la norma aplicable, facultad que es irrenunciable a la función jurisdiccional.
14) Que, en tales condiciones, siendo de dos años el plazo de prescripción de la acción
intentada en autos (art. 229 del Código Aeronáutico), conclúyese que a la fecha interposición
de la demanda -12 de junio de 1990- aquélla no se había operado.
Por ello, se declara admisible el recurso extraordinario concedido y se revoca la sentencia
recurrida. Con costas (art. 68 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación). Vuelvan
los autos al tribunal de origen a fin de que, por quien corresponda, se dicte nuevo
pronunciamiento con arreglo a lo resuelto. Notifíquese y, oportunamente, remítase.- Eduardo
Moliné O'Connor - Guillermo A. F. López - Adolfo R. Vázquez.
Disidencia del doctor Bossert.
Considerando: Que el suscripto coincide con los considerandos 1º a 3º del voto de la mayoría.
4º) Que la presente causa tiene su origen en el reclamo de una indemnización por daños
psíquico y moral sufridos por el menor Maximiliano José Rossi, al concurrir con su padre a
socorrer a las presuntas víctimas que iban a bordo del avión accidentado (ver fs. 5/6 y 8).
5º) Que la cámara consideró que tal accidente debía regirse por las normas del Código
Aeronáutico referentes a la responsabilidad objetiva por los daños producidos por aeronaves a
terceros en la superficie y, en consecuencia, que era de aplicación la prescripción de un año. En
cambio, el recurrente pretende que se subsuma el sub judice en las normas de derecho civil en
razón de que el daño no fue producido por una aeronave en vuelo, sino por el solo contacto
visual del actor con el avión envuelto en llamas y con los cadáveres que habían sido
expulsados de él. De ahí que solicita que se aplique el plazo de prescripción del art. 4037 del
Código Civil, pues sostiene que el a quo ha realizado una exégesis inadecuada de los arts. 155
y 156 del Código Aeronáutico, lo que constituye cuestión federal que habilita el recurso
extraordinario.
6º) Que el Código Aeronáutico establece un régimen especial de responsabilidad contractual y
extracontractual, particularmente en lo que respecta a la responsabilidad por los daños
ocasionados a terceros en la superficie. Ello tiene su razón de ser en que deben conjugarse los
principios que se fundan en el riesgo creado por las aeronaves en vuelo con los intereses
propios de la navegación aérea, en cuanto éstos tienden a preservar la mayor celeridad en la
solución de los conflictos y cubrir la contingencia del descalabro económico financiero para
todo operador aéreo. Tales particularidades se proyectan en otras instituciones propias del
derecho aeronáutico como la limitación de la responsabilidad y el plazo breve de prescripción.
7º) Que lo expuesto en el considerando precedente tiene sustento normativo en el art. 2º del
Código Aeronáutico, en cuanto sólo recurre a la aplicación de leyes análogas o a los principios
generales del derecho cuando una cuestión no esté prevista en el Código ni en los "principios
generales del derecho aeronáutico y por los usos y costumbres de la actividad aérea".
Si bien ha resuelto este Tribunal en Fallos: 314:1043 que las normas generales del Código
Civil no resultan pertinentes, por haber establecido el Código Aeronáutico un régimen
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específico que regula diversas cuestiones jurídicas originadas en el fenómeno técnico de la
navegación y las relaciones -tanto contractuales como extracontractuales- que nacen de su
ejercicio, tuvo en cuenta para ello que se trataba de un caso de abordaje expresamente previsto
por la ley especial. Por el contrario, no resulta de aplicación analógica en estos autos en los que
se cuestiona si los daños reclamados por el actor encuadran en lo previsto por los arts. 155 y
siguientes del Código Aeronáutico que regulan los daños ocasionados por una aeronave en
vuelo a terceros en la superficie.
8º) Que con el objeto de discernir sobre el tema de autos, se debe estar a lo dispuesto por el art.
155 citado del cual surge que, para que se configure el régimen especial de responsabilidad por
daños causados a terceros en la superficie, el hecho fuente de la obligación de indemnizar debe
provenir de una aeronave en vuelo.
En tal sentido el art. 156 del Código Aeronáutico, conforme a lo expresado en la Convención
de Roma de 1952 -art. 1º ap. 2- establece que una aeronave se encuentra en vuelo desde "que
aplica la fuerza motriz para despegar y hasta que termina el recorrido de aterrizaje". Tal
aseveración debe interpretarse estrictamente, pues se está frente a un régimen de
responsabilidad rigurosa que excluye el caso fortuito como eximente de responsabilidad (art.
159 del código citado; art. 6º Convención de Roma de 1952).
9º) Que por aplicación de lo dispuesto en el citado art. 156, corresponde determinar si la
aeronave, en el momento de ocasionar los posibles daños, se encontraba en vuelo.
De acuerdo con las constancias de autos el supuesto hecho dañoso se configuró cuando el
menor tomó contacto visual con los restos esparcidos del avión al concurrir al lugar del
accidente. Por lo tanto, no puede afirmarse que el hecho provino de una aeronave en vuelo en
los términos exigidos por el Código Aeronáutico, puesto que el detenimiento total de la
máquina, consecuencia del accidente, pone límite a aquel concepto, sin que sea factor relevante
que la caída del avión haya acontecido durante las maniobras previas al aterrizaje.
En consecuencia, y dado que la aeronave se hallaba totalmente detenida al momento de ser
avistada por el recurrente, no puede considerarse el caso comprendido dentro de la prescripción
del art. 228, inc. 2.
10) Que lo dispuesto por los arts. 175 y siguientes del Código Aeronáutico -Título VIII
"Búsqueda Asistencia y Salvamento"-, clarifican el tema en cuanto a la forma en que deben ser
considerados los elementos que quedan luego del accidente aéreo, calificándolos como restos y
despojos. De manera que la aeronave, al caer, destruirse y encontrarse detenida como
consecuencia del siniestro, dejó de ser tal para convertirse en "restos y despojos" y son éstos
los que avistó el actor; por lo que no resultan aplicables las normas específicas que regulan los
daños ocasionados por aeronaves en vuelo a terceros en la superficie.
11) Que en tales condiciones, las normas aplicables al sub judice son las del derecho común, y
el plazo de prescripción que debe computarse es el previsto por el art. 4037 del Código Civil, o
sea dos años a partir de la fecha del siniestro (12 de junio de 1988).
Apéndice de fallos
Página 98
12) Que conforme con lo expuesto en los considerandos anteriores, a la fecha de interposición
de la demanda -12 de junio de 1990-, la prescripción no había operado. En consecuencia
corresponde revocar la decisión del a quo.
Por ello, se declara admisible el recurso extraordinario concedido y se revoca la sentencia
recurrida. Con costas (art. 68 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación).
Vuelvan los autos al tribunal de origen a fin de que, por quien corresponda, se dicte un nuevo
pronunciamiento con arreglo a lo resuelto. Notifíquese y oportunamente, remítase.- Gustavo A.
Bossert.
16. C.Nac.Com., sala B, junio 27-2005 “Tonello, Alicia C. y otro c.
Furlong Empresa de Viajes y Turismo S.A. y otro” RCyS To. 2005
pág. 1195 **
17. Cámara 1a de Apelaciones en lo Civil y Comercial de San
Isidro, sala II • 23/12/2004 • Manzanos, Vicente C. c. Ross,
Roberto y otro • LLBA 2005 (abril), 348
HECHOS:
El a quo hizo lugar a la excepción de prescripción opuesta contra la demanda de resolución
del contrato de compraventa de un inmueble y daños y perjuicios por la existencia de defectos
de la cosa vendida. La Cámara confirmó la decisión recurrida.
SUMARIOS:
1. Resulta aplicable el plazo de prescripción breve del art. 4041 del Cód. Civil a la acción
de resolución del contrato de compraventa de un inmueble interpuesta por la existencia
de vicios redhibitorios, toda vez que no medie una demanda de nulidad del acto jurídico
por violencia, intimación, dolo, error o falsa causa, debiendo extenderse dicha regla a la
accesoria pretensión de daños y perjuicios causados por los vicios en cuestión, la cual
prescribe con arreglo a los términos de los arts. 473 del Cód. de Comercio o de la
norma mencionada en primer término.
TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia.- San Isidro, diciembre 23 de 2004.
1ª ¿Es justa la sentencia apelada? 2ª ¿Qué pronunciamiento corresponde?
1ª cuestión.- El doctor Malamud dijo:
Apéndice de fallos
Página 99
La sentencia que en fs. 300/302, haciendo lugar a la excepción de prescripción, rechazó la
demanda, fue impugnada por el actor en memoria de fs. 319/321, contestada en fs. 323/324.
1. La demanda es un acto jurídico de relevante trascendencia, que fija las partes que quedarán
desde su traslado vinculadas por la relación procesal; fija también la acción articulada, la cosa
demandada, los hechos en que se funda. El juez debe ocuparse de investigar, no lo que el
declarante ha querido en su interior (ello sería imposible), sino lo que ha declarado cuando
debe desentrañarse por no ser claro. En estos casos, la indagación es de lo que la declaración,
tomada en su conjunto, autoriza a creer que se ha querido (Borda, "Tratado...Parte General", 2ª
ed., vol. II, núm. 889).
De su lectura en fs. 51/55 se deduce que al actor, que compró a los demandados el inmueble de
la calle Bacacay -recibiendo de éstos la posesión en 26 de enero de 1998- acuitan los defectos
de la cosa, que describe, por lo que dedujo "formal demanda de resolución de contrato y daños
y perjuicios" (fs. 51 vta.). Describió dichos daños, y, tocante al restante pedimento
(resolución), solicitó el reembolso del precio que por la compraventa pagara -con intereses- y
la restitución del inmueble a los vendedores.
El juez anterior consideró que, ya sea que la acción prescribiera en el plazo semestral del art.
4040 del C. Civil, o en el trimestral del art. 4041, la excepción debe prosperar porque, aun
tomando como fecha de inicio de la prescripción la más favorable al actor (febrero de 1998,
según su manifestación en el acta notarial de fs. 21/22), aquéllos estaban vencidos al
promoverse la demanda en 15 de julio de 1999.
Mas evoca el apelante su manifestación a fs. 109/110 -evacuando el traslado de la excepcióninvocando el plazo de dos años que fija el art. 4037 del C. Civ., ya que, dice, la demanda se
inició "por daños y perjuicios" (fs. 320). No le asiste razón.
2. En la responsabilidad civil existen las órbitas contractual y extracontractual, que tienen
génesis distintas que condicionan regulaciones diversas. La responsabilidad es calificable como
contractual cuando hay un deber preexistente que es específico y determinado, tanto en
relación al objeto como al sujeto obligado. Y es extracontractual cuando hay un deber
preexistente que es genérico (deber general de no dañar), e indeterminado en cuanto a los
sujetos pasivos (Alterini - Ameal - López Cabana, "Obligaciones", p. 152).
De ahí que la pretendida responsabilidad de los demandados no es "extracontractual" porque se
sustenta en el contrato que vincula a las partes y solamente a las partes (arts. 1323 y sigtes. del
CC), resultando inútil invocar erradamente una norma legal para sustraerse a las consecuencias
de la que correctamente corresponda: las instituciones jurídicas no dependen de la
denominación con que se las designe por la parte interesada sino que deben analizarse de
acuerdo con la realidad de su esencia, que prevalece, de no existir correlación, sobre el nombre
que se les asigna (CSJN, 26/6/74; JA, 1974-24, 244).
Ello así, la naturaleza de la acción se determina por los hechos en que se funda y no por las
citas legales que hace el actor en apoyo de sus pretensiones, de las que el juez puede apartarse,
iura novit curia (doctr. art. 163, inc. 6° del CPCC), esto es, conforme al brocárdico da mihi
factum, dabo tibi ius.
Apéndice de fallos
Página 100
Y, aunque en materia de prescripción liberatoria, ha de estarse a favor de la subsistencia de la
acción, optándose en consecuencia por el plazo más largo en situaciones que aparezcan
dudosas (SCBA, 4/11/75; DJBA, 108-57), la presente no lo es.
En efecto; allende la confusa descripción por el actor del objeto de la acción, al pretender que
se le reembolse el precio que por la compraventa pagara, proponiendo restituir la cosa al
vendedor, y sin dar para ello otro fundamento que la existencia de defectos de la cosa, está
implícito que, de haberlos conocido, no la habría adquirido o habría dado menos por ella, y ello
no es otra invocación que la de vicios redhibitorios (art. 330, inc. 4°, CPCC), necesariamente
ocultos (arts. 2164, 2173 y concs., C. Civil), pero ya percibidos más de un año antes de
promoverse la demanda, como comprobó el juez anterior en consideración no impugnada. No
infirma esa calidad que el juez interpretara que, según la perita arquitecta, "bien pudieron (los
vicios) ser detectados al tiempo de tomar la posesión", toda vez que ni remotamente se vertió
tal opinión en la experticia de fs. 282/285.
Y tales vicios, no mediando una demanda de nulidad del acto jurídico por violencia,
intimidación, dolo, error o falsa causa -que extienda la prescripción liberatoria en los términos
del art. 4030 C. Civ.- solamente habilitan las acciones redhibitoria y quanti minoris, en las que
resulta de aplicación el breve plazo del art. 4041.
La regla se extiende a la accesoria pretensión, porque la acción por resarcimiento de daños y
perjuicios ocasionados por vicios de la cosa vendida prescribe con arreglo a los términos de los
arts. 473 del Cód. de Com. o 4041 del CC, según el caso (CCCBahía Blanca, 9/11/76; LA
LEY, 1977-D, 683, núm. 34.320; conf., CNCiv., sala D, 7/5/54, cit. en Salas-Trigo Represas,
"Código...", vol. II, p. 374).
3. Ha de confirmarse entonces lo decidido.
En nada altera tal conclusión que -supuestamente- el actor hiciera (telefónicamente, dice)
notificaciones interruptivas del curso de la prescripción, porque no hay prueba alguna de ellas.
Ni que la demandada manifestara que en marzo de 1999 se le pidió que examinara el baño.
Aun de atisbar que su disposición a hacerlo contuviera un reconocimiento por el vendedor de la
existencia de vicios ocultos en la cosa vendida, el mismo carece de eficacia interruptiva de la
prescripción si ocurre una vez operado el plazo prescriptivo (CSJN, "Fallos" 275:56). Y éste, a
la sazón, estaba holgadamente consumado, como se desprende de las fechas indicadas en la
sentencia apelada, y que relevé en el capítulo 1°.
No siendo menester analizar otros argumentos que no incidirán en diferente sentido, voto por la
afirmativa.
Los doctores Krause y Bialade, por iguales consideraciones, votaron también por la afirmativa.
2ª cuestión.- El doctor Malamud dijo:
Atento a la forma en que se decidió la anterior cuestión, corresponde confirmar la sentencia
apelada, en cuanto fuera materia de recurso, con costas (art. 68, CPCC), postergándose la
regulación de honorarios (art. 31, dec. ley 8904).
Tal mi voto.
Apéndice de fallos
Página 101
Los doctores Krause y Bialade, por iguales consideraciones, votaron también por la afirmativa.
Por ello, en virtud de las conclusiones obtenidas en el Acuerdo que antecede y de los
fundamentos expuestos en el mismo, se confirma la sentencia apelada, en cuanto fuera materia
de recurso, con costas, postergándose la regulación de honorarios. - Daniel Malamud.- Juan I.
Krause.- Roger A. Bialade.
18. C.N.Civ., sala B, mayor 22-1996 “Instituto Nac. de Servicios
sociales para Jubilados y Pensionados c. Dintel S.A.” L.L. To. 1997E pág. 1004, (39.766-S)
La prescripción de la acción quanti minoris alcanza al reclamo de reparación de daños, en tanto
el mismo es consecuente y subsidiario respecto de la acción basada en la redhibición (Del voto
en disidencia del doctor Butty).
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala B • 22/05/1996 • Instituto Nac. de
Servicios sociales para Jubilados y Pensionados c. Dintel S.A. • LA LEY 1997-E, 1004,
(39.766-S)
El plazo de prescripción de la acción "quanti minoris" comienza su curso cuando el vicio es
descubierto o se hace aparente; desde el momento en el cual se está en condiciones de tener
conocimiento de su existencia. De lo contrario, si se computa el plazo a partir del informe de la
empresa que determinó la existencia del vicio, se sumiría en la indeterminación el plazo legal,
permitiendo que el denunciante supedite a la acción de terceros el curso de la prescripción
cuando los vicios ya se han manifestado (Del voto en disidencia del doctor Butty).
19. C.S.N., setiembre 19-2002 • Sanz, Sonia M. c. Del Plata Propiedades
S.A. • L.L. To. 2002-F pág. 731 – D.J. 2002-3 pág 866
HECHOS:
La Cámara de Apelaciones admitió la excepción de prescripción opuesta por quienes fueron
demandados por acción estimatoria por vicios redhibitorios y rechazó la demanda. El actor
interpuso recurso extraordinario, cuya denegatoria motivó la queja, fundado en que la
sentencia omitió considerar que la demanda se basó en la ley 24.240 de defensa del
consumidor. La Corte Suprema declara procedente el recurso y deja sin efecto la sentencia.
SUMARIOS:
1. Corresponde dejar sin efecto la sentencia que al admitir la excepción de prescripción
opuesta por el demandado en una acción estimatoria por vicios redhibitorios y con
fundamento en el art. 4040 del Cód. Civil, omitió considerar argumentos conducentes y
centrales formulados por el actor respecto al encuadre de la relación jurídica en las
previsiones de la ley 24.240 (Adla, LIII-D, 4125) de defensa del consumidor y la
aplicación o no del plazo de prescripción del art. 50 de dicha ley (del dictamen del
Procurador General que la Corte hace suyo).
Apéndice de fallos
Página 102
2. La circunstancia de que los agravios del actor relativos a la admisión de la excepción de
prescripción opuesta por el demandado en una acción estimatoria por vicios
redhibitorios, remitan al examen de cuestiones de hecho y derecho común, no impide
admitir el recurso extraordinario si con menoscabo de la garantía de la defensa en juicio
la alzada omitió considerar un tema oportunamente planteado y conducente -aplicación
del plazo de prescripción del art. 50 de la ley 24.240 (Adla, LIII-D, 4125) de defensa
del consumidor- para la correcta decisión del caso (del dictamen del Procurador
General que la Corte hace suyo).
TEXTO COMPLETO:
Dictamen del Procurador General de la Nación
I. La sala C de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil (v. fs. 2/6 de la queja) revocó el
fallo de primera instancia obrante a fs. 675/678 de los autos principales (foliatura a la que me
referiré en lo sucesivo, toda vez que el expediente aparece doblemente foliado) que había
admitido parcialmente la acción estimatoria por vicios redhibitorios.
Para así decidir, hizo lugar a la prescripción opuesta por los codemandados, considerando que
carece de efecto interruptivo el reconocimiento del derecho de la actora que surge del convenio
suscripto por ella con la empresa constructora (v. fs. 808). Añadió que la interrupción de la
prescripción contra CPC S.A., no se propagaría a los demandados vendedores, ya que no se
trataría de codeudores solidarios (art. 3994, Cód. Civil), sino de obligados concurrentes.
Asimismo, señaló que respecto de los trabajos realizados por cuenta de los vendedores para
reparar los daños invocados por la actora, los deponentes no precisan fecha de su realización, o
la ubican no más allá de fines de marzo de 1998. Finalmente sostuvo que a la carta documento,
datada el 20 de julio de 1998, no puede adjudicársele efectos suspensivos de la prescripción, en
los términos del art. 3986 in fine del Cód. Civil, y que para entonces se habría expirado el
plazo de tres meses previsto por el art. 4041 del Cód. Civil.
Contra lo así resuelto la parte actora interpuso el recurso extraordinario de fs. 834/841, el que
fue denegado por el a quo a fs. 877/878, dando lugar a la presente queja.
II. Se agravia la recurrente por entender que la citada sala dictó una resolución arbitraria al
omitir la aplicación de la ley 24.240 de Protección al Consumidor en que se fundó la demanda,
sin exponer fundamento alguno que excluyera su aplicación en el caso. Sostiene asimismo que
la sentencia se apoya en afirmaciones dogmáticas y que no constituye una derivación razonada
del derecho vigente, con arreglo a las circunstancias comprobadas en la causa.
También, expresa que el a quo ha incurrido en exceso de jurisdicción con grave lesión a los
derechos y garantías consagrados en la Constitución Nacional.
III. El tribunal ha resuelto en reiteradas oportunidades, que no resulta óbice para la apertura del
recurso extraordinario la circunstancia de que los agravios remitan al examen de cuestiones de
hecho y derecho común si, con menoscabo de la garantía de la defesa en juicio, la alzada
omitió considerar un tema oportunamente planteado y conducente para la correcta decisión del
caso (Fallos: 311:119; 312:1150; 313:323; 319:1377; 320:2662).
Apéndice de fallos
Página 103
En efecto, de las circunstancias de la causa surge que la actora encuadró su demanda de
acuerdo a lo dispuesto por los arts. 1° inc. c; 18 y 53 de la ley 24.240 de protección al
consumidor, cuestión que fue mantenida ante la Cámara. Asimismo en cuanto al planteo
específico de prescripción tanto, en oportunidad de alegar (v. fs. 638 punto VI) como al
contestar traslado de la expresión de agravios de los codemandados contra la decisión de
primera instancia que desestimó dicha defensa, la compradora argumentó que resultaba
aplicable al "sub lite" el plazo de prescripción previsto por el art. 50 de la ley 24.240 (v. fs.
733/739).
Ahora bien la mera lectura de la sentencia revela que el a quo sólo trató el aspecto de la
apelación referido a la procedencia de la excepción de prescripción de la acción redhibitoria,
articulada por los codemandados en el marco del art. 4041 del Cód. Civil, omitiendo considerar
argumentos conducentes y centrales, oportunamente vertidos por la demandante, respecto al
encuadre de la relación jurídica dentro de las previsiones de la ley 24.240 y consecuentemente
la aplicabilidad o no al caso del término de prescripción previsto por el mencionado art. 50 de
la ley de protección al consumidor.
Por los argumentos expuestos, considero innecesario expedirme sobre los restantes agravios
referidos a los hechos y efectos interruptivos de la prescripción de la acción.
En tales condiciones, opino que debe hacerse lugar a la queja, declarar procedente el recurso
extraordinario, dejar sin efecto la sentencia apelada, y disponer vuelvan los autos al tribunal de
origen para que, por quien corresponda, se dicte un nuevo fallo ajustado a derecho. - Abril 22
de 2002. - Nicolás E. Becerra.
Buenos Aires, septiembre 19 de 2002.
Considerando: Que los agravios de los apelantes encuentran adecuada respuesta en los
fundamentes del dictamen del procurador general, que el tribunal comparte y hace suyos
"breviatis causa".
Por ello, se declara procedente el recurso extraordinario y se deja sin efecto la sentencia
apelada. Con costas. Vuelvan los autos al tribunal de origen a fin de que, por medio de quien
corresponda, proceda a dictar nuevo fallo con arreglo a lo expresado. Agréguese la queja al
principal. Reintégrase el depósito. - Eduardo Moliné O'Connor. - Augusto C. Belluscio. Antonio Boggiano. - Guillermo A. F. López. - Adolfo R. Vázquez.
20.
C.Civ. y Com. Mar del Plata, sala II, mayo 26-2005 “Rubio,
Gloria y otro c. Compañía Productora Alimentos” LLBA To.
2005 (octubre) pág. 1120
SUMARIOS:
1. Corresponde hacer lugar al incidente de verificación tardía por un crédito originado en
una sentencia favorable en un juicio de daños y perjuicios seguido contra el concursado
-en el caso, con motivo de un accidente de tránsito- y rechazar la excepción de
prescripción, aun cuando dichas actuaciones fueron seguidas ante un juez
incompetente, toda vez que interrumpieron el plazo del art. 56 de la ley 24.522 (Adla,
Apéndice de fallos
Página 104
LV-D, 4381) e hicieron aplicable el art. 3986 del Código Civil, en tanto exteriorizaron
la voluntad del titular de un derecho de no dejar que prescriba.
TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia.- Mar del Plata, mayo 26 de 2005.
1ª ¿Es justa la sentencia de fs. 61/63? 2ª ¿Qué pronunciamiento corresponde dictar?
1ª cuestión.- La doctora Zampini dijo:
I. Dicta sentencia el Juez de Primera Instancia haciendo lugar al incidente promovido,
declarando admisible el crédito insinuado por Gloria Sandra Noemí Rubio y Mercedes Raquel
Díaz por la suma de $78.591,48 con carácter de quirografario (correspondiendo la suma de
$50.175 a capital y $28.416,48 a intereses); el crédito insinuado por el doctor R. D. D. S. en
concepto de honorarios por la suma de $14.543,30, con carácter de quirografario
(correspondiendo la suma de $13.213 a capital y $1321,30 a intereses); el crédito insinuado por
la doctora S. I. B. en concepto de honorarios por la suma de $8264,30 con carácter de
quirografario (correspondiendo la suma de $7513 a capital y $751.30 a intereses), imponiendo
las costas a los acreedores peticionantes.
El juez, luego de relatar los antecedentes de la causa, se introduce en la fundamentación del
decisorio analizando en primer término la excepción de prescripción deducida por la parte
incidentada.
El planteo de la prescripción es desestimado por tener plena convicción de que la liquidación
practicada -ante el juzgado de origen- en autos "Rubio Gloria Sandra Noemí c. Moreno Pedro
Oscar y otros s/ Daños y Perjuicios" ha interrumpido el curso de la prescripción de la
verificación tardía.
En el cuarto considerando se adentra en el análisis del pedido de verificación, acogiendo la
pretensión de la parte incidentista, con apoyo en la prueba documental acompañada por los
acreedores (copia de sentencias judiciales), la falta de argumentos eficaces sostenidos por la
deudora y su orfandad probatoria.
II. Dicho pronunciamiento es apelado por la parte incidentada a fs. 65, fundando su recurso a
fs. 68/71, el que mereció la critica de la contraria.
III. Agravia al apelante el rechazo de la prescripción planteada.
Entiende que los fundamentos expuestos por el judicante en torno a la interrupción de la
prescripción y su interpretación restrictiva en pro de la subsistencia de la acción, pueden ser
válidas cuando se trata de cuestiones de derecho común, pero tienen otro alcance en un proceso
universal que se rige por una ley de fondo y forma que no admite excepciones, máxime cuando
el acreedor disponía de todos los elementos necesarios para verificar en tiempo propio su
crédito.
En apoyo de sus argumentos cita doctrina que -a su entender- caracteriza la prescripción
liberatoria de las acreencias contra el concursado.
Apéndice de fallos
Página 105
Enfatiza que el incidentado contaba con los elementos necesarios (sentencia de primera
instancia y de Alzada) para solicitar la verificación tempestiva en los términos del art. 32 de la
LC y Q.
Expresa que la amplitud de los alcances del art. 3986 del Cód. Civil, sobre el que respalda el
Juez el acto interruptivo de prescripción, no alcanza los fines tenidos en cuenta por el art. 56 de
la ley 24.522, cuyo objetivo no es limitar los derechos de los justiciables, sino afianzar con un
acto de certeza el fin tuitivo de la Ley de Concursos, dentro del que se encuentra asegurar al
concursado y a los terceros cual es el estado de sus cuentas con posterioridad a la finalización
del proceso de verificación y sus incidencias.
Resalta que conforme la doctrina imperante, la aplicación del plazo de prescripción alcanza a
los concursos exitosos, como el de autos, donde a fin de afrontar las dificultades en ocasiones
resulta necesario recurrir al aporte de capital incorporando nuevos socios, siendo en estos
supuestos vital la certeza de los pasivos empresariales.
Concluye su agravio manifestando que el acreedor no puede pretender mediante la promoción
de este incidente remediar sus errores, cuando no ejerció ninguno de los derechos que le asistía.
Respecto a la cuestión decidida en el considerando 4° (admisibilidad del crédito) señala que
resulta opinable que las copias de la sentencias judiciales presentadas por el incidentista sean
suficientes "títulos justificativos" del crédito, agregando que ese debate no puede efectuarlo, en
tanto la sentencia, la prueba, y la liquidación han sido practicadas en otra jurisdicción.
IV. Me referiré a los Antecedentes del caso.
El día 18 de setiembre de 1992, Gloria Sandra Noemí Rubio y Mercedes Raquel Díaz, con
motivo del accidente de tránsito del que fueran víctimas, promueven (ante el Juzgado Civil y
Comercial N° 2 del Departamento Judicial La Plata) demanda de daños y perjuicios contra
Pedro O. Moreno, Marcos Carlos, Ramón Palijczuc y la empresa "La Jirafa Azul S. A.",
obteniendo sentencia en primera instancia a favor de la pretensión de los actores el día 26 de
noviembre de 1996 (fs. 487/496).
El día 28 de octubre de 1997, con motivo de los recursos de apelación deducidos contra el
pronunciamiento de primera instancia, dicta sentencia la Cámara de Apel. Civil y Com.
Primera de la Plata, sala III, modificando aquélla en torno a la responsabilidad de las partes, y
reduciendo el capital de condena -a favor de los actores- a $50.175.
El 24 de noviembre de 1997, el codemandado "La Jirafa Azul S.A." interpone recurso
extraordinario de inaplicabilidad de ley o doctrina legal.
El 23 de noviembre de 1998 la firma "Compañía Productora de alimentos del Sur"
(continuadora de "La Jirafa Azul") inicia demanda de presentación en Concurso Preventivo,
ante el Juzgado Civil y Comercial N° 10 del Departamento Judicial de Mar del Plata,
declarándose la apertura del concurso el día 26 de noviembre de 1998 (conf. documental de fs.
680/681).
Apéndice de fallos
Página 106
El 16 de febrero de 2000, la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires dicta sentencia
rechazando el recurso extraordinario deducido en autos "Rubio Gloria S. N. y otr. c. Moreno
Pedro y otr. s/ Daños y Perjuicios".
El 1 de Junio de 2000 el doctor R. D. D. Z. practica liquidación -en el aludido expediente- de
los montos adeudados a la actora, la que es impugnada por la contraria, mereciendo el posterior
allanamiento del doctor D. Z. a fs. 639.
El 6 de julio de 2000 es aprobada la liquidación.
El 11 de julio de 2000 la actora solicita se ordene la inhibición general de bienes de los
obligados al pago. Asimismo el doctor R. D. Z. apela la regulación de honorarios profesionales
por considerarlos bajos.
A fs. 644 el Juez de Primera Instancia decreta la cautelar solicitada.
El 12 de septiembre de 2000 el doctor D. Z. denuncia datos para la inscripción de la inhibición
del codemandado "La Jirafa Azul".
A fs. 686 se agrega oficio de fecha 23 de febrero de 2001 por el que Juez del concurso ordena
la suspensión de las actuaciones y la remisión de los atuos: "Rubio Gloria y otro c. Moreno
Pedro y otrs. s/ Daños y perjuicios" al Juzgado Civil y comercial 10 donde tramita el concurso
preventivo.
El 22 de octubre de 2001 en atención al oficio recibido se ordena la suspensión de las
actuaciones y su remisión al Juzgado del concurso preventivo.
Dichas actuaciones fueron recibidas el 21 noviembre de 2001 ordenándose, nuevamente, la
suspensión del trámite hasta tanto tomen intervención las partes y el Síndico (fs. 706).
El 23 de setiembre de 2003, Gloria Sandra Noemí Rubio y Mercedes Raquel Díaz, en virtud
del crédito reconocido en la sentencia declarada en autos "Rubio Gloria S. N y otra c. Moreno
Pedro Oscar c. Moreno y otra. s/ Daños y Perjuicios", y los doctores R. D. D. S. y S. I. B., en
razón de los honorarios fijados en dicho expediente, promueven incidente de verificación tardía
en el concurso de la Compañía Productora de Alimentos del Sur. S.A. de trámite ante el
Juzgado Civil y Comercial N° 10 del Departamento Judicial de Mar del Plata, por la suma de
$102.389,60.
Corrido el traslado de ley a fs. 41/42, contesta el incidente la concursada, oponiendo la
excepción de prescripción.
A fs. 47/48, la incidentista responde la excepción planteada.
A fs. 58/60 el síndico Walter Néstor Morales, presenta el informe del art. 56 de la ley 24.522
LC y Q.
Así las cosas, el Juez de Primera Instancia dicta sentencia en los términos que fueron expuestos
en el acápite I.
V. Pasaré a analizar los agravios planteados.
Apéndice de fallos
Página 107
El art. 56, 5° párrafo, de la ley 24.522 prescribe que: "El pedido de verificación tardía debe
deducirse por incidente mientras tramite el concurso o, concluido este por la acción individual
que corresponda, dentro de los dos (2) años de la presentación en concurso. Vencido ese plazo,
prescriben las acciones del acreedor, tanto respecto de los otros acreedores como del
concursado, o terceros vinculados al acuerdo, salvo que el plazo de prescripción sea menor".
A los efectos de su aplicación cabe señalar las particularidades que revisten las presentes
actuaciones:
1) El concurso de "Cía. Productora de Alimentos S.A." -continuadora de "La Jirafa Azul"- se
tramita ante este departamento judicial de Mar del Plata, mientras que el juicio de daños y
perjuicios originado en el accidente de tránsito, tuvo su trámite ante el Juzgado Civil y
Comercial N° 2 del Departamento Judicial de La Plata.
2) Se publicaron edictos por el que se hace conocer la apertura del concurso de la "Cía.
Productora de Alimentos del Sur S.A.". Evidentemente una persona que no está vinculada a la
empresa continuadora de "La Jirafa Azul", desconoce que ha pasado con la empresa a quienes
demando en los daños y perjuicios.
3) A fs. 668/674 (11 de mayo de 2001) la demandada solicita la suspensión y remisión de las
actuaciones al juez del concurso, petición que reitera a fs. 683/686 con el oficio
correspondiente. Tal circunstancia denota un comportamiento jurídicamente relevante y
contrario al asumido con posterioridad.
Veamos: es el propio demandado, hoy concursado, que requiere en su presentación de fecha 9
de febrero de 2001 (ver cargo fs. 685) que se comunique al acreedor que deberá hacer valer su
acreencia, mientras que tanto al contestar el traslado de la pretensión verificatoria, como al
expresar agravios denuncia que la verificación es extemporánea habiendo vencido el plazo para
su promoción el 26 de noviembre del 2000.
Ahora bien ¿cómo juegan las actuaciones seguidas en el juicio de daños y perjuicios respecto a
la interrupción de la prescripción estatuida en el art. 56 de la ley 24.522?
En primer término, corresponde dejar sentado que -a diferencia de lo sostenido por el apelanteresulta plenamente aplicable al proceso concursal las normas de los arts. 3986, 3987 y concs.
del Cód. Civil.
De tal modo, los actos procesales practicados en el referido juicio de daños, en especial la
liquidación, han interrumpido el plazo de prescripción que pudiera estar corriendo, siendo el
tiempo que dure el proceso "...irrelevante para el computo de la misma, si no se decreta en la
causa la perención de instancia, ya que el efecto se prolonga todo el tiempo que dure aquél"
(esta Alzada, sala I, causa 108.305, RSD-68-1 del 17/04/2001).
Asimismo, en numerosos precedentes se reconoció el carácter de "acto interruptivo de la
prescripción" a los actos procesales realizados en otra instancia, toda vez que dicho acto
exterioriza la voluntad del titular del derecho de no dejar que prescriba (argto. Cám. 1° Civ. y
Com. de La Plata, sala II, causas: 219.806, RSD-253-94 del 13/12/1994; 225.910, RSD-247-96
del 28/11/96).
Apéndice de fallos
Página 108
Es decir que en el mejor de los supuestos esa continuación del proceso ante juez incompetente
torna aplicable el art. 3986 del Cód. Civil.
Precisamente la nota al mentado artículo dice: "aunque la demanda sea nula, prueba la
diligencia del que la interpone, y constituye al poseedor de mala fe. El artículo del Cód.
francés, 2046 da a la demanda entablada ante el juez incompetente, el efecto de interrumpir la
prescripción, y el artículo siguiente se lo niega cuando la demanda es nula por defecto de
forma. Pero, ¿cuál es la diferencia en uno y otro caso? Los comentadores de este Código no
han podido explicarla. Enseñan que la mujer casada, que sin licencia de su marido se
presentare demandando al poseedor de una cosa, interrumpía la prescripción. ¿Cuál es entonces
el vicio en la forma al cual se niega el mismo efecto? Para nosotros, basta un acto judicial
contra el poseedor para constituirlo de mala fe en su posesión... Una interpelación extrajudicial
dirigida al poseedor de un inmueble, no cambia el carácter de la posesión y no interrumpe la
prescripción. Las denuncias de las pretensiones de la propiedad de una heredad, cuando no se
someten a los jueces, se supone que no son serias y que se carece de los medios de
justificarlas..." (nota art. 3986 del Cód. Civil).
El efecto interruptivo de la prescripción de actos realizados ante un juez incompetente, incluso
cuando ellos sean nulos, ha sido reconocido por la doctrina y jurisprudencia en un fallo de la
CNCom., sala A, en autos "Establecimientos Mirón S.A. s/ Concurso Preventivo s/ inc. pronto
pago por Acosta, Juan E." (Heredia, Pablo D.; "Tratado Exegético de Derecho Concursal", T.
2, Ed. Abaco de Rodolfo Depalma, Ciudad de Bs. As. 1998, ps. 274 y sigtes.).
En este precedente se inició una demanda laboral bajo la vigencia de la ley 19.551 que
continuó su trámite en el fuero de trabajo después de la entrada en vigor de la ley 24.522 hasta
obtener sentencia definitiva, haciendo caso omiso de lo previsto en el art. 21, inc. 5°, LCQ. El
tribunal actuante resolvió que si bien el acreedor de origen laboral debió continuar su reclamo
mediante la vía del art. 32, LCQ, la circunstancia de haber proseguido la instancia laboral hasta
el dictado de la sentencia obstaba al andamiento de la prescripción impetrada en los términos
del art. 56 de la LCQ.
En la obra citada, el doctor Heredia expone la posición de Roitman quien se muestra de
acuerdo con la solución del fallo, argumentando que si el acreedor tenía derecho, según la ley
19.551, para proseguir la tramitación de la causa en sede laboral, para luego de obtenida
sentencia ocurrir ante la sede del concurso a fin de verificar su crédito, en el mejor de los casos
esa continuación en una sede que no corresponde autorizaría a invocar el art. 3986 del Cód.
Civil, que interrumpe la prescripción ante juez incompetente.
Al dar su opinión, el autor señala que "el trámite seguido en sede laboral desatendiendo lo
previsto por el art. 21, LCQ es, claramente, inoponible al concurso, procediendo con
fundamento en esa inoponibilidad inclusive su anulación". Sin embargo -agrega- que esas
actuaciones nulas no están desprovistas de efecto interruptivo pues, como enseña Vélez
Sársfield en su nota al art. 3986 del Cód. Civil, "aunque la demanda sea nula, prueba la
diligencia de quien la interpone".
Apéndice de fallos
Página 109
Haciendo referencia a la nulidad y citando a Spota, agrega el autor que si la nulidad se refiere a
actos subsiguientes a la demanda, la solución es la misma, ya que con mayor razón ello no
significaría un obstáculo para que se declare sobrevenida la causa interruptiva.
Finalmente, concluye que "en el caso judicial reseñado, no fue lógicamente la demanda
(promovida antes del concurso) la que interrumpió la prescripción del art. 56, LCQ, sino que lo
fueron los actos procesales cumplidos en sede laboral con posterioridad a la presentación del
deudor en convocatoria, aun cuando quepa reputar a tales actos nulos por el hecho de haber
sido realizados ante juez incompetente..." (op. cit. p. 275).
En consecuencia, no existen dudas que las actuaciones seguidas ante el juez de la causa
interrumpieron el plazo de prescripción que establece el art. 56 de la ley 24.522, resultando
oportuna la promoción del incidente de verificación tardía.
En virtud de las consideraciones de hecho y derecho expuestas considero que debe rechazarse
la apelación deducida (art. 3986 del Cód. Civil; art. 56, ley 24.522 y sus modificatorias).
Así lo voto.
El doctor Oteriño votó en igual sentido y por los mismos fundamentos.
2ª cuestión.- La doctora Zampini dijo:
Corresponde confirmar la sentencia de fs. 61/63 en cuanto ha sido materia de apelación por la
parte incidentada. Propongo que las costas de esta Alzada se impongan a la apelante vencida
(art. 68 y 274 del CPC).
Así lo voto.
El doctor Oteriño votó en igual sentido y por los mismos fundamentos.
En consecuencia, se dicta la siguiente sentencia: Por los fundamentos dados en el presente
acuerdo se confirma la sentencia de fs. 61/63 en cuanto ha sido materia de apelación por la
parte incidentada. Las costas de esta Alzada se imponen a la apelante vencida (art. 68 del
CPC). Se difiere la regulación de honorarios profesionales para su oportunidad (art. 31, ley
8904). Notifíquese personalmente o por cédula (art. 135 del CPC). - Nélida I. Zampini. Rafael F. Oteriño.
21. S.C.J.Mza., mayo 15-2006 Expediente: 84463 “Citibank NA en J°
11157/28956 El Rapido SRL p/ Conc. Prev. P/ Inc. de Presc. (pieza sep.
El Rapido S.R.L.) en J° 8715 s/ Casación” L.S. 365:170 **
22.
C.Civ. y Com.Mar del Plata, sala II, junio 15-2004 “Melucci,
Félix L. s/Ver.tardía en Coop.Agropecuaria e Ind. Ltda
p/Conc.Prev. Hoy Quiebra” **
Apéndice de fallos
Página 110
23.
C.2ª.Civ.Com.Mza., marzo 3-1998 “Fiore, Tomás A. c/Martín,
José A.” J.A. To. 2001-III sínt.
1. La responsabilidad por filtraciones provocadas en un departamento hacia los restantes
de la propiedad horizontal es de naturaleza extracontractual, y por consiguiente está
sujeta al plazo de prescripción bienal. La naturaleza del daño no cambia o se modifica
por más que la reparación por filtraciones se halle prevista en el reglamento de
copropiedad horizontal, pues el perjuicio no proviene de un incumplimiento al citado
reglamento -de naturaleza contractual, y cuyo plazo de prescripción es de diez añossino de un proceder ilícito, que sin implicar un delito, constituye la causa del daño.
2. La persistencia de los daños no altera la fecha del inicio de la acción, ni el cómputo de
la prescripción que en materia de daños por inundaciones debe ubicarse en el momento
en que tal fenómeno se produjo.
24.
C.S.N., mayo 4-1993 “La Rinconada S.A. c/Estado Nacional”
Fallos 316:871
Buenos Aires, 4 de mayo de 1993.
Vistos los autos: "La Rinconada S.A. (en liquidación) c/ Estado Nacional s/ nulidad de
resolución".
Considerando:
1º) Que contra la sentencia de la Sala II de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Contencioso Administrativo Federal -parcialmente modificatoria de la de primera instanciaque confirmó el rechazo de la defensa de prescripción y condenó al Estado Nacional a pagar
una suma equivalente a la diferencia entre los frutos que hubiera podido producir el
establecimiento agropecuario de la actora de acuerdo a una explotación racional, y aquéllos
efectivamente producidos durante el período comprendido entre los años 1959 y 1973, la
demandada dedujo recurso ordinario de apelación que fue concedido a fs. 2104 y fundado a fs.
2125/2141. La actora contestó el traslado respectivo a fs. 2156/ 2177.
2º) Que el recurso es formalmente procedente toda vez que se trata de una sentencia definitiva,
recaída en una causa en que la Nación es parte y el valor cuestionado, actualizado a la fecha de
interposición del recurso, supera el mínimo establecido por el art. 24, inc. 6º, apartado "a", del
decreto-ley 1285/58 y Resolución Nº 551/87 de este Tribunal.
3º) Que La Rinconada S.A. (en liquidación) demandó al Estado Nacional por la restitución de
los frutos civiles y naturales percibidos por éste durante todo el período en que administró el
Apéndice de fallos
Página 111
establecimiento agropecuario denominado "La Rinconada" -propiedad de la actora- y por los
frutos que hubiese dejado de percibir como consecuencia de la administración negligente del
Estado (fs. 2, 776/776 vta. y 778), fundando su pretensión en el carácter de poseedor de mala fe
que, a su juicio, habría revestido este último. Subsidiariamente reclamó los daños y perjuicios
ocasionados por la actividad ilegítima de la demandada.
4º) Que la empresa actora fue separada de la administración de su establecimiento
agropecuario "La Rinconada", sito en Arrecifes, Provincia de Buenos Aires, e intervenida por
el Poder Ejecutivo Nacional por medio del decreto 4415/55 del 2 diciembre de 1955, en virtud
de su presunta vinculación con los patrimonios del señor Jorge Antonio, en lo relativo a la
suscripción de sus acciones, y de la firma Mercedes Benz Argentina S.A., en lo referente a la
adquisición de dicho establecimiento. Los interventores designados por el decreto citado no
aceptaron el cargo, por lo que la administración de dicha empresa fue ejercida, hasta 1964, por
un delegado de quien, para esa época, se desempeñaba como interventor de Mercedes Benz, y
por funcionarios vinculados a la Junta de Recuperación Patrimonial creada por el decreto-ley
5148/55 y, finalmente, por la presidencia de la denominada Comisión Liquidadora DecretoLey 8124/57. Cabe agregar que Mercedes Benz Argentina S.A. fue intervenida, antes que la
actora, por el decreto 296/55, y más tarde interdicta -al igual que el señor Jorge Antonio- por el
decreto 5148/55, del 9 de diciembre de 1955. No obstante el levantamiento de esta última
medida respecto de la empresa Mercedes Benz en virtud del decreto 3732/59, la demandante
continuó intervenida y privada del uso y goce de su establecimiento agropecuario.
5º) Que el 29 de abril de 1966, La Rinconada S.A., por ese entonces sociedad en formación,
demandó a la Nación por nulidad e inconstitucionalidad de los actos "de cualquier índole"
emanados del Poder Ejecutivo Nacional, de sus órganos y dependencias -incluida la Junta de
Recuperación Patrimonial- en virtud de los cuales fue intervenida y privada del uso y goce de
sus bienes. En dicho proceso, caratulado "La Rinconada S.A. (en formación) c/ la Nación
Argentina s/ nulidad e inconstitucionalidad" -agregado por cuerda- se dictó sentencia favorable
a la actora el 29 de marzo de 1973, la cual se encuentra firme y pasada en autoridad de cosa
juzgada. Por otra parte, el 31 de marzo de 1967, el Estado Nacional, por medio de la Comisión
Liquidadora Decreto-Ley 8124/57 inició demanda de simulación contra los accionistas de La
Rinconada S.A. (en formación), Mercedes Benz Argentina S.A., Asuval S.R.L. y el señor Jorge
Antonio, a fin de que se declarara simulada la suscripción de acciones de la empresa actora, y
de que se reconociera su titularidad en cabeza de este último; posteriormente se desistió de la
acción (fs. 774 vta.).
6º) Que en la sentencia dictada en el juicio de inconstitucionalidad mencionado se expresó
"que la intervención de sociedades o empresas dispuesta por el Poder Ejecutivo a tenor de los
decretos 296, 297 y 4415, los tres del año 1955 y el último de los cuales fue comprensivo de La
Rinconada S.A. (en formación), constituyó una medida precautoria que se adoptó por
presumirse la existencia de situaciones patrimoniales de la índole de las que fueron más tarde
alcanzadas por lo que establece el decreto-ley 5148/55, y con el propósito de asegurar el
cumplimiento de medidas de fondo tales, ya por entonces previsibles" (confr. considerando 1º;
fs. 915 de la causa citada). A continuación se afirmó que tal medida, en razón del carácter
cautelar que había tenido, debió haber concluido con el dictado del decreto 6911/55, pues dicha
Apéndice de fallos
Página 112
norma cerraba la nómina de sociedades interdictas por el decreto-ley 5148/55, sin que la actora
hubiera sido incluida, o, a lo sumo, al dictarse el decreto 3732/ 59 que dispuso el cese de la
interdicción de la empresa Mercedes Benz. Desde esta premisa, el magistrado interviniente
juzgó que el mantenimiento de la intervención más allá de las fechas antedichas "aparecía
desprovista de todo sustento", por lo que declaró su nulidad a partir del 10 de abril de 1959 y
condenó al Estado Nacional a la restitución de todos los bienes de la actora, "con entrega de
ellos -muebles e inmuebles- y de sus accesorios, a cuyo efecto rendirá cuentas... por todo el
período que abarcó su gestión". La entrega del establecimiento agropecuario "La Rinconada"
se llevó a cabo el 31 de octubre de 1973; en cambio la rendición de cuentas se efectuó en el
año 1976, en la etapa de ejecución de la sentencia referida.
7º) Que el juez de primera instancia rechazó la defensa de prescripción por considerar que en el
sub judice no se configuraba un caso de responsabilidad extracontractual, sino que se trataba de
la acción personal por cobro de frutos que el propietario de un inmueble tiene contra el
poseedor, sea éste de buena o mala fe, y con cita del precedente de Fallos: 305:2098, consideró
aplicable el plazo de prescripción decenal previsto por el artículo 4023 del Código Civil (fs.
1940/1955). Fijó el punto de partida para el cómputo de dicho plazo desde el momento en que
el Estado hubo rendido cuentas de su gestión, esto es, desde el 26 de julio de 1976 (fs. 1947),
por lo que, de acuerdo a la fecha de interposición de la demanda -24 de junio de 1983 (fs. 6)rechazó la defensa de prescripción opuesta y condenó al Estado Nacional a pagar la suma
equivalente a la diferencia entre lo que pudo producirse de acuerdo a una explotación racional
y lo que efectivamente produjo el establecimiento durante la administración estatal.
La cámara confirmó tal pronunciamiento en lo principal, pero lo modificó en cuanto dispuso
que los frutos reclamados no debían ser reconocidos desde el año 1955, sino a partir del 10 de
abril de 1959 (fs. 2079/2084), fecha desde la cual fue declarada nula la intervención de la
actora.
8º) Que los agravios de la apelante se refieren, en primer término, al rechazo de la defensa de
prescripción, pues sostiene que al no haber poseído el inmueble de la actora (fs. 2019 y 2127),
el plazo aplicable es el de dos años por tratarse de un supuesto de responsabilidad
extracontractual del Estado. En consecuencia corresponde examinar previamente esta cuestión
toda vez que, de prosperar dicha defensa, se tornaría inoficioso el tratamiento de las restantes
alegaciones.
9º) Que esta Corte ha sostenido en forma reiterada que cuando no existe contrato que vincule al
Estado, la prescripción de la acción del particular para demandarlo por los daños causados por
hechos o actos administrativos, es de dos años (art. 4037 del Código Civil, reformado por la
ley 17711 ), sin que quepa distinguir a tal fin sobre el carácter legítimo o ilegítimo de la
actividad estatal generadora del perjuicio (Fallos: 300:143 ; 307:771 y 821; 308:337 y 661;
310:1932).
De este modo se ha abandonado la doctrina sentada con anterioridad a la reforma introducida
por la ley 17711 al artículo 4037 del Código Civil, según la cual la prescripción anual -prevista
por dicha norma en su texto original- no era aplicable a la acción de daños y perjuicios
derivados del ejercicio legítimo del poder público (Fallos: 195:66).
Apéndice de fallos
Página 113
Concordemente con lo expuesto, se ha aplicado la prescripción bienal, inclusive, a los reclamos
derivados de relaciones jurídicas de naturaleza institucional [in re: A. 680. XXII; "Astuena
Norman Juan c/ Estado Nacional (P.E.N.)", sentencia del 19 de diciembre de 1991], y sólo han
resultado excluidos de la aplicación de este principio, aquellos supuestos en los que la situación
jurídica del Estado -nacional o provincial- resultaba claramente reglada por otra norma
específica de derecho privado, de inequívoca aplicación al caso (Fallos: 305:2098; in re: P.
343. XX "Playas del Faro S.A. c/ Buenos Aires, Provincia de s/ sumario", sentencia del 21 de
noviembre de 1989).
10) Que el proceder del Estado Nacional, en cuanto dispuso separar a la sociedad actora de la
administración de su establecimiento agropecuario e intervenirla por su presunta vinculación
con los patrimonios del señor Jorge Antonio y de Mercedes Benz Argentina S.A., se sustentó,
principalmente, en los decretos 296/55, 297/55 y 4415/55, a los que posteriormente se integró
el decreto-ley 5148/55 (Fallos: 300:1029) al declarar la interdicción de las dos personas
mencionadas en último término y crear la Junta de Recuperación Patrimonial, cuyos
funcionarios ejercieron, en parte, la administración del establecimiento de propiedad de la
actora durante la intervención (fs. 572 y 698 del juicio de inconstitucionalidad y fs. 1601 y
2044 de la presente causa; arts. 2º y 7º del decreto-ley 5148/55), por lo que sus actos fueron
objeto de expresa impugnación en el juicio de inconstitucionalidad, según surge de la copia del
escrito de demanda obrante a fs. 16 del presente.
11) Que entre los propósitos que motivaron el dictado del decreto 296 -que dispuso la
intervención de "Mercedes Benz" y sirvió de fundamento al decreto 4415/55- se enunció el de
"corregir toda forma de corrupción administrativa o económica", y además se dijo "que la
acumulación de extraordinarios capitales en base a esos procedimientos, hace de imperiosa
necesidad intervenir las empresas que han servido para la construcción de verdaderos imperios
económicos", en tanto que en los considerandos del decreto-ley 5148/55 se expresó "que es
urgente y necesario suplir o salvar las deficiencias u obstáculos de orden procesal, que presenta
el jurídico vigente, no establecido para situación tan excepcional, arbitrando las normas y
procedimientos adecuados al logro de los fines...". Esta norma facultaba a la Junta Nacional de
Recuperación Patrimonial a ejercer "la guarda, depósito, conservación, fiscalización y/o
administración" de los bienes de las personas interdictas y fijaba el procedimiento que debían
observar éstas para acreditar la legitimidad de sus derechos sobre los bienes "objeto de las
medidas precautorias" (art. 3º). Las resoluciones de dicha Junta eran impugnables por medio de
recurso de apelación ante la "Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, Comercial y Penal
Especial y en lo Contencioso Administrativo de la Capital Federal" (art. 5º).
12) Que al intervenir a la demandante, el Estado adoptó una medida de carácter cautelar y, por
ende, de duración limitada, cuya finalidad principal era evitar la frustración del cumplimiento
de una eventual decisión judicial o administrativa que tuviera por acreditada la vinculación
patrimonial antedicha. Ello fue precisamente destacado por el magistrado interviniente en el
juicio de inconstitucionalidad tramitado entre las mismas partes, a fin de resolver el
acogimiento de la demanda y la restitución de todos los bienes a la actora (fs. 911/917,
especialmente fs. 915 vta. y 916), lo cual reviste carácter de cosa juzgada.
Apéndice de fallos
Página 114
13) Que en ese juicio la actora reconoció que la ocupación y administración del
establecimiento La Rinconada por parte del Estado Nacional habían estado vinculadas,
principalmente, con su intervención (fs. 180 vta. y 181 vta.). Sólo así puede concebirse que la
demandante obtuviera la restitución del inmueble en dicho proceso, en el que no se había
debatido sobre la vigencia y plenitud de su derecho real de dominio, ni respecto al presunto
carácter de poseedora de la demandada, sino que sólo se había impugnado dicha intervención
sin acudir a la vía reivindicatoria o posesoria. En este sentido, tal ocupación hacía efectiva la
administración del bien por parte del Estado Nacional, debido a que la medida adoptada por el
decreto 4415/55 importaba el desplazamiento temporal de la actora de la administración de
todos sus bienes.
14) Que para que se configure la posesión se requiere que concurran dos elementos, uno, el
corpus, que consiste en que el poseedor tenga la cosa bajo su poder, y el otro, el animus domini
(arts. 2351 , 2353 , 2354 , 2373 , 2379 , 2382 , 2480 , 4006 y 4015 del Código Civil), que
significa la intención del poseedor de someter la cosa a un derecho real de propiedad. Es decir,
que la posesión constituye la condición de hecho en virtud de la cual son posibles los tres
modos de servirse de la cosa: usarla, gozarla y consumirla, y que integran el contenido
sustancial del derecho real de dominio. La ausencia del animus -que se revela de ordinario
como el reconocimiento, por parte del poseedor, del derecho de propiedad en otra personadetermina la inexistencia de posesión (arts. 2352 , 2460 , 2461 , 2462 , 2464 , 2465 y 2467 del
Código Civil).
15) Que de los motivos y causas determinantes de los actos administrativos en los que el
Estado sustentó su obrar, se advierte que éste no ha poseído el establecimiento agropecuario de
la actora, pues no ha unido al acto material de su ocupación, el elemento subjetivo
indispensable para configurar tal supuesto. Así, no ocupó el bien con el propósito de tenerlo
como propio, sino con el de hacer efectiva su administración, conforme con la intervención
dispuesta.
Dicha medida cautelar -a la que accedía la ocupación- al igual que aquellas que fijaba el
decreto-ley 5148/55 (arts. 1º y 10), tenían por objeto preservar los bienes presuntamente mal
habidos y estaban subordinadas a las contingencias de los juicios que posteriormente debía
instar el Estado (vgr. el juicio de simulación antes mencionado; Fallos: 300:1029) para obtener
un pronunciamiento que tuviera por acreditados los extremos que por ese entonces se
presumían, o bien, dependían del resultado del procedimiento que el particular afectado tenía
que observar para acreditar la legitimidad de sus reclamos (arts. 3º, 4º y 5º del decreto-ley
5148/55), por lo que debían cesar en el caso de que -por una u otra vía- se desvirtuaran las
presunciones de simulación que las normas establecían (art. 6º del decreto-ley 5148/55 y
Fallos: 242:56 y 268:183 ). Ello demuestra una calificación especial en la voluntad de tener la
cosa por parte del Estado, que importó una autolimitación en el ejercicio de las facultades del
poder público, hasta que se definiera la legitimidad de los derechos de las personas afectadas.
En consecuencia, el acto material descripto no es asimilable a los que la ley califica como aptos
para adquirir la posesión en forma unilateral, (arts. 2373 y 2382, in fine , del Código Civil),
pues la intención de tener la cosa como propia no puede estar sujeta a contingencias: se tiene o
no se tiene, y si ella falta no hay posesión sino tenencia. Además, la administración de bienes
Apéndice de fallos
Página 115
ajenos -tal el resultado de la intervención- descarta la idea de animus domini, pues no implica
la posesión de los bienes de la sociedad intervenida sino sólo el desplazamiento transitorio de
los órganos naturales de gobierno y administración -que en el caso, según se verá, sólo se
cumplió parcialmente- por los interventores estatales que ejercen sus funciones en nombre de
la sociedad.
16) Que en este orden de ideas cabe señalar que, en principio, la situación jurídica del Estado
en los casos de ocupación de inmuebles ajenos no puede asimilarse lisa y llanamente a la de
cualquier particular poseedor, pues éstos actúan en interés propio, sin más normas o preceptos
que el muy general de no dañar a otro, en tanto que la actividad del Estado tiene por objeto la
realización del bienestar general y se desenvuelve según las reglas legales de la competencia.
Por ello, uno de los elementos objetivos a considerar para determinar la existencia o no de
animus domini en estos casos, es la voluntad estatal expresada por medio del acto
administrativo correspondiente y de los motivos o causas que aparecen en éste como
determinantes, pues en el acto administrativo es donde se objetiva la voluntad del Estado y su
examen de legalidad sólo es posible verificarlo confrontando los diversos elementos
constitutivos de aquélla.
En el sub judice, los actos administrativos referidos, al disponer medidas de carácter temporal,
revelaban la voluntad del demandado de autoexcluirse de la condición de poseedor y de las
consecuencias favorables que la misma le hubiera reportado (art. 2524 inc. 7 y 4015 del
Código Civil). Por otro lado, fue la motivación de tales actos lo que tuvo en cuenta el
magistrado en el proceso de inconstitucionalidad para declarar que la intervención no podía
mantenerse sine die y así ordenar la restitución de los bienes a la actora, acto éste que se
fundaba en un deber ajeno al carácter de poseedor (art. 2465 del Código Civil).
17) Que, por otra parte, las facultades que tenía la Junta de Recuperación Patrimonial sobre los
bienes que habían sido objeto de investigación y que fueron ejercidas con relación a la actora
por funcionarios vinculados a dicho organismo (fs. 572 y 698 del juicio de inconstitucionalidad
y fs. 1601 y 2044 del presente), esto es, de "guarda, depósito, conservación, fiscalización y/o
administración" (art. 2º, párrafo segundo, del decreto-ley 5148/55), encuadran en los casos
típicos de tenencia (arts. 2461 y 2462 , inc. 2 del Código Civil), en tanto que los deberes
impuestos a dicha Junta en lo referente a la administración de las empresas alcanzadas por la
interdicción (art. 10 del decreto-ley 5148/55) y el procedimiento que debía observar el
interesado para acreditar la legitimidad de sus derechos (arts. 3º y sgtes.), sólo pueden
comprenderse a la luz del reconocimiento por parte del Estado de un derecho de propiedad
ajeno, que resulta suficiente para excluir la posesión (Fallos: 311:2842
). Estas
consideraciones son aplicables a la demandante sin que resulten afectadas por la inexistencia
de interdicción a su respecto, pues si con relación a los bienes de las empresas intervenidas e
interdictas el Estado Nacional era mero tenedor (art. 1º decreto 296 y arts. 1º y 14 decreto
5148/55), no se comprende cómo podría atribuírsele el carácter de poseedor en caso de existir
únicamente intervención (decreto 4415/55).
18) Que, además, el carácter de tenedor de la demandada surge de la prueba producida en el
juicio de inconstitucionalidad tramitado entre las mismas partes. Así, quedó demostrado que -a
Apéndice de fallos
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pesar de la referida intervención- los accionistas no fueron excluidos totalmente de la
administración del establecimiento agropecuario, pues el órgano que tenía dicha función estuvo
integrado, entre otros, por dos de ellos, a saber, los señores Guillermo Ramón del Pino y Ángel
Suárez (fs. 2/5), y se mantuvo en el cargo al administrador contratado antes de la intervención,
señor Eduardo Pedro Legris, según surge de la prueba testifical (fs. 573, 762, 764, 765, 770,
822, 845/845 vta.) y pericial (fs. 698, 699/699 vta.). Tal medida resulta compatible con la
inteligencia que se le asignó a la ocupación del establecimiento. A ello se le agrega que la
propia demandante le atribuyó al Estado Nacional la condición de mero tenedor (fs. 181 vta.,
fs. 572, posición tercera y 607) y a los funcionarios interventores la de "guardadores estatales
de bienes ajenos" (fs. 59 vta., último párrafo); también reconoció que la ocupación se
vinculaba con la intervención, pero que ésta "por su esencia misma, siempre es una medida
transitoria" (fs. 180 vta.), por lo que se agravió de su prolongada duración. A su vez el
demandado admitió que "...detenta el gobierno de la sociedad (actora) por medio de la
intervención" y que los beneficios de la explotación del establecimiento se habían depositado a
resultas del juicio de simulación por la suscripción de acciones de la demandante (fs. 573).
19) Que no surge de autos que haya existido mutación de la causa detentionis (arts. 2353 y
2458 del Código Civil), por lo que el demandado mantuvo su carácter de mero tenedor del
establecimiento durante todo el tiempo que duró su administración pues las constancias de fs.
886/ 1005, a las que la actora les atribuye eficacia probatoria respecto de la posesión (fs. 1915
vta.) sólo confirman la administración del bien por parte del Estado y su correspondiente
obligación de rendir cuentas por dicha gestión. Tampoco modifica la condición de mero
tenedor el hecho de que la administración del establecimiento estuviera a cargo de funcionarios
de la denominada "Comisión Liquidadora Decreto-Ley 8124/57", toda vez que este organismo
no desempeñó dicha función con el propósito de enajenar el bien (art. 1º decreto-ley 19980),
sino como consecuencia de haber sustituido a la Junta de Recuperación Patrimonial en el
ejercicio de las facultades de guarda, depósito, conservación, fiscalización y/o administración
de los bienes que -como los de la actora- no se habían incorporado al patrimonio nacional
(confr. art. 3º decreto-ley 3775/58).
Además, según lo manifestado por la demandante (fs. 774), el decreto 7837/72 declaró conforme con lo previsto por el art. 138 de la Ley de Contabilidad- a La Rinconada S.A.,
hacienda paraestatal (art. 1º), con lo que se manifestaba la voluntad del Estado de mantener su
condición de administrador de bienes ajenos y, por ende, de no afectar los derechos de la
actora, contrariamente a lo dispuesto en otros casos sometidos a la Junta de Recuperación
Patrimonial, en los que se alteró el título de la mera tenencia por un pronunciamiento
jurisdiccional que dispuso la transferencia de los bienes al patrimonio nacional (Fallos: 238:76
y 283:267 ).
20) Que la posesión continua de un inmueble por el plazo de ley constituye un modo
excepcional de adquirir el dominio (arts. 2524 , inc. 7º y 4015 del Código Civil), por lo que los
actos por medio de los cuales se adquiere tal posesión deben efectuarse de manera
insospechable, clara y convincente (Fallos: 300:651). La obligación del poseedor de mala fe de
restituir el bien con sus frutos subsiste mientras no se prescriba el inmueble.
Apéndice de fallos
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Si el mero tenedor no puede beneficiarse por el transcurso del tiempo para adquirir la
propiedad de la cosa por carecer de vocación de dominio, tampoco puede verse perjudicado por
la extensión de las responsabilidades específicas que la ley impone a aquellos que sí tienen
dicha vocación (arts. 2438 y 2439 del Código Civil). Por ello, si no ha existido turbación ni
despojo, esto es, si el acto material de ocupación se llevó a cabo sin ánimo de poseer, sólo es
posible reclamar daños y perjuicios (arts. 2497 y 2806 del Código Civil; in re: C. 876. XX.
"Compañía Azucarera Tucumana S.A. c/ Estado Nacional s/ expropiación indirecta" -voto del
doctor Belluscio- considerando 14, sentencia del 21 de setiembre de 1989).
21) Que, en consecuencia, la actividad ilícita del Estado por el mantenimiento anómalo de
medidas precautorias extraordinarias dictadas en el ejercicio de su poder de policía, configura
un caso de responsabilidad extracontractual, pues en virtud de la sentencia dictada en el
proceso de inconstitucionalidad fue declarada la ilicitud del obrar estatal, mas no fue
modificada la condición de mero tenedor del demandado. Por ello, carecen de sustento fáctico
las normas atinentes al poseedor de mala fe invocadas por la contraria (arts. 2438 , 2439 y 4023
del Código Civil), las que se ven desplazadas por aquéllas que rigen la responsabilidad
aquiliana.
22) Que por lo expuesto, el rechazo -por parte de la cámara- de la defensa de prescripción
bienal sólo por entender que el Estado había admitido la posesión del inmueble de la actora al
contestar la demanda, importó ignorar la real motivación de los actos administrativos en los
que el demandado sustentó la ocupación del inmueble (fs. 828, 4to. párrafo), demostrativa de
su falta de animus domini en el origen, y soslayar las constancias del juicio de
inconstitucionalidad referido en cuanto son reveladoras de la ausencia de interversión de título.
Asimismo el a quo no le asignó al thema decidendum la amplitud debida, pues frente a las dos
pretensiones deducidas por la actora -de restitución de frutos y, subsidiariamente, daños y
perjuicios- y a la invocación por la contraria de la prescripción bienal atinente a la
responsabilidad extracontractual, estaba obligado a determinar la verdadera causa de la
obligación (art. 499 del Código Civil) y proveer el plazo de prescripción correspondiente.
23) Que las expresiones efectuadas por la demandada en su contestación de demanda (fs.
828/837) referentes al carácter legítimo de "su posesión", no pueden considerarse idóneas para
intervertir el título de una tenencia concluida. En efecto, para que se opere la mutación de la
tenencia en posesión, no basta con la modificación interna de la voluntad, ni siquiera con su
exteriorización por simples actos unilaterales, sino que se requiere la conformidad del
propietario, o bien, actos exteriores suficientes de contradicción de su derecho; lo primero,
porque así queda excluida la unilateralidad de la mutación, y lo segundo, con arreglo al
principio del artículo 2458 del Código Civil (Fallos: 253:53 ). Sin perjuicio de señalar que
ninguno de los extremos mencionados se ha verificado en autos, resulta obvio que el
presupuesto indispensable para que ambos sean posibles consiste en que el tenedor o el
poseedor continúen en poder de la cosa, pues es inconcebible que alguien pueda modificar la
sustancia de una relación que ha concluido (arts. 2387 , 2458 y 2462 , incs. 3º, 4º, 5º y 6º, del
Código Civil).
24) Que, por otro lado, la conclusión adoptada con respecto a la calidad que revistió el Estado
al ocupar el establecimiento agropecuario no configura un apartamiento de las cuestiones
Apéndice de fallos
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comprendidas en la litis, sino el cabal ejercicio del deber de los jueces -derivado de los
principios esenciales que organizan la función jurisdiccional- de discurrir los conflictos
litigiosos y dirimirlos según el derecho vigente, calificando autónomamente la realidad fáctica
y subsumiéndola en las normas jurídicas que la rigen, con prescindencia de los fundamentos
que enuncien las partes (Fallos: 219:67; 261:193 ; 282:208; 291:356 ; 300:1034 , entre otros)
o, aún, ante el silencio de éstas (Fallos: 211:55 ).
De ahí, pues, que ante la inequívoca y formal declaración de voluntad realizada por el
demandado en el sentido de que se declarara que la acción del actor estaba extinguida por el
hecho de la prescripción (confr. nota del codificador al art. 3964 del Código Civil), el
principio iura curia novit permite eficazmente soslayar el deficiente encuadramiento que la
demandada asignó a su relación con la cosa (doct. de Fallos: 301:735) y declarar la
prescripción que corresponde con arreglo a los hechos comprobados de la causa y a su correcta
tipificación legal.
25) Que, con tal comprensión, no corresponde aplicar en el sub lite el criterio de Fallos:
305:2098 según el cual la invocación del mero carácter extracontractual de la responsabilidad
del Estado es insuficiente para tornar aplicable el plazo bienal de prescripción (art. 4037 del
Código Civil) en los casos en que el propietario demanda al Estado la restitución de frutos por
la condición de poseedor de mala fe de éste. Ello es así debido a la diversidad de situaciones
fácticas, pues en dicho precedente la posesión de mala fe del demandado había revestido
carácter de cosa juzgada en virtud de un proceso previo de reivindicación tramitado entre las
mismas partes (Fallos: 276:277 , considerando 26) en el que se había opuesto como defensa la
prescripción adquisitiva. En cambio en autos no ha existido demanda previa por reivindicación
del inmueble, sino un proceso anterior en el que sólo se impugnó de nulidad el mantenimiento
de la intervención dispuesta, sin ventilarse la índole ni el contenido de la relación que la
demandada mantuvo con las cosas que fueron objeto de su administración. Tampoco se
acreditó la posesión del Estado sino todo lo contrario.
26) Que en virtud de lo expresado y con apoyo en que la demanda resarcitoria se inició el 24 de
junio de 1983, corresponde hacer lugar a la defensa de prescripción opuesta por el Estado
Nacional con sustento en el artículo 4037 del Código Civil, toda vez que el plazo bienal
previsto en dicha norma se ha cumplido en exceso, aún cuando se compute su inicio desde el
momento en que lo pretende la actora (fs. 2067 vta.).
Por ello se hace lugar al recurso ordinario de apelación interpuesto, se declara procedente la
defensa de prescripción revocándose la sentencia apelada y se rechaza la demanda. Costas por
su orden y las comunes por mitades en todas las instancias, en atención a la complejidad de las
cuestiones debatidas (art. 68 segunda parte del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación). Notifíquese y devuélvase.
Antonio boggiano (según su voto) - Rodolfo C. Barra (según su voto) - Carlos S. Fayt (según
su voto) - Enrique Santiago Petracchi (en disidencia) - Mariano Augusto Cavagna Martínez (en
disidencia) - Julio S. Nazareno - (h) - Eduardo Moliné O'Connor (en disidencia).
Voto del Señor Presidente Doctor Don Antonio Boggiano
Considerando:
Apéndice de fallos
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1º) Que contra la sentencia de la Sala II de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Contencioso Administrativo Federal, que al modificar la de primera instancia rechazó la
defensa de prescripción y condenó al demandado a pagar una suma equivalente a los frutos que
hubiera podido producir el establecimiento agropecuario de la actora durante el período
comprendido entre los años 1959 y 1973, la demandada dedujo el recurso ordinario de
apelación, que fue concedido a fs. 2104 y fundado a fs. 2125/2141. La parte actora evacuó el
respectivo traslado a fs. 2156/2177.
2º) Que el recurso es formalmente procedente toda vez que se trata de una sentencia definitiva,
recaída en una causa en que es parte la Nación, y el valor cuestionado, actualizado a la fecha de
interposición del recurso, supera el mínimo establecido por el art. 24 , inc. 6º, apartado "a", del
decreto-ley 1285/58.
3º) Que por medio del decreto 4415/55 el Poder Ejecutivo Nacional designó interventores en
"La Rinconada S. A.", los que no aceptaron el cargo, por lo cual la administración fue ejercida
hasta diciembre de 1964 por delegados del interventor de la empresa "Mercedes Benz
Argentina S. A.", y posteriormente por la presidencia de la denominada Comisión Liquidadora
decreto-ley 8124/57. Dicho proceder estatal se fundó en la presunta vinculación de la primera
de tales empresas con los patrimonios del señor Jorge Antonio y de la firma "Mercedes Benz" en lo atinente a la suscripción de acciones y a la adquisición de su establecimiento
agropecuario-, cuya interdicción había sido dispuesta por el decreto 5148/55 y sometida a la
acción de la Junta Nacional de Recuperación Patrimonial.
Señala la actora que no obstante el levantamiento de la interdicción dispuesta sobre "Mercedes
Benz", lo que ocurrió con el dictado del decreto Nº 3732/59, "La Rinconada" continuó
intervenida por el Poder Ejecutivo. Imputan a la actividad estatal los efectos de un
desapoderamiento ilegítimo de sus bienes que, a su juicio, justifica la promoción de esta
demanda.
4º) Que se debe tener en cuenta que en la sentencia dictada en los autos "La Rinconada (en
formación) c/ la Nación Argentina s/ nulidad e inconstitucionalidad" con fecha 29 de marzo de
1973, que se encuentra firme y pasada en autoridad de cosa juzgada, se resolvió que, después
de levantada la interdicción de la firma "Mercedes Benz", transcurrieron casi ocho años para
que el Estado iniciase el juicio por simulación concerniente a la propiedad de las acciones de
"La Rinconada S.A.", por lo que su intervención "en tan dilatado período aparece desprovista
de todo sustento". Por dicha razón, el juez en aquel caso declaró "que la intervención dispuesta
por el decreto 4415/55 fue nula a partir del 10 de abril de 1959 y que el Estado Nacional debe
restituir todos sus bienes a La Rinconada S.A. (en formación) con entrega de ellos -muebles e
inmuebles- y de sus accesorios, a cuyo efecto rendirá cuentas (...) por todo el período que
abarcó su gestión" (v. copia de dicha sentencia a fs. 186/192 vta.).
La entrega del inmueble, constituido por los campos San Carlos y La Esperanza, se realizó el
31 de octubre de 1973. En cambio, por diversas irregularidades, la rendición de cuentas fue
hecha en el año 1976, en la etapa de ejecución de la sentencia referida.
5º) Que el 24 de junio de 1983, la actora promovió el presente juicio con el objeto de que el
Estado Nacional le abone el valor de los frutos que hubiera podido producir el establecimiento
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durante el lapso en que duró la desposesión y que -sostiene-, no se percibieron "por la
deficiente gestión desarrollada por la intervención", como así también los percibidos en ese
lapso y que no fueron entregados. El perito agrónomo designado -Ing. Enrique Francisco
Morea-, entendió que el objeto esencial del peritaje encomendado consistía en comparar el
resultado real de la explotación agropecuaria de los campos mientras estuvieron en manos del
Estado, con el resultado teórico que podría haberse obtenido mediante una administración
eficiente (fs. 1286, 1303 vta., 1468 y 1620 vta./1621 vta.). Tal apreciación fue compartida por
la actora al solicitar ciertas explicaciones del informe pericial (fs. 1509), y corroborada más
adelante al alegar sobre el mérito de la prueba, ocasión en la que solicitó "que se haga lugar a
la demanda en todas sus partes, y (se) condene al Estado Nacional a abonarle los importes
determinados en la pericia agronómica practicada en autos" (fs. 1926).
6º) Que el juez de primera instancia rechazó la defensa de prescripción de la acción y admitió
la demanda en los términos propuestos, esto es, condenó al Estado a pagar la suma establecida
por el perito consistente en la diferencia entre lo que pudo producirse de acuerdo a una
explotación racional y lo que efectivamente se produjo (fs. 1940/ 1955). La cámara confirmó
tal pronunciamiento en lo principal, pero lo modificó en cuanto dispuso que los frutos
reclamados no debían ser reconocidos desde el año 1955 sino a partir de abril de 1959, mes en
el cual se había levantado la interdicción de "Mercedes Benz" (fs. 2079/ 2084).
7º) Que los agravios del apelante se centran, en primer término, en el rechazo de la excepción
de prescripción, desde que, a su juicio, el plazo aplicable es el de dos años por tratarse de un
supuesto de responsabilidad extracontractual del Estado.
8º) Que en el sub lite deben distinguirse dos aspectos esenciales de las obligaciones impuestas
en los arts. 2438 y 2439 del Código Civil. Por un lado, la restitución de los frutos percibidos
por el poseedor de mala fe, y por el otro, el pago de los frutos que el propietario habría
obtenido y que por culpa de aquél no pudo percibir, más las rentas que también habría obtenido
de haber podido explotar el bien.
9º) Que esta distinción resulta relevante para resolver los agravios concernientes a la
prescripción liberatoria, dada las diferentes soluciones que ofrece el Código Civil según se
trate de acciones por responsabilidad extracontractual (art. 4037 ), o acciones personales por
deuda exigible a las que la ley no les asigna un plazo menor (art. 4023 ).
10) Que no puede atribuirse naturaleza aquiliana a la obligación de restituir los frutos
percibidos, desde que no se funda estrictamente en la conducta ilícita y extracontractual del
deudor, sino que reconoce como causa jurídica al derecho de propiedad. Por tal motivo, resulta
aplicable a su respecto el plazo ordinario de prescripción previsto en el art. 4023 del Código
Civil.
11) Que distinta es la situación de los frutos y de las rentas no percibidos por culpa del deudor,
ya que en este caso no resulta dudoso el carácter resarcitorio de tales obligaciones. La nota del
codificador al art. 2439 es suficientemente explícita en tal sentido; allí se expresa: "El poseedor
de mala fe, dice Demante, está obligado ex delicto a indemnizar al propietario de todo daño
que le hubiere causado su indebida posesión". No se trata entonces de restituir al propietario
Apéndice de fallos
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aquello que le pertenece -como ocurre con la devolución de los frutos percibidos-, sino de
resarcir el daño derivado de una administración deficiente del bien desposeído.
12) Que, en consecuencia, corresponde apartarse del criterio que siguió el Tribunal en Fallos:
305:2098, en donde se estimó aplicable el plazo decenal sin distinción alguna, y declarar que a
esta clase de reclamos le es aplicable el plazo de dos años establecido en el aludido art. 4037.
13) Que en razón de lo expuesto debe considerarse prescripta la acción deducida en autos, ya
que al estar encaminada a obtener una indemnización por los frutos y las rentas que el
demandado, por su culpa, no llegó a percibir -conforme lo han interpretado tanto la actora
como los jueces de la causa al admitir la demanda en esos términos-, resulta aplicable el plazo
de dos años previsto en el aludido art. 4037; el que se encontraba vencido con exceso al
momento de interponerse la demanda -24 de junio de 1983-, aun cuando se lo compute desde
1976, oportunidad en que la actora tuvo conocimiento de la rendición de cuentas referente a la
explotación del establecimiento agropecuario.
14) Que de acuerdo al modo como se resuelve, a la complejidad que ofrece el caso, y en
particular a la modificación jurisprudencial mencionada en el considerando 12, se considera
adecuado distribuir por su orden las costas de todas las instancias.
Por ello, se hace lugar al recurso ordinario de apelación y se revoca la sentencia, rechazándose
la demanda. Con costas en la forma indicada en el considerando 14. Notifíquese y devuélvase.
ANTONIO BOGGIANO.
Voto del Señor Vicepresidente Doctor Don Rodolfo C. Barra
Considerando:
1º) Que contra la sentencia de la Sala II de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Contencioso Administrativo Federal, que al modificar la de primera instancia rechazó la
defensa de prescripción y condenó al demandado a pagar una suma equivalente a los frutos que
hubiera podido producir el establecimiento agropecuario de la actora durante el período
comprendido entre los años 1959 y 1973, la demandada dedujo el recurso ordinario de
apelación, que fue concedido a fs. 2104 y fundado a fs. 2125/2141. La parte actora evacuó el
respectivo traslado a fs. 2156/2177.
2º) Que el recurso es formalmente procedente toda vez que se trata de una sentencia definitiva,
recaída en una causa en que es parte la Nación, y el valor cuestionado, actualizado a la fecha de
interposición del recurso, supera el mínimo establecido por el art. 24, inc. 6º, apartado "a", del
decreto-ley 1285/58.
3º) Que por medio del decreto 4415/55 el Poder Ejecutivo Nacional designó interventores en
"La Rinconada S. A.", los que no aceptaron el cargo, por lo cual la administración fue ejercida
hasta diciembre de 1964 por delegados del interventor de la empresa "Mercedes Benz
Argentina S. A.", y posteriormente por la presidencia de la denominada Comisión Liquidadora
decreto-ley 8124/57. Dicho proceder estatal se fundó en la presunta vinculación de la primera
de tales empresas con los patrimonios del señor Jorge Antonio y de la firma "Mercedes Benz" en lo atinente a la suscripción de acciones y a la adquisición de su. establecimiento
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agropecuario-, cuya interdicción había sido dispuesta por el decreto 5148/55 y sometida a la
acción de la Junta Nacional de Recuperación Patrimonial.
Señala la actora que no obstante el levantamiento de la interdicción dispuesta sobre "Mercedes
Benz", lo que ocurrió con el dictado del decreto Nº 3732/59, "La Rinconada" continuó
intervenida por el Poder Ejecutivo. Imputan a la actividad estatal los efectos de un
desapoderamiento ilegítimo de sus bienes que, a su juicio, justifica la promoción de esta
demanda.
4º) Que se debe tener en cuenta que en la sentencia dictada en los autos "La Rinconada (en
formación) c/la Nación Argentina s/ nulidad e inconstitucionalidad" con fecha 29 de marzo de
1973, que se encuentra firme y pasada en autoridad de cosa juzgada, se resolvió que, después
de levantada la interdicción de la firma "Mercedes Benz", transcurrieron casi ocho años para
que el Estado iniciase el juicio por simulación concerniente a la propiedad de las acciones de
"La Rinconada S.A.", por lo que su intervención "en tan dilatado período aparece desprovista
de todo sustento". Por dicha razón, el juez en aquel caso declaró "que la intervención dispuesta
por el decreto 4415/55 fue nula a partir del 10 de abril de 1959 y que el Estado Nacional debe
restituir todos sus bienes a La Rinconada S.A. (en formación) con entrega de ellos -muebles e
inmuebles- y de sus accesorios, a cuyo efecto rendirá cuentas (...) por todo el período que
abarcó su gestión" (v. copia de dicha sentencia a fs. 186/192 vta.).
La entrega del inmueble, constituido por los campos San Carlos y La Esperanza, se realizó el
31 de octubre de 1973. En cambio, por diversas irregularidades, la rendición de cuentas fue
hecha en el año 1976, en la etapa de ejecución de la sentencia referida.
5º) Que el 24 de junio de 1983, la actora promovió el presente juicio con el objeto de que el
Estado Nacional le abone el valor de los frutos que hubiera podido producir el establecimiento
durante el lapso en que duró la desposesión y que -sostiene-, no se percibieron "por la
deficiente gestión desarrollada por la intervención", como así también los percibidos en ese
lapso y que no fueron entregados. El perito agrónomo designado -Ing. Enrique Francisco
Morea-, entendió que el objeto esencial del peritaje encomendado consistía en comparar el
resultado real de la explotación agropecuaria de los campos mientras estuvieron en manos del
Estado, con el resultado teórico que podría haberse obtenido mediante una administración
eficiente (fs. 1286, 1303 vta., 1468 y 1620 vta./1621 vta.). Tal apreciación fue compartida por
la actora al solicitar ciertas explicaciones del informe pericial (fs. 1509), y corroborada más
adelante al alegar sobre el mérito de la prueba, ocasión en la que solicitó "que se haga lugar a
la demanda en todas sus partes, y (se) condene al Estado Nacional a abonarle los importes
determinados en la pericia agronómica practicada en autos" (fs. 1926).
6º) Que el juez de primera instancia rechazó la defensa de prescripción de la acción y admitió
la demanda en los términos propuestos, esto es, condenó al Estado a pagar la suma establecida
por el perito consistente en la diferencia entre lo que pudo producirse de acuerdo a una
explotación racional y lo que efectivamente se produjo (fs. 1940/1955). La cámara confirmó tal
pronunciamiento en lo principal, pero lo modificó en cuanto dispuso que los frutos reclamados
no debían ser reconocidos desde el año 1955 sino a partir de abril de 1959, mes en el cual se
había levantado la interdicción de "Mercedes Benz" (fs. 2079/2084).
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7º) Que los agravios del apelante se centran, en primer término, en el rechazo de la excepción
de prescripción, desde que, a su juicio, el plazo aplicable es el de dos años por tratarse de un
supuesto de responsabilidad extracontractual del Estado.
8º) Que en el sub lite deben distinguirse dos aspectos esenciales de las obligaciones impuestas
en los arts. 2438 y 2439 del Código Civil. Por un lado, la restitución de los frutos percibidos
por el poseedor de mala fe, y por el otro, el pago de los frutos que el propietario habría
obtenido y que por culpa de aquél no pudo percibir, más las rentas que también habría obtenido
de haber podido explotar el bien.
9º) Que esta distinción resulta relevante para resolver los agravios concernientes a la
prescripción liberatoria, dadas las diferentes soluciones que ofrece el Código Civil según se
trate de acciones por responsabilidad extracontractual (art. 4037), o acciones personales por
deuda exigible a las que la ley no les asigna un plazo menor (art. 4023).
10) Que no puede atribuirse naturaleza aquiliana a la obligación de restituir los frutos
percibidos, desde que no se funda estrictamente en la conducta ilícita y extracontractual del
deudor, sino que reconoce como causa jurídica al derecho de propiedad. Por tal motivo, resulta
aplicable a su respecto el plazo ordinario de prescripción previsto en el art. 4023 del Código
Civil, tal como fue resuelto en Fallos: 305:2098.
11) Que distinta es la situación de los frutos y de las rentas no percibidos por culpa del deudor,
ya que en este caso no resulta dudoso el carácter resarcitorio de tales obligaciones. La nota del
codificador al art. 2439 es suficientemente explícita en tal sentido; allí se expresa: "El poseedor
de mala fe, dice Demante, está obligado ex delicto a indemnizar al propietario de todo daño
que le hubiere causado su indebida posesión". No se trata entonces de restituir al propietario
aquello que le pertenece -como ocurre con la devolución de los frutos percibidos-, sino de
resarcir el daño derivado de una administración deficiente del bien desposeído.
12) Que, frente a la concreta situación de autos, es oportuno recordar que esta Corte ha
sostenido en forma reiterada que cuando no existe contrato que vincule al Estado, la
prescripción de la acción del particular para demandarlo por los daños causados por hechos o
actos administrativos, es de dos años (art. 4037 del Código Civil, reformado por la ley 17711),
sin que quepa distinguir a tal fin sobre el carácter legítimo o ilegítimo de la actividad estatal
generadora del perjuicio (Fallos: 300:143; 307:771 y 821; 308:337 y 661; 310:1932).
De este modo se ha abandonado la doctrina sentada con anterioridad a la reforma introducida
por la ley 17711 al artículo 4037 del Código Civil, según la cual la prescripción anual -prevista
por dicha norma en su texto original- no era aplicable a la acción de daños y perjuicios
derivados del ejercicio legítimo del poder público (Fallos: 195:66).
Concordemente con lo expuesto, se ha aplicado la prescripción bienal, inclusive, a los reclamos
derivados de relaciones jurídicas de naturaleza institucional (in re: A. 680. XXII "Astuena,
Norman Juan c/ Estado Nacional (P.E.N.)" , sentencia del 19 de diciembre de 1991), y sólo han
resultado excluidos de la aplicación de este principio, aquellos supuestos en los que la situación
jurídica del Estado -nacional o provincial- resultaba claramente reglada por otra norma
específica de derecho privado, de inequívoca aplicación al caso (Fallos: 305:2098; in re: P.
343. XX "Playas del Faro S.A. c/ Buenos Aires, Provincia de s/ sumario", sentencia del 21 de
Apéndice de fallos
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noviembre de 1989), lo que no ocurre en el caso, por las razones expuestas en el considerando
anterior.
13) Que en razón de lo expuesto debe considerarse prescripta la acción deducida en autos, ya
que al estar encaminada a obtener una indemnización por los frutos y las rentas que el
demandado, por su culpa, no llegó a percibir -conforme lo han interpretado tanto la actora
como los jueces de la causa al admitir la demanda en esos términos-, resulta aplicable el plazo
de dos años previsto en el aludido art. 4037; el que se encontraba vencido con exceso al
momento de interponerse la demanda -24 de junio de 1983-, aun cuando se lo compute desde
1976, oportunidad en que la actora tuvo conocimiento de la rendición de cuentas referente a la
explotación del establecimiento agropecuario.
Por ello, se hace lugar al recurso ordinario de apelación y se revoca la sentencia, rechazándose
la demanda. Notifíquese y devuélvase.
Rodolfo C. Barra.
Voto dDel Señor Ministro Doctor Don Carlos S. Fayt
Considerando:
1º) Que contra la sentencia de la Sala II de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Contencioso Administrativo Federal, que al modificar la de primera instancia rechazó la
defensa de prescripción e hizo lugar a la demanda que perseguía el pago de los frutos que
hubiera podido producir el establecimiento de la actora durante el período comprendido entre
los años 1959 y 1973, la demandada dedujo recurso ordinario de apelación (fs. 2090/2091), que
fue concedido (fs. 2104), y fundado a fs. 2125/2141. La parte actora evacuó el respectivo
traslado a fs. 2156/2177.
2º) Que el recurso es formalmente procedente toda vez que se trata de una sentencia definitiva,
recaída en una causa en que es parte la Nación que lo deduce, y el valor cuestionado,
actualizado a la fecha de interposición del recurso, supera el mínimo establecido por el art. 24,
inc. 6º, apartado a, del decreto-ley 1285/58 y sus modificaciones.
3º) Que por medio del decreto 4415/55 el Poder Ejecutivo Nacional designó interventores en
"La Rinconada S. A.", los que no aceptaron el cargo, por lo cual la administración fue
ejercitada hasta diciembre de 1964 por delegados del interventor a cargo de la empresa
"Mercedes Benz Argentina S.A.", y posteriormente por la presidencia de la Comisión
Liquidadora decreto-ley Nº 8124/57. Dicho proceder estatal se fundó en la presunta
vinculación atribuida a la actora, en lo que se refiere a la suscripción de acciones y a la
adquisición de su establecimiento, con los patrimonios del señor Jorge Antonio y de la firma
"Mercedes Benz", cuya interdicción había sido dispuesta por el decreto 5148/55 y sometida a
la acción de la Junta Nacional de Recuperación Patrimonial.
Señalan los actores que no obstante el levantamiento de la interdicción dispuesta sobre
"Mercedes Benz", lo que ocurrió con el dictado del decreto 3732/59, "La Rinconada" continuó
intervenida por el Poder Ejecutivo. Imputan a la actividad estatal los efectos de un
desapoderamiento ilegítimo de sus bienes que, a su juicio, justifica la promoción de esta
demanda.
Apéndice de fallos
Página 125
4º) Que se debe tener en cuenta que en la sentencia dictada en los autos "La Rinconada S.A.
(e.f.) c/ la Nación Argentina s/ nulidad e inconstitucionalidad", con fecha 29 de marzo de 1973,
que se encuentra firme y pasada en autoridad de cosa juzgada, se resolvió que, después de
levantada la interdicción en la firma "Mercedes Benz", transcurrieron casi ocho años para que
el Estado iniciase el juicio por simulación concerniente a la propiedad de las acciones de "La
Rinconada", por lo que su intervención "en tan dilatado período aparece desprovista de todo
sustento". Por dicha razón, el juez interviniente declaró "que la intervención dispuesta por el
decreto 4415/55 fue nula a partir del 10 de abril de 1959 y que el Estado Nacional debe
restituir todos sus bienes a La Rinconada S.A. (e.f.) con entrega de ellos -muebles e inmueblesy de sus accesorios, a cuyo efecto rendirá cuentas... por todo el período que abarcó su gestión"
(v. fs. 917/917 vta.).
La entrega del inmueble se realizó el 31 de octubre de 1973. En cambio, por diversas
irregularidades, la rendición de cuentas fue hecha en el año 1976, en la etapa de ejecución de la
sentencia referida.
5º) Que el 24 de junio de 1983 la actora promovió el presente juicio con el objeto de que el
Estado Nacional le abone el valor de los frutos que hubiera podido producir el establecimiento
durante el lapso que duró la desposesión y que -sostiene- no se percibieron "por la deficiente
gestión desarrollada por la intervención", así como los percibidos durante el indicado lapso y
que no fueron entregados. La sentencia dictada en primera instancia acogió la demanda en
todos sus términos, después de rechazar la defensa de prescripción opuesta por la demandada
(fs. 1940/1955). La alzada la confirmó en lo principal, pero la modificó en cuanto dispuso que
los frutos reclamados no debían ser reconocidos desde el año 1955 sino a partir del año 1959,
al levantarse la interdicción sobre "Mercedes Benz" (fs. 2079/2084).
6º) Que los agravios del apelante se centran, en primer término, en el rechazo de la excepción
de prescripción, desde que, a su juicio, el plazo aplicable tratándose de un supuesto de
responsabilidad extracontractual del Estado es de dos años, que por otra parte debe computarse
en la especie a partir del año 1959.
7º) Que corresponde, en primer lugar, considerar las quejas vinculadas al comienzo del plazo
de prescripción, toda vez que de prosperar resultaría inoficioso cualquier pronunciamiento en
relación al término aplicable.
8º) Que como esta Corte lo señaló en Fallos: 310:626 la prescripción corre, en supuestos como
el presente, desde que el despojo se produce, pues éste constituye la causa fuente de la
obligación de resarcir y, por excepción, desde que el damnificado hubiera tenido conocimiento
del hecho y de sus consecuencias dañosas, sin que el nacimiento del plazo en cuestión necesite
de la previa decisión judicial sobre la ilicitud de tal hecho (causa: G. 387. XXII. "García de
Leonardo, Alberto c/ Formosa, Provincia de s/daños y perjucios", pronunciamiento del 7 de
noviembre de 1989).
9º) Que, por lo demás, el derecho a reclamar del poseedor la restitución de los frutos de la cosa
y las otras indemnizaciones previstas en los arts. 2422 y siguientes del Código Civil, nace del
dominio del peticionario -en virtud de ese derecho le corresponden los frutos y productos (arts.
2513,2520 y 2522 del Código Civil)- unido a la posesión ilegítima de mala fe del demandado.
Apéndice de fallos
Página 126
En la especie, tal como lo ha establecido la sentencia apelada, la posesión ilegítima del Estado
sobre los inmuebles de la actora data del 9 de abril de 1959, fecha desde la cual fue
considerada nula la intervención estatal en el anterior proceso seguido entre las partes. Por ello,
desde allí era procedente la restitución de los frutos como lo indica el a quo a fs. 2083/2083
vta., punto 25, acción ésta que incluso pudo haber sido acumulada a la de restitución del bien
inmueble.
10) Que la conclusión a que se arriba no puede verse modificada por el hecho de que la parte
actora no estuviera en condiciones de conocer la situación sino con posterioridad a la rendición
de cuentas realizada en el anterior juicio tramitado entre las partes, ya que ello implicaría
confundir ni más ni menos que la existencia del daño, esto es la falta de percepción de los
frutos, con su cuantía. Y es sabido que este extremo no resulta siquiera necesario que se lo
precise al momento de demandar (art. 330 in fine del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación).
Por otra parte, las constancias de la causa anterior tramitada entre las partes son
suficientemente reveladoras de que la parte actora tenía -con anterioridad a la fecha que
pretende- acabado conocimiento de la existencia del daño cuya reparación persigue. Sostuvo al
iniciar esa demanda que había sido privada de los beneficios derivados de la explotación de su
propiedad, de los que gozaba la demandada (confr. fs. 22), como así también que se le había
impedido usar y disponer de su patrimonio, compuesto no sólo por el inmueble rural, sino
también por la cantidad y calidad del ganado que lo puebla y la variedad de sus cultivos (confr.
fs. 32 y 37).
La lectura de tales afirmaciones no permiten sino concluir en que la actora conocía
perfectamente la existencia del daño cuyo resarcimiento aquí reclama, aun cuando ignorase su
precisa entidad económica, ya que éste consiste justamente en el valor de los frutos o, dicho de
otro modo, de "los beneficios derivados de la explotación de su propiedad" (ver párrafo
anterior).
Por otra parte, más allá de las propias admisiones de la demandante, desde un punto de vista
que tenga en mira una elemental secuencia lógica de la forma en que suceden las cosas, resulta
evidente que quien ha sido privado de la posesión de un inmueble no pueda ignorar que tal
privación apareja como necesaria consecuencia impedirle el goce de los frutos producidos por
tal inmueble, pues de hecho los deja de percibir, precisamente, a partir de la misma privación.
Consentir semejante conclusión importaría tanto como admitir que quien se ve despojado de
una vivienda no advierte que pierde no sólo la posibilidad de habitarla sino también la de, por
ejemplo, alquilarla, razonamiento que, por absurdo, resulta inaceptable.
Todo lo expuesto hace que carezca en absoluto de interés jurídico la descripción de las
irregularidades en la actuación del Estado Nacional, de las que, al decir de la actora, ella sólo
tuvo noticias tras conocer la rendición de cuentas. Es claro entonces que nacida la acción, es
gratuita la argumentación que busque amparo en razonamientos como el contenido en el
brocárdico actio non nata non praes cribitur.
11) Que, en consecuencia, no puede admitirse la tesis de la actora en punto al término inicial de
la prescripción pues tal postura equivaldría a supeditar ese extremo a la discrecionalidad del
Apéndice de fallos
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acreedor e, incluso, suplir su propia negligencia (doctrina de Fallos: 299:149). Ello, con total
olvido de la razón misma del instituto que, como esta Corte ha señalado, consiste en la
necesidad de dar estabilidad y firmeza a los negocios, de disipar las incertidumbres del pasado
y de poner fin a la indecisión de los derechos, la que, si no tuviera término, sería causa de
constante intranquilidad en la vida civil. Sin ella, no habría derechos bien definidos y firmes,
desde que estarían sujetos a una constante revisión desde sus orígenes. La prescripción tiene la
virtud de aclarar y bonificar los derechos, así como de extinguir las obligaciones. Constituye
una necesidad social el no mantener pendientes las relaciones de derecho sin que sean
definidas en un plazo prudencial y respetar las situaciones que deben considerarse consolidadas
por el transcurso del tiempo (Fallos: 191:340; 176:70). Tal doctrina, es particularmente
aplicable a este litigio, cuyo origen, en su materialidad, data de hace más de 35 años.
12) Que, igualmente, debe descartarse el argumento expuesto por la actora al contestar el
traslado del memorial en orden a que, con anterioridad a la aceptación de la compra del
establecimiento, carecía de legitimación para formular el reclamo.
En efecto, si se tiene en cuenta el carácter accesorio de la presente acción respecto de la que
perseguía la restitución del inmueble, no se advierte por qué razón ésta ha podido ejercerse y
no así la primera.
Por otra parte, en todo caso la prescripción debió correr contra quienes adquirieron para la
actora, quien, como sucesora particular, sufriría las consecuencias de la prescripción cumplida
(arts. 3270, 3276, 3991 y concordantes del Código Civil).
13) Que, finalmente, aun cuando se considerara que la parte actora se habría visto
imposibilitada de demandar hasta tanto no se hubiera presentado la rendición de cuentas, tal
argumento no cambia la suerte del litigio. En efecto, esa imposibilidad no hubiera diferido el
nacimiento del cómputo del plazo de prescripción hasta una vez cesada su causa, sino tan sólo
hubiera autorizado la dispensa de la prescripción cumplida en los términos del art. 3980 del
Código Civil (confr. causa: S. 525. XXII. "Siderman, José y otros c/ Nación Argentina y
Provincia de Tucumán s/ daños y perjuicios", pronunciamiento del 19 de setiembre de 1989).
Pero el funcionamiento de esa dispensa requiere que el derecho se haga valer en el término de
tres meses de haber cesado el impedimento, lo que tampoco ha ocurrido en la especie.
14) Que, en consecuencia, y aun de considerarse aplicable al sub lite el plazo de prescripción
decenal, éste se encontraba cumplido al iniciarse la demanda, ya sea que se lo compute desde
el momento en que se transformó en ilegítima la posesión del Estado Nacional o desde que se
inició la demanda de nulidad de los actos administrativos que lesionaban el derecho de
propiedad de la actora.
Por ello, se hace lugar al recurso ordinario de apelación interpuesto y se revoca la sentencia
apelada, rechazándose la demanda, con costas por su orden (art. 68 del Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación). Notifíquese y devuélvase.
Carlos S. Fayt.
Disidencia de los Señores Ministros Doctores Don Enrique Santiago Petracchi, Don Mariano
Augusto Cavagna Martínez Y Don Eduardo Moliné O'connor
Apéndice de fallos
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Considerando:
1º) Que contra la sentencia de la Sala II de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Contencioso Administrativo Federal, parcialmente modificatoria de la dictada en primera
instancia, que rechazó la defensa de prescripción e hizo lugar a la demanda que perseguía el
pago de los frutos que hubiera podido producir el establecimiento de la actora durante el
período comprendido entre los años 1955 y 1973, la demandada dedujo recurso ordinario de
apelación (fs. 2090/2091), que fue concedido (fs. 2104), y fundado a fs. 2125/2141. La parte
actora evacuó el respectivo traslado a fs. 2156/2177.
2º) Que el recurso es formalmente procedente toda vez que se trata de una sentencia definitiva,
recaída en una causa en que es parte la Nación, y el valor cuestionado, actualizado a la fecha de
interposición del recurso, supera el mínimo establecido por el art. 24 , inc. 6º, apartado a, del
decreto-ley 1285/58 y sus modificaciones.
3º) Que por medio del decreto Nº 4415/55 el Poder Ejecutivo Nacional designó interventores
en "La Rinconada S.A.", los que no aceptaron el cargo, por lo cual la administración fue
ejercida hasta diciembre de 1964 por delegados del interventor a cargo de la empresa
"Mercedes Benz Argentina S.A.", y posteriormente por la presidencia de la Comisión
Liquidadora decreto-ley Nº 8124/57. Dicho proceder estatal se fundó en la presunta
vinculación atribuida a la actora, en lo que hace a la suscripción de acciones y a la adquisición
de su establecimiento, con los patrimonios del señor Jorge Antonio y de la firma "Mercedes
Benz", cuya interdicción había sido dispuesta por el decreto 5148/55 y sometida a la acción de
la Junta Nacional de Recuperación Patrimonial.
Señalan los actores que no obstante el levantamiento de la interdicción dispuesta sobre
"Mercedes Benz", lo que ocurrió con el dictado del decreto Nº 3732/59, "La Rinconada"
continuó intervenida por el Poder Ejecutivo. Imputan a la actividad estatal los efectos de un
desapoderamiento ilegítimo de sus bienes que, a su juicio, justifica la promoción de esta
demanda.
4º) Que se debe tener en cuenta que en la sentencia dictada en los autos "La Rinconada
S.A.A.G.I. y F. (e.f.) c/ La Nación Argentina s/ nulidad e inconstitucionalidad", con fecha 29
de marzo de 1973, que se encuentra firme y pasada en autoridad de cosa juzgada, se resolvió
que, después de levantada la interdicción en la firma "Mercedes Benz", transcurrieron casi
ocho años para que el Estado iniciase el juicio por simulación concerniente a la propiedad de
las acciones de "La Rinconada", por lo que su intervención "en tan dilatado período aparece
desprovista de todo sustento". Por dicha razón, el juez interviniente declaró "que la
intervención dispuesta por el decreto 4415/55 fue nula a partir del 10 de abril de 1959 y que el
Estado Nacional debe restituir todos sus bienes a "La Rinconada S.A. (e.f.)" con entrega de
ellos -muebles e inmuebles- y de sus accesorios, a cuyo efecto rendirá cuentas... por todo el
período que abarcó su gestión" (v. fs. 917/917 vta.).
La entrega del inmueble se realizó el 31 de octubre de 1973. En cambio, por múltiples
irregularidades, la rendición de cuentas fue hecha en el año 1976, en la etapa de ejecución de la
sentencia referida.
Apéndice de fallos
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5º) Que el 24 de junio de 1983 la actora promovió el presente juicio con el objeto de que el
Estado le abone el valor de los frutos que hubiera podido producir el establecimiento durante el
lapso que duró la desposesión y que no se percibieron, así como los percibidos durante el
indicado lapso y que no fueron entregados. La sentencia dictada en primera instancia acogió la
demanda en todos sus términos, después de rechazar la defensa de prescripción opuesta por la
demandada (v. fs. 1940/1955). El tribunal a quo la confirmó en lo principal, pero la modificó
en cuanto dispuso que los frutos reclamados debían ser reconocidos a partir del año 1959, al
levantarse la interdicción sobre "Mercedes Benz", en lugar del año 1955 (v. fs. 2079/2084).
6º) Que el primer tema a decidir, de acuerdo con un orden lógico de análisis, es el que se
refiere a la determinación del punto de partida del cómputo de la prescripción de la acción
entablada por la actora, y la cuestión debe ser resuelta de acuerdo con las particulares
circunstancia del caso. Previamente debe recordarse que el instituto de la prescripción debe ser
aplicado con suma prudencia y de un modo restrictivo, y debe desechárselo cuando existe la
duda acerca de si la prescripción se encuentra o no cumplida. Ello es así porque aquélla trae
como consecuencia la extinción de la acción, lo que sólo debe admitirse con extrema cautela.
Con relación al tema, la apelante (Estado Nacional) cuestiona el encuadramiento de la acción
deducida por la actora, sosteniendo que mal podría estarse frente al reclamo que, en lo
concerniente a los frutos, formula el propietario al poseedor, por cuanto la demandada nunca
habría revestido esta última condición, atento a que "... El bien inmueble a que se alude en la
demanda jamás dejó de ser poseído por La Rinconada S.A." (fs. 2127 vta.).
Ese planteo, sin embargo, no se compadece con las constancias de estos autos y de los que los
precedieron. Así, en la sentencia recordada supra (ver considerando 4º), que ha pasado en
autoridad de cosa juzgada, el Estado Nacional fue condenado a restituir todos sus bienes,
muebles, inmuebles (más sus accesorios) ala actora, a cuyo efecto debía rendir cuentas"... por
todo el período que abarcó su gestión", restitución que carecería de sentido si -como lo
pretende la demandada- la actora ya hubiera estado en posesión de lo que reclamaba. Igual
reflexión suscita el decreto Nº 1829 del Poder Ejecutivo Nacional (10 de octubre de 1973) que
dispone en su artículo 1º: "Restitúyense los bienes muebles, inmuebles, accesorios y todos los
demás valores que integran el establecimiento 'La Rinconada' sito en Arrecifes, Provincia de
Buenos Aires, a su propietaria 'La Rinconada Sociedad Anónima (en formación)"'. Este
decreto, conviene subrayarlo, expresa en su último considerando que "procede hacer efectiva la
devolución de los bienes a la sociedad antes citada" (fs. 967/968 del expediente Nº 16.969),
restitución que el Estado Nacional efectivizó el 31 de octubre de 1973 (fs. 969/972 del citado
expediente).
Ya en las presentes actuaciones, la demandada -en oportunidad de contestar la demandaabundó en expresiones que no dejan lugar a dudas sobre la posesión que detentó durante
dieciocho años (fs. 828/ 837). Resumió su postura de este modo: "De las consideraciones
expuestas cabe concluir que la posesión del Estado del establecimiento agropecuario de la
actora fue legítima hasta la adquisición de la calidad de cosa juzgada del decisorio dictado en
los autos 'La Rinconada S.A. c/ Estado Nacional s/nulidad e inconstitucionalidad' o, a todo
evento, que aun cuando ilegítima, su posesión fue de buena fe durante todo ese período" (fs.
Apéndice de fallos
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836 vta.). En términos similares se expresó al momento de presentar su alegato (fs.
1927/1935).
Sólo muy posteriormente pretendió la demandada cambiar su planteo, poniéndose en
contradicción con los términos en que había quedado trabada la litis y con los antecedentes
reseñados, actitud que tuvo el evidente propósito de mejorar su discurso relativo a la alegada
prescripción de la acción y que, por lo dicho, no puede ser tomado en cuenta en esta instancia.
En efecto, admitir el cambio de postura significaría incorporar temas distintos de los que en su
momento fueron introducidos por las partes en el pleito, con mengua de la garantía
constitucional de la defensa en juicio, por existir apartamiento de las pretensiones enunciadas
al tratarse el diferendo (confr. Fallos: 239:442 ; 252:13 ; 255:237 , entre otros). Y, pese a la
argumentación que intenta desarrollar el Estado Nacional, esta regla no puede cohonestarse con
la invocación del principio iura curia novit y su aplicación por el sentenciante, cuando aquél
excede el ámbito de lo que le es propio (confr. Fallos: 256:529; 300:1015 ; causa: G. 37. XX.
"González, Osvaldo Augusto y otro c/ Gatica de Lencinas, Zoila Hermela y otros s/ recurso de
queja", del 6 de setiembre de 1984; entre otros). Todo esto es así porque reconocer derechos no
debatidos es, en principio, incompatible con el artículo 18 de la Constitución Nacional (confr.
Fallos: 237:328 ; 239:442 ; 267:419 ; 284:47 y 115, causa: B. 567. XIX. "Bramaq S.A. c/
Robles, Roberto Raúl", del 30 de agosto de 1984).
En razón de todo lo hasta aquí expuesto, no cabe duda que, frente al reclamo de la actora -por
los frutos percibidos, dejados de percibir y por los frustrados- el Estado Nacional no negó
(como ahora lo pretende) su carácter de poseedor. Por el contrario, sobre la base de admitirlo,
centró su defensa en el sostenimiento de que su posesión había sido legítima o,
subsidiariamente, de buena fe, invocaciones que sólo tienen sentido desde la perspectiva de
admitir la mentada posesión. Ello se correspondió, por cierto, con la índole del reclamo
efectuado en la demanda, en la cual la actora, con fundamento en su dominio sobre los bienes
recuperados, reclamó el pago de los frutos a los que se refieren los artículos 2438 y 2439 del
Código Civil.
7º) Que también la demandada se agravia de que el a quo haya considerado aplicable al
reclamo de la actora el plazo de prescripción de la acción previsto en el artículo 4023 del
Código Civil. Empero, el término decenal que la norma citada impone ha sido el
tradicionalmente aplicado por el Tribunal en acciones como la ejercida en el sub lite, donde el
fundamento de la pretensión se asienta en el carácter de dueño que el actor invoca frente al
poseedor demandado. Así surge, por ejemplo, del precedente transcripto en Fallos: 305:2098
(considerando 3º) y de los pronunciamientos dictados in re: P. 343. XX. "Playas del Faro S.A.
c/ Buenos Aires, Provincia de s/ sumario", (9 de abril de 1987) e in re: G. 387. XXII. "García
de Leonardo, Alberto c/ Formosa, Provincia de s/ daños y perjuicios", (7 de noviembre de
1989), considerando 2º, a los que cabe remitirse brevitatis causa. Debe subrayarse que en
ninguno de los fallos citados el Tribunal hizo distingo entre los frutos percibidos y los dejados
de percibir (o no percibidos) -distinción que pretende la apelante- sino que, por el contrario,
aplicó el plazo del artículo 4023 del Código Civil a todas las categorías (confr. especialmente
Fallos: 305:2098, considerando 3º, 21 y parte dispositiva; "Playas del Faro S.A. c/ Buenos
Aires, Provincia de s/ sumario", considerando 1º). Entre ellas no procede distinguir a los
Apéndice de fallos
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efectos del plazo de prescripción liberatoria, pues en todos los casos el sustento último de la
pretensión es común y deriva de la condición de dueño que ostenta el reclamante.
8º) Que otro punto de la sentencia que cuestiona la recurrente es el relativo al momento en que
comenzó a correr el plazo de prescripción de la acción de la cual es titular la propietaria. A ese
respecto sostiene que el cómputo debe hacerse a partir del momento en que fueron dictados los
actos administrativos (año 1955) que la actora impugnó en el juicio "La Rinconada S.A. (en
formación) c/Estado Nacional s/ nulidad e inconstitucionalidad" o, en su caso, a partir del
instante en que la intervención a la demandante quedó sin causa (10 de abril de 1959), según la
sentencia dictada en ese proceso, o, por fin, desde que se promovió el citado juicio por nulidad
e inconstitucionalidad (29 de abril de 1966, ver fs. 38 vta. del expediente Nº 16.969). En
cualquiera de esos supuestos -señala- la acción habría prescripto y su defensa debería ser
acogida, pues la demanda que inició las presentes actuaciones fue promovida el 24 de junio de
1983.
9º) Que, en este tema, sólo una exacta comprensión de lo que realmente reclama la actora
permitirá conocer el momento en que se inició el curso del término de la prescripción. Esta
tiene por fundamento, como es sabido, la necesidad de preservar la seguridad jurídica, evitando
la sustanciación de pleitos en los que se pretenda ventilar cuestiones añejas que, en el momento
oportuno, no fueron esgrimidas por los interesados, configurando una inacción que la ley
interpreta como desinterés y abandono del derecho por parte de aquellos. Pero, para que esto
acaezca, es preciso que la acción pueda ser ejercida (actio non nata non praescribitur), es decir,
que el derecho exista y, además, esté expedito y pueda hacerse valer. De lo contrario, la
prescripción se asemejaría a un castigo sin causa ni fundamento, pues sólo puede atribuirse
desinterés o inacción a quien, pudiendo actuar, no lo ha hecho.
10) Que la demanda persigue el pago correspondiente a los frutos que los artículos 2438 y
2439 del Código Civil ponen a cargo del poseedor de mala fe. Ellos son: a) los percibidos; b)
los que por su culpa hubiera dejado de percibir, y c) los que habría podido producir la cosa, si
el propietario hubiese podido sacar un beneficio de ella.
Ahora bien, a la luz de las constancias del juicio "La Rinconada S.A. (en formación) c/la
Nación Argentina s/nulidad e inconstitucionalidad" y de las obrantes en estas actuaciones, es
posible conocer las características de la gestión que los funcionarios de la demandada tuvieron
con relación a los bienes de la actora, cuya restitución se concretó a fines de 1973, después de
dieciocho años de administración estatal. A pesar de que el fallo recaído en la citada causa
obligaba al Estado Nacional a rendir cuentas, en el término de veinte días, "por todo el período
que abarcó su gestión", sólo tres años después (en julio de 1976) se cumplió con la referida
obligación, pues fue menester reconstruir lo realizado por los funcionarios que sucesivamente
estuvieron a cargo de la administración. Se detectó tal cúmulo de irregularidades que es útil
puntualizar algunas: falta de firma, por parte de los responsables, de inventarios, balances
generales y cuadros demostrativos de ganancias y pérdidas; serias falencias en la confección y
presentación -y también ausencia- de la documentación respaldatoria de las registraciones de
los libros contables (confr. informe de fs. 993); falta de rubricación de los libros contables por
autoridad alguna; carencia de las "memorias" que deben acompañar a los estados contables
correspondientes a cada ejercicio; ausencia casi total de suministro de planes de acción y
Apéndice de fallos
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presupuestos para programar las actividades a realizar; falta de referencia en los asientos
contables, de documentación de las operaciones (confr. fs. 995); carencia de archivo de la
documentación de acuerdo con un método racional, lo que llegó a producir la imposibilidad de
su localización. Es más: para que la rendición de cuentas pudiera ser concretada, fue necesaria
la creación de una Comisión Técnica Especial, en el ámbito de la Secretaría Técnica de la
Presidencia de la Nación, para realizar la tarea, lo que demuestra que ni siquiera la demandada
sabía qué fue lo que ella misma había hecho con los bienes de su contraria, y mucho menos
cómo los había administrado durante todos esos años. El organismo creado debió reunirse y
sesionar no menos de cincuenta y cuatro veces (de lo que dan cuenta las actas cuyas copias
obran de fs. 891 a 984) para finalmente producir el informe cuya copia luce a fs. 990/998, en el
cual se enumera una infinidad de irregularidades, entre las que cabe contar las detalladas más
arriba. Las anomalías se encuentran, en parte, corroboradas por la prueba pericial contable (fs.
1586/1589). Además, pese a que en determinado momento los bienes de la actora fueron
declarados hacienda paraestatal (decreto 7837/72), no se cumplió con lo dispuesto por la Ley
de Contabilidad y sus disposiciones concordantes (confr. fs. 1591/ 1593).
Todo lo reseñado -revelador de una gestión desordenada e ineficiente- sólo pudo ser conocido
por la actora cuando fue anoticiada de la rendición de cuentas (26 de julio de 1976), aunque los
primeros indicios se remontaron al 31 de octubre de 1973, día en que le restituyeron los bienes
inmuebles, semovientes y muebles que integraban el establecimiento agropecuario "La
Rinconada", con más exiguas "disponibilidades y créditos" (confr. acta respectiva, fs. 969/972
del expediente Nº 16.969), puesto que ya a partir de esa oportunidad pudo comenzar a
apreciarse el estado de deterioro del establecimiento, la mengua de su capacidad productiva y
el desorden de la gestión realizada.
En cambio, no puede sostenerse que antes de la rendición de cuentas -o, a lo sumo, antes de la
recuperación de la posesión- la actora ya estuviera en condiciones de demandar el pago de los
frutos que prevén los artículos 2438 y 2439 del Código Civil. En efecto, cuando no existía
posibilidad alguna de conocer si la gestión había sido eficaz o deficiente, si los frutos de la
explotación habían respondido a las características del establecimiento, si el producido de la
actividad se había reinvertido total o parcialmente, si las disponibilidades de carácter financiero
correspondían a la naturaleza de la gestión realizada, en fin, cuando todavía los bienes eran
poseídos por el Estado Nacional -posteriormente condenado a restituirlos (con sus accesorios)
y a rendir cuentas por todo el lapso durante el cual los había explotado- todo reclamo hubiese
sido aventurado. Se advierte fácilmente que si -por hipótesis- la gestión hubiera sido correcta,
ello se habría traducido en la inexistencia de frutos dejados de percibir por culpa del poseedor
(artículo 2438 del Código Civil) o de frutos frustrados para el propietario (artículo 2439 ) y,
en cuanto a los percibidos (artículo 2438 ) ellos se habrían reflejado en un aumento del activo
físico o financiero. Por ello, antes de la rendición de cuentas se ignoró no sólo la magnitud del
daño -como lo pretende la apelante- sino su misma existencia, puesto que "daño" es aquí básicamente- la diferencia que medió entre una explotación concretamente realizada (la del
Estado Nacional) y otra (la que hubiera sido correcta) que se toma como referencia. No fue
dable efectuar esa comparación sin conocer los dos términos a tomar en cuenta. De nada
hubiese servido obtener -por peritajes o medios análogos- lo que se podría haber obtenido del
establecimiento agropecuario, si no se estaba en condiciones de cotejarlo con el real resultado
Apéndice de fallos
Página 133
de la explotación llevada a cabo por la demandada, resultado que sólo se exteriorizó
plenamente con la rendición de cuentas de 537 fojas presentada el 7 de julio de 1976 y
notificada el 26 de julio de ese año. Puesto que la prescripción se ha regulado para dar efectos
extintivos a la inactividad, pero no para obligar a emprender osadas aventuras judiciales, ha de
concluirse que solamente a partir del 26 de julio de 1976 comenzó a correr el plazo de la
prescripción, que, por lo tanto, no se hallaba cumplido cuando fue deducida la demanda en este
proceso (24 de junio de 1983). A igual conclusión cabría arribar si se tomara como comienzo
del término el día que se concretó la restitución de los bienes a la actora (31 de octubre de
1973).
11) Que en cuanto al agravio en el que la apelante sostiene el carácter "legítimo" de su
posesión, es oportuno recordar los términos del artículo 2355 del Código Civil, según el cual
"La posesión será legítima, cuando sea el ejercicio de un derecho real, constituido en
conformidad a las disposiciones de este Código...". De allí que posesión legítima equivalga a
posesión más derecho de poseer (ius possidendi) y que sea ilegítima la posesión adquirida "por
un modo insuficiente para adquirir derechos reales" (artículo citado).
Desde esta óptica, resulta evidente que la posesión del Estado Nacional sobre los bienes que
integraron el establecimiento agropecuario "La Rinconada", propiedad de la demandante, no
tuvo el carácter de legítima por la sencilla razón de que, en el conjunto de actos administrativos
y vías de hecho que le dieron origen, no puede encontrarse ninguno de los caracteres que
configuran el "título suficiente" apto para producir la constitución o transmisión de algún
derecho real.
12) Que, en lo concerniente a que la mencionada posesión sería -según la recurrente- "de buena
fe", ha de repararse en que, para que una posesión de tales características exista, resulta
indispensable que el que la detentó haya estado persuadido, por ignorancia o error de hecho, de
su legitimidad, convicción que debe darse "sin duda alguna" y que se refiere, como lo dice
Freitas en el artículo 3716 del Esbozo (fuente del artículo 2356 del Código Civil) a la
existencia, calidad y validez del título, al modo de adquirir y al derecho del transmitente (confr.
artículo 2356 citado y artículo 4006 del mismo código).
Contrariamente a lo sostenido por la apelante -que quiere utilizar un concepto de más latitud
que el expresado- son las referidas normas legales las aplicables al sub lite, pues en este
proceso no se trata de valorar nuevamente la intervención de la sociedad actora por decreto
4415/55 -que oportunamente calificó la sentencia dictada en el proceso sobre nulidad e
inconstitucionalidad- sino de apreciar la posesión que tuvo el Estado Nacional y sus efectos
con relación a la demanda promovida en estos autos.
Esa posesión, como surge del pronunciamiento mencionado, pasado en autoridad de cosa
juzgada, quedó sin fundamento alguno desde el dictado del decreto 3732/59, publicado el 9 de
abril de 1959 (que levantó la interdicción que pesaba sobre Mercedes Benz Argentina S.A.,
sociedad con la cual habría tenido "directa relación" la actora, según se adujo en su momento)
y la señalada circunstancia trajo necesariamente aparejada, no sólo la falta de causa en la
continuidad de la posesión estatal a partir de esa fecha, sino la imposibilidad de que su
continuación pudiera revestir la "buena fe" exigida por los preceptos citados supra. Esto último
Apéndice de fallos
Página 134
por cuanto fue la propia demandada la que relacionó las medidas tomadas respecto de la actora
-y su patrimonio- con las dictadas sobre Mercedes Benz Argentina S.A., razón que
necesariamente debió evidenciarle que, cesadas estas últimas por un acto estatal (de similar
naturaleza al que las generó), automáticamente quedaban las primeras sin sustento alguno. Aún
en la hipótesis más favorable para la demandada -cual es la de que esa esencial circunstancia
no hubiese sido advertida- se estaría frente a un error de los que configuran a la posesión como
"de mala fe" (artículo 2356 del Código Civil) pues más allá de que constituyera un error de
derecho o de hecho, en cualquiera de los supuestos es palmaria su inexcusabilidad.
Respecto de los "indicios" y "presunciones" que la demandada arguye como justificativos de su
actuar (con relación a las personas físicas o jurídicas interdictas que se habrían ocultado tras la
actora),baste mencionar que en el tantas veces citado juicio "La Rinconada S.A. (en formación)
c/ Nación Argentina s/ nulidad e inconstitucionalidad" resultó vencida en primera instancia y
desistió del recurso de apelación que había interpuesto y que tampoco le fue favorable el
proceso caratulado "Comisión Liquidadora decreto-ley 8124/57 c/Carrera, José B. y otros s/
simulación" (fs. 834/835 vta.).
13) Que, por fin, en lo atinente al quantum indemnizatorio cabe razón a la apelante cuando
señala que al modificar el a quo el fallo de primera instancia -deduciendo "las sumas
correspondientes al período transcurrido entre fines del año 1955 y el 10 de abril de 1959" (fs.
2083 vta.)- "importó una sustancial alteración del desarrollo de la pericia que, obviamente,
consideró en la evolución de la explotación del bien, los fondos que se reinvertirían año tras
año" (fs. 2140). Al no hacerse lugar a la demanda por el lapso que va de fines de 1955 al 10 de
abril de 1959, el peritaje no deberá tomar en cuenta -al efecto del cálculo respectivo- los
resultados posibles que, en una explotación normal, se habrían obtenido en ese período 19551959, ni sus sucesivas reinversiones. En consecuencia, corresponderá adecuar el peritaje a lo
expuesto, siguiendo, en lo demás, las pautas del ya practicado en autos.
En cambio, debe desecharse la crítica de la demandada, en cuanto a que la prueba habría
relacionado la administración estatal con una gestión "ideal" del establecimiento agropecuario.
El peritaje es concluyente, en cuanto a que se calculó "... el resultado que se hubiera podido
obtener conforme a una explotación con pautas racionales y normales de eficiencia" (fs. 1621,
cuarto párrafo); y que se hizo el cálculo "... de los frutos civiles e industriales que hubieran
podido obtenerse en una explotación correctamente realizada..." (fs. 1622, segundo párrafo; ver
también punto de pericia 15 y su respuesta a fs. 1624 y fs. 1303 vta.).
14) Que esta Corte comparte el criterio adoptado por el a quo en torno a la imposición de
costas de las instancias inferiores, por lo que se confirma el pronunciamiento en este punto, a la
vez que también se distribuyen las de esta instancia en igual proporción, es decir, 85% a la
demandada y 15% a la actora (artículos 68 y 71 del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación).
Por ello, se resuelve: 1) Confirmar la sentencia dictada por la Cámara a fs. 2079/2084 vta. con
las modificaciones que resultan del considerando 13, párrafo primero, de la presente; 2)
Imponer las costas en la forma indicada en el considerando 14. Notifíquese y devuélvase.
Enrique Santiago Petracchi - Mariano Augusto Cavagna Martínez - Eduardo Moliné O'Connor.
Apéndice de fallos
Página 135
25.
C.Nac.Civ., sala E, agosto 29-2006 “G., C.O. c/ Arte Gráfico
Ed.Arg. S.A.” L.L. supl.diario 23-nov-2006 pág. 7 **
26.
C.Nac.Civ., sala H, diciembre 17-1996 ”Cangi de Dos Santos,
María D. c. Propietarios Crisóstomo Alvarez sin Nº entre 4621 y
4667. • LA LEY 1997-B, 805, (39.398-S) - DJ 1997-3, 1046, SJ. 1450. **
27.
C. Civ. y Com. 5a Nominación de Córdoba, febrero 10-1988,
“Gigena, Miguel A. y otro c. Bosch, José” **
28.
C.1ª.Civ. y Com.La Plata, sala III, marzo 28-2006 “Sagarduy,
Alberto O. c. Copetro S.A.” La Ley Online; RCyS To. 2006-VIII pág.
102
HECHOS:
Los actores, vecinos inmediatos de la empresa demandada, acumularon pretensiones
abarcativas de dos clases de daños, una referida al cese de la contaminación ambiental que
aquella producía debido a la emisión de partículas de carbón de coque crudo a la atmósfera, y
la otra al resarcimiento del daño que sufriera cada uno de ellos a través del ambiente. El a
quo rechazó la excepción de prescripción opuesta por la demandada y le ordenó detener la
emisión al exterior de elementos contaminantes, así como la indemnización de los daños
provocados por la contaminación. La Cámara confirmó parcialmente la sentencia apelada.
SUMARIOS:
… [Omissis]
En los casos de daños y perjuicios derivados de las relaciones de vecindad —en el caso, por
contaminación ambiental—, resulta aplicable el plazo de prescripción de diez años previsto en
el art. 4023 del Cód. Civil y no el de dos años de la responsabilidad aquiliana.
TEXTO (Parte pertinente):
2ª Instancia.— La Plata, marzo 28 de 2006.
1ª ¿Es justa la sentencia apelada? 2ª ¿Qué pronunciamiento corresponde dictar?
1ª cuestión.— El doctor Pérez Crocco dijo:
1. La sentencia y los agravios:
Apéndice de fallos
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La sentencia apelada —del 15 de marzo de 2005— tras rechazar la excepción de prescripción
opuesta por la demandada Copetro S.A., acogió favorablemente las pretensiones actoras y,
consecuentemente, ordenó detener la emisión al exterior de elementos contaminantes, de
acuerdo con las modalidades ya implementadas en la resolución del 24 de noviembre de 2004
dictada en el incidente de medidas cautelares que obra acollarado y la indemnización de los
daños provocados por tal contaminación, con costas a la demandada.
Contra dicho pronunciamiento levantan sus recursos sendas partes, quienes expresan los
agravios que en prieta síntesis trataré de resumir a continuación:
La parte actora circunscribe su queja al "quantum" de la condena, considerando que los montos
que se fijan en el fallo son exiguos, mínimos y, por ello, injustos (ver fs. 2677/2692). Dice, en
lo que se refiere al daño a la salud y daño moral, que los montos de la sentencia no se condicen
con los fijados por esta sala en el precedente "Almada" (y sus acumulados) porque son
sensiblemente menores. Que no se ha valorado debidamente el dictamen médico del Dr.
Ayllon, ni tampoco el informe del INUS de la Facultad de Medicina de la UNLP. Que la
sentencia no computa la continuidad del daño sufrido por los actores (23 años ininterrumpidos)
ni refleja la gravedad de los daños. Por último, y referido a cada uno de los daños y a las
indemnizaciones fijadas, dice que el pronunciamiento en crisis no ha aplicado debidamente el
parámetro de las externalidades con lo que se configura un enriquecimiento ilícito de la
demandada a costa de los actores. Como conclusión pide que los montos de la condena se
eleven considerablemente.
Mientras que la empresa accionada, luego de realizar una serie de consideraciones generales,
reprocha: que la sentencia ordena indemnizar un daño incierto (cap. III); que no corresponde
indemnizar el rubro desvalorización de la vivienda (Cap. IV); que a los efectos del cómputo de
los intereses la sentencia erróneamente considera al daño como instantáneo (Cap. V); y, por
último, que se le haya rechazado la excepción de prescripción de la acción indemnizatoria
(Cap. VI).
2. La congruencia procesal en la Alzada:
Antes de ingresar al campo de las instituciones jurídicas requeridas para encausar la cuestión
del daño y de la responsabilidad por su reparación en el debate en esta Alzada, cabe poner de
relieve la distinción conceptual entre dos especies diferentes del fenómeno comúnmente
catalogado como "daño ambiental". Distinción que si bien ya se ha hecho en el precedente
"Almada" (ver considerando IV y VI de la sentencia dictada el 9/2/1995 y sentencia de la
SCBA), bien vale la pena precisarla aquí.
Así tenemos, por un lado, "el daño ambiental per se", que es el perjuicio o menoscabo
soportado por los elementos de la naturaleza o el medio ambiente, sin afectar a personas o
cosas bajo una tutela jurídica específica; y por otro, "el daño provocado a los individuos a
través del ambiente", que se refiere a las diversas hipótesis de daño, ya reconocidos por el
derecho clásico, a las personas o a las cosas, por una alteración del medio ambiente, a causa del
obrar humano. Dentro de esta noción cabe la suma de daños individuales, o sea los daños
sufridos por víctimas plurales a raíz de un mismo hecho lesivo, la contaminación del ambiente.
Apéndice de fallos
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Ahora bien, en este expediente —al igual que en su precedente "Almada"— los actores
acumularon pretensiones abarcativas de esa dos clases de daños; o sea, una, referida al cese de
la contaminación ambiental (daño ambiental per se) que expresa al lado del interés individual
que la impulsara un interés colectivo y difuso (el que poseen todos los integrantes de la
comunidad aledaña a la empresa a la salubridad del medio ambiente que se dice contaminado
por ella); otra, que apunta al resarcimiento del daño que sufrieran cada uno de los actores a
través del ambiente.
El Juez de grado en la sentencia en apelación, en el considerando quinto, aplicó en estos
actuados los efectos de la cosa juzgada sobre el daño ambiental emergentes de la sentencia
dictada en el precedente "Almada" (ver punto a); amén de concluir, luego de un pormenorizado
análisis de la prueba que el expediente exhibe (ver informes de fs. 325/339 y fs. 364/379; la
sentencia de este Tribunal de fs. 428/442 —RS: 256/96—; informe de Veeduría de fs. 602/606;
pericia de la Dres. Ronco y Navarro de fs. 1080/1093; informe de fs. 1257/1298, informes de
fs. 1386/1415; informe de fs. 18/28; ver además Resolución de la Sec. de Política Ambiental de
fs. 2736/2737; todos en el Incidente de Medidas Cautelares, que obra por cuerda separada) de
que aquél daño ambiental continúa y persiste en la actualidad y es la causa generadora de los
daños que reclaman los actores (ver puntos b, c, d, e, f, g, h, i).
Por su parte, Copetro S.A. —en el acápite titulado "Consideraciones Generales" de su
expresión de agravios— admite la conclusión del Dr. E. cuando afirma no agraviarse de
aquella parte de la sentencia que ordena detener la emisión al exterior de elementos
contaminantes; amén de no impugnar concreta y razonadamente los fundamentos basales de la
misma.
Ergo, más allá de la cosa juzgada que el precedente "Almada" proyecta sobre esta causa, la
postura adoptada por Copetro S.A. en el memorial de agravios señalada anteriormente permite
una clara interpretación: que la empresa con su actividad sigue emitiendo partículas de coque a
la atmósfera y, por ende, sigue contaminando el medio ambiente. Es por ello, que el tema del
daño ambiental per se circunstancias queda marginado de la tarea revisora de este Tribunal por
imperio del art. 272 del CPCC y la doctrina de la casación bonaerense que sostiene "... que los
tribunales de apelación sufren en principio una doble limitación: la que resulta de la relación
procesal y la que el apelante haya querido imponerle en el recurso a través de la expresión de
agravios, lo que señala el marco de competencia de aquellos..." (SCBA Ac. 42.243; 43.417,
entre otros: conf. Azpilicueta-Tessone, en "La Alzada-Poderes y deberes", Ed. LEP, p. 157 y
sigtes.). Correlato de lo cual, el debate de Alzada queda limitado al tratamiento de las
cuestiones planteadas en torno al daño causado a las personas a través del ambiente, que ha de
ser el tema relevante de esta sentencia como veremos infra (arts. 34 inc. 4°, 260, 272 del
CPCC).
3. El daño causado a las personas a través del ambiente:
Antes de entrar a considerar los puntuales agravios que sendas partes han planteado en sus
respectivos memoriales sobre la existencia, nexo de causalidad, prescripción y eventual
cuantificación del daño del epígrafe quiero hacer una consideración que me parece relevante
para clarificar el debate de Alzada.
Apéndice de fallos
Página 138
Tengo para mí, luego de analizar la evolución de los hechos, la retahíla de informes y pericias
habidas en tantos años de procesos contra Copetro sobre la emisión de partículas de carbón de
coque crudo a la atmósfera por encima y por debajo de los límites permitidos y la forma de
trabajo y producción de la empresa (almacenamiento en pilas del carbón y su manipuleo de tal
material en su traslado para incineración o embarque), que no podemos pasar por alto un hecho
ineludible de la realidad, cual es, que la actividad de esta empresa ha producido, produce y
quizás producirá un daño ambiental porque le es intrínseco y propio de la actividad, por más
que la Justicia se empeñe —como lo ha hecho hasta ahora— en minimizarlo a través del
proceso cautelar o que la misma empresa ponga la mayor diligencia y cuidado.
En efecto, vimos y seguimos viendo que a pesar de la inteligente ingeniería cautelar
desarrollada por el Doctor E. —confirmada por esta sala— y las consecuentes obras llevadas a
cabo por Copetro —otras en curso de realización— lejos estamos de que hayan cesado las
emisiones de polvillos que se fugan del ámbito de la empresa (ver informes de fs. 325/339 y fs.
364/379; la sentencia de este Tribunal de fs. 428/442 —RS: 256/96—; informe de Veeduría de
fs. 602/606; pericia de los Dres. Ronco y Navarro de fs. 1080/1093; informe de fs. 1257/1298,
informes de fs. 1386/1415; informe de fs. 18/28; ver además Resolución de la Sec. de Política
Ambiental de fs. 2736/2737; todos en el Incidente de Medidas Cautelares, que obra por cuerda
separada).
Ergo, si nos atenemos al concepto estricto del daño ambiental y la "obligación de recomponer",
resulta obvio que esta clase de actividad resultaría lisa y llanamente imposible. Evitar el daño
sería equivalente a impedir la actividad, ordenar su cierre. Hecho éste que no es tolerado por la
Política Ambiental del Estado, como tampoco puede hacerlo este Tribunal según la sentencia
de la Corte Federal recaída en el precedente Almada.
Por ello, se impone compatibilizar el daño ambiental con la perspectiva fundamental de la
sustentabilidad; pero sería imposible hablar de sustentabilidad sin tener en cuenta la valoración
del ambiente desde un punto de vista social, económico y ecológico, la consideración de su
posible y concreto menoscabo y la necesidad de la reversión de tal perjuicio en términos
monetarios.
Es precisamente en estos casos contra Copetro, donde más se aprecia el vínculo entre la
anticipación y planificación de actividades, enmarcados dentro del Principio Precautorio (la
tutela anticipada), con el fin de establecer y cuantificar, sobre bases racionales, el impacto y las
consecuencias ambientales aceptables, al igual que tomar las medidas de mitigación necesarias,
tal cual se ha hecho en estos procesos. De ahí, que la contaminación de Copetro hoy
seguramente no es la misma que cuando se inició el primer proceso.
Permítaseme señalar, además, siguiendo los conceptos de Hutchinson (en "Daño Ambiental",
Ed. Rubizal Culzoni, t. I, ps. 50 y 51), que el daño que nos ocupa es un daño permisible, toda
vez que nos encontramos con una legislación que establece parámetros —valores límite—
como aceptables, en el margen de la tolerancia de la política ambiental del Estado, a través de
normas, estándares y regímenes de permisos (vg. dec. 1741/96, reglamentario de la ley
11.459). A propósito de ello, recuerdo que este Tribunal ha sostenido que "Las actividades,
fuentes de las molestias que se procuran evitar o indemnizar, son o pueden ser actividades
Apéndice de fallos
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lícitas que cuentan con autorización administrativa" ("in re": "Almada"). Es que la autorización
administrativa obtenida por el contaminador se entiende otorgada o concedida "sin perjuicio de
terceros" (conf. Bustamante Alsina, Derecho Ambiental, Ed. Abeledo Perrot, Bs. As. p. 157;
Aurora Besalú Parkinson, ob. cit., p. 100).
Parando mientes en lo expuesto y en que la contaminación ambiental se nos presenta como un
factor de riesgo que afecta no sólo al interés de los particulares sino también al bien común,
cabe recordar —una vez más— que, al margen de la protección judicial, es un deber ineludible
de los funcionarios de la Administración Pública, ya sea ésta, municipal o provincial, controlar
en forma permanente y responsable a la empresa contaminadora y acometer hasta donde sea
preciso para embridar la amenaza aludida, porque una cosa es que el daño sea permitido hasta
ciertos límites administrativos y otra que ese daño sea tolerable por la sociedad. Los límites
administrativos —vg. los del dec. 1741/96— son de naturaleza inferior a la Constitución
Nacional, que en su art. 41, establece el derecho al goce de un ambiente sano, apto para el
desarrollo humano y el deber de preservación del mismo en aras del logro del desarrollo
sustentable.
La situación que he dejado planteada marca el juego entre los conceptos de permisibilidad y
tolerabilidad que se han venido contraponiendo durante el largo proceso entre los vecinos del
Barrio Campamento y Copetro, donde quienes intervenimos en representación de la Justicia
hemos tratado de armonizar (frente a una situación cuasi irreversible para los vecinos), con
mecanismos de compensación o mitigación, para la vigencia concreta de la recomposición
ambiental como valor social con consecuencias jurídicas.4. La prescripción:
Sobre este tema la parte demandada en el capítulo VI y último de la expresión de agravios
plantea que las indemnizaciones por los daños anteriores al 23 de mayo de 1990 (menoscabos
al ius utendi, al ius abutendi, daño físico y moral) están prescriptos dado que el plazo de
prescripción es de dos años y esta demanda se inició el 29 de mayo de 1992, según constancias
del cargo de fs. 100 vta. (ver in extenso Cap. VI, 6.1., 6.2., 6.2.1., 6.2.2., 6.2.3. y 6.2.4., del
escrito de expresión de agravios).
Los agravios son inaudibles. En efecto, es ya cosa juzgada en los autos "Almada" que, para
estas clases de daños —perjuicios derivados de las relaciones de vecindad; art. 2618 del Cód.
Civil—, el plazo de prescripción aplicable es el del art. 4023 del Cód. Civil, o sea el de diez
años; y no el de dos años de la prescripción aquiliana (ver considerando VI de la sentencia de
Almada; conf. Aurora Besalú Parkinson, ob. cit. p. 210).
Ahora bien, si la instalación de la planta ocurrió en el mes de marzo de 1883 como afirma la
propia demandada (ver fs. 2726 vta., segundo párrafo), es obvio que el plazo decenal a la fecha
de la presentación de esta demanda no estaba vencido.
5. El daño y la relación de causalidad:
… [Omissis]
El doctor Lavié (h.) dijo que adhería al precedente voto aduciendo idénticos fundamentos.
2ª cuestión.— El doctor Pérez Crocco dijo:
Apéndice de fallos
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Vista la concordancia de votos lograda al tratar la cuestión anterior (arts. 266, 267 del CPCC)
corresponde —y así lo dejo propuesto— confirmar parcialmente la sentencia apelada de fs.
2581/2628 vta. y aclaratoria de fs. 2652 y, consecuentemente, elevar el capital de condena a la
cantidad de $ 1.991.633,34 en la forma determinada en el considerando 7, punto F) de la
presente sentencia, con costas (art. 68 del CPCC).
Así lo voto.
El doctor Lavié (h.) dijo que adhería al precedente voto aduciendo idénticos fundamentos.
En el presente Acuerdo ha quedado establecido, con las salvedades hechas en cuanto al monto
de las indemnizaciones, que la sentencia apelada y su aclaratoria se ajusta a derecho (ver citas
legales hechas en los considerandos que preceden). En consecuencia, confírmase parcialmente
la sentencia apelada de fs. 2581/2628 vta. y aclaratoria de fs. 2652, y consecuentemente,
elévase el capital de condena a la suma de $ 1.991.633,34 y en la forma detallada en el
considerando 6, punto F) de la presente sentencia, con costas. Oportunamente se regularán los
honorarios devengados en esta Alzada (art. 31, ley 8904). — Carlos A. Pérez Crocco.— Juan
M. Lavié (h.).
29.
C.S.N. • 18/12/2007 • Lagos, Alejandro y otros c. Yacimientos
Petrolíferos Fiscales Sociedad del Estado - residual y otro •
LA LEY 15/02/2008 pág. 7 (Ficha 84)
HECHOS:
Los actores promovieron demanda contra Y.P.F. S.A., ampliada después contra Y.P.F. S.E.
(residual) y el Estado Nacional, con el objeto de que se los condenara a pagar lo adeudado en
concepto de indemnizaciones por servidumbres mineras no abonadas, por el lapso
comprendido entre el mes de junio de 1981 hasta el mes de mayo de 1991, por una
determinada suma. El juez de primera instancia, al desestimar la excepción de prescripción
opuesta, hizo lugar a la demanda. La Cámara confirmó la sentencia. Interpuesto recurso
ordinario de apelación, la Corte Suprema de Justicia de la Nación revocó la sentencia
apelada y rechazó la demanda.
SUMARIOS:
1. Si el objeto de la demanda fue el reclamo del pago de indemnizaciones por el uso y la
ocupación por parte de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de la fracción de campo de
propiedad de los actores para la exploración y explotación de petróleo, en tanto la
demandada abonó cánones que en su momento no guardaron relación con la cantidad
de pozos y otras instalaciones existentes, el plazo que corresponde aplicar no es el de
seis meses del art. 161 del Código de Minería ni el decenal invocado por la actora, sino
la prescripción de dos años prevista por el art. 4037 del Cód. Civil.
2. Toda vez que se demanda en función de de una servidumbre administrativa en la que no
existe transferencia de dominio y cuyo pago ha sido previsto en forma periódica, sobre
la base de supuestos fácticos relacionados con el grado de afectación del inmueble, no
procede la aplicación analógica de la ley 21.499 (Adla, XXXVII-A, 84), que fija un
Apéndice de fallos
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plazo de prescripción de cinco años para la acción de expropiación irregular, sino que,
establecida la responsabilidad del Estado por actividad lícita en el orden administrativo,
corresponde remitirse a las disposiciones de derecho civil que regulan la prescripción
en materia de responsabilidad por daños.
3. A los efectos de la prescripción, el nacimiento de la acción para exigir el cumplimiento
de una obligación depende de una circunstancia general y objetiva, tal como lo es que el
daño haya ocurrido y sea cierto, y no de una condición meramente subjetiva, como lo
sería el estado de conciencia del acreedor acerca de la existencia de una deuda exigible
a su favor, razón por la cual la incertidumbre de los actores acerca de la existencia o
extensión del daño —para reclamar el pago por servidumbres mineras no abonadas—
constituía una circunstancia eminentemente subjetiva, mientras que la existencia
efectiva de daños a la propiedad superficiaria constituía un dato sujeto a comprobación
objetiva.
4. Debe rechazarse la demanda tendiente a obtener el pago de las diferencias por
servidumbres mineras no abonadas, si al momento de su interposición se encontraba
vencido el plazo de prescripción de dos años respecto de la totalidad del reclamo, toda
vez que no se acredita la existencia de impedimentos para que los propietarios
apreciaran el monto del perjuicio durante el período reclamado, ya que podían estimar
el daño por vía de mensuras extrajudiciales, o bien judiciales, ordenadas a título de
diligencias preliminares o valiéndose de los mismos medios de prueba que después
fueron empleados en el proceso.
5. Si se trata de una servidumbre administrativa, esto es, fijada por ley de manera coactiva
y fundada directamente en razones de utilidad pública, en favor de la empresa estatal
que monopolizaba la explotación de los hidrocarburos, en lugar de los plazos de
prescripción de seis meses previsto en el art. 161 del Cód. de Minería para reclamar los
perjuicios ocasionados por el propietario de la mina, de dos años para reclamar por
responsabilidad extracontractual y de cuatro años previsto en el art. 847, inc. 11, del
Cód. de Comercio para objetar las cuentas presentadas por la demandada, corresponde
aplicar el plazo que por analogía resulta más próximo, esto es, el de cinco años previsto
en el art. 56 de la ley 21.499 (Adla, XXXVII-A, 84). (del voto en disidencia de los
doctores Fayt, Petracchi y Argibay)
TEXTO COMPLETO:
Buenos Aires, diciembre 18 de 2007.
CONSIDERANDO:
1) Que contra la sentencia de la Sala V de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal
que confirmó, en lo sustancial, la sentencia de primera instancia e hizo lugar a la demanda por
cobro de pesos por servidumbres mineras no abonadas, la demandada Y.P.F. S.A. dedujo
recurso ordinario de apelación, que fue concedido a fs. 706.
2) Que el recurso ordinario es formalmente procedente, en tanto se dirige contra una sentencia
definitiva, pronunciada en una causa en que la Nación Argentina es parte y el valor
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cuestionado supera el mínimo establecido en el art. 24 inc. 6°, ap. a del decreto-ley 1285/58,
modificado por la ley 21.708 y la resolución de este Tribunal 1360/91.
3) Que los actores promovieron demanda contra Y.P.F. S.A., ampliada después contra Y.P.F.
S.E. (residual) y el Estado Nacional, con el objeto de que se los condenase a pagar lo adeudado
en concepto de indemnizaciones por servidumbres mineras no abonadas, por el lapso
comprendido entre el mes de junio de 1981 hasta el mes de mayo de 1991, por la suma de $
283.973,07.
Afirmaron que Y.P.F. ocupó el campo de su propiedad denominado "Las Aguadas", ubicado en
el Departamento de San Carlos, Provincia de Mendoza, con el fin de realizar exploración y
explotación de petróleo, abonando cánones que no guardaron relación con la cantidad de pozos
y otras instalaciones denunciadas por la empresa petrolera. Señalaron que sólo en el mes de
junio de 1991, en oportunidad en que Y.P.F. entregó el área en cuestión a la empresa Astra, se
realizó un releva miento —que finalizó en el mes de octubre de 1992— que determinó que la
cantidad de instalaciones era mayor a la denunciada y que, por consiguiente, Y.P.F. debió
haber abonado un canon superior al pagado.
Los actores fundaron su derecho en la ley de hidrocarburos 17.319, los decretos 6803/68;
287/88; 1055/89; 128/ 90 y 200/93 del Poder Ejecutivo Nacional y las resoluciones de las
Secretarías de Estado con incumbencia en la materia.
4) Que Y.P.F. S.A. opuso excepciones de defecto legal, falta de legitimación activa y defensa
de prescripción, y solicitó la citación del Estado Nacional en calidad de tercero. Rechazada la
excepción de defecto legal, contestó la demanda a fs. 196/203. Reiteró su defensa de
prescripción bienal con fundamento en el art. 4037 del Código Civil y subsidiariamente opuso
la prescripción de cuatro años prevista en el art. 847 inc. 2° del Código de Comercio. Alegó en
su defensa que la actora no había efectuado reserva alguna respecto de las liquidaciones
practicadas por Y.P.F., planteó la existencia de pluspetición, la improcedencia de la aplicación
de intereses y la aplicación de la ley 24.283.
El Estado Nacional se presentó a fs. 112 y se adhirió a la contestación de demanda efectuada
por Y.P.F. S.A.
5) Que el juez de primera instancia hizo lugar a la demanda, para lo cual ponderó la prueba
pericial técnica, de la cual surgía la existencia de instalaciones y otros elementos que no habían
sido considerados en las liquidaciones efectuadas, y determinó la diferencia existente en la
cantidad de $ 1.613.483.
Sostuvo que el curso de la prescripción opuesta había sido interrumpido por los reclamos
administrativos formulados por los actores en los términos de la ley 19.549 (art. 1, inc. e,
apartado 9 in fine) y del art. 3986, segundo párrafo, del Código Civil. Agregó que los actores
reclamaron desde un principio por el desajuste (fs. 56 de la Actuación 1836/85), pero estimó
que al no tener libre acceso a las instalaciones de la explotación petrolera, sólo pudieron
concretar su disconformidad a partir del relevamiento efectuado por el nuevo concesionario.
Concluyó el magistrado que la obligación de resarcimiento a los titulares de dominio, impuesta
por el art. 100 de la ley de hidrocarburos 17.319, no podía quedar sujeta a la declaración de la
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propia obligada y que ante un reclamo expreso y la falta de constatación fehaciente, no podía
computarse el plazo de prescripción de los derechos de los actores.
6) Que la cámara de apelaciones confirmó, en lo sustancial, la sentencia. Señaló que antes de
iniciar las acciones judiciales los actores habían efectuado diversas gestiones administrativas
para procurar el reconocimiento de sus derechos, lo que suspendió el curso de la prescripción
en los términos de la ley de procedimientos administrativos.
Precisó al respecto que en 1985 los actores habían reclamado a Y.P.F. una información
completa y precisa de los pozos existentes en la superficie y de los anexos correspondientes en
la explotación minera, así como una liquidación de los rubros adeudados. Añadió el a quo que
cualquiera de los condóminos estaba facultado para realizar el reclamo administrativo, pues
podía administrar la cosa en común y, en ausencia de mandato, quien administra la cosa debe
ser tenido por gestor oficioso (art. 2709 del Código Civil).
Tuvo en cuenta que la recurrente, en sus agravios, omitió considerar el fundamento legal dado
por el juez de primera instancia a la suspensión de la prescripción, que no se basó solamente en
la ley de procedimientos administrativos sino también en el art. 3986 del Código Civil, y el
hecho de que los actores sólo pudieron reclamar sus derechos a partir del relevamiento
efectuado por el nuevo concesionario.
Respecto del plazo de prescripción, señaló que las consideraciones previamente expuestas
tornaban abstracto su tratamiento en esa instancia, sin perjuicio de lo cual hizo notar la
improcedente conducta de la demandada, que intentó introducir en la alzada argumentos no
sometidos a consideración del juez de grado, en referencia al plazo de prescripción previsto en
el art. 161 del Código de Minería.
Finalmente, expresó el a quo que la falta de reserva en la percepción de los cánones no podía
traer aparejado el consentimiento de la actora respecto de las liquidaciones practicadas, que
pudiese implicar renuncia a un reclamo ulterior. Apoyó su decisión en las circunstancias
fácticas en que se desarrollan las servidumbres administrativas, en las que los propietarios de
los fundos no siempre tienen acceso a la información suficiente sobre la cantidad de pozos,
ductos, caminos, picadas sísmicas e instalaciones especiales, lo cual le permitió concluir que, al
momento de los respectivos pagos, la disconformidad que pudieran plantear los propietarios se
tornaría hipotética, hasta tanto no se constatase, mediante un relevamiento cierto, la cantidad
de instalaciones que permitiese calcular el canon.
7) Que la codemandada Y.P.F. S.A. expresó los siguientes agravios contra la sentencia dictada:
a) alegó que el plazo de prescripción que rige el sub lite es el previsto en el art. 161 del Código
de Minería, aunque señaló que no había mediado oposición de las partes a la aplicación del art.
4037 del Código Civil. Cuestionó lo afirmado con respecto a que los actores estuvieron
imposibilitados de hecho para reclamar las diferencias adeudadas, hasta que en 1992 Astra
efectuó el relevamiento de los pozos de petróleo e instalaciones, y consideró ilógica la
conclusión del a quo de que sólo con ese relevamiento la actora se encontró en condiciones de
efectuar el reclamo. Sostuvo que la aptitud para demandar se configuró en el momento en que
se realizó cada uno de los pagos. Se agravió también contra la decisión en cuanto, a su juicio,
desconoció los efectos liberatorios de los pagos aceptados sin reservas; b) manifestó que no
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resultaba correcto el argumento relativo a la suspensión de los plazos legales del curso de la
prescripción, con sustento en la ley de procedimientos administrativos, pues por imperio de lo
dispuesto en el art. 6 de la ley 20.705, el art. 7 del decreto 2778/90 —aprobado por ley
24.245— y reglamentada por el art. 6 del decreto 1858/92, la ley 19.549 no se aplica a Y.P.F.
S.A. ni a Y.P.F. S.E. Asimismo, señaló que la suspensión del plazo por la realización de
gestiones administrativas se produce sólo una vez y por un año (art. 3956 del Código Civil),
por lo que únicamente su parte podría ser condenada por el período mayo de 1990 -junio de
1991, ya que el resto del reclamo se encontraría prescripto; c) en forma subsidiaria, destacó que
el a quo incurrió en error al establecer el monto de la indemnización en valores actuales, sin
reparar en la omisión de prueba por parte de la actora, y que el hecho de que su parte no
impugnó el peritaje del cual surge el monto tomado por la cámara, en modo alguno implica
haber consentido esos valores, pues tenía el derecho de cuestionar su eficacia probatoria en el
momento de alegar.
8) Que la parte actora contestó a fs. 647/659 vta. los agravios de la demandada, Y.P.F. S.A.,
solicitando su rechazo y la confirmación de la sentencia apelada.
9) Que corresponde examinar los agravios relativos al plazo de prescripción, punto sobre el
cual las instancias anteriores no se han pronunciado en forma expresa.
Es doctrina reiterada de este Tribunal que la prescripción liberatoria no puede separarse de la
causa de la obligación jurídicamente demandable (Fallos: 308:1101; 320: 2289; 323:3351,
entre otros).
La aplicación de tales principios al sub lite conduce a destacar que, en autos, el objeto de la
demanda fue el reclamo del pago de indemnizaciones por el uso y la ocupación por parte de
Yacimientos Petrolíferos Fiscales de la fracción de campo de propiedad de los actores para la
exploración y explotación de petróleo, en tanto la demandada abonó cánones que en su
momento no guardaron relación con la cantidad de pozos y otras instalaciones existentes. Se
reclamó entonces la indemnización por servidumbres mineras no abonadas desde junio de 1981
hasta mayo de 1991. En la demanda los actores invocaron la ley 17.319 y los decretos que
establecen los conceptos y valores que corresponde pagar por servidumbres mineras.
Al contestar la demanda, Yacimientos Petrolíferos Fiscales S.A. opuso la defensa de
prescripción bienal (art. 4037 del Código Civil) y subsidiariamente la establecida en el art. 847,
inc. 2°, del Código de Comercio (fs. 74/78). Al expresar agravios contra la sentencia de
primera instancia (fs. 634/640) invocó la prescripción de seis meses del art. 161 del Código de
Minería, argumento que repitió al fundar su recurso ante este Tribunal, en él mantuvo
subsidiariamente el planteo de la prescripción bienal.
El plazo que corresponde aplicar no es el de seis meses del art. 161 del Código de Minería ni el
decenal invocado por la actora quien, en el caso, reclama el pago de las diferencias entre los
cánones abonados por la demandada y los que debió abonar, habida cuenta de la cantidad real
de instalaciones que aquélla poseía en su propiedad. La pretensión deducida tiene entonces por
causa la responsabilidad objetiva que consagra el art. 100 de la ley 17.319 respecto de los
permisionarios y concesionarios por los perjuicios "inevitables" causados a los superficiarios.
No está en juego el ejercicio de una pretensión resarcitoria de daños contractuales, ni de
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perjuicios derivados de la extracción de ripio y arena por la demandada, razón por la cual la
situación es distinta de la examinada por esta Corte en la sentencia registrada en Fallos:
319:1801, en la que se concluyó en que para tal hipótesis correspondía aplicar la prescripción
de diez años del art. 4023 del Código Civil. En consecuencia, los daños cuyo resarcimiento se
reclama son de naturaleza extracontractual, puesto que las obligaciones y derechos de las
partes surgen exclusivamente de la ley. Resulta, por ende, aplicable la prescripción de dos años
prevista en el art. 4037 del Código Civil.
Cabe agregar que después de la reforma introducida por la ley 17.711 no corresponde efectuar
distinción alguna entre los supuestos en los cuales las consecuencias dañosas son producto de
hechos o actos administrativos, sin que corresponda distinguir entre actividad lícita o ilícita, tal
como ha sido sostenido reiteradamente por esta Corte (entre otros, Fallos: 300:143; 310:626,
647; 311:1478, 2018, 2236; 314:137, 1862).
Que la jueza Highton de Nolasco concuerda con la solución expresada en este considerando
sobre la base de los siguientes fundamentos:
En el caso, el reclamo de la actora radica en el incumplimiento de la obligación impuesta en el
art. 100 de la ley de hidrocarburos y sus decretos reglamentarios. El legislador no ha definido
el plazo por el que se prescribe la acción para hacer efectiva la responsabilidad emanada de
dicha norma.
Ante la ausencia de una solución normativa singularizada para este tipo de responsabilidad
estatal, es adecuado recurrir a los principios de leyes análogas, toda vez que la regla de
interpretación prevista en el art. 16 del Código Civil excede los límites del ámbito del derecho
privado y se proyecta como un principio general, vigente en todo el orden jurídico interno
(doctrina de Fallos: 195:66; 301:403; 306:1409, disidencia de los jueces Caballero y Fayt;
dictamen de la señora Procuradora Fiscal, María Graciela Reiriz en Fallos: 312:659, al que esta
Corte remitió; 312:2266, voto del juez Fayt, entre otros).
Esa analogía, en principio, debería orientarse hacia las normas de derecho público, debido a
que la actividad legítima del Estado, aun cuando provoque daños, tiene una finalidad típica de
ese orden. En el caso, ello podría conducir únicamente a buscar respuesta en la ley Nacional de
Expropiaciones 21.499, es decir, en la norma legal típica que autoriza las intromisiones del
Estado en la propiedad de los administrados, cada vez que el interés público las exija; pues sin
esas intromisiones el Estado no es capaz de cumplir sus funciones (doctrina de Fallos: 301:403;
dictamen de la señora Procuradora Fiscal en Fallos: 312:659, al que esta Corte remitió; causa
"El Jacarandá S.A.", Fallos: 328:2654, voto de la jueza Highton de Nolasco).
La única disposición de la ley 21.499 que establece un plazo de prescripción es su art. 56, que
fija un término de cinco años para la acción de expropiación irregular. Sin embargo, en el sub
lite no se demanda en función de ese instituto, sino de una servidumbre administrativa en la
que no existe transferencia de dominio y cuyo pago ha sido previsto en forma periódica, sobre
la base de supuestos fácticos relacionados con el grado de afectación del inmueble. Por ello,
cabe concluir que no existe suficiente sustento para la aplicación analógica del mencionado
ámbito normativo, referente a la expropiación irregular.
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En tales condiciones, ha de acudirse a las disposiciones del Código Civil, pues ha sostenido
reiteradamente este Tribunal que tales normas son aplicables en la esfera del derecho
administrativo, con las discriminaciones impuestas por la naturaleza de lo que constituye la
sustancia de este último (Fallos: 190:142; 304:919; 310:1578, arg. Fallos: 321:174; 325:2935 y
326:1263, entre otros).
Así, establecida la responsabilidad del Estado por actividad lícita en el orden administrativo,
corresponde remitirse a las disposiciones de derecho civil que regulan la prescripción en
materia de responsabilidad por daños.
En ese contexto normativo, siendo aplicable la prescripción de dos años prevista en el art. 4037
del Código Civil a las acciones que persiguen el resarcimiento por el obrar ilícito del Estado
(Fallos: 300:143; 310:626; 311:1478; 314:137, 1862), sería contrario a la finalidad querida por
la ley establecer un plazo superior para quien es agente pasivo de un acto lícito como el que
motiva estas actuaciones, puesto que en ese tipo de actividad no existe una relación de
contradicción entre la actuación administrativa y el ordenamiento jurídico considerado como
un todo coherente y sistemático (causa "El Jacarandá S.A.", Fallos: 328:2654, voto de la jueza
Highton de Nolasco).
De tal modo, es compatible con las modalidades de la relación jurídica examinada, el marco
comprensivo del art. 4037 citado, cuyo plazo de prescripción de dos años resulta, por
consiguiente, aplicable al sub lite.
10) Que, en tales condiciones, ha de determinarse la fecha a partir de la cual comenzó a correr
el plazo de prescripción.
El inicio de ese plazo debe situarse en el momento en que la responsabilidad existe y ha nacido
la consiguiente acción para hacerla valer; como regla general ello acontece cuando ocurre el
hecho que origina la responsabilidad, excepto que el daño aparezca después, ya que no hay
acción para pedir el resarcimiento de un daño inexistente (Fallos: 320: 2289).
El nacimiento de la acción para exigir el cumplimiento de una obligación depende de una
circunstancia general y objetiva, tal como lo es que el daño haya ocurrido y sea cierto (es decir,
se haya manifestado), y no de una condición meramente subjetiva, como lo sería el estado de
conciencia del acreedor acerca de la existencia de una deuda exigible a su favor. Este último
extremo quedaría inevitablemente sujeto a una determinación ad hoc para cada caso particular,
que vendría a satisfacer en mayor medida el interés privado del acreedor que el interés público
que justifica la existencia del instituto de la prescripción.
Consecuentemente, la incertidumbre de los actores acerca de la existencia o extensión del daño
constituía una circunstancia eminentemente subjetiva, mientras que la existencia efectiva de
daños a la propiedad superficiaria constituía un dato sujeto a comprobación objetiva.
11) Que, en el caso concreto, ha de tenerse en cuenta que las limitaciones al dominio que
generan la obligación legal de indemnizar, tienen su origen en una servidumbre administrativa,
que aunque participa de algunas características de las de derecho privado, tiene también
connotaciones propias.
Apéndice de fallos
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Así, se ha señalado que en las limitaciones de interés público (restricciones y servidumbres
administrativas), se hace retroceder el ejercicio absoluto y exclusivo del derecho de propiedad
privada, hasta donde lo exija el interés público concretado en las necesidades administrativas
(Rafael Bielsa, "Derecho Administrativo", Tomo III, El Ateneo, 4a. edición, 1947, n° 659, p.
381). La constitución de una servidumbre administrativa importa para el propietario de la cosa
la privación de parte de su derecho de propiedad y de su derecho de dominio, al ver afectada su
exclusividad y, recíprocamente, conferir a la Administración Pública una atribución jurídica
sobre la cosa. No obstante, el propietario conserva su calidad de tal y su derecho de dominio,
así como la posesión de la cosa (art. 3039 del Código Civil) y, eventualmente, su uso en
función del concreto objeto de la servidumbre.
12) Que la servidumbre de hidrocarburos constituida en el sub lite importó, como es natural a
su objeto y surge de los informes periciales producidos en la causa, el asentamiento de
instalaciones de diversa índole en parte del campo de propiedad de los actores. Estos
conservaron, sin embargo, todas las potestades jurídicas inherentes a su derecho, para ingresar
por sí o por terceros al inmueble, y comprobar el alcance, características y dimensiones de su
utilización para los fines públicos, hallándose también en disposición de los recursos judiciales
pertinentes para el caso en que existiesen circunstancias de hecho que impidiesen el acceso. Es
decir que los aquí accionantes no perdieron nunca la facultad ni el derecho de verificar el uso
que el Estado hacía del campo afectado por la exploración y explotación petrolera. 13) Que
dicho marco jurídico resta relevancia al contexto fáctico en que se desenvolvió la relación entre
los actores y la demandada, ya que ante una eventual dificultad de hecho, los propietarios del
campo se encontraban en posición jurídica de remover el obstáculo, con los medios legales a su
alcance.
Cabe destacar, no obstante, que los demandantes no invocaron circunstancias concretas o
hechos puntuales susceptibles de comprobación, o que hubiesen sido objeto de prueba, por lo
que la conclusión del a quo de que vieron permanentemente restringido su acceso al campo, no
se asienta en elementos objetivos, sino en reflexiones de orden genérico, que no se apoyan en
constancias concretas de la causa.
Por el contrario, surge de los expedientes administrativos agregados en copia, que en reiteradas
oportunidades los propietarios o sus representantes, autorizaron a varias personas, frente a la
demandada, para que ingresaran al campo con diversos fines. Así surge de fs. 72 y 99 del
expediente M. 1836/85, en el que constan, asimismo, múltiples observaciones formuladas por
el agrimensor Guardiola en el curso de su gestión; fs. 46 y 62 del expediente M.1833/85 y, en
especial, nota de fs. 95/96 y carta documento de fs. 97, que dan cuenta de una práctica habitual
en la concesión de permisos para el acceso. De allí resulta que los propios actores se
consideraban investidos de esas facultades, lo que contraviene sus afirmaciones de que sólo las
habrían recuperado a partir del otorgamiento de la concesión a Astra S.A.
14) Que de ello se concluye que nada obstaba a que los propietarios apreciaran el monto del
perjuicio durante el período por el que aquí reclaman, ya que podían estimar el daño por vía de
mensuras extrajudiciales, o bien judiciales, ordenadas a título de diligencias preliminares o
valiéndose de los mismos medios de prueba que después emplearon en este proceso.
Apéndice de fallos
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En otras palabras, no existía impedimento para que los propietarios, de manera similar a la
llevada a cabo por Astra S.A. a fines de 1992, relevaran el estado de su propiedad y de las
instalaciones respectivas, a fin de determinar si Y.P.F. las indemnizaba en una medida menor
que la debida según el régimen legal aplicable. En el caso (no acreditado) de haber existido
algún impedimento válido para interponer la demanda, sus efectos legales debieran ser los
previstos en el art. 3980 del Código Civil, que les imponía actuar de manera inmediata una vez
cesado aquél.
15) Que de las actuaciones administrativas resulta que Y.P.F. respondió a los reclamos
presentados en mayo de 1985, durante el transcurso de ese mismo año. No surge que las
liquidaciones periódicas ulteriores hayan sido materia de reclamo administrativo en el que se
objetaran las cuentas y pagos efectuados por la demandada, al margen de la reserva
genéricamente formulada en 1991. Aun cuando se confiriera a las peticiones formuladas a fs.
1/2 y 13/14 del expediente administrativo M.1836/85 la eficacia de un reclamo administrativo,
sus efectos sólo podrían ser asimilados a los previstos en el art. 3986, segunda parte, del
Código Civil.
De tal modo, al momento de la interposición de la demanda (el 29 de junio de 1995) dirigida a
reclamar los saldos de las indemnizaciones mensuales devengadas desde junio de 1981 hasta
mayo de 1991, el plazo de prescripción de dos años se encontraba vencido respecto de la
totalidad del reclamo, por lo que la demanda debe ser desestimada.
Por ello, se resuelve: Hacer lugar al recurso ordinario de apelación, revocar la sentencia
apelada y rechazar la demanda. Costas por su orden en todas las instancias, en atención a la
forma en que se resuelve y a la naturaleza y complejidad de las cuestiones examinadas.
Notifíquese y, oportunamente, remítase. — Ricardo Luis Lorenzetti. — Elena I. Highton de
Nolasco. — Carlos S. Fayt (en disidencia). — Enrique Santiago Petracchi (en disidencia). —
Juan Carlos Maqueda. — E. Raúl Zaffaroni. — Carmen M. Argibay (en disidencia).
Disidencia de los señores Ministros Doctores Don Carlos S. Fayt; Don Enrique Santiago
Petracchi y Doña Carmen M. Argibay
CONSIDERANDO:
1) Que el 29 de junio de 1995 los propietarios del campo "Las Aguadas", en el que está
asentada parte de los yacimientos "Vizcacheras" y "La Ventana", demandaron a Y.P.F.
S.A. y al Estado Nacional el pago de las diferencias de indemnización provenientes del
régimen establecido en los decretos 6803 de 1968, 1758 de 1982, 1755 de 1985, 504 de 1986,
287 de 1988, y 2117 de 1990, reglamentarios del art. 100 de la ley 17.319.
Tales decretos establecieron un sistema optativo para determinar el monto de los daños y
perjuicios ocasionados por la explotación de hidrocarburos, tarifado con base en el número de
pozos por unidad de superficie afectada. El decreto 6803 de 1968 creó una Comisión Asesora
para asistir a la autoridad de aplicación en la determinación de los importes zonales y, según
decreto 1755 de 1985, dirimir con carácter inapelable las controversias relativas al monto de
las indemnizaciones debidas a los propietarios superficiarios. Los restantes fijaron los
parámetros de cálculo y actualizaron los valores zonales de conformidad con los cuales los
Apéndice de fallos
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propietarios deben ser indemnizados por los daños ocasionados por la explotación de petróleo.
En síntesis, el monto de las indemnizaciones mensuales prefijadas varía según la cantidad de
pozos concretamente perforados por cada unidad de superficie (fijada en 25 kilómetros
cuadrados), y según la extensión de las instalaciones especiales (equivalentes a cierto número
de pozos), caminos, oleoductos y acueductos afectados a la explotación de petróleo instalados
sobre la superficie de que se trate.
Los demandantes sostuvieron que Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Sociedad del Estado,
había omitido brindarles la información completa para controlar la exactitud de las
liquidaciones correspondientes a las indemnizaciones mensuales percibidas entre junio de 1981
y mayo de 1991. Señalaron que la inexactitud de tales liquidaciones y de los pagos periódicos
consiguientes les resultó manifiesta a finales del año 1992 cuando Astra S.A., al comenzar la
explotación del yacimiento "Vizcacheras", relevó detalladamente la cantidad de pozos e
instalaciones con el objeto de hacerse cargo del pago de las indemnizaciones referidas, las que
procedió a liquidar según los valores establecidos en el decreto 2006 de 1993.
2) Que la Sala V de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo
Federal confirmó, en lo sustancial, la sentencia que hizo lugar a esa demanda y, en
consecuencia, condenó a Y.P.F. S.A. o al Estado Nacional a pagar los importes determinados
por el perito contador a fs. 547/549, esto es, 1.613.483 pesos más las costas del pleito, sin
perjuicio de la aplicación de la ley 23.982, de consolidación de deudas estatales. Contra esta
decisión, Y.P.F. S.A. interpuso el recurso ordinario de apelación concedido a fs. 706.
3) Que, como fundamento, el tribunal de alzada señaló que con independencia del plazo
concretamente aplicable al caso, la defensa de prescripción opuesta por Y.P.F. debía ser
rechazada. En tal sentido, dijo que las actuaciones administrativas (Exptes. Y.P.F. R.1833/85 y
M.1836/85, agregados en copia) daban cuenta de que, a partir del 13 de mayo de 1985, los
actores habían solicitado información completa y precisa acerca de los pozos existentes, así
como la liquidación y el pago de los rubros pendientes. Sostuvo que tales gestiones
administrativas habían suspendido el curso del plazo de prescripción en los términos del art. 1,
inc. e, ap 91, de la ley 19.549, hasta el momento de la interposición de la demanda. Añadió que
la falta de protesto o reclamo por parte de los propietarios, al percibir el importe de las
liquidaciones formuladas por Y.P.F. durante el período indicado, no podía ser interpretada en
el sentido de que ellos hubieran prestado consentimiento tácito o renunciado a las diferencias
reclamadas en la demanda. Sobre el particular, expresó que los propietarios de los fundos
superficiarios no siempre tienen acceso a toda la información sobre la cantidad de pozos,
instalaciones especiales, caminos y demás rubros necesarios que les hubieran permitido
observar las cuentas practicadas por Y.P.F., de manera que las eventuales disconformidades
que podían haber planteado hubieran sido meramente hipotéticas hasta el momento en que
Astra S.A. relevó las instalaciones a fines de 1992.
Por último, desechó el agravio de Y.P.F. relativo a que el importe de las diferencias de
indemnización objeto de la condena habían sido calculadas por el perito contador teniendo en
cuenta, erróneamente, los valores zonales fijados por el decreto 2006 de 1993 en vez de
utilizar, como hubiera correspondido, los valores históricos actualizados por los decretos 2117
de 1990 y sus antecedentes, revalorizados por aplicación del índice de precios mayoristas. Al
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respecto, la cámara dijo que correspondía atenerse a las observaciones formuladas por el perito
contador en el sentido de que la demandada no había aportado todas las resoluciones y decretos
que fijaban dichos valores, circunstancia que, unida a la ausencia de algunas liquidaciones,
había impedido al experto calcular los montos reclamados a valores históricos y actualizarlos
hasta el momento de interposición de la demanda. En consecuencia, aceptó el criterio seguido
por el perito, de aplicar retroactivamente los importes fijados en el decreto 2003 de 1996 y
multiplicarlos por la cantidad de pozos y demás instalaciones cuya existencia se determinó en
los informes periciales agregados a la causa.
4) Que el recurso ordinario de apelación es formalmente admisible, toda vez que se dirige
contra una sentencia definitiva, recaída en un juicio en que la Nación es parte indirecta y
directamente (confr. decreto 546/93), y el monto debatido en último término supera el mínimo
legal vigente a la fecha de la interposición de aquél.
5) Que Y.P.F. se agravia por considerar que la cámara, al afirmar que la prescripción quedó
suspendida a partir del 13 de mayo de 1985, omitió examinar y dar las razones por las que
asignó a las gestiones administrativas aludidas virtualidad suficiente para impedir el curso del
plazo respectivo. En línea con el criterio seguido en Fallos: 179:160, sostiene que el tribunal de
alzada erró al invocar el art. 11, inc. e, ap. 91de la ley 19.549 para sustentar la conclusión de
que las gestiones administrativas referidas suspendieron el curso de la prescripción, ya que (al
margen de que el art. 61de la ley 20.705 declara dicha ley inaplicable a las sociedades del
estado, tal como lo era Y.P.F.), tal disposición no puede ser interpretada en el sentido de que la
iniciación de actuaciones administrativas suspende indefinidamente el plazo de prescripción y,
en consecuencia, la acción puede ser ejercida sin límite temporal alguno.
También cuestiona lo afirmado en la sentencia apelada con respecto a que los actores
estuvieron imposibilitados de hecho para reclamar las diferencias adeudadas por Y.P.F. en
concepto de indemnización hasta que, a fines de 1992, Astra S.A. efectuó el relevamiento de
los pozos de petróleo e instalaciones existentes en el campo. De manera coincidente con lo
dispuesto en los arts. 24 de los decretos 1758 de 1982 y 1755 de 1986, expresa que las
indemnizaciones eran debidas desde el día en que Y.P.F. ingresó y levantó las instalaciones de
que se trata, y hasta 6 meses, dos, cuatro, o cinco años después, según se tome en cuenta el
plazo de prescripción previsto en el art. 161 del Código de Minería, el del 4037 del Código
Civil, el del 847, inc. 11, del Código de Comercio, o el del art. 4023 del Código Civil.
Concluye que, en cualquier caso, a la fecha de interposición de la demanda, el crédito de los
actores por los saldos de las indemnizaciones adeudadas por la demandada había prescripto.
En distinto orden de ideas, objeta que se haya aceptado el criterio propuesto por el perito para
liquidar las indemnizaciones reclamadas. Afirma que los valores establecidos en el decreto
2006 de 1993 no son equivalentes, sino menores, a los sucesivamente fijados en los decretos
que lo precedieron, por aplicación de los cuales debieron ser liquidados los importes
respectivos a fin de establecer la existencia y cuantía de las diferencias reclamadas en el pleito.
61) Que de la copia del expediente R.1833/85 surge que, el 13 de mayo de 1985, los
representantes de los actores y el señor Alejandro Ruffo Antuña solicitaron a Y.P.F. que los
informara sobre la cantidad de pozos e instalaciones, y la liquidación y el pago de las
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indemnizaciones previstas en el decreto 1758 de 1982. Señalaron que Y.P.F. había dejado de
pagar las indemnizaciones referidas debido a la superposición de los títulos y las consiguientes
dudas acerca de la titularidad del dominio de la zona del yacimiento. Por tal razón, solicitaron
que los pagos se efectuaran a razón de un 50% para los actores y un 50% para el nombrado
Ruffo Antuña. El 27 de agosto de 1985 Y.P.F. respondió esa petición, y formuló la liquidación
de lo adeudado por el período comprendido desde mayo de 1981 hasta junio de 1985 (este
último a razón de 37 pozos de petróleo, más 16 pozos en concepto de instalaciones anexas a la
explotación; cantidad que experimentó variaciones menores en las liquidaciones sucesivas).
Ordenó que el pago se efectuara en un 50% para cada una de las partes interesadas. En octubre
de 1987, invocando su calidad de condóminos del campo "Las Aguadas", los interesados
autorizaron al agrimensor Guardiola a entrar al campo a través de los controles de seguridad
apostados por Y.P.F., hacer gestiones administrativas, y plantear oposición a la inscripción de
planos de mensura. El profesional designado solicitó copia de las últimas liquidaciones, que le
fueron entregadas y pidió aclaraciones, que le fueron respondidas (confr. fs. 1, 7/8 vta., 22/25,
46, 60, 62, 68, 76 y 77 de la copia del expediente administrativo agregado como Anexo I de la
pericia técnica).
7) Que, análogamente, de la copia del expediente M-1836/85 surge que, el 13 de mayo de
1985, los representantes de los actores y el señor Fernando Simón, en representación de Simón
Hnos. S.C.C., solicitaron información completa y precisa acerca de los pozos e instalaciones
existentes en la superficie, y señalaron que Y.P.F. no había hecho efectivo el pago de las
indemnizaciones previstas en el decreto 1758 de 1982, debido a la superposición de títulos y la
imposibilidad de establecer el dominio sobre la zona en cuestión. En consecuencia, solicitaron
que los pagos se hicieran a razón de un 50% para los actores y 50% a Simón Hnos. S.C.C.,
bajo apercibimiento de accionar judicialmente. El 27 de agosto de 1985 Y.P.F. respondió a esa
petición y liquidó las indemnizaciones correspondientes al período mayo de 1981 hasta junio
de 1985 (este último a razón de 232 pozos). La última de las liquidaciones, correspondiente a
mayo de 1991, se realizó teniendo en cuenta 281 pozos. A fs. 67 está agregada la copia del
plano confeccionado por Y.P.F., correspondiente al yacimiento "Vizcacheras", en el que se
detallan los pozos productivos, improductivos, caminos y líneas eléctricas. En 1987 los
propietarios autorizaron el ingreso del agrimensor Guardiola, con permiso para entrar en las
explotaciones y oponerse a la inscripción de planos de mensura, así como hacer gestiones de
toda naturaleza. Dicho profesional solicitó detalle de las últimas liquidaciones, que le fueron
entregadas, y pidió aclaraciones respecto del estado de ciertos pozos, que le fueron
respondidas. En junio de 1991, los propietarios formularon reserva de reclamar diferencias que
"puedan haber" en las liquidaciones cuyos importes habían venido percibiendo, hasta tanto
tuvieran en su poder y se verificase la documentación completa (v. fs. 1/2, 13/14 vta., 35/43,
68/70, 85/ 89, 97/99, 106, 131, y liquidación sin foliar del 6 de junio de 1991, del expediente
administrativo agregado como Anexo II del informe pericial técnico).
81) Que, por su parte, el perito ingeniero en explotación de petróleo designado en la causa
informó que en el campo "Las Aguadas" se habían instalado, en total, 353 pozos de petróleo.
Destacó que, según el último plano de mensura, la propiedad de los actores se hallaba
geográficamente superpuesta con las de Julio Simón, Alejandro Ruffo, Rolando Yamín, y
Loma Verde S.A. Al completar su informe, puso de relieve que el objeto del presente juicio
Apéndice de fallos
Página 152
coincide parcialmente con el de la causa R.516.XXXVI "Ruffo Antuña, Alejandro y otro c/
Yacimientos Petrolíferos Fiscales S.A. s/ ordinario" (v. fs. 388, 403 vta., 468 vta.).
Concordemente, el consultor técnico de la parte actora, agrimensor Guardiola, informó acerca
de la existencia de la mencionada superposición de títulos con los propietarios colindantes ya
nombrados (v. fs. 426 vta.). Teniendo en cuenta tales aclaraciones, la materia de la presente
causa debe entenderse circunscripta a las indemnizaciones por los daños ocasionados a la
propiedad superficiaria del campo "Las Aguadas" por los yacimientos "Vizcacheras" y "La
Ventana", excluyendo de la zona de confusión de límites existente entre el campo de los
actores y el de Alejandro Ruffo Antuña y sucesores de Alejandro Macario Ruffo, representados
por aquél; vale decir, sin tener en cuenta las indemnizaciones reclamadas en la causa
R.516.XXXVI y en el expediente administrativo R.1833/85, que la precedió. Máxime, teniendo
en cuenta que los actores no han acompañado a la demanda títulos de propiedad que
acreditasen la extensión de su dominio, e hicieron expresa referencia a los varios juicios de
deslinde que tramitan en la justicia de la Provincia de Mendoza con el objeto de delimitar la
extensión de los respectivos inmuebles.
9) Que, formulada la salvedad precedente, las cuestiones planteadas en el litigio se refieren a
determinar: a) cuál es el plazo de prescripción genéricamente aplicable a la acción por cobro de
la indemnización tarifada prevista en el art. 100 de la ley 17.419 y sus decretos reglamentarios;
b) cuándo comenzó a correr el plazo correspondiente; y c) si el curso de dicho plazo fue
concretamente suspendido o interrumpido por las gestiones administrativas promovidas por los
actores.
10) Que, respecto de la primera cuestión, tanto el art. 24 del decreto 1758 de 1982, como el art.
24 del decreto 1755 de 1986 y el art. 35 del decreto 860 de 1996 establecen que las
indemnizaciones mensuales fijadas en ellos serán debidas por un plazo de cinco (5) años.
Aunque tales decretos no tengan fuerza preceptiva, sino meramente aclaratoria, cabe recordar
que en el caso se trata de una servidumbre administrativa, esto es, fijada por ley, de manera
coactiva, y fundada directamente en razones de utilidad pública, en favor de la empresa estatal
que monopolizaba la explotación de los hidrocarburos (confr. Messineo, Francesco: "Le
Servitú". Ed. Dott A. Giúffre. Milán, 1949, pág. 268). Por tal motivo, en lugar de los plazos: de
seis meses previsto en el art. 161 del Código de Minería para reclamar los perjuicios
ocasionados por el propietario de la mina, de dos años para reclamar por responsabilidad
extracontractual y de cuatro años previsto en el art. 847, inc. 11, del Código de Comercio para
objetar las cuentas presentadas por la demandada (agregadas al expediente M.1836/85),
corresponde aplicar el plazo que por analogía resulte más próximo, esto es, el de cinco años
previsto en el art. 56 de la ley 21.499 (doctrina de Fallos: 305:2098 y 319:1801).
11) Que, con relación a la segunda cuestión, los decretos mencionados establecen que las
indemnizaciones mensuales serán debidas "desde que se ingrese" a la superficie de que se trate
y se levanten las instalaciones relativas a la explotación petrolífera, en la inteligencia de que
tales actos son los que crean la deuda y, en consecuencia, esa es la fecha del título respectivo
(art. 3956 del Código Civil). Como se ha expresado, el inicio del cómputo del plazo debe
situarse en el momento en que la responsabilidad existe y ha nacido la consiguiente acción para
hacerla valer y, como regla general, ello acontece cuando ocurre el hecho que origina la
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responsabilidad, excepto que el daño aparezca después, ya que no hay acción para pedir el
resarcimiento de un daño inexistente (Fallos: 320:2289). Y basta con que la deuda resulte
exigible, sin necesidad de subordinarla a la liquidación del crédito respectivo (Fallos: 186:36 y
sus citas).
El nacimiento de la acción para exigir el cumplimiento de una obligación depende de una
circunstancia general y objetiva, tal como lo es que el daño haya ocurrido y sea cierto (es decir,
se haya manifestado), y no de una condición meramente subjetiva, tal como lo sería el estado
de consciencia del acreedor acerca de la existencia de una deuda exigible en su favor. Este
último extremo quedaría inevitablemente sujeto a una determinación ad hoc para cada caso
particular, que vendría a satisfacer en mayor medida el interés privado del acreedor que el
interés público que justifica la existencia del instituto de la prescripción.
Consecuentemente, la incertidumbre de los actores acerca de la existencia o extensión del daño
constituía una circunstancia eminentemente subjetiva; mientras que la existencia efectiva de
daños a la propiedad superficiaria constituía un dato sujeto a comprobación objetiva. En el caso
concreto nada obstaba para que, en su oportunidad y dentro del término de cinco años de
levantadas las instalaciones, los propietarios apreciaran el monto del perjuicio, ya fuera antes
de promover el juicio dirigido a obtener la reparación plena del daño ocasionado a la
explotación desarrollada en la superficie, o bien durante el mismo transcurso de dicho litigio.
La estimación del daño sobre el que se dice que no se tenía certeza hubiera podido ser obtenida
por vía de mensuras extrajudiciales (pues los propietarios conservaban la posesión del
inmueble sujeto a servidumbre —confr. art. 3039 del Código Civil—) o bien judiciales,
ordenadas a título de diligencias preliminares (arts. 323, incs. 91y 101, y 325 a 329 del Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación), o valiéndose de los mismos medios de prueba que,
considerable tiempo después, utilizaron en la presente causa para justipreciar el daño
ocasionado a la propiedad superficiaria.
En otras palabras, nada impedía que los propietarios, de manera similar a la llevada a cabo por
Astra S.A. a fines de 1992, relevaran el estado de su propiedad y de las instalaciones
respectivas, a fin de determinar si Y.P.F. las indemnizaba en una medida menor que la debida
según el régimen de los decretos a cuya aplicación se habían oportunamente avenido. En el
caso (no acreditado), de haber existido algún impedimento válido para interponer la demanda,
sus efectos legales debieran ser los previstos en el art. 3980 del Código Civil, que les imponía
actuar de manera inmediata una vez cesado aquél.
12) Que, respecto de la tercera cuestión, las constancias de las actuaciones administrativas
aludidas revelan que Y.P.F. respondió los reclamos presentados el 13 de mayo de 1985 poco
tiempo después, durante el curso de ese año. No surge que las liquidaciones periódicas
ulteriores hayan sido materia de reclamo administrativo alguno en el que se objetaran las
cuentas y pagos efectuados por la demandada, al margen de la mera reserva genéricamente
formulada en 1991. Sobre el particular es menester aclarar además que, en principio, durante la
vigencia de la ley 3952, de demandas contra la Nación, se entendía que la demora en el trámite
de la reclamación administrativa previa no impedía que se cumpliera la prescripción (Fallos:
103:155; 164:425 y sus citas; 179:160 y 182:486). Análogamente, los arts. 30 y 31 de la ley
19.549 (texto anterior a la reforma introducida por el art. 12 de la 25.344), al introducir el
Apéndice de fallos
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reclamo administrativo previo a la demanda judicial, dispusieron que el reclamo sobre el que
no hubiera recaído pronunciamiento expreso facultaba a iniciar la demanda respectiva "sin
perjuicio de lo que fuere pertinente en materia de prescripción", esto es, hasta el momento en
que se cumpliera la prescripción de la acción respectiva. En consecuencia, aunque por vía de
hipótesis se concediera que las peticiones formuladas por los propietarios el 13 de mayo de
1985 (confr. fs. 1/2 y 13/14 vta. del expediente administrativo M.1836/85, agregado en copia)
hubieran tenido la misma eficacia que un reclamo administrativo, sus efectos sólo podrían ser
asimilados a los previstos en el art. 3986, segunda parte del Código Civil. Lo establecido en el
art. 11, inc. e, ap. 91de la ley 19.549 no puede ser entendido con el alcance de que las acciones
judiciales contra la administración son virtualmente imprescriptibles (arts. 3951, 3952 y 4019
del Código Civil).
De manera que, al momento de la interposición de la demanda (29 de junio de 1995) dirigida a
reclamar los saldos de las indemnizaciones mensuales devengadas desde junio de 1981 hasta
mayo de 1991, el plazo de prescripción quinquenal ya había vencido, excepto con relación a las
devengadas a partir del 20 de junio de 1990 hasta la última de las fechas previamente
indicadas.
13) Que, por lo demás, corresponde declarar que los créditos por los que prospera la demanda
están sujetos a la consolidación dispuesta por las leyes 23.982 y 25.344 (art. 13), cuya
constitucionalidad no ha sido puesta en tela de juicio en la causa (confr. Fallos: 318:445). En
consecuencia, y teniendo en cuenta los términos del art. 1, inc. 2, tercer párrafo, del decreto
546 de 1993, no cabe formular distinciones entre la persona de Y.P.F. S.A. y la del Estado
Nacional a los fines de establecer los alcances de la condena y las modalidades de su
cumplimiento (ver causa C.1472.XXXIX "Compañía General de Combustibles S.A. c/ Y.P.F.
S.E. s/ daños y perjuicios", sentencia del 29 de mayo de 2007).
Por ello, se resuelve: Hacer lugar al recurso ordinario de apelación, dejar sin efecto el fallo
apelado, y rechazar parcialmente la demanda, con los alcances establecidos en el considerando
12. Costas por su orden pues, teniendo en cuenta lo expuesto en el considerando 8 con relación
a la causa R.516.XXXVI. "Ruffo Antuña, Alejandro y otro c/ Yacimientos Petrolíferos Fiscales
S.A. s/ ordinario" y, además, lo esta blecido en los arts. 26 y 27 de la ley 24.447, los actores
pudieron haberse razonablemente considerado con derecho a litigar. Notifíquese y,
oportunamente, remítanse. — Carlos S. Fayt. — Enrique Santiago Petracchi. — Carmen M.
Argibay.
30.
C.S.N. – setiembre 8-1987 – “Santa Clara, S.C.A. c. Provincia de
Buenos Aires” L.L. To. 1988-A pág. 563 - Fallos 310:1774 **
31. C.N.Civil, sala D - agosto 07-1998 – “López Feito, Abel O. c.
Ohrwaschel, Ignacio y ot.” - L.L. To. 1999-E pág. 911, (41.908-S) **
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Página 155
32.
C.S.N., abril 24-2003 “Pastore, María Isabel c/ Buenos Aires,
Provincia de s/ daños y perjuicios” Fallos 326:1420 y Lexis Nº
70017359
Buenos Aires, abril 24 de 2003.
Considerando:
1) Que a fs. 3/20 se presenta María I. Pastore, por medio de apoderado, e inicia demanda contra
la provincia de Buenos Aires por los daños derivados de la privación de su libertad ambulatoria
sufrida desde el 4/12/1995 y "por un término de 10 días" (sic), con sustento en su inocencia y
en las graves irregularidades en que había incurrido la prevención policial.
Funda su pretensión en dos hechos diferentes: la privación ilegítima de su libertad por parte de
los efectivos de la policía de la provincia de Buenos Aires en el ejercicio irregular de sus
funciones, y el dictado de la prisión preventiva por parte del Juzg. de 1ª Instancia en lo Crim. y
Corr. La Plata, n. 5, en un proceso que concluyó con su absolución, el 21/8/1996.
2) Que a fs. 38 comparece la provincia de Buenos Aires y opone con carácter previo la
excepción de prescripción.
Manifiesta que la acción de daños y perjuicios promovida por la actora está prescripta, pues a
la fecha de presentación de la demanda -4/3/2002- había transcurrido en exceso el plazo de dos
años establecido por el art. 4037 del C.Civ., sea que se comience su cómputo desde que la
reclamante tuvo conocimiento del daño -el 4/12/1995- o desde la absolución en la causa penal el 21/8/1996-.
Aduce que no es óbice a lo expuesto la promoción de un juicio anterior de daños y perjuicios,
similar al presente, iniciado por la actora el 4/2/1998 (tramitad o ante este tribunal), ya que al
haberse declarado la caducidad de instancia del proceso, la prescripción "no se ha interrumpido
ni siquiera suspendido (art. 3987 del C.Civ.)" (sic).
En subsidio, contesta la demanda negando los hechos y el derecho invocado por la actora (fs.
38/40).
3) Que a fs. 42/45 la actora contesta la excepción de prescripción y pide su rechazo, pues
entiende que no ha transcurrido el plazo respectivo. A su criterio, el beneficio de litigar sin
gastos -iniciado el 4/2/1998- interrumpió el curso de la prescripción que empezó a correr el
21/8/1996.
Aclara que en la acepción "demanda" que establece el art. 3986 del C.Civ., "puede incluirse...,
sin hesitar, la solicitud de beneficio de litigar sin gastos" (sic), con efectos interruptivos del
curso de la prescripción de la acción de daños y perjuicios. Cita doctrina y jurisprudencia que
considera aplicable.
4) Que por su índole y efectos propios, corresponde examinar en primer término la excepción
de prescripción opuesta con sustento en el art. 4037 del C.Civ.
5) Que no se encuentra controvertido en el sub lite que la responsabilidad que se pretende
atribuir a la Provincia de Buenos Aires es de naturaleza extracontractual, por lo que el plazo de
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prescripción es de 2 años, de acuerdo con el art. 4037 del C.Civ. (modificado por la ley 17711
).
6) Que de las constancias de autos surge que el 4/2/1998 la actora promovió una demanda de
daños y perjuicios (causa P.244.XXXIV. "Pastore, María I. v. Provincia de Buenos Aires s/
Daños y perjuicios ") y simultáneamente inició -el mismo día- un incidente de beneficio de
litigar sin gastos (ver fs. 82 vta.). Con posterioridad, el 11/10/2001, se declaró la caducidad de
instancia de la acción principal (fs. 269).
Con fecha 4/3/2002, la actora inició una nueva acción de daños y perjuicios -contra la misma
parte y con idéntico objeto- (fs. 3/20) y pretende atribuir al beneficio de litigar sin gastos
efectos interruptivos sobre la prescripción opuesta en el sub lite (art. 3986 del C.Civ.).
7) Que el art. 3986 del C.Civ. dispone -según texto introducido por la ley 17711 - que "la
prescripción se interrumpe por demanda contra el poseedor o deudor", y no cabe atribuir tal
carácter al incidente de beneficio de litigar sin gastos iniciado simultáneamente con la causa
principal que caducó. En efecto, resultaría una interpretación forzada del texto legal asignarle
ese carácter al escrito inicial del beneficio cuando le corresponde, en el caso, a la interposición
de la demanda propiamente dicha, ya que ese fue el acto procesal por excelencia por medio del
cual la interesada exteriorizó su voluntad de mantener vivo su derecho.
Por lo demás, una interpretación distinta en el sub lite, en el que la actora -como queda
expuesto- ejerció su pretensión y el proceso caducó, importaría tanto como neutralizar las
consecuencias establecidas en el art. 3987 del código de fondo cuando ha tenido lugar la
deserción de la instancia.
8) Que esta Corte tiene dicho que a los fines del cómputo de la prescripción debe partirse del
momento en que los daños fueron conocidos por el reclamante y asumieron, por tanto, un
carácter cierto y susceptible de apreciación (Fallos: 310:647 y 325:751 ).
9) Que en el sub lite, la actora admite a fs. 42/ 43 que "el curso de la prescripción de la acción tal como lo indica la demandada-, que empezó a correr el 21/8/1996" (sic), es decir, a partir de
la absolución en la causa penal, fecha que deberá tomarse para el cómputo del plazo.
La demanda con la que se inició esta causa fue presentada el 4/3/2002 (conf. cargo de fs. 20
vta.), es decir, cuando el plazo de prescripción (art. 4037 del C.Civ.) se hallaba largamente
cumplido.
De tal modo, aun cuando por vía de hipótesis se entendiera que el plazo bienal comenzó a
correr a partir del 4/12/1995 (como lo sugiere la demandada a fs. 38), o en el supuesto más
favorable el 4/2/1998, la acción estaría también prescripta.
10) Que, en razón de lo expuesto, la pretensión de la demandada en cuanto al rechazo de la
acción impetrada por la actora debe ser acogida, al haberse operado la prescripción invocada
por la provincia de Buenos Aires.
Por ello, se resuelve: Hacer lugar a la excepción de prescripción opuesta por la provincia de
Buenos Aires y, consecuentemente, rechazar la demanda a su respecto, con costas (arts. 68 y
69 del CPCCN.). Notifíquese.- Julio S. Nazareno.- Eduardo Moliné O’Connor.- Carlos S.
Apéndice de fallos
Página 157
Fayt.- Augusto C. Belluscio.- Enrique S. Petracchi.- Guillermo A. F. López.- Adolfo R.
Vázquez.- Juan C. Maqueda.
33.
Corte Suprema de Justicia de la Nación • setiembre 302003 “Vicente, Adriana E. c. Provincia de Buenos Aires y otros”
L.L. To. 2004-B pág. 336 – D.J. To. 2004-1 pág. 417
HECHOS:
El acreedor demandó a la Provincia de Buenos Aires pretendiendo el cobro de una suma de
dinero en concepto de daños y perjuicios derivados de las inexactitudes registrales que habría
cometido el Registro de la Propiedad Inmueble provincial, error que le ocasionó el
desplazamiento del embargo trabado por el actor en resguardo de su crédito. La Corte
Suprema de Justicia de la Nación hizo lugar a la demanda.
SUMARIOS:
1. Es responsable el Estado Provincial demandado por los daños y perjuicios derivados
del error en que incurrió un agente del Registro de la Propiedad Inmueble al momento
de tomar razón de un embargo, lo que permitió la expedición de un certificado de
dominio en el que no se publicitó el gravamen y la posterior transferencia del bien -en
el caso, el registrador confundió el número de inscripción con el número de partida y
anotó el embargo en otra matrícula-, que desplazó el crédito del actor, toda vez que
quien contrae la obligación de prestar un servicio público lo debe realizar en
condiciones adecuadas para llenar el fin para el que ha sido establecido.
2. Tratándose de una acción por daños y perjuicios derivados del erróneo asiento registral
de un embargo, que posibilitó la venta del bien por el deudor -en el caso, el registrador
confundió el número de inscripción con el número de partida y anotó el embargo en
otra matrícula-, debe tomarse como punto de partida para el cómputo del plazo de
prescripción bienal el momento en que el actor tomó conocimiento de la providencia
que hizo lugar a la inscripción definitiva de la escritura de compraventa del inmueble,
toda vez que sea ése el momento en que la responsabilidad existe y ha nacido la
consiguiente acción para hacerla valer.
3. … [Omissis]
Apéndice de fallos
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4. … [Omissis]
TEXTO (Parte pertinente):
Resulta: I. A fs. 29/37 se presenta Adriana Elizabeth Vicente e inicia demanda contra la
Provincia de Buenos Aires por cobro de la suma de U$S26.000 en concepto de daños y
perjuicios derivados de las inexactitudes registrales que habría cometido el Registro de la
Propiedad Inmueble provincial.
Dice que el 3 de mayo de 1998 inició juicio ejecutivo contra Gerónimo Oscar Alzari ante el
Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N° 3, cuyo titular ordenó la traba de
embargo preventivo sobre tres inmuebles de propiedad del demandado. Con posterioridad, se
libró oficio que ingresó en la Dirección Provincial del Registro de la Propiedad el 2 de junio
del mismo año.
Señala que, respecto a dos de los inmuebles, la medida cautelar no se pudo efectivizar debido a
que, según lo informado por ese organismo, al momento de la inscripción el demandado ya no
era su titular. Expresa que en relación al tercer inmueble, el embargo fue incorrectamente
anotado, en atención a que el registrador confundió el número de inscripción de dominio con el
correspondiente a la partida catastral y, por ello, en virtud del reclamo 381/98 se inició el
expediente 2307-6039/98 y se dejó sin efecto este último asiento.
Indica que el 17 de julio de 1998 ingresó en el registro un certificado de dominio solicitado
para una compraventa, en el que se omitió informar -como consecuencia del error antes
enunciado- el embargo del 2 de junio de 1998. Aclara que el 24 de agosto de ese mismo año se
anotó la medida cautelar de manera provisoria en el folio real de la matrícula 2751 (90) del
partido de Rojas.
Agrega que el 25 de agosto ingresó la escritura de compraventa N° 81 del 27 de julio de ese
mismo año, la que se inscribió de manera definitiva por resolución 50/98 del 29 de diciembre
de 1998. Por lo tanto, como consecuencia del error registral, el demandado dispuso libremente
de ese inmueble trasfiriéndolo a otro particular.
Por último, aduce que la actuación negligente del registro le ha ocasionado un grave perjuicio
económico, al privarla de la percepción del crédito mediante las vías normales de ejecución de
la garantía.
Cita jurisprudencia de esta Corte acerca de la responsabilidad del Estado por la deficiente
prestación del servicio registral y funda su derecho en los arts. 1112 y 1113 del Cód. Civil.
II. A fs. 64/65 se presenta la Provincia de Buenos Aires y opone la excepción de prescripción
como defensa de fondo, pues entiende que el plazo de prescripción debe contarse a partir del
18 de agosto de 1998, fecha en que se dictó la sentencia en el juicio ejecutivo. En
consecuencia, a partir de ese día la actora tuvo expedita la acción contra la Provincia de
Buenos Aires por el supuesto error registral, y, por ello, a la fecha de promoción de la demanda
había transcurrido en exceso el plazo de prescripción previsto en el art. 4037 del Cód. Civil.
En subsidio, contesta la demanda y niega los hechos allí expuestos como así también la
responsabilidad que se le atribuye, y solicita su rechazo.
Apéndice de fallos
Página 159
Afirma que la actora omitió probar que el deudor no pagó su crédito. Cuestiona el monto
reclamado y la procedencia de los rubros sobre la base de las razones que expone a fs. 65.
Corrido el traslado, la actora lo contesta a fs. 66/70 solicitando su rechazo con costas.
Considerando: 1. Que este juicio es de la competencia originaria de la Corte Suprema (arts. 116
y 117, Constitución Nacional).
2. Que, en primer lugar, corresponde resolver la excepción de prescripción opuesta por la
demandada sobre la base de que habría transcurrido el plazo de dos años previsto por el art.
4037 del Cód. Civil.
3. Que en el escrito de contestación de demanda el demandado alega que el cómputo debe
comenzar el 18 de agosto de 1998, fecha de la sentencia que hizo lugar a la demanda en el
juicio ejecutivo seguido contra Oscar Gerónimo Alzari (fs. 64).
Contrariamente, en su alegato sostiene que el punto de partida del plazo de prescripción es
desde que el juez de primera instancia dictó la providencia del 8 de octubre de 1998, que
disponía "agréguese y hágase saber". A partir de allí, dice, la actora tomó conocimiento de los
"supuestos perjuicios que la errónea inscripción le provocara" (fs. 99 vta.).
4. Que según jurisprudencia de este tribunal, el punto de partida de la prescripción debe
ubicarse en el momento en que la responsabilidad existe y ha nacido la consiguiente acción
para hacerla valer o, en otros términos, desde que la acción quedó expedita (Fallos 312:2352;
318:2558; 320:1352, 2551; 321:2144 y conf. causa S.365.XX. "Santa María Estancias
Saltalamacchia y Compañía S.C.A. c. Provincia de Buenos Aires s/resarcimiento de daños y
lucro cesante", sentencia del 5 de noviembre de 2002, entre otros).
En el caso, es evidente que ello ocurrió cuando la actora tomó conocimiento en los autos
caratulados "Vicente, Adriana Elizabeth c. Alzari, Gerónimo Oscar s/ejecutivo", que corren por
cuerda separada, de la providencia de fs. 59 vta., por la cual se agrega y hace saber: a) la
resolución 50/98 del 29 de diciembre de 1998, en la que la directora resolvió "dejar sin efecto
en el folio real Matrícula 2751 el asiento provisional del embargo del 2 de junio de 1998 y
hacer lugar a la inscripción definitiva de la escritura de compraventa n° 81 del 27 de julio de
1998" (fs. 57/58), y b) el informe del registro del 5 de febrero de 1999 (fs. 59), lo que
aconteció el 5 de marzo de 1999 (Fallos: 321:542).
5. Que en razón de lo señalado, no cabe atender a los argumentos esgrimidos por la demandada
a fs. 64 y 99 vta. (ver considerando 3°). En primer lugar, la providencia dictada el 8 de octubre
de 1998 en el expediente antes citado (fs. 52 vta.) tan solo revela la existencia de un daño
meramente eventual o conjetural para la actora, ya que el embargo en cuestión se anotó el 24
de agosto de 1998 en el folio real matrícula 2751 (90) del partido de Rojas, "en forma
provisional y condicionado a la reserva de prioridad emergente del certificado de dominio N°
760392/1 del 13 de mayo de 1998 solicitado para un acto de distracto de compraventa" (fs. 52
vta.). De igual manera, la escritura de compraventa N° 81, ingresada en el registro el 25 de
agosto de 1988 y autorizada en base al certificado de dominio solicitado el 17 de julio, se
registró de manera provisional hasta que se dictó la resolución 50/98 antes citada (fs. 50/52 vta.
y 57/58).
Apéndice de fallos
Página 160
Por otra parte, respecto a la segunda defensa, mal puede pretender el demandado que se tome
como punto de partida para el cómputo del plazo de prescripción de la acción de daños y
perjuicios la fecha en que se dictó la sentencia en el juicio ejecutivo, ya que al 18 de agosto de
1998 (fs. 45/46 del expediente agregado por cuerda) no se había producido aún el hecho
dañoso que se invoca en esta litis (Fallos 318:2558 y 314:907).
Consecuentemente, a la fecha de promoción de demanda -el 2 de marzo de 2001- no había
vencido el plazo bienal del citado art. 4037. Por tanto, corresponde rechazar la defensa opuesta
por la Provincia de Buenos Aires.
5. [Omissis]
Por ello, y lo dispuesto en los arts. 1112 y concs. del Cód. Civil, se decide: Hacer lugar a la
demanda seguida por Adriana Elizabeth Vicente contra la Provincia de Buenos Aires y
condenarla a pagar, dentro del plazo de treinta días, la suma de $28.896, más la que resulte de
la liquidación que se practique en el juicio correspondiente de conformidad a lo dispuesto en el
considerando 11 y los intereses que se calcularán de acuerdo con las pautas indicadas en el
considerando que antecede. Con costas (art. 68, Cód. Procesal). - Juan C. Maqueda.
34.
C.S.N. • noviembre 04-1997 – “Wiater, Carlos c. Ministerio de
Economía” – L.L. To. 1998-A pág. 281 **
35.
C.S.N. • octubre 30-2007 – “Larrabeiti Yañez, Anatole c.
Estado Nacional” – J.A. 2007-IV fasc. 10 pág. 46 y Lexis Nº 20072217
Buenos Aires, octubre 30 de 2007.
Considerando:
1) Que la sala 3ª de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo
Federal, por mayoría, admitió parcialmente la demanda interpuesta el 22/5/1996 por Claudia V.
Larrabeiti Yañez y condenó al Estado Nacional a pagar $ 250.000, más intereses a la tasa
activa desde el 26/9/1976 en adelante, en concepto de indemnización de los daños y perjuicios
derivados de la desaparición forzada de sus padres biológicos a manos de personal de las
fuerzas de seguridad, cuando aquélla tenía cuatro meses de edad. Asimismo, declaró prescripta
la acción deducida en la misma fecha por su hermano Anatole A. Larrabeiti Yañez. Contra esta
decisión, los actores y el demandado interpusieron los recursos extraordinarios denegados a fs.
1253 y los recursos ordinarios de apelación concedidos a fs. 1228. Además, el Estado Nacional
dedujo el recurso de hecho tramitado en la causa L.632.XLI, "Larrabeiti Yañez, Anatole A. y
otra v. Estado Nacional", agregada.
2) Que, como fundamento, el tribunal de alzada señaló que Mario R. Julien Cáceres y Eva
Grisonas, padres biológicos de los demandantes, habían sido víctimas del operativo dirigido
por las fuerzas de seguridad contra la vivienda familiar tomada por asalto el 26/9/1976. El
Apéndice de fallos
Página 161
primero, aparentemente, fue muerto en el tiroteo o habría sido trasladado a la República del
Uruguay. La madre y sus dos hijos pequeños fueron detenidos y conducidos al centro
clandestino de detención "Automotores Orletti". En diciembre de 1976 los dos niños fueron
hallados por carabineros en una plaza de la ciudad de Valparaíso, República de Chile. Después
de ser alojados en un orfanato, fueron entregados a la custodia del cirujano chileno Larrabeiti
Yañez y su esposa, quienes los adoptaron. Mientras la adopción se hallaba en trámite, en 1979
su abuela paterna María Angélica Cáceres de Julien, después de deducir sin éxito reiterados
hábeas corpus (ver fs. 355/400 del cuerpo 2º, agregado) para que las autoridades argentinas
informasen sobre el paradero de su familia, fue informada de que sus nietos se hallaban en
Chile.
Se comunicó para hacerles saber su origen y tomar contacto con ellos, y el 2/8/1979, en
nombre propio, de su cónyuge y de la abuela materna de los demandantes, firmó un acuerdo
con el matrimonio Larrabeiti Yañez con el propósito de que los menores conocieran sus
verdaderos nombres, sin perjuicio del mantenimiento de sus nombres adoptivos. Además,
consintió la adopción y acordó un régimen de visitas con miras a mantener la vinculación de
los niños con su familia de sangre. El 22/8/1995 los demandantes solicitaron los beneficios de
la ley 24411 (1), y a pedido de ellos el 2/6/1997 se dictó la sentencia de ausencia por
desaparición forzada de Mario R. Julien Cáceres y Victoria L. Grisonas de Julien, en los
términos de la ley 24321 (2) (ver fs. 274/275, cuerpo 2º). Cabe advertir que la condición de
"desaparecidos" de los padres biológicos de los demandantes ya constaba en el Informe Final
de la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas, a raíz de las denuncias formuladas
por María Angélica Cáceres de Julien en 1984, tramitadas por dicho organismo bajo los legajos
2950 y 2951 (ver fs. 28/49 del cuerpo 1º, y fs. 709/712 del cuerpo 4º).
La mayoría de la Cámara consideró que, en tales condiciones, no resultaba de aplicación el art.
3966 , C.Civ., según el cual la prescripción corre contra los incapaces que tuvieren
representantes legales. Destacó que, en las peculiares circunstancias del caso, no era exigible a
los padres adoptivos el ejercicio de la acción de responsabilidad civil extracontractual fundada
en la desaparición forzada de los padres biológicos, y sostuvo que, en consecuencia, el plazo
bienal previsto en el art. 4037 , C.Civ. debía computarse desde que los menores habían llegado
a la mayoría de edad y después de haber transcurrido el plazo de tres meses establecido en el
art. 3980 del Código citado.
Señaló que, al tiempo de ser interpuesta la demanda que dio origen a la presente causa, el plazo
de prescripción bienal no había vencido respecto de Claudia V. Larrabeiti Yañez, pero sí
respecto de Anatole A. Larrabeiti Yañez, quien dedujo la acción correspondiente más de dos
años después de haber llegado a la mayoría de edad y de vencido el plazo previsto en el art.
3980 , C.Civ.
3) Que los recursos ordinarios de apelación son formalmente admisibles, toda vez que la
Nación es parte directa en el pleito y el monto disputado en último término, de conformidad
con las estimaciones formuladas por los interesados a fs. 1191/1191 vta. y 1203,
respectivamente, supera el mínimo legal establecido en la resolución 1360, de 1991.
Apéndice de fallos
Página 162
4) Que los actores se agravian respecto de lo resuelto por la Cámara con relación a que la
acción deducida por Anatole A. Larrabeiti Yañez se hallaba prescripta. En síntesis, los
demandantes invocan el precedente de Fallos 322:1888 [3] como fundamento para sostener
que el plazo de la prescripción bienal sólo puede computarse desde el 2/6/1997, fecha en la
cual se dictó la sentencia de ausencia de desaparición forzada en los términos de la ley 24321 .
Paralelamente, sostienen que la acción civil no puede comenzar a prescribir porque los delitos
que le dieron origen son de lesa humanidad e imprescriptibles. Por otra parte, consideran que el
monto de la indemnización reconocida por la Cámara a Claudia V. Larrabeiti Yañez es
arbitrario porque se lo fijó sin sustento en las constancias de la causa al omitir, entre otros
rubros, el daño material ocasionado por el despojo de la vivienda familiar. Añaden que la ley
24411 constituye una reparación parcial, que en particular no comprende el padecimiento
moral personalmente experimentado por los demandantes con motivo de los hechos que dieron
lugar a la causa.
A su vez, el Estado Nacional se agravia por considerar que la acción de responsabilidad civil se
halla prescripta respecto de ambos actores. En tal sentido, destaca que según el art. 3966 ,
C.Civ. el plazo bienal corrió contra los demandantes desde el momento en que tuvieron como
representantes legales a sus padres adoptivos. Agrega que, a partir del advenimiento del
gobierno constitucional en 1983, cesaron todos los impedimentos para reclamar el pago de
indemnizaciones por los delitos cometidos por los órganos del gobierno de facto. En tal
sentido, agrega que la desaparición forzada de los padres biológicos de los demandantes
constituía un hecho conocido, tal como lo revela el acuerdo celebrado entre la abuela paterna,
María Angélica Julien de Cáceres y el matrimonio Larrabeiti Yañez en 1979, mientras
tramitaba la adopción de los menores, así como la inclusión de Mario R. Julien Cáceres y Eva
Grisonas en el Informe Final elaborado y publicado por la Comisión Nacional para la
Desaparición de Personas. Indica que la conducta de los demandantes, que comenzaron por
solicitar el beneficio extraordinario reconocido por la ley 24411 (cuyo trámite quedó en
suspenso) para después reclamar la indemnización plena por la vía civil, es contradictoria; y
concluye por afirmar que de todo lo expuesto surge que el 22/5/1996, fecha de interposición de
la demanda que dio origen a este pleito, la acción promovida por los dos actores había
prescripto.
5) Que el plazo de la prescripción corre desde que existe la responsabilidad y ha nacido la
acción consiguiente para hacerla valer; lo que, como regla, acontece cuando ocurre el hecho
ilícito que origina la responsabilidad, aunque excepcionalmente puede determinarse un punto
de partida diferente, ya bien porque el daño aparece después, o porque no puede ser
adecuadamente apreciado hasta el cese de una conducta ilícita continuada (Fallos 322:1888 ,
consid. 10 y sus citas). Los hechos que dieron lugar a la causa difieren de los considerados y
resueltos en la causa de Fallos 322:1888 , pues en ésta el demandante nada pudo saber ni
averiguar acerca del paradero de su familia y del destino que había corrido, razón por la cual el
7/10/1985 obtuvo la declaración de fallecimiento presunto, fijado el 16 y 20/1/1978. En
cambio, en el presente caso, la desaparición forzada de los padres biológicos de los
demandantes constaba en las actuaciones tramitadas ante la Comisión Nacional para la
Desaparición de Personas que los incluyó en el Anexo I del Informe Final (publicado en 1986)
Apéndice de fallos
Página 163
bajo los legajos 2950 y 2951. El acuerdo mediante el cual en 1979 la abuela materna de los
menores, María Angélica Julien de Cáceres, después de haber instado infructuosamente los
hábeas corpus, consintió los trámites de adopción iniciados por el matrimonio chileno
Larrabeiti Yañez constituye meramente un indicio de la desaparición de aquéllos. En ese
momento cabía reputar que existía imposibilidad de deducir la acción civil, en los términos de
la doctrina de Fallos 312:2352 , consid. 7.
Sin perjuicio de ello, a diferencia de lo sucedido en el caso de Fallos 322:1888 , en la presente
causa la declaración de ausencia por desaparición forzada, con efectos análogos a los previstos
en la ley 14934 (4) (conf. art. 7 , ley 24321), fue solicitada y declarada después de que
transcurrió más de una década desde el advenimiento del nuevo gobierno constitucional de
1983. Conforme al art. 3966 , C.Civ., "la prescripción corre contra los incapaces que tuvieren
representantes legales. Si carecieren de representación se aplicará lo dispuesto en el art. 3980
", sin que en la especie se hayan acreditado las razones en virtud de las cuales los padres
adoptivos habrían estado temporalmente impedidos de deducir la demanda interruptiva de la
prescripción, cuanto menos a partir de 1986, año en que fue publicado el Informe Final
elaborado por la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas por la Editorial
Universitaria de Buenos Aires, bajo el título "Nunca Más", en cuyo Anexo figura el listado de
los detenidos y desaparecidos, y los números de legajo correspondientes a los padres
biológicos de los actores, ya referidos. A lo que cabe añadir que no es atendible el argumento
en virtud del cual la acción para reclamar el resarcimiento patrimonial es imprescriptible
porque nace de delitos de lesa humanidad, imprescriptibles desde la óptica del reproche penal.
Ello es así porque la primera atañe a materia disponible y renunciable, mientras que la segunda,
relativa a la persecución de los delitos de lesa humanidad, se funda en la necesidad de que los
crímenes de esa naturaleza no queden impunes, es decir, en razones que exceden el interés
patrimonial de los particulares afectados (conf. Fallos 311:1490 [5]).
6) Que precisamente, con el objeto de reparar la injusticia que significaría privar a las víctimas
de todo resarcimiento (tal como resultaría de la aplicación estricta de la legislación civil), el
Congreso de la Nación sancionó, entre otras, las leyes 24411 y 25914 (6). En los fundamentos
expuestos y compartidos por las Comisiones Parlamentarias que intervinieron en la sanción de
la primera de ellas se expresó: "...las soluciones económicas no van a ser respuesta al drama de
los muertos, ni al de los detenidos-desaparecidos. Pero sí, y sobre todo, la solución económica
planteada es una elemental respuesta a un problema que clama justicia", pues si bien todo el
pueblo fue la víctima de esa dictadura, sin duda "los muertos, los detenidos-desaparecidos y los
que pasaron por las prisiones en los años pasados fueron los más injustamente castigados".
7) Que, sin perjuicio de lo expuesto, corresponde destacar -a mayor abundamiento- que aun
cuando se aceptase, por hipótesis, que los padres adoptivos de los accionantes se hubiesen
encontrado impedidos de promover, oportunamente, el reclamo de daños y perjuicios, lo cierto
es que igualmente cabría considerar prescripta la acción respecto de Claudia V. Larrabeiti
Yañez, ya que su demanda no fue presentada en tiempo útil, con arreglo a lo dispuesto por el
art. 3980 , C.Civ. En efecto, al conferir el poder general con que se acreditó su personería en la
presente causa, la actora -ciudadana chilena domiciliada en ese país-, expresó su condición de
"mayor de edad" corroborada por el notario interviniente, conclusión relevante en el punto que
Apéndice de fallos
Página 164
nos atañe, toda vez que la capacidad o incapacidad de las personas domiciliadas fuera del
territorio de la República, será juzgada por las leyes de su respectivo domicilio, aun cuando se
trate de actos ejecutados o de bienes existentes en la República (conf. art. 7 , C.Civ.).
Computado entonces el plazo de tres meses previsto por el art. 3980 , C.Civ., en la mejor de las
hipótesis, desde la fecha en que el poder fue otorgado -29/5/1995-, cabe concluir que aquél se
encontraba vencido al iniciarse la demanda -22/5/1996-, lo que conduce a admitir la excepción
de prescripción en el caso (conf. causa "P. F. K. C. S." [Fallos 329:1862]).
8) Que, en virtud de lo expuesto, deviene inoficioso pronunciarse sobre la queja tramitada en la
causa L.632.XLI, "Larrabeiti Yañez, Anatole A. y otra v. Estado Nacional".
Por ello, se resuelve: Hacer lugar al recurso ordinario interpuesto por el Estado Nacional,
rechazar el interpuesto por los demandantes, dejar sin efecto la sentencia impugnada, declarar
prescripta la acción para reclamar la responsabilidad civil extracontractual deducida en la
demanda y rechazar la demanda sin perjuicio del derecho de los actores a la reparación
reconocida en las leyes especiales del Congreso citadas en el consid. 6. Costas por su orden, en
atención a la novedad de la cuestión planteada y a que los actores pudieron creerse
fundadamente con derecho al litigar. Notifíquese y remítanse. Archívese la queja.- Ricardo L.
Lorenzetti.- Elena I. Highton de Nolasco. Según su voto: Enrique S. Petracchi.- Carmen M.
Argibay.- Carlos S. Fayt.
Voto de los Dres. Petracchi y Argibay.
Considerando:
Que los infrascriptos coinciden con los consids. 1 a 6 del voto que antecede.
7) Que, en virtud de lo expuesto, deviene inoficioso pronunciarse sobre la queja tramitada en la
causa L.632.XLI, "Larrabeiti Yañez, Anatole A. y otra v. Estado Nacional".
Por ello, se resuelve: Hacer lugar al recurso ordinario interpuesto por el Estado Nacional,
rechazar el interpuesto por los demandantes, dejar sin efecto la sentencia impugnada, declarar
prescripta la acción para reclamar la responsabilidad civil extracontractual deducida en la
demanda, y rechazar la demanda sin perjuicio del derecho de los actores a la reparación
reconocida en las leyes especiales del Congreso citadas en el consid. 6. Costas por su orden, en
atención a la novedad de la cuestión planteada y a que los actores pudieron creerse
fundadamente con derecho al litigar. Notifíquese y remítanse. Archívese la queja.
Voto del Dr. Fayt.
Considerando:
1) Que contra la sentencia de la sala 3ª de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Contencioso Administrativo Federal que -por mayoría- admitió parcialmente la demanda
interpuesta por Claudia V. Larrabeiti Yañez y condenó al Estado Nacional a pagar la suma de $
250.000 con más sus intereses a la tasa activa desde el 26/9/1976, en concepto de
indemnización de los daños y perjuicios derivados de la desaparición forzada de sus padres
biológicos a manos de personal de las fuerzas de seguridad y, en cambio, declaró prescripta la
acción deducida por su hermano Anatole A. Larrabeiti Yañez, los actores y el demandado
Apéndice de fallos
Página 165
interpusieron los recursos ordinarios de apelación concedidos a fs. 1228. Igualmente,
dedujeron los remedios federales denegados a fs. 1253; sólo el Estado Nacional planteó recurso
de hecho tramitado en la causa L.632.XLI, "Larrabeiti Yañez, Anatole A. y otra v. Estado
Nacional", agregada por cuerda.
2) Que para así concluir, el tribunal de alzada señaló que Mario R. Julien Cáceres y Eva
Grisonas -padres biológicos de los demandantes- habían sido víctimas del operativo dirigido
por las fuerzas de seguridad contra la vivienda familiar, tomada por asalto el 26/9/1976. El
primero, aparentemente, fue muerto en el tiroteo o habría sido trasladado a la República del
Uruguay. La madre y sus dos hijos pequeños fueron detenidos y conducidos al centro
clandestino de detención "Automotores Orletti". En diciembre de 1976 los dos niños fueron
hallados por carabineros en una plaza de la ciudad de Valparaíso, República de Chile. Después
de ser alojados en un orfanato, fueron entregados a la custodia del cirujano chileno Larrabeiti
Yañez y su esposa, quienes los adoptaron. Mientras la adopción se hallaba en trámite, en 1979
su abuela paterna María Angélica Cáceres de Julien, después de deducir sin éxito reiterados
hábeas corpus (ver fs. 355/400) para que las autoridades argentinas informasen sobre el
paradero de su familia, fue informada de que sus nietos se hallaban en Chile. Logró entonces
tomar contacto con ellos y sus adoptantes y el 2/8/1979, en nombre propio, de su cónyuge y de
la abuela materna de los demandantes, firmó un acuerdo con el matrimonio Larrabeiti Yañez,
con el propósito de que los menores conocieran su verdadera identidad, sin perjuicio del
mantenimiento de sus nombres adoptivos. Consintió la adopción y acordó un régimen de
visitas con miras a mantener la vinculación de los niños con su familia de sangre. El 22/8/1995
los demandantes solicitaron en sede administrativa los beneficios de la ley 24411 . El
2/6/1997, por su parte, a su pedido se dictó la sentencia de ausencia por desaparición forzada
de Mario R. Julien Cáceres y Victoria L. Grisonas de Julien, en los términos de la ley 24321
(ver fs. 274/275). Cabe advertir que la condición de "desaparecidos" de los padres biológicos
de los demandantes ya constaba en el Informe Final de la Comisión Nacional para la
Desaparición de Personas, a raíz de las denuncias formuladas por María Angélica Cáceres de
Julien en 1984, tramitadas por dicho organismo bajo los legajos 2950 y 2951 (ver fs. 28/49 del
cuerpo 1º y fs. 709/712 del cuerpo 4º).
La Cámara consideró -por mayoría- que en las peculiares circunstancias del caso no era
exigible a los padres adoptivos el ejercicio de la acción de responsabilidad civil
extracontractual fundada en la desaparición forzada de los padres biológicos y sostuvo que, en
consecuencia, resultaba de aplicación lo dispuesto por el art. 3980 , C.Civ., en cuanto autoriza
a los jueces a liberar de los efectos de la prescripción cumplida. Entendió que la acción del
coactor Anatole A. era extemporánea, porque había omitido su ejercicio al llegar a la mayoría
de edad, mientras que, por el contrario, resultaba temporánea la deducida por su hermana.
3) Que los recursos ordinarios de apelación son formalmente admisibles, toda vez que la
Nación es parte directa en el pleito y el monto disputado en último término, de conformidad
con las estimaciones formuladas por los interesados a fs. 1191/1191 vta. y 1203,
respectivamente, supera el mínimo legal establecido en la resolución 1360/1991.
4) Que el coactor Anatole A. Larrabeiti Yañez se agravia respecto de lo resuelto por la Cámara
con relación a que la acción por él deducida se hallaba prescripta. En síntesis, invoca el
Apéndice de fallos
Página 166
precedente de Fallos 322:1888 como fundamento para sostener que el plazo de la prescripción
bienal sólo puede computarse desde el 2/6/1997, fecha en la cual se dictó la sentencia de
ausencia por desaparición forzada en los términos de la ley 24321 . Paralelamente, sostienen
que la acción civil es imprescriptible porque los delitos que le dieron origen son de lesa
humanidad. Por otra parte, Claudia V. Larrabeiti Yañez considera que el monto de la
indemnización reconocida por la Cámara es arbitrario, porque se lo fijó sin sustento en las
constancias de la causa al omitir, entre otros rubros, el daño material ocasionado por el despojo
de la vivienda familiar. Añade que la ley 24411 constituye una reparación parcial, que en
particular no comprende el padecimiento moral personalmente experimentado con motivo de
los hechos que dieron lugar a la causa.
A su vez, el Estado Nacional se agravia por considerar que la acción de responsabilidad civil se
halla prescripta respecto de ambos actores. En tal sentido, destaca que según el art. 3966 ,
C.Civ., el plazo bienal corrió contra los demandantes desde el momento en que tuvieron como
representantes legales a sus padres adoptivos. Agrega que a partir del advenimiento del
gobierno constitucional, en 1983, cesaron todos los impedimentos para reclamar el pago de
indemnizaciones por los delitos cometidos por los órganos del gobierno de facto. Señala que la
desaparición forzada de los padres biológicos de los demandantes constituía un hecho
conocido, tal como lo revela el acuerdo celebrado entre la abuela paterna, María Angélica
Julien de Cáceres y el matrimonio Larrabeiti Yañez en 1979, mientras tramitaba la adopción de
los menores, así como la inclusión de Mario R. Julien Cáceres y Eva Grisonas en el Informe
Final elaborado y publicado por la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas. Indica
que la conducta de los demandantes, que comenzaron por solicitar el beneficio extraordinario
reconocido por la ley 24411 -cuyo trámite quedó en suspenso-, para después reclamar la
indemnización plena por la vía civil, es contradictoria; y concluye por afirmar que de todo lo
expuesto surge que el 22/5/1996, fecha de interposición de la demanda que dio origen a este
pleito, la acción promovida por los dos actores había prescripto.
5) Que el plazo de la prescripción corre desde que existe la responsabilidad y ha nacido la
acción consiguiente para hacerla valer, lo que, como regla, acontece cuando ocurre el hecho
ilícito que origina aquella responsabilidad, aunque excepcionalmente puede determinarse un
punto de partida diferente, ya bien porque el daño aparece después, o porque no puede ser
adecuadamente apreciado hasta el cese de una conducta ilícita continuada (Fallos 322:1888 ,
consid. 10 y sus citas).
Desde esta perspectiva debe señalarse que los hechos que dieron lugar a la causa difieren de los
considerados y resueltos en la causa de Fallos 322:1888 , que se cita como sustento de los
agravios dirigidos a cuestionar la admisión parcial de la excepción de prescripción, tal como lo
ha señalado la Cámara con argumentos que no han sido satisfactoriamente rebatidos por los
recurrentes, quienes a lo largo del proceso sostuvieron una postura errática tanto respecto de la
prescriptibilidad de su reclamo como con relación al momento en que debía comenzar el
cómputo respectivo.
Así, mientras en el citado precedente el demandante nada pudo saber ni averiguar acerca del
paradero de su familia y del destino que habría corrido, razón por la cual resultó razonable
computar el plazo respectivo a partir de la fecha en que obtuvo la declaración de fallecimiento
Apéndice de fallos
Página 167
presunto, tal conclusión no puede trasladarse al presente caso. En efecto, la desaparición
forzada de los padres biológicos de los demandantes constaba en las actuaciones tramitadas
ante la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas que los incluyó en el Anexo I del
Informe Final, publicado en 1986, bajo los legajos 2950 y 2951. El acuerdo mediante el cual en
1979 la abuela materna de los menores, María Angélica Julien de Cáceres, después de haber
instado infructuosamente los hábeas corpus, consintió los trámites de adopción iniciados por el
matrimonio chileno Larrabeiti Yañez, constituye un indicio del conocimiento familiar.
Pero -y ello es fundamental- la aplicación al caso de la doctrina del citado precedente en cuanto
al momento desde el que debe contarse el plazo de prescripción, importaría un verdadero
contrasentido si se repara en que la sentencia que declaró la ausencia por desaparición fue
dictada dos años después de iniciada la presente causa. En tales condiciones, el cómputo inicial
de la prescripción no sólo se ubicaría -de seguirse la postura del recurrente- en un momento
posterior a aquel a partir del cual la responsabilidad existe y ha nacido la consiguiente acción
para hacerla valer o, en otros términos, desde que la acción quedó expedita (Fallos 320:2551 ,
entre muchísimos otros), sino que además importaría tanto como afirmar que en el caso la
acción fue deducida antes de haber nacido, conclusión que resulta inaceptable.
6) Que la previsión del art. 3966 , C.Civ., que el a quo entendió de aplicación en tanto asimiló
la situación de los menores -por las marcadas particularidades del caso- a la situación de
aquellos que carecen de representante legal, no produce, con todo, la conclusión que la Cámara
extrae con relación al reclamo de Claudia V. Larrabeiti Yañez, lo que conducirá a la admisión
de las quejas del Estado Nacional respecto del rechazo de la excepción de prescripción.
En efecto, no obstante la dispensa operada a su favor, la excepción de prescripción debe
prosperar, pues la demanda no fue presentada en tiempo útil con arreglo a lo dispuesto por el
art. 3980 antes citado, esto es, dentro de los tres meses de haber arribado a la mayoría de edad.
Aun cuando no se haya invocado la aplicación del derecho extranjero (art. 7 , C.Civ.) vigente
al momento de adquirir la mayoría de edad, esta Corte no puede soslayar que al otorgarse el
poder general sobre la base del cual el apoderado de los actores justificó su personería (ver fs.
1, párr. 1º y fs. 25/27), la mencionada coactora contaba con 20 años de edad (conf. partida que
en copia obra a fs. 40). No obstante ello, otorgó el referido acto de apoderamiento en su
carácter de "mayor de edad", el cual le permitió también solicitar el 22/8/1995 el beneficio
previsto por la ley 24411 , cuyo trámite se encontraría pendiente (fs. 947/959). Computado
entonces el plazo de tres meses previsto por el art. 3980 , C.Civ. -al menos- desde la fecha en
que ese poder fue otorgado -29/5/1995-, aquél se encontraba vencido al iniciarse la demanda 22/5/1996-, lo que conduce a admitir la excepción de prescripción en el caso (conf. causa "P. F.
K. C. S.", Fallos 329:1862, mayoría y voto concurrente).
7) Que la admisión de la excepción de prescripción respecto del reclamo de ambos actores no
importa dejar sin reparar los daños que han sufrido como consecuencia del incalificable
accionar de quienes usurparon el gobierno de la Nación. Precisamente, con el objeto de reparar
la injusticia que significaría privar a las víctimas de todo resarcimiento -tal como resultaría de
la aplicación estricta de la legislación civil- el Congreso de la Nación sancionó, entre otras, las
leyes 24411 y 25914 . En los fundamentos expuestos y compartidos por las Comisiones
Parlamentarias que intervinieron en la sanción de la primera de ellas se expresó: "...las
Apéndice de fallos
Página 168
soluciones económicas no van a ser respuesta al drama de los muertos, ni al de los detenidosdesaparecidos. Pero sí, y sobre todo, la solución económica planteada es una elemental
respuesta a un problema que clama justicia", pues si bien todo el pueblo fue víctima de esa
dictadura, sin duda "los muertos, los detenidos-desaparecidos y los que pasaron por las
prisiones en los años pasados fueron los más injustamente castigados". Los aquí actores
reclamaron administrativamente el otorgamiento de tales reparaciones, trámite que, según
informó en autos el Ministerio del Interior, se encuentra a la espera de que los interesados
acrediten la ausencia por desaparición de sus padres el que "en principio les correspondería",
tal como lo sostiene expresamente ese informe agregado a fs. 959 de estos autos.
8) Que, por lo expuesto, deviene inoficioso pronunciarse sobre la queja L.632.XLI, "Larrabeiti
Yañez, Anatole A. y otra v. Estado Nacional".
Por ello se resuelve: Hacer lugar al recurso ordinario interpuesto por el Estado Nacional y
desestimar los deducidos por los actores. En consecuencia, se declara prescripta la acción
intentada en autos y se rechaza la demanda, sin perjuicio de los derechos que a los actores les
asistan en virtud de las previsiones legales citadas en el consid. 7 de la presente. Costas por su
orden en atención a que la complejidad de la cuestión planteada pudo hacer que los actores se
creyeran fundadamente con derecho a litigar. Notifíquese y devuélvase. Archívese la queja.
36.
S.T. J. Corrientes • octubre 02-1997 – “Zandona, Lino A. y
otra c. Pérez, Raúl A. y/u otro” - L.L.Litoral To. 1998-1 pág. 175 **
37.
C.Nac.Civil, sala D – agosto 07-1998 - “López Feito, Abel O. c.
Ohrwaschel, Ignacio y ot.” - L.L. To. 1999-E pág. 911, (41.908-S) **
38.
C.S.N., abril 12-2005 “Pardo, Horacio Roberto c/ Buenos
Aires, Provincia de s/ daños y perjuicios” Fallos 328
Buenos Aires, 12 de abril de 2005.
Vistos los autos: "Pardo, Horacio Roberto c/ Buenos Aires, Provincia de s/ daños y perjuicios",
de los que
Resulta:
I) A fs. 5/20 se presenta Horacio Roberto Pardo e inicia demanda contra la Provincia de
Buenos Aires.
Dice que por escritura nº 58 pasada por ante el escribano Eduardo R. Saubidet, titular del
registro notarial 527 de la Capital Federal, adquirió un inmueble ubicado en el partido de
Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires,cuyas características catastrales indica.
Apéndice de fallos
Página 169
Expone que la escritura pública fue solicitada por los vendedores Alberto Manuel Estévez y
Ernesto Alfredo Iturriaga, quienes dijeron tener la conformidad del propietario y poder
disponer del terreno "por ser producto de otra operación comercial entre ellos y aquél". Agrega
que el notario requirió el pertinente certificado del que surgía la titularidad de dominio de
Eduardo Villa Abrille y realizó el correspondiente estudio de títulos. Señala que el 24 de marzo
de 1988 se presentó a la firma de la escritura una persona que dijo llamarse Eduardo Villa
Abrille, que acreditó su identidad ante el escribano y este último manifestó su conformidad
respecto a la identidad y el carácter invocado. Aclara además que fue la única vez que vió al
vendedor.
Simultáneamente, sigue diciendo, firmó un contrato de mutuo con María del Carmen Regidor y
gravó con hipoteca el lote siete de Florencio Varela (escritura n1 60), ya que "el valor del bien
era superior a la deuda que saldaban los vendedores". Asimismo reconoce que canceló esta
obligación con Estévez e Iturriaga y que la acreedora hipotecaria desconoció el pago e inició la
causa R.17.XXIII. "Regidor, María del Carmen c/ Buenos Aires, Provincia de s/ daños y
perjuicios".
Explica que en la misma fecha, Eduardo Villa Abrille también transmitió a Elba María
Cuyaire, el inmueble identificado como lote seis de Florencio Varela (escritura n1 59). Aduce
que, convencido de que era el titular del lote siete, el 3 de noviembre de 1988, firmó un
instrumento privado con la empresa Minorgan S.A. por el cual acordó que el 100% del precio
se abonaría con la firma de la escritura.
Dice que, a ese fin, el escribano Carlos H. González Bonorino solicitó los certificados
respectivos y que hubo dificultad para obtenerlos.
Ante tal situación, se presentó ante el Registro de la Propiedad Inmueble de La Plata y en estas
circunstancias se le informó de la estafa efectuada por empleados del registro. Así tomó
conocimiento de que el vendedor, Eduardo Villa Abrille, no era tal, ya que la persona de ese
nombre había fallecido con mucha anterioridad y quien aparecía vendiendo el bien era un
simulador que se hacía pasar por tal para cometer delito.
Afirma que esta maniobra sólo podía concretarse mediante la connivencia de empleados del
Registro de la Propiedad Inmueble, dependiente de la Provincia de Buenos Aires, toda vez que
los certificados de dominio que dieron origen a la escritura mantenían el dominio en cabeza de
Eduardo Villa Abrille.
En este orden de ideas, sostiene que la estafa tuvo como autores Cen principioC a "dos
partícipes necesarios, el que alteró la documentación obrante en el Registro de la Propiedad
Inmueble a fin de que apareciera otra persona como titular del inmueble, y el que se presentó
en la escritura como el legítimo propietario de los terrenos". Agrega que ambas actividades se
realizaron con el fin de defraudarlo, y, por el contrario, su obrar fue "absolutamente diligente,
tomando todos los recaudos que correspondían a las circunstancias de tiempo, forma y lugar".
Se extiende luego en consideraciones sobre la responsabilidad estatal por errores registrales,
cuyos fundamentos jurídicos expone, cita jurisprudencia de esta Corte sobre el particular y
considera que el comportamiento del registro ha sido la causa eficiente del daño.
Apéndice de fallos
Página 170
Manifiesta que en la causa 1789 que inició el Registro de la Propiedad Inmueble ante el
Juzgado en lo Criminal n1 8 de La Plata, se presentó como particular damnificado. Por último,
expresa que la dificultad para inscribir el inmueble comenzó la última semana de diciembre de
1988 y que al año siguiente tuvo conocimiento de la estafa. A fs. 42/44 amplía la demanda y
acompaña documentación.
II) A. fs. 60/72 se presenta la Provincia de Buenos Aires y opone la excepción de prescripción
como defensa de fondo, pues entiende que el 29 octubre de 1988 Pardo tomó conocimiento de
que la escritura no había sido otorgada por Eduardo Villa Abrille. En consecuencia, a partir de
ese día el actor tuvo expedita la acción contra la Provincia de Buenos Aires por el supuesto
error registral, y, por ello, a la fecha de promoción de la demanda había transcurrido en exceso
el plazo de prescripción previsto en el art. 4037 del Código Civil.
Asimismo aclara que de las causas penales que se ofrecen como prueba, surge que antes del 28
de octubre o del 20 de diciembre de 1988, el actor tuvo conocimiento de que obtendría una
escritura falsa.
En subsidio, contesta la demanda negando los hechos allí expuestos como así también la
responsabilidad que se le atribuye, y solicita su rechazo con costas.
Sostiene, en lo sustancial, que el actor obró con negligencia al realizar la operación y que debió
efectuar el correspondiente estudio de títulos, lo que no hizo.
Asimismo considera que el escribano designado omitió las obligaciones mínimas exigibles a
un notario. Así, dio fe de que conocía al señor Eduardo Villa Abrille; autorizó la escritura
respectiva sin tener en cuenta que el vendedor tenía cincuenta años y exhibió un documento de
una persona de ochenta y cuatro años; no constató la posesión del inmueble ni advirtió a su
cliente de las consecuencias por la falta de tradición. Puntualiza además que si bien el actor le
atribuyó responsabilidad al notario, no lo demandó.
Aduce que la causa penal 27.418 revela que Pardo incurrió en una serie de contradicciones y
"mendacidades", que detalla a fs. 62 vta./64. Entre otras consideraciones, dice que en la
demanda el actor señaló que en la "supuesta venta" con Minorgan S.A. pidió el certificado de
dominio al escribano Carlos G. González Bonorino y en el expediente antes referido reconoció
que Minorgan S.A. se lo solicitó al escribano Abel R. Jacubovich.
Del mismo modo, el expediente penal prueba que el actor tampoco abonó suma alguna de
dinero ni por el inmueble de Florencio Varela ni por las demás operaciones, tales como la
hipoteca en favor de Regidor o las "supuestas transferencias a su hermano".
Reitera que el certificado emitido por el Registro de la Propiedad no es la causa eficiente del
supuesto perjuicio invocado por el actor y que Pardo interpuso la demanda con "temeridad".
Finalmente solicita la acumulación con las causas "Regidor, María del Carmen c/ Provincia de
Buenos Aires s/ daños y perjuicios" y "Cuyaire, Elba Mariana c/ Provincia de Buenos Aires, s/
daños y perjuicios", ante este mismo Tribunal.
Considerando:
Apéndice de fallos
Página 171
11) Que este juicio es de la competencia originaria de la Corte Suprema (arts. 116 y 117 de la
Constitución Nacional).
12) Que, en primer lugar, corresponde resolver la excepción de prescripción opuesta por la
demandada sobre la base de que habría transcurrido el plazo de dos años previsto por el art.
4037 del Código Civil.
31) Que en el escrito de contestación de demanda, la Provincia de Buenos Aires alega que el
cómputo debe comenzar el 29 de octubre de 1988, fecha en que el actor tomó conocimiento de
que el inmueble adquirido por escritura n1 58 tenía un titular de dominio distinto de quien
invocó tal condición al momento de la compraventa. Agrega que, según surge de las causas
penales que se ofrecen como prueba, Pardo sabía Cantes del 28 de octubre o del 20 de
diciembre de 1988C que obtendría una escritura "falsa" (fs. 60 vta.).
41) Que según jurisprudencia de este Tribunal, el punto de partida de la prescripción debe
ubicarse en el momento en que la responsabilidad existe y ha nacido la consiguiente acción
para hacerla valer o, en otros términos, desde que la acción quedó expedita (Fallos: 312:2352;
318:2558; 320:1352, 2551; 321:2144; 325:2949; 326:4003, entre otros).
51) Que dada la complejidad de los hechos que dieron lugar a este pleito, resulta conveniente
esclarecer, ante todo, las circunstancias fácticas relativas a las escrituras de compraventa n1 58
y constitución de hipoteca n1 60, del 24 de marzo de 1988.
61) Que las cuestiones suscitadas en este litigio guardan marcada similitud con las planteadas
en la causa publicada en Fallos: 318:1624 y en la seguida por María del Carmen Regidor
contra la Provincia de Buenos Aires, pronunciamiento del 24 de agosto de 1995, en el que
incluso las pruebas ofrecidas por todas las partes son prácticamente las mismas.
71) Que, en relación con los antecedentes del dominio del inmueble en cuestión, cabe señalar
que el 9 de agosto de 1968, don Eduardo Villa Abrille, viudo de Margarita Beatriz Merighi,
adquirió el lote siete de Florencio Varela (cuya nomenclatura catastral se identifica como:
circunscripción I, parcela 8), por escritura n1 1128 autorizada por la escribana Delia C. Alonso.
El 30 de agosto del mismo año se lo inscribió a su nombre en el Registro de la Propiedad
Inmueble de La Plata, en la matrícula 14.742 del partido de Florencio Varela (fs. 32/36,
238/239, 257/261).
A su muerte, producida en 1971, se abrió el pertinente juicio sucesorio, en el que se reconoció
como herederas del causante a sus hijas Ana María y Beatriz María Elena Villa Abrille
(declaratoria de herederos del 28 de abril de 1972). El 25 de agosto de 1974 se inscribió el
testimonio de esa resolución en el Registro de la Propiedad Inmueble de La Plata (fs. 257 y
causa 136.761, fs. 8/9).
El 24 de marzo de 1988, Ces decir, diecisiete años después del fallecimiento del verdadero
propietarioC el escribano Eduardo R. Saubidet autorizó la escritura n1 58, mediante la cual
aparecía como vendedor del lote siete de Florencio Varela una persona que decía ser Eduardo
Villa Abrille y como comprador Horacio Roberto Pardo (fs. 32/36).
En suma, la escritura fue otorgada mediante sustitución de persona.
Apéndice de fallos
Página 172
Previamente a ello, el escribano tuvo a la vista el certificado registral 077.944, expedido el 23
de marzo, según el cual el dominio constaba a nombre de Eduardo Villa Abrille (fs. 37/38).
Simultáneamente con la escritura de venta, por escritura n1 60 pasada ante el mismo notario, el
actor constituyó un mutuo con María del Carmen Regidor y a fin de garantizar su pago gravó
con una hipoteca en primer grado el inmueble en cuestión (fs. 15/21 de la causa R.17.XXIII.
"Regidor, María del Carmen c/ Buenos Aires, Provincia de s/ daños y perjuicios", cuyas copias
obran en la causa 136.518). El 31 de octubre de 1988, el registro reconstruyó las matrículas
14.741/42 y comprobó que de acuerdo con las constancias microfilmadas el inmueble lo había
adquirido Eduardo Villa Abrille y por declaratoria de herederos 16.911/74 se había inscripto a
nombre de sus hijas. Asimismo detectó, al acompañar el escribano Saubidet el certificadode
dominio 77.945 (correspondiente a la escritura n1 59) del23 de marzo de 1988, que "a tal fin se
había efectuado sustitución de las matrículas en cuestión, lo cualposibilitó la maniobra dolosa"
(fs. 44 del expediente n1 2307-13611/88 que obra como anexo documental de la causa
135.518).
El 2 de febrero de 1989, el registro efectuó la denuncia penal ante el Juzgado de Primera
Instancia en lo Criminal n1 8 de La Plata (fs. 44 del expediente antes referido).
81) Que la dilucidación del caso requiere una acabada descripción de los singulares
antecedentes que rodearon los negocios jurídicos celebrados entre el actor y los señores
Alberto Manuel Estévez, Ernesto Iturriaga, María del Carmen Regidor, Elba Mariana Cuyaire,
Reinaldo Reisinger, Luis Antonio Truchero Onis, entre otros, y de las múltiples
contradicciones e incriminaciones que surgen del confuso relato de los hechos. Ello es
necesario a fin de determinar la fecha en que el actor tuvo conocimiento del daño.
91) Que en el escrito de demanda, el actor sostiene que en febrero de 1988 fue interesado en la
compra de un inmueble en Florencio Varela, en la que actuaron como vendedores Alberto
Estévez y Ernesto Alfredo Iturriaga, "quienes dijeron tener la conformidad del propietario [Ces
decir, el supuesto Eduardo Villa AbrilleC y] poder disponer del terreno por ser producto de
otra operación comercial entre los vendedores y aquél" (fs. 5 vta.).
Dice que el precio se acordó entre las partes y que la operación tenía por fin cancelar una
deuda que los vendedores Estévez e Iturriaga tenían con el actor, proveniente de diversas
operaciones comerciales que había realizado con ellos. Aclara que por tal razón no se
subscribió el correspondiente boleto de compraventa (fs. 5 vta.).
Concluye que la dificultad para inscribir el inmueble comenzó la última semana de diciembre
de 1988 y que sólo se enteró de la estafa al año siguiente (fs. 7 vta.).
10) Que, por otro lado, en la denuncia que el actor inicia por estafa contra Estévez e Iturriaga,
da otra versión de los hechos (fs. 47/50 y 1/4 de la causa 27.418). Allí relata que es propietario
del permiso de explotación de una cantera de granito negro de treinta hectáreas, denominada
"Indio Martín", en el distrito de Los Yabantes, de la Provincia de La Rioja, y que acordó con
Estévez e Iturriaga constituir una sociedad anónima e "incorporar a ésta la totalidad de
derechos y acciones de la propiedad minera" (fs. 1 de la causa 27.418).
Apéndice de fallos
Página 173
Explica que los dos primeros se obligarían a aportar "como integración de capital una inversión
de 1.000.000 de australes, estableciéndose como plazo para constituir la sociedad el término de
diez días a partir del 14 de enero de 1988" (causa 27.418, fs. 1). El 3 de marzo de 1988,
continúa, firmó la escritura n1 96 ante el escribano Simón Drucaroff, por la cual se creó la
sociedad anónima con un capital de 3.000 australes, del cual él aportó sólo 37,50 australes (fs.
1 y 13/16 de la causa 27.418).
11) Que, según lo pone de manifiesto el propio actor, "en verdad la operación era otra" (fs. 47
vta./49 y causa penal 27.418, fs. 1 vta./3).
El 14 de enero de 1988, dice, firmó un boleto por el cual "vendió, cedió y transfirió" el 95% de
los derechos sobre la cantera a Estévez e Iturriaga, reteniendo el 5% y la participación en la
sociedad anónima (ver copia de los acuerdos con firmas certificadas por el escribano Jorge E.
Soldano Deheza, documentos individualizados como fs. 8/12 que obra entre fs. 34 y 36 de la
causa 27.418).
Por otra parte, en la misma fecha suscribió otros dos boletos de compraventa con Estévez e
Iturriaga, uno por treinta y dos lotes y el otro por diez lotes, en el partido de Merlo, Provincia
de Buenos Aires (ver boletos en copias agregados a fs. 3/6 que obra entre las fs. 34/36 del
expediente penal 27.418).
En las cláusulas segunda y cuarta de los dos boletos, manifestó haber adquirido la posesión de
los terrenos y haber abonado íntegramente el precio por 64.000 australes y 20.000 australes,
respectivamente. Asimismo dejó constancia de que los treinta y dos lotes los compraba "en
comisión" (cláusula sexta).
Expone que "firmados los documentos" para vender los terrenos, consultó con el martillero
Mario Díaz, de la inmobiliaria "Artuso", la cual le informó que nunca habían pertenecido a
Estévez e Iturriaga sino que eran de propiedad de otras personas y que tenían deudas superiores
a su valor.
Por tal motivo, solicitó "la rescisión del boleto..., la disolución de la sociedad anónima...o...el
pago inmediato de los ochenta mil dólares estadounidenses" (fs. 48 y 2 de la causa 27.418).
Aduce que ante sus reclamos, Estévez e Iturriaga le "propusieron pagar los 80.000 dólares
estadounidenses con la transferencia de dos manzanas de terreno ubicadas en el partido de
Florencio Varela" y que luego suscribió la escritura sólo por la fracción siete.
Afirma que el lote seis no le fue escriturado "por tenerla en garantía de un crédito el señor Luis
Antonio Truchero Onis, siendo los imputados [Estévez e Iturriaga]" (fs. 2 vta. del expediente
penal 27.418). A fs. 51 vta. del expediente penal ya referido, reitera que este lote se transfirió a
Cuyaire prestanombre de Luis Truchero Onis haciéndose un" 'pacto de caballeros' que después
éste le transferiría esta manzana al [actor]" (ver considerando 12).
También sostiene que Estévez e Iturriaga le exigieron constituir una hipoteca sobre el lote siete
por 20.770 dólares estadounidenses con el fin de "pagar los gastos de escrituración e
impuestos". Destaca que este importe no lo recibió y que el derecho real se constituyó a
nombre de María del Carmen Regidor, "prestanombre de Luis Truchero Onis" (fs. 2 vta. del
expediente penal antes citado).
Apéndice de fallos
Página 174
Con posterioridad, el 18 de abril de 1988, firmó con Estévez e Iturriaga Cque actuaron por
cuenta y orden de María del Carmen RegidorC una carta de pago, por la cual se canceló la
deuda (ver copias de fs. 36/37 del expediente penal 27.418, con firmas certificadas por el
escribano Antonio Cafferata (h)).
En la misma fecha suscribió otros dos convenios. En el primero, el actor le entregó a Estévez e
Iturriaga la suma de veinte mil australes con el fin de "abonar impuestos municipales" y en el
segundo los comisionó para subdividir el predio de Florencio Varela en treinta y seis lotes. Al
respecto, se dejó constancia de que Estévez e Iturriaga recibieron del actor Cen concepto de
gastos y honorariosC la suma de treinta mil australes (ver fs. 38/41 del expediente penal antes
citado).
12) Que, según lo expone, como la venta del lote siete de Florencio Varela "no había
completado el precio de los derechos mineros", solicitó el "pago total" (fs. 48 vta./49 y causa
27.418, fs. 2 vta./3).
El 20 de abril de 1988, Estévez e Iturriaga, en representación de Elba María Cuyaire (que
aparecía como propietaria de la fracción 6 de Florencio Varela por escritura n1 59), firmaron
un boleto de compraventa con el hermano del actor, Guillermo Celso Pardo, en el que vendían
dos mil metros cuadrados del lote seis. Este último después lo transmitiría a los hijos del actor,
Marcelo Horacio Pardo y Bibiana Elida Pardo.
En el boleto de compraventa consta que el precio de venta se fijó en 70.000 australes y fue
pagado por el comprador íntegramente en ese acto (ver copia del boleto con firma certificada
por el escribano Antonio Cafferata que obra a fs. 159/161 del expediente penal 136.761).
En la misma fecha, María Agustina Sierra (concubina de Estévez) suscribió un boleto de
compraventa en favor de Guillermo Celso Pardo, de cuatro fracciones de terreno, en "El Talar",
partido de Tigre. En éste se consignó que el hermano del actor abonó el precio total de 269.556
australes y que la vendedora se obligaba a otorgar un poder especial irrevocable para escriturar
a nombre de éste o de los hijos del actor antes mencionados (fs. 162/164 del expediente penal
antes citado).
13) Que en este contexto, el actor alega en la denuncia penal 27.418 que el 28 de octubre de
1988 Reisinger, en nombre de Truchero Onis, "a quien le pertenecía la fracción seis de
Florencio Varela, ya que la compradora señorita Cuyaire era una prestanombre", lo autorizó a
vender el lote seis conjuntamente con la fracción siete y que hasta ese momento pensaban que
todo estaba correcto.
Puntualiza que los compradores le encargaron al escribano Yacubovich que hiciera el estudio
de títulos y que el notario concluyó que Villa Abrille había vendido esas tierras en el año 1975
y fallecido cuatro años antes de la escritura a su favor (fs. 49 vta. y expediente penal 27.418, fs.
3 vta.).
Al respecto, cabe aclarar que mal podía Eduardo Villa Abrille vender un inmueble en 1975, si
la declaratoria de herederos dictada en favor de sus hijas Ana María y Beatriz María era de
1972 (ver considerando 71).
Apéndice de fallos
Página 175
14) Que, en este sentido, no pueden dejarse a un lado las operaciones inmobiliarias realizadas
por el actor con Estévez e Iturriaga en 1988, así como las contradicciones en que se ha
incurrido en las diversas actuaciones procesales producidas en los distintos expedientes
mencionados en los considerandos precedentes, lo que revela que la conducta de Pardo
encubría algo más que su propia torpeza.
En primer término, el propio actor confiesa que mintió en relación a la sociedad anónima
constituida conjuntamente con Estévez e Iturriaga, por escritura n1 96 y, por ende, que los
boletos del 14 de enero son también simulados (ver considerando 10).
En efecto, cabe recordar que el actor declara en relación a la cantera y los boletos de
compraventa de los lotes de Merlo que "en realidad el pago no fue en efectivo sino que se hacía
en especie" (fs. 1 vta. de la causa penal 27.418). Una primera contradicción se observa allí,
pues en los boletos acompañados se dejó constancia de que el actor recibió de Estévez e
Iturriaga la suma de 84.000 australes por la venta y cesión de derechos y acciones del 95% de
la cantera "Indio Martín" (cláusula segunda, fs. 11 Cque obra entre las fs. 34 y 36C de la causa
27.418) y abonó el mismo precio por los lotes de Merlo (ver considerando 11).
Del mismo modo, resulta llamativa la declaración de Pardo de que "la transferencia por la
propiedad minera no se hacía por 80.000 australes sino por 80.000 dólares estadounidenses,
pero como se trataba de una permuta, el error del precio en el boleto original no le interesó"
(conf. expediente penal 27.418, fs. 1 vta.). Esta afirmación, más allá del "error de la moneda y
los montos", no coincide tampoco con la carta documento que remitió en marzo de 1989 al
director de minería de la Provincia de La Rioja, en la que aseveró no haber recibido de Estévez,
Iturriaga y Sierra el precio por la transferencia de la cantera "Indio Martín", por lo que su
esposa negaba el asentimiento del art. 1277 del Código Civil( fs. 55).
Por otra parte, esta contradicción se acentúa en la absolución de fs. 309, en la que niega ser el
único titular del permiso de explotación de la cantera de granito (pos. 14a.) y también niega
conocer que la Dirección General de Minas no aceptó la transferencia de aquélla (pos. 13a.).
Se olvida Pardo de que en la contestación de oficio del 16 de agosto de 1989, que obra en el
expediente penal iniciado por el actor 27.418, el escribano de la Dirección General de Minas,
Luis H. Parco, informó que el actor seguía siendo el titular de la cantera y que el contrato del
14 de enero realizado con Estévez e Iturriaga no se inscribió en razón de "tener el presente
yacimiento mensura aprobada, por lo cual dicha transferencia debe efectuarse por escritura
pública". La misma respuesta es reiterada en 1990 por el director general, Juan Carlos
Passarello (causa penal 27.418, fs. 48 vta.).
15) Que en el mismo orden de consideraciones, con relación a los lotes de Merlo, es sugestivo
que el actor no efectuara antes de suscribir los boletos de compraventa el estudio de títulos que
exige la jurisprudencia del Tribunal ni solicitara los certificados correspondientes,
especialmente el de dominio, máxime cuando iba abonar el precio total de compra en el boleto
y adquirir la posesión, o bien iba a permutarlo por la cantera. En efecto, solamente con
posterioridad a la firma de los boletos el actor tomó conocimiento de que Estévez e Iturriaga no
eran los titulares de dominio del inmueble y que tenía deudas superiores a su valor (fs. 2 del
expediente penal 27.418).
Apéndice de fallos
Página 176
No obstante ello, es curioso que las partes recurrieran al escribano Jorge E. Soldano Deheza
para certificar el 14 de enero de 1988 las firmas de los boletos de Merlo y de la cantera "Indio
Martín" (causa 27.418, fs. 3/6 y 8/12).
16) Que en este orden de ideas, el actor faltó a la verdad al negar en la absolución de fs. 309
vta. (pos. 12a) que conociera que "a comienzos de 1988, que los señores Estévez e Iturriaga
intervenían en operaciones comerciales adjudicándose el carácter de propietarios sin serlo".
Este Tribunal no puede dejar de advertir que el propio actor declaró que una vez firmados los
documentos del 14 de enero de 1988 concurrió varias veces a las oficinas de Estévez e
Iturriaga y notó que otras personas hacían reclamos similares, tales como Juan Argilla, que
exigía la
restitución de sumas de dinero; Nicolás Rospide y Emilio Almería, quienes también
formulaban reclamos y decían haber sido estafados (ver considerando 10 y causa 27.418, fs.
2/2 vta.).
Este relato prueba, sin lugar a dudas, que Pardo conocía los riesgos que asumía si realizaba una
nueva operación inmobiliaria con Estévez e Iturriaga.
17) Que, sin perjuicio de ello, inmediatamente el 24 de marzo de 1988C el actor firmó la
escritura n1 58 por el lote siete de Florencio Varela con los mismos "intermediarios" y en lugar
de extremar las medidas que los antecedentes del caso exigían para cerciorarse sobre el
dominio del inmueble que se transmitiría, confió una vez más en Estévez e Iturriaga.
En esa oportunidad tampoco tomó ningún recaudo ni se comportó con la previsión necesaria
para preservar su derecho, por ejemplo, no constató la titularidad del dominio
del inmueble (fs. 309, pos. 1a y 339 vta., pos. 11a), ni se cercioró sobre el supuesto Eduardo
Villa Abrille, al que conoció Csegún su declaraciónC en el acto de la escritura (fs. 6 vta. y 309
pos. 1a y 18a); ni solicitó a Estévez e Iturriaga el poder para representarlo (fs. 309, pos. 2a);
omitió conocer a la acreedora hipotecaria María del Carmen Regidor (fs. 6 vta.); ni exigió
tampoco a Estévez e Iturriaga si tenían facultades para representar a Regidor y cancelar la
hipoteca en nombre de ella (fs. 153 del expediente penal 136.761). Por otra parte, esta conducta
no condice con la circunstancia de que la actividad comercial habitual de Pardo era desde hace
años la compra y venta inmobiliaria (conf. causa R.17.XXIII. "Regidor, María del Carmen c/
Buenos Aires, Provincia de s/ daños y perjuicios", fs. 623) y, por tal razón, mayor era el deber
de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas.
18) Que, por lo demás, también hay afirmaciones contrarias en relación a las escrituras
firmadas el 24 de marzo de 1988. Así, el actor dijo que la escritura de compraventa la
solicitaron los vendedores (fs. 6), mientras que el escribano declaró que la requirió Pardo, ya
que "siendo comprador de contado le correspondía la designación del escribano". Agrega que
supone fue recomendado por Truchero Onis y Reisinger (fs. 338/338 vta.).
Respecto a la edad del supuesto Eduardo Villa Abrille, en la escritura se indicó que el vendedor
nació el 20 de agosto de 1902, lo que significa que tenía ochenta y seis años cuando la
suscribió. En este mismo sentido, Saubidet reiteró a fs. 339 que el vendedor tendría
aproximadamente "ochenta y pico de años" y que acreditó su identidad con "la libreta de
Apéndice de fallos
Página 177
enrolamiento antigua..." "...de color marrón". No obstante ello, el actor señaló que la persona
que compareció a escriturar tendría unos cincuenta y cinco años y "no tenía aspecto de viejita"
(ver fs. 111 vta./112 de la causa 136.761). Asimismo cabe destacar, en relación al estudio de
títulos, que Saubidet dijo no recordar si lo efectuó, pero que al tener el titular de dominio una
antiguedad de más de veinte años, lo tornaba irrelevante" (fs. 339). Por otra parte, a fs. 24 vta.
del expediente penal 27.418 el escribano señaló que el "estudio de títulos...fue realizado con
habitual prolijidad, estudiando los antecedentes del dominio de veinte años a esta parte..." y
que "...no surgió anomalía alguna". Esta versión tampoco coincide con la de Reisenger, que
expresó que el notario "omitió realizar el correspondiente estudio de títulos, así como tomar los
mínimos recaudos para comprobar la identidad del vendedor" (fs. 18 vta. de la causa antes
referida).
También el actor manifestó en la escritura pública que estaba "en posesión real y efectiva del
inmueble" (fs. 33), mientras que en la demanda señaló que sólo tuvo contacto con el presunto
Eduardo Villa Abrille cuando firmó la escritura y fue por "escasos minutos" (fs. 6 vta.).
En este mismo sentido, también se dejó constancia de que el actor realizaba la compra "para y
con dinero de 'H. R. Pardo y Compañía', Sociedad de Responsabilidad Limitada (en
formación), la que oportunamente aceptará esta gestión" (fs. 33). Sin perjuicio de ello, la
Inspección General de Justicia contestó Cen 1995C que "la sociedad no figuraba en sus
archivos" (fs. 345).
Tampoco queda claro si el actor abonó el precio de venta por el lote siete de Florencio Varela.
En este sentido, en la absolución de fs. 309 (pos. 7a.) afirmó que "para pagar esa tierra tuvo
que obtener dinero de varias maneras, incluso hipotecando su casa", relato que difiere del
expuesto en los considerandos 10, 11 y 12.
Asimismo, Pardo admitió que conoció a Estévez e Iturriaga dos años antes de la operación (fs.
309, pos. 16a. y respuesta tercera de las preguntas recíprocas) y, por su parte, Reisinger declaró
que "a Pardo lo conoce a través de Estévez, quien lo presenta como socio, celebrando con él la
operación de los lotes de Florencio Varela" (expediente penal 27.418, fs. 18 vta.).
Con relación a la escritura n1 60, cabe señalar que el actor apareció como deudor hipotecario
de María del Carmen Regidor y que este Tribunal, en la causa R.17.XXIII. "Regidor, María del
Carmen c/ Buenos Aires, Provincia de s/ daños y perjuicios" antes citada, rechazó la demanda
interpuesta por la actora por falta de legitimación.
Por otra parte, Pardo, contrario a la escritura, declaró en la absolución de fs. 309 vta. (pos. 10a)
que "el dinero nunca pasó por sus manos. Que los señores Estévez e Iturriaga organizaron el
préstamo y el dinero pasó directamente del prestatario [a éstos últimos]".
No obstante ello, el 18 de abril el actor suscribió una carta de pago con Estévez e Iturriaga
Crepresentantes de RegidorC y canceló la deuda de la hipoteca (ver considerando 11). A su
vez, el 24 de octubre, María del Carmen Regidor le otorgó un poder a Reisinger para que
firmara la escritura de cancelación de hipoteca en favor de Pardo (ver copia del poder que obra
a fs. 63/64 del expediente penal 136.761).
Apéndice de fallos
Página 178
19) Que, en síntesis, todo revela una compleja trama en la que se presentan hechos anteriores al
24 de marzo de 1988, tales como los boletos de compraventa por los lotes de Merlo y los
acuerdos de la cantera "Indio Martín"
suscriptos con Estévez e Iturriaga del 14 de enero de 1988 y la simulación de una sociedad
anónima con éstos del 3 de marzo del mismo año, los que no podían escapar al conocimiento
del actor sino como consecuencia de una grave negligencia en la preservación de sus intereses,
confirmada por otros episodios producidos con posterioridad. En efecto, la carta de pago por la
deuda hipotecaria en favor de Estévez e Iturriaga Cactuando en nombre de RegidorC del 18 de
abril, el recibo por impuestos y mandato de pago de la misma fecha, el contrato para que
Estévez e Iturriaga subdividieran el lote siete del actor, y los boletos de compraventa del 20 de
abril de ese año con Sierra, Estévez e Iturriaga (representando en uno de ellos a Cuyaire) en
favor del hermano del actor y sus hijos, más allá de su dudosa legitimidad, no hacen más que
acreditar la relación existente entre las partes involucradas.
A mayor abundamiento, cabe recordar que la denuncia de estafa iniciada por el actor contra
Estévez e Iturriaga a raíz de las maniobras que les imputaba en la venta del lote siete, fue
desistida por considerar que no fue intención de los imputados de cometer el delito de estafa en
su perjuicio (fs. 109/110, 115/116 del expediente penal 27.418).
20) Que las circunstancias expuestas en los considerandos anteriores, demuestran que existen
elementos de juicio que permiten concluir que Pardo tuvo conocimiento del hecho dañoso el 24
de marzo de 1988, cuando firmó las escrituras de compraventa nº 58 y de hipoteca n1 60.
Consecuentemente, a la fecha de promoción de la demanda 19 de diciembre de 1990 había
vencido el plazo bienal del art. 4037 del Código Civil. Por tanto, corresponde hacer lugar a la
defensa opuesta por la Provincia de Buenos Aires.
21) Que los antecedentes relatados hacen necesaria la investigación a fin de determinar la
existencia de eventuales maniobras fraudulentas que puedan haber perjudicado, entre otros, a la
Provincia de Buenos Aires, por lo que corresponde ponerlos en conocimiento de la justicia
competente.
Por ello, se resuelve:
I. Declarar procedente la defensa de prescripción y, en consecuencia, rechazar la demanda
seguida por Horacio Roberto Pardo contra la Provincia de Buenos Aires. Con costas
(art. 68 del Código Procesal, Civil y Comercial de la Nación).
II. Extraer fotocopias certificadas de esta sentencia a los fines indicados en el
considerando 21 y, con el oficio pertinente, remitirlas a la oficina de sorteos -de la
Excelentísima Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional.
Notifíquese, devuélvanse los expedientes acompañados y, oportunamente,
archívese.
Enrique Santiago Petracchi - Carlos S. Fayt - Antonio Boggiano - Juan Carlos Maqueda Ricardo Luis Lorenzetti.
Apéndice de fallos
Página 179
39.
Cám.Nac.Civ. y Com.Federal, sala II - octubre 23-2001 – “Río
Paraná S.A. c. Transportes Automotores La Estrella S.A.” – Lexis
Nº 70005913 - E.D. To. 198 pág. 157 - RCyS To. 2002 pág. 460
2ª INSTANCIA.- Buenos Aires, octubre 23 de 2001.
El Dr. Vocos Conesa dijo:
1.- Antes de la desregulación del transporte terrestre automotor de pasajeros (mayo de 1991), la
empresa de autotransporte Río Paraná S.A. -autorizada por resolución Stop 438/89, del
28/6/1989- a prestar el servicio entre Tandil y Buenos Aires -a razón de una frecuencia diariapasando por Ayacucho, Solanet, Udaquiola, Real Audiencia, General Belgrano y Brandsen por
las rutas nacionales 226 y 210 y las provinciales 29 y 74, partía todos los días hacia la ciudad
bonaerense a las 20.20, donde arribaba a la 01.30.
Por su parte, la empresa Automotores La Estrella S.A. -que contaba también con la pertinente
autorización- disponía de 7 frecuencias por día para dirigirse hacia Tandil y desde allí a Buenos
Aires (conf. fs. 151/157), debiendo emplear los trayectos de las rutas nacionales 3 y 226 y la
provincial 30 (fs. 148/164).
Como la cantidad de pasajeros había mermado, La Estrella S.A. suprimió -por su cuenta- dos
frecuencias; empero, el 1/5/1991 reanudó una de ellas, pese a no contar con la correspondiente
autorización, con el agravante de que varió su horario de salida de Buenos Aires (17.45) por el
de las 20.20, redujo la tarifa a un precio promocional y anunció en las ventanillas de la terminal
de ómnibus un "nuevo servicio -Tandil directo- sale 20.20. Llega 01.00. No entra en Liniers".
Nada de esto se hallaba debidamente autorizado por la autoridad de aplicación.
Estimando que esa conducta le causaba un serio perjuicio, Río Paraná S.A. formuló la debida
denuncia de aquellas irregularidades, lo que motivó la instrucción del sumario administrativo
1245/91 (ver original en el sobre de documentación reservada o fotocopia en el amparo 6479,
promovido por la referida empresa ante el Juzg. Fed. de Azul (también en el paquete
reservado). En dichas actuaciones administrativas, por disposición 119/92, del 27/7/1992, se
aplicó a La Estrella S.A. unas 10 multas ($ 11.250 y $ 1.250) por el no acatamiento de las
normas entonces vigentes (conf. fs. 133); sanciones que, al ser desestimado el recurso de
reconsideración de la empresa, quedaron firmes por resolución 986/94, fs. 152/153.
2.- Al margen de la denuncia administrativa del 16/5/1991 y del recurso de amparo del
19/2/1992, la autotransportista Río Paraná -sin esperar el resultado de esas actuaciones- inició
juicio de indemnización de daños y perjuicios contra T. A. La Estrella S.A. al solo efecto de
interrumpir la prescripción el 10/5/1993 (ver exp. en paquete de doc. reservada), actuaciones
que no impulsó pero en las que no se decretó la caducidad de la instancia.
3.- El 1/10/1993, aun no concluidos el sumario administrativo ni la demanda de amparo, Río
Paraná S.A. promovió la demanda de autos contra Automotores La Estrella S.A. por
indemnización de daños y perjuicios -calculados en $ 20.000 a fs. 22 y v.; acoto que ni en ese
escrito ni en el inicial de fs. 7/10 se reclamaron los intereses-, consistentes en el lucro cesante
que le habría provocado la frecuencia ilegítima de transporte Tandil-Buenos Aires puesta por la
emplazada diariamente a las 20.20, con el espurio propósito de aprovechar las consecuencias
Apéndice de fallos
Página 180
disvaliosas que para Río Paraná tuvo el accidente de una de sus unidades el 25/4/1991, que
costó la vida a 13 personas y que causó numerosos heridos (conf. notas periodísticas, fs. 67 bis
y 77/79). La malicia del servicio quedaba evidenciada por la coincidencia de horario con la
única frecuencia de que gozaba Río Paraná S.A., resultando una maniobra ilegítima por carecer
de la debida autorización administrativa, entonces indispensable.
A esa pretensión se opuso la accionada Automotores La Estrella, quien formuló una cerrada
negativa de los hechos y planteó la excepción de prescripción, puesto que la frecuencia de
transporte objetada se remontaba al 1/5/1991 y la acción resarcitoria iniciada en los tribunales
de Azul databa del 10/5/1993, esto es, excedido el plazo de 2 años que prevé el art. 4073
C.Civ. (conf. fs. 44/48 vta.).
4.- El Juez, en el fallo de fs. 400/402 consideró que el inicio del plazo de prescripción debía
contarse desde el momento en que el hecho generador del daño se puso de manifiesto o en
conocimiento del damnificado: 1/5/1991. Y como la demanda antes mencionada fue
promovida sólo el 10/5/1993, la acción se hallaba perjudicada por la prescripción. Rechazó así
la demanda, con costas a la actora.
Apeló la vencida a fs. 404 y expresó agravios a fs. 414/418, los que no fueron contestados.
Media, además, un recurso que se vincula con los honorarios (fs. 404), el que será examinado
por la sala en conjunto a la finalización del presente acuerdo.
5.- La actora recurrente dedica las cuatro primeras carillas a afirmar un principio que nadie
discute: el instituto de la prescripción es de interpretación restrictiva. Principio que,
naturalmente, juega en aquellos supuestos que se prestan a una duda reflexiva en cuanto a su
solución, pero no quita ni pone cuando la situación es clara en los hechos y su aspecto jurídico.
Con esta breve acotación, no tengo discrepancias en cuanto a los desarrollos efectuados por el
apelante en la primera parte de su memorial de agravios.
Antes de seguir adelante, me importa puntualizar que ni la denuncia administrativa ni el
recurso de amparo dirigido contra la eventual omisión de la Dirección Nacional de Transporte
Automotor -actuaciones que no son, en absoluto, indispensables para formular la demanda por
daños y perjuicios (y así lo entendió la propia actora al iniciar el juicio en el departamento de
Azul y luego en nuestro fuero)- tienen la menor incidencia sobre el curso del plazo
prescriptivo: a) la denuncia, en tanto perseguía una sanción administrativa contra la restante
empresa y la orden de abstenerse de continuar la infracción, resultando evidente que la
resolución administrativa que recayese habría de carecer de efectos vinculantes para los jueces,
desprovista de todo efecto a los fines de la determinación de un eventual reclamo resarcitorio;
y b) la demanda de amparo, desde que ella estaba dirigida contra una Dirección Administrativa
con el objeto de obligarla a pronunciarse sobre un tema.
Distinta es la solución que cuadra respecto de la demanda resarcitoria puesta contra T.A. La
Estrella S.A., por indemnización de daños y perjuicios -al solo efecto de interrumpir la
prescripción puesto que, aunque las actuaciones no fueron impulsadas, tampoco recayó en ellas
resolución decretando la caducidad de la instancia. Dicha demanda, por lo tanto, posee el
efecto interruptivo que le es propio (art. 3986 del C.Civ.).
Apéndice de fallos
Página 181
En principio, y sólo como principio, el plazo de la prescripción comienza a correr desde el
momento de producido el daño o desde que la víctima toma conocimiento de él. Y cuando la
realización de los daños son el resultado de un proceso de duración prolongada o indefinida, el
curso de la prescripción se inicia cuando el daño sea cierto y su futuro susceptible de
apreciación (conf. Fallos: 320:1081 ; 322:3101 ; ED 67-20; ED 59-377; ED 103-106, etc.).
Mas, como la realidad está llena de matices, una solución apropiada exige distinguir aquellos
casos en que el daño es cometido diariamente o periódicamente, por distintos ilícitos aun
cuando éstos sean de la misma naturaleza. Así, para poner un ejemplo grosero, el daño causado
por un golpe ilícito en la cara prescribe a los dos años, pero si a la semana el mismo victimario
golpea nuevamente a la víctima en su rostro, este segundo traumatismo tiene un plazo de
prescripción independiente del primero, y si a esos golpes le siguen otros, día tras día, semana
tras semana, cada uno tendrá su propio plazo de prescripción si el golpeador energúmeno no es
puesto antes entre rejas.
En el caso, se sostiene que Automotores La Estrella ejecuta un hecho ilícito (aunque similar)
todos los días: el viaje no autorizado a Tandil a las 20.20; viaje que le restaría ilegítimamente
clientela a la actora. Al día siguiente repite la operación (y es otro daño). Al otro día ocurre lo
propio (y es un tercer daño). Y así sucesivamente.
Cabe preguntarse entonces:
¿La acción resarcitoria prescribe, cualesquiera sea el número de ilícitos, tomando como punto
de partida la fecha del primero? ¿o cada ilícito tiene su propio hito inicial del cómputo de la
prescripción?
Naturalmente me inclino por la segunda solución, tanto más meritando que el instituto de que
se trata es de interpretación restrictiva, y que, en caso de duda, debe preferirse la solución que
mantenga vivo el derecho. Es que no hay, en el supuesto que planteo, un hecho ilícito y un
daño prolongado, sino distintos hechos ilícitos y también distintos daños (prolongados o no, no
interesa).
En consecuencia, toda vez que el régimen del transporte automotor de transporte terrestre fue
desregulado en mayo de 1992, es a partir de esa época que corresponde en el sub examen
tomar en cuenta los daños que no estuviesen prescriptos.
De allí que, en mi criterio, habiendo sido la prescripción interrumpida con la demanda del
10/5/1993, sólo estarían bajo el amparo del art. 4037 C.Civ. los actos anteriores al 10/5/1991.
Determinado así el alcance con que cabe hacer jugar la prescripción en la especie, débese
entrar ahora al fondo de la cuestión; la resarcibilidad del lucro cesante reclamado.
6. En supuestos de responsabilidad extracontractual constituyen presupuestos de la
responsabilidad civil: a) la existencia de un hecho en infracción a la ley; b) imputabilidad del
hecho obrado a su autor; c) daño sufrido por el acreedor; y d) relación de causalidad entre el
hecho obrado por la persona a la que se pretende responsabilizar y el daño por quien se
considera acreedor a la indemnización (conf. J. J. Llambías, "Tratado de Derecho Civil,
Obligaciones", ed. 1958, t. I, n. 98 y 281; G. Borda, "Tratado de Derecho Civil Argentino,
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Obligaciones ", 4ª ed., t. II, n. 1313; J. Bustamante Alsina, "Teoría General de la
Responsabilidad Civil ", 5ª ed., n. 580, etc.).
A lo que es pertinente agregar que reposa en cabeza de quien pretende ser resarcido la carga de
probar la existencia del daño -que no se presume- y su relación causal con la conducta
atribuida al reclamado (arg. art. 377 , CPCCN.; esta sala, causas: 5547 del 27/12/1998;
21666/96 del 13/6/1997; 2356/92 del 29/10/1998 y sus citas, entre muchas otras; J.J. Llambías,
op. cit., t. III, p. 716; G. Borda, op. cit., t. I, n. 169 ; A. A. Alterini-O. Ameal y R. López
Cabana, "Derecho de las Obligaciones Civiles y Comerciales", n. 60; J. Bustamante Alsina, op.
cit., n. 605, etc.).
Trasladados estos principios al conflicto en examen, vemos que ni la actora demostró que el
daño que denuncia sea directamente atribuible a la contraparte -desde que puede reconocer
múltiples otras causas- ni que La Estrella S.A., con la frecuencia agregada a la hora 20.20 de
Buenos Aires haya obtenido ganancias fuera de las acostumbradas en detrimento de Río Paraná
S.A.
Es menester tener en cuenta, por un lado, que resulta de las constancias de la causa que ambas
empresas realizan sus viajes por rutas distintas y atraviesan pueblos y ciudades diversas, de
manera que en gran medida sus pasajeros no necesariamente han de coincidir en orden al
objeto de su traslado. Por otro lado, resulta sumamente difícil toda comparación racional si se
pondera que La Estrella se maneja con muchas más frecuencias diarias que Río Paraná, esto es,
pone al alcance del pasaje mayor número de horarios y de medios de transporte y llega a
localidades que están fuera del radio del trayecto de Río Paraná S.A.. Pero lo que resulta más
importante, en orden al tema del reclamo del lucro cesante, es que Río Paraná S.A. -que bajó el
precio de los pasajes sin haber proporcionado razones objetivas suficientes- en abril de 1991
transportó -entre ida y vuelta- 1942 pasajeros; en mayo de 1991, 765 y 674 (total 1692;
recuérdese que el mes anterior fue el accidente del automotor de la empresa que costó 10 vidas
y muchos heridos) y que en julio de 1991, transportó 2198 pasajeros (y guarismos similares los
meses de agosto 91 a mayo 92 -conf. peritación contable, fs. 180) y que, antes de que La
Estrella S.A. habilitara la frecuencia que objeta -desde julio 90 hasta abril 91- el número de
personas transportadas mantiene una notable estabilidad en el orden de las 2000 por mes
(prácticamente sin variaciones significativas respecto del lapso posterior a la frecuencia de
transporte controvertida; conf. fs. 179 vta. y 180).
Por el número de pasajeros, entonces, la actora no experimentó daño alguno ni ganancia
frustrada. Y si obtuvo un lucro menor ello obedeció a su conducta discrecional -no explicada
con bases técnicas en autos- que justificaran la baja del pasaje de $ 14,00 a $ 11,23. Pudo ello
obedecer a la necesidad de competir pero también a causas diferentes. Nada puede decirse, con
certeza con los elementos obrantes en la causa, la que, a lo sumo permite tejer conjeturas
desprovistas de todo valor jurídico.
En esas condiciones, cabe sostener que la actora no cumplió con la carga probatoria que le
incumbía como imperativo de su propio interés (art. 377 , del CPCCN.).
Por ello, voto porque se mantenga el rechazo de la demanda, con costas a la recurrente vencida
(art. 68 , párr. 1, del CPCCN.).
Apéndice de fallos
Página 183
La Dra. Mariani de Vidal, por razones análogas a las aducidas por el Dr. Vocos Conesa,
adhiere a las conclusiones de su voto.
Buenos Aires, octubre 23 de 2001.- Considerando: Por lo que resulta del acuerdo que antecede,
se confirma la sentencia apelada, con costas a la recurrente vencida (art. 68 , párr. 1, del
CPCCN.).
Teniendo en cuenta la naturaleza del asunto, el monto reclamado ($ 20.000; adviértase que no
se demandó intereses), y la extensión, calidad e importancia de los trabajos desarrollados,
redúcese los honorarios de los Dres. José L. Diez y Carlos A. Beru a las sumas de $ ... y $ ...,
respectivamente; asimismo, se reducen los correspondientes a los Dres. Eduardo R. Magnaghi
y Ricardo Mauhourat a las de $ ... y $ ..., en ese orden (arts. 6 , 7 , 9 , 10 , 19 , 37 y 38 de la
ley 21839, modificada por la 24432 ).
En atención al carácter de las cuestiones sobre las que debió expedirse el perito contador
Marcelo P. Zuliani, así como a la entidad y amplitud de su dictamen, confírmase los honorarios
regulados en su favor, desde que sólo fueron apelados por altos (art. 3 del decreto-ley
16638/57).
Por alzada, ponderando el resultado del recurso y su monto, fíjase los honorarios del Dr.
Eduardo R. Magnaghi en la cantidad de $ ... (art. 14 del arancel vigente).
Déjase constancia de que la tercera vocalía de la sala se encuentra vacante (art. 109 del RJN.).
Regístrese, notifíquese y devuélvase.- Eduardo Vocos Conesa.- Marina Mariani de Vidal
40.
C.Nac. Cont.-adm.Federal, sala III – febrero 09-1996 – “T., D.
c. Estado nacional y ot.” L.L. To. 1996-C pág. 439, con nota de
Agustín – D.J. To. 1996-2 pág. 156
41. C.S.N. - mayo 28-1985 – “Harriet, S. A. Juan A. y otros c. Provincia
de Córdoba y otras” - L.L.Córd. To. 1986 pág. 514 - Fallos 307: 771 –
E.D. To. 115 pág. 167 – J.A. To. 1985-IV pág. 468
El curso del plazo de prescripción comienza cuando sea cierto y susceptible de apreciación el
daño futuro.
Corresponde hacer lugar a la excepción de prescripción opuesta por la Provincia de Córdoba y
fundada en el plazo fijado en el art. 4037 del Código Civil aplicable supletoriamente en el
ámbito del derecho administrativo cuando está en juego la responsabilidad extracontractual de
la Administración, si el perjuicio resulta de las inundaciones producidas en un tiempo que ha
quedado determinado en la demanda. No altera esa conclusión la circunstancia de que la
extensión de la inundación se haya modificado en los años siguientes, pues el hecho de que el
daño no haya quedado determinado en forma definitiva por la eventualidad de que resulte
agravado por la derivación de un proceso ya conocido, no es óbice para el curso de la
Apéndice de fallos
Página 184
prescripción, ya que esa agravación no implica la existencia de una nueva causa generadora de
responsabilidad ni da lugar a una nueva acción que pudiera prescribir a partir de entonces.
Después de la reforma de la ley 17.711, el art. 4037 del Código Civil abarca todos los
supuestos referidos a la responsabilidad extracontractual de la Administración, sin que sea
válido diferenciar según se trate de la actividad licita o ilícito del Estado.
42.
C.S.N. – julio 15-1997 – “Constructora Barcalá S.A. c. Banco
Central” – L.L. To. 1997-F pág. 344 – D.J. To. 1998-1 pág. 407
SUMARIOS:
1. -- En materia de responsabilidad extracontractual del Estado en el ámbito del derecho
público --en el caso, por ejercicio irregular de las funciones propias del poder de policía
financiero desempeñado por el Banco Central de la República Argentina--, el plazo
para interponer la acción de daños y perjuicios fundada en el accionar irregular de sus
funcionarios públicos es de dos años, conforme al art. 4037 del Cód. Civil, aplicable
supletoriamente en el campo del derecho administrativo.
2. -- El punto de partida del curso de la prescripción se ubica en el momento a partir del
cual la responsabilidad existe y ha nacido la consiguiente acción para hacerla valer, lo
cual acontece, como regla general, cuando sucede el hecho ilícito que origina la
responsabilidad. Sin embargo, si el daño aparece después, la acción resarcitoria no nace
hasta ese segundo momento, pues no hay resarcimiento si el daño es inexistente.
3. -- Si la causa generadora de la responsabilidad civil es una conducta ilícita repetida en
el tiempo, de modo que los daños no derivan de una conducta única, se entiende que
todo ese tiempo se mantuvo vigente la obligación civil de responder. En el caso, se trata
de la ocupación de un inmueble por el Banco Central, encargado de la intervención y
posterior liquidación de una entidad financiera a pesar de la obligación de restituirlo
tras la resolución contractual. En ese supuesto, la pasividad del acreedor sólo produjo la
extinción de la acción respectiva día por día.
4. -- Frente a la ocupación ilegítima de un inmueble, no procede computar el plazo de
prescripción bienal de la acción de daños y perjuicios dirigida contra el Estado a partir
Apéndice de fallos
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de la resolución contractual que obligó a restituirlo, como si en esa ocasión se hubiera
consumado un hecho ilícito único, pues, de lo contrario, la acción del titular para
reclamar los daños derivados de la ocupación indebida se transformaría, transcurridos
esos dos años, en una obligación natural, conclusión absurda dado el mantenimiento de
la conducta que origina la obligación civil de resarcir. Asimismo, no se trata de un
perjuicio que está en proceso de evolución con independencia de la conducta indebida,
sino que ésta se repitió y provocó el daño de manera ininterrumpida.
5. -- No corresponde computar el curso de la prescripción a partir del "cese de la ilicitud"
--momento en el que el inmueble ocupado indebidamente queda a disposición del
adquiriente por subasta pública-- pues la acción de responsabilidad por dicha ocupación
quedó expedita mucho antes y el daño al inmueble --menor valor de venta por falta de
mantenimiento durante el período de ocupación--, ponderable una vez producida la
restitución--, se reclamó como rubro independiente.
6. -- La responsabilidad frente a los contratistas nace por los incumplimientos derivados
de la paralización de la obra y de la resolución contractual momento en el que fue
apreciable el daño y nació el derecho a obtener del responsable la reparación debida,
razón por la cual procede fijar el comienzo de la prescripción en las fechas de las
notificaciones de los traslados de las demandas de los juicios respectivos, fechas en que
queda habilitada la acción contra el responsable.
TEXTO COMPLETO:
Buenos Aires, julio 15 de 1997.
Considerando: 1. Que la sala C de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial dictó
un pronunciamiento único en los autos "Banco de los Andes S.A. (en liquidación) contra
Constructora Barcalá S.A." y "Constructora Barcalá S.A. c. Banco Central de la República
Argentina". Contra esa sentencia, Constructora Barcalá S.A. interpuso el recurso ordinario de
apelación, que fue concedido (fs. 968 del expediente 44.747 y 864 del expediente 44.744).
2. Que el recurso es formalmente admisible toda vez que se trata de una sentencia definitiva
recaída en una causa en que la Nación es parte y el valor disputado, actualizado a la fecha de la
interposición del recurso, supera el mínimo fijado por el art. 24, inc. 6º, apart. a), del dec.-ley
1285/58, sus modificaciones y res. 1360/91 de esta Corte.
Apéndice de fallos
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3. Que la Cámara confirmó en lo sustancial la sentencia dictada en la primera instancia que
había hecho lugar parcialmente a la demanda dirigida por el Banco de los Andes (en
liquidación) contra Constructora Barcalá S.A. por reintegro de las sumas de dinero abonadas en
concepto de precio en el contrato que unió a las partes y que fue resuelto; asimismo, confirmó
la admisión parcial de la compensación legal que la empresa constructora opuso como defensa.
Esta decisión de las cuestiones planteadas por el expediente 44.744 fue consentida por la
recurrente, que no expresó agravios al respecto en su apelación ordinaria ante este Tribunal.
Por otra parte, en la causa promovida por Constructora Barcalá S.A. contra el Banco Central de
la República Argentina --expediente 44.747-- por indemnización de los daños y perjuicios que
habría ocasionado el demandado por su actuación como interventor primero y, más tarde, como
liquidador y síndico de la quiebra del Banco de los Andes, la cámara confirmó la decisión de la
instancia anterior que, al admitir la defensa de prescripción, había rechazado la demanda.
Los agravios que sustentan la apelación ordinaria en esta instancia (fs. 973/986 del expediente
44.747), se orientan exclusivamente a cuestionar el acogimiento por el a quo de la defensa de
prescripción opuesta por el Banco Central y a reclamar la procedencia del resarcimiento
solicitado.
4. Que el recurrente se alza contra la interpretación que han hecho los jueces de la causa
favorable a dar por perdido su derecho a reclamar reparación por los daños sufridos. Sus
críticas pueden resumirse así: a) impugnación de la norma jurídica que establece el plazo de
prescripción de acuerdo a la naturaleza de la acción; al respecto, aduce que la responsabilidad
del estado en el sub lite no puede ser considerada extracontractual, sino que corresponde
aplicar la prescripción decenal propia de los reclamos en el campo del derecho público; b)
impugnación del dies a quo establecido en la sentencia de primera instancia --y confirmado en
la alzada-- para el cómputo del plazo de prescripción respecto de los diversos reclamos de
indemnización. En este orden de ideas cuestiona lo decidido en cuanto a los rubros: retención
indebida del inmueble y lucro cesante; pérdida del impuesto al valor agregado abonado durante
la construcción y de los acopios; perjuicios derivados de los juicios promovidos y ganados por
empresas contratistas; diferencia entre el valor real del edificio y el obtenido en subasta pública
y por el menor valor debido a la falta de terminación y por daños.
5. Que la prescripción liberatoria no puede separarse de la causa de la obligación jurídicamente
demandable (Fallos: 308: 1101). En autos, Constructora Barcalá S.A. demandó por
responsabilidad del estado por ejercicio de las funciones propias del poder de policía
financiero, desempeñado por el Banco Central de la República Argentina de manera
"irresponsable, negligente y contraria a todo orden jurídico", que le habría causado gravísimos
daños. Se halla en juego la responsabilidad extracontractual del estado en el ámbito del derecho
público, por irregular ejercicio de sus tareas por los funcionarios públicos (art. 53, ley 22.529),
y el término para interponer la acción es de dos años conforme al art. 4037 del Cód. Civil,
aplicable supletoriamente en el campo del derecho administrativo, como reiteradamente ha
declarado este Tribunal (Fallos: 304: 721; 307: 821; La Ley, 1986-B, 108, entre otros).
6. Que el punto de partida del curso de la prescripción debe ubicarse en el momento a partir del
cual la responsabilidad existe y ha nacido la consiguiente acción para hacerla valer (conf. art.
3958, Cód. Civil). Como regla general, ello acontece cuando sucede el hecho ilícito que origina
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la responsabilidad; pero, excepcionalmente, si el daño aparece después, la acción resarcitoria
no nace hasta ese segundo momento pues no hay resarcimiento si el daño es inexistente. En el
sub lite todos están contestes en computar de manera independiente el plazo de prescripción
respecto de los distintos reclamos que integran la indemnización, por lo que corresponderá
tratar de este modo los agravios presentados en esta instancia.
7. Que en lo atinente a los daños causados por la ocupación ilegítima del inmueble de Maipú
116 y el lucro cesante, la recurrente sostiene la improcedencia de fijar aquella fecha en el
momento de la resolución contractual sobre la base de que en esa oportunidad los daños
resultaron susceptibles de ser conocidos y apreciados. Aduce que en el plazo de prescripción
sólo comenzó a correr desde que cesó la ilicitud, esto es, desde la subasta pública o, en todo
caso, desde que cada perjuicio se generó, criterio que impondría asimilar el supuesto en
juzgamiento a la prescripción de la acción de daños contra el locatario que retiene el inmueble
después de concluida la locación.
8. Que el título de la obligación de resarcir es la conducta ilícita del presunto responsable, la
cual, en esta causa, no se agotó en un momento determinado sino que se reiteró día a día toda
vez que la situación de ocupación se prolongó en el tiempo. No es aplicable el criterio seguido
en Fallos: 307: 771 (LLC, 1986-514) y en otros precedentes similares, en que los daños que se
reclamaron se derivaban de una conducta única (la construcción de ciertas obras públicas). En
el sub judice la causa generadora de la responsabilidad es una conducta ilícita repetida en el
tiempo, a saber, la ocupación del inmueble por el ente legalmente encargado de la intervención
de la entidad bancaria --y de su posterior liquidación-- a pesar de la obligación de restituirlo
tras la resolución contractual.
Toda vez que existe continuidad en la conducta ilícita, debe concluirse que se mantuvo vigente
la obligación civil de responder; la pasividad del acreedor sólo produjo la extinción de la
acción respectiva día por día.
9. Que la razonabilidad de esta solución se advierte si se considera que, de computarse el plazo
bienal a partir de la fecha de la resolución contractual como si en esa ocasión se hubiera
consumado un hecho ilícito único, la acción del titular para reclamar compulsivamente los
daños derivados de la ocupación indebida habría prescripto el 30 de junio de 1982,
transformándose la obligación en natural a partir de entonces, conclusión absurda habida
cuenta del mantenimiento de la conducta que origina la obligación civil de resarcir. Por lo
demás, en autos no se trata de un perjuicio que esté en proceso de evolución con independencia
de la conducta indebida, sino de ésta que se repitió y provocó el daño de manera
ininterrumpida hasta su cese.
Sobre la base de estas consideraciones, cabe concluir que, al tiempo de promoverse este juicio -30 de marzo de 1988, fs. 252 vta.-- se hallaba prescripta la acción para reclamar resarcimiento
por daños causados por ocupación ilegítima y lucro cesante por períodos anteriores al 30 de
marzo de 1986 y, por tanto, la acción estaba habilitada por el período comprendido entre esa
fecha y aquélla en que se obtuvo la disponibilidad del bien por cese de la ocupación.
10. Que, contrariamente a lo que sostiene la apelante, no corresponde computar el curso de la
prescripción a partir de lo que la actora denomina "cese de la ilicitud" --la puesta del inmueble
Apéndice de fallos
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a disposición del adquiriente por subasta pública-- dado que la acción de responsabilidad por la
ocupación indebida quedó expedita mucho antes y el daño al inmueble --menor valor de venta- por falta de mantenimiento durante el período de ocupación, ponderable una vez producida la
restitución, se reclamó como rubro independiente.
11. Que corresponde tratar el agravio atinente al dies a quo del plazo de prescripción respecto
de los rubros: a) valor de los acopios realizados con miras a la construcción y perdidos como
consecuencia de la resolución contractual, y b) montos que Constructora Barcalá S.A. tuvo que
abonar a contratistas de obra a raíz de los juicios que le promovieron como consecuencia del
cese de la construcción.
Aduce la actora que estos daños fueron ocasionados por la conducta del demandado posterior a
la resolución contractual, y que la configuración del perjuicio debe ubicarse en la ocasión de la
venta del inmueble en subasta pública para el rubro identificado como "a", y en oportunidad
del pago efectuado a los contratistas en los respectivos litigios para el rubro "b".
12. Que la frustración de la inversión realizada en los acopios se produjo como consecuencia
de la resolución contractual, tal como la actora afirmó en su escrito inicial (fs. 234, apart.
III.24.c). Si bien es cierto que los acopios se hubieran podido aprovechar de haber sido posible
la continuación de la construcción, ello no deja de ser una conjetura dependiente de la
diligencia de la acreedora y de su voluntad de no incrementar el perjuicio, pero no es relevante
a los efectos de la existencia misma del daño. Por tanto, es correcta la fijación del dies a quo
del curso de la prescripción al tiempo de la resolución del contrato.
13. Que los reclamos de las empresas contratistas Constructora Oreste Biasutto e Hijos S.A.,
Brignone y Cía. S. A., Ingemac S.R.L. (fs. 234, apart. III.24.b y 238 vta.), fueron consecuencia
de la falta de pago de los certificados de obra por el Banco de los Andes S.A., de la suspensión
de los trabajos y de la resolución contractual. Ciertamente, Constructora Barcalá S.A. pudo
haber abonado extrajudicialmente lo que entendía debido a sus contratistas, si bien tuvo
conocimiento de la exacta magnitud del menoscabo en su patrimonio con el dictado de las
sentencias en los juicios respectivos. En estas circunstancias, la fuente de la responsabilidad de
la actora frente a los contratistas se produjo con los incumplimientos derivados de la
paralización de la obra y de la resolución contractual. En ese momento fue apreciable el daño y
nació su derecho a obtener del responsable la reparación debida. Por ello, no se advierten
razones para modificar --de manera favorable a la pretensión de la recurrente-- lo decidido por
el tribunal a quo, que confirmó la sentencia de primera instancia en cuanto había fijado el
comienzo del curso de la prescripción en las fechas de las notificaciones de los traslados de las
demandas en los respectivos juicios.
14. Que Constructora Barcalá S.A. se agravia también por cuanto entiende que el daño
experimentado por la pérdida de las sumas abonadas en concepto de I.V.A. durante la
construcción, así como también a raíz del menor valor obtenido por la venta del edificio en
subasta pública y debido a la falta de terminación de la construcción y por daños causados al
inmueble por falta de mantenimiento durante la ocupación, no guardan relación alguna con la
resolución contractual y quedaron configurados en ocasión de la subasta. En efecto, en esa
oportunidad la actora perdió la razonable posibilidad de recuperar, en la primera venta del
Apéndice de fallos
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inmueble, el importe que había abonado a proveedores y contratistas durante la construcción de
la obra en concepto de impuesto al valor agregado. En cuanto al dies a quo del curso de la
prescripción respecto del reclamo por diferencia en el valor del bien, no puede ser fijado con
anterioridad al día de conocerse el precio obtenido en la subasta pública puesto que la acción
resarcitoria no nace en tanto el daño sea inexistente. Ello permite concluir que, al tiempo de
promoverse esta demanda, la acción para reclamar resarcimiento por estos conceptos aún no
había prescripto.
15. Que en atención a las conclusiones de los considerandos 9 in fine y 14, respecto de los
reclamos allí contemplados, corresponde rechazar la defensa de prescripción opuesta por el
Banco Central de la República Argentina y entrar al tratamiento de la procedencia sustancial de
la acción resarcitoria.
16. Que en autos se discute la responsabilidad del banco Central … [Omissis]
Por ello, se resuelve: 1. Revocar parcialmente la sentencia apelada y rechazar la defensa de
prescripción opuesta por el Banco Central de la República Argentina con el alcance de los
considerandos 9º in fine y 14 del presente fallo; 2. Rechazar la pretensión de Constructora
Barcalá S.A. de responsabilizar civilmente al Banco Central por los daños reclamados en los
rubros juzgados; 3. Confirmar la sentencia apelada en todo lo demás que decide y que fue
materia de recurso. Las costas de esta instancia se imponen un 20 % a cargo del demandado
Banco Central y un 80 % a cargo de la actora Constructora Barcalá S.A. (art.71, Cód. Procesal
Civil y Comercial de la Nación). -- Eduardo Moliné O'Connor. -- Carlos S. Fayt. -- Guillermo
A. F. López. -- Augusto C. Belluscio. -- Antonio Boggiano. -- Adolfo R. Vázquez.
43.
C.S.N., abril 04-2002 “Suraltex S.R.L. (En liquidación) y otro
c. Administración Fed. de Ingresos Públicos” La Ley Online
HECHOS:
La Cámara, al desestimar los agravios de la actora, confirmó la sentencia de la instancia
anterior que admitió la defensa de prescripción opuesta y, en consecuencia, rechazó la
demanda por los daños y perjuicios derivados de la conducta del Estado Nacional
(Administración Federal de Ingresos Públicos - Dirección General de Aduanas), consistente
en haber suspendido el pago de los reembolsos devengados por exportaciones. Contra ese
pronunciamiento, se interpuso recurso ordinario de apelación, agraviándose los apelantes de
que la defensa de prescripción habría sido opuesta extemporáneamente. La Corte Suprema de
Justicia de la Nación confirmó la sentencia apelada.
SUMARIOS:
1. No corresponde atribuir al trámite de un pedido de concesión del beneficio de litigar sin
gastos incidencia alguna para alterar el curso de la prescripción.
Apéndice de fallos
Página 190
2. El art. 346 del Cód. Procesal contempla y otorga sentido a cada uno de los dos términos
-"al contestar la demanda" y "primera presentación en juicio"- a que se refiere el art.
3962 del Cód. Civil a los fines de oponer la prescripción, razón por la cual no se
advierte que la norma del Código de rito establezca una solución repugnante con lo
prescripto en el ordenamiento civil, sino que fija el modo como ella habrá de ser
aplicada por los tribunales nacionales y federales.
3. Resulta oportuno el planteo de la defensa de prescripción al tiempo de contestar la
demanda, sin que obste a ello que la parte demandada hubiese efectuado presentaciones
anteriores en la causa sin hacer referencia a esa excepción.
4. El punto de partida del plazo de prescripción en caso de responsabilidad
extracontractual -art. 4037, Cód. Civil- debe computarse a partir del momento en que la
demandante tomó conocimiento de los daños que reclama -en el caso, derivados de la
suspensión del pago de reembolsos por exportaciones-, sin que obste para ello la
circunstancia de que los perjuicios pudieren presentar un proceso de duración
prolongada o indefinida, pues el curso del plazo de la prescripción comienza cuando
sea cierto y susceptible de apreciación el daño futuro.
5. Los trámites enderezados a obtener el pago de reembolsos por exportaciones no son
idóneos para interrumpir o suspender el curso de la prescripción, ya que su objeto es
distinto del perseguido en el juicio en el que se reclama indemnización por daños y
perjuicios derivados de la suspensión de dicho pago, y la actora no probó que en dichas
actuaciones hubiera gestionado ante la demandada la reparación de tales daños.
6. El art. 3980 del Cód. Civil requiere para su aplicación la concurrencia de razones
impeditivas que deben ser apreciadas concretamente con relación a la persona que
invoca su ocurrencia y no puede operar ante consideraciones de índole general como la
relativa a que la declaración de quiebra hubiera suspendido el curso de la prescripción,
pues ello no obstaba a que la acción de daños y perjuicios fuese interpuesta por el
síndico.
Apéndice de fallos
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7. Corresponde confirmar la sentencia que hizo lugar a la defensa de prescripción opuesta,
si los daños se produjeron a raíz de la suspensión del pago de reembolsos por
exportaciones y la demanda se inició cuando el plazo del art. 4037 del Cód. Civil se
hallaba cumplido, pues dicho plazo comenzó a correr cuando la actora tomó
conocimiento de dicha situación, y no cuando el organismo aduanero dejó sin efecto la
medida preventiva dispuesta.
8. Debe desestimarse el agravio dirigido contra la sentencia que consideró los intereses
punitorios reclamados por la empresa actora como accesorios de la acción de daños y
perjuicios, declarada extinguida por prescripción, pues si la procedencia de aquéllos se
relaciona -según se invoca- con el pago insuficiente de reembolsos por exportaciones cuya suspensión en determinados períodos motivó la demanda- la actora debió haber
encauzado el reclamo relativo a ellos por las vías de impugnación administrativas y
judiciales previstas por el Código Aduanero.
TEXTO (Parte pertinente):
Buenos Aires, abril 4 de 2002.
Considerando: 1. Que la Cámara Federal de Apelaciones de la ciudad de Bahía Blanca, al
desestimar los agravios de la actora, confirmó en lo sustancial la sentencia de la instancia
anterior que admitió la defensa de prescripción opuesta por el representante del organismo
estatal y, en consecuencia, rechazó la demanda enderezada a obtener la reparación de los daños
y perjuicios que le habría ocasionado a los actores la conducta del Estado Nacional
(Administración Federal de Ingresos Públicos - Dirección General de Aduanas), a la que
califican de irregular e ilícita, consistente en haber suspendido el pago de los reembolsos
devengados por exportaciones efectuadas al área aduanera especial de Tierra del Fuego,
Antártida e Islas del Atlántico Sur efectuadas por Suraltex S.R.L. en los años 1976 y 1977,
haber resistido maliciosamente acciones administrativas y judiciales, y haber promovido una
denuncia penal sin sustento fáctico ni jurídico contra esa empresa y sus gerentes.
2. Que el tribunal de alzada, tras desestimar los agravios dirigidos a cuestionar la oportunidad
en la cual el Estado Nacional planteó la defensa de prescripción, afirmó que la acción de daños
y perjuicios promovida por la actora se encontraba prescripta pues cuando fue presentada la
demanda -7 de agosto de 1998- ya había transcurrido en exceso el plazo de dos años
establecido por el art. 4037 del Cód. Civil, ya sea que se comience su cómputo en el momento
en que la empresa tomó conocimiento "formal" de la suspensión preventiva del pago de
reembolsos dispuesta mediante la providencia (ANSC) 149/77, lo que ocurrió el 14 de febrero
de 1977, o cuando presentó una nota "angustiosa" al administrador de la Aduana de Bahía
Blanca, el 23 de diciembre de 1976, de la que surgía -en su concepto- que el evento lesivo ya
Apéndice de fallos
Página 192
se había producido. En consecuencia, entendió que a partir de entonces quedó expedita la
acción para reclamar la reparación pecuniaria. Por otra parte, negó efectos interruptivos a los
reclamos administrativos efectuados por la empresa.
3. Que, en virtud del razonamiento precedentemente reseñado, la Cámara juzgó inconducente
pronunciarse sobre los efectos de la declaración de quiebra de Suraltex S.R.L. porque a la
fecha del auto respectivo -15 de noviembre de 1979- la acción ya se encontraba prescripta. Por
último juzgó que los argumentos que expuso para fijar el dies a quo de la prescripción
resultaban aplicables a la pretensión referente al cobro de intereses punitorios, y que al
reputarse extinguida la obligación principal, también lo están sus accesorias.
4. Que contra tal sentencia, los actores interpusieron el recurso ordinario de apelación que fue
concedido a fs. 255/256 y que resulta formalmente procedente pues la Nación es parte en el
juicio y el monto en disputa, sin sus accesorios, supera el mínimo establecido por el art. 24,
inc. 6°, apart. a, del decreto ley 1285/58 y la resolución 1360/91 de esta Corte. El memorial de
agravios obra a fs. 266/278 y su contestación a fs. 283/287vta.
5. Que los apelantes se agravian en primer lugar porque consideran que la defensa de
prescripción fue extemporáneamente opuesta por el Estado Nacional en el escrito de
contestación de la demanda, ya que debió haberlo hecho al tomar intervención en los incidentes
de beneficio de litigar sin gastos promovidos por los actores o en las dos presentaciones
anteriores a la contestación de la demanda efectuadas en los autos principales (cfr. fs. 62/63 y
69). En sustento de su derecho invocan lo establecido en el art. 3962 del Cód. Civil
(modificado por la ley 17.711), en cuanto dispone que quien intente valerse de esa defensa
debe oponerla en la primera presentación en juicio, y señalan que el a quo prescindió de esta
norma, pues sólo tuvo en cuenta al art. 346 del Cód. Procesal, sin advertir que esta disposición
es de inferior jerarquía que la contenida en el ordenamiento de fondo de conformidad con lo
establecido por el art. 31 de la Constitución Nacional, y que se opone a lo establecido en ella.
6. Que esta Corte ha expresado que no corresponde atribuir al trámite de un pedido de
concesión del beneficio de litigar sin gastos incidencia alguna para alterar el curso de la
prescripción (Fallos 314:217, consid. 13). Por lo tanto, el tribunal considera que no resulta
necesario requerir al juzgado de primera instancia la remisión de tales actuaciones -como lo
solicita el apelante- pues resultan inconducentes para la decisión de la causa. Debe advertirse,
por lo demás, que en tal gestión la intervención de la parte demandada -o de quien habrá de
revestir ese carácter- se limita a la fiscalización de las pruebas ofrecidas por el interesado en
obtener el beneficio y a la posibilidad de impugnar la decisión que se adopte (cfme. arts. 80 a
83, Cód. Procesal), todo lo cual lleva a concluir que carece de asidero exigir que en el ámbito
de esas actuaciones aquél deba plantear la prescripción y que el no hacerlo lo prive del derecho
a oponerla en los autos en los que se entable la demanda en su contra. De tal manera, el agravio
precedentemente reseñado habrá de examinarse sólo con relación a la circunstancia de que
antes de contestar la demanda -oportunidad en la que se opuso la defensa de prescripción (fs.
84/132)- el organismo estatal se presentó en juicio solicitando que para tal contestación se le
concediese un plazo mayor al inicialmente fijado por el juez de primera instancia (fs. 62/63) y
que, en el caso de una resolución adversa se lo eximiese de las costas (fs. 69), sin plantear
dicha excepción en los referidos escritos.
Apéndice de fallos
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7. Que el art. 3962 del Cód. Civil -según el texto introducido por la ley 17.711- dispone que "la
prescripción debe oponerse al contestar la demanda o en la primera presentación en juicio que
haga quien intente oponerla". Este artículo es susceptible de diversas interpretaciones. Así lo
han puesto de manifiesto la doctrina y disímiles pronunciamientos judiciales. El art. 346 del
código de rito, en sus párrafos cuarto a sexto, ha adoptado un régimen que refleja una de las
posibles interpretaciones de aquella norma dado que, por una parte, acepta que la prescripción
sea opuesta hasta el vencimiento del plazo para contestar la demanda o reconvención, y por el
otro -tras disponer que el rebelde sólo podrá hacerlo con posterioridad siempre que justifique
haber incurrido en rebeldía por causas que no hayan estado a su alcance superar- establece que
en los casos en que la obligación de comparecer surgiere con posterioridad al plazo acordado al
demandado o reconvenido para contestar, podrá oponerla en su primera presentación. Es decir,
contempla y otorga sentido a cada uno de los dos términos -"al contestar la demanda" y
"primera presentación en juicio"- a que se refiere el art. 3962 del Cód. Civil. Al ser ello así, no
se advierte que la norma del código de rito establezca una solución repugnante con lo
prescripto en el ordenamiento civil, sino que fija el modo como ella habrá de ser aplicada por
los tribunales nacionales y federales.
En consecuencia, cabe concluir que la defensa de prescripción, en tanto fue opuesta en la
oportunidad de contestar la demanda, ha sido planteada en tiempo oportuno, sin que obste a
ello que la parte demandada hubiese efectuado presentaciones anteriores en estos autos sin
hacer referencia a esa excepción.
8. Que no se encuentra controvertido en el "sub lite" que la responsabilidad que se pretende
atribuir al Estado es de naturaleza extracontractual, y que el plazo de prescripción -en
concordancia con lo establecido por reiterada jurisprudencia de este tribunal- es de dos años, de
acuerdo con el art. 4037 del Cód. Civil (modificado por la ley 17.711).
El punto de partida de dicho plazo debe computarse a partir del momento en que la
demandante tomó conocimiento de los daños que reclama, sin que obste para ello la
circunstancia de que los perjuicios pudieren presentar un proceso de duración prolongada o
indefinida, pues el curso del plazo de la prescripción comienza cuando sea cierto y susceptible
de apreciación el daño futuro (Fallos 317:1437 y sus citas, entre otros).
9. Que el criterio de la Cámara, al considerar como dies a quo el momento en que la actora
tomó conocimiento de la resolución (ANSC) 149/77 del administrador de la Aduana de Bahía
Blanca -que había dispuesto suspender el pago de los reembolsos- se ajusta a la mencionada
jurisprudencia y a las circunstancias fácticas comprobadas en el "sub examine". En efecto, el
doctor O. R. G. (socio gerente de Suraltex S.R.L. y codemandante en estos autos), al
presentarse el 22 de febrero de 1977 en la Secretaría de Control de la ANA a fin de dar
explicaciones acerca del valor declarado en las exportaciones -que constituye la base para
determinar los reembolsos- manifestó que "la única fuente real de recursos ha sido y es la
percepción de los reembolsos aduaneros, por lo que la empresa en este momento ha debido
cesar en su actividad licenciando 'forzosamente' a su personal hasta contar con los recursos
necesarios para el mantenimiento normal de su actividad" (cfr. fs. 11vta.).
Apéndice de fallos
Página 194
En concordancia con ello, según se expresa en el mismo escrito de interposición de la
demanda, Suraltex S.R.L. se presentó en concurso preventivo el 1° de septiembre de ese mismo
año (1977) "ante la abrupta interrupción del pago de los reembolsos" (fs. 22). El 15 de
noviembre de 1979 se decretó la quiebra de esa empresa. Según ella misma lo sostiene, en el
proceso concursal se confirmó que "la situación falencial de la empresa era una consecuencia
inmediata y previsible de la falta de pago de los reembolsos aduaneros y de los demás actos
lesivos que el Fisco había operado en contra de la misma" (fs. 24).
En síntesis, de las manifestaciones de los mismos actores, surge con elocuencia que los daños
cuya reparación procuran obtener se produjeron a raíz de la suspensión del pago de los
reembolsos por exportaciones registradas en la Aduana de Bahía Blanca, de la cual los actores
tomaron conocimiento en febrero de 1977. Dicha suspensión produjo efectos inmediatos en la
marcha de los negocios de la empresa pues los reembolsos constituían "su única fuente real de
recursos", al punto que en el mismo año suspendió a sus empleados y se presentó en concurso
preventivo. Finalmente, dos años después, se decretó su quiebra "como consecuencia inmediata
y previsible" de la conducta adoptada por la Aduana.
10. Que la demanda con la que se inició esta causa fue presentada el 7 de agosto de 1998 (cfr.
cargo de fs. 54), es decir, cuando el plazo de prescripción (art. 4037, Cód. Civil) se hallaba
largamente cumplido.
11. Que, al respecto, debe rechazarse el argumento de los apelantes sustentado en que sólo
cuando el organismo aduanero, en fecha 20 de septiembre de 1996, reconoció el derecho de
Suraltex a percibir los reembolsos y dejó sin efecto la suspensión preventiva de su pago quedó
expedita la posibilidad de promover este juicio. En efecto, surge del relato de los antecedentes
de la causa efectuado en el escrito de demanda que el accionar ilegítimo e irregular endilgado a
la Aduana como causante de los daños cuya reparación se persigue en este pleito no radica en
que haya dictado inicialmente una resolución ilegítima por la cual denegara a Suraltex el
derecho a los reembolsos, sino en la falta de pago de ellos a raíz de un comportamiento que
implicó, de hecho, la postergación injustificada de una decisión sobre el punto, sin perjuicio de
haber adoptado medidas tales como la suspensión de la empresa en el registro de importadores
y exportadores, la instrucción de un sumario de prevención y la denuncia penal por
contrabando, que concluyó con sobreseimiento definitivo por prescripción en el año 1988 (fs.
24vta). De tal manera, la ausencia hasta el año 1996 de un acto que reconociera su derecho a
los reembolsos, no le impedía reclamar con anterioridad a esa fecha por los daños y perjuicios
que le habría ocasionado la conducta del servicio aduanero a la que se ha hecho referencia. Por
lo demás, los propios actores afirman que la resolución ANSC 149, de febrero de 1977, por la
cual se suspendió preventivamente el pago de los reembolsos "no constituyó un acto
administrativo impugnable, sino que implicaba la realización de una investigación de valor"
(fs. 19) (del valor atribuible a la mercadería exportada como base para liquidar el reembolso);
de manera tal que, inclusive desde esa perspectiva, carecería de toda lógica suponer que era
exigible obtener primero que se revocase esa disposición como requisito para poder luego
demandar el resarcimiento de daños y perjuicios.
12. Que las actuaciones administrativas invocadas por el apelante, así como los recursos
interpuestos ante el Tribunal Fiscal de la Nación no son idóneos para interrumpir o suspender
Apéndice de fallos
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el curso de la prescripción por cuanto tales trámites estuvieron enderezados a obtener el pago
de los reembolsos -lo cual finalmente fue admitido; cfr. resoluciones ABB 068/96 y ABB
007/97, del 20 de septiembre de 1996 y 20 de junio de 1997, respectivamente, del
administrador de la Aduana de Bahía Blanca-, de manera que su objeto es distinto del
perseguido en este juicio, en el que se reclama indemnización por daños y perjuicios. Por lo
demás, la actora no ha probado que en dichas actuaciones hubiera gestionado ante la
demandada la reparación de los daños y perjuicios que dieron origen al "sub examine" (cfr., en
igual sentido, Fallos 320:2289).
13. Que, por otra parte, la actora se agravia de que el a quo haya desestimado su argumento
relativo a que la declaración de quiebra de Suraltex S.R.L. -que tuvo lugar el 15 de noviembre
de 1979- suspendió el curso de la prescripción. A su respecto aduce, por una parte que el
cómputo del plazo de aquélla, nunca pudo haber comenzado antes de su caída en falencia, y
por la otra que, al haber sido desapoderada de la administración de los bienes, se produjo una
imposibilidad de hecho en los términos del art. 3980 del Cód. Civil.
14. Que, aun si se prescindiera de que al momento en que se dictó el auto de quiebra ya se
había cumplido el plazo de prescripción -cfr. consid. 9°- este agravio resultaría igualmente
inatendible. En efecto, el art. 3980 del Cód. Civil requiere para su aplicación la concurrencia de
razones impeditivas que deben ser apreciadas concretamente en relación a la persona que
invoca su ocurrencia (Fallos 311:1490) y no puede operar ante consideraciones de índole
general como la invocada por la actora (cfr. causa "Columbia Cía. Financiera" -Fallos
323:1897; LA LEY, 2000-F, 570; DJ, 2000-3-1084-). En efecto, la declaración de quiebra no
obstaba a que la acción de daños y perjuicios fuese interpuesta por el síndico (cfr. arts. 175, ley
19.551 y 182, ley 24.522), del mismo modo que éste promovió acciones ante el organismo
aduanero y el Tribunal Fiscal de la Nación, en virtud de las cuales obtuvo el pago de los
reembolsos adeudados a Suraltex. Por lo demás, los apelantes ni siquiera han alegado que los
socios o quienes dirigían la sociedad hasta que cayó en quiebra hubiesen intimado al síndico a
entablar la acción y que éste se hubiese negado a hacerlo.
15. Que, finalmente, también debe desestimarse el agravio referente a los intereses punitorios
… [Omissis]
Por ello, se confirma la sentencia apelada. Con costas. - Julio S. Nazareno. - Eduardo Moliné
O'Connor. - Carlos S. Fayt. - Enrique S. Petracchi. - Antonio Boggiano. - Gustavo A. Bossert. Adolfo R. Vázquez.
44.
C. Civ. y Com. Común de Tucumán, sala III • octubre 5-2001
“Goane, Gabriel E. c. Su Crédito Financiera e Inmobiliaria” **
45.
C.Fed.Córdoba, sala B, julio 3-1987 “Bravo, Eduardo A. c.
Gobierno nacional” **
Apéndice de fallos
Página 196
46.
C.Nac.Civ., sala F, agosto 20-1987 “Canciani, Héctor c/Obras
Sanitarias de la Nación”, L.L. To. 1988-C pág. 212 con nota
aprobatoria de Jorge Mosset Iturraspe. **
47.
C.Nac.Civ., sala I • diciembre 16-2004 “M., L. F. y otros c. M., L.
M.” RCyS To. 2005-IV, 76 **
48.
C.S.N., mayo 23-2006 ”P. F., K. C. S. c. Provincia de Mendoza y
otros” La Ley Online
HECHOS:
La madre de un menor de edad promovió demanda en representación de su hijo reclamando
una indemnización por el daño que afirma sufrió éste debido a la muerte de su padre, a causa
de un disparo de arma de fuego efectuado por agentes de la policía provincial que realizaron
un allanamiento en su domicilio. Demandó a la Provincia de Mendoza, al agente policial y al
Estado Nacional porque un juez federal dictó la orden de allanamiento. Los demandados
opusieron la excepción de prescripción, a la cual se opuso la actora sosteniendo que el plazo
respectivo debe computarse desde que se dictó la sentencia en juicio de filiación y se inscribió
en el Registro Civil. La Corte Suprema admite la defensa y rechaza la demanda.
SUMARIOS:
1. Corresponde rechazar la acción iniciada a favor de un menor que pretende ser resarcido
del daño causado por la muerte de su padre —en el caso, a causa de un disparo
efectuado por un policía—, toda vez que si bien existió una dispensa de la prescripción
en los términos del art. 3980 del Cód. Civil porque primero fue necesario accionar para
obtener el emplazamiento filial debido a que la sentencia de filiación es declarativa del
vínculo existente por causa de nacimiento y constitutiva del título en cuanto a la
oponibilidad del estado de familia, la demanda no fue presentada en tiempo útil porque
ello ocurrió cuando ya había vencido el plazo trimestral contemplado en la norma
citada.
2. La fecha de inscripción de la sentencia dictada en el juicio de filiación, es irrelevante a
los fines del cómputo de la prescripción de la acción por la cual se pretende obtener un
resarcimiento del daño sufrido por el menor a causa de la muerte de su padre —en el
caso, por un disparo efectuado por un policía—, por cuanto se trata de una diligencia
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innecesaria para acreditar la legitimación en juicio, amén de que traduciría una
prolongación discrecional del plazo legal debido a que dependería del actor la
realización del trámite que configuraría el dies a quo para el cómputo respectivo.
3. La dificultad o imposibilidad de hecho a la que alude el art. 3980 del Cód. Civil, puede
emanar de una disposición legal o administrativa que haya impedido el ejercicio del
derecho en tiempo oportuno.
4. Circunstancia desde la acción de filiación pueda ser promovida por el hijo en todo
tiempo no propaga esa característica a la acción por la cual se procura la indemnización
de los daños y perjuicios causados por la muerte del progenitor —en el caso, por un
disparo efectuado por un policía— que no lo reconoció, ya que por perseguir la tutela
de un derecho creditorio, de inequívoco contenido patrimonial, se extingue por el
transcurso del tiempo con arreglo a los principios que caracterizan a la prescripción.
(Del voto del doctor Fayt).
5. Si bien la madre del menor accionante convivía con el padre de éste y por ello tuvo
conocimiento real y efectivo del homicidio y de sus consecuencias dañosas el mismo
día que ocurrió el hecho —en el caso, falleció a causa de un disparo efectuado por un
policía—, corresponde considerar que la acción de daños y perjuicios quedó expedita
para el niño cuando aquélla cumplió la mayoría de edad y adquirió plena capacidad,
razón por la cual el cómputo del plazo de prescripción debe iniciarse en esta última
fecha. (Del voto del doctor Fayt).
TEXTO COMPLETO:
Buenos Aires, mayo 23 de 2006.
Considerando: 1°) Que a fs. 18/22 se presenta C. E. F. —en representación de su hijo menor K.
C. S. P. F.— e inicia demanda contra Carlos Eduardo Lescano, la Provincia de Mendoza y el
Estado Nacional por los daños y perjuicios derivados de la muerte de su padre —C. S. P.—,
como consecuencia de un disparo de arma de fuego efectuado cuando agentes de la policía
provincial llevaban a cabo un allanamiento en su domicilio particular.
Manifiesta que dirige su pretensión contra Carlos Eduardo Lescano en tanto fue condenado en
la causa "Lescano, Carlos Eduardo s/ av. infr. art. 79 del C.P." (expediente 0225- L) como
autor penalmente responsable del delito de homicidio culposo (art. 84 del Código Penal).
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Asimismo señala que demanda al Estado Nacional y a la Provincia de Mendoza, toda vez que
Lescano era integrante de la policía local y la orden de allanamiento fue dictada por un juez
federal.
Por otra parte solicita la acumulación de estas actuaciones a la causa P.172.XXXIX "P., D. R. y
otro c. Mendoza, Provincia de y otro s/ejecución" en trámite por ante este Tribunal.
A fs. 34/35 se presenta el defensor oficial ante esta Corte Suprema en ejercicio de la
representación promiscua del menor, solicita que se amplíe la demanda y que se incluya el
daño psicológico, que considera autónomo respecto del moral, petición que fue proveída
favorablemente a fs. 36.
2°) Que a fs. 50/52 se presenta el defensor público oficial subrogante por Carlos Eduardo
Lescano, contesta la demanda y deduce la excepción de falta de legitimación activa. Sostiene
que C. F. no tiene legitimación para interponer la presente demanda, dado que no existen
constancias en autos que acrediten que C. S. P. reconoció voluntariamente al menor de autos,
por lo que "el reconocimiento hecho a través de una demanda de filiación incoada por su
progenitora" no hace cosa juzgada a su respecto. A fs. 53 Lescano ratifica esta presentación.
3°) Que a fs. 61/69 comparece la Provincia de Mendoza, contesta la demanda y plantea la
prescripción prevista en el art. 4037 del Código Civil.
4°) Que a fs. 75/88 el Estado Nacional contesta la demanda y opone la prescripción como
defensa de fondo. Asimismo plantea la excepción de falta de legitimación pasiva, y con
relación al lucro cesante deduce las excepciones de falta de legitimación activa y de cosa
juzgada.
5°) Que corridos los pertinentes traslados de las excepciones, la actora los contesta a fs. 94/95,
97/99 y 108, solicitando su rechazo; a esta postulación se adhirió el defensor General de la
Nación por los fundamentos que sostiene a fs. 103/106.
6°) Que corresponde examinar en primer término la excepción de falta de legitimación activa
deducida a fs. 50 vta./51. En este sentido, cabe señalar que C. F. no actúa por sí sino en
representación de su hijo menor de edad, en los términos del art. 57, segundo párrafo, del
Código Civil.
Por otra parte, el art. 247 del Código Civil dispone claramente que la paternidad
extramatrimonial queda determinada legalmente por el reconocimiento del padre o por la
sentencia en juicio de filiación que la declare tal, por lo que mal puede alegar el demandado
que la sentencia del 15 de mayo de 2001 que declaró que K. C. S. es hijo de C. S. P. y ordenó
su inscripción en el Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas, no le es oponible
(fs. 8/12). En consecuencia, corresponde rechazar la excepción de falta de legitimación activa
planteada.
7°) Que con relación a la prescripción opuesta por el Estado Nacional y la Provincia de
Mendoza como defensa de fondo, se la debe resolver en esta instancia, pues la cuestión es de
puro derecho. En efecto, por razones de economía procesal y de una más pronta afirmación de
la seguridad jurídica, el art. 346 del Código adjetivo admite el tratamiento de ese planteo en
forma previa a la sentencia, en la medida en que revista el indicado carácter. En este sentido,
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los elementos incorporados a la causa permiten resolverla de manera inequívoca, por lo que no
resulta necesario diferir su consideración para el pronunciamiento definitivo (arg. Z. 15.XXIII
"Zacarías, Claudio H. c. Córdoba, Provincia de y otros s/ sumario", pronunciamiento del 25 de
febrero de 1992).Lo expuesto encuentra su fundamento en el art. 34, inc. 5, del Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación, y en la aplicación del principio iura curia novit
(Fallos: 300:1034, entre otros).
Por lo demás, las partes consintieron el trámite dado por el Tribunal y con la sustanciación de
fs. 77 y 88 vta. se ha tutelado suficientemente la garantía de defensa en juicio.
8°) Que, a ese respecto, sostienen los demandados que la acción deducida está prescripta, pues
desde la fecha del homicidio de P. —11 de noviembre de 1994— hasta la presentación de la
demanda, ha transcurrido en exceso el plazo de dos años establecido por el art. 4037 del
Código Civil (fs. 62 vta./ 63 y 78 vta./80). A su vez, la actora afirma que el plazo debe
computarse desde que se dictó la sentencia en el juicio de filiación —15 de mayo de 2001— y
se inscribió en el Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas —25 de octubre de
2001—. En este sentido, indica que la demanda de daños y perjuicios se inició el 4 de
diciembre de 2001, cuando aún no había transcurrido el plazo de tres meses que prevé el art.
3980 del Código Civil desde la inscripción de la sentencia de filiación (fs. 94/95 y 98/99).
9°) Que, por lo tanto, la cuestión que se ha de dilucidar es el punto de partida de la prescripción
de la acción del menor no reconocido voluntariamente por su padre para reclamar por los daños
y perjuicios provenientes de la muerte de éste.
10) Que de las constancias de autos surge que el fallecimiento de C. S. P., que constituye la
causa fuente de la obligación resarcitoria reclamada, ocurrió el 11 de noviembre de 1994; y que
por sentencia del 9 de noviembre de 1996, el Tribunal Oral N° 2 de la Provincia de Mendoza
condenó a Carlos E. Lescano como autor penalmente responsable del delito de homicidio
culposo, e hizo parcialmente lugar a la demanda civil incoada por los progenitores del occiso,
señor D. R. P. y señora R. T. A., contra los tres codemandados (ver fs. 1/3 de la causa
P.172.XXXIX "P., D. R. y otro c. Mendoza, Provincia de y otro s/ejecución", en trámite por
ante este Tribunal).
Asimismo, de la prueba documental acompañada surge que el menor K. C. S. nació el 27 de
julio de 1993 (fs. 24), que el 4 de septiembre de 1997 se inició la demanda de filiación ante el
Décimo Tercer Juzgado en lo Civil, Comercial y Minas de la Primera Circunscripción Judicial
de la Provincia de Mendoza (fs. 92/93 vta.), y que el 15 de mayo de 2001 se dictó sentencia —
aclarada mediante pronunciamiento del 12 de junio de 2001—ordenando la inscripción del
demandante como hijo de C. S. P. (fs. 8/13). Por último, a fs. 114 consta que C. F., madre del
demandante, nació el 1° de enero de 1975.
11) Que, en reiteradas oportunidades este Tribunal ha resuelto que, como regla, el término para
interponer la demanda originada en la responsabilidad extracontractual del Estado, ya se trate
de una actividad lícita o ilícita, es de dos años, y su punto de partida debe computarse a partir
del momento en que el demandante tomó conocimiento de los daños que reclama (Fallos:
320:1081). Asimismo, esta Corte señaló que, de conformidad con lo dispuesto por el art. 3966
del Código Civil (conf. ley 17.711), la prescripción corre, también, contra los incapaces que
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tengan representantes legales, principio que resulta aplicable al caso dado que la progenitora
del menor de autos, C. F., tiene esa condición. Ahora bien, aun cuando el menor no se
encontrase, en el caso, impedido de accionar, por falta de representante legal, corresponde
examinar si se encontraba en condiciones de demandar antes de obtener el reconocimiento del
Estado que legitimaba su pretensión indemnizatoria.
12) Que, con referencia a la imposibilidad material de obrar, dice la nota al art. 3980 del
Código Civil que la "máxima agere non valenti non currit prescriptio no comprende, en
principio, más que la hipótesis en que el obstáculo al ejercicio de la acción proviene de la ley
misma, y ella no puede tomar en cuenta lo que no ha creado". De tal modo, la dificultad o
imposibilidad de hecho pueden emanar de una disposición legal o administrativa que haya
impedido el ejercicio del derecho en tiempo oportuno. Así, en el sub lite habría una
imposibilidad legal de accionar por reclamo de una indemnización que tiene como presupuesto
necesario un vínculo familiar, si no tiene el título que depende del emplazamiento judicial en el
estado de hijo. Tratándose de una filiación extramatrimonial, no cabía otra alternativa para la
actora que accionar judicialmente para lograr el reconocimiento de tal emplazamiento, que le
otorgaba el título para demandar. De lo contrario, se vería expuesta a que prosperase la
excepción de falta de legitimación tratada en el considerando 6°.
13) Que, en sentido acorde, esta Corte consideró que la imposibilidad material de los actores
para acreditar su calidad de herederos —hasta tanto no contaran con la declaratoria en el
proceso sucesorio— constituía una situación de carácter excepcional que justificaba la dispensa
de la prescripción cumplida en los términos del art. 3980 del Código Civil (Fallos: 323:696).
Idéntica solución se impone, por la analogía de situaciones, cuando resulta necesario accionar
previamente para obtener el emplazamiento filial, ya que la sentencia de filiación es declarativa
del vínculo existente por causa de nacimiento y constitutiva del título en cuanto a la
oponibilidad del estado de familia.
14) Que, no obstante esta dispensa operada en favor de la actora, la defensa en examen debe
igualmente prosperar en este caso, ya que la demanda no fue presentada en tiempo útil con
arreglo a lo dispuesto por el ya citado art. 3980. Ello es así pues la sentencia que emplazó a K.
C. S. como hijo del fallecido fue dictada el 15 de mayo de 2001 (fs. 8/12) y notificada el 26 de
julio de ese año (fs. 15), mientras que la demanda de daños y perjuicios fue presentada el 4 de
diciembre de 2001 (fs. 22 vta.), vale decir, cuando había vencido el plazo trimestral
contemplado en el disposición legal invocada. A tales fines, resulta irrelevante la fecha de la
inscripción de la sentencia en el Registro de Estado Civil y Capacidad de las Personas (25 de
octubre de 2001), por cuanto se trata de una diligencia innecesaria para acreditar en juicio la
legitimación de la demandante, amén de que traduciría una prolongación discrecional del plazo
legal, ya que dependería del actor la realización del trámite que configuraría el dies a quo para
el cómputo respectivo.
Por ello, se resuelve: I. Rechazar la excepción de falta de legitimación activa deducida por
Carlos Eduardo Lescano, con costas (art. 68 del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación); II. Hacer lugar a la excepción de prescripción opuesta y, en consecuencia, rechazar la
demanda seguida por C. E. F. en representación de su hijo menor K. C. S. P. F. Costas por su
orden, habida cuenta de que la actora pudo razonablemente creerse con derecho a sostener su
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posición (art. 68, segundo párrafo, del código citado). — Enrique S. Petracchi. — Elena I.
Highton de Nolasco. — Carlos S. Fayt (según su voto). — Juan C. Maqueda. — Eugenio R.
Zaffaroni. — Ricardo L. Lorenzetti. — Carmen M. Argibay.
Voto del doctor Fayt:
Considerando: 1°) Que a fs. 18/22 se presenta C. E. F. —en representación de su hijo menor K.
C. S. P. F.— e inicia demanda contra Carlos Eduardo Lescano, la Provincia de Mendoza y el
Estado Nacional por los daños y perjuicios derivados de la muerte de su padre —C. S. P.—,
como consecuencia de un disparo de arma de fuego efectuado cuando agentes de la policía
provincial llevaban a cabo un allanamiento en su domicilio particular.
Manifiesta que dirige su pretensión contra Carlos Eduardo Lescano en tanto fue condenado en
la causa "Lescano, Carlos Eduardo s/ av. infr. art. 79 del C.P." (expediente 0225-L) como autor
penalmente responsable del delito de homicidio culposo (art. 84 del Código Penal).
Asimismo señala que demanda al Estado Nacional y a la Provincia de Mendoza, toda vez que
Lescano era integrante de la policía local y la orden de allanamiento fue dictada por un juez
federal.
Por otra parte solicita la acumulación de estas actuaciones a la causa P.172.XXXIX "P., D. R. y
otro c. Mendoza, Provincia de y otro s/ejecución" en trámite por ante este Tribunal.
A fs. 34/35 se presenta el defensor oficial ante esta Corte Suprema en ejercicio de la
representación promiscua del menor, solicita que se amplíe la demanda y que se incluya el
daño psicológico, que considera autónomo respecto del moral, petición que fue proveída
favorablemente a fs. 36.
2°) Que a fs. 50/52 se presenta el defensor público oficial subrogante por Carlos Eduardo
Lescano, contesta la demanda y deduce la excepción de falta de legitimación activa. Sostiene
que C. F. no tiene legitimación para interponer la presente demanda, dado que no existen
constancias en autos que acrediten que C. S. P. reconoció voluntariamente al menor de autos,
por lo que "el reconocimiento hecho a través de una demanda de filiación incoada por su
progenitora" no hace cosa juzgada a su respecto. A fs. 53 Lescano ratifica esta presentación.
3°) Que a fs. 61/69 comparece la Provincia de Mendoza, contesta la demanda y plantea la
prescripción prevista en el art. 4037 del Código Civil.
4°) Que a fs. 75/88 el Estado Nacional contesta la demanda y opone la prescripción como
defensa de fondo. Asimismo plantea la excepción de falta de legitimación pasiva, y con
relación al lucro cesante deduce las excepciones de falta de legitimación activa y de cosa
juzgada.
5°) Que corridos los pertinentes traslados de las excepciones, la actora los contesta a fs. 94/95,
97/99 y 108, solicitando su rechazo; a esta postulación se adhirió el defensor General de la
Nación por los fundamentos que sostiene a fs. 103/106.
6°) Que corresponde examinar en primer término la excepción de falta de legitimación activa
deducida a fs. 50 vta./51. En este sentido, cabe señalar que C. F. no actúa por sí sino en
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representación de su hijo menor de edad, en los términos del art. 57, segundo párrafo, del
Código Civil.
De conformidad con lo dispuesto por el art. 247 del Código Civil, la sentencia dictada en el
juicio de filiación que declare la paternidad extramatrimonial determina el estado de familia
correspondiente. Ese estado de familia es —más allá de los alcances de la cosa juzgada en
aquel proceso— oponible erga omnes, como ocurre con el que resulta de cualquier título que lo
acredite. Por tanto, y no habiéndose cuestionado por ningún legitimado y por la vía
correspondiente el estado de familia que resulta de la sentencia que declaró la filiación,
corresponde rechazar la excepción de falta de legitimación activa planteada.
7°) Que con relación a la prescripción opuesta por el Estado Nacional y la Provincia de
Mendoza como defensa de fondo, se la debe resolver en esta instancia, pues la cuestión es de
puro derecho. En efecto, por razones de economía procesal y de una más pronta afirmación de
la seguridad jurídica, el art. 346 del Código adjetivo admite el tratamiento de ese planteo en
forma previa a la sentencia, en la medida en que revista el indicado carácter. En este sentido,
los elementos incorporados a la causa permiten resolverla de manera inequívoca, por lo que no
resulta necesario diferir su consideración para el pronunciamiento definitivo (arg. Z. 15.XXIII
"Zacarías, Claudio H. c. Córdoba, Provincia de y otros s/ sumario", pronunciamiento del 25 de
febrero de 1992).Lo expuesto encuentra su fundamento en el art. 34, inc. 5, del Código
Procesal Civil y Comercial de la Nación, y en la aplicación del principio iura curia novit
(Fallos: 300:1034, entre otros).
Por lo demás, las partes consintieron el trámite dado por el Tribunal y con la sustanciación de
fs. 77 y 88 vta. se ha tutelado suficientemente la garantía de defensa en juicio, pues se dio a la
actora la oportunidad de allanarse o invocar la interrupción o suspensión del plazo en cuestión
(Fallos: N.164.XXXV "Neuquén, Provincia del c. Estado Nacional (Ministerio de Economía y
Obras y Servicios Públicos, Secretaría de Energía) s/ cobro de regalías", pronunciamiento del
30 de mayo de 2001).
8°) Que a ese respecto, sostienen los demandados que la acción deducida está prescripta, pues
desde la fecha del homicidio de P. —11 de noviembre de 1994— hasta la presentación de la
demanda, ha transcurrido en exceso el plazo de dos años establecido por el art. 4037 del
Código Civil (fs. 62 vta./ 63 y 78 vta./80). A su vez, la actora afirma que el plazo debe
computarse desde que se dictó la sentencia en el juicio de filiación —15 de mayo de 2001— y
se inscribió en el Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas —25 de octubre de
2001—. En este sentido, indica que la demanda de daños y perjuicios se inició el 4 de
diciembre de 2001, cuando aún no había transcurrido el plazo de tres meses que prevé el art.
3980 del Código Civil desde la inscripción de la sentencia de filiación (fs. 94/95 y 98/99).
9°) Que, por lo tanto, la cuestión que se ha de dilucidar es el punto de partida de la prescripción
de la acción del menor no reconocido voluntariamente por su padre para reclamar por los daños
y perjuicios provenientes de la muerte de éste.
10) Que de las constancias de autos surge que el fallecimiento de C. S. P., que motiva la causa
fuente de la obligación resarcitoria reclamada, ocurrió el 11 de noviembre de 1994; y que por
sentencia del 9 de noviembre de 1996, el Tribunal Oral N° 2 de la Provincia de Mendoza
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condenó a Carlos E. Lescano como autor penalmente responsable del delito de homicidio
culposo, e hizo parcialmente lugar a la demanda civil incoada por los progenitores del occiso,
señor D. R. P. y señora R. T. A., contra los tres codemandados (ver fs. 1/3 de la causa
P.172.XXXIX "P., D. R. y otro c. Mendoza, Provincia de y otro s/ ejecución", en trámite por
ante este Tribunal).
Asimismo, de la prueba documental acompañada surge que el menor K. C. S. nació el 27 de
julio de 1993 (fs. 24), que el 4 de septiembre de 1997 se inició la demanda de filiación ante el
Décimo Tercer Juzgado en lo Civil, Comercial y Minas de la Primera Circunscripción Judicial
de la Provincia de Mendoza (fs. 92/93 vta.), y que el 15 de mayo de 2001 se dictó sentencia —
aclarada mediante pronunciamiento del 12 de junio de 2001—ordenando la inscripción del
demandante como hijo de C. S. P. (fs. 8/13). Por último, a fs. 114 consta que C. F., madre del
demandante, nació el 1 de enero de 1975.
11) Que en el precedente de Fallos: T.436.XXXI "Toribio Tamara Evangelista y otro c. Buenos
Aires, Provincia de s/ daños y perjuicios", pronunciamiento del 7 de mayo de 1988, esta Corte
señaló que, de conformidad con lo dispuesto por el art. 3966 del Código Civil, la prescripción
corre, también, contra los incapaces que tengan representantes legales, principio que resulta
aplicable al caso dado que la progenitora del menor de autos, C. F., tiene esa condición.
12) Que en reiteradas oportunidades este Tribunal ha resuelto que el término para interponer la
demanda originada en la responsabilidad extracontractual del Estado, ya se trate de una
actividad lícita o ilícita, es de dos años, y su punto de partida debe computarse a partir del
momento en que el demandante tomó conocimiento de los daños que reclama (Fallos:
320:1081).
13) Que si bien C. F. convivía con C. S. P. y como estaba en el domicilio común al momento
en que éste falleció, conocimiento real y efectivo del homicidio de P. y de sus consecuencias
dañosas el 11 de noviembre de 1994 (fs. 11, 18 de las declaraciones testificales del expediente
225-L- "Fiscal c. Lezcano Carlos Eduardo, por av. infracción art. 79 del C. Penal", cuyas
copias se acompañan en la referida causa P.172.XXXIX, fs. 13/14, 15 vta./16 vta.), a esa fecha
tenía 19 años, (fs. 114), por lo que la acción de daños y perjuicios sólo quedó expedita para el
menor K. C. S. cuando su progenitora cumplió la mayoría de edad y adquirió plena capacidad,
es decir, el 1° de enero de 1996.
Desde esta fecha hasta la iniciación de la presente demanda —4 de diciembre de 2001— (fs.
18/21 vta.), ha transcurrido en exceso el plazo fijado por el art. 4037 del Código Civil.
14) Que no es óbice a lo expuesto el argumento de la actora según el cual, al haberse iniciado
la demanda resarcitoria dentro del plazo de tres meses que prevé el art. 3980 del Código Civil
desde que se dictó la sentencia del juicio de filiación, quedó así superada la dificultad que
obstaba a ejercer su derecho (ver considerando 8°), pues nada le impedía a la representante
legal del menor —una vez que cumplió la mayoría de edad— efectuar el reclamo de los daños
y perjuicios en representación de su hijo o realizar algún acto interruptivo de la prescripción
dentro del plazo bienal antes señalado, e iniciar simultáneamente la acción contra los sucesores
de P. para reclamar la filiación extramatrimonial, dado que a esa época conocía que el
Apéndice de fallos
Página 204
demandante —su representado— era hijo del fallecido, y que revestía la condición de
damnificado por esa muerte, tal como surge del pronunciamiento judicial de fs. 8/12.
La circunstancia de que la acción de filiación pueda ser promovida por el hijo en todo tiempo,
no propaga esa característica a la acción ejercida en el sub lite, que por perseguir la tutela de un
derecho creditorio, de inequívoco contenido patrimonial, se extingue por el transcurso del
tiempo con arreglo a los principios que caracteriza al instituto de la prescripción.
De ahí pues, que de aceptarse la postura sostenida por la demandante, el dies a quo de la
prescripción correspondiente a esta acción resarcitoria quedaría librado a la discrecionalidad
del damnificado que con el sencillo recurso de prolongar a su mero arbitrio — como lo
autoriza el texto normativo indicado—la presentación de la demanda de reclamación de la
filiación contra los sucesores de su progenitor fallecido, dispondría en forma puramente
potestativa del curso de prescripción de la acción por los daños y perjuicios sufridos por el
homicidio de su padre y, por las consecuencias prácticas que se derivan de esa conducta,
convertiría en imprescriptible una acción que por voluntad expresa del legislador está
inequívocamente alcanzada por dicho instituto y reglada con un breve lapso de dos años, con
grave afectación de la seguridad jurídica, cuya raigambre constitucional esta Corte ha sostenido
con énfasis y reiteración (Fallos: 243:465 y sus citas; 251:78 y 317:218).
15) Que por último, más allá de que está inequívocamente acreditado —en los términos
señalados— que no se presenta en el sub lite un supuesto en que pueda invocarse que la actora
ignorase —en la persona de su representante legal— la pretensión resarcitoria demandable que
le asistía desde el día en que ocurrió el hecho ilícito que es causa de la obligación resarcitoria, a
fin de dar una respuesta integral a la demandante en lo que concierne a su desarrollo
argumental de que la demanda fue presentada en tiempo útil con arreglo a lo dispuesto en el
art. 3980, primer párrafo, del código citado, cabe puntualizar que la solución no se alteraría
pues la sentencia que emplazó a K. C. S. como hijo del fallecido fue dictada el 15 de mayo de
2001 (fs. 8/12) y notificada el 26 de julio de ese año (fs. 15), mientras que la demanda de daños
y perjuicios fue presentada el 4 de diciembre de 2001 (fs. 22 vta.), vale decir cuando había
vencido el plazo trimestral contemplado en la disposición legal invocada.
Por ello, se resuelve: I. Rechazar la excepción de falta de legitimación activa deducida por
Carlos Eduardo Lescano, con costas (art. 68 del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación); II. Hacer lugar a la excepción de prescripción opuesta y, en consecuencia, rechazar la
demanda seguida por C. E. F. en representación de su hijo menor K. C. S. P. F. Costas por su
orden, habida cuenta de que la actora pudo razonablemente creerse con derecho a sostener su
posición (art. 68, segundo párrafo, del Código citado). — Carlos S. Fayt.
49.
{ C. Civ. y Com. de Mar del Plata, sala II, diciembre 16-1999 “O.,
M. A. c. A., A. H.”
Apéndice de fallos
Página 205
50.
{ C.1ª.Civ.Com.San Nicolás diciembre 22-1994 “S. T., J. N. c. A., H. J.”
L.L.BA To. 1995 pág. 1274 - DJBA 149:5221
SUMARIOS:
1. Configura un daño moral indemnizable (arts. 1067, 1068, 1078 y conc., Cód. Civil), el
no reconocimiento del menor por el padre que lo ha engendrado, ya que se le priva de
una pertenencia que es reclamada agudamente por el niño y que es condición de un
crecimiento y desarrollo sin sobresaltos de su personalidad psicológica.
2. No puede comenzar ningún curso prescriptivo antes de que la acción a la que inhiere
sea nacida y siendo que la de daños y perjuicios por la negativa del presunto padre de
reconocer la filiación no ha estado expedita sino a partir del pronunciamiento que
concreta el emplazamiento de estado en que la actora se interesara, resulta temporánea
la demanda que ha sido interpuesta conjuntamente con la que reclama esa filiación.
3. … [Omissis]
TEXTO (Parte pertinente):
2ª Instancia.- San Nicolás, diciembre 22 de 1994.
¿Se ajusta a derecho la sentencia obrante a fs. 116/21?
El doctor Vallilengua dijo:
1. La sentencia en consideración ha acogido la demanda que incoara J. N. S. T. en nombre y
representación de su hijo menor de edad H. E. J. S. T. en cuanto por ella se perseguía se
declarase que el nombrado menor es también hijo del demandado H. J. A., pero se la ha
desestimado en tanto ella transporta la pretensión de que se condene a ese mismo accionado a
indemnizar el daño moral que se sostiene ha experimentado el menor por el desconocimiento
en que ha incurrido el interpelado en lo que respecta a esa paternidad imputada. En tanto las
costas devengadas por la acción de filiación han sido impuestas al demandado, las propias de la
acción de indemnización han sido distribuidas por su orden entre ambas partes.
El pronunciamiento ha disconformado tanto a actor cuanto a demandado quienes se han
allegado hasta esta alzada, sendas apelaciones mediante, en procura de la modificación del
mismo en aquello que los perjudica. Las quejas puntuales y las críticas que le son anejas han
sido explicitadas por conducto de los memoriales que al presente se aprecian glosadas a fs.
130/2 y 133/53.
2. Es obvio que la naturaleza y objeto de las acciones, a punto tal que la una está subordinada
en su potencial procedencia a la otra, vuelve preciso el que se atienda prioritariamente al
Apéndice de fallos
Página 206
recurso del demandado. Nada habría que resolver, salvo el de dejar dicho que el recurso de la
parte actora habría quedado sin materia, si fuera del caso en que se debiera acoger aquel
recurso y en su consecuencia desestimar la postulación filiatoria.
… [Omissis]
5. Por su parte la parte actora ha apelado del decisorio pues por él se ha desestimado la
postulación resarcitoria que concomitantemente con la de filiación exteriorizara al demandar.
A tal resultado ha arribado el juzgador del grado primero ya que ha estimado, por las razones
que en el pronunciamiento se ha dado, que la acción así movida se encuentra prescripta, con lo
que se apartó de los criterios, invocados al presente por la actora recurrente al expresar
agravios, que interpretan que la acción de indemnización queda expedita, en casos como los de
autos, con la sentencia que emplaza al reclamante en el estado familiar que el demandado le
desconocía.
Tal obstáculo debe ser removido por este pronunciamiento para conformarlo al criterio que en
la materia es el sostenido por la Casación Provincial, conforme lo muestra el fallo recaído en la
causa Ac 55.405 (ver Boletín Oficial del día 9/11/94, Sección Diario de Jurisprudencia
Judicial).
Ciertamente, este pronunciamiento, apoyado en la inteligencia de que la sentencia de filiación
es en definitiva, y en cuanto a su objeto, constitutiva (doct. art. 247, Cód. Civil) ha establecido
conclusivamente que "resulta temporánea la demanda que reclama daños y perjuicios por la
negativa del presunto padre de reconocer la filiación, que ha sido interpuesta conjuntamente
con la que reclama esa filiación".
Acatando tal doctrina legal aduno sencillamente que adhiero al criterio, sostenido por lo demás
por importantes autores, tal como el apelante se ha encargado ya de ponerlo de resalto, en tanto
se me presenta como irrebatible la premisa que le presta consistencia y es aquella que remite al
apotegma de que no puede comenzar ningún curso prescriptivo antes de que la acción a la que
inhiere sea nacida (arg. art. 3956, Cód. Civil), siendo manifiesto que la de daños que acá
interesa no ha estado expedita sino a partir de este pronunciamiento que concreta el
emplazamiento de estado en que la actora se interesara.
Establecido ello y acometido el conocimiento de la pretensión en aquellos aspectos que el juez
primero por motivos obvios no consideró, cabe se diga que por razón de los términos con que
se respondiera al reclamo y lo previsto por el art. 354 del digesto ritual, no existe en verdad
negativa a la afirmación de la demanda de que debe tenerse por ilícita la conducta del acá
demandado de negar a su hijo la filiación paterna a la que era acreedor desde su nacimiento
(cuanto menos), como así que de ello ha derivado daño para el menor. Tal así porque no
implica la negativa que era menester hacer (lo que de todas maneras cumplía hacerlo "ad
eventum") el sostener que ese daño, de haberlo hecho no podría ser cargado a su "cuenta", pues
no lo une ningún vínculo biológico con el menor. La petición de principio, inútil por cierto, es
manifiesta.
Por lo demás permite se entienda que en definitiva A. no niega aquellos presupuestos ya
aludidos -la ilicitud de su conducta y el acaecimiento del daño todo lo expresado por él al
Apéndice de fallos
Página 207
responder a la expresión de agravios de la actora pues para dar fuerza a su interés de que se
confirme en este aspecto la sentencia de primera instancia que declaró prescripta la acción por
daños, se preocupa de enfatizar que las consecuencias del desconocimiento no han podido
acontecer sino cuando el niño comenzó a ir a la escuela y/o alcanzó la edad de la razón.
No puedo menos que poner de resalto la circunstancia -que casi es propia de una comedia de
enredos, pero que acá es fatal para A., pues definitivamente resta a la jurisdicción toda
posibilidad de análisis que en ese mismo escrito A. acepta que el daño de que se trata,
proveniente del desconocimiento, se prueba "in re ipsa", con lo que contraría la opinión que se
establece en el fallo de la Corte de Justicia Provincial registrado en JUBA, Sumario 21.952,
que se decide por la contraria, y en donde se da la aclaración de no ser ciertas las noticias
periodísticas que han atribuido al tribunal haberse pronunciado en la materia, ya que el que se
pronuncia viene a ser el primero y la aclaración permite sospechar que es a esa, entonces
errónea, información a la que se refería la actora en su demanda al hacer la mención
consignada en el segundo párrafo de fs. 10.
Ante ese panorama creo suficiente decir que bien podemos apoyarnos en las conclusiones que
nos comunica el perito psicólogo de estos tribunales para afirmar por nuestra parte la existencia
comprobada del daño de que se trata (art. 474, Cód. Procesal) de las cuales resulta la mácula o
déficit que para la integral conformación entitativa del menor causante ha significado la
ausencia del padre. Es que nadie podrá negar que en lo general se ha de recibir el impacto al
saberse que no ha sido reconocido por el padre que lo ha engendrado, privado arbitrariamente
de una pertenencia que es reclamada, según lo aseguran los estudiosos de la personalidad,
agudamente por el niño y que es condición de un crecimiento y desarrollo sin sobresaltos de la
personalidad psicológica. Es indudable que esta situación configura un daño en los términos de
los arts. 1067, 1068, 1078 y conc. del Cód. Civil.
6. Y siendo las cosas así es manifiesto que el demandado debe indemnizar el daño por él
causado (art. 1109, Cód. cit.), correspondiendo que la jurisdicción, con atención a las
circunstancias de las personas lo cuantifique (doct. del art. 165, Cód. Procesal).
Con aprecio, entonces, de la edad del menor interesado, su pertenencia a familia de escasos
recursos -la parte actora actúa con beneficio de litigar sin gastos como así el resultar de la
causa que el demandado se ha dicho ser un desocupado al presente y haber sido empleado en
empresa siderúrgica del medio antes de ello, juzgo equitativo fijar en la suma de $ 15.000 el
monto por el cual debe ser acogido el reclamo.
Se ha de condenar al accionado al pago de los intereses resarcitorios del caso que se liquidarán
desde la notificación de la demanda y con la tasa que paga el Banco de la Provincia en las
imposiciones a 30 días y conforme a la evolución observada por la misma.
Las costas de ambas instancias y por ambas acciones serán soportadas por el demandado que
resulta vencido en las dos (Arts. 68 y 274, Cód. Procesal).
Concluyo manifestando que es mi voto el que la sentencia revisada se ajusta a derecho en
cuanto ha acogido la postulación filiatoria incoada con la demanda; que no lo es en cuanto ha
desestimado la de indemnización de daños, la que debe ser acogida en la medida que lo he
determinado "supra". Todo con costas a cargo del vencido. Así lo expreso.
Apéndice de fallos
Página 208
Los doctores Civilotti y Maggi por iguales fundamentos votaron también en el mismo sentido.
Sentencia.- Por los fundamentos y citas legales invocados en el acuerdo que antecede, se
resuelve: Acoger el recurso interpuesto por la actora y desestimar el deducido por el
demandado, y en su mérito a confirmar la sentencia obrante a fs. 116/21 en cuanto ha acogido
la postulación filiatoria incoada con la demanda y revocarla en el punto segundo, condenando
al demandado H. J. A. a abonar a la actor H. E J. S. T., en concepto de indemnización, la suma
de $ 15.000 con más sus intereses que se liquidarán desde la notificación de la demanda y con
la tasa que paga el Banco de la Provincia de Buenos Aires en las imposiciones a 30 días y
conforme a la evolución observada por la misma.
Las costas de ambas instancias y por ambas acciones serán satisfechas por el demandado que
resulta vencido (arts. 68 y 274, Cód. Procesal).- Carlos A. Vallilengua.- Juan C. Maggi.- Jorge
F. Civilotti.
51. { C.Civ. y Com.San Martín, sala II, febrero 8-1996 “D., N. N. c. V., G. J.”
LLBA To. 1996 pág. 1090
SUMARIOS:
1. En el reclamo de los daños derivados de los hechos que han sido causa del divorcio
tramitado entre las partes el plazo prescriptivo de dos años comienza a correr desde que
la acción se encuentra expedita, esto es, desde que la sentencia dictada se encuentra
firme, pues la prescripción entre cónyuges no corre mientras no se halle disuelto el
matrimonio.
TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia.- San Martín, 8 de febrero de 1996.
¿Es ajustada a derecho la sentencia apelada?
El doctor Occhiuzzi dijo:
I. Contra el decisorio de fs. 274/275 que hace lugar a la excepción de falta de legitimación
pasiva parcial y rechaza las excepciones de incompetencia, prescripción, cosa juzgada y litis
pendencia se alza el demandado deduciendo recurso de apelación que funda con la memoria de
fs. 279/283, la cual viene contestada a fs. 285/ 288.
Se agravia el apelante en primer lugar porque el sentenciante de grado no receptó su postura
encausada como excepción de incompetencia relacionada con el hecho de que el juicio de
divorcio no ejerce fuero de atracción sobre la acción de daños y perjuicios ya que ésta no se
halla contemplada en el art. 6, incs. 2° y 3°. Seguidamente se explaya desplegando argumentos
basados en la configuración de una amenaza de prejuzgamiento.
Apéndice de fallos
Página 209
Un segundo agravio lo constituye el rechazo de la excepción de prescripción, señalando que la
sentencia de divorcio declaró disuelto el vínculo retroactivamente a la fecha de la demanda de
divorcio (28/10/91) y desde allí hasta la fecha de promoción del presente juicio ha transcurrido
en demasía el lapso de dos años que, como plazo de prescripción de la acción, ha señalado el a
quo. También ha fenecido dicho plazo desde la ocurrencia de los hechos invocados como
causales del divorcio obtenido.
Por último manifiesta que le infringe agravio también el rechazo de la excepción de cosa
juzgada y litispendencia dado que se vuelven a ventilar aquí las causales que fueron materia del
divorcio y que hoy cuentan con sentencia firme. Al igual que todo lo referido a alimentos y
régimen de visitas que cuentan con causa actualmente en trámite.
II. Propondré que el agravio relacionado con la excepción de incompetencia sea declarado
desierto.
… [Omissis]
III. Seguidamente y salteando el orden en que han sido deducidos, trataré el agravio referente
al rechazo de las excepciones de cosa juzgada y litispendencia.
… [Omissis]
IV. En cuanto al rechazo de la excepción de prescripción, cabe señalar que si bien es cierto que
el reclamo de autos se basa en los daños derivados de los hechos que han sido las causales de
juicios de divorcio tramitado entre las partes, el plazo prescriptivo de dos años establecido en
el decisorio, que no ha sido objetado por las partes, no había transcurrido a la fecha de la
presente demanda, pese al largo período comprendido desde la configuración de tales hechos,
porque su decurso se hallaba suspendido ex lege por el imperio del art. 3969 del Cód. Civil,
que expresamente dispone, tal como lo interpretara el fallo, que la prescripción entre cónyuges
no corre, mientras no se halle disuelto el matrimonio, lo que no es sino una aplicación del
principio general según el cual la prescripción liberatoria sólo corre desde el momento en que
la acción esté expedita (doct. arts. 953, 3955, 3960, 3969 y cctes., Cód. Civil).
Este último hecho se concreta al quedar firme la sentencia dictada el 30/5/94 (ver certificación
de fs. 10), por los que, a la fecha de promoción del presente juicio, 10/XI/94, el plazo bienal
(art. 4037 del Cód. Civil) no había aún operado.
`El efecto retroactivo de la sentencia de divorcio a la fecha de notificación de la demanda (art.
1306, del Cód. Civil) al que alude el agravio debe entendérselo limitado a los aspectos
patrimoniales del matrimonio vinculados con la dilucidación de la sociedad conyugal, pues de
lo contrario perdería sentido la expresión del art. 3969 del Cód. citado, que extiende la vigencia
de la suspensión del curso del plazo prescriptivo aun a las hipótesis de separación de bienes y
de divorcio decretado por autoridad competente. Fácil de colegir ello del objetivo tuitivo de la
norma aplicada que se desprende de la nota que a la misma hiciera el codificador, que torna
inaplicable el instituto prescriptivo a los conflictos entre cónyuges mientras subsista el vínculo
conyugal (conf. Borda: "Obligaciones II", N° 1026; 3ª ed., Ed. Perrot).
Por las razones expuestas, voto por la afirmativa.
Apéndice de fallos
Página 210
Los doctores Mares y Cabanas, por los mismos fundamentos, votaron en igual sentido.
Por los fundamentos expuestos en el acuerdo que antecede, se resuelve: 1º Confirmar el fallo
apelado, 2º Imponer las costas de esta instancia al apelante. 3º Diferir la regulación de
honorarios (art. 31 dec.-ley 8904/77).- Ricardo A. Occhiuzzi.- Horacio A. Mares.- Raúl E.
Cabanas.
52.
C.1ª.Apel.Civ. y Com.Mar del Plata, sala II, abril 8-1997 “V., L. c.
P., O.” • LLBA To. 1997 pág. 1287
SUMARIOS:
1. El divorcio en si mismo no puede dar lugar a la acción de daños y perjuicios, la ley ha
receptado otro tipo de sanciones para el cónyuge culpable, pérdida de la vocación
sucesoria, deber de asistencia alimentaria, revocación de las donaciones y privilegio del
cónyuge inocente u enfermo a ocupar el inmueble que fuera asiento del hogar conyugal.
2. En la acción de daños derivados de los hechos que han dado lugar al divorcio se aplican
las normas de responsabilidad extracontractual, siendo su plazo de prescripción de dos
años comenzando a correr desde que la acción se encuentre firme, pues la prescripción
entre cónyuges no corre mientras no se halle disuelto el matrimonio.
3. … [Omissis]
TEXTO (Parte pertinente):
2ª Instancia.- Mar del Plata, abril 8 de 1997.
1ª ¿Es justa la sentencia de fs. 147-151 vta.? 2ª ¿Qué pronunciamiento corresponde dictar?
1ª cuestión.- La doctora Zampini dijo:
I. El juez de lo instancia dictó sentencia, desestimando la defensa de prescripción opuesta por
la demandada y, en consecuencia, hizo lugar la acción entablada por L. V. contra O. E. P., y
condenó a esta última a pagar dentro de los 10 días y en concepto de "indemnización por daño
moral" la suma de pesos 20.000 con más -en su caso los intereses establecidos en los
considerandos que anteceden, bajo apercibimiento de ejecución. Impuso las costas a la
demandada vencida y difirió la regulación de honorarios.
Dicho pronunciamiento, es apelado por la demandada quien se agravia por el rechazo de la
defensa de prescripción, toda vez que en el fallo apelado no se ha cuidado de diferenciar lo que
claramente en la demanda se sustenta en los hechos que se le atribuyen y que fueron invocados
al accionar por el divorcio obtenido.
Apéndice de fallos
Página 211
La contraria se ha encargado de señalar que no se acciona por el adulterio en si, sino por la
forma en que según el actor se ha comportada la accionada, encontrándose prescripta esta
acción. (Funda en los arts. 3962, 4037 y concs., Cód. Civil). También se agravia con respecto a
la pretensión resarcitoria que resulta improcedente total y absoluta de la demanda. Descalifica
las testimoniales producidas. Asimismo entiende que no existe razonabilidad y racionalidad en
el monto establecido en concepto de daño moral.
Pasaré a analizar los agravios propuestos:
1) Prescripción. Antecedentes: que teniendo a la vista los autos caratulados: "P. de V., O. c. V.
L. s/ divorcio vincular-tenencia-alimentos", se ha dictado sentencia resolviéndose:
Desestimando, por improcedente la acción de divorcio vincular promovida por O. E. P. contra
L. V. por las causales de abandono voluntario y malicioso del hogar conyugal e injurias graves.
Asimismo hizo lugar a la demanda promovida por L. V. contra O. E. P. y, en consecuencia,
decreto el divorcio vincular de los mismos por culpa de la demandada, por la causal de
adulterio, declarando disuelta la sociedad conyugal a partir de la fecha de la notificación de la
acción 1 de junio de 1992 y rechazó la reconvención deducida por "injurias graves" y daño
moral deducida por O. E. P. contra L. V. Impuso las costas de ambos procesos a la vencida y
difirió la regulación de honorarios de actuación profesional en base a lo previsto por los arts.
23 y 26 de la ley 8904.
Pasaré a analizar los agravios propuestos: a) Primer agravio prescripción: la demanda de daños
y perjuicios se funda en los hechos que dieron lugar al divorcio por la causal de adulterio y más
adelante se refiere a fs. 180 a los daños y perjuicios por el divorcio en sí. Lo cierto es, que la
prueba producida en autos se encuentra encaminada a acreditar los hechos que dieron lugar a la
causal de adulterio.
Ahora bien, corresponde pasar a analizar si la acción se haya prescripta o no.
Se aplican las normas de responsabilidad extracontractual (arts. 901, 1066, 1109, Cód. Civil).
En la materia, el fundamento se encuentra en el art. 4037 del Cód. Civil. La doctrina y la
jurisprudencia se encuentran divididas, en el sentido desde cuando se parte para computar el
plazo prescriptivo. Mientras unos sostienen que corre a partir que el cónyuge toma
conocimiento de los hechos que dieron lugar a la causal de divorcio, otros sostienen a partir de
la sentencia.
Entiendo que la prescripción es bianual y corre desde que la sentencia de divorcio haya pasado
en autoridad de cosa juzgada, toda vez que una vez determinado el divorcio por la causal
invocada puede solicitar los danos y perjuicios.
Se trata de una acción autónoma. Si tomáramos la posibilidad que no se acreditara la causal
invocada y fuera desestimada la demanda de divorcio contradictorio lo obligaríamos a cargar
con las costas por el daño reclamado (López del Carril: "Régimen del matrimonio, separación
personal" p. 309; Fracisco C. Cecchini y Eduardo I. Saux: "Daños entre cónyuges" publicado
en "El Derecho de familia" Nº 9, p. 225; Ricardo J. Dutto: "Divorcio y separación personal" p.
281 y sigtes.).
Apéndice de fallos
Página 212
En este sentido se ha dicho que "En el reclamo de los daños derivados de los hechos que han
sido causa del divorcio tramitado entre las partes, el plazo prescriptivo de dos años comienza a
correr desde que la acción se encuentra expedita, esto es, desde que la sentencia dictada se
encuentra firme, pues la prescripción entre cónyuges no corre mientras no se halle disuelto el
matrimonio" (art. 3969; Cám. Civil y Com. de San Martín, sala II 8/2/96 publicada en LA
LEY, Buenos Aires 1996, 1090, fallo 1088; Revista de Derecho Privado y Comunitario:
"Prueba", p. 377).
En consecuencia la acción entablada no se encuentra prescripta, rechazándose el agravio
planteado.
Daño moral: a) Daños y perjuicios derivados del divorcio en sí mismo.
… [Omissis]
Los doctores Oteriño y Dalmasso votan en igual sentido, por los mismos fundamentos.
2ª cuestión.- La doctora Zampini dijo:
… [Omissis]
Los doctores Oteriño y Dalmasso votaron en igual sentido, por los mismos fundamentos.
En consecuencia se dicta la siguiente sentencia: por los fundamentos expuestos en el
precedente acuerdo, se modifica la sentencia de fs. 147-151 vta., en cuanto al monto en
concepto de daño moral, fijándose en la suma de pesos ocho mil y rechazándose el agravio en
materia de prescripción. Las costas se imponen a la demandada por resultar vencida (art. 68,
Cód. Procesal).- Nélida J. Zampini.- Raúl O. Dalmasso.- Rafael F. Oteriño.
53.
Cám. Nac. Apel. en lo Cont.-adm. Federal, sala III - marzo 101998 – “Esterlina S.A. c. Banco Central” - L.L. To. 1999-A pág. 153
SUMARIOS:
1. No debe prescindirse de la aplicación de los actos administrativos, privándolos de sus
efectos, sin antes declarar su invalidez.
2. Resulta extensible a los actos administrativos el principio según el cual la
responsabilidad del Estado por los daños derivados de leyes, reglamentos y actos
judiciales ilegítimos requiere la invalidación de éstos por las vías procesales
pertinentes.
3. Si el reclamo indemnizatorio se originaría por la anulación de un acto administrativo, el
administrado puede deducir tal pretensión indemnizatoria en forma conjunta pero
Apéndice de fallos
Página 213
subsidiaria a la de anulación o esperar la sentencia anulatoria y posteriormente deducir
aquélla.
4. Cuando la reclamación indemnizatoria es una consecuencia de la sentencia judicial que
declara la ilegitimidad del acto administrativo, el curso de la prescripción de la acción
de daños y perjuicios comienza cuando aquella sentencia queda firme, pues la
necesidad de la declaración de nulidad, presupuesto del derecho, impedía el ejercicio de
la acción.
TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia.-- Buenos Aires, marzo 10 de 1998.
El doctor Muñoz dijo:
1. La sentencia de 1ª instancia hizo lugar con costas, a la defensa de prescripción opuesta y
rechazó la demanda por daños y perjuicios interpuesta por Esterlina S.A. Para ello consideró
que: a) el plazo bienal que dispone el art. 4037 del Cód. Civil debe computarse desde el hecho
dañoso, es decir la suspensión para operar dispuesta en 1982 por el Banco Central; b) en la
acción por nulidad de aquellas decisiones la actora no formuló reclamo por daños y perjuicios;
c) la necesaria declaración de nulidad del acto para la procedencia del reclamo indemnizatorio
(conf. fallo plenario de esta Cámara "Petracca", del 24/4/86), no configura cuestión prejudicial;
d) tampoco existió imposibilidad de hecho en los términos del art. 3980 del Cód. Civil.
Apeló la actora. Señala que conforme la doctrina del plenario "Petracca", debe impugnarse el
acto administrativo para fundar la pretensión resarcitoria ulterior. Recién con el fallo de la
Corte Suprema que dejó sin efecto la resolución del Banco Central, pudo accionar contra aquél
por resarcimiento de los perjuicios derivados de aquellas resoluciones. Por lo cual el término
de prescripción recién comenzó en la fecha del pronunciamiento definitivo sobre las sanciones
y medidas cautelares aplicadas por el Banco Central (conf. arts. 3953, 3954, 3955, 3957 y
3960, Cód. Civil).
En subsidio, entiende aplicable el art. 3980 del Cód. Civil y aduce que interpuso la demanda
dentro del plazo de tres meses, que esa norma dispone, desde la sentencia de la Cámara en lo
Penal Económico; o que las presentaciones administrativas y judiciales, interrumpieron el
curso de la prescripción.
2. La actora funda su pretensión resarcitoria en los perjuicios que aduce le ocasionó la
suspensión para actuar como Casa de Cambio que dispuso el Banco Central --con carácter
precautorio-- el 17/5/82, por presunta existencia de infracciones a la ley penal cambiaria,
mediante Comunicación N° 4643; y luego por la resolución 396/90, que le canceló su
autorización para operar, le impuso multa e inhabilitación. Dicha resolución fue revocada el
24/5/95 por la sala A, de la Cámara Nacional en lo Penal Económico, de acuerdo a lo ordenado
por la Corte Suprema en el fallo agregado a fs. 78/81.
Apéndice de fallos
Página 214
3. La regla que impide revisar de oficio la validez de los actos administrativos, también prohibe
resolver los conflictos haciendo abstracción de lo que tales actos disponen, ya que no cabe
prescindir de su aplicación y privarlos de sus efectos sin antes declarar su invalidez. Antes
bien, resulta extensible a los actos administrativos el principio conforme al cual la
responsabilidad del Estado por los daños derivados de leyes, reglamentos y actos judiciales
ilegítimos requiere la invalidación de éstos por las vías procesales pertinentes (conf. voto de la
mayoría en el fallo plenario "Petracca" del 24/4/86, LA LEY, 1986-D, 10).
Cuando como en el caso, la reclamación indemnizatoria es una consecuencia de la sentencia
judicial que declara la ilegitimidad del acto, la anulación de éste es presupuesto indispensable
de aquélla. En tales condiciones, la pretensión resarcitoria es accesoria, y está subordinada a la
previa anulación del acto.
Pudo la actora entonces, optar válidamente por deducir la pretensión de indemnización en
forma conjunta pero subsidiaria a la de anulación o esperar la sentencia anulatoria y
posteriormente deducir la pretensión de daños (conf. esta sala, 16/9/86 "Sade S. A.").
Por tanto, el curso de la prescripción recomenzó cuando la sentencia de fs. 85/87 quedó firme,
pues la necesidad de la declaración que es presupuesto de su derecho, impedía el ejercicio de
su acción.
En efecto, en el caso, las dos acciones debían tramitar ante diferentes jueces, ya que la
impugnación de la resolución del Banco Central se tramitó en el fuero Penal Económico, en
tanto el resarcimiento motivó la intervención del contenciosoadministrativo. Y en sede
administrativa al solicitar el levantamiento de la suspensión fundado en los perjuicios que le
ocasionaba, se reservó el derecho de reclamarlos.
4. Las distintas presentaciones en sede administrativa y las acciones judiciales que interpuso el
actor impiden declarar la prescripción de la acción, pues su fundamento radica en la
conveniencia de resolver situaciones inestables, de dar seguridad y fijeza a los derechos cuando
la inacción de su titular hace presumir la renuncia o abandono, lo cual en el caso no ocurrió.
Por ello voto por revocar lo decidido a fs. 266/268 respecto a la defensa de prescripción; y
remitir los autos al Juzgado de origen para que el a quo se expida acerca de la pretensión
resarcitoria deducida en la demanda. Las costas de ambas instancias, propicio se distribuyan en
el orden causado, dadas las dificultades que la cuestión plantea.
El doctor Argento adhiere al voto precedente.
El doctor Mordeglia no suscribe por hallarse en uso de licencia (art. 109, Reglamento para la
Justicia Nacional).
Por lo que resulta del acuerdo que antecede, se revoca lo decidido a fs. 266/268 respecto a la
defensa de prescripción y se ordena remitir los autos al Juzgado de origen para que el a quo se
expida acerca de la pretensión resarcitoria deducida en la demanda. Costas de ambas instancias
en el orden causado, dado las dificultades de la cuestión.-- Guillermo A. Muñoz.-- Jorge E.
Argento.-- Roberto M. Mordeglia.
Apéndice de fallos
Página 215
54.
S.C.J.Bs.As., abril 20-2005 “Chakers Sociedad de Hecho y/u
otros c. Municipalidad de Nueve de Julio” L.L.BA To. 2006
(febrero) pág. 20, con nota de Miguel H. E. Oroz
HECHOS:
Los propietarios de un comercio interpusieron acción de amparo contra el decreto municipal
por el cual se dispuso el cierre definitivo de su establecimiento. El juez de primera instancia
hizo lugar a la acción impetrada. La Cámara confirmó el fallo apelado. Con posterioridad los
amparistas dedujeron una acción de daños y perjuicios derivada de la clausura ilegítima de su
local. La demandada opuso excepción de prescripción. El juez de primera instancia hizo lugar
a la acción incoada. La Cámara consideró que aquélla se encontraba prescripta. Los actores
interpusieron recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley. La Suprema Corte de Justicia
de la Provincia de Buenos Aires revocó la sentencia recurrida.
SUMARIOS:
1. Cuando la ilicitud del hecho debe resultar de una decisión judicial previa, el plazo de
prescripción de la acción de daños y perjuicios por responsabilidad extracontracual del
Estado debe comenzar a correr desde la fecha en la cual la sentencia que califica el
hecho como ilícito adquiere fuerza de cosa juzgada pues, frente a la presunción de
legitimidad de los actos emanados del Estado -en el caso, un decreto municipal que
dispuso la clausura definitiva del comercio del actor- resulta necesario un proceso
judicial para demostrar la ilegitimidad del acto impugnado.
TEXTO COMPLETO:
La Plata, abril 20 de 2005.
¿Es fundado el recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley?
El doctor Negri dijo:
1. Los hechos relevantes del presente proceso, ordenados cronológicamente son los siguientes:
a) Los accionantes -integrantes de una sociedad accidental- explotaban un comercio de
confitería que comenzó a funcionar a fines de 1990.
b) Mediante el decreto municipal 164 del 2 de julio de 1993 la intendencia dispuso el cierre
definitivo del mismo.
c) El día 8 del mismo mes y año los perjudicados por tal medida promovieron una acción de
amparo que prosperó en primera instancia y confirmó la Cámara con el dictado de la sentencia
del 14 de junio de 1994.
d) Con fecha 4 de junio de 1996 se interpuso la acción -ejercida en autos- tendiente a obtener
resarcimiento de los daños producidos por la clausura.
Apéndice de fallos
Página 216
e) La comuna demandada opuso la prescripción extintiva de la acción en función de la fecha
del decreto de clausura -2 de julio de 1993- al sostener que desde ese momento comenzó a
correr el plazo previsto en el art. 4037 del Cód. Civil, dado que a partir de allí se había
configurado el daño y que los actores no habían tenido impedimento para interponer su acción
resarcitoria.
2. La prescripción opuesta fue rechazada por el juzgador de origen, lo que fue revocado por la
Cámara a quo, al entender -con base en el art. 4037 del Cód. citado- que al haberse interpuesto
la demanda recién el 4 de junio de 1996, la acción se hallaba prescripta "... más allá de
cualquier tangencial alusión de la accionada a lo ocurrido en el proceso de amparo..." (fs. 696
vta.).
3. Contra dicho pronunciamiento los actores mediante el presente recurso extraordinario de
inaplicabilidad de ley denuncian la errónea aplicación del art. 3986 del Cód. Civil, violación de
la doctrina legal y del principio de congruencia.
El argumento de los actores -en síntesis- es que la acción no está prescripta pues entienden que
el plazo de la misma había comenzado al adquirir firmeza el pronunciamiento que había hecho
lugar al amparo y no el anterior correspondiente a la fecha del decreto de clausura.
4. El recurso resulta fundado.
El principio general en la materia es que la prescripción no corre contra los derechos o las
acciones que aún no han tenido nacimiento: actioni non natur non praescribuntur (doct. causa
Ac. 45.288, sent. del 27/XII/1991, pub. en "Acuerdos y Sentencias", 1991-IV-678).
El referido principio ha sido aplicado por este Tribunal en materia de hechos ilícitos al sostener
que "... si bien es cierto que la prescripción de la acción emergente de un hecho ilícito
comienza desde el momento en que éste ocurre, toda vez que constituye la fuente de la
obligación de resarcir, no lo es menos que tal principio -de carácter general- debe ser
congruentemente aplicado en situaciones particulares, como la del caso de autos, en la que la
ilicitud del hecho no se encuentra categóricamente establecida en el momento de producirse,
sino que fue necesario un acto jurisdiccional, el que permitiera calificarlo como tal". En esta
oportunidad se invocaron los fundamentos vertidos en otro precedente ("D.J.B.A.", t. 80, p. 85)
que creo es pertinente reproducir: "... la doctrina como la jurisprudencia vienen admitiendo que
cuando la ilicitud del hecho debe resultar de una previa decisión judicial, el término de
prescripción sólo puede comenzar a partir de la fecha en que la sentencia que así lo declare
pase en autoridad de cosa juzgada [...] se podrá objetar que la ilicitud del hecho no resulta de la
sentencia que así lo declara; que ningún obstáculo de orden material o jurídico impide
proponer la acción de daños y perjuicios con anterioridad; que la hipótesis no es equiparable a
la del art. 3980. O que se podrá argüir con el efecto retroactivo propio de las sentencias
dictadas en procesos de condena. Pero magüer tales reparos, se me aparece como más valiosa decía el doctor Bouzat a quien pertenece el voto- la solución que propicio. Carece de sentido
imponer a aquél cuyo controvertido derecho está pendiente de un reconocimiento judicial la
carga de poner en movimiento la actividad jurisdiccional en miras a mantener viva una
pretensión cuya consolidación -en la realidad de las cosas- sólo habrá de operarse una vez
decidida la cuestión relativa a la legitimidad de la ocupación. Cuestión que, no ya por virtud de
Apéndice de fallos
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precepto legislativo, sino de la fuerza misma de las circunstancias y por imperio de los
principios de la lógica aparece con ribetes propios de prejudicialidad material. Basta para
evidenciarlo observar que no cabría, sin caer en el riesgo del tal meneado 'escándalo jurídico'
de las sentencias contradictorias, pronunciarse en la acción de daños y perjuicios sin haberlo
hecho antes en la de desalojo" ("Acuerdos y Sentencias", 1977-III-727; causa cit.).
Las argumentaciones reseñadas son de estricta aplicación al caso de autos en el que ya no es la
ilicitud del acto o hecho ilícito lo que se encontraba pendiente de una decisión judicial sino la
legitimatio ad causam de la actora, entendida como la cualidad emanada por la ley que faculta
a requerir una sentencia favorable respecto del objeto litigioso (Ac. 45.288, sent. del 27-XII1991; Ac. 78.553, sent. del 12/II/2003, "Acuerdos y Sentencias", 1976-II-37).
Me persuade aún más de la solución propuesta que frente a la presunción de legitimidad de los
actos emanados del Estado (en el caso del decreto municipal por el que se dispuso la clausura
definitiva del comercio de los actores) fue necesario un proceso judicial (el amparo) para
demostrar su ilegitimidad (ilicitud).
Conforme con lo que llevo dicho, y habida cuenta que la demanda de daños y perjuicios fue
interpuesta antes de cumplirse los dos años computados desde que lo resuelto en el juicio de
amparo pasó en autoridad de cosa juzgada, la misma no está alcanzada por el plazo de
prescripción (arts. 3986, 4037, C. Civ.), por lo que corresponde hacer lugar al recurso
interpuesto, revocar la sentencia impugnada y rechazar la defensa de prescripción opuesta, con
costas (art. 69, C.P.C.C.).
Los autos volverán al tribunal de origen para que, integrado como corresponda, considere los
restantes agravios que han retomado virtualidad en atención a lo aquí decidido.
Voto por la afirmativa.
Los doctores Hitters, Roncoroni, Kogan y Genoud, por los mismos fundamentos del doctor
Negri, votaron también por la afirmativa.
Por lo expuesto en el acuerdo que antecede, corresponde hacer lugar al recurso interpuesto,
revocar la sentencia impugnada y rechazar la defensa de prescripción opuesta, con costas (art.
69, C.P.C.C.). Los autos volverán al tribunal de origen para que, integrado como corresponda,
considere los restantes agravios que han retomado virtualidad en atención a lo decidido. Héctor Negri. - Juan C. Hitters. - Francisco H. Roncoroni. - Hilda Kogan. - Luis E. Genoud.
55.
C.Apel.Civ., Com. y Garantías en lo Penal de Pergamino mayo 16-2002 “Ciacia, Juan C. c. Graneros y Elevadores
Argentinos de Colón S.C.L.” – LLBA To. 2002 pág. 1649
HECHOS:
En una acción por daños y perjuicios apela el actor el decisorio que declaró prescripta la
acción que instara. Señala que lo resuelto desoye el principio en la materia según el cual la
prescripción no corre contra derechos o acciones que aún no han tenido nacimiento. Además
Apéndice de fallos
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denuncia que el procedimiento está viciado de nulidad. El tribunal resuelve revocar la
sentencia en cuanto declara la prescripción de la acción.
SUMARIOS:
1. Debe revocarse la sentencia que decreta la prescripción de una acción civil por daños y
perjuicios interpuesta por el actor, si al momento de demandar la ilicitud del acto o
hecho ilícito origen de la acción se encontraba pendiente de una decisión judicial en
sede penal que lo declare o califique como tal.La declaración de nulidad del acto
procesal irregular no resulta procedente si el mismo ha sido consentido aunque fuera
tácitamente por la parte interesada en la declaración, y ello se presume cuando -como
en el caso- no se promueve el respectivo incidente de nulidad dentro de los 5 días
subsiguientes al conocimiento del acto.
TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia. - Pergamino, mayo 16 de 2002.
1ª ¿Se ajusta a derecho la sentencia apelada? 2ª ¿Qué pronunciamiento corresponde dictar?
1ª cuestión. - El doctor Gesteira dijo:
Apela la actora el decisorio que declara prescripta la acción que instaurara por daños y
perjuicios.
En el memorial, si bien la recurrente expuso diversos agravios, sintéticamente las cuestiones a
tratar en el acuerdo son las que siguen:
a) Que la excepción fuese resuelta como de puro derecho, cuando -según aduce- "en autos hay
controversia y disconformidad, por lo que debió ser objeto de prueba y decidirse en ocasión de
la sentencia definitiva". Denuncia además que el procedimiento está viciado de nulidad "ya que
no ha guardado las formas procesales previas para declarar la cuestión de puro derecho,
configurando así un error "in procedendo", desde que el inc. 3 del art. 135 del Cód. Procesal
impone la notificación por cédula tratándose de resoluciones que ordenan la declaración de
puro derecho".
b) En lo tocante al fondo del asunto, se duele de lo resuelto argumentando que el temperamento
objetado desoye flagrantemente el principio general en la materia, según el cual la prescripción
no corre contra los derechos o las acciones que aún no han tenido nacimiento. Señala que ese
es precisamente el caso en la presente, porque el título del derecho por el que se acciona está
condicionado a la previa declaración que debe efectuar la jurisdicción penal sobre la ilicitud de
la denuncia que oportunamente formulara la demandada. Agrega a lo anterior que no es
responsabilidad de la apelante que el juez que conoce de dicho proceso criminal no se hubiese
aún pronunciado, cuando han transcurrido más de seis años de la iniciación de las actuaciones.
Apéndice de fallos
Página 219
Reclama en consecuencia el acogimiento del recurso y la revocación del resolutorio
impugnado, con costas a la contraria.
A su tiempo, la apelada refuta los agravios reseñados y, sosteniendo que la decisión
cuestionada se ajusta a derecho, pide su ratificación en estos estrados.
El primero de los agravios no tiene andamiento.
La declaración de nulidad del acto procesal irregular no resulta procedente si el mismo ha sido
consentido, aunque fuere tácitamente por la parte interesada en la declaración, consentimiento
que se presume cuando no se promueve el respectivo incidente de nulidad dentro de los cinco
días subsiguientes al conocimiento del acto, aunque fuere en forma extrajudicial (art. 170, Cód.
Procesal). Y en el caso, por fuera de las objeciones formales efectuadas por el recurrente, lo
cierto es que al correrse traslado de la excepción de prescripción opuesta por el demandado (fs.
142) tajantemente se dispuso que la actora debía contestar únicamente sobre dicho planteo, lo
cual inequívocamente implicaba que se lo trataría previa y excluyentemente.
Más tarde, el juzgador (fs. 156) llamó los autos a despacho para resolver. Ninguna de las dos
providencias fue objetada en su momento por el recurrente, quien no puede alegar
desconocimiento porque en plurales presentaciones posteriores a su dictado (fs. 169 y 173),
invoca y justifica conocer del estado del expediente y, es en virtud de ello que insta la
realización de una prueba informativa pendiente de producción.
En lo que toca a la prescripción de la acción de daños y perjuicios, resulta de aplicación la
doctrina de la casación que emana del acuerdo 64506 S 10/11/98, dictado en autos "D. M., R.
c. S., A. F. s/ Reclamación de estado de filiación", por citar el más reciente.
Reiteró allí el Superior Tribunal que el principio general en la materia es que la prescripción no
corre contra los derechos o las acciones que aún no han tenido nacimiento: "actioni non natur
non praescribuntur".
El ministro que tuviera el primer voto señaló citando a Galli, que ninguna acción puede
prescribirse antes de existir, porque no ha podido ejercerse. O, para expresarlo con palabras de
Ennecerus-Nipperdey, la prescripción comienza tan pronto nace "una pretensión accionable"
fórmula análoga a la del Código español según la cual "el tiempo para la prescripción de toda
clase de acciones... se contará desde el día que pudieron ejercerse" (art. 1969, v. Salvat-Galli,
"Obligaciones en general", t. III, Ed. Tea, Bs. As., 1958, núms. 2072 a) y 2071 a) en ps. 417/9).
Así ha interpretado la jurisprudencia española el plazo relativo a los cuasidelitos al decidir que
la prescripción corre desde que el agraviado "pudo ejercer la acción" pues como lo destaca
Borrel Maci "... si no puede ejercitarse la acción no puede decirse que exista"
("Responsabilidades derivadas de la culpa extracontractual civil", 2ª ed., Bosch, Barcelona,
1958, Cap. XXIV, 180, ps. 344/5).
En este mismo orden de ideas, precisó la casación que el referido principio "actioni non natur
non praescribuntur" resulta aplicable en diversos supuestos. Así en materia de simulación y
derechos hereditarios ha expresado que los derechos que no pueden reclamarse sino en calidad
de heredero de bienes futuros, no son prescriptibles sino desde la apertura de la sucesión sobre
la cual, o en cuyo beneficio, deben ejercerse, desde que en tal condición esos derechos carecen
Apéndice de fallos
Página 220
de existencia jurídica, constituyendo meras expectativas que no pueden servir de base a
ninguna actividad judicial. Es que, expuesto en términos generales, la prescripción comienza a
correr desde que el crédito existe y puede ser exigido, y no corre contra los derechos o las
acciones que no han tenido nacimiento (AyS, 1980-I-537).
Y en materia de hechos ilícitos, si bien es cierto que la prescripción de la acción que de ellos
emerge comienza desde el momento en que este ocurre, toda vez que constituye la fuente de la
obligación a resarcir, no lo es menos que tal principio -de carácter general- debe ser
congruentemente aplicado en situaciones particulares, como la del caso de autos, en la que la
ilicitud del hecho no se encuentra categóricamente establecida en el momento de originarse,
sino que resulta necesario un acto jurisdiccional que lo declare y califique como tal. Sobre el
particular y volviendo a la interpretación de la Suprema Corte, (DJBA, 80-85) resulta
pertinente citar al doctor Bouzat cuando expresa que: "... la doctrina como la jurisprudencia
vienen admitiendo que cuando la ilicitud del hecho debe resultar de una previa declaración
judicial, el término de prescripción sólo puede comenzar a partir de la fecha en que la sentencia
que así lo declare pase en autoridad de cosa juzgada... se podrá objetar que la ilicitud del hecho
no resulta de la sentencia que así lo declara; que ningún obstáculo de orden material o jurídico
impide proponer la acción de daños y perjuicios con anterioridad; que la hipótesis no es
equiparable a la del art. 3980 o que se podrá argüir con el efecto retroactivo propio de las
sentencias dictadas en procesos de condena. Pero magüer tales reparos, se exhibe como más
valiosa la solución que propicio. Carece de sentido imponer a aquel cuyo controvertido
derecho está pendiente de un reconocimiento judicial la carga de poner en movimiento la
actividad jurisdiccional en miras a mantener viva una pretensión cuya consolidación -en la
realidad de las cosas- sólo habrá de operarse una vez decidida la cuestión relativa a la
legitimidad de la ocupación. Cuestión que, no ya por virtud del precepto legislativo sino de la
fuerza misma de las circunstancias y por imperio de los principios de la lógica aparece con
ribetes propios de prejudicialidad material. Basta para evidenciarlo observar que no cabría, sin
caer en el riesgo del tal mentado escándalo jurídico de las sentencias contradictorias,
pronunciarse en la acción de daños y perjuicios sin haberlo hecho antes en la de desalojo"
(AyS, 1977-III-727).
Este es, por otra parte, el criterio que abona Kemelmajer de Carlucci cuando expresa que,
puesto que la absolución o el sobreseimiento es presupuesto de la acción civil por reparación
del daño por la denuncia, mientras esa resolución no se dicte, la acción civil no ha nacido. Por
eso, el término de dos años previsto en el art. 4037 no debe computarse a partir de la
formulación de la denuncia, sino desde la fecha de la absolución o sobreseimiento (conf. la
autora citada en el "Código Civil comentado y anotado", dirigido por Belluscio, t. T, p. 264, ed.
1984).
En ese mismo orden, partiendo de la premisa de que la denuncia debe ser falsa para que
proceda la acción, bien porque el delito no se haya cometido, bien porque el imputado no haya
participado en él resulta de toda evidencia que la inocencia del injustificadamente acusado o
denunciado debe surgir de una resolución judicial; de ahí que la absolución o el sobreseimiento
del imputado sea un elemento esencial, constitutivo del derecho a ser indemnizado; tanto es
así, que si esta resolución faltase, no habría posibilidad de plantear la cuestión en sede civil. El
Apéndice de fallos
Página 221
condenado no podrá invocar su inocencia para reclamar la indemnización; previamente deber
interponer en el proceso en el que fue condenado el recurso que corresponda para la revisión de
la decisión que lo declara culpable (apelación o casación); sólo cuando este remedio haya
prosperado se abrirá la vía civil del resarcimiento.
Sin embargo, cuando -como en el caso- la demanda civil ha sido interpuesta antes de la
absolución o sobreseimiento penal, no corresponde declarar su improponibilidad y consecuente
desestimación liminar. Es que la doctrina de la improponibilidad objetiva puede ser aplicada en
algunos casos, ciertamente muy excepcionales, cuando surge la evidencia de la inadmisibilidad
de la demanda, o existe manifiesta falta de fundamentos, o se halla vedada cualquier decisión
judicial de mérito. Entonces, la facultad de repulsa liminar de la demanda debe ejercerse con
suma prudencia, contrayéndola a los supuestos en los que la inadmisibilidad de la pretensión
aparezca en forma manifiesta.
No es este el caso que se examina.
Al momento de sentenciar el juzgador debe considerar si ese presupuesto existe o no; en caso
afirmativo deber hechar mano de la teoría de los hechos sobrevinientes y dar por cumplido el
recaudo; en caso negativo deber rechazar la demanda, pues lo contrario supondría el riesgo de
sentencias contradictorias, si el denunciado fuese penalmente condenado y al mismo tiempo
recibiera una indemnización por denuncia calumniosa.
En ese sentido se apunta que, si bien la solución es aparentemente dura, no hay ninguna
disposición que permita a la jurisdicción civil suspender el dictado de su sentencia hasta que se
pronuncie el tribunal en lo penal. El art. 1101 es inaplicable, pues no hay identidad de hechos
investigados. Mientras en sede penal se averigua la existencia del delito, en sede civil se
estudia si la denuncia es calumniosa o no lo es.
Luego, siendo tales razones de estricta aplicación al caso de autos en el que la ilicitud del acto
o hecho ilícito se encontraba -al momento de demandar- pendiente de una decisión judicial que
al presente ha sido dictada, de conformidad a lo dispuesto por el art. 3956 del Cód. Civil, debe
revocarse la sentencia apelada en cuanto decreta la prescripción de la acción y, como
consecuencia de ello disponer la continuación del proceso.
Propongo esta solución -que es una de las alternativas contempladas por la recurrente- en la
inteligencia de ser la más adecuada a los principios de economía y celeridad procesal. Es mi
voto.
El doctor Levato por análogos fundamentos votó en igual sentido.
2ª cuestión. - El doctor Gesteira, dijo:
De conformidad al resultado habido al tratarse la cuestión precedente, estimo que el
pronunciamiento que corresponde dictar es: Acoger el recurso y, en consecuencia revocar la
sentencia apelada en cuanto declara la prescripción de la acción, disponiendo la continuación
del procedimiento, con costas de ambas instancias a la demandada (art. 68, CPC). Así lo voto.
El doctor Levato por análogos fundamentos votó en igual sentido.
Apéndice de fallos
Página 222
Por el acuerdo que antecede, este tribunal resuelve: acoger el recurso y, en consecuencia
revocar la sentencia apelada en cuanto declara la prescripción de la acción, disponiendo la
continuación del procedimiento, con costas de ambas instancias a la demandada (art. 68, CPC).
- José C. Gesteira. - Hugo A. Levato.
56.
C.S.N., mayo 23-2006 “Tortorelli, Mario Nicolás c/ Buenos
Aires, Provincia de y otros s/ daños y perjuicios” Fallos 329
RCyS To. 2006-VII, 28, con nota de José F. Márquez – L.L. To. 2006-D
pág. 345, con nota de Alejandro Dalmacio Andrada - LA LEY
2006-D, 345, con nota de Alejandro Dalmacio Andrada - IMP
2006-15, 1929 - LA LEY 20/09/2006, 10, con nota de Pascual E.
Alferillo; Agustín Rugna - LA LEY 2006-E, 470, con nota de
Pascual E. Alferillo; Agustín Rugna
HECHOS:
Una persona no pudo salir del país porque se le informó que pesaba a su respecto una
interdicción ocasionada por la declaración de su quiebra. Luego de varias tramitaciones,
tomó conocimiento de que la quiebra había sido originariamente pedida ante un juez
provincial respecto de una persona que tenía su mismo nombre y apellido y que había sido
decretada con posterioridad a pedido de otro acreedor, quien presentó un certificado expedido
por un juez nacional en un juicio ejecutivo seguido contra su homónimo. Al considerar que
existió un obrar negligente de los tribunales y de los letrados que intervinieron, porque las
constancias de las causas daban cuenta de las serias dudas que existían en cuanto a la
identidad de ambas personas, el afectado promovió demanda de daños y perjuicios contra la
Provincia de Buenos Aires, el juez provincial que decretó la quiebra, el Estado Nacional, el
juez nacional que tramitó el juicio ejecutivo y los letrados que intervinieron en los pedidos de
quiebra. La Corte Suprema admite la demanda contra algunos codemandados por considerar
que existió un obrar carente de diligencia, y fija una indemnización en concepto de daño
moral.
SUMARIOS:
1. El letrado apoderado que mediante un obrar contrario a la diligencia que le era exigible
—art. 902, Cód. Civil— solicitó y obtuvo la declaración de quiebra de una persona que
no era el deudor de su mandante, debe responder por los daños ocasionados a aquélla,
porque debió extremar los recaudos necesarios ante la diferencia de los datos de
identidad del actor y del verdadero deudor —en el caso, se trata de dos personas con
igual apellido y primer nombre—, que surgían de los informes solicitados a
reparticiones públicas.
Apéndice de fallos
Página 223
2. La responsabilidad del letrado apoderado que mediante un obrar contrario a la
diligencia que le era exigible —art. 902, Cód. Civil— solicitó y obtuvo la declaración
de quiebra de una persona que no era el deudor de su mandante —en el caso, se trata de
dos personas de igual apellido y primer nombre y el informe de la Cámara Nacional
Electoral daba cuenta de un distinto domicilio— no compromete la responsabilidad de
éste, porque en materia de actos ilícitos no puede haber representación debido a que la
regla general es que los daños extracontractuales deben ser reparados por su autor.
3. Si el representante no sólo se aparta de las instrucciones recibidas, sino que viola el
derecho de un tercero al no tomar las precauciones para evitarlo —en el caso, se trata
de dos personas de igual apellido y primer nombre y el informe de la Cámara Nacional
Electoral daba cuenta de un distinto domicilio—, como cuando por falta de diligencia
dirige una acción judicial contra un homónimo, debe cargar con las consecuencias de
los daños que provoque.
4. El hecho de que el letrado apoderado haya demandado a una persona que no era deudor
del mandante —en el caso, se trata de dos personas de igual apellido y primer nombre y
el informe de la Cámara Nacional Electoral daba cuenta de un distinto domicilio—
importa un acto que no se vincula necesariamente con el mandato, por lo que no puede
ser imputado al representado (art. 1946, Cód. Civil), máxime cuando aquél no acreditó
en forma que su poderdante le hubiera suministrado datos erróneos sobre la persona de
su contraparte.
5. El acreedor que actuando por derecho propio erróneamente solicitó la declaración de
quiebra de una persona homónima de su deudor —en el caso, se trata de dos personas
de igual apellido y primer nombre—, no puede ser responsabilizado por los daños
ocasionados si la actividad que desencadenó la serie de equívocos sólo es atribuible al
letrado que lo patrocinó, quien confeccionó y suscribió el formulario del Registro de
Juicios Universales que tergiversaba los datos del deudor y su domicilio.
6. El juez que decretó la quiebra de una persona homónima del verdadero deudor y
dispuso su inhibición de bienes e interdicción de salida del país, pese a las notorias
Apéndice de fallos
Página 224
diferencias que surgían entre el nombre y el domicilio de ambos —en el caso, se trata
de dos personas de igual apellido y primer nombre—, debe responder por el daño
causado, ya que debió procurar obtener una acabada acreditación de la identidad del
fallido, en tanto requisito esencial, habida cuenta de las severas consecuencias legales
que
contempla
la
ley
concursal.
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7. El Estado Nacional es responsable por la actuación cumplida por el juzgado que, tras
haber dictado la sentencia de remate en un juicio ejecutivo, dictó un "auto de identidad"
mediante el cual dispuso que la sentencia debía considerarse dictada contra una persona
homónima del deudor, pese a que de la causa surgían serias dudas de que se tratara de
la misma persona —en el caso, no coincidía el nombre completo ni el domicilio de
ambas—, ya que ello comporta el cumplimiento defectuoso de diligencias sustanciales
del
proceso.
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8. La responsabilidad de la provincia demandada por la actuación del juez que decretó la
quiebra de una persona homónima del verdadero deudor y dispuso su inhibición de
bienes e interdicción de salida del país, pese a las notorias diferencias que surgían entre
el nombre y el domicilio de ambos —en el caso, se trata de dos personas de igual
apellido y primer nombre—, debe indemnizar el daño ocasionado, mas no en el marco
del denominado "error judicial" sino en el espacio de los errores "in procedendo"
cometidos por magistrados, funcionarios o auxiliares de la justicia que individualmente
o en conjunto concurren a la defectuosa prestación del servicio de justicia.
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Apéndice de fallos
Página 225
9. La falta de intervención en el proceso del magistrado que habría cometido el hecho
dañoso o la imposibilidad de traerlo a juicio en tanto no fuera separado de su cargo no
obsta a la responsabilidad estatal por los hechos ilícitos de sus funcionarios, ya que no
existe prescripción legal alguna que establezca que en las demandas de resarcimiento
contra uno de los responsables sea menester deducir también la pretensión contra quien
lo
es
de
manera
concurrente.
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10. El punto de partida de la prescripción es el momento en que el actor ha conocido que la
acción indemnizatoria quedó expedita a su favor.
TEXTO COMPLETO:
Expone que el 6 de febrero de 1994 viajó a la localidad de Uspallata (Provincia de Mendoza)
con el propósito de cruzar a la República de Chile y pasar allí sus vacaciones. Lo acompañaban
su esposa, su hija y unos amigos. En circunstancias en que realizaba los trámites de estilo ante
la Dirección Nacional de Migraciones, se le hizo saber que pesaba sobre su persona la
prohibición de salir del país por tener decretada una quiebra en la ciudad de Buenos Aires.
Ante tal información concurrió a la Delegación Mendoza de esa dependencia donde se le
comunicó que debía realizar los trámites respectivos en Buenos Aires. Una vez en esta ciudad
tomó conocimiento de que la medida había sido ordenada el 20 de diciembre de 1991 por el
Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial N° 2 del Departamento Judicial de
Lomas de Zamora, a cargo del doctor Alberto Edmundo Rezzónico. Concurrió a ese tribunal y
comprobó que se había incurrido en un error al intercalar sus datos personales con los de un
homónimo. Solicitó, entonces, el levamiento de la medida cautelar.
Dice que el 3 de mayo de 1988, Néstor Hugo Fernández, con el patrocinio letrado del doctor J.
O. G., había pedido la declaración en quiebra de una persona llamada Mario Tortorelli a raíz
del rechazo bancario de nueve cheques. Ese juicio estaba radicado en el juzgado antes
mencionado. Que el 30 de noviembre de ese año, presentó un escrito solicitando que, ante la
carencia de todos los datos necesarios acerca del demandado, se libraran oficios al Registro
Electoral (sic) y al Registro Nacional de las Personas. El único dato que mencionó era el
relacionado con el domicilio, que ubicó en Lamadrid 1240, de Temperley, partido de Lomas de
Zamora.
Agrega que la Cámara Nacional Electoral informó que no había registro a nombre de Mario
Tortorelli, a la vez que previno que figuraba Mario Nicolás Tortorelli, con domicilio en Pje.
Escribano 117 de la Capital Federal. Por su parte, el Registro Nacional de las Personas hizo
saber que a tenor de los datos consignados no se registraban antecedentes de identificación de
Mario Tortorelli. Con esos elementos contradictorios —sostiene— el letrado J. O. G. suscribió
Apéndice de fallos
Página 226
conjuntamente con el actuario las planillas previstas en la ley 7205 informando al Registro de
Juicios Universales de la Provincia de Buenos Aires el pedido de quiebra. Atribuye a este
último funcionario haber conformado indebidamente los formularios porque al tratarse de un
proceso concursal debió advertir que el informe de la cámara electoral se refería a otra persona,
o, al menos, que existía discordancia entre lo solicitado y lo informado. Era su obligación,
sostiene, requerir informes complementarios en atención a lo que dispone el art. 95, inc. 1, de
la ley 19.551. De no haberlo advertido el secretario —continúa—, debió hacerlo el juez en
virtud de lo dispuesto por los arts. 34, incs. 5, b, c, d, e, y 36 del Código Procesal Civil y
Comercial de la Provincia de Buenos Aires. Agrega que después de varios intentos fallidos de
notificación el actor abandonó el expediente sin hacer manifestación alguna.
Expresa que en agosto de 1989 Angela Granato, mediante su apoderado R. O. C., inició otro
juicio ejecutivo contra Mario Tortorelli, esta vez ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia
en lo Comercial N° 18 a cargo del doctor Javier Fernández Moores. En esa causa se practicó la
intimación de pago, acto en el que estuvo presente el citado Mario Tortorelli, quien acreditó su
identidad con cédula ... emitida por la Policía Federal, y posteriormente se dictó la sentencia de
trance y remate. A fs. 57 vta. de esa causa, la parte actora manifestó que había tomado
conocimiento accidentalmente de que ante el juzgado provincial antes mencionado tramitaba la
causa "Tortorelli, Mario s/ pedido de quiebra por Fernández, Néstor Hugo" pudiéndose
establecer que el señor Mario Tortorelli se llamaba en realidad Mario Nicolás Tortorelli por lo
que solicitó la rectificación de la sentencia dictada en autos en el sentido de que Mario
Tortorelli y Mario Nicolás Tortorelli eran la misma persona. A ese fin, acompañó fotocopias
del informe expedido por la Prosecretaría Electoral y de la planilla ley 7205 emitidos en
aquellos autos. Ante tal petición, el juez corrió traslado del pedido de identidad de persona al
ejecutado bajo apercibimiento que para el caso de silencio de dicha parte se consideraría que se
trataba de la misma persona. Califica este proveído como "asombroso" porque pone en cabeza
del demandado la posibilidad de que se demande a otro individuo en su lugar. Por supuesto,
dice, Mario Tortorelli no contestó, por lo que se dispuso que la sentencia dictada lo era contra
Mario Nicolás Tortorelli. Cuestiona esta decisión sosteniendo que no es posible dictar un auto
de identidad en un juicio ejecutivo, máxime después de haberse dictado sentencia.
Expresa que el 13 de febrero de 1990 Granato, representada por su letrado apoderado R. O. C.,
pidió la quiebra esta vez de Mario Nicolás Tortorelli, que quedó radicada también en el
Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial N° 2 de Lomas de Zamora, y para fundar
su derecho, acompañó copia de la sentencia dictada por el juzgado comercial de esta Capital y
un certificado de identidad de persona. A fs. 24 de esa causa obra el diligenciamiento del oficio
al Registro de Juicios Universales, que consigna casi todos los datos personales de Mario
Nicolás Tortorelli con excepción del domicilio y el nombre y apellido del cónyuge que
corresponden a Mario Tortorelli. Se repitió así —sostiene— el mismo proceder que en el juicio
seguido por Néstor Hugo Fernández. Posteriormente, el 4 de diciembre de 1990, se decretó su
quiebra con la consiguiente inhibición general de bienes y la interdicción de salir del país a
más de las otras prohibiciones del caso. Asimismo, se dispuso la publicación de edictos en los
que constaba claramente su nombre y apellido y su número de documento.
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A fs. 64/65 —continúa— obra el mandamiento de clausura e inventario realizado en el
domicilio de la calle Lamadrid 1240. El acta labrada en esa oportunidad consignó la presencia
de Mario Tortorelli y el número de su cédula de identidad sin que el síndico de la quiebra
Mario Oscar Resconi, allí presente, hubiera comprobado la identidad del fallido.
Posteriormente, a raíz de tratativas conciliatorias, se celebró una audiencia a la que compareció
aquél y exhibió ese mismo documento. Ninguno de estos datos coincide con los mencionados
en las planillas del Registro de Juicios Universales. Fue entonces que se presentó solicitando el
levantamiento de las medidas dictadas, lo que el juez dispuso a fs. 126. Previamente —
explica— Mario Tortorelli volvió a comparecer exhibiendo su cédula de identidad.
Atribuye responsabilidad en los hechos a los demandados, cuyos diferentes comportamientos
le han ocasionado los daños por los que reclama. Afirma que a la fecha de la iniciación de esta
demanda aún figuraba como deudor fallido en el Registro de Juicios Universales y que
continúa inscripta la inhibición en su contra.
II) A fs. 71/75 se presenta Angela Granato. Efectúa una negativa de carácter general y plantea
la prescripción del art. 4037 del Código Civil, ya que el plazo allí establecido se encuentra
largamente cumplido, sea que se compute desde que se determinó la identidad de persona, o
desde el pedido de quiebra, o desde la traba de las medidas, o desde que el actor tomó
conocimiento de ellas.
Asimismo, opone la falta de legitimación pasiva por cuanto no cometió ninguno de los hechos
que el actor denuncia, los que serían —en todo caso— imputables al doctor R. O. C., letrado
que la representó en los procedimientos judiciales que debió iniciar. Por tal razón, solicita su
citación como tercero.
III) A fs. 93/96 contesta Mario Tortorelli, plantea la prescripción. Realiza una negativa general,
rechaza su participación en los hechos denunciados y que el actor haya sufrido los perjuicios
que aduce.
IV) A fs. 100/109 se presenta Javier Fernández Moores, juez nacional de primera instancia en
lo comercial. Aduce la falta de legitimación pasiva pues considera que por encontrarse en
funciones como titular del Juzgado Nacional en lo Comercial N° 18 resulta indispensable su
previo desafuero para ser demandado. Niega las circunstancias invocadas en la demanda y
sostiene que la inhibición general de bienes y la prohibición de salir del país que agravian al
actor no son actos jurisdiccionales suyos sino del juez provincial. Niega la existencia de
perjuicios y pide que se cite como tercero al doctor R. O. C.
V) A fs. 114/121 comparece por medio de apoderado el Estado Nacional. En primer término
opone la prescripción del art. 4037 del Código Civil sosteniendo que su plazo, considerado
desde el momento que el actor tomó conocimiento del presunto daño, se ha cumplido. Realiza
una negativa de carácter general y afirma que no se encuentran reunidos los presupuestos para
el reconocimiento del resarcimiento de un error judicial. Cuestiona la existencia de los daños
reclamados.
VI) A fs. 126/136 contesta Néstor Hugo Fernández. Opone las excepciones de prescripción y
falta de legitimación pasiva. Afirma que no existió actividad alguna de su parte que haya
Apéndice de fallos
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causado el daño por el que reclama el actor, y que fue el letrado G. quien con su sola firma
suscribió los formularios exigidos por la ley 7205.
VII) A fs. 156/173 se presenta Mario Oscar Resconi, síndico designado en la quiebra de Mario
Tortorelli. Opone la prescripción del art. 4037 del Código Civil. Reseña su intervención en la
causa, que evidencia que no hubo culpa de su parte, la que en todo caso sería imputable a
terceros.
VIII) A fs. 177/190 se presenta Alberto Edmundo Rezzónico, juez de primera instancia en lo
civil y comercial a cargo del Juzgado N° 2 del Departamento Judicial de Lomas de Zamora. En
primer término, admite que toda vez que la resolución que decretó el levantamiento de las
medidas trabadas contra el actor es de fecha 2 de junio de 1995, no se ha operado la
prescripción. Manifiesta, asimismo, su voluntad expresa de renunciar a la prerrogativa derivada
de su condición de juez para ser sometido a los tribunales ordinarios. A continuación relata los
antecedentes de las causas en las que tuvo intervención para concluir que de esas actuaciones
no surge que se configuren las condiciones de imputabilidad y de responsabilidad personal que
aduce el actor. Cuestiona la procedencia de la indemnización reclamada.
IX) A fs. 208/212 comparece la Provincia de Buenos Aires. Plantea la prescripción en iguales
términos que los demás codemandados y se refiere a la responsabilidad del Estado por errores
judiciales. En el caso entiende que el comportamiento del magistrado interviniente no
configura un supuesto que justifique el reclamo del actor, y que los errores que se denuncian
debieron ser planteados en su oportunidad y en las causas a las que el actor tuvo acceso.
X) Por último, a fs. 296/300 se presenta el doctor R. O. C., citado como tercero. Opone la
prescripción y dice que como apoderado de Angela Granato tramitó el juicio ejecutivo y que
fue su patrocinada quien le informó de la existencia de una quiebra de la que surgía que Mario
Tortorelli era en realidad Mario Nicolás Tortorelli, lo que pudo corroborar al revisar este
último expediente. Sobre tales bases solicitó la declaración de quiebra y la posterior
verificación del crédito de su mandante.
Sostiene que su actividad fue correcta, pues siguió las indicaciones de su mandante, y que fue
avalada por la sindicatura. Recuerda que el poderdante responde por los actos del apoderado, lo
que compromete a la citada Granato. Agrega que en el caso de que se entienda que se debe
responder por los daños, las responsabilidades deberían establecerse según el accionar de cada
codemandado.
XI) A fs. 306/307 se hace lugar a la falta de legitimación pasiva planteada por el codemandado
Fernández Moores.
Considerando: 1°) Que este juicio corresponde a la competencia originaria de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación (arts. 116 y 117 de la Constitución Nacional).
2°) Que la casi totalidad de los codemandados ha opuesto la prescripción del art. 4037 del
Código Civil basándose para ello en que al tiempo de iniciarse la demanda habían transcurrido
más de dos años desde que el actor tomó conocimiento de los hechos que denuncia.
3°) Que, como lo ha sostenido el Tribunal en casos semejantes, el punto de partida de la
prescripción es el momento en que el actor ha conocido que la acción indemnizatoria quedó
Apéndice de fallos
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expedita a su favor (Fallos: 295:168; 303:851; 319:1960). En el caso, y como bien lo señala el
codemandado Rezzónico, ello ocurrió el 2 de junio de 1995, cuando en su condición de juez de
la causa reconoció "la situación de evidente error en que se incurriera y las consecuencias que
las mismas fueren susceptibles de provocar" (fs. 126 de la causa 34.877). Con esa decisión
quedó abierta la posibilidad para Mario Nicolás Tortorelli de reclamar los daños que denuncia.
4°) Que, en cuanto al fondo del asunto, a los fines de obtener la acabada comprensión de la
sucesión de hechos que culminaron en la equivocada declaración de quiebra de Mario Nicolás
Tortorelli, resulta conveniente efectuar una reseña de los antecedentes fundamentales
existentes en los juicios agregados por cuerda al presente. Ellos son: el pedido de quiebra
efectuado por Néstor Hugo Fernández contra Mario Tortorelli por ante el Juzgado en lo Civil y
Comercial N° 2 de Lomas de Zamora, a cargo del doctor Alberto Edmundo Rezzónico; el
juicio ejecutivo seguido por Angela Granato contra el citado Tortorelli ante el Juzgado
Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N° 18; y, finalmente, el pedido de quiebra
realizado por dicha acreedora, que quedó radicado en el juzgado provincial antes mencionado.
Tal estudio de los antecedentes fácticos que adjetivan al sub lite permitirá, ulteriormente,
evaluar las responsabilidades pertinentes.
5°) Que el 3 de mayo de 1988 Néstor Hugo Fernández, con la asistencia letrada del doctor J. O.
G., peticionó la quiebra de Mario Tortorelli, con domicilio en Lamadrid 1240 de Temperley
(ver fs. 12/13 de estos autos). Como se desconocía los datos del deudor necesarios para
instrumentar lo requerido por la ley local 7205, se pidieron informes al "Registro Electoral"
(sic) y al Registro Nacional de las Personas. La Cámara Nacional Electoral hizo saber que no
se registraban antecedentes a nombre de Mario Tortorelli, ..., domiciliado en la Capital Federal,
Pasaje Escribano 117 (fs. 26/27). Por su parte, la Dirección General de Personas se limitó a
informar que no existían antecedentes de identificación de Mario Tortorelli.
Sobre la base de esos elementos, de los que surgía como notas distintivas la diferencia entre el
sujeto a quien se le pedía la quiebra (Mario Tortorelli) y el consignado por la Cámara Nacional
Electoral (Mario Nicolás Tortorelli), así como la diversidad entre el domicilio denunciado y el
informado (Lamadrid 1240, de Temperley, según el pedido de quiebra; y Pasaje Escribano 117,
según el tribunal electoral), el letrado J. O. G. confeccionó el formulario correspondiente al
cumplimiento de la ley local 7205, a fin de que se tomara nota de la solicitud de apertura del
juicio de quiebra pertinente. La lectura del citado formulario —suscripto por G.— permite
apreciar la sustitución del nombre de Mario Tortorelli por el de Mario Nicolás Tortorelli, a
quien se adjudicó la condición de cónyuge de Ángela Magdalena D'Orazio, con transcripción
de los restantes datos personales y mención del número de documento de identidad informados
por la Cámara Nacional Electoral. En cuanto al domicilio, se consignó en el formulario el que
había sido denunciado al pedirse la quiebra (calle Lamadrid, Temperley), pese a que era otro el
indicado como perteneciente a Mario Nicolás Tortorelli según dicho tribunal electoral (fs. 29).
Más tarde, en dicho domicilio denunciado —que, se insiste, no correspondía al informado por
la Cámara Nacional Electoral como perteneciente a Mario Nicolás Tortorelli— se intentó
notificar el pedido de quiebra a Mario Tortorelli.
6°) Que, por otro lado, el 10 de agosto de 1989, Ángela Granato, representada en los términos
del art. 48 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación por el doctor R. O. C. —quien
Apéndice de fallos
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acreditó tal representación a fs. 29— inició ante la justicia comercial de la Capital Federal un
juicio ejecutivo contra Mario Tortorelli indicando como su domicilio el de la calle Lamadrid
1240 de Lomas de Zamora, en el que se concretó posteriormente un embargo preventivo de
bienes (fs. 39/41), sin perjuicio del dictado de la inhibición general de bienes de la citada
persona (fs. 7).
A fs. 61 de ese expediente el doctor C. manifestó que había tomado conocimiento de la
existencia de un pedido de quiebra ante el Juzgado en lo Civil y Comercial N° 2 de Lomas de
Zamora, en el que "...se pudo establecer que el señor Mario Tortorelli se llama Mario Nicolás
Tortorelli...". Por ello, solicitó que se hiciera constar que uno y otro nombre correspondían a la
misma persona. Agregó que la Cámara Nacional Electoral había informado el nombre
completo del demandado y el de su esposa (Angela Magdalena D'Orazio de Tortorelli) y
acompañó fotocopias de dicho informe, del formulario correspondiente a la ley 7205 firmado
por el doctor G., y de la guía telefónica, de la que surgía el domicilio de la calle Lamadrid.
Ante esa solicitud, se dispuso dar vista del pedido de identidad de persona al demandado (que
era Mario Tortorelli) bajo apercibimiento de que en caso de silencio "...se tendrá por
consentimiento de que se trata de la misma persona..." (sic). Frente a la falta de respuesta del
ejecutado, el juzgado comercial actuante concluyó que Mario Nicolás Tortorelli era el deudor
Mario Tortorelli y dispuso que se entendiera que la sentencia de fs. 43 había sido dictada en su
contra (fs. 69).
7°) Que Angela Granato solicitó posteriormente y con igual patrocinio, la declaración de
quiebra de Mario Nicolás Tortorelli por ante el citado juzgado N° 2 de Lomas de Zamora,
expediente que fue agregado al iniciado por Néstor Hugo Fernández (fs. 19). Allí se acompañó
una certificación del secretario del juzgado comercial de la Capital Federal N° 18 en el sentido
de que "Tortorelli, Mario y Tortorelli, Mario Nicolás son la misma y única persona" (fs. 20), y
la copia de la planilla enviada al Registro de Juicios Universales, de la que surgía que el doctor
C. había consignado los datos verdaderos de Mario Nicolás Tortorelli (documento de
identidad, filiación, etc.), pero asignándole como domicilio el de la calle Lamadrid de la
localidad de Temperley.
A fs. 28/29 el doctor Alberto Edmundo Rezzónico, titular del Juzgado N° 2 de Lomas de
Zamora, decretó la quiebra de Mario Nicolás Tortorelli y dispuso la inhibición de bienes y la
interdicción de salida del país, fijándose como domicilio del quebrado el de la citada calle
Lamadrid, en el cual se diligenció el mandamiento de clausura e inventario con la presencia de
quien firmó como Mario Tortorelli y acreditó su identidad con la C.I. N° ..., el que asistió
luego a la audiencia de fs. 77.
8°) Que a fs. 106/107 de esos autos y con fecha 24 de febrero de 1994, Mario Nicolás
Tortorelli, con domicilio ahora en Ensenada 307, 1er. piso, depto. 4, se presentó haciendo saber
los inconvenientes con los que había tropezado para salir del país, destacando que "...en
ninguna instancia del proceso se ha verificado fehacientemente el número de documento del
imputado y demás datos filiatorios del mismo...". Suscribió su petición como Mario Nicolás
Tortorelli (no era otro, ciertamente, el que se presentaba).
Apéndice de fallos
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Con fecha 29 de abril de 1994, el actor pidió que se resolviera su situación, lo que se dispuso el
2 de junio de 1995 (fs. 126) una vez cumplidos los traslados pertinentes y la comparecencia al
juzgado de Mario Tortorelli, quien dio sus datos personales y exhibió la cédula de identidad N°
.... Pero la citada resolución, si bien zanjó la cuestión, no terminó con los equívocos, tal como
se verá más adelante.
Finalmente, el 12 de diciembre de 1996 se libraron los oficios para dejar sin efecto la
interdicción de salida del país, y el 10 de enero siguiente se levantó la inhibición general de
bienes que pesaba sobre el actor (fs. 150 y 155).
9°) Que destacados los hechos fundamentales que rodean al caso, corresponde examinar la
responsabilidad que se enrostra a los distintos accionados, comenzando —por razones de mejor
exposición— con lo que atañe a la codemandada Angela Granato y a su letrado y apoderado,
doctor R. O. C., quien ha sido citado como tercero y puede ser alcanzado por los efectos de la
sentencia (art. 96 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación).
Al respecto, no es dudoso que la quiebra decretada —por el Juzgado N° 2 de Lomas de
Zamora— a pedido de dicha codemandada y que dio lugar a la interdicción de salida del país
que afectó al actor, pudo haberse evitado a poco que el doctor C. hubiera reparado con la
diligencia debida en las circunstancias que rodeaban el caso. En este sentido, el citado
profesional debió extremar los recaudos necesarios ante las evidencias que surgían del informe
de la Cámara Nacional Electoral acerca de las diferencias entre los datos de identidad del
deudor y de Mario Nicolás Tortorelli. En efecto, a poco que el doctor C. hubiera prestado una
mayor atención, habría advertido que el informe del tribunal electoral respecto de Mario
Nicolás no consignaba el apellido del cónyuge e indicaba un domicilio correspondiente a la
Capital. Por otra parte, bien se advierte que el citado letrado intentó superar esas diferencias
con una insólita petición hecha ante el juzgado en lo comercial de la Capital de que se dictase
un auto de identidad de persona sustentado en insuficientes elementos de prueba, tal como se
verá en el considerando 12 al examinar la responsabilidad del Estado Nacional.
La ligereza culpable con la que obró el doctor C., contraria a la diligencia que le era exigible
(art. 902 del Código Civil), compromete su responsabilidad frente al actor. No así, en cambio,
la de su representada Angela Granato.
Esto último es así porque respecto de los actos ilícitos no puede haber representación
(Llambías, J.J., Tratado de Derecho Civil — Obligaciones, Buenos Aires, t. I, p. 219, edición
1983, y t. IV-A, p. 257, edición 1976), pues en lo que concierne a los daños extracontractuales
la regla general es que el obligado a repararlos es su autor (Diez Picazo, L., La representación
en el derecho privado, Madrid, 1979, pág 97). Si el representante no sólo se aparta de las
instrucciones recibidas, sino que viola el derecho de un tercero al no tomar las precauciones
para evitarlo, como cuando por falta de diligencia se dirige una acción judicial contra un
homónimo, es el mandatario quien debe cargar con las consecuencias de los daños que
provoque (Colombo, L., Culpa Aquiliana — Cuasidelitos, Buenos Aires, 1965, t. I, ps. 281 y
283). En definitiva, el hecho de demandar a una persona que no era deudor del mandante
constituye un acto que no se vincula necesariamente con el mandato, por lo que no puede ser
imputada tal conducta al representado (art. 1946 del Código Civil). Por lo demás, el apoderado
Apéndice de fallos
Página 232
no ha acreditado que fuera su poderdante —la codemandada Granato— quien le hubiera
suministrado datos erróneos sobre la persona de su contraparte, sin que del poder
oportunamente otorgado pueda extraerse conclusión alguna al respecto a poco que se advierta
su carácter general (confr. fs. 8/9 de la ejecución comercial y fs. 12/13 de la quiebra).
10) Que la situación del codemandado Néstor Hugo Fernández es afín pero distinta de la de
Angela Granato.
A diferencia de Granato, el codemandado Fernández no actuó mediante apoderado al pedir la
quiebra de Mario Tortorelli, sino bajo el patrocinio letrado del doctor J. O. G. Y si bien esa
actuación por derecho propio de Fernández solo a él responsabilizaría, lo concreto es que la
actividad profesional que desencadenó la serie de equívocos de que dan cuenta las presentes
actuaciones, sólo es atribuible al abogado G. pues fue él quien confeccionó y suscribió el
formulario referente a la ley local 7205 que tergiversaba los datos de Tortorelli y los de su
domicilio.
En esas condiciones, Néstor Hugo Fernández debe ser absuelto de la demanda de autos, sin que
corresponda establecer conclusiones sobre si esa actividad procesal atribuible a J. O. G. genera
o no un supuesto de responsabilidad civil suya, toda vez que dicho abogado no ha sido
demandado por el actor.
11) Que corresponde, de seguido, examinar la responsabilidad atribuida al codemandado
Rezzónico —quien se desempeñaba como titular del Juzgado N° 2 de Lomas de Zamora—, así
como la de la Provincia de Buenos Aires en tanto la actuación de aquél tiene aptitud para
comprometer la responsabilidad de esta última (art. 1112 del Código Civil).
Sobre el particular, cabe recordar que el citado juzgado provincial fue el que intervino tanto en
el pedido de quiebra solicitado por Néstor Hugo Fernández, como en el requerido más tarde
por Angela Granato.
Pues bien, pese a las notorias diferencias que surgían entre el nombre del deudor, domicilio y
demás datos denunciados en los pedidos de quiebra, con relación al resultado del informe que
había dado la Cámara Nacional Electoral, el doctor Rezzónico decretó la quiebra de Mario
Nicolás Tortorelli, disponiendo su inhibición de bienes y la interdicción de salida del país. El
entonces magistrado inclusive ordenó que la pertinente clausura e incautación que autorizaba el
art. 170 de la ley 19.551, tuviera lugar en un domicilio que no había sido el informado por el
citado tribunal electoral como perteneciente a Mario Nicolás Tortorelli, sino que era el
denunciado de la localidad de Temperley.
En otras palabras, la sentencia de quiebra fue dictada, y cumplidas las medidas de
aseguramiento consiguientes a ella, sin reparar en esos contradictorios antecedentes, que
debieron ser objeto de verificación a fin de acreditar acabadamente la identidad del fallido (art.
95, inc. 1, de la ley 19.551), requisito esencial habida cuenta de las severas consecuencias
legales que contempla la ley concursal (arts. 106, 107 y conc.). El riesgo de homonimia, con su
secuela de indeseables repercusiones sobre terceros ajenos, obligaba a tomar las previsiones
necesarias, máxime en situaciones como la presente, en la que los peticionarios de la quiebra
carecían —como lo reconocieron— "...de la posibilidad de obtener todos los datos
necesarios..." (fs. 20 del expediente iniciado por Néstor Hugo Fernández). Es más: la evidente
Apéndice de fallos
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incertidumbre que el caso planteaba, debió inclusive persuadir al doctor Rezzónico de que el
auto de identidad obtenido —a instancia de uno de los peticionantes de la quiebra— del
juzgado comercial N° 18 de la Capital, no podría tenerse como necesariamente esclarecedor
del asunto.
Por cierto, ni los errores ni la desidia cesaron allí.
En efecto, cuando el 24 de febrero de 1994 se presentó Mario Nicolás Tortorelli haciendo saber
los inconvenientes que había tenido para abandonar el país, su presentación fue recibida por el
auxiliar letrado del juzgado de Lomas de Zamora, Pablo S. Moreda, quien suscribió una nota
con el siguiente tenor: "..se deja constancia que el Sr. Mario Tortorelli ha firmado el escrito
que antecede en mi presencia". Tal nota en la que se alude a Mario Tortorelli cuando quien
firmaba era Mario Nicolás Torotorelli, resulta indicativa de la desaprensión que campeó en el
trámite de estos expedientes.
Por otra parte, la resolución del entonces juez Rezzónico del 2 de junio de 1995 (fs. 126), si
bien zanjó la cuestión, no terminó con los equívocos. Tras destacar "...las causas que han
contribuido en la especie a generar la situación de evidente error en que se incurriera y las
consecuencias que las mismas fueren susceptibles de provocar", textualmente dice: "...disponer
la regularización del trámite mediante el pertinente levantamiento de las medidas de
interdicción trabadas conforme constancias de fs. 58/63 respecto del ciudadano Mario Nicolás
Tortorelli con D.N.I. ..., hijo de Francisco y María Elena Corvino, nacido el 3 de marzo de
1954 y consiguientemente el correspondiente libramiento de los oficios ordenados a fs. 28/29
para ser diligenciado en relación a la persona del fallido Mario Nicolás Tortorelli con cédula de
identidad de la Policía Federal Argentina ..., de estado civil casado con Angela Magdalena
D'Orazio, de profesión comerciante y con domicilio en la calle Lamadrid 1240...". Como se ve,
perseguía a Mario Nicolás Totorelli un destino inexorable: ni aun por esa resolución podía
separar su identidad de la del deudor. En efecto, como se desprende de las copias de los oficios
glosados a fs. 150/151, se insiste en llamar Mario Nicolás a Mario, cuya prohibición de salida
del país sólo entonces se decretaba. Finalmente, el 10 de enero de 1997 se levantó la
inhibición, mientras que el 12 de diciembre de 1996, es decir, casi tres años después de
producirse los hechos denunciados se libraron los oficios para dejar sin efecto la interdicción.
12) Que la responsabilidad del Estado Nacional debe ser examinada, en el caso, a la luz de la
actuación cumplida por el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N° 18.
Sobre el particular, corresponde recordar que en el juicio ejecutivo que el doctor R. O. C. inició
—como apoderado de Angela Granato— contra Mario Tortorelli, tras haberse dictado la
sentencia de remate (fs. 43) dicho representante letrado requirió "...que se aclare que el señor
Mario Tortorelli y el señor Mario Nicolás Tortorelli son la misma persona y en caso de
considerarlo necesario S.S. con una citación previa al demandado..." (fs. 61). A los fines
pretendidos, acompañó copia del informe de la Cámara Nacional Electoral rendido en el
pedido de quiebra que Néstor H. Fernández había presentado en el juzgado de Lomas de
Zamora; del formulario ley 7205 firmado por el letrado patrocinante de este último; y de la
página de la guía telefónica de la que resultaba el domicilio de la calle Lamadrid como
perteneciente no a Mario Tortorelli, sino a Ángela M.D.O. de Totororelli (fs. 55, 56 y 59).
Apéndice de fallos
Página 234
Con tales pocos elementos de juicio, que no podían generar otra cosa que no fuera severas y
fundadas dudas (el nombre del ejecutado no coincidía con el informado por el tribunal electoral
en otro expediente; tampoco había coincidencia entre el domicilio consignado a fs. 55 y el
indicado a fs. 56; la referencia de la guía telefónica no correspondía al deudor ejecutado), el
titular del juzgado en lo comercial N° 18 dispuso lo siguiente: "...del pedido de identidad de
persona entre Mario Tortorelli y Mario Nicolás Tortorelli, vista al demandado, bajo
apercibimiento para el caso de silencio de dicha parte se tendrá como consentimiento de que se
trata de la misma persona..." (fs. 62). Cumplida la vista, ante la falta de respuesta del ejecutado
y sin cotejar —una vez más— los datos contradictorios de los antecedentes exhibidos, con una
ligereza que no se hacía cargo de la trascendencia que implicaba su decisión, el juzgado
comercial concluyó que Mario Nicolás Tortorelli era el deudor Mario Tortorelli y dispuso que
se entendiera que la sentencia había sido dictada en su contra (fs. 69).
Como fruto de esta inopinada actividad jurisdiccional, el secretario del juzgado comercial libró
un certificado en el que se consignaba que "Tortorelli Mario y Tortorelli Mario Nicolás son la
misma y única persona", el cual fue presentado por el apoderado C. ante el juzgado de Lomas
de Zamora para pedir la quiebra de Mario Tortorelli (fs. 20 del expediente respectivo) y que,
ciertamente, sirvió de base para el dictado de la sentencia de falencia respectiva.
13) Que de acuerdo a lo desarrollado en los considerandos 11 y 12, parece claro que las
irregularidades procesales que se manifestaron en los juicios tramitados ante la justicia
provincial y nacional comportan el cumplimiento defectuoso de diligencias sustanciales del
proceso que comprometen, por una parte, la responsabilidad personal de los órganos actuantes
(art. 1112 del Código Civil) y, por otra parte, la responsabilidad directa por la actuación de
aquéllos tanto de la Provincia de Buenos Aires como de la Nación, pero —bien entendido— no
en el marco del denominado "error judicial" (que sólo puede ser concebido a propósito del
ejercicio de la potestad juzgadora de los jueces, lo que no ha estado en juego en el sub lite),
sino en el espacio de los errores "in procedendo" cometidos por magistrados, funcionarios o
auxiliares de la justicia que individualmente o en conjunto concurren a la defectuosa prestación
del servicio de justicia. En esas condiciones, es aplicable la doctrina del tribunal en el sentido
de que "quien contrae la obligación de prestar un servicio lo debe realizar en condiciones
adecuadas para llenar el fin para el que ha sido establecido, siendo responsable de los
perjuicios que causa su incumplimiento o su irregular ejercicio" (Fallos: 307:821; 318:845).
En el presente caso, la actividad jurisdiccional cumplida en la justicia provincial y nacional,
concurrentemente con la de algunos de los restantes codemandados, se constituyó en causa
eficiente del daño.
Sobre estos principios debe responsabilizarse al doctor Alberto Edmundo Rezzónico, a la
Provincia de Buenos Aires, y al Gobierno Nacional, sin que a este último lo exima de su falta
de servicio el hecho de que respecto del doctor Javier Fernández Moores hubiera prosperado la
excepción de falta de legitimación pasiva resuelta a fs. 306/307, pues —como lo tiene decidido
el tribunal— la no intervención en el proceso del magistrado que habría cometido el hecho
dañoso o la imposibilidad de traerlo a juicio en tanto no fuera separado de su cargo, no obsta a
la responsabilidad estatal por los hechos ilícitos de sus funcionarios, ya que no existe
prescripción legal alguna que establezca que en las demandas de resarcimiento contra uno de
Apéndice de fallos
Página 235
los responsables sea menester deducir también la pretensión contra quien lo es de manera
concurrente (Fallos: 307:821).
14) Que resta dilucidar la situación del síndico concursal, Cdor. Mario Oscar Resconi, y de
Mario Tortorelli.
En ese orden de ideas, la actitud del mencionado síndico no parece susceptible de reproche
toda vez que su intervención se limitó a considerar los datos personales que obraban en la
documentación pertinente aportada por la parte y consignada por el tribunal acerca de la
individualización del fallido, cuya insuficiencia, en todo caso, corría por cuenta de aquéllos.
En cuanto a Mario Tortorelli, si bien recibió sin observaciones una cédula dirigida a Mario
Nicolás Tortorelli (fs. 26), y no objetó los datos consignados en el mandamiento ni en el acta
anexa (fs. 64/66) y participó de la audiencia de fs. 77, en ningún momento dejó de aportar sus
datos de identidad. Esta actitud de pasividad no alcanza a asumir un rol susceptible de reproche
legal en los perjuicios sufridos por el actor.
15) Que corresponde fijar el monto del daño moral pretendido. En este sentido, cabe señalar
que los hechos relatados que prolongaron sus secuelas a lo largo de casi tres años, fueron
fuente de aflicción espiritual que justifica el reclamo. Por ello se fija la suma de $ 30.000. Los
intereses se deberán calcular a partir del 6 de febrero de 1994.
16) Que median en el caso obligaciones concurrentes —también denominadas in solidum—,
las que se caracterizan por la existencia de un solo acreedor, un mismo objeto, pero distintas
causas con relación a cada uno de los deudores. En esta situación, las responsabilidades
consideradas les corresponden a cada uno de los codemandados sin perjuicio de que
ulteriormente puedan ejercer las acciones de regreso destinadas a obtener la contribución de
cada uno en la obligación solventada. En ese sentido, se atribuye la responsabilidad de la
Provincia de Buenos Aires y de Alberto Edmundo Rezzónico en un 40 %, la del Estado
Nacional en igual porcentaje, y la de R. O. C. en el 20% restante.
Por ello, se decide: I. Hacer lugar a la demanda seguida por Mario Nicolás Tortorelli contra el
Estado Nacional, la Provincia de Buenos Aires y Alberto Edmundo Rezzónico, condenándolos
a pagar, dentro del plazo de treinta días, la suma de $ 30.000, en las condiciones indicadas
precedentemente, con más sus intereses de acuerdo con las pautas establecidas en el
considerando 15. La condena se hace extensiva a R. O. C. en los términos del art. 96 del
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación y con el alcance fijado en el considerando 16.
Con costas (art. 68 del código citado). II. Rechazar la demanda interpuesta contra Angela
Granato, Néstor Hugo Fernández, Mario Oscar Resconi y Mario Tortorelli. Con costas por su
orden dado que las particularidades del caso reseñadas en los considerandos pudieron generar
en el actor la convicción de la existencia de responsabilidad con relación a dichos
codemandados (art. 68, segundo párrafo, del código de forma).— Enrique S. Petracchi.—
Carlos S. Fayt.— Juan C. Maqueda — E. Raúl Zaffaroni — Ricardo L. Lorenzetti — Carmen
M. Argibay.
Apéndice de fallos
Página 236
57.
C.S.N. – junio 16/1988 – “Vignoni Antonio S. c/Gobierno
Nacional” J.A. To. 1988-III pág. 68 con nota aprobatoria de
Carlos A. Parellada
58.
C.Nac.Com.,
sala
A,
mayo
5-1989
“Freund,
Jorge
c/Rachovsky” L.L. To. 1991-C pág. 298 con nota de Peruzzi,
Héctor César “Reparación de daños causados por embargo
ejecutivo y proceso de conocimiento por repetición.
Relación”
SUMARIOS:
1. La medida cautelar decretada judicialmente importa para la parte que la pide el
ejercicio de un derecho propio, y el simple hecho de la derrota en el proceso ejecutivo,
no es causa por sí sola suficiente para fundar una acción de daños y perjuicios, pues si
se adoptara una posición extremadamente estricta, se correría el riesgo de restringir el
derecho de defensa o de convertir las medidas precautorias en una trampa para quien
las ha solicitado.
2. Tratándose de las acciones de daños y perjuicios causados por un embargo judicial, rige
el plazo previsto por el art. 4037 del Cód. Civil, que comienza a correr desde que el
ejecutado embargado se encontró en condiciones jurídicas para accionar, vale decir,
desde que quedó demostrada por sentencia judicial la ilicitud del embargo.
3. … [Omissis]
TEXTO (Parte pertinente):
2ª Instancia. -- Buenos Aires, mayo 12 de 1989.
¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada?
La doctora Míguez de Cantore dijo:
La sentencia de fs. 164/169 rechazó la demanda instaurada por indemnización de los daños y
perjuicios derivados de un embargo trabado sobre un inmueble, posteriormente levantado al
solo efecto de escriturar y trasladado al precio de venta, e impuso las costas del juicio a la parte
demandante. Estimó el sentenciante prescripta la acción tendiente: a) al reintegro de la suma de
$a 5.000 que abonó Jorge Freund al comprador de esa misma propiedad, en concepto de
"cláusula penal moratoria" pactada en favor de la contraria, por haber incurrido en mora en el
otorgamiento de la escritura traslativa del dominio y b) parcialmente prescriptos los intereses
Apéndice de fallos
Página 237
devengados por el período comprendido entre el 10/11/80 y el 3/8/82, por la retención de la
suma de U$S 80.000 efectuada por los compradores sobre el precio de venta de la referida
propiedad, computando el plazo previsto en el art. 4037 del Cód. Civil desde el día en que se
suscribió la escritura (10/11/80), por entender que desde esa fecha se generó el daño
experimentado por el ejecutado. Si bien consideró que la misma no alcanzaba a los réditos,
devengados por el lapso posterior hasta el 4/8/82, en que se habría reintegrado a Freund el
referido capital, estimó infundada la pretensión incoada por cuanto a su juicio la oposición del
ejecutante a la sustitución del bien embargado por otro, no importó una actitud abusiva,
antojadiza ni caprichosa, destacando entre otras consideraciones los fundamentos vertidos en la
resolución de fs. 51/52 del proceso ejecutivo.
2. Contra dicho pronunciamiento apeló la parte actora a fs. 172, sustentando el recurso
interpuesto con la expresión de agravios de fs. 179/180, que mereció la réplica de la
contraparte de fs. 181/183. La queja formulada tiende a la revocatoria del fallo apelado y
consecuentemente a la admisión de la demanda instaurada, desarrollando diversos argumentos
que tengo presente y que serán analizados seguidamente.
3. La acción instaurada tendió inequívocamente al resarcimiento de los daños y perjuicios
experimentados en razón de haber el ejecutante "solicitado y obtenido abusivamente, se trabara
embargo preventivo sobre la finca de propiedad del ejecutado...", reiterándose más adelante
que los perjuicios cuya reparación se solicita, fueron directamente causados por el embargo
trabado bajo responsabilidad de la contraparte. Así resulta explícitamente del escrito de inicio.
Sin embargo, el a quo interpretó a fs. 165 vta., erróneamente por cierto, que "el resarcimiento
pretendido no reconoce su causa fuente en la medida cautelar trabada en el proceso ejecutivo
referido, sino en la oposición del allí embargante --demandado en estos autos--, a la sustitución
del bien objeto del embargo por otro, que peticionó el embargado...". Tal apartamiento de los
términos en que quedó trabada la relación jurídica procesal entre las partes, implica una
vulneración del principio de congruencia, de rango constitucional (arts. 17 y 18, Constitución
Nacional), que impide apartarse al fallar de las cuestiones incluidas en la pretensión del actor y
en la oposición del demandado (arts. 34 inc. 4° y 163 inc. 6° y concs., Cód. Procesal).
Sentado lo expuesto precedentemente, cabe señalar que resulta igualmente desacertada la
decisión en cuanto declara prescripta la acción incoada respecto de ciertos rubros
indemnizatorios, toda vez que si bien tratándose de la acción de daños y perjuicios causados
por un embargo judicial, rige el plazo previsto en el art. 4037 del Cód. Civil, el mismo
comenzó a correr desde que el ejecutado embargado se encontró en condiciones jurídicas para
accionar, vale decir desde que quedó demostrada por sentencia judicial la ilicitud del embargo,
lo que aconteció en el "sub judice" cuando quedó consentido el pronunciamiento de fs. 195
dictado por el superior en los autos "Roberti, Francisco R. c. Freund, Jorge E. s/ejecutivo", es
decir el día 15/3/82, según resulta de la notificación por cédula obrante a fs. 197 (conf.
CNCom., sala D, 4/11/76, E. D., t. 71, p. 461 --Rev. La Ley, t. 1977-C, 642, fallo 34.217-S--;
CNCom, diciembre 20-937 --Rev. LA LEY, t. 9, p. 265--; C. Fed. Capital, noviembre 6-936 -Rev. LA LEY, t. 4, p. 695--; CApel. Rosario, sala I, setiembre 18-942 --Rev. LA LEY, t. 28, p.
943--; CS, octubre 21-966; E. D., t. 21, p. 541 --Rev. La Ley, t. 124, p. 830--).
Apéndice de fallos
Página 238
Computando el plazo prescriptivo bienal desde dicha fecha hasta el día 13/10/83, en que se
promovió la demanda que origina esta litis (ver cargo de fs. 17 vta.), se aprecia que no
transcurrió el tiempo que la norma contempla para tener por operada la modificación sustancial
del derecho pretendido, y por extinguida la acción judicial correspondiente. En tales
condiciones, la defensa articulada carece de sustento, por lo que procede su desestimación,
debiendo revocarse este aspecto del fallo recurrido.
4. … [Omissis]
Por todo ello expido mi voto en el sentido de que se rechace el recurso interpuesto por la parte
actora y se confirme la sentencia de fs. 164/169 por los fundamentos que se expresan en el
presente, con imposición de las costas de la alzada a su cargo a mérito del criterio objetivo del
vencimiento (art. 68, Cód. Procesal).
Los doctores Viale y Jarazo Veiras adhirieron al voto precedente.
Por los fundamentos del acuerdo precedente, se resuelve: confirmar la sentencia apelada de fs.
164/169 vta. Con costas. -- Isabel Míguez de Cantore. -- Carlos Viale. -- Manuel Jarazo Veiras.
(Sec.: Miguel G. J. Costa).
59.
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala B marzo 21-1988 – “Suárez, Sosa, Héctor M. c. La Internacional, S.
A.” – L.L. To. 1988-D pág. 338. **
60.
C.Civ., Com. y Minas Nro. 1 San Luis, noviembre 3-2005
“Estrada, Federico G. c. Banco Francés” LLGran Cuyo 2006
(junio) pág. 694
HECHOS:
Una persona que había sido erróneamente incluida en una base de deudores incobrables
interpuso acción de daños y perjuicios. El juez de primera instancia rechazó la demanda al
considerar procedente la excepción de prescripción opuesta. La Cámara revocó parcialmente
el fallo apelado.
SUMARIOS:
1. Resulta improcedente computar el curso de la prescripción de la acción de daños y
perjuicios por información gravosa a partir del cese de la ilicitud pues, dicha acción
estaba expedita con anterioridad.
2. Visto que en el supuesto de una ilicitud permanente —en el caso, indebida inclusión en
una base de deudores incobrables— la pasividad del actor sólo produce la extinción de
Apéndice de fallos
Página 239
la acción de daños y perjuicios día por día, subsiste la obligación de pagar el daño
moral producido dos años antes de la fecha de interposición de la demanda y hasta el
día que cesó la ilicitud.
3. La previa interposición de una acción de habeas data no influye en la determinación del
dies a quo del plazo de prescripción aplicable a la acción por daños y perjuicios
derivados de la inclusión del actor como deudor incobrable en una base de información
financiera por cuanto, la ilicitud que se le endilga al demandado era patente, siendo
innecesaria la acción de habeas data.
TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia.— San Luis, noviembre 3 de 2006.
¿Está arreglada a derecho la sentencia apelada?
El doctor Suriani dijo:
Contra la sentencia de fs. 218/219 que haciendo lugar a la excepción de prescripción, rechazó
la demanda, se alza el actor en quejas que lucen a fs. 235/236 replicadas a fs. 238/240.
La a quo estimó cumplida aquélla desde la perspectiva del art. 4037, CC invocada por el
excepcionante, en tanto ya el 19/X/98 el actor demuestra estar en conocimiento de que la
entidad financiera demandada lo había hecho incluir en la central de riesgo del BCRA y en el
sistema Veraz como deudor incobrable, por lo que aunado a la circunstancia de que la acción
de habeas data emprendida por aquél —con éxito— no era necesaria previamente para habilitar
la sub-examine; no tomó a esta con carácter interruptivo ni suspensivo de su curso.
Si en lo que a la excepción de prescripción concierne las alegaciones de los contendientes se
ciñeron a la bienal de la normativa premencionada, mal puede ahora el actor plantear
alternativamente la decenal por incumplimiento contractual, cuyo acogimiento exorbitaría los
límites en que se trabó la relación procesal en el primer grado de la jurisdicción y que deben
respetarse (arg. arts. 271 "in fine" y 277 CPCC).
Entonces desde ese miraje y en función de los agravios vertidos, aprecio: a) que la acción de
hábeas data sentenciada el 3/XII/01 —la demanda que nos ocupa es del 27/XI/03— no influye
en la determinación del dies a quo de la prescripción puesto que la pretensa ilicitud que se
endilga a la accionada era patente y no era por tanto necesaria su interposición a los fines que
nos ocupan; en tanto ello es así cuando solo de la previa decisión judicial emerge recién el
derecho a ser indemnizado (conf. Cazeaux y Trigo Represas, "Derecho de las Obligaciones",
La Plata 1991, t. III, p. 661 y casos jurisprudenciales que cita).
Un caso emblemático que ilustra ese principio es cuando se impone una declaración judicial de
nulidad, sin la cual el derecho aún no nace y por tanto hasta que no se dicte sentencia, ello
Apéndice de fallos
Página 240
impide el ejercicio de la acción (CFed. Contencioso Administrativo sala III, 10/3/98, LA LEY,
1999-A, 153).
b) La imprescriptibilidad de la acción en el caso, con invocación de que la ilicitud es
permanente y recién cesa con la sentencia de hábeas data que hizo suprimir la información
incorrecta que perjudicaba al actor; admite dos reflexiones a la luz de lo dicho en causa
análoga por la CSJ Nación (15/7/98 "Constructora Barcalá S. A. c. Banco Central", LA LEY,
1997-F, 345).
1) No corresponde computar el curso de la prescripción a partir del cese de la ilicitud, pues la
acción de responsabilidad por la información gravosa estaba expedita mucho antes, en lo que
es elocuente lo que el propio actor expreso al Banco en 1998.
2) El mantenimiento de la conducta que origina la obligación civil de resarcir (ilicitud
permanente) conlleva a que la pasividad del acreedor solo produzca la extinción de la acción
día por día. Con lo que subsiste la obligación —en la especie— de pagar el ano mora
producido dos años antes de la fecha de interposición de la demanda (arg. arts. 3986 y 4037,
CC) y hasta el día que cesó la ilicitud.
Voto entonces por la negativa proponiendo al Acuerdo se recepte parcialmente el recurso,
revocándose el acogimiento de la prescripción opuesta en relación al plazo de dos años que
transcurre antes de la interposición de la demanda y hasta el día que cesó la ilicitud. Y como en
los precedentes (R.L. N° 7/2000, 20/2000 entre otros) devolviendo los autos a la a quo para
que integre la sentencia (conf. además con esta solución para el caso, Peyrano Jorge W.
"Vaivenes sufridos por la defensa de prescripción y la preservación de la garantía legal de la
doble instancia" en JA Semanario N° 5802 del 11/XI/92). Con costas por su orden (art. 71,
CPC).
Los doctores Cacace y Tardieu de Ouiroga dijeron:
Que compartiendo las razones y fundamentos dados por el Magistrados preopinante, votan en
igual sentido que éste.
En mérito al resultado obtenido en la votación que antecede se resuelve: Receptar parcialmente
el recurso, revocándose el acogimiento de la prescripción opuesta en relación al plazo de dos
años que transcurre antes de la interposición de la demanda y hasta el día que cesó la ilicitud. Y
como en los precedentes (R. L. N° 7/2000, 20/2000 entre otros) devolver los autos a la a quo
para que integre la sentencia (conf. además con esta solución para el caso, Peyrano Jorge W.
"Vaivenes sufridos por la defensa de prescripción y la preservación de la garantía legal de la
doble instancia" en JA Semanario N° 5802 del 11/XI/92). Con costas por su orden (art. 71,
CPC). — Osvaldo H. Suriani. — Carlos J. Cacace. — Beatriz Tradieu de Quiroga.
61. T.S.J.Neuquén - febrero 03-2004 “Celli, Juan J. y otro c. Provincia
de Neuquén” L.L.Patagonia To. 2004 (octubre) pág. 598
HECHOS:
Apéndice de fallos
Página 241
Dos personas demandaron a la Provincia del Neuquén por la reparación del daño que
consideraron causado por el obrar ilegítimo del personal policial. La demandada opuso
excepción de prescripción sosteniendo que se encontraba prescripto el plazo bienal respectivo
y que la querella entablada contra los agentes no suspendió la prescripción a su respecto. El
juez de primera instancia admitió la defensa. La cámara de apelaciones revocó tal resolución.
Ante ello, la provincia interpuso recurso de casación por inaplicabilidad de ley. El Tribunal
Superior de Justicia por mayoría admite el recurso.
SUMARIOS:
1. El texto claro de los arts. 3981 y 3982 bis del Cód. Civil lleva a concluir que la suspensión
de la prescripción de la acción civil causada por la querella criminal -en el caso, entablada
contra agentes policiales- sólo aprovecha a quien la dedujo y sólo perjudica a la persona
contra quien se dirige.Corresponde tener por operada la prescripción respecto del estado
provincial demandado por la reparación del daño que los actores imputan ocasionado al
obrar ilegítimo del personal policial, ya que la suspensión de la prescripción por la querella
criminal deducida contra las personas físicas no propaga sus efectos con relación a dicha
provincia.Se configura la causal de infracción legal a los fines del recurso de casación por
inaplicabilidad de ley (art. 15, inc. b), ley 1406 de la Provincia del Neuquén -Adla, XLIIIA, 1144-), en orden a los arts. 3981 y 3982 bis del Cód. Civil, toda vez que la sentencia
cuestionada consideró que la querella criminal promovida por los actores contra las
personas físicas codemandadas suspendió el plazo de prescripción de la acción de daños y
perjuicios -en el caso, que habría sido causado por agentes policiales- respecto de la
provincia codemandada, pues dicha suspensión sólo perjudica a la persona contra quien se
dirige la querella.
4. El art. 3982 bis del Cód. Civil, al conceder a la querella criminal un carácter suspensivo de
la prescripción de la acción civil, introduce una excepción al art. 3981, permitiendo que la
suspensión alcance a todos los responsables del hecho ilícito -en el caso, el estado
provincial conjuntamente demandado con agentes policiales-, ya que algunos de éstos no
son pasibles de ser querellados si no han participado en aquél, por lo que la exigencia legal
cumplida en relación a los autores o partícipes suspende el curso de la prescripción con
relación a todos los posibles obligados (del voto en disidencia del doctor Otharán).Es
improcedente el recurso de casación por inaplicabilidad de ley por el que se cuestiona la
Apéndice de fallos
Página 242
sentencia que rechazó la excepción de prescripción opuesta al progreso de una acción de
daños y perjuicios, al concluir que del art.3982 bis no surge que la suspensión de la
prescripción opere solamente contra el procesado -en el caso, la provincia demandada
consideró que no había sido suspendida a su respecto por la querella contra los agentes
policiales codemandados- porque no excluye al tercero civilmente responsable, pues el
fallo interpreta adecuadamente la normativa citada, vinculándola en forma correcta con el
régimen de responsabilidad civil (del voto en disidencia del doctor Otharán).
TEXTO COMPLETO:
Neuquén, febrero 3 de 2004.
a) ¿Resulta procedente el recurso de casación por inaplicabilidad de ley deducido? b)En caso
afirmativo, ¿qué pronunciamiento corresponde dictar? c) Costas.
El doctor Otharán dijo:
I. A fin de lograr una mejor comprensión de los agravios vertidos por la recurrente, he de
efectuar una breve reseña de los hechos relevantes de la causa.
Los actores en autos, Arturo Rafael Celli y Juan José Celli, promueven a fs. 7/22 vta., demanda
de daños y perjuicios contra la Provincia del Neuquén y contra los funcionarios policiales Juan
Carlos Rain y Nestor Fabián González, con fundamento en las lesiones físicas, psíquicas y
morales que sufrieran por el supuesto accionar ilegítimo del personal policial, sustentando la
demanda en los art. 1072, 1073, 1074, 1077, 1081, 1082, 1085, 1086, 1087, 1112, 512, 902 y
concordantes del Código Civil.
Corrido el pertinente traslado, a fs.31/35vta. la demandada Provincia del Neuquén opone al
progreso de la acción, la excepción de prescripción prevista en el art.346 del C.P.C. y C.,
solicitando sea resuelta como de previo y especial pronunciamiento, o, en su defecto, junto con
la sentencia definitiva, y subsidiariamente contesta la demanda, negando la existencia de los
hechos ilícitos relatados por los actores, como también las consecuencias dañosas físicas,
psíquicas, económicas y morales denunciadas, peticionando, en consecuencia, el rechazo total
de la demanda, con expresa imposición de costas a los actores.
Como fundamento de la excepción opuesta alega que, según se desprende del relato de los
hechos vertidos en la demanda, el ilícito que motivó la promoción de esta acción aconteció el
13 de diciembre de 1996, y en consecuencia, el plazo de prescripción operó el 13 de diciembre
de 1998, conforme lo dispuesto por el art.4037 del Código Civil, que establece: "Prescríbese
por dos años la acción por responsabilidad civil extracontractual".
Señala que la demanda se dedujo con posterioridad a la última fecha indicada, por lo que
resulta procedente la excepción articulada. Asimismo, destaca que, si bien en el punto 3° de la
demanda los actores denunciaron haberse constituido como querellantes en la causa penal
instruida contra los autores del hecho ilícito -hecho al que el art.3982 del Cód. Civil asigna
efectos suspensivos del término de la prescripción de la acción civil-, la prueba de la asunción
Apéndice de fallos
Página 243
de la calidad de tales no emerge de la instrumental glosada a la demanda, y por tanto, su parte
la desconoce y niega expresamente; sin perjuicio de lo cual, afirma que aun en el caso de que
los actores produzcan la prueba pertinente, la querella criminal que hubieran deducido contra
los responsables del delito carecería de toda virtualidad suspensiva del plazo de prescripción
operado respecto de la Provincia del Neuquén, en orden a la particular naturaleza de la
obligación que da nacimiento a la acción resarcitoria interpuesta por los actores. Ello así,
agrega, en razón de tratarse de una obligación "in solidum" o indistinta, que se distingue, entre
otros aspectos, de las obligaciones solidarias, por cuanto la prescripción operada a favor de un
deudor o la interrupción de la prescripción ocurrida en contra de un deudor no propagan sus
efectos en relación con los demás obligados, toda vez que la idea de representación es extraña a
esta tipo de obligaciones. Cita jurisprudencia y doctrina en apoyo de su postura.
Los actores contestan la excepción opuesta, considerando que corresponde desestimar de pleno
derecho el planteo efectuado, en virtud de lo dispuesto en el art. 3982 bis del Cód. Civil, habida
cuenta que han iniciado querella criminal contra los autores del ilícito, la cual tramita ante el
Juzgado de Instrucción N°1 de esta Ciudad.
A fs.44 y vta. obra la sentencia dictada por el a quo, que resuelve "Hacer lugar a la excepción
de prescripción opuesta por la demandada Provincia del Neuquén, toda vez que desde la fecha
del hecho dañoso por el que se reclama (13 de diciembre de 1996) hasta la fecha de iniciación
de las presentes (5 de noviembre de 1999) han transcurrido en exceso los dos años previstos
por el art.4037 del Código Civil a tal fin, no habiéndose invocado, por otro lado causal alguna
de interrupción de la misma a su respecto".
Ello así, en base a los siguientes fundamentos, a saber: 1) Los actores demandaron a la
Provincia del Neuquén por el hecho de sus dependientes y a los restantes demandados como
autores materiales del hecho, y siguiendo a la doctrina y jurisprudencia que han receptado la
idea de una categoría de deudas en las cuales cada obligado lo es por el todo, aunque no haya
solidaridad, es el caso de las obligaciones "in solidum", que se advierte en situaciones en las
cuales se establece la responsabilidad integral de varias personas por un mismo hecho dañoso,
con prescindencia de toda idea de solidaridad, como son los casos en que concurre la
responsabilidad directa del autor del daño, con la responsabilidad indirecta de una persona a la
que, sin haber intervenido en la comisión del hecho, la ley la obliga a indemnizar las
consecuencias perjudiciales, sea en su carácter de propietario de la cosa que causó el daño o de
principal del autor del mismo; 2) entre las consecuencias diferenciales de este tipo de
obligaciones se encuentra la apuntada por la demandada, en cuanto la prescripción o
interrupción de la prescripción operada respecto de uno de los deudores no afecta a los
restantes; 3) no advirtiéndose en autos la concurrencia de causal alguna de interrupción de la
prescripción respecto de quien la opone en este proceso, corresponde tener por operada la
prescripción de la acción en relación al excepcionante, por haber transcurrido en exceso los dos
años contemplados por la ley de fondo a los fines pretendidos.
Contra este pronunciamiento se alzan los actores, expresando agravios a fs.47/49.
Alegan los accionantes que el decisorio apelado viola el principio de congruencia y de defensa
en juicio, en el entendimiento que el a quo omitió considerar el hecho y el derecho invocados
Apéndice de fallos
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en la demanda, como así también, lo reconocido expresa e implícitamente por la demandada
Provincia del Neuquén, por cuanto no se tuvo en cuenta la invocación de la querella criminal
contra los autores del ilícito, ni que la accionada no negó este hecho. Asimismo, esgrimen que
el pronunciamiento cuestinado desconoce la doctrina de este Tribunal Superior de Justicia,
sentada en los autos. "Neira Martín Noé s/recurso de casación por inaplicabilidad de ley en
autos: Neira Martín c. Empresa Román s/daños y perjuicios", en el sentido que "... la reforma
consagra legislativamente la corriente jurisprudencial que había superado la concepción
exegética, y al concederle a la querella criminal sólo un carácter suspensivo, introduce una
excepción a la regla del art. 3981, permitiendo que la suspensión del término de prescripción,
alcance a todos los responsables del hecho. Ya que algunos de estos posibles responsables como el dueño o guardián de la cosa- no son pasibles de querella criminal si no han tenido
participación en el mismo. Debe entenderse que la exigencia legal cumplida con relación a los
autores o partícipes del hecho, produce el efecto de suspender el curso de la acción civil con
respecto a todos los posibles obligados..."
La Cámara sentenciante dicta pronunciamiento a fs. 68/70 vta., revocando la resolución de la
instancia anterior, y en consecuencia, rechaza la excepción de prescripción opuesta por la
Provincia del Neuquén.
Sostuvo el vocal preopinante, doctor Silva Zambrano, a cuyo voto adhirió el doctor García, que
el Tribunal Superior de Justicia, tal como se señala en la contestación de la expresión de
agravios, con fallo dividido, tuvo oportunidad de expedirse sobre la cuestión en debate, en la
citada causa "Neira" (expte. n° 11-f° 4-año 1983), en la cual se resolvió rechazar la excepción
de prescripción opuesta por la codemandada.
Luego, destacó que el voto de la mayoría entendió en aquella oportunidad que del art. 3982 no
surge de manera alguna que la suspensión de la prescripción opere solamente contra el
procesado pues, por el contrario, aquél establece en forma genérica que el ejercicio de la
querella criminal contra los responsables del hecho, suspende el término de la prescripción de
la acción civil, sin especificar ni excluir en ninguno de sus párrafos al tercero civilmente
responsable, y ello es así toda vez que, en la responsabilidad indirecta o refleja, aunque la culpa
del autor directo y del tercero civilmente responsable reconozcan distintos fundamentos
jurídicos, la prestación a cargo de ambos es una sola, de naturaleza indivisible. Así, se
consideró que las responsabilidades comprendidas en el art. 1113 del C.C. se encuentran
indisolublemente unidas, por lo que la querella criminal intentada contra los autores materiales
de un hecho ilícito suspende la prescripción civil contra el segundo. Y también se agregó que
en el caso previsto por el art. 1122 del Código Civil, las responsabilidades emergentes se hallan
indiscutiblemente vinculadas por el objeto, que es el hecho ilícito productor del daño por lo
que un acto suspensivo de la prescripción alcanza a ambos responsables.
Por último, señaló que en dicho precedente, el voto mayoritario entendió que la reforma
introducida por la ley 17.711, consagra la corriente jurisprudencial que había superado la
"concepción exegética", y al concederle a la querella criminal sólo un carácter suspensivo,
introduce una excepción a la regla del art.3981 del Código Civil, permitiendo que la
suspensión del término de la prescripción alcance a todos los responsables del hecho.
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Remarcó el Doctor Silva Zambrano que en aquella oportunidad, como vocal integrante del
Alto Cuerpo, si bien simpatizaba con los argumentos que se plasmaron precedentemente,
conformó la minoría, al pronunciarse por la admisión de la defensa, en el entendimiento que el
ordenamiento jurídico no podía extenderse de manera de comprender una solución que
excepcionaría la norma del art. 3981 del Código Civil, pregonando, en consecuencia, la
necesidad de la existencia de una norma expresa al respecto, por no aplicarse al caso de las
obligaciones "in solidum" o concurrentes la solución de los arts.713 y 3994 del Código Civil,
por lo que la suspensión de la prescripción sólo perjudicaba a la persona contra quien se dirigía
la querella.
Luego, afirmó que una nueva reflexión sobre la cuestión planteada, lo persuadido acerca de la
corrección de la interpretación sustentada por la mayoría en el fallo analizado, particularmente,
en atención a la fundamentación que en aquella ocasión vertiera el doctor Barba y que
concuerda con la opinión que sustentan Bueres-Mayo, con apoyo en un fallo de la Cámara
Nacional Civil, sala D, 18-5-89 in re: "Naranjo c. Trepat" (cfr. Revista de Derecho Privado y
Comunitario, t. 22, p.,350, nota n° 51). Y en resumidas cuentas, concluyó "en que el art. 3982
bis del Código ha establecido de manera autónoma, sin hacer distinciones, la suspensión del
curso de la prescripción en el caso de haberse entablado querella criminal, esto es, no hay
distinción en la norma, ante dicha circunstancia (la querella) simplemente dispone la
suspensión a partir de la relación de pre judicialidad que surge de los arts. 1101/1103 del
mismo ordenamiento, pues como lo aseveran Bueres-Mayo, es razonable que quien ha
querellado al victimario espere el resultado del proceso penal antes de promover la acción por
responsabilidad civil".
Contra el pronunciamiento de la Alzada, la demandada Provincia del Neuquén interpone
recurso de casación por Inaplicabilidad de Ley, en base a la causal contemplada en el art. 15
inc. b) de la ley 1406, en el entendimiento que la Cámara sentenciante interpreta y aplica
erróneamente la norma contenida en el art. 3982 bis del Código Civil, otorgándole un alcance
distinto del buscado por el legislador, que contradice abiertamente tanto la finalidad del
instituto de la prescripción liberatoria, como los principios establecidos en las demás normas
del citado código.
Como fundamento de su queja invoca la recurrente los siguientes argumentos, a saber: 1) En el
campo de las obligaciones "in solidum", la interposición de la demanda civil interrumpe el
curso de la prescripción liberatoria única y exclusivamente con relación a quien reviste la
calidad de parte demandada y no beneficia ni perjudica a los restantes deudores; 2) dicha
conclusión no es controvertida en la sentencia atacada, que tampoco pone en tela de juicio la
clara diferencia de régimen entre este tipo de obligaciones y las obligaciones solidarias; 3) la
prescripción liberatoria se interrumpe por demanda contra el poseedor o deudor (art. 3986
C.C); 4) la demanda civil es la manifestación por excelencia de la voluntad del acreedor de
reclamar lo que por derecho le corresponde y, en el campo de los daños y perjuicios, tiene
específico contenido patrimonial; la querella criminal, en cambio, es una acción de la víctima
que tiene por finalidad lograr la individualización y eventual condena penal del autor del hecho
ilícito, que no necesariamente debe tener contenido patrimonial dado que se le asigna efecto
suspensivo de la prescripción de la acción civil, aunque en sede penal no se hubiere pedido el
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resarcimiento de los daños; 5) luego, en el campo de las obligaciones "in solidum", es contrario
a la recta interpretación del art. 3982 bis del C.C. asignar a la querella criminal, un efecto
suspensivo de la prescripción más extenso que el atribuido a la demanda civil, que no
interrumpe la prescripción respecto del conjunto de los deudores, sino sólo en relación de aquel
contra quien se ha interpuesto la demanda; 6) si la finalidad del legislador hubiese sido
establecer a través del art. 3982 bis una excepción a la regla sentada en el art. 3981, habría
formulado su voluntad de manera clara y explícita, haciendo extensiva la excepción, por
aplicación de la lógica jurídica más simple, a las demandas promovidas en sede civil,
equiparando los efectos de la querella criminal a los de la acción civil en las obligaciones "in
solidum"; 7) el criterio sentado en el fallo impugnado impone un hecho paradojal: quien
formule una querella en sede penal, aun sin reclamar el resarcimiento de los daños y perjuicios
sufridos, gozará del incomprensible privilegio de que la querella expanda sus efectos
suspensivos de la prescripción hacia todos los responsables del hecho y, en cambio, quien
inicie demanda civil contra uno de los responsables del hecho, no alcanzará el mismo
resultado; 8) los fundamentos expuestos por el doctor Silva Zambrano en su voto en minoría en
la causa "Neira", confirman el acierto de su postura originaria sustentada en sólidos
argumentos, a contrario de las consideraciones que se vierten en el fallo aquí recurrido, con
base en aislados precedentes jurisprudenciales, y doctrina minoritaria, frente a los numerosos y
calificados autores que se inclinan por la tesis contraria, citados en el fallo recurrido; 9) la
responsabilidad del principal por los hechos de sus dependientes o sus domésticos no está
indisolublemente vinculada a la suerte que éstos corran en el fuero criminal, y por lo tanto el
damnificado puede perseguirlo directamente ante los tribunales civiles sin estar obligado a
llevar a juicio a los autores del hecho, conforme la regla directriz sentada en el art. 1122 del
C.C.; 10)la determinación en sede civil de la responsabilidad del principal por las
consecuencias de un hecho ilícito, no requiere respecto de su existencia y alcances un
pronunciamiento previo de la justicia penal, sencillamente porque dicha responsabilidad civil
no ha sido materia de valoración, ni prejuzgamiento en sede penal, ni reviste para la víctima
calidad de cuestión prejudicial, ni constituye un elemento fáctico ni jurídico para la promoción
de la correspondiente acción civil por el damnificado dentro del plazo de dos años fijado en el
art. 4037; 11)sólo forzando el razonamiento podría interpretarse que, contrariando los
principios que rigen el instituto de orden publico de la prescripción, un tercero civilmente
responsable que no ha cometido hecho ilícito alguno y por obvia razón no ha sido sujeto de una
querella criminal en sede penal, pudiera estar indefinidamente inmerso en una situación de
verdadera incertidumbre jurídica a la espera del dictado de una sentencia absolutoria o
condenatoria que, sea como fuere, en ningún caso recaerá sobre él.
II. El Fiscal ante el Cuerpo dictamina a fs. 113/116vta., propiciando la procedencia del remedio
bajo análisis, en el entendimiento que la suspensión del término de la prescripción de la acción
civil establecida en el art.3982 bis del Código Civil no alcanza al tercero civilmente
responsable, sino tan sólo a aquél contra quien se ha iniciado la querella. Y ello así, en tanto,
conforme lo prescripto por el art. 3981 del mismo cuerpo legal, los efectos de la suspensión de
la prescripción son personalísimos y sólo aprovechan y perjudican a las personas a favor o
contra las cuales ha sido establecida; no extendiéndose en los casos de obligaciones con sujeto
plural, sean simplemente mancomunadas o solidarias, a los demás cointeresados.
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III. Entrando al análisis de los agravios vertidos por la recurrente, he de adelantar que comparto
la solución a la que arriba la Cámara sentenciante, concordante con la decisión que adoptara
este Tribunal Superior -con distinta integración- en la citada causa "Neira" (Acuerdo N° 4/84),
entendiendo entonces no configurada -como pretende la recurrente- la causal invocada, a la
sazón: errónea interpretación y aplicación del art. 3982 bis del Código Civil.
Sabido es que las leyes deben ser interpretadas considerando armónicamente la totalidad del
ordenamiento jurídico y los principios y garantías de raigambre constitucional para obtener un
resultado adecuado, pues la admisión de soluciones notoriamente disvaliosas a que puede
llevar una aplicación mecánica e indiscriminada de la norma, no resulta compatible con el fin
común, tanto de la tarea legislativa, como de la judicial. El propósito de afianzar la justicia
enunciado en el preámbulo de la Constitución Nacional, propósito liminar y de por sí operativo
no sólo se refiere al Poder Judicial, sino a la salvaguarda del valor justicia en los conflictos
jurídicos concretos que se plantean en el seno de la comunidad (C.S.J.N. Fallos: 302:1284).
Entiendo, siguiendo tales pautas y en base a los fundamentos que a continuación expondré, que
el fallo impugnado interpreta adecuadamente la normativa contenida en el art. 3982 bis del
Código Civil, vinculándola en forma correcta con el régimen de la responsabilidad civil,
analizando el instituto de la prescripción en concordancia con el resto de los principios legales
involucrados en la cuestión debatida.
El art. 3982 bis reza: "Si la víctima de un acto ilícito hubiere deducido querella criminal contra
los responsables del hecho, su ejercicio suspende el término de prescripción de la acción civil,
aunque en sede penal no hubiere pedido el resarcimiento de los daños. Cesa la suspensión por
terminación del proceso penal o desistimiento de la querella".
Por su parte, el art.3981 del mismo cuerpo legal establece que: "El beneficio de la suspensión
de la prescripción no puede ser invocado sino por las personas, o contra las personas, en
perjuicio o a beneficio de las cuales ella está establecida, y no por sus cointeresados o contra
sus cointeresados". Y el art.3982 prescribe: "La disposición del artículo anterior no comprende
las obligaciones o cosas reales indivisibles".
La norma contenida en el citado art. 3981 marca una de las diferencias con el instituto de la
interrupción de la prescripción, y está dada por lo siguiente: en el caso de la suspensión rige el
principio general de la relatividad del beneficio, a excepción del supuesto de las obligaciones
indivisibles (art.3982 C.C.), en cambio, la relatividad de los actos interruptivos dependerá de
las situaciones y obligaciones en juego (arts. 3994, 3996 y 3997 del Código citado).
Ahora bien, sabido es que cuando un acto ilícito civil -captado en un marco de antijuridicidad
amplia, "material", que además integra al daño como elemento configurante de su estructura y
que también admite la inexistencia de autoría, como sucede en los supuestos de
responsabilidad por el hecho de otros o por los daños causados con las cosas, todo lo cual lo
diferencia con el ilícito penal- a su vez integra alguno de los tipos represivos legalmente
contemplados, nacen del mismo hecho lesivo dos acciones: una penal (pública, privada o
dependiente de instancia privada) y otra civil, eminentemente resarcitoria, y enderezada a
reparar -en la especie o en dinero- las secuencias dañosas de aquél respecto de la víctima. Y
esta mecánica optativa, implica un fenómeno de prelación, influencia o, más técnicamente,
Apéndice de fallos
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prejudicialidad entre la suerte de la acción penal y la de la pretensión resarcitoria civil
inherente al mismo ilícito (arts. 1101, 1102 y 1103 del Código Civil), precedencia que con
razón se ha sustentado en la necesidad de dotar al sistema de seguridad jurídica, evitando que
lo que un sentenciante penal tenga por cierto pueda ser juzgado como inexistente, dubitable o
controvertido por otro juzgador -ius privatista- que se ocupe del mismo supuesto de hecho (cfr.
Alberto J. Bueres - Elena I. Highton, "Codigo Civil y normas complementarias. Análisis
doctrinario y jurisprudencial", t. 3-A, ps. 302/303).
Así, pese al titulado principio de la independencia de la acción civil respecto de la
criminal(art.1096 del Código Civil), lo cierto es que nuestro ordenamiento, marca relaciones de
interdependencia entre la acción civil y la acción penal, al punto que el art.1101 del C.C.
dispone que: "Si la acción criminal hubiere precedido a la acción civil, o fuere intentada
pendiente ésta, no habrá condena en el juicio civil antes de la condenación del acusado en el
juicio criminal...", como así, que según sea la resolución recaída en el juicio penal, existen
puntos que se consideran cosa juzgada y no se podrán contestar ya en el juicio civil (arts. 1102
y 1103 del C.C.).
Conforme surge de los propios términos del art. 1101 citado, la prelación, prioridad o
preferencia de la condena penal respecto de la condena civil, no significa, de manera alguna,
que la acción civil no pueda preceder a la penal, o iniciarse cuando aquélla ya está en marcha.
Lo que acontece, en la práctica tribunalicia, es que se espera la actuación del juez penal cuando
el mismo hecho es delito penal e ilícito civil para lograr, por esta vía, un cierto esclarecimiento
de la cuestión relativa a daños, autoría, imputabilidad, relación de causalidad, etcétera. (cfr.
"Problemática liberatoria en derecho de daños", por Jorge Mosset Iturraspe, Revista de
Derecho Privado y Comunitario N° 22, ps. 37/38).
De allí que, el art. 3982 bis, introduce una nueva forma de interdependencia entre ambas
acciones, contemplando "la suspensión del término de la prescripción de la acción civil"
durante la tramitación de la causa penal, hasta "la terminación del proceso penal". Y como bien
se remarca en la citada causa "Neira"
la norma del art.3982 bis, incorporado al Código Civil por la ley 17.711 en 1968, respondió a
la orientación operada con anterioridad en jurisprudencia y doctrina con relación a la influencia
del proceso penal sobre el curso de la prescripción de la acción civil, labor que -con respecto a
la jurisprudencia- destacó la Exposición de Motivos, al señalar que: "ha impuesto en la
interpretación de la ley un criterio funcional en miras a las buenas soluciones, superando así la
concepción exegética predominante en las primeras épocas de la vigencia del Código"
En orden a los antecedentes doctrinarios y jurisprudenciales, nos enseña Félix A. Trigo
Represas, en "Examen y crítica de la reforma del Código Civil", t. 2 Obligaciones, ps. 293/297,
que: "La influencia del proceso penal sobre el curso de la prescripción de la acción civil, ha
sido un tema muy debatido en nuestro país. Algunos preclaros civilistas negaron rotundamente
tal influencia; y en cambio encontramos a un procesalista, Tomás Jofré, y a un penalista,
Rodolfo Moreno, entre los primeros defensores del efecto interruptivo que sobre la
prescripción de la acción civil tendría el proceso penal. En tal sentido expresaba este último
que: 'En mi concepto desde que los jueces juzgan de la indemnización al mismo tiempo que del
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delito, a los efectos de la penal, mientras dura el proceso (penal), la prescripción civil resulta
interrumpida, pues la acción penal implica la acción civil´. Pero, en general, nuestra doctrina y
jurisprudencia se habían orientado, en el sentido de que el proceso penal no interrumpía la
prescripción de la acción civil, aunque la víctima hubiese actuado como querellante; pero que
sí producía tal efecto, si ésta pedía la reparación de los daños en el propio fuero penal. Algunos
llegaran a admitir que aun la simple querella criminal sería suficiente como acto interruptivo, si
resultaba reveladora del propósito de perseguir la reparación del daño sufrido, ulteriormente.
La cuestión era mucho más delicada, en cambio, cuando el damnificado no reclamaba la
indemnización ante el juez en lo penal; aunque también para cierta jurisprudencia bastaba que
la víctima hubiese actuado como querellante...".
Tal como se remarcara en el voto mayoritario de la causa "Neira", siguiendo al autor supra
citado, la reforma introducida por la ley 17.711, acogió la tendencia más amplia, de las
merituadas precedentemente, aun cuando no incluyó la causal como interrupción, sino como
suspensión de la prescripción, planteando así ciertas dudas sobre las implicancias prácticas del
alcance del art. 3982 bis, respecto al tercero civilmente responsable, ante la disposición del art.
3981 que impide extender el beneficio de la suspensión a los cointeresados.
Luego, en punto a tal interrogante, se concluyó acertadamente, en el mencionado precedente,
que la reforma consagra legislativamente la corriente jurisprudencial que había superado la
"concepción exegética", y al concederle a la querella criminal sólo un carácter suspensivo,
introduce una excepción a la regla del art. 3981 del Código Civil, permitiendo que la
suspensión del término de la prescripción alcance a todos los responsables del hecho; y ya que
algunos de estos posibles responsables no son pasibles de querella criminal -como el dueño o
guardián de la cosa, o el principal- si no han tenido participación en el mismo, debe entenderse
que la exigencia legal cumplida en relación a los autores o partícipes del hecho, produce el
efecto de suspender el curso de la prescripción con respecto a todos los posibles obligados.
Ello así, también se dijo en aquella oportunidad, como resultado de la consagración de
instituciones y teorías que han avanzado sobre interpretaciones esquemáticas de la ley,
tendiendo a una efectiva vigencia de la justicia, según surge de la intención del legislador
expresada en la Exposición de Motivos de la ley 17.711, que no tendría una respuesta adecuada
en la interpretación de la norma analizada, si se obligara a la víctima a promover una acción
civil contra los terceros responsables antes de la resolución en el fuero penal, produciendo una
forzada fractura de la pretensión.
En este sentido se ha dicho que interpretar que la prejudicialidad no es un impedimento para
iniciar el proceso civil, no importa una secuencia imperativa de la norma, puesto que bien
entendido, una vez iniciado el proceso penal la acción civil "puede" (y no "debe") iniciarse en
cualquier momento, y aun más, puede ser ejercida con posterioridad a quedar firme el fallo
penal, siempre que no se encuentre vencido el plazo de prescripción a partir de adquirida tal
firmeza, resultando aplicable el art. 3982 bis, respecto de las personas jurídicas, para el caso
que se hubiera deducido querella criminal contra sus dependientes, toda vez que existía
imposibilidad de hacerlo contra los empleadores por estricta aplicación de la ley penal.
Interpretación que respeta el espíritu de la norma, tiende a su cumplimiento y no afecta el
orden público; y por ello, aun cuando no había óbice para deducir la acción civil contra los
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codemandados antes de los dos años del art.4037 del C.C., la parte actora no se encontraba
obligada a ello, porque los responsables indirectos no podían de ningún modo ser querellados,
lo que sí se hizo respecto de sus dependientes dentro del plazo que indica la ley (LEX
DOCTOR, Cám.C.C.Fed. voto del doctor De las Carreras, "Onofre Francisco Ricardo
c/Ministerio de Acción Social y otro s/Responsabilidad Médica", 18/04/00).
Asimismo, se ha sostenido que "El art. 3982 bis, incorporado al Código Civil por la ley 17.711,
introduce una nueva causal de suspensión del curso de la prescripción que aparece con perfiles
diferentes a los de las clásicas causas de suspensión ya previstas en la normativa civil. Aquí el
hecho objetivo de la interposición de la querella aparece como reflejo de la influencia de la
sentencia penal en el juicio civil por indemnización de daños, uno de cuyos efectos principales
es el que resulta del art. 1101 del Código Civil, esto es, la suspensión de la sentencia civil
estando pendiente un proceso penal que haya versado sobre el mismo hecho, aunque no
concurran las tres identidades clásicas, porque no está en juego el principio de la cosa juzgada,
sino la conveniencia de evitar pronunciamientos contradictorios con el consiguiente desmedro
de la autoridad y del prestigio de la función jurisdiccional. Frente a lo dispuesto por los arts.
1102 y 1103 del Código Civil resulta atinada la suspensión de la prescripción respecto de todos
los responsables aunque se haya querellado a uno solo de ellos"( LEX DOCTOR. Voces:
Prescripcion Liberatoria. Interrupcion. Querella Penal, Autos: Naranjo Pariani, Marta c. Prepat,
Jaime y otro s/daños y perjuicios - N° Sent.:42840 Mayoría.- Magistrados: Río Russomanno Civil -sala D - 18/05/1989). Y acerca de las razones de orden práctico que justifican la solución
dada, dable es consignar que, de otro modo, se obligaría a la víctima a demandar a los restantes
responsables (como el principal, o el dueño de la cosa, y la aseguradora) y al propio querellado
penalmente, pues si no lo hiciera conjuntamente, no podría normalmente ampliar la demanda
contra éste último, a quien tendría que demandar por separado, destacándose, asimismo, que en
el caso de una relación de dependencia, la actora se vería obligada a demandar al principal sin
que aún se hubiera atribuido el carácter lícito o ilícito del hecho del dependiente. cfr. "Aspectos
generales de la prescripción liberatoria", por Alberto J. Bueres y Jorge. A. Mayo, en Revista de
Derecho Privado y Comunitario N° 22, ya cit. p. 350, nota 51)
Entiendo que la interpretación propiciada se refuerza por la circunstancia de que el art.3982 bis
es claro cuando se refiere a la "acción civil", sin limitarla a determinados responsables, es
decir, el texto legal no formula ninguna distinción, estableciendo en forma genérica que el
ejercicio de la querella criminal suspende el término de la prescripción de la acción civil, sin
excluir al tercero civilmente responsable.
Trasladando todos los principios vertidos al caso "sub examine", fuerza es concluir que la
Cámara sentenciante ha interpretado correctamente las normas cuya infracción alega la
recurrente, por lo que propongo al Acuerdo se declare la improcedencia del recurso de
inaplicabilidad de Ley deducido a fs.75/95, con costas a la recurrente (art. 17 ley 1.406). Voto
por la negativa.
El doctor González Taboada dijo:
Disiento con la solución propiciada por el r vocal propinante, y compartiendo los fundamentos
vertidos en dictamen del Sr. Fiscal ante el Cuerpo, he de adelantar mi opinión, en el sentido
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que el remedio intentado resulta procedente, por encontrarse configurada la causal de
infracción legal denunciada.
En efecto, respecto a la cuestión traída a conocimiento de este Cuerpo, ya he tenido
oportunidad de expedirme en la citada causa "Neira" (Acuerdo N°4/84), en la que expresé mi
criterio discrepante con el sustentado por la mayoría, integrada en aquella oportunidad por los
doctores Mateo A. Fabani, Helvecio M. Barba y Héctor E. Olcese.
En el mencionado precedente, al igual que en el caso que aquí nos convoca, se daba el supuesto
de las obligaciones "in solidum", compartidas o concurrentes, que se caracterizan porque
tienen un mismo acreedor e identidad de objeto, pero diversas causas y deudor, mientras que en
las obligaciones solidarias, las llamadas perfectas por los romanistas alemanes, existe unidad
de fuente. Y sobre el particular, sostuve que aún ignorando la diferencia mencionada, la
suspensión de la prescripción no podría oponerse al deudor solidario a tenor de lo dispuesto por
el art.3981, pues así lo declara el codificador cuando en la nota al mismo artículo, citando a
Aubry y Rau, señala que "entre muchos copropietarios, o muchos deudores aun solidarios, si se
encuentra a uno a cuyo beneficio la prescripción ha sido suspendida por la ley...los otros no son
admitidos a prevalerse de esa suspensión".
Es decir, que la querella deducida por la víctima del hecho ilícito suspende la prescripción de la
acción civil con respecto a su persona, pero no beneficia a los otros damnificados que también
pudieran existir, sean éstos directos o indirectos. Lo mismo ocurre en el caso de pluralidad de
coautores cuando la querella se dirige contra uno solo de ellos, no obstante la solidaridad
establecida en el art. 1109, ap. 2° del Código Civil, ya que ello es lo que resulta del art.3981 y
su nota (cfr. La querella como causa de la suspensión de la prescripción de la acción civil", por
Acdeel Ernesto Salas, pub. en JA, Serie Contemporánea Doctrina, 1973, p. 573/576). De allí
que, el texto claro de la normativa contenida en los arts.3981 y 3982 bis del Código Civil,
lleva, sin lugar a hesitación, a la conclusión de que la suspensión de la prescripción por la
querella criminal sólo aprovecha a quien la dedujo y sólo perjudica a la persona contra quien se
dirige.
En idéntico sentido se ha expresado la jurisprudencia al sostener que: "La suspensión de la
prescripción no se propaga en sus efectos de uno a otro deudor. Puede alegarse por el acreedor
contra el deudor a quien la eficacia suspensiva perjudica, pero no contra los demás deudores,
ajenos a esa situación" (conf. art. 3981 del Código Civil; Salas, J.A, 1973-575; Llambías,
"Tratado...Obligaciones", p. 518) Autos: Crosetto, Sandra Mónica c. Diaz, Roberto Omar
s/daños y perjuicios-N° Sent.:13129- Magistrados: Bossert- civil-sala F- 17/02/1994. LEX
DOCTOR.- "Cada uno de los damnificados que accionan contra el único autor a quien se le
imputa la comisión del hecho ilícito, ostenta un título diferente respecto del demandado, que
aunque se origine en el mismo hecho antecedente, está representado por los perjuicios
concretos que cada uno ha padecido. De allí que los efectos suspensivos del curso de la
prescripción por la actuación de uno de los co-actores en sede penal no se extienden al restante
que no se apersonó a dicha causa" (Autos: Montero, Carlos Alberto y otros c. San Martin,
Norberto y otros/ daños y perjuicios.- Magistrados:Luis López Aramburu, Gerónimo Sansó,
Félix de Igarzábal. - Sala B- 29/11/2000. LEX DOCTOR).- "La querella criminal carece de
efectos interruptivos de la prescripción pues no existe norma legal que le asigne tal condición.
Apéndice de fallos
Página 252
Y lo dispuesto en el C.Civ 1101 -de entenderse que aquella constituiría cuestión prejudicial- no
impide promover el pleito. Sólo obstaria el dictado de sentencia. (En igual sentido: sala D,
04.04.97, "Lacunza, José c. Providencia Compañia Arg. de seguros S.A. S/ ord.")" Autos:
Neumann, Marcelo c. Halvetia Argentina Cía. de Seguros. - Ref. Norm.: C.C.: 1101 - Cam.
Com.: D - Mag.: Alberti - Arecha - 17/05/88. LEX DOCTOR.- "...más allá de la existencia o
no de querella criminal contra el autor material del hecho, el beneficio de la suspensión de la
prescripción no pudo ser invocado contra la transportista que, al margen de ser una persona
jurídica, sólo podría ser vinculada "in solidum" y no solidariamente con el responsable. Ello
así, por cuanto en las obligaciones concurrentes la prescripción actúa independientemente para
cada deudor y si se entendiere que las obligaciones son solidarias la solución no variaría pues a diferencia de lo que ocurre con la interrupción- la suspensión no se propaga en sus efectos de
uno a otro deudor, pudiendo ser alegada por el acreedor contra el deudor a quien la eficacia
suspensiva perjudica, pero no contra los demás deudores, ajenos a esa situación..."
(Jurisprudencia de la Nación Civil y Comercial Federal. LEX DOCTOR).- "El efecto
suspensivo previsto en el art. 3982 bis del código civil, no se propaga en sus consecuencias
juridicas de uno a otro deudor, aun cuando se estuviera frente a obligados en forma
solidaria...La intención de la actora de mantener vivo su derecho a ser resarcida, evidenciada
en la asunción de la calidad de querellante en el proceso criminal, limita sus consecuencias
jurídicas a los sujetos pasivos de esa especial participación. Y si bien en el caso no era posible
entablar querella contra el Estado Nacional, esa imposibilidad no impedía en absoluto ocurrir a
la justicia civil" (cfr. Esta sala, causas 8437/93 del 9.11.95, "Arrieta, Genara Ramona c.
Gobierno Nacional - Ministerio del Interior"; 8439/93 del 9.11.95, "Maquia Gomez de
Lascano, Elena Haydee c. Gobierno Nacional - Ministerio del Interior"; sala II, causas 1878 del
21.6.83; 208 del 27.10.92), dentro del plazo de dos años que la ley establece para hacer
efectiva la responsabilidad aquiliana de aquél, sea por su actividad lícita o ilícita (art. 4037 del
Código Civil; cfr. CSJN, In re "Diaz, C.A. c. Gobierno de la Nación", del 26.3.91; In re
"Celano, Marta C. c. Estado Nacional - Ministerio del Interior", del 3.11.88; etc.; esta sala,
causa 6006 del 16.5.90; In re "Mangano, Pablo O. c. YPF", del 3.6.92, entre muchas
otras)Autos: Aramouni, Alejandro c/Estado Nacional Ministerio del Interior s/Daños y
Perjuicios. Causa n 20.252/96. Cám.C.C.Fed. Amadeo - Bulygin.
Sobre el particular, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha sostenido que la suspensión
de la prescripción es relativa y sólo perjudica a la persona contra quien se ha dirigido la
querella, sin propagarse de uno a otro deudor, resultando inaplicable el art.3982 bis del Código
Civil respecto al Estado provincial demandado, que por no ser una persona física no puede ser
querellada (cfr. C.S.J.N., "Minond, Luis c. Buenos Aires, Provincia de s/daños y perjuicios",
Fallos 323-3:3964).
Luego de reseñar esta profusa jurisprudencia, creo necesario remarcar que el régimen de la
prejudicialidad establecido en los arts. 1101 y siguientes del Cód. Civil -según criterio hoy
unánime- no prohíbe que el proceso civil se promueva o continúe mientras la acción penal esté
pendiente, sino sólo que se dicte sentencia en sede civil antes que en la penal (cfr. Alberto
Bueres- Elena I. Highton, "Código Civil y normas complementarias"). Y la mejor prueba de
ello es que los actores promovieron la presente causa, encontrándose en trámite el expediente
penal, es decir, antes de que se emitiera pronunciamiento en dicha sede, conforme surge de la
Apéndice de fallos
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confrontación entre la fecha de presentación de la demanda en sede civil (fs. 7/22vta.) y la
fecha en que se dictó la sentencia en el fuero penal (fs. 605/628 del expediente n°1830año1998-folio n°65, agregado por cuerda); y si no se actuó en tiempo propio respecto al tercero
civilmente responsable, ello constituye una conducta discrecional de los accionantes, cuyas
consecuencias deben asumir (cfr. C.S.J.N.; Fallos: 275:218; 280:395; 299:373; 302:1397).
Esta conclusión se refuerza si se tiene en cuenta que la prescripción responde a la necesidad de
dar certeza a las relaciones jurídicas, por lo que frente al conflicto entre el acreedor y el deudor,
la ley inclina el transcurso del tiempo a favor del deudor, atendiendo a razones de seguridad
jurídica, a fin de evitar que se prolonguen las situaciones de incertidumbre, conspirando contra
la finalidad misma del instituto, que resulta de interpretación restrictiva, en tanto, la suspensión
de la prescripción constituye un supuesto excepcional, toda vez que concede un beneficio
específico que no puede extenderse a otras situaciones diversas, por lo que es menester
atenerse a un criterio hermenéutico estricto, máxime cuando, como en el caso de autos, no se
configuran los supuestos de imposibilidad de obrar que, en general, sustentan el régimen legal.
Como nos enseña Cazeaux-Trigo Represas, el régimen de la "suspensión" se inspira en el
adagio de origen romano mencionado por el Vélez Sarsfield en su nota al art.3980, que
establece: "agere non valenti: non currit prescriptio". Sobre la base de ese principio, adoptado
luego por el antiguo derecho francés, la doctrina y jurisprudencia de ese país consideraba justo
eximir de la prescripción, siempre que hubiere existido algún obstáculo que de alguna manera
se hubiese opuesto a la acción de aquel contra quien estaba corriendo la misma; y para evitar
una aplicación exagerada de esa máxima, que incluso podía afectar la esencia misma de los
fines perseguidos con su institución, en el art. 2251 del Código Napoleón se estableció que "La
prescripción corre contra todas las personas, a menos que se encuentren en alguna excepción
establecida por la ley". Y aunque este texto no fue reproducido por nuestro Código Civil, debe
admitirse que el principio ha sido receptado implícitamente y que vale como norma, y la base
exclusiva del sistema reside en la voluntad legislativa y no existen otras causales de suspensión
que las expresamente previstas en la ley, tal como concretamente expone el propio codificador
en su nota al art. 3059, donde se lee: "... Hoy puede decirse que la prescripción corre contra
todas las personas, a no ser que se hallen en el caso de alguna excepción establecida por la ley"
(cfr. aut. cit. "Derecho de las Obligaciones", t. III, p. 667)
Trasladando todas las consideraciones vertidas al caso "sub examine", fuerza es concluir que la
suspensión de la prescripción por la querella criminal deducida por los actores(fs.48/49vta. del
expediente penal referenciado) no propaga sus efectos en relación a la demandada Provincia
del Neuquén, y en consecuencia, corresponde tener por operada la prescripción de la acción a
su respecto, toda vez que el hecho que fundamenta la pretensión actoral ocurrió el 13 de
diciembre de 1996 y la presentación de la demanda data del 5 de noviembre de 1999, habiendo
transcurrido en exceso los dos años contemplados en el art.4037 del C.C.
En mérito a lo antedicho, propongo al Acuerdo:1) Declarar procedente el recurso de
inaplicabilidad de Ley deducido por la demandada Provincia del Neuquén, y en consecuencia,
casar la sentencia de Cámara obrante a fs. 68/70vta., por haber incurrido en la causal de
infracción legal, prevista por el art.15° inc.b) del ritual, en orden a los arts.3982 bis y 3981 del
Código Civil. 2) En virtud de lo dispuesto por el art.17° de la ley 1406, recomponer el litigio,
Apéndice de fallos
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confirmando el decisorio de Primera Instancia obrante a fs.44 y vta, merced a los fundamentos
vertidos en la presente. 3) Imponer las costas de la alzada y de esta instancia por su orden, en
atención a la diversidad de posturas doctrinales y jurisprudenciales destacadas en este
pronunciamiento e importar el mismo un cambio de la doctrina mayoritaria de este Tribunal
Superior de Justicia (arts. 68, 2do.apartado, del C.P.C. y C. y 12° de la Ley 1.406), y adecuar
los honorarios regulados en la Alzada (art. 279 del C.P.C. y C.), disponiéndose la devolución
del depósito efectuado según constancias de fs.73 y 107 (art. 11 Ley casatoria). Voto por la
afirmativa.
El doctor Gigena Basombrio dijo:
Adhiero a la solución propiciada y fundamentos vertidos por el doctor González Taboada,
pronunciándome en idéntico sentido. Voto por la afirmativa.
El doctor Massei dijo:
Comparto el criterio expuesto por el doctor Otharán, en su bien fundado voto, por lo que emito
el mio en igual sentido. Voto por la negativa
El doctor Gavernet dijo:
Coincido con los argumentos expuestos por el doctor González Taboada, como así también con
las conclusiones a las que arriba, por lo que voto en el mismo sentido. Voto por la afirmativa.
De lo que surge del presente acuerdo, de conformidad fiscal, por mayoría se resuelve: 1°)
Declarar procedente el recurso de casación por inaplicabilidad de ley deducido por la
demandada Provincia del Neuquén, y en consecuencia, casar la sentencia dictada por la
Cámara de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Laboral y de Minería, sala I, de la Primera
Circunscripción Judicial, obrante a fs.68/70vta., por haber incurrido en la causal de infracción
legal prevista por el art. 15 inc. b) del ritual, en orden a los arts.3982 bis y 3981 del Código
Civil. 2°) En virtud de lo dispuesto por el art.17 de la ley 1406, recomponer el litigio mediante
la confirmación del decisorio de Primera Instancia dictado a fs. 44 y vta, merced a los
fundamentos vertidos en los considerandos del presente. 3°) Imponer las costas de Alzada y las
de esta instancia por su orden, en base al resultado de la votación de la cuestión propuesta en
tercer orden (arts. 68, 2° apartado, del C.P.C. y C. y 12 de la ley 1406). y regular los honorarios
correspondientes a la labor en la Alzada en base al artículo 15 de la ley 1594, determinándose a
favor del doctor H. D. D. P. en la suma de $ 21.900; y por la actuación en esta instancia
casatoria al doctor H. D. D. P. y G. M. O., la suma de $ 18.250 -en conjunto- 4°)Disponer la
devolución del depósito efectuado según constancias de fs. 73 y 107 (art. 11 ley casatoria).Arturo E. González Taboada.- Marcelo J. Otharán.- Oscar E. Massei.- Federico Gigena
Basombrio.- Alejandro T. Gavernet
62.
C.N.Civ., sala B – octubre 31-2002 “Alsina de Hamann, Elena B.
c. Baffaro, Juan” J.A. To. 2003-I pág. 352
Apéndice de fallos
Página 255
2ª INSTANCIA.- Buenos Aires, octubre 31 de 2002.- ¿Es ajustada a derecho la sentencia
apelada?
El Dr. De Igarzábal dijo:
1. Prosperó, en parte, la demanda que inicia la actora por motivo de un accidente de tránsito.
Opuesta excepción de prescripción por la demandada, la misma fue rechazada, lo cual motiva
uno de los agravios fundantes de su recurso, como así también de la citada en garantía.
También ambas partes -actora y demandada-, aquélla por exiguos y ésta por excesivos, se
agravian respecto de los montos resarcitorios fijados en la sentencia.
A su vez, la accionante, porque no se reconoce incapacidad sobreviniente, y la accionada y su
citada en garantía solicitan que se revoque la decisión que acoge el reclamo por daño
psicológico y gastos de vestimenta.
Se impugna el modo de determinación de los intereses.
2. Por su carácter y relevancia, corresponde tratar primeramente la excepción de prescripción
opuesta por la codemandada -la empresa de transportes a la que pertenecía el vehículo
interviniente en el accidente y para quien trabajaba el conductor del mismo-, a la cual adhirió la
compañía aseguradora citada en garantía.
El juez de primera instancia la rechazó, lo cual agravia a ambos oponentes. Por lo que se dirá,
considero que deben tratarse autónomamente ambas presentaciones.
Así, respecto de la empresa de transportes, es de tener presente que el art. 855 C.Com.
modificado por ley 22096 del 30/10/1979 determina que: "Las acciones que deriven del
contrato de transporte de personas o cosas y que no tengan fijado en este Código un plazo
menor de prescripción, se prescriben por un año en los transportes realizados en el interior de
la República".
Liminarmente, debe tenerse presente que la suspensión de la prescripción por deducción de
querella se limita a quien resulte querellado, de modo que no se extiende a otros interesados
(art. 3981 C.Civ. y su nota), por lo que tal suspensión es relativa y sólo perjudica a la persona
contra quien se ha dirigido la querella, sin propagarse a otros deudores (conf. Corte Sup.,
5/12/2000, "Minorad, Luis v. Pcia. de Buenos Aires").
Asimismo, que no suspende el plazo de prescripción de la acción de daños y perjuicios,
iniciada contra una empresa de autotransporte de pasajeros, la querella promovida contra el
conductor del colectivo (conf. sala A, 21/5/1996, "Taverne v. Minizelli").
Al respecto, esta sala ha decidido (autos: "Gómez de Ortega v. Microquilmes", 17/2/1994) que
quien ha sido víctima de un accidente ocurrido mientras viajaba en calidad de pasajero, en
principio no tiene dos acciones -por incumplimiento de contrato una y derivada de los hechos
ilícitos, la otra- entre las que puede elegir libremente, pues a ello se opone el art. 1107 C.Civ.
(sala C, 18/2/1993, JA 55849, 6/10/1993), sino que los daños que experimenta el viajero
durante la ejecución de un contrato de transporte oneroso, que implican el desconocimiento de
la obligación de resultado de llevar al pasajero, sano y salvo, al lugar de destino, inherente al
Apéndice de fallos
Página 256
contrato celebrado, encuadran, en cuanto a lo que a la sociedad demandada se refiere, en la
responsabilidad contractual del transportador (conf. Llambías, J. J., "Código Civil anotado", t.
II-B, p. 419, n. 81 y jurisprudencia citada en ps. 424 y 425), quedando desechada la idea de que
si un dependiente de este último -por caso, el conductor del automotor- comete un acto ilícito
(art. 1109 C.Civ.), se pueda demandar al deudor, como principal, extracontractualmente (art.
1113 párr. 1º C.Civ.), puesto que lo contrario vulneraría el principio del art. 1107,
consagratorio en nuestro derecho del criterio de la opción aquiliana restringida (conf. C. Nac.
Civ., en pleno, autos "Corsetti v. Martínez s/sumario" del 26/10/1993, argumentos de la
mayoría) (JA 1994-I-239).
Quiere decir, entonces que encontrándose el conflicto dentro del régimen contractual del art.
184 CCom, habiendo transcurrido más de un año desde el momento en que tuviera lugar el
hecho denunciado en la demanda de fs. 13, el 5/4/1995 y la presentación de dicho escrito el
16/4/1996, según cargo de fs. 21, cabe concluir que para entonces se habría cumplido el lapso
prescriptivo.
A mérito de lo expuesto, se resuelve revocar, en lo pertinente, la decisión recurrida y hacer
lugar a la excepción de prescripción deducida por la codemandada Empresa de Transporte 4 de
Septiembre. Costas por su orden, por lo opinable de la cuestión.
3. Por lo que hace a la citada en garantía, no siendo objeto de discusión su agravio, la
responsabilidad atribuida al conductor del vehículo, habrá de hacérsele extensiva la condena,
desde que no desconoció su carácter (art. 118 ley 17418 [3]), ni su compromiso con la empresa
de transporte que contratara la cobertura del riesgo generado por su dependiente.
Hago mías las conclusiones que resultan de la constatación de los agravios de fs. 332, y sus
citas doctrinarias y jurisprudenciales.
Así que la cobertura alcanzará no solamente al asegurado, sino a cualquier persona que
conduzca el vehículo con autorización de su titular; por ende, quedan amparados por la
garantía de sujetos, uno determinado y otro determinable (Corte Sup., 11/12/1986, citado por
Ghersi en "Accidentes de tránsito", 2000, Ed. Universidad, p. 166).
Tal criterio aparece consolidado con lo decidido por la C. Nac. Esp. Civ. y Com. en pleno el
14/12/1984, que decidió que: "La aseguradora deberá la garantía aun cuando la litis haya
quedado integrada solamente con el conductor del vehículo" -caso de autos- (JA 1985-III-395).
Ello así, la prescripción opuesta aparece desprovista de sustento, en tanto y en cuanto no habría
transcurrido el plazo de dos años, de incumbencia para el caso, de relación de dependencia con
la asegurada.
Por ello, debe desestimarse el recurso interpuesto y mantenerse la condena recaída en cuanto a
la aseguradora, tercera citada en garantía.
4. Corresponde atender los agravios expresados por las partes, con referencia al
reconocimiento de los daños y estipulaciones de los montos resarcitorios correspondientes.
Se agravia la actora, porque en la sentencia se ha omitido tratar el rubro incapacidad
sobreviniente.
Apéndice de fallos
Página 257
El aludido no aparece enunciado como daño -por lo menos autónomamente- en el escrito de
demanda, y ello no fue ponderado así por el sentenciante.
Si en el escrito de iniciación del proceso no se reclamó la indemnización por los gastos que
derivan del tratamiento psicoterapéutico -en el caso de autos, la incapacidad sobreviniente-, no
cabe su inclusión en la condena, pues se excederían evidentemente los términos en que se trabó
la relación jurídica procesal, aunque se originen en la opinión del perito (conf. C. Civ. y Com.
Tucumán, sala 1ª, 3/8/2000, LL, N.O.A 2001-232).
El juez no puede introducir cuestiones que no hayan sido oportunamente solicitadas por los
litigantes, pues lo contrario importaría decidir sobre lo que no ha sido propuesto como materia
de juzgamiento, en contradicción con el principio de congruencia en virtud del cual debe existir
conformidad entre la sentencia y las pretensiones, oposiciones y defensas que constituyen el
objeto litigioso y que, en tal carácter, vinculan al órgano jurisdiccional (conf. C. Nac. Civ., sala
L, LL 2000-A-554 [42552S]).
Ello así, importaría violar el principio de congruencia el hecho de que la sentencia atendiera
reclamos o defensas no formuladas por las partes expresamente, como objeto de la demanda y
su contestación.
No subsana tal carencia la imprecisa invocación en la demanda "o lo que en más o en menos
resulte de la prueba producida", tal como lo pretende la agraviada.
Tampoco cubre la deficiencia la referencia a la posible inclusión de tal puntual reclamo, al
mencionárselo al tratar el requerimiento de compensación por daño moral o la indemnización
por el rubro rehabilitación.
Sin embargo, en la sentencia, tangencialmente aparece comprendida, al tratarse una de las
alternativas incapacitantes -la del daño psicológico- y aceptarse la necesidad de su
recomposición, que no se descarta sea integral (informe de fs. 217).
Al respecto, considero que corresponde asignar una cifra mayor para atender los gastos de
tratamiento, habida cuenta de la apreciación temporal del mismo, formulada por la perito (fs.
226), ciento veinte sesiones, aproximadamente que ameritan lo requerido en la demanda -$
9600-.
La suma fijada en la sentencia para atender los gastos por tratamientos médico, honorarios,
gastos de farmacia, rehabilitación y costo de prótesis dentaria, aparecen insuficientes desde que
involucran un amplio aspecto de curación, atención e instrumentología, susceptibles de generar
gastos mayores, lo cual avala la pericia practicada en autos al estimarlos en $ 2500, suma que a mi vez- propongo.
Respecto de las demás asignaciones reconocidas por el sentenciante, habida cuenta de las
pautas de discrecionalidad que le son admisibles, en tanto en cuanto no aparezcan arbitrarias,
considero que deben ser confirmadas.
Las expresiones vertidas por la demandada en cuanto las hace aparecer excesivas no
constituyen una crítica sustancial a lo sentenciado, sino que la exposición de parámetros o
evaluaciones de hechos y circunstancias apuntadas en abstracto y sin referencia puntual al caso
Apéndice de fallos
Página 258
de autos ni a la prueba producida que fue fundada sustancialmente en lo peritado y acreditado
mediante los respectivos informes (entre otros, fs. 178 y fs. 194).
Creo, por ello, que deberán ser confirmados en lo que hace a su procedencia y monto.
Respecto del planteo efectuado sobre la tasa de interés que corresponde aplicar en el sub lite, la
doctrina de la sala, luego del dictado del plenario "Vázquez v. Bilbao" (JA 1993-IV-189),
consistió en aplicar la tasa del 6% anual hasta el 1/4/1991 y desde allí en adelante, hasta el
momento del efectivo pago, la pasiva promedio que publique mensualmente el Banco Central
de la República Argentina, sin hacer distinción alguna entre "deudas de dinero" "o deudas de
valor", ya que el aludido plenario no lo hizo. Toda vez que el accidente de autos se produce
con posterioridad al 1/4/1991 (el 5/4/1995), y de conformidad con la directiva plenaria, no
corresponde admitir el agravio.
En consecuencia, por los argumentos esgrimidos, se modifica la sentencia apelada en tanto se
hace lugar a la prescripción opuesta por la Empresa de Transporte 4 de Septiembre,
imponiéndose en tal sentido las costas por su orden; elevándose la indemnización concedida en
concepto de tratamiento psicológico a la suma de $ 9600, y el monto otorgado para compensar
el tratamiento médico, gastos de farmacia, rehabilitación y costo de prótesis dentaria a la suma
de $ 2500, confirmándose en todo lo demás que fuera motivo de agravio. Costas de alzada a la
demandada y citada en garantía vencidas.
Los Dres. Sansó y López Aramburu, por análogas razones a las aducidas por el Dr. De
Igarzábal, votaron en el mismo sentido a la cuestión propuesta.
Por lo que resulta de la votación que instruye el acuerdo que antecede, se modifica la sentencia
apelada en tanto se hace lugar a la prescripción opuesta por la Empresa de Transporte 4 de
Septiembre, imponiéndose en tal sentido las costas por su orden; elevándose la indemnización
concedida en concepto de tratamiento psicológico a la suma de $ 9600, y el monto otorgado
para compensar el tratamiento médico, gastos de farmacia, rehabilitación y costo de prótesis
dentaria a la suma de $ 2500, confirmándose en todo lo demás que fuera motivo de agravio.
Costas de alzada a la demandada y citada en garantía vencidas.- Félix R. de Igarzábal.Gerónimo Sansó.- Luis López Aramburu.
63.
C.N.Civ., sala A - diciembre 4-2001 “L., C. C. c. Linea 159 Empresa
de Transporte Moqsa y otro” L.L. To. 2002-C pág. 679 – D.J. To.
2002-2 pág. 540
HECHOS:
En una acción de daños y perjuicios la empresa de transporte demandada interpuso excepción
de prescripción, la cual tuvo favorable acogida en primera instancia. La Cámara confirma el
decisorio estableciendo el efecto de la deducción de querella criminal contra el conductor del
transporte respecto de la prescripción.
Apéndice de fallos
Página 259
SUMARIOS:
1. La suspensión de la prescripción por deducción de querella criminal se limita a quien
resulte querellado -en el caso, conductor de un vehículo de transporte-, no pudiendo
extenderse a otros cointeresados.
TEXTO COMPLETO:
2ª Instancia.- Buenos Aires, diciembre 4 de 2001.
Considerando: Contra la decisión de fs. 156/8, en tanto hizo lugar a la excepción de
prescripción deducida por la empresa codemandada "Microómnibus Quilmes S.A.", apela la
actora. Presenta su memorial a fs. 161/162, el que fue contestado a fs. 169/170.
En primer lugar, la recurrente sostiene que está dentro de su opción elegir la acción contractual
o extracontractual, y que tratándose de esta última -como pretende- la prescripción sería bienal,
con lo cual no se habría operado en la especie.
En este contexto, es menester precisar el encuadre jurídico en consonancia con la doctrina
plenaria sentada por esta Excma. Cámara Nacional de Apelaciones, con fecha 26 de octubre de
1993, en los autos caratulados "Corsetti de Patrignani, Irene c. Martínez, Regino y otros
s/sumario", en el sentido que "no corresponde aplicar la prescripción anual del art. 855, inciso
1°, del Cód. de Comercio, reformado por la ley 22.096, a la acción indemnizatoria deducida
por el pasajero contra el dependiente que conduce un transporte".
Dicha doctrina judicial resulta de aplicación obligatoria en la especie, por lo que cabe
corroborar las conclusiones arribadas en la anterior instancia (conf. art. 303, Cód. Procesal),
que acogió la mentada defensa de prescripción con respecto a la demanda instaurada contra la
nombrada transportista, pues -malogrado lo argumentado por la apelante- tal como hemos
tenido oportunidad de agregar a los fundamentos del citado fallo plenario (LA LEY, 1994-A,
292), su responsabilidad es de naturaleza contractual, de ahí que la prescripción de las acciones
que se entablen por incumplimiento del contrato de transporte, regido por el art. 184 del Cód.
de Comercio, es la que prevé el art. 855, inciso 1°, del mismo ordenamiento. La acción
indemnizatoria dirigida por el pasajero contra el dependiente que conduce el transporte, es, en
cambio, de naturaleza extracontractual y sólo puede fundarse en el art. 1109 y concordantes del
Cód. Civil (conf. fallo plenario cit., del voto de los Suscriptos).
En esa inteligencia, atento la fecha del hecho señalado como dañoso -19 de mayo de 1997: ver
fs. 6-, y la data de interposición de la demanda -22 de diciembre de 1998-, descontando el
tiempo de mediación en los términos del art. 28 del decreto 91/98 (ver fs. 5), cabe concluir que
la prescripción quedó operada (conf. CNCiv., esta sala, R. 202.039 del 4/8/97 -La Ley, 1997-F,
941 (39.995-S)-).
Apéndice de fallos
Página 260
No es óbice a ello lo alegado en segundo término por la recurrente en cuanto a considerar que,
incluso tomando en cuenta el plazo anual de prescripción, el mismo se encontraría suspendido
con motivo del inicio de las actuaciones penales por lesiones (art. 3982 bis, Cód. Civil).
Es que, como toda causal de suspensión, la deducción de querella se limita a quien resulte
querellado, sin que pueda extenderse a otros cointeresados (art. 3981, Cód. Civil; CNCiv., esta
sala, R. 195.888 del 21/5/96 -La Ley, 1997-E, 898-). No cabe confundirla con la interrupción
de la prescripción en las obligaciones solidarias, que se propaga (art. 713 del mismo
ordenamiento). En primer lugar, aquí no hay interrupción -esto es, desaparición del tiempo
transcurrido para iniciarse desde cero un nuevo plazo- sino suspensión -o sea, detención del
plazo en curso para continuarse después-; en segundo lugar, no se trata de obligaciones
solidarias.
En efecto, la acción dirigida contra el conductor pone en juego una responsabilidad por
derecho propio, vale decir directa; y otra que se dirige contra la empresa, sea como principal
del anterior o como dueña o guardiana de la cosa, que es indirecta o refleja. Esta diversidad de
causas, por más que el hecho que las moviliza sea único, impide la mancomunidad de la que la
solidaridad es especie (conf. Busso, "Código Civil Anotado", t. V, p. 15, n° 6). Se trata de
obligaciones concurrentes (Llambías, "Tratado de Derecho Civil. Obligaciones", t. II, n° 1287
a 1289, ps. 594/599) caracterizadas por la independencia de funcionamiento, que permite al
acreedor exigir el todo de cada uno de los deudores y sólo las vincula entre sí al impedir un
nuevo cobro después que uno de ellos haya hecho un pago total (conf. CNCiv., esta sala, R.
244.931 del 20/5/98 y sus citas).
Por último, cabe recordar que aun en las obligaciones solidarias la suspensión de la
prescripción no se propaga (conf. Llambías, ob. cit., n° 1243, p. 547).
En la especie, el único querellado sería Luis Adrián Almada (ver fs. 78, 86 y 136), por lo que la
suspensión operada se limita exclusivamente a él, no alcanzando a las demás partes (conf.
CNCiv., esta sala, R. 251.695 del 19/8/98 -La Ley, 1999-D, 495-).
Por consiguiente, corresponde desestimar los agravios vertidos y confirmar la decisión apelada
en cuanto hizo lugar a la excepción de prescripción opuesta.
Por lo expuesto, se resuelve: Confirmar la resolución de fs. 156/158 en cuanto fue materia de
apelación. Con costas (art. 69, Cód. Procesal).
Devuélvase, haciéndose saber que en primera instancia deberá notificarse conjuntamente la
recepción de las actuaciones y el presente pronunciamiento. - Ana M. Luaces. - Hugo Molteni.
- Jorge Escuti Pizarro.
64.
C.Nac. Civil, sala E - marzo 14-2000 “Franco de Palomo,
Sara c. Balentini, Carlos A.” - L.L. To. 2000-F pág. 313, con nota
de María Angélica Miguez y Estela Robles
SUMARIOS:
Apéndice de fallos
Página 261
1. El beneficio de la suspensión de la prescripción de la acción civil respecto de la víctima
de un acto ilícito que dedujo querella criminal -art. 3982 bis, Cód. Civil- alcanza al
titular de la indemnización por muerte de una persona que ha sido admitido como
querellante en sede penal e intenta luego la acción civil.
2. Frente a lo dispuesto por los arts. 1102 y 1103 del Cód. Civil -prejudicialidad penal-,
debe interpretarse que la suspensión de la prescripción dispuesta por el art. 3982 bis del
Cód. Civil opera respecto de todos los responsables del hecho ilícito, aunque se haya
querellado a uno solo de ellos, pues no existe razón para obligar al damnificado a
accionar contra el tercero responsable -en el caso, el dueño del vehículo- toda vez que
no se ha demostrado el carácter lícito o ilícito del hecho atribuido al causante del daño.
3. La defensa de prescripción opuesta por todos los participantes con una misma dirección
letrada en un proceso por daños y perjuicios -en el caso, con motivo de un accidente de
tránsito- implica la aceptación de la citación en garantía y el carácter de aseguradora del
vehículo por parte de ésta para todos los intervinientes, respondiendo aun cuando la
demanda prospere sólo contra el conductor.
4. … [Omissis]
TEXTO (Parte pertinente):
2ª - Instancia. - Buenos Aires, marzo 14 de 2000.
La doctora Highton de Nolasco dijo:
I. El juez de primera instancia en sentencia dictada a fs. 502/504, hizo lugar a la excepción de
prescripción con el consiguiente rechazo de la demanda contra los accionados y su
aseguradora, por daños y perjuicios originados en un accidente de tránsito ocurrido el 27 de
febrero de 1992 que sufriera Vilma N. Palomo -hija de la actora Sara Franco de Palomo quien, en calidad de peatón, cruzara la intersección de la Avda. Corrientes con la Avda.
Pueyrredón de esta Ciudad de Buenos Aires y fuera embestida por un vehículo tipo automóvil
taxímetro conducido por el demandado Carlos A. Balentini y de propiedad del demandado
Néstor R. Manganiello, con la resultante de muerte a su persona.
La actora apeló esa decisión y expresó agravios a fs. 539/547, los que fueron contestados a fs.
553/556.
Las críticas formuladas contra la sentencia se refieren a las razones que invoca la actora para
rechazar la prescripción, con argumentaciones que se analizarán.
Apéndice de fallos
Página 262
II. Corresponde en consecuencia repasar los elementos fácticos y jurídicos que dieron lugar a la
admisión de la excepción para reconsiderar su eventual revisión.
El hecho que costara la vida a Vilma N. Palomo ocurrió en la indicada fecha, es decir el
27/2/92, habiéndose incoado la acción el 9/6/95. No obstante haber transcurrido el tiempo que
objetivamente impone el art. 4037 del Cód. Civil, la actora afirma y acredita que se constituyó
en querellante criminal en la causa caratulada "Balentini, Carlos A. s/homicidio culposo",
expte N° 24.603, que tramita por ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Criminal
Correccional N° 9, Secretaría N° 64, y la causa penal estaba todavía en trámite cuando se
dedujo la demanda, por lo cual la agravia la sentencia dictada.
El a quo basó la prescripción en que:
- la querella no produce efecto suspensivo de la prescripción respecto de los terceros
civilmente responsables;
- la querella debe ser deducida por la víctima y en el caso la accionante se trata de la
progenitora de la víctima;
- la accionante ejerce la acción "iure proprio y no iure hereditatis";
- nada le impedía iniciar esta acción en sede civil sin esperar el desarrollo de la acción criminal
en la que no reclamó indemnización.
La actora se queja afirmando que ha deducido querella criminal contra los responsables; que la
presentación como querellante demuestra la intención de mantener vivo su derecho; que el
efecto suspensivo de la prescripción alcanza a todos; que la prescripción es de interpretación
restrictiva; que la hija de la actora falleció por lo cual evidentemente no podía constituirse en
querellante; que el concepto de víctima debe ser contemplado en sentido amplio, como toda
persona que padece un daño; que no puede negársele el carácter de perjudicada; que fue tenida
por parte como querellante y sólo los perjudicados por el delito que se investiga pueden serlo;
que reclama el daño moral como heredera.
III. Juegan en el caso las normas de los arts. 3981 a 3982 bis, Código Civil, según los cuales:
Art. 3981: El beneficio de la suspensión de la prescripción no puede ser invocado sino por las
personas, o contra las personas, en perjuicio o a beneficio de las cuales ella está establecida, y
no por sus cointeresados o contra sus cointeresados.
Art. 3982: La disposición del artículo anterior no comprende las obligaciones o cosas reales
indivisibles.
Art. 3982 bis: Si la víctima de un acto ilícito hubiere deducido querella criminal contra los
responsables del hecho, su ejercicio suspende el término de la prescripción de la acción civil,
aunque en sede penal no hubiere pedido el resarcimiento de los daños. Cesa la suspensión por
terminación del proceso penal o de sistimiento de la querella.
El primero de los artículos se apoya en que la suspensión de la prescripción se funda en
motivos personales.
Apéndice de fallos
Página 263
La segunda norma se refiere a una excepción a tal efecto personal de la suspensión de la
prescripción.
El tercero de los artículos está relacionado con los arts. 1101/1103 del mismo Código,
aplicables de oficio, que obligan a suspender el dictado de la sentencia civil hasta la
finalización de la causa penal. Pese a la independencia de las acciones y a que nada impide
tramitar la acción civil, la reforma de la ley 17.711 incluyó esta causal de suspensión de la
prescripción.
IV. La actora Sara Franco de Palomo es querellante en causa penal. Se la tuvo como tal a fs. 55
vta., habiendo actuado oportunamente, inclusive formulando acusación e interponiendo recurso
de apelación. La sentencia, confirmatoria de la de primera instancia, que determinó absolver de
culpa y cargo a Carlos A. Balentini en orden al delito de homicidio culposo se dictó el
26/11/96, es decir luego de iniciada esta acción civil.
En cuanto a no ser "víctima" del delito, por cierto que lo fue la hija de la actora, es decir Vilma
N. Palomo, mas con la particularidad de que el homicidio justamente hace que la víctima
propiamente dicha deje de ser persona en los términos del art. 103 Cód. Civil, según el cual
(primera parte) "Termina la existencia de las personas por la muerte natural de ellas".
Claramente, la actora demanda "iure proprio y no iure hereditatis", con lo cual se contesta a su
agravio en tal sentido para rechazarlo. El titular de la indemnización causada por muerte de una
persona es siempre un damnificado indirecto; no puede entenderse que sea tal el muerto, que
no es un sujeto de derecho, ni puede por tanto ser portador de un derecho resarcitorio del daño
que habría experimentado por el hecho mismo de haber dejado de ser persona humana
(Llambías, Jorge J., "Personas damnificadas por homicidio", ED, 51-890; CNCivil, sala A,
27/2/78, LA LEY, 1978-D, 78).
No obstante, entiendo que lo que hace la normativa es legitimar activamente al querellante para
incoar acción civil luego de la criminal, con la ventaja del efecto suspensivo de la prescripción
consignado en el art. 3982 bis. Y, en tal sentido y a tenor de esta disposición, "víctima" es
quien haya sido admitido como querellante en causa penal e intente luego la acción civil. En un
caso de responsabilidad por muerte en un accidente de tránsito, se resolvió que ... del art. 3982
bis fluye la exigencia de que el querellante sea quien luego acciona civilmente, puesto que se
trata aquí de establecer la voluntad cierta y exteriorizada de defender sus derechos activamente.
Y así,... la suspensión de la prescripción de la acción indemnizatoria a que da lugar la
promoción de la querella... tampoco favorece a quienes no querellaron o desistieron de la
querella (CNCivil, sala E, 3/4/97, La Ley, 1997-D, 418). Gran cantidad de casos donde se
interpuso la excepción de la prescripción por querella se refieren a homicidio, pese a lo cual se
interpretó en favor del efecto suspensivo.
Admitir lo contrario sería lo mismo que decir que, en caso de homicidio, no hay posibilidad
jurídica de suspensión de la prescripción liberatoria por querella, lo cual -en mi opinión- no
tiene cabida en los textos legales.
En consecuencia, cabe rechazar la excepción de prescripción de la acción en relación al
querellado Carlos A. Balentini.
Apéndice de fallos
Página 264
V. En cuanto al otro fundamento del decisorio, referido a quiénes alcanza la prórroga de plazos
desde el punto de vista pasivo, mayoritariamente y de acuerdo a los textos clásicos, se ha
entendido que tratándose de suspensión de la prescripción, sus efectos no se propagan de uno a
otro deudor; que puede alegarse por el acreedor contra el deudor a quien la eficacia suspensiva
perjudica, pero no contra los demás deudores ajenos a esa situación (Llambías, Jorge J.,
"Tratado de derecho civil, Obligaciones", t. II-A, p. 518, Buenos Aires, 1975; Salvat, R., Galli, E. V., "Tratado de derecho civil, Obligaciones en general", t. II, N° 1008, Buenos Aires;
Colmo, Alfredo, "Obligaciones", p. 361/362, Buenos Aires, 1961; Borda, Guillermo A.,
"Tratado de derecho civil, Obligaciones", t. I, p. 369, Buenos Aires, 1998; Salas, "La querella
como causa de suspensión de la prescripción de la acción civil", JA doctrina 1973-573).
Con relación al caso específico de obligaciones concurrentes se ha dicho que la "prescripción"
operada en favor de uno de los deudores no beneficia al otro; inversamente, la interrupción o la
suspensión de la prescripción respecto de uno de ellos no perjudica al otro (Rua, IsabelSilvestre, Norma-Wierzba, Sandra, "Obligaciones concurrentes o indistintas. Con especial
referencia a las acciones de regreso", JA, 1998-III, 558, sección doctrina); y también en sentido
negativo de la pretensión de la actora se han expedido mayoritariamente las Salas de este
tribunal. Así, en diversos precedentes se ha entendido que la suspensión de la prescripción
respecto de las obligaciones concurrentes no se propaga de uno a otro deudor, de modo que
puede ser alegada por el acreedor sólo contra el deudor a quien la eficacia suspensiva
perjudica, pero no contra los demás deudores ajenos a la situación. Por tanto, en virtud de lo
dispuesto por el art. 3982 bis del Cód. Civil, la querella criminal promovida contra el autor del
ilícito sólo suspende el curso de la prescripción respecto del querellado, y su efecto no se
extiende al civilmente responsable (CNCivil, sala E, 4/3/97, LA LEY, 1997-D, 418, íd.,
18/11/85, ED, 118-426, CNCivil, sala A, 27/2/78, LA LEY, 1978-D, 79, íd., R. 195.888, del
21/5/96, CNCivil, sala I, L. 89.486 del 31/10/96 y Expte. N°: 105.805/94 del 2/3/99,
Suplemento Jurisprudencia Argentina N° 6183 del 1/3/00, p. 48, entre otros). Inclusive así lo
ha decidido esta Sala en L. 131.291, del 17/2/94.
En contra de tal comprensión del efecto relativo de la suspensión de la prescripción por
querella y con invocación de otro precedente, se pronunció la sala H. (L. 184.564 del 21/5/96),
entendiendo que frente a lo dispuesto por los arts. 1102 y 1103 del Cód. civil resulta atinada la
suspensión de la prescripción respecto de todos los responsables, aunque se haya querellado a
uno sólo de ellos. En el caso, se había querellado a quien resultare ser editor de la publicación
que deshonrara al actor. +e señaló que como, por razones obvias, la imputación no puede
recaer sobre el medio de comunicación, recaerá sobre la persona que resulte autora del hecho,
que puede o no tener a su cargo la dirección o edición de la empresa periodística; que no se
trata de suprimir la letra de lo dispuesto por el art. 3981 del Cód. Civil, sino de establecer que,
en rigor, la querella criminal contra el demandado efectivamente existió. En consecuencia, se
rechazó la prescripción contra la empresa, persona jurídica distinta de la persona física del
querellado. Agregó el tribunal que razones de índole práctica justifican esta causa de
suspensión de la prescripción, pues permite esperar el resultado de la acción penal antes de
accionar por resarcimiento, sin correr el riesgo de demandar apresuradamente cargando luego
con las costas del desistimiento en sede civil; y que, a los efectos de la suspensión, la querella
criminal debe ser reveladora de una actitud cierta de la víctima de defender sus derechos
Apéndice de fallos
Página 265
activamente. Asimismo, se aclaró que el art. 3982 bis incorporado al Código Civil por ley
17.711, introduce una nueva causal de suspensión del curso de la prescripción que aparece con
perfiles diferentes a los de las clásicas causas de suspensión ya previstas en la normativa civil.
Inclusive, y en conexión con otra codemandada autora del cable de noticias que involucraba al
actor, se dijo que las razones expuestas con relación a los efectos suspensivos que cabe asignar
a la querella criminal, aun cuando no sean querellados todos los responsables, eran suficientes
para desestimar las críticas.
Justo es reconocer que esta sala utilizó un criterio diverso en la sentencia dictada el 3/9/97 (JA,
1999-II-209).
En el precedente invocado por la sala H (CNCivil, sala D, I. 42.840 del 18/5/89), la sala D,
sostuvo que: Para el juez de primer grado la interposición de la querella suspende el curso de la
prescripción exclusivamente respecto de quienes hubieran sido querellados y no con relación a
todos los responsables civilmente. La existencia de dos obligaciones concurrentes, la del
dependiente agente del daño y la del principal (art. 1113, Cód. Civil) genera dos acciones que
bien pueden encaminarse conjunta o alternativamente (doct. art. 1122 del Cód. Civil). Y dado
el carácter personal de la suspensión (doct. art. 3981) no pueden hacerse extensivos sus efectos
a terceros a raíz de hallarse afectada solamente una de las acciones. Sin embargo, no puede
compartirse tal tesitura. El art. 3982 bis, incorporado al Cód. Civil por ley 17.711, introduce
una nueva causal de suspensión del curso de la prescripción que aparece con perfiles diferentes
a las clásicas causas de suspensión ya previstas en la normativa civil. Aquí el hecho objetivo de
la interposición de la querella aparece como reflejo de la influencia de la sentencia penal en el
juicio civil por indemnización de daños, uno de cuyos efectos principales es el que resulta del
art. 1101 del Cód. civil, esto es la suspensión de la sentencia civil estando pendiente un proceso
penal que haya versado sobre el mismo hecho, aunque no concurran las tres identidades
clásicas, porque no está en juego el principio de la cosa juzgada, sino la conveniencia de evitar
pronunciamientos contradictorios con el consiguiente desmedro de la autoridad y del prestigio
de la función jurisdiccional. Igualmente frente a lo dispuesto por los arts. 1102 y 1103 del Cód.
Civil resulta atinada la suspensión respecto de todos los responsables. Pero, además, no se
advierte qué razón existe para obligar al damnificado a accionar contra el tercero responsable
(en este caso el principal), en tanto y en cuanto no se ha determinado el carácter lícito o ilícito
del hecho atribuido al dependiente. De aceptarse el criterio del a quo la víctima tendría que
accionar obligadamente contra el empleador para suspender el curso de la prescripción y a
posteriori contra el agente directo; y de hacerlo así cabe preguntarse cómo se acumularían los
procesos en caso de hallarse en estadios procesales distintos, y si no, cómo podría evitarse la
posibilidad de sentencias contradictorias. A mayor abundamiento, cabe destacar que la propia
norma involucrada (art. 3982 bis) es clara cuando se refiere a "la acción civil" sin limitarla a
determinados responsables. "Ubi lex nec non distinguit nec non distinguere debemus". Cierto
es que la suspensión se parece mucho, aquí, a una interrupción del curso de la prescripción, en
relación a su alcance personal y quizás así debió legislarse más claramente. Pero, no puede ser
otra la interpretación ya que se ajusta a los principios sustantivos y adjetivos que rigen el caso.
VI. Comparto este segundo criterio, es decir el que da mayor efecto a la querella.
Apéndice de fallos
Página 266
La prescripción puede resultar suspendida en su curso por diversas causales, taxativamente
enumeradas en la ley. La nota al art. 3983 que indica que el efecto de la suspensión es inutilizar
para la prescripción el tiempo por el cual ella ha durado, pero aprovecha para la prescripción
no sólo el tiempo posterior a la cesación de la suspensión, sino también el tiempo anterior en
que ella se produjo, explica que la suspensión no toca la posesión y sólo ha de suspender
momentáneamente los efectos de su continuación. Y que es que la suspensión no implica
ningún cambio sobrevenido en la posesión, sino que la ley la declara temporalmente impropia
para la usucapión por razón de la situación en que se encuentra el propietario amenazado que
no está en condiciones de defenderse.
La explicación se refiere a la posesión y a la prescripción adquisitiva, no obstante que no hay
duda que las causales de suspensión de la prescripción determinadas por Vélez Sarsfield son
también aplicables a la prescripción liberatoria.
Aparte de la del art. 3980 que no constituye una verdadera suspensión, palabra que ni siquiera
figura en la norma, las causales definidas por el codificador, a las que en el art. 3981 atribuyó
efecto relativo, son:
- incapacidad: suprimida por ley 17.711, con remisión al art. 3980;
- matrimonio: dada la incapacidad recíproca de los cónyuges para hacerse beneficios
irrevocables (nota art. 3969);
- aceptación beneficiaria de la herencia: debido a que sería inútil forzar al heredero beneficiario
a provocar condenaciones contra la sucesión, en una acción que se dirigiría contra él mismo, ya
que el heredero debe administrar y efectuar todos los actos conservatorios en beneficio de los
acreedores (notas arts. 3972 y 3974);
- tutela y curatela: con fundamento similar a la prescripción entre marido y mujer, siendo el
tutor el representante legal del menor (nota art. 3973).
Como se advierte, las causales tienen relación con incapacidades (de hecho o de derecho) o con
la administración del patrimonio por otra persona y, salvo los menores o sujetos a curatela ahora dejados de lado-, la suspensión de la prescripción relaciona justamente a los dos términos
de la incapacidad para contratar o al administrador y al administrado.
Las causales agregadas por ley 17.711 (art. 3982 bis y art. 3986 con modificación por ley
17.940) sólo se refieren a la prescripción liberatoria y no a la adquisitiva y se fundan en
elementos diferentes a los consignados por el codificador.
Me circunscribiré a la suspensión por querella mentada en el art. 3982 bis, que es la causal que
motiva la defensa de autos.
Por mi parte, encuentro que el caso de la querella agregado por ley 17.711 es diverso a los
diseñados por el codificador e incluidos en el efecto relativo del art. 3981, pues:
- No hay cuestión alguna de administración del patrimonio por parte del otro término de la
relación.
- No hay incapacidad de contratar entre ambos términos de la relación.
Apéndice de fallos
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- La norma se refiere a la suspensión por querella criminal contra "los responsables" del hecho,
que suspende el tiempo de prescripción de "la acción civil". No aclara más y sería imposible
querellar a quien no se acusa de ser autor del ilícito penal. Por cierto que no puede querellarse a
una línea de colectivos, ni a un asegurador, ni a un empleador, ni a un propietario como tal y
por el sólo hecho de serlo. Las responsabilidades civiles reflejas son ajenas a cualquier tipo de
imputación penal y sin embargo, la norma indica que suspende la acción civil, sin
circunscribirla.
- Carecería absolutamente de sentido iniciar la acción civil contra el propietario y el principal
civilmente responsable y no contra el agente del daño (en el caso de accidentes de tránsito
como el presente, el conductor del vehículo) para llegar hasta el momento de la sentencia que,
de todos modos, no puede dictarse en virtud de los arts. 1101/1103, para luego accionar contra
el conductor en otro expediente, que para más, por tratarse del mismo hecho, debería
acumularse al anterior salvo que el estado procesal avanzado del primero lo impidiera. En el
nuevo juicio, por supuesto, el conductor tendría derecho a reiterar o ejercer nuevas defensas,
ofrecer probanzas, etc. como también lo tendría el actor damnificado. O se espera para dictar
sentencia conjunta en ambos, con lo cual nada se habrá ganado por haber obligado a iniciar un
juicio antes que el otro para interrumpir el curso de la prescripción, o se dictan sentencias
diversas con el eventual escándalo jurídico que ello puede llevar aparejado.
- El art. 3982 bis es continuación del art. 3982, que justamente constituye excepción al efecto
relativo del art. 3981.
Creo que este último argumento es crucial para culminar con la que pondero como recta
interpretación. Insisto, el art. 3982 bis es continuación del art. 3982, que justamente constituye
excepción al efecto relativo del art. 3981. De ahí puede precisamente deducirse que también
forma excepción o carece de efecto relativo, como el caso de "las obligaciones o cosas reales
indivisibles", que no quedan comprendidas en la disposición del art. 3981.
En consecuencia, estimo asiste razón a la actora en cuanto a que el art. 3982 bis no debe
interpretarse sino separadamente del art. 3981 y que la causal de suspensión de la prescripción
la beneficia respecto de todos los civilmente responsables, en el caso respecto del propietarioprincipal y su aseguradora.
VII. Aparte de ello y en cuanto a la aseguradora, no puede declararse prescripta la acción
mientras exista condena por responsabilidad civil relacionada con el seguro por el cual se la
cita y se da garantía.
En un caso de responsabilidad contractual de la transportista y extracontractual del conductor
(esta sala, L. 226.597 del 11/9/97; asimismo, Highton, Elena I., "Responsabilidad contractual y
extracontractual en el transporte público de pasajeros, plazos de prescripción y su incidencia
sobre el seguro de responsabilidad civil", Revista de derecho privado y comunitario N° 19,
Seguros-I, p. 239) ha tenido oportunidad de decidir que no obstante haberse operado la
prescripción de la acción en relación con la empresa de transportes, la acción contra el
conductor que prospera lleva aparejada la responsabilidad de la citada en garantía, ya que no
existe ninguna razón para desvincular a la compañía de seguros. Ello así., pues para condenarla
en los términos del art. 118 de la ley 17.417 no es menester integrar la litis con quien ha
Apéndice de fallos
Página 268
contratado el seguro, pues basta haberlo hecho con quien conducía el rodado con su
autorización (CNEsp. en lo Civil y Com., en pleno, 14/12/84, JA, 1986-III-395; LA LEY,
1986-B, 622).
La defensa de prescripción se opuso por todos los participantes, mas con la misma dirección
letrada, lo cual implica aceptar la citación en garantía y el carácter de aseguradora del vehículo,
para todos los intervinientes. En consecuencia, aun cuando prosperara la demanda
exclusivamente contra el conductor, igualmente responde la aseguradora; de lo contrario,
existiría conflicto de intereses, pues los letrados no podrían estar defendiendo por un lado al
propietario, por otro a la citada en garantía, pretendiendo al mismo tiempo quedar ambos
exonerados en virtud de la prescripción de la acción mientras el otro representado conductor
contra quien se mantiene viva deba responder en forma personal e individual, sin la cobertura
admitida.
El riesgo es el objeto del contrato de seguro. Cuando el evento correspondiente se produce
dentro del marco de delimitación emergente de la ley y del seguro, se hace exigible la
obligación del asegurador de ejecutar la prestación. En el seguro de responsabilidad civil el
riesgo asegurado está constituido, precisamente, por la eventualidad del nacimiento de una
deuda de responsabilidad civil. La deuda de responsabilidad civil es aquélla que constriñe a un
sujeto a reparar el daño causado a otro (Stiglitz y Stiglitz, "Seguro contra la responsabilidad
civil", p. 208, Buenos Aires, 1991).
Como se trata de un seguro de responsabilidad civil, el riesgo asegurado lo configura
justamente la responsabilidad de tal índole prevista en la póliza, que se transfiere al asegurador
dentro de los límites estipulados (Roitman, "El seguro de responsabilidad civil", p. 106/107,
Buenos Aires, 1974). Las peculiares características de la cobertura en el seguro de
responsabilidad civil hacen que una nota típica de esta póliza sea la de cubrir a un tercero,
generalmente ligado al asegurado por razones de amistad, negocios o parentesco; y al
conductor se le otorga contractualmente el mismo amparo que al asegurado (Meilij y Barbato,
"Tratado de Seguros", p. 412, Rosario, 1975).
En el caso, habiendo aceptado la citación en garantía y habiendo defendido al conductor sin
limitaciones, ha quedado admitido que, de acuerdo a las pólizas habituales en vigencia, el
asegurador se ha obligado a mantener indemne al asegurado y/o a la persona que con su
autorización conduzca el vehículo objeto del seguro, por cuanto deban a un tercero como
consecuencia de daños causados por ese vehículo, por hechos acaecidos en el plazo convenido,
en razón de la responsabilidad civil que pueda resultar a cargo de ellos. La fórmula "y/o"
implica una sumatoria de conjunciones y da idea de lo conjunto o alternativo, es decir que
pueden acumularse las acciones contra ambos, o dirigirse contra uno u otro indistintamente;
indica que hay identidad entre el propietario (o quien contrata y paga el seguro) y el conductor,
que ambos son asegurados, beneficiarios de la póliza y protegidos por el contrato y el eventual
pago del daño a un tercero, por cuanto se le deba en razón de la utilización del rodado que es en su circulación- lo asegurado. El conductor -cuando difiere de la persona del aseguradoasume en el contrato la misma posición que el titular de la póliza, es decir, es el sujeto cuyo
patrimonio debe mantenerse incólume.
Apéndice de fallos
Página 269
Entre otros argumentos, el fallo plenario citado referido a la innecesariedad de la traba de la
litis con el asegurador, se basó en el derecho autónomo que obtiene el conductor en los
términos del art. 504, Cód. Civil; que si el asegurador comparece al litigio reconociendo su
calidad de tal y la emisión de la póliza sin oponer otras defensas que las relativas a la
integración de la litis con su asegurado, su compromiso se extiende a la indemnidad del tercero
conductor; que el conductor autorizado a ese efecto, en su condición de beneficiario del seguro,
adquirió un derecho propio contra el asegurador desde que ocurrió el evento previsto en la
póliza; que si es demandado tiene derecho a la prestación del asegurador como titular del
interés cubierto en la póliza.
En definitiva, entiendo que el seguro no sólo cubre cuanto deba el propietario Néstor R.
Manganiello por responsabilidad civil, sino también lo que deba el conductor Carlos A.
Balentini, debiéndose rechazar la prescripción contra la aseguradora en tanto prospere la
demanda contra alguno de los codemandados.
VIII. Corresponde en consecuencia ingresar al análisis del accidente ocurrido, a fin de
determinar las responsabilidades y defensas opuestas.
… [Omissis]
Por análogas razones a las aducidas por la vocal preopinante, los doctores Posse Saguier y
Burnichón votaron en el mismo sentido a la cuestión propuesta.
Por lo que resulta de la votación que instruye el Acuerdo que antecede, se revoca la sentencia,
se rechaza la excepción de prescripción y, en consecuencia, se admite parcialmente la
demanda, con costas (art. 68, Cód. Procesal); se condena a Néstor R. Manganiello, Carlos A.
Balentini y a la citada en garantía La Nueva Cooperativa de Seguros Limitada, a pagar a la
actora Sara Franco de Palomo, dentro del término de 10 días, el 50 % de los daños
cuantificados, por lo cual la demanda prospera por la suma de $ 60.610, con más sus intereses
que se liquidarán de acuerdo a lo indicado en el consid. XVII. Las costas de la Alzada se
imponen a la demandada (art. 68, Cód. Procesal). - Elena I. Highton de Nolasco. - Fernando
Posse Saguier. - Ricardo L. Burnichón.
65.
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, en pleno •
18/02/2004 • Maciel, Marcos c. Barry, Federico y otros • LA LEY
2004-C, 512, con nota de Alejandro Dalmacio Andrada - RCyS
2004-II, 83 - DJ 2004-1, 563 - LA LEY 2004-B, 696 - JA 2004-II, 750 - ED
15/03/2004, 1 - RCyS 2004-VI, 33, con nota de Ramón D. Pizarro - DJ
2004-3, 326, con nota de Ramón D. Pizarro
SUMARIOS:
1. No corresponde extender los efectos de la suspensión de los plazos de prescripción de
la acción civil que establece el art. 3982 bis del Cód. Civil a todos los demandados a los
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que se les atribuye responsabilidad civil, aún a los que no fueron querellados o no son
susceptibles de serlo.
TEXTO COMPLETO:
Buenos Aires, octubre 14 de 2003.
A los efectos de constituir mayoría y minoría (art. 297, Cód. Procesal) respecto del plenario
abierto.
Cuestión: "Si corresponde extender los efectos de la suspensión de los plazos de prescripción
de la acción civil que establece el art. 3982 bis del Cód. Civil a todos los demandados a los que
se les atribuye responsabilidad civil, aún a los que no fueron querellados o no son susceptibles
de serlo".
Dictamen del Fiscal de Cámara:
I. El tema propuesto al Plenario de esta Cámara sobre los efectos de la suspensión de la
prescripción (art. 3982 bis, Cód. Civil) cuando se debe responder por daños, por parte de los
que no han sido querellados o no son susceptibles de serlo, a mi entender, deber ser contestado
por la afirmativa, conforme lo ha resuelto la Excma. sala F en el expediente en el cual toca
pronunciarse; lo hizo con voto en primer término del doctor Zannoni (JA, 2004/02/04, p. 36).
Las razones expuestas en ese voto, como así también el de la doctora Highton en el caso
"Franco de Palomo, Sara c. Balentini, Carlos Alberto y otro s/daños y perjuicios" (La ley,
2000-F, 313) (p. 35 del legajo de antecedentes que -una vez más- tan minuciosamente ha
preparado la Secretaría de Jurisprudencia) son el fundamento inmediato de mi conclusión.
No podría realizar interpretación más justa en orden a las finalidades puestas a mi cuidado (art.
120, Constitución Nacional).
II. Sólo me permitiré dos consideraciones; en primera lugar, la primera ordenada a recordar la
finalidad de las instituciones en juego. La segunda, de análisis sobre la naturaleza de los
intereses implicados.
Señalo, de manera previa y muy breve, que la tarea del Tribunal no resulta propia de la
interpretación académica de textos, sino obtener una conclusión que lleve a sus miembros a
resolver de la manera más justa posible, los entuertos sometidos a su criterio.
III. La obligación prescripta, como señala el art.515 inc. 2° del Cód. Civil, es aquélla que se
mantiene como obligación natural, pero carece de la pertinente "actio", que se perjudica por el
paso del tiempo.
Lo dicho por el Codificador en la nota al art. 515, no permite dudar sobre su inclinación en este
tema por la tesis de Zacharie; en su momento sólo recogida por el Código de Andrés Bello. De
ese modo, como enseña el aludido autor, las prescriptas continúan siendo obligaciones a punto
tal que, salvo que su causa fuera reprobada, contraria al orden público, expresamente
desconocida por la ley civil o -en general- inmoral, son susceptibles de ser garantizadas o
Apéndice de fallos
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afianzadas, novadas, ratificadas y confirmadas. Los ejemplos de la deuda de juego y de la
deuda prescripta, son los extremos de los que se vale Vélez para ilustrar el tema.
Por otro lado, si se analiza el tema de las responsabilidades reflejas, que lentamente ha ido
elaborando la doctrina y tiempo después ha seguido la legislación, se advertirá que la
ampliación en la esfera del responder (principal, dueño de la cosa asegurador...) ha tenido
como norte garantizar el cobro por parte del damnificado.
¿Cómo no ver, entonces, en la responsabilidad de los que no son querellados o -con mayor
razón- los que no son susceptibles de ser querellados, la figura de la garantía del cobro del
crédito del damnificado?
¿Cómo resolver, respecto de estos responsables reflejos, que si no son efectivamente
querellados, que los damnificados ven perjudicada su acción para reclamar "in iure"?
Si se suspende respecto del responsable directo -por eso es querellado- ¿quién se beneficia con
la exclusión de los responsables reflejos que son, generalmente, los que habrán de pagar frente
a la insolvencia o insuficiencia patrimonial del primero?
IV. En segundo lugar, en los casos que -en general- trata el tribunal, el resultado de la
interpretación contraria llevaría -dada la demora que se observa en los trámites por la excesiva
litigiosidad- a estrechar el margen temporal del responder económico de los sanatorios, obras
sociales (casos de mala praxis); de los principales de conductores irresponsables y de
prestanombres fraudulentos y, casos más generales, de los dueños de cosas generadoras de
riesgos. Lo cual, como antes dije, contraría una larga y coherente política jus-privatística incluso a veces excesiva- que ha buscado ampliar el campo de los obligados al pago de daños.
De allí mi conclusión sobre la necesidad de mantener la acción, no favorecer la prescripción e
interpretar, del modo dicho, la suspensión de ésta.
Quiera el Tribunal Plenario tener por evacuado el dictamen previsto por el art. 37 inc. d) de la
ley (24.946) Orgánica del Ministerio Público. - Carlos R. Sanz.
Acto seguido se procede a la votación en donde la mayoría vota por la negativa y queda
integrada por los doctores. - Montes de Oca. - Borda. - Luaces. - Molteni. - Escuti Pizarro. López Aramburu. - Galmarini. - Mercante. - Bueres. - Martínez Álvarez. - Mirás. - Dupuis. Calatayud. - Posse Saguier. - Bellucci. - Giardulli. - Kiper. - Fermé. - Molmenti. - Moreno
Hueyo.
La minoría vota por la afirmativa y queda integrada por los doctores Gatzke Reinoso de Gauna.
- Sansó. - de Igarzábal. - Highton de Nolasco. - Zannoni. - Ojea Quintana. - Pascual. - Álvarez.
- Daray. - Vilar.
Ausentes con licencia los doctores Burnichón, Greco, Brilla de Serrat, Estévez Brasa y Lozano.
Ausentes los doctores Wilde y Degiorgis.
Las vocalías N° 7 y 36 se encuentran vacantes.
A los efectos de constituir mayoría y minoría (art. 297, Cód. Procesal) respecto del plenario
abierto.
Apéndice de fallos
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Con lo que terminó el acto, firmando los Jueces de Cámara presentes. - Leopoldo L. V. Montes
de Oca. - Delfina M. Borda. - Ana M. Luaces. - Hugo Molteni. - Jorge Escuti Pizarro. - Luis
López Aramburu. - José L. Galmarini. - Domingo A. Mercante. - Alberto J. Bueres. - Eduardo
M. Martínez Álvarez. - Osvaldo D. Mirás. - Juan C. G. Dupuis. - Mario P. Calatayud. Fernando Posse Saguier. - Carlos A. Bellucci. - Jorge A. Giardulli. - Claudio M. Kiper. Eduardo L. Fermé. - Mario A. Molmenti. - Julio R. Moreno Hueyo. - Elsa H. Gatzke Reinoso
de Gauna. - Gerónimo Sansó. - Félix R. de Igarzábal. - Elena I. Highton de Nolasco. - Eduardo
A. Zannoni. - Julio M. Ojea Quintana. - Emilio M. Pascual. - Gladys S. Álvarez. - Hernán
Daray. - Miguel Á. Vilar. - Carlos R. Sanz.
Buenos Aires, febrero 18 de 2004.
Reunidos en Acuerdo Plenario los jueces de la Excma. Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Civil, a efectos de dar cumplimiento a lo dispuesto por el art. 298 del Cód. Procesal, en los
términos de la votación efectuada en el acuerdo plenario celebrado el día 14 de octubre de
2003 y con el objeto de exteriorizar los fundamentos de la doctrina legal aplicable respecto de
la siguiente cuestión.
Cuestión: "Si corresponde extender los efectos de la suspensión de los plazos de prescripción
de la acción civil que establece el art. 3982 bis del Código Civil a todos los demandados a los
que se les atribuye responsabilidad civil, aún a los que no fueron querellados o no son
susceptibles de serlo".
A la primera cuestión, la mayoría, en forma impersonal, dijo:
El curso de la prescripción puede resultar alterado por la existencia de causales concomitantes
o sobrevinientes a su inicio que lo suspendan y que han sido establecidas por la ley (Cazeaux,
Pedro-Trigo Represas, Félix, "Derecho de las obligaciones", 2ª ed., t. 3, Librería Editora
Platense, La Plata, 1975).
La norma que motiva la interpretación de este plenario fue introducida en el Código Civil por
la ley 17.711 pues éste no contenía disposición expresa que determinara cuál era la influencia
de la querella penal intentada por la víctima de un hecho ilícito sobre la acción civil.
Al respecto el art. 3982 bis del Cód. Civil dispone "Si la víctima de un acto ilícito hubiere
deducido querella criminal contra los responsables del hecho, su ejercicio suspende el término
de la prescripción de la acción civil, aunque en sede penal no hubiere pedido el resarcimiento
de los daños. Cesa la suspensión por terminación del proceso penal o desistimiento de la
querella".
Para establecer cuáles son los sujetos a los que se refiere la norma respecto del beneficio de la
suspensión de la prescripción se debe considerar el principio sentado por el art. 3981 del Cód.
Civil, el que no ha sido derogado ni modificado ante esta nueva causal incluida por la citada
ley 17.711.
De acuerdo a lo regulado por este precepto legal el beneficio de la suspensión de la
prescripción tiene efectos relativos y personales ya que "no puede ser invocado sino por las
personas, o contra las personas, en perjuicio o a beneficio de las cuales ella está establecida, y
no por sus co-interesados o contra sus co-interesados".
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Conforme se desprende entonces no corresponde extender los efectos de la suspensión de la
prescripción por la deducción de la querella penal a aquellos que fueron demandados en el
juicio civil pero que no han sido parte en el proceso penal.
No es obstáculo a esta conclusión el distinto fundamento que dio lugar a las causales de
suspensión que reguló el Código Civil de Vélez Sársfield respecto de las incorporadas por la
ley 17.711 en los arts. 3982 bis y 3986, párrafo 2° (con la modificación de la ley 17.940). Si
bien aquéllas encontraron sustento en una inactividad justificada de la persona a la que podría
oponerse la prescripción, inspirado en el precepto romano "agere non valenti non currit
prescriptio" que el codificador menciona en la nota al art. 3980 del Cód. Civil (Boffi Boggero,
Luis María, "Tratado de las obligaciones", t. 5, p. 30 y sigtes., Ed. Astrea, 1981), las que como
se advierte se relacionan con incapacidades de hecho o de derecho o con la administración del
patrimonio por otra persona, ello no es suficiente para excluir la aplicación del principio
consignado por el art. 3981 del Cód. Civil a las causales incluidas al amparo de otras razones
legales como la que dispone el art. 3982 bis. del Cód. Civil que se asienta en una actividad
personal de quien deduce querella penal o actúa como particular damnificado, según la
participación que se le permita a la víctima en cada jurisdicción. Pues no obstante que el
argumento de la imposibilidad material de accionar no ha sido prescindido por completo por el
legislador, la base exclusiva del sistema reside en la voluntad legislativa. No existen otras
causales de suspensión que las expresamente previstas en la ley y así concretamente fue
expuesto en la nota al art. 3059 del Cód. Civil (Cazeaux, Pedro N. - Trigo Represas, op. cit., t.
2, p. 541/542, 556/557).
De ahí que la enumeración de estas causales es taxativa, la suspensión constituye una
excepción a la regla general que gobierna el instituto de la prescripción, según la cual su curso
corre contra todas las personas, sin atención a su naturaleza y sin que influyan consideraciones
de índole subjetiva. Por lo tanto, tal como se indicó anteriormente sólo se suspende el curso
cuando la ley lo ha establecido de manera expresa, aspecto que determina una interpretación
estricta. Consecuentemente la relatividad del beneficio hace que no pueda extenderse a otras
personas o situaciones fuera de las contempladas en la ley (Bueres, Alberto J.- Mayo, Jorge,
"Aspectos generales de la prescripción liberatoria", Revista de Derecho Privado y Comunitario,
N° 22, Ed. Rubinzal-Culzoni Editores, p. 348/349).
En este contexto y en cuanto a los responsables del hecho a los que hace referencia el art. 3982
bis del Cód. Civil cabe precisar que no pueden ser otros que los autores o partícipes del hecho
ilícito porque sólo contra ellos puede entablarse la acción penal. De tal modo la suspensión de
la prescripción de la acción civil no puede tener efectos sino contra las personas nombradas sin
que se extienda a otros responsables civiles que no hayan sido sujetos pasivos de la acción
represiva o a quienes se les endilga una responsabilidad refleja. La alusión de la norma a la
acción civil no autoriza a inferir que la reforma de la ley 17.711 en este punto incluyó otra
excepción al carácter relativo de la suspensión explícitamente consagrada por la ley (CNCiv.,
sala C, "in re" "Fittipaldi, Eduardo c. Bonuccio, Héctor Oscar y otros s/daños y perjuicios",
24/09/2002).
Por ende, al tener carácter relativo la suspensión de la prescripción sólo perjudica a la persona
contra quien se ha dirigido la querella sin propagarse de uno a otro deudor (CS, 05/12/2000, "in
Apéndice de fallos
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re" "Minond, Luis c. Provincia de Buenos Aires", JA, 2001-I-694/698; La Ley, 1999-B, 852, J.
Agrup. caso 13.689). Aunque la presentación como querellante en el proceso penal revele una
actitud cierta del damnificado de defender activamente sus derechos, ello debe armonizarse con
los mencionados efectos relativos de tal actividad (CNCiv., sala H, "in re" "Romaniszyn, Jorge
c. Rubinstein", 03/09/97, JA, 1999-II-210/221).
Es decir que no se extiende el efecto suspensivo previsto en el art. 3982 bis del Cód. Civil de
uno a otro deudor aún frente a obligados en forma solidaria o concurrente.
En efecto, cuando la acción civil es deducida contra personas distintas del imputado en sede
criminal y entre ellas no media vínculo de solidaridad (como en el caso del principal,
comitente, padre, tutor, etc.) la suspensión de la prescripción durante el trámite de la querella
les sería inoponible y el curso de aquella seguiría. Es que ante obligaciones concurrentes, en las
que los vínculos que unen al acreedor con el deudor son totalmente independientes y existe
diversidad de causas fuentes aunque sea único el hecho que las moviliza, la suspensión de la
prescripción no se propaga de uno a otro deudor, de modo que ella puede ser alegada por el
acreedor sólo contra el deudor a quien la eficacia suspensiva perjudica, pero no contra los
demás deudores ajenos a la situación (Llambías, Jorge Joaquín, "Tratado de Derecho CivilObligaciones", t. IV-B-36/37, Ed. Perrot, Buenos Aires; Bueres, Alberto- Highton, Elena,
"Código Civil y normas complementarias. Análisis doctrinario y jurisprudencial", t. 6-B, p.
662, Ed. Hammurabi; Molina Quiroga, Eduardo, "Suspensión de la prescripción por querella",
LA LEY, 1997-E, 902; Miguez, María Angélica- Robles, Estela, "Efectos suspensivos del
término de la prescripción de la acción civil producidos por la querella penal", LA LEY, 2000F, 317).
Pero a igual solución se arriba en el supuesto de varios responsables en paridad de situación
como los coautores o cómplices dado que en este caso se genera una obligación solidaria (art.
1109, párr. 2°, Cód. Civil) donde si alguno de ellos no fue querellado tampoco se propagan los
efectos de la suspensión de la prescripción de unos a otros deudores y la prescripción
consumada a favor de los deudores no demandados penalmente le hace perder al damnificado
el derecho resarcitorio contra ellos (Borda, Guillermo A., "Tratado de Derecho CivilObligaciones", t. II, ps. 151/152, 7ª ed., Ed. Abeledo Perrot; Salvat, Raymundo M., "Tratado de
Derecho Civil Argentino- Obligaciones en general", t. III, p. 478, 6ª ed., Tipográfica Editora
Argentina, 1956, Llambías, Jorge Joaquín, op. cit. p. 36; Spota, Alberto G., "Tratado de
Derecho Civil", t. I, vol. 3, p. 263, Ed. Depalma, Buenos Aires, 1968).
No obstante que la prescripción cumplida propaga sus efectos a los codeudores solidarios al
igual que la interrupción de la prescripción (art. 713, Cód. Civil) en materia de suspensión de la
prescripción no sucede lo mismo frente a la previsión normativa del art. 3981 del Cód. Civil
por tratarse de un beneficio personal.
La ubicación que en el Código Civil tiene el art. 3982 bis, a continuación del art. 3982 que
contempla una excepción al principio sentado por el art. 3981 en el caso de las obligaciones
indivisibles, no autoriza a interpretar que también el primero de ellos constituye una excepción
al carácter relativo de la suspensión de la prescripción al no surgir del propio texto y contenido
de la norma.
Apéndice de fallos
Página 275
Por otra parte y frente a lo expresado por el citado art. 3981 del Cód. Civil tampoco tienen
entidad suficiente para dar sustento a una interpretación extensiva del efecto de la suspensión
de la prescripción a personas no contempladas por la ley las disposiciones contenidas en los
arts. 1101 al 1103 del Cód. Civil que establecen la prejudicialidad de la sentencia penal sobre
la civil.
A tal efecto no se debe confundir la causal de suspensión de la prescripción por la deducción
de querella con la imposición de detener el trámite del proceso civil cuando el expediente está
en estado de llamar autos para sentencia con el objeto de esperar el resultado del proceso penal
instruido por el mismo hecho, circunstancia esta última que muestra la independencia de ambas
acciones (art. 1096, Cód. Civil). Y si bien este principio no es absoluto ello significa, entre
otras cosas, que la acción civil puede ser intentada al margen o en forma paralela a la acción
penal. Aunque en ciertos supuestos es menester subordinar el dictado de la sentencia civil al
previo pronunciamiento penal, ello no es un impedimento para que el proceso civil pueda ser
iniciado (CNCiv., sala H, "in re" "Romanisyn, Jorge c. Rubinstein, Carlos", 03/09/97, JA,
1999-II-208/221).
El supuesto previsto en el art. 1101 del Cód. Civil que es de naturaleza procesal y tiene el
objeto y finalidad explicitada precedentemente ya existía antes de la incorporación del art.
3982 bis por la ley 17.711, lo que demostraría la independencia de ambos institutos (Molina
Quiroga, Eduardo, op. cit., LA LEY, 1997- E, 901).
En virtud de lo establecido por el art. 1101 del Cód. Civil se argumentaron razones de
practicidad y/o dificultades procesales que se podrían suscitar en caso de que varios sean los
obligados civiles y la querella sólo se hubiera entablado contra alguno de ellos, tales como la
imposibilidad de que el querellante pueda esperar el resultado de la acción penal antes de
accionar por resarcimiento y así evitar el riesgo de demandar apresuradamente, cargando luego
con las costas del desistimiento en sede civil (CNCiv., sala B, "in re" "Anzolabehere, Horacio
René y otro c. Rebesquini S.A. Transportes y otro s/daños y perjuicios", 15/03/2002). Pero
estos motivos no justifican que por vía interpretativa se propaguen los efectos de la suspensión
a aquellos supuestos no contemplados ni en el contenido ni en la letra de la ley conforme lo
que prevé en sentido opuesto el art. 3981 del Cód. Civil. En caso contrario y ante la promoción
de la querella penal que no es impedimento para la formulación de la acción civil se deja en
manos del damnificado, según que acuse o no criminalmente al autor del delito, la posibilidad
de ampliar el plazo de prescripción, aspecto que debe regularse objetivamente y sin gravitación
de la voluntad de los interesados (Llambías, Jorge Joaquín, op. cit., t. IV-B, ps. 37/38).
En orden a los fundamentos expuestos se impone una respuesta negativa al interrogante de esta
convocatoria.
Por estas consideraciones, como doctrina legal obligatoria (art. 303, Cód. Procesal), se
resuelve: "No corresponde extender los efectos de la suspensión de los plazos de prescripción
de la acción civil que establece el art. 3982 bis del Código Civil a todos los demandados a los
que se les atribuye responsabilidad civil, aún a los que no fueron querellados o no son
susceptibles de serlo". - Leopoldo L. V. Montes de Oca. - Elsa H. Gatzke Reinoso de Gauna
(en disidencia). - Delfina M. Borda. - Ana M. Luaces.- Hugo Molteni. - Jorge Escuti Pizarro. -
Apéndice de fallos
Página 276
Luis López Aramburu. - Gerónimo Sansó (en disidencia). - Félix R.de Igarzábal (en
disidencia). - José L. Galmarini. - Domingo A. Mercante. - Alberto J. Bueres. - Eduardo M.
Martínez Alvarez. - Osvaldo D. Mirás. - Juan C. G. Dupuis. - Mario P. Calatayud. - Elena I.
Highton de Nolasco (en disidencia). - Eduardo A. Zannoni (en disidencia). - Fernando Posse
Saguier. - Carlos A. Bellucci (con ampliación de fundamentos). - Jorge A. Giardulli. - Claudio
M. Kiper. - Julio M. Ojea Quintana (en disidencia). - Eduardo L. Fermé. - Mario A. Molmenti.
- Julio R. Moreno Hueyo. - Emilio M. Pascual (en disidencia). - Gladys S. Álvarez (en
disidencia). - Hernán Daray (en disidencia). - Miguel Á. Vilar (en disidencia). - Carlos R. Sanz
(por su dictamen).
La minoría en forma impersonal dijo:
El curso de la prescripción puede resultar suspendido por las causales que taxativamente
enumera la ley.
El Código Civil establecía cuatro causales de suspensión: la incapacidad de hecho; el vínculo
matrimonial; la situación del heredero beneficiario y los vínculos entre tutores, curadores y sus
representados (arts. 3966, 3969, 3972 y 3973 respectivamente). Las modificaciones que la ley
17.711 introdujo a este cuerpo normativo también incidieron en este tema, no sólo en lo
concerniente a la incapacidad de hecho, sino al incluir dos nuevas causales en los arts. 3982 bis
y 3986, parte 2° (norma corregida por ley 17.940). Ellas se producen ante la deducción de
querella penal y en la constitución en mora del deudor efectuada en forma auténtica (Boffi
Boggero, Luis María, "Tratado de las Obligaciones", t. 5, ps. 5/6, Ed. Astrea, Buenos Aires,
1981)
Ahora bien, la causal que regula el art. 3982 bis del Cód. Civil tiene perfiles diversos respecto
de los que fundaron aquellas dispuestas por el codificador y a las que el art. 3981 de la
normativa de fondo les atribuyó efecto relativo. Estas últimas se vinculan con incapacidades de
hecho o de derecho o con la administración del patrimonio por otra persona y salvo en el caso
de menores o sujetos a curatela, la suspensión de la prescripción relaciona justamente a los dos
términos de la incapacidad para contratar o al administrador y al administrado. En cambio,
elementos diferentes son basamento de la causal prevista en la norma que se enuncia en esta
convocatoria ya que no se suscitan ninguna de las cuestiones referidas.
Al hecho objetivo de la interposición de la querella penal cabe relacionarlo con lo dispuesto
por los arts. 1101 al 1103 del Cód. Civil, es decir, la influencia que tiene la sentencia penal en
el proceso civil en el que se reclama una indemnización por daños y perjuicios. Cuando se trata
de un mismo hecho ilícito y con el objeto de evitar el dictado de pronunciamientos
contradictorios se debe suspender la sentencia civil estando pendiente de resolución el proceso
penal.
Tal como prescribe el art. 3982 bis del Cód. Civil la querella deducida contra los responsables
del hecho suspende el plazo de prescripción de la acción civil. Si bien la norma no hace otra
aclaración respecto de los sujetos que señala como los "responsables del hecho", debe
entenderse que la promoción de la acción represiva procede sólo contra aquéllos a quienes se
acusa de haber cometido un delito, es decir a los que puedan resultar penalmente imputables
del ilícito. Por lo tanto, aunque en relación al mismo hecho existan otros sujetos que puedan ser
Apéndice de fallos
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civilmente responsables con fundamento en un distinto factor de atribución (como en el caso
de las responsabilidades civiles reflejas, tales como la del dueño o guardián de la cosa con la
que se cometió el delito, la del principal por el hecho del dependiente, etc.), no surgen dudas en
punto a que estos no son susceptibles de ser querellados penalmente. Y ante la circunstancia
descripta o aun en supuestos donde algún coautor o partícipe no fue querellado por la víctima
al no aclarar el artículo citado ni restringir su aplicación a los acusados en el proceso penal, no
corresponde pues circunscribir su interpretación. En concordancia con tales consideraciones
cabe afirmar que la suspensión de la prescripción de la acción civil abarca a todos los
responsables del hecho dañoso, hayan sido o no querellados penalmente.
Sin embargo, no ignora el tribunal que el art. 1096 del Código Civil marca la independencia
entre las acciones civil por indemnización de daños y perjuicios y la represiva. Es por ello que
no hay obstáculo alguno para la víctima que le impida iniciar la demanda civil mientras se está
tramitando el juicio penal porque siempre tiene expedita esta vía procesal. Pero en virtud del
contenido receptado por el nombrado art. 1101 el juez civil no podrá dictar sentencia hasta que
no haya decisión en el fuero criminal. De tal modo, el criterio que se esgrime a favor de una
interpretación amplia del art. 3982 bis que suspenda la prescripción respecto de todos los
responsables civiles hayan o no sido imputados penalmente permite que el damnificado no sea
compelido a promover la demanda civil para interrumpir el curso de la prescripción,
obligándolo a accionar aunque no esté determinado en sede penal el carácter ilícito del hecho
atribuido a los querellados, lo que podría ocasionarle una eventual imposición de costas. En
función de ello se entendió que estas razones de índole práctica justifican la extensión de los
efectos suspensivos a todos los responsables civiles (CNCiv., sala H, "in re" "C. de S., F. c/S.,
F s/divorcio", 21/05/96), ello conforme lo previsto por los arts. 1102 y 1103 del Cód. Civil y
más allá del efecto relativo y personal que marca el art. 3981 del Cód. Civil.
Es de hacer notar que tanto los arts. 1101 y 1102 del Cód. Civil como el art. 3982 bis tienen
por objeto proteger el interés jurídico de la víctima en sentido amplio. Por ende, si se dispone
que la querella criminal carece de efectos suspensivos -de la acción civil- contra aquellos que
deben responder por el imputado, importa adjudicarles un mero interés y no una obligación
subjetiva autónoma. Situación que no ocurre en el caso de las responsabilidades civiles reflejas
que se fundan en la existencia de un vínculo obligacional autónomo con la víctima y cuya
extensión dependerá, entre otros, del resultado de la acción penal, aún cuando dichos terceros
civilmente responsables no hubiesen participado en ella (Míguez, María Angélica - Robles,
Estela, "Efectos suspensivos del término de la prescripción de la acción civil producidos por la
querella penal", LA LEY, 2000-F, 318).
A la luz de lo expuesto debe recordarse que el instituto de la prescripción es de interpretación
restrictiva. Por principio nuestro ordenamiento jurídico sostiene la subsistencia de las acciones
como medio de mantener los derechos hasta que sean vividos en plenitud regulando plazos
para que ellas se ejerzan. En caso de duda cabe decidir en favor del mantenimiento de la acción
(Boffi Boggero, Luis María, op. cit., t. 4, ps. 613/614, Ed. Astrea, Buenos Aires, 1977). En
consecuencia, la promoción de la querella penal es una muestra de que no se dan las razones
que llevaron al legislador a extinguir la acción porque la intervención de la víctima en sede
penal como querellante o particular damnificado (según la jurisdicción en la que actúe)
Apéndice de fallos
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demuestra su intención de ejercer sus derechos, sin que deba suponerse que de su parte medió
desidia, abandono o negligencia las que sustentan la sanción de la prescripción (Míguez, María
Angélica- Robles, Estela, op. cit., p. 319).
Para finalizar y desde otro punto de vista cabe sostener la solución propiciada en virtud de la
ubicación metodológica del art. 3982 bis. Esta norma se insertó a continuación del art. 3982 del
Cód. Civil que consagra una excepción al efecto relativo que establece el art. 3981 en materia
de suspensión de la prescripción en el caso de las obligaciones indivisibles. De esto entonces se
deduce que el contenido del art. 3982 bis del Código Civil constituye otra excepción al carácter
relativo de la suspensión de la prescripción sentado en el señalado art. 3981 (CNCiv., sala F,
"in re" "Franco de Palomo, Sara c. Balentini, Carlos Alberto y otro s/daños y perjuicios",
14/03/2000).
En mérito de lo expuesto nos pronunciamos por la afirmativa a la cuestión sometida al
plenario.
En consecuencia, como doctrina legal obligatoria (art. 303, Cód. Procesal), se resuelve:
"Corresponde extender los efectos de la suspensión de los plazos de prescripción de la acción
civil que establece el art. 3982 bis del Código Civil a todos los demandados a los que se les
atribuye responsabilidad civil, aún a los que no fueron querellados o no son susceptibles de
serlo". - Gatzke Reinoso de Gauna. -Sansó. -de Igarzábal. -Highton de Nolasco. - Zannoni. Ojea Quintana. - Pascual. - Álvarez. - Daray. - Vilar.
Ampliación de fundamentos del doctor Bellucci:
Aun cuando la fundamentación impersonal que llevó a la mayoría a votar por la negativa
respecto al copete propuesto al cónclave en pleno, recogió acertadamente las versadas
opiniones vertidas durante su decurso, me encuentro ante la necesidad de reafirmar dos
conceptos que entonces, salidos de mi boca al tiempo de hacer uso de la palabra, no se
muestran categóricamente sintetizados como tales.
Dije entonces y reitero hoy "pauca verba" que:
a) El art. 3982 bis del Cód. Civil -ley 17.711/68- no se sujeta en su operatividad a lo que
prevea el derecho procesal local, a propósito de la participación que éste le reconozca a los
particulares en las actuaciones penales, desde que aquella norma sustantiva federal -por talrige en todo el territorio de la República, sin que quepa neutralización alguna por conducto de
regímenes formales provinciales.
b) Ni la solidaridad, ni la concurrencia de las obligaciones nacidas del ilícito extienden o
propagan la suspensión a los cointeresados que no fueron querellados, o no se constituyeran en
parte ("rectius": particular damnificado) en la tramitación ante la sede represiva, ya por
independencia en el primer supuesto, ya por resultar estrictamente personal en la segunda de
aquellas hipótesis (conf. art. 3981, ley sustantiva). Ergo, quedan así sintetizadas ambas razones
que aprecio fundamentales de ser agregadas a las que ilustran el mencionado voto mayoritario
al que adherí, y que plasmó en doctrina de obligatorio seguimiento (conf. art. 303 de la ley
formal).
Tal, mi parecer. - Carlos A. Bellucci.
Apéndice de fallos
Página 279
Por lo que resulta del acuerdo que antecede, como doctrina legal obligatoria (art. 303, Cód.
Procesal), se resuelve: "No corresponde extender los efectos de la suspensión de los plazos de
prescripción de la acción civil que establece el art. 3982 bis del Código Civil a todos los
demandados a los que se les atribuye responsabilidad civil, aún a los que no fueron querellados
o no son susceptibles de serlo".
Dése cumplimiento a lo dispuesto por el art. 70 del reglamento del fuero.
Los doctores Ricardo L. Burnichón, Roberto E. Greco, Ana M. Brilla de Serrat, Teresa M.
Estévez Brasa y Judith Lozano no intervinieron por hallarse en uso de licencia, los doctores
Zulema Wilde y Carlos R. Degiorgis no intervinieron por hallarse ausentes y las vocalías N° 7
y 36 se encuentran vacantes. - Leopoldo L.V. Montes de Oca. - Elsa H. Gatzke Reinoso de
Gauna (en disidencia). - Delfina M. Borda. - Ana M. Luaces.- Hugo Molteni. - Jorge Escuti
Pizarro. - Luis López Aramburu. - Gerónimo Sansó (en disidencia). - Félix R.de Igarzábal (en
disidencia). - José L. Galmarini. - Domingo A. Mercante. - Alberto J. Bueres. - Eduardo M.
Martínez Alvarez. - Osvaldo D. Mirás. - Juan C. G. Dupuis. - Mario P. Calatayud. - Elena I.
Highton de Nolasco (en disidencia). - Eduardo A. Zannoni (en disidencia). - Fernando Posse
Saguier. - Carlos A. Bellucci (con ampliación de fundamentos). - Jorge A. Giardulli. - Claudio
M. Kiper. - Julio M. Ojea Quintana (en disidencia). - Eduardo L. Fermé. - Mario A. Molmenti.
- Julio R. Moreno Hueyo. - Emilio M. Pascual (en disidencia). - Gladys S. Álvarez (en
disidencia). - Hernán Daray (en disidencia). - Miguel Á. Vilar (en disidencia). - Carlos R. Sanz
(por su dictamen).
66.
C.Civ. y Com.Tucumán, sala 2ª., noviembre 1993 Lexis Nº
25/13541 y 25/13542
67.
S.C.J.Buenos Aires - octubre 22-2003 “Tellechea, Hugo
Nicolás c. Provincia de Buenos Aires” L.L.Bs.As. To. 2004 pág. 288
HECHOS:
El fallo de Cámara confirmó el de primera instancia que basó su decisión en que entre el
hecho ilícito y la interposición de la demanda por daños y perjuicios ha transcurrido el plazo
de prescripción previsto por el art. 4037 del Cód. Civil. Planteado el recurso de
inaplicabilidad de ley por la actora la Suprema Corte de Justicia revoca la sentencia
impugnada.
SUMARIOS:
1. Corresponde considerar que no se cumplió el plazo de prescripción de la acción civil
intentada en razón de la suspensión del curso prescriptivo operada por la presentación
como particular damnificado del actor.
Apéndice de fallos
Página 280
2. La presentación del particular damnificado en ejercicio de las facultades que le confiere
el art. 87 del Cód. de Procedimiento Penal de la provincia de Buenos Aires, debe
equipararse en cuanto a sus efectos a la querella criminal mencionada en el art. 3982 bis
del Cód. Civil. (Del voto del doctor Pettigiani).
3. No exigiendo el art. 3982 bis del Cód. Civil el pedido de resarcimiento de daños en
sede penal y siendo la presentación como particular damnificado reveladora de la
voluntad inequívoca del titular de la acción civil de no dejarla perecer, corresponde
considerar comprendida en tal norma a la presentación del mismo en los términos del
art. 87 del Cód. de Procedimiento Penal de la provincia de Buenos Aires y acordarle
efectos suspensivos del curso de la prescripción. (Del voto del doctor Negri).
4. El art. 3982 bis del Cód. Civil cuando alude a "querella criminal" debe interpretarse con
un alcance extensivo, comprensivo tanto de la querella mencionada en el Código Penal
para los delitos de acción privada, como de todos aquellos actos ilícitos -delitos de
acción pública y dependientes de instancia privada- en los que la víctima revele una
actitud cierta de defender sus derechos activamente. (Del voto del doctor Hitters).
5. La presentación en sede penal como particular damnificado, es inhábil para interrumpir
el término de la prescripción de la acción civil por daños y perjuicios, ya que para que
dicha figura pueda equipararse a la demanda es imprescindible que se dé estricto
cumplimiento a lo previsto en el art. 29 del Cód. Penal. (Del voto en disidencia del
doctor Salas).
TEXTO COMPLETO:
La Plata, octubre 22 de 2003.
¿Es fundado el recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley?
El doctor Pettigiani dijo:
1. El fallo de Cámara confirmó el de primera instancia que basó su decisión en que entre el
hecho ilícito (sobrevenido el 10 de junio de 1992) y la interposición de la demanda (que
acaeció el 19 de octubre de 1996), ha transcurrido el plazo de prescripción previsto en el art.
4037 del Cód. Civil.
A lo que agregó que la presentación como particular damnificado en el juicio penal "no puede
equipararse a la querella que contempla el art. 3982 bis del Cód. Civil, por lo que no puede ser
Apéndice de fallos
Página 281
asimilada a la demanda en los términos del art. 3986 del Cód. Civil, si la misma no expresa una
pretensión indemnizatoria, o por lo menos no exterioriza una manifestación de hacerlo en el
futuro, limitándose a fiscalizar la regularidad del proceso penal" (fs. 221 vta.).
Concluyó la alzada haciendo aplicación de doctrina legal sostenida en esa época por esta Corte,
según la cual ni la denuncia ni la presentación como particular damnificado interrumpen la
prescripción, ya que dichos actos procesales no constituyen la querella criminal a la que se
refiere el art. 3982 bis del Cód. Civil (fs. 223/vta.).
2. Contra este pronunciamiento se alza la parte actora mediante el recurso extraordinario de
inaplicabilidad de ley obrante a fs. 231 vta./236 vta., por el que denuncia la violación y errónea
aplicación del art. 3982 bis del Cód. Civil y doctrina legal que menciona (fs. 231 vta./232).
Sostiene que, debido a las particulares características de este caso concreto, corresponde la
aplicación de la opinión minoritaria vertida en el caso "Mensegues c. Braicovich" (LLBA,
2001-50), según la cual la presentación del particular damnificado "en ejercicio de las
facultades que le confiere el art. 87 del Cód. de Procedimiento Penal, debe equipararse en
cuanto a sus efectos a la querella criminal mencionada en el art. 3982 bis del Cód. Civil, ya que
la víctima pone de manifiesto su voluntad de cooperar en la comprobación del delito y su
autoría, defendiendo activamente sus derechos, y por ende, tal actividad se erige en causal de
suspensión del plazo de prescripción de la acción civil, aunque no haya solicitado en sede
penal la indemnización de los daños" (fs. 232).
Finaliza su presentación alegando que "si la intención del legislador de fondo hubiese sido que
el art. 3982 bis sólo tuviera efecto suspensivo de la prescripción en aquellas jurisdicciones en
las cuales sus Códigos de forma receptaran la figura del querellante particular, así lo habría
establecido añadiendo, por ejemplo el siguiente párrafo final: 'La presente disposición sólo será
de aplicación en aquellas provincias cuyos Códigos de procedimiento estipulen la figura del
querellante'" (fs. 235 vta.). Al no haberlo hecho así -siempre al decir del recurrente- queda en
claro que la intención del legislador fue evitar que la suspensión del curso de la prescripción de
la acción civil, receptada en el art. 3982 bis, fuera desvirtuada por la aplicación rigurosamente
estricta de una norma procesal local como, en nuestro caso concreto, lo es el art. 87
mencionado.
3. Entiendo que le asiste razón al recurrente.
Tal como lo he sostenido en ocasión de adherir a los votos del doctor Hitters en las Ac. 62.282
(sent. del 16/IX/97) y Ac. 69.835 (sent. del 2/VIII/2000), la presentación del particular
damnificado en ejercicio de las facultades que le confiere el art. 87 del Cód. de Procedimiento
Penal, debe equipararse en cuanto a sus efectos a la querella criminal mencionada en el art.
3982 bis del Cód. Civil, por los argumentos allí desarrollados "in extenso", a los que me remito
en honor a la brevedad.
En el caso de autos, el hecho por el cual se demandó aconteció el 10 de junio de 1992 y la
presentación como particular damnificado se efectuó en sede represiva el día 2 de julio del
mismo año (conforme surge del escrito de fs. 151 de la causa penal, que menciona el fallo de
primera instancia a fs. 194 vta.), obteniéndose sentencia que fuera notificada el 13 de
diciembre de 1994. La demanda civil se interpuso el 11 de octubre de 1996, o sea 21 meses y
Apéndice de fallos
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28 días después de aquella notificación. Si a ese tiempo se le suma el anterior término
transcurrido (22 días) se concluye en que el plazo de prescripción de la acción previsto por el
art. 4037 del Cód. Civil no se encontraba cumplido.
Por aplicación de la normativa civil y atento a las circunstancias fácticas antes señaladas,
corresponde hacer lugar al recurso de inaplicabilidad de ley deducido y revocar la sentencia
impugnada (conf. art. 289, CPCC).
Si mi voto es compartido, deberán volver los autos a la instancia de origen a fin de que se
resuelvan los reclamos incoados y las defensas impetradas.
Voto pues por la afirmativa.
El doctor de Lázzari dijo:
Considero pertinente reiterar aquí lo dicho en la causa Ac. 58.234 (sent. del 29/IX/98).
Dije allí que, a los fines de dilucidar la cuestión relativa a los efectos que corresponde atribuir a
la presentación del particular damnificado con relación a la prescripción de la acción civil,
comparto la posición sostenida por la minoría de esta Suprema Corte y, en tal sentido, hago
míos los argumentos expuestos por los doctores Hitters y Negri en las causas Ac. 51.689 y Ac.
62.282 (sents. del 16/IX/97).
En consecuencia corresponde establecer que no se cumplió el plazo de prescripción de la
acción civil intentada en razón de la suspensión del curso prescriptivo operado por la
presentación como particular damnificado del aquí actor.
Abundando en consideraciones vinculadas con la errónea interpretación que la Cámara formula
en relación al art. 3982 bis del Cód. Civil, debe analizarse esta norma en conjunción con otros
textos a los que se vincula.
En efecto, en la posición que sustenta la mayoría de esta Corte se afirma que la regulación de la
querella es materia netamente procesal y, como tal, constituye atribución de las provincias
mantenerla o eliminarla (Ac. 51.689 y Ac. 62.282, entre otros, votos del doctor San Martín,
con cita de Acdeel Salas). Asimismo, se difunde que tal situación se reitera en el art. 3987 del
Cód. Civil en cuanto prescribe que la interrupción causada por la demanda se tendrá por no
sucedida "si ha tenido lugar la deserción de la instancia, según las disposiciones del Código de
Procedimientos", no siendo uniforme la manera en que las provincias han legislado este
instituto.
Siempre en el criterio de la mayoría de este tribunal, en consecuencia, la remisión que se
formula en el art. 3987 al ordenamiento procesal local constituiría demostración o
confirmación de que análogo fenómeno tiene lugar en la hipótesis del art. 3982 bis.
Entiendo que las circunstancias aprehendidas en cada uno de esos supuestos son disímiles,
requiriendo por tanto un tratamiento diferenciado.
a) En ambos casos (arts. 3982 bis y 3987, Cód. Civil), como también en el art. 3986 en donde
se consagra el efecto interruptivo de la demanda, la legislación nacional incursiona en el
ámbito procesal. Si bien la regla es que las provincias cuentan con la facultad constitucional de
Apéndice de fallos
Página 283
legislar sobre procedimientos, por tratarse de una atribución que en principio les está reservada,
no se discute que en supuestos excepcionales ese principio reciba excepciones. Numerosas
normas que integran el ordenamiento de derecho común incluyen preceptos con contenido
procesal de aplicación uniforme en las provincias. Difunde la Corte Suprema de la Nación que
el Congreso está habilitado para dictar normas de procedimiento con relación al derecho
común, aplicables en los tribunales provinciales, cuando -razonablemente estimadas- fuesen
necesarias para el mejor ejercicio de los derechos consagrados por esa normativa de fondo
(confr. Fallos: 271:36; 297:458, entre muchos otros; Sagüés, "Elemento de derecho
constitucional", Ed. Astrea, t. I, 1993, p. 634).
b) El art. 3987 acota el efecto interruptivo causado por la demanda, en la medida en que
acaezcan determinadas alternativas. Lo tiene por no sucedido si media alguno de estos
supuestos: desistimiento o deserción de la instancia. Entonces, efectúa una remisión al
ordenamiento local. Cabe preguntarse cuál es la finalidad de este reenvío. "No lo es,
ciertamente, la de definir el concepto de demanda", desde que la consagración de este instituto
como causal de interrupción se incorpora en el art. 3986, no en el 3987, y su permitido
contenido defectuoso enfrenta decididamente lo que el Código Procesal Civil enuncia en el art.
330. La respuesta que se impone, analizando razonablemente los textos, es que tiene lugar al
exclusivo efecto de delimitar exactamente qué ha de entenderse por desistimiento y por
caducidad, y cuándo tales institutos son procedentes ("según las disposiciones del Código de
Procedimientos").
c) No hay en el art. 3982 bis una remisión similar a la normativa procesal local, como no la hay
en el art. 3986. Esta ausencia no constituye simple omisión ni resulta intrascendente. Por el
contrario, es expresa y la estimo preconcebida. Ya se ha visto, en el caso del art. 3986, que el
concepto de demanda allí contenido difiere de la significación procesal del término. Demanda,
en el sentido del Código Civil, es todo acto deducido judicialmente que evidencie que el
acreedor no ha abandonado su crédito y que su propósito es no dejarlo perd