Los alimentos debidos a los hijos conforme la nueva
legislación
Belluscio, Claudio A.
Publicado en: Sup. Esp. Mayoría de edad 2009 (diciembre) , 7 • DJ 03/02/2010 , 237
Sumario: 1. Cuota correspondiente a la minoría de edad que se prolonga durante la mayoría de edad. 2.
Sujeto activo y pasivo de esta obligación alimentaria. 3. Extensión de la cuota alimentaria. 4. Ámbito de
aplicación. 5. Duración temporal de la obligación alimentaria de los progenitores. 6. Percepción y
administración de la cuota alimentaria, una vez que el hijo cumplió los dieciocho años. 7. Hijo mayor de
edad de veintiún años que cursa una carrera universitaria y no cuenta con recursos suficientes.
La ley recientemente sancionada el 2 de diciembre de 2009 por el Senado de la Nación, entre otras
cuestiones, agrega un segundo párrafo al art. 265 del Título III, Sección Segunda del Libro I del
Código Civil.
Este segundo párrafo, determina:
"La obligación de los padres de prestar alimentos a sus hijos, con el alcance establecido en el art. 267,
se extiende hasta la edad de veintiún años, salvo que el hijo mayor de edad o el padre, en su caso,
acrediten que cuenta con recursos suficientes para proveérselos por sí mismo".
A primera vista, pareciera ser que la modificación no tuviera mayor relevancia, pues la obligación de
prestar alimentos para los progenitores se extiende hasta los veintiún años, lo mismo que acontecía
antes de esta reforma legislativa.
Sin embargo, esta nueva legislación implica cambios bastante sustanciales, los cuales se verificarán
—en mayor medida— en la faz empírica del deber de proporcionar alimentos que tienen los
progenitores para con sus hijos y, de seguro, quedarán plasmados en futuros pronunciamientos
judiciales.
1. Cuota correspondiente a la minoría de edad que se prolonga durante la mayoría de edad
La nueva legislación sancionada establece en el art. 126 del Cód. Civ. que son menores las personas
que no hubieren cumplido la edad de dieciocho años.
A su vez, el inc. 3° del nuevo art. 306 del Código que venimos mencionando, estipula que la patria
potestad se acaba por llegar los hijos a la mayoría de edad.
En cuanto a los alimentos que sus progenitores deben a sus hijos, cuando éstos son menores de
edad (en la actualidad quienes tengan menos de 18 años) la fuente surge de la patria potestad, (1)
siendo una de las principales obligaciones la de alimentarlos (conf. art. 265, primer párrafo, del Cód.
Civ.).
En tanto, la obligación alimentaria para los hijos mayores de edad deriva del parentesco (conf. art. 367
del mismo Código).
Pero, merced a la reciente reforma legislativa, encontramos que la obligación alimentaria en la franja
de los dieciocho a los veintiún años tiene características de la obligación nacida de la patria potestad
y, también, de la nacida del parentesco.
En verdad, esta obligación alimentaria que establece la nueva legislación en la franja cronológica
precitada tiene su fuente en el parentesco, pero con la extensión de los alimentos debidos a los hijos
menores de edad.
Incluso, en la actualidad, el hijo mayor de dieciocho años (mayoría de edad) pero de menos de
veintiuno, no va a necesitar acreditar los requisitos que exige el art. 370 del Código de fondo en
materia civil para que se admita su reclamo alimentario.
En consecuencia, la nueva legislación crea —respecto de los hijos— una categoría distinta, en lo que
a la obligación alimentaria se refiere.
Por lo tanto, hasta los dieciocho años, la obligación alimentaria de los padres se regirá por lo reglado
en los arts. 265 y 271 del Cód. Civ. en cuanto a la fuente de la obligación alimentaria, el art. 267 en
cuanto a su extensión, y por el art. 272 en cuanto a la posibilidad de reclamar alimentos a ambos
progenitores cuando ninguno de ellos los satisfagan de forma voluntaria.
Con posterioridad a los veintiún años, regirán de forma específica los arts. 367 y 368 del mismo
Código en cuanto a la fuente de la obligación alimentaria, el art. 370 para la admisión del reclamo y el
art. 372 para señalar su extensión.
Mientras que entre los dieciocho y los veintiún años, regirán los arts. 367 y 368 del Código precitado
como fuente de esta obligación alimentaria, la extensión se regirá por el art. 267 y no será necesario
acreditar los extremos que contempla el art. 370.
2. Sujeto activo y pasivo de esta obligación alimentaria
El sujeto activo de esta obligación alimentaria será el hijo hasta la edad de veintiún años de edad
(más allá de que aquélla pueda cesar a los dieciocho años, si se acredita el supuesto fáctico que la
norma enuncia).
Que estos hijos sean matrimoniales, adoptivos o extramatrimoniales en nada influye para exigir el
cumplimiento de la obligación alimentaria, por cuanto el art. 240 del Código Civil no ha sido reformado.
En tanto, el sujeto pasivo conforme determina la norma que estamos analizando son "los padres", es
decir, ambos progenitores.
Ello guarda congruencia con el primer párrafo del art. 265 (texto conforme ley 23.264) (Adla, XLV-D,
3581) que también se refiere a "sus padres". Asimismo, con el art. 18, inc. 1° de la Convención sobre
los Derechos del Niño y el segundo párrafo del art. 7° de la ley 26.061 (Adla, LXV-E, 4635) que hacen
recaer la obligación alimentaria —primordialmente— en cabeza de ambos progenitores (más allá de la
forma en que cada uno la cumpla).
3. Extensión de la cuota alimentaria
El segundo párrafo del art. 265 incorporado por la reciente reforma al Cód. Civ., reafirma que el
alcance de estos alimentos será el determinado por el art. 267 de ese mismo ordenamiento legal.
Es decir, que estos alimentos comprenderán seis rubros, a saber: manutención (alimentación),
educación, esparcimiento, vestimenta, habitación, asistencia y gastos por enfermedad.
Por lo tanto, la norma no se aparta de la modificación efectuada por la ley 23.264 (que incorporó los
rubros educación y esparcimiento a los alimentos debidos a los hijos hasta la edad de veintiún años)
y, en caso de separación de los progenitores, no adopta el principio general tantas veces reiterado por
la jurisprudencia: (2) la cuota alimentaria que se fije deberá permitir que el hijo mantenga —dentro de
lo posible— el nivel socioeconómico de que gozaba cuando su familia se encontraba unida.
4. Ambito de aplicación
Si bien el párrafo trascripto "ut supra" se agrega al art. 265 del Cód. Civ., norma que se considera que
regula los alimentos debidos a los hijos cuando ambos progenitores conviven, lo preceptuado en la
reforma que estamos analizando será también de aplicación para regular la obligación alimentaria de
ambos progenitores en el contexto del art. 271 del Cód. Civ., es decir, cuando la familia se hubiere
desmembrado.
5. Duración temporal de la obligación alimentaria de los progenitores
En cuanto a la duración temporal de la obligación que le incumbe a los progenitores, en principio, se
extiende (al igual que con anterioridad a la modificación) hasta la edad de veintiún años.
Sin embargo, esta nueva legislación permite que una vez cumplido los dieciocho años y, en
consecuencia, alcanzada la mayoría de edad, "el hijo mayor de edad o el padre, en su caso, acrediten
que cuenta con recursos suficientes para proveérselos por sí mismo".
Es decir, que alcanzada la mayoría de edad a los dieciocho años, si el propio hijo o el progenitor que
tiene a su cargo la cuota de alimentos, acreditan que el primero cuenta con recursos suficientes para
atender las necesidades emergentes de los rubros que estipula el art. 267 del Cód. Civ., la cuota
oportunamente fijada cesará.
Tratándose del cese de la cuota, ninguna duda cabe que tramitará por incidente aunque sea pedido
por el propio beneficiario, atento a lo que preceptúa el art. 650 del CPCCN.
Es indudable que esta parte de la norma legal generará numerosa jurisprudencia en un futuro cercano
y, como toda norma legal que crea un principio general —como es el caso— estará sometida a que
sean los tribunales quienes interpreten —en cada cuestión que se plantee— si los recursos que
obtiene el hijo son considerados suficientes para desligar al progenitor de su obligación alimentaria.
No cabe duda alguna que el progenitor obligado al pago de la cuota de alimentos fijada, se encontrará
facultado (conforme a la nueva legislación bajo análisis) a solicitar el cese de aquella, siempre que
demuestre el extremo fáctico que la norma describe.
En cuanto a esta situación, no dudamos que nuestros tribunales —con competencia en familia—
recibirán numerosos incidentes en los próximos meses, con suerte quizás dispar, conformando para el
futuro una "doctrina" judicial al respecto, que se irá consolidando a través del tiempo (como ya ha
sucedido ante situaciones similares).
Más difícil vemos que, en la práctica, el hijo que alcanzó la mayoría de edad quien sea el que
demuestre que tiene ingresos suficientes con los cuales cubrir sus necesidades alimentarias, pues a
"priori" parecería ser dudoso que sea el propio beneficiario quien acredite que ya no está en
condiciones de seguir percibiendo la cuota alimentaria.
Por lo tanto, cabe interrogarse sobre si era necesaria esta parte de la norma.
Creemos que sí, pues el hijo en realidad estaría renunciando —al solicitar el cese de la cuota, si bien,
indirectamente— al cobro de cuotas futuras, lo cual está prohibido por el art. 374 del Cód. Civ.
Por lo tanto, y más allá de la aplicación práctica que pueda tener esta parte del enunciado legal, el
legislador expresamente faculta a que sea el propio hijo quien solicite el cese de la cuota alimentaria,
aún cuando ello, en realidad, signifique una renuncia a los alimentos futuros.
6. Percepción y administración de la cuota alimentaria, una vez que el hijo cumplió los
dieciocho años.
Una vez que el hijo cumplió los dieciocho años y alcanzó —por lo tanto— la mayoría de edad, si no se
decreta en sede judicial el cese de la cuota alimentaria por la causal estipulada en el segundo párrafo
de la actual redacción del art. 265 del Cód. Civ. (que el hijo cuenta con los medios para proveerse por
sí mismo los alimentos), la cuota deberá ser percibida y administrada por el hijo.
En cuanto a lo primero, una vez cumplido los dieciocho años, ya no regirá la representación legal que
estipula el art. 57 del Cód. Civ.
Por lo tanto, la percepción de la cuota alimentaria oportunamente fijada corresponderá al hijo.
En consecuencia, cuando la cuota se abona de forma directa, deberá ser el hijo quien firme el
correspondiente recibo que acredite el pago de dicha cuota.
Si en esa situación, quien suscribe el documento que acredita el pago, es el progenitor (por lo general,
la madre) que venía percibiendo la cuota de alimentos en representación de su hijo, en principio, dicho
documento no tendrá efecto cancelatorio de la cuota, más allá de que alguna jurisprudencia se pueda
expedir en sentido contrario y acepte como válido ese recibo de pago (como ha sucedido alguna vez,
cuando la que tenía que suscribir el recibo de pago era la madre y, en realidad, fue firmado por el
propio hijo (3) o por la abuela de éste). (4)
Si la cuota es depositada en una cuenta bancaria a nombre de la madre (por haberse acordado el
pago de esa forma) se deberá abrir una nueva cuenta, esta vez a nombre del hijo, con la finalidad de
abonar las sucesivas cuotas alimentarias (debiéndose dejar establecida tal modificación por escrito, a
fin de aventar futuros planteos en cuanto al pago de la cuota).
Por otra parte, dado que la patria potestad sobre el hijo ha concluido, éste podrá administrar lo
percibido en materia de alimentos del progenitor que tiene a su cargo la cuota.
Si bien, desde el punto de vista legal no existe objeción alguna que formular al respecto, si el hijo
sigue conviviendo con el progenitor al cual se le había atribuido la tenencia durante su minoría de
edad y que, a la sazón, era quien administraba la cuota, podrá suceder que aquel la continúe
administrando.
Más allá de lo enunciado en el párrafo precedente, si el hijo continúa conviviendo con el progenitor
que tenía con anterioridad su guarda, consideramos que sería lógico que aportara a los gastos
comunes (v. gr., gastos relativos al inmueble que continúa habitando con ese progenitor: expensas,
impuestos, servicios, alquiler), no obstante que sea él quien administre la cuota alimentaria.
A pesar de las críticas que podrá recoger el hecho de que el hijo mayor de edad sea quien perciba y
administre la cuota que fue establecida durante su minoría, consideramos que ello irrogará —al
menos, en principio— una mayor certeza de que lo abonado en concepto de alimentos estará
destinado exclusivamente a cubrir las necesidades del hijo.
7. Hijo mayor de edad de veintiún años que cursa una carrera universitaria y no cuenta con
recursos suficientes
Pese a que la nueva normativa permite que la cuota que se venía percibiendo cuando el hijo era
menor de edad, se deba seguir abonando aunque éste haya llegado a la mayoría de edad (salvo que
se acredite que el beneficiario cuenta con medios propios para cubrir la extensión alimentaria que
describe el art. 267 del Cód. Civ.), el límite de tal prestación se encuentra en el hecho de haber
cumplido veintiún años.
Por lo tanto, el legislador perdió una nueva oportunidad de permitir (como hacen otras legislaciones)
(5) que la cuota continúe hasta una edad en que se supone deben culminar los estudios universitarios,
siempre que se acredite que dichos estudios se cursan de forma regular.
En consecuencia, será la jurisprudencia quien continúe resolviendo las situaciones planteadas en ese
aspecto.
Con el agravante de que, aquellos fallos que han aceptado la continuidad de la cuota alimentaria con
motivo de los estudios universitarios del hijo, (6) y más allá de que estemos de acuerdo con la
continuidad de la cuota por tales motivos, evidentemente han fallado "contra legem".
Lo mismo sucederá con futuros fallos que acojan esa pretensión, dado que la nueva legislación
extiende sólo la cuota hasta los veintiún años (cuando se estarán promediando estos estudios).
Por el contrario, aquellos tribunales que —en este supuesto— se apeguen a la legislación vigente,
emitirán fallos correctos desde el punto de vista legal, pero las más de las veces incorrectos desde el
ámbito dikelógico (como ha sucedido, en uno de los últimos fallos que abordó la cuestión). (7)
Especial para La Ley. Derechos reservados (Ley 11.723)
(1) CNCiv., sala H, 6/6/97, LA LEY, 1997-F, 982, sum. 7; ídem, íd., 21/4/97, LA LEY, 1997-F, 51, y DJ,
1998-2-990; ídem, íd., 13/8/97, LA LEY, 1998-B, 709; ídem, Sala A, 2/8/84, Rep. LA LEY, 1985-112,
sum. 14, y LA LEY, 1985-B, 574 (caso n° 5.394); ídem, íd., 16/2/84, Rep. LA LEY, 1984-136, sum. 5, y
LA LEY, 1984-C, 622 (36.646-S).
(2) CNCiv., sala K, 23/9/03, DJ, 2003-3-1051 (de los considerandos del fallo); ídem, sala C, 22/9/81,
LA LEY, 1982-A, 441 y Rep. LA LEY, 1982-146, sum. 75; ídem, sala I, 11/3/93, LA LEY, 1993-D, 535
(caso 9.246) y LA LEY, 1995-D, 864, sum. 222; ídem, íd., 31/3/92, LA LEY, 1993-D, 535 (caso 9.249 y
LA LEY, 1995-D, 873, sum. 313; ídem, sala A, 22/11/95, LA LEY, 1996-C, 621; ídem, sala H, 22/4/97,
LA LEY, 1997-F, 51.; ídem, íd, 21/4/97, DJ, 1998-2-990; ídem, íd., 13/8/97, LA LEY, 1998-B, 709;
CCiv. y Com. Rosario, Sala IV, 6/8/02, LL Litoral, 2003-256.
(3) TFamilia Formosa, 18/3/03, LL Litoral, año 7, n° 8, septiembre de 2003, sec. Jurisprudencia, p.
968, y LL Litoral, 2003-968.
(4) CNCiv., sala C, 15/9/81, ED, 96-764, Rep. ED, 16-81, sum. 88 y Rep. LA LEY, 1982-142, sum. 39.
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