Clemente Estable
(1894 – 1976)
Jorge Liberati (*)
Trayectoria de Estable
Nacido en las inmediaciones de Santa Lucía, departamento de Canelones,
Uruguay, se destaca principalmente como biólogo y como teórico e la
educación. Es maestro normalista, profesor de Historia Natural y Biología en
la Facultad de medicina de la Universidad de la república y jefe del
laboratorio de Técnicas e Investigaciones Histológicas del Instituto de
Neurología de esa facultad. Funda y es primer presidente de la sociedad de
Biología de Montevideo, editora de la revista “Archivos”. Ocupa la dirección
del Museo de Historia Natural y la presidencia de la Asociación para el
Progreso de la Ciencia. A su vuelta de España queda al frente del Laboratorio
de Ciencias Biológicas de Enseñanza Primaria, que se convertirá en el Instituto
de Ciencias Biológicas y que más tarde adoptará su nombre. La Universidad le
declara Doctor honoris causa en 1960.
Aunque estudió con Santiago Ramón y Cajal, merced a una beca otorgada por
el gobierno español en 1922, su formación fue autodidacta; era dueño de una
inquebrantable voluntad de estudio, hizo importantes descubrimientos y
desarrolló un pensamiento de gran originalidad. Su mayor influencia local fue,
muy probablemente, la de su compatriota Carlos Vaz Ferreira; Henri Bergson,
por otra parte, se cuenta como la figura que imprime la marca principal en el
trasfondo de su pensamiento científico y filosófico.
Como biólogo se destacó por sus estudios sobre histopatología, neurofisiología
y citología. Afirma el doctor Fernando Mañé Garzón que “Su hallazgo quizá
más original fue la descripción en las sinapsis axoaxonales que unidas a otros
hallazgos modificaron la ley general de la transmisión nerviosa, permitiendo
formular un concepto de “sinapsis de reversibilidad”, hecho que primero se
puso en duda, luego fue negado y es por fin hoy aceptado”. También que “En
biología teórica sus ideas originales eran profusas, lamentablemente muchas
de ellas aún no publicadas. Basta recordar sus reflexiones sobre constantes
biológicas, así como sobre aspectos de la regulación del medio interno y sobre
la secuencia evolutiva de los organismos, de sugerente neovitalismo, inscritas
en un resuelto y lúcido bergsonismo”. (1)
Fue muy influyente el llamado “Plan Estable” destinado a la Escuela Pública
oficializado en 1939. Este plan no es sólo un programa de estudios; envuelve
un verdadero método pedagógico y sugiere una filosofía de la educación.
Representa una de las grandes innovaciones que ha experimentado la
pedagogía uruguaya, desde la Reforma de José Pedro Varela en el siglo XIX.
Esta filosofía es presentada desde 1921 en su libro El reino de las vocaciones;
luego en Psicología de la vocación de 1942, y en Pedagogía de presión
normativa y pedagogía de la personalidad y de la vocación, de 1947. La
Intendencia Municipal de Montevideo publicó psicología de las Vocaciones en
1967, basándose en materiales provenientes de conferencias de las décadas
del 30 y 40. Esta obra ha sido reeditada en el año 2003 por la Fundación
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Clemente Estable. Su reflexión sobre las vocaciones cobra el nivel de una
“filosofía de la personalidad”, que sigue los lineamientos de la “filosofía de la
experiencia”, común a dos famosos uruguayos: Carlos Vaz Ferreira y José
Enrique Rodó.
Su figura filosófica
“Más adentro, más en lo íntimo del pedagogo y el biólogo eminentes que fue,
en primer plano, fue Estable filósofo. Lo fue muy al margen de la formalidad
de tal. Sin ser la filosofía, en ningún momento, objeto de su dedicación
expresa –y mucho menos profesional- penetró y tiño naturalmente,
espontáneamente, toda su actividad intelectual; la educacional a la vez que
la científica. Sabio por el saber, lo fue ante todo por la sabiduría; por la
sabiduría, en su más clásico sentido helénico de aspiración ideal de la
filosofía.” Estas son las palabras iniciales del ensayo e Arturo Ardao Clemente
Estable, filósofo (2), con las que se establece definitivamente esta dimensión
del pensamiento de Estable. Encontramos en Estable, pues, una filosofía de la
educación, puesta al servicio principalmente de una de sus mayores
creaciones; la concepción o filosofía de la personalidad. Igualmente,
importantes reflexiones sobre filosofía de la ciencia, sobre todo en dos de sus
numerosos ensayos: “reflexiones a propósito de la personalidad de Ramón y
Cajal” (3) e “Intuición y plástica de la evolución” ( 4). Los problemas que
acaparan su curiosidad, y las respuestas ensayadas, giran en general en torno
al problema del conocimiento. Dice Ardao: “con indeclinable criterio
psicologista tocó todos los grandes problemas del conocimiento; los de su
origen, su certeza, sus formas; los del valor de la intuición, de la razón, de la
verdad.
De todos modos, esos problemas nunca fueron “abordados
expresamente, y menos en formalidad académica. Se trató en cada caso del
conocimiento en Filosofía, en Ciencia, en Arte, en Religión, direcciones del
espíritu mentadas a menudo con mayúscula, y consideradas tanto en sí
mismas como en sus relaciones recíprocas, ya armónicas, ya conflictuales” ( 5)
Publica su primer libro sobre las vocaciones siendo muy joven. La búsqueda de
definiciones de “vocación” le sirve de pretexto para aplicarse a una amplísima
revisión de obras de filósofos y hombres de ciencia. Posee una inicial
inquietud propia de la reflexión filosófica: la de procurar generalidades
conclusivas y penetrantes. Asimismo, le anima otra propia del ejercicio
experimental: la preocupación por el dato riguroso y preciso y por el
señalamiento
de
las
frecuentes
incertidumbres.
Su
adecuada
complementación deriva a veces en el pensador profundo. Este sólo debe
procurar, y el talento necesario para ello es poco frecuente, que las dos
dimensiones se pongan al servicio una de la otra, sin que las generalizaciones
resulten jactanciosas. En Estable resultan honradas y decididas sentencias,
declaradamente hipotéticas y humanamente destiladas de la experiencia
vital. Su pudor intelectual queda expreso en los esporádicos comentarios: “No
queremos aquí afirmar ni negar rotundamente nada; todo para meditarse”. ( 6)
Distingue entre enseñanza vocacional y enseñanza especializada. Y, auque la
primera implica la segunda, la inversa no se cumple. Esta sesuda distinción se
acompaña de un cálido e inmediato anexo filosófico: “Toda vocación
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comprende una aptitud; pero toda aptitud no implica vocación: la vocación es
la aptitud más la pasión; es la aptitud con un halo de amor”. Le encontramos
frecuentemente aunando afirmaciones de ciencia con juicios de ética y
estética, por lo demás siempre ajustados a lógica. La base científica le eleva
por encima de cualquier mediocridad y su erudición le conecta siempre con un
antecedente filosófico de importancia. El más importante, quizá, consiste en
la valoración del niño como sujeto de hecho y de derecho, “centro a cuyo
alrededor ha de girar la enseñanza”. Este concepto inicial respeta la
“pedagogía nueva” y se orienta hacia un fin primordial que perseguirá la
evolución de la personalidad. Se necesita una “idea dominante” que sirva
como modo de disciplinamiento, ante la complejidad de la vida, que
naturalmente no toda es vocación. “El hombre y la obra se dignifican cuando
ésta es aquel mismo continuándose”.
La vocación, la delimitación de su “reino” o de su psicología, resulta una
auténtica investigación de psicología, inspirada en la psicología de las formas
y en el evolucionismo creador. Por otro lado, resulta el camino que conduce a
una más ansiada meta: la fundamentación de la personalidad. Ello requiere el
análisis de su génesis y de su estructura; requiere tanto el análisis empírico
como el de los problemas éticos que debe superar su posterior afianzamiento.
Este afán se parece al de Rodó, auque se diferencian por la naturaleza de la
argumentación y por el dominio que desea enriquecer por su intermedio. La
argumentación del Estable es de corte biologísta y desea verter sus
conclusiones en los dominios de la psicología y de la pedagogía (el alimento
proviene de quien tiene fe en el porvenir de la psicología, renovada en su
tiempo por las nociones de estructura, función y evolución). El estilo de la
biología, el movimiento en los dominios disciplinarios de la mente y del
desarrollo mental, intentan fundar una filosofía de la personalidad. Aquí hay
diferencias respecto a Rodó, “La especial preocupación suya –afirma Ardaoen tal asunto, respetando y admirando la de su gran antecesor, era otra: ‘La
estructura psíquica de la vocación’”. El fervor de Rodó concierne a las altas
aspiraciones de la cultura y del destino histórico de América que, por otra
parte, se argumenta desde la tradición del humanismo europeo y de la
filosofía de la cultura. Rodó aspira a rendir cuenta del cambio, de la vicisitud
ideológica de la persona y sobre todo de la transfiguración a que se ve
indefectiblemente sometida.
Lógica de esta filosofía
La discusión contenida en El reino de las vocaciones, del todo innovadora para
su época, combina el docto relacionamiento entre la estructura neuronal y la
inteligencia, así como entre ésta y la voluntad ( 7). El problema implica la
dicotomía entre el espíritu unilateralizado y la cultura general. A su vez,
contiene una breve revisión del concepto de cultura, sobre el cual hace decir
a Vicente Medina: “en este punto, puede ser culto para nosotros un humilde
labrador analfabeto”. Porque “Es culto para nosotros quien cultivó su espíritu
en silenciosa labor de sentimiento y pensamiento. Y, como había dicho
Unamuno, “ara en mi, como un manso buey la tierra, el dulce silencioso
pensamiento” (8) Como se puede apreciar, la ciencia se sigue de la filosofía y
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ésta de la más llana sencillez, secuencia con la que huelgan otras
complejidades, que tampoco se desdeñan (“cultura es la unificación funcional
de una parte de las fuerzas históricas…” Eugenio D’Oors), fiel a la tendencia
de sujetar la brida de su reflexión con la mano firme de la experiencia.
Es una directriz de la misma tradición uruguaya cuya conciencia filosófica se
nutre de la lógica de la experiencia concreta. Es propia de América Latina
hasta de toda América, si se hacen las precisiones necesarias. Lo había
señalado Luis Gil Salguero, que encontraba a Rodó seducido por una lógica
concreta: “Ya en los primeros trabajos de José Enrique Rodó se le advierte
atraído por el tema de la idealidad y su inserción en lo real, rasgo común
que, con extraña unanimidad, define al pensamiento americano (desde
Emerson a James a Rodó y a Vaz Ferreira); ese modo que busca un contacto
con lo inmediato y no aparta lo pequeño; ese sentido de lo ideal como forma
del amor a lo terrenal, y que es causa de que incida mayormente en la
historia y poder que la transfigura y funda en bases más durables” (9). La
misma lógica había interesado a Vaz Ferreira en el albor del siglo XX. El lector
disimulará nuestra vehemencia si afirmamos que había hechizado a José Pedro
Massera en 1920 y al mismo Luis Gil Salguero en 1933, y literalmente
hipnotizado a Carlos Benvenuto en 1929. Ronda como objeto de subyacente
enjundia en un estudio sobre el arte literario en la obra de Eduardo Dieste,
hacia 1938, objeto al cual se refiere como “base folklórica del conocimiento”.
Se trata de la misma lógica que escrutará Arturo Ardao en su fundamental
libro del año 2000 (10).
El estudio de Estable sobre la vocación es, quizá, un estudio sobre la
inteligencia humana. Se trata de una investigación sobre la psicología y la
lógica de la inteligencia, desde que estudia todas las relaciones internas y
sociales en funcionamiento en el individuo en la edad del aprendizaje formal.
Ardao había observado como Bergson peregrina desde el concepto de
“intuición” al de “inteligencia”; en Estable se puede comprobar, de manera
semejante, un ir y venir implícito desde el concepto de vocación al de
inteligencia. Y aun, cuando nos habla de educación, podemos hacer una
transposición emergente referida al conocimiento. La revelación vocacional
del individuo depende de cómo pueda desenvolverse su pensamiento, de cómo
pueda ocuparse de su objeto, con cuánta concentración y conciencia; en
suma, del conocimiento desplegado. Estable apela a Pascal para describir la
idea que el niño tiene de un mundo: una esfera cuyo centro está en todas
partes y cuya periferia en ningún lado. La educación debe ponerla en orden,
pero el orden de este universo responde a una lógica no sistemática o, al
menos, al de un sistema no exclusivamente deductivo. Igualmente, el
descubrimiento de la vocación no responde a lógica conocida: El despertar de
las vocaciones –como el del amor- parece no obedeciera a ninguna
sistemática”. (11)
Escepticismo y Filosofía práctica
Estable cultiva cierto escepticismo o, si se quiere, criticismo. Aun podría
decirse que tiende a un revisionismo, si permitimos que predomine el aspecto
descriptivo sobre el del cambio conceptual en el significado de esta
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denominación. El escepticismo es puesto en práctica respecto a las palabras,
a las definiciones, a los conceptos contundentes, en fin, a las nociones
generales, aun aquellas que puedan sustentarse en ciencia. En ello se
identifica con Vaz Ferreira, con aquel escepticismo de tendencia, despojado
de cualquier connotación sistemática y que no violenta la inteligencia: “¿Por
qué hablar de escepticismo, cuando se trata de la única actitud mental en
que el hombre puede conservarse sincero ante los otros y ante sí mismo, sin,
para eso, mutilarse el alma?” (12). En todo caso, dice Ardao, se trata de un
“escepticismo creador”.
Este escepticismo no sólo resulta creador como posición teórica; debe
proyectarse incluso en la práctica. Que la reflexión debe prestar alguna
utilidad práctica es una consigna de Estable. Esta consigna nace y se mantiene
en su fidelidad al problema de las vocaciones, asunto inherente a la filosofía
de la educación. Si la razón es verdadera, parece decirnos, evocando a Kant,
la moralidad también lo será. Existe una potencialidad práctica de la razón y
sólo la consolidación de la moral puede confirmarla. El desarrollo biológico,
así como la evolución psicológica, deben complementarse con la conformación
de la personalidad. “Para la mayoría de los hombres la imitación basta; se
contenta con ser lo que “ha sido” voluntad en otros, y como piensan con las
ideas ambientales, obran con la voluntad ambiente” (13).
La conciencia de esta necesidad, relativa a la originalidad y autenticidad de la
persona humana, se inscribe igualmente en el cuadro de designios de Rodó. Si
tales aspiraciones configuran en este último, como ya fue dicho, la conciencia
filosófica de la cultura, en Estable configuran, por encima de su filosofía de la
personalidad, una filosofía práctica o una crítica de la razón práctica (más
sencillamente, una extensión de la razón en la vida moral y en sus
aspiraciones de voluntad y de libertad). La educación está a cargo de
proyectar esta filosofía, que en gran parte es una filosofía moral. Debe
asegurar la formación integral de la personalidad. Con tal propósito debe
prever el equilibrio entre lo intelectual o lo racional y el instinto, la intuición
o inspiración: “en el artista, afirma, hay un investigador que encuentra más
de lo que busca y en el investigador un artista que busca más de lo que
encuentra”.
El método experimental
“Siempre guardó Estable una bien cara curiosidad, un penetrante cuidado por
el pensamiento científico Ens., por los caminos y modos del conocimiento.
Con facilidad formulaba hipótesis curiosas, postulaba principios, esbozaba
nuevas leyes o las modificaba, condicionándolas a otras que a modo de
preámbulo daban noción de un fuerte sentido de la especulación propia de la
filosofía de la ciencia. Formado en las disciplinas de la morfología fue
rápidamente captado por el método experimental, desde cuyos atalayas
interpretaba al perplejo y complejo devenir de las ciencias naturales” (14).
Prefirió comprobar o señalar el valor del conocimiento humano más por la
conciencia de los problemas que por las soluciones propuestas. Por sobre las
respuestas prefiere las preguntas, abundantes en su escritura; y cuando
ensaya respuestas las dispone en abanico, haciendo gala de erudición, como
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simple muestra de perspectivas conceptuales. En ello le caracteriza cierto
relativismo, cierto criterio relativista de la verdad científica o, aun ciento
realismo hipotético o conjetural propio de una epistemología que no estaba
definitivamente consolidada en su época y que se difundirá pasado el medio
siglo XX. La conveniencia de esta posición puede evaluarse cabalmente si se
tienen en cuenta las innovaciones de la lógica de la investigación a partir de
la década del sesenta. Esta lógica adquiere gran difusión con Karl Popper y su
criterio de falsabilidad y concomitante demarcación del territorio propio de la
ciencia. También con otros investigadores, algunos que se oponen a Popper y
otros que lo adoptan y discuten en diversas áreas. Tales innovaciones tienen
que ver, paralelamente, con Carl G. Hempel, importante crítico de las
ciencias naturales cuya obra se difunde en Estados Unidos a fines de la década
del sesenta. Hempel y Estable, cada uno a su modo, muy diferentes por lo
demás, buscan poner acuerdo entre la naturaleza y la ciencia, entre el
enunciado observacional y la definición científica, entre los problemas de la
vida y del conocimiento. Ambos pensadores guardan igual recaudo ante la
incertidumbre y la certeza, ante la rigidez de la lógica y la flexibilidad de la
psicología. Finalmente, la metafísica de Estable, es decir, su manera de
interpolar los grandes interrogantes inherentes a los mencionados problemas,
y que no deja de exhumar pro específico que sea el objeto del análisis, es
expuesta con sencillez, claridad y resolución. Pero es al punto revisada y
controlada pro su agudo sentido empírico y su permanente solicitud del dato
de la experiencia. Cree en la filosofía como un control de la ciencia y en ésta
como guía de aquella.
Notas
1. Fernando Mañe Garzón, “Una cocción, un talento, una obra”, en el
centenario de Clemente Estble, Cuadernos de Marcha, Tercera Epoca, año IX,
Nº 94, Mayo de 1994.
2. Arturo Ardao, “Claemente Estable, filósofo”, en Cuadernos de Marcha,
Tercera Epoca, año IX, Nº 95, junio de 1994, Montevideo
3. En revista “Aportaciones”, Nº 2, Montevideo 1935
4. En Revista “Ensayos”, Nº 2, Montevideo, 1935
5. Arturo Ardao, obra citada, p. 6ç
6. Clemente Estable, “El reino de las vocaciones”, Claudio García,
Montevideo, 1921, III
7. Obra citada, VI
8. Obra citada, VIII
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9. Luis Gil Salguero, “Ideario de Rodó. Preludios de una filosofía del
heroísmo,” Ministerio de Instrucción Pública, Montevideo, 1943.
10. Arturo Ardao, “Lógica de la razón y lógica de la inteligencia”, Biblioteca
de marcha- Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Montevideo,
2000.
11. Clemente Estable, Obra citada, XVI
12. Carlos Vaz Ferreira, “Conocimiento y acción”, edición Homenaje de la
Cámara de Representantes, Montevideo, 1963.
13. Clemente Estable, “Psicología de las vocaciones.”, Fundación Clemente
Estable, Montevideo, 2003, Segunda parte.
14. Fernando Mañé Garzón, “El maestro Clemente Estable (1894-1976) en la
historia de la ciencia y el pensamiento nacional”, en Revista Nacional, Nº 240,
Montevideo, 1995.
(*) Jorge Liberati: Profesor egresado del Instituto de Profesores “Artigas”,
ensayista, autor de Vaz Ferreira, filósofo del lenguaje (1980), “Prólogo” a
Lógica Viva (1983),, Lógica e incertidumbre (1988), Ensayos (1996), Fantasmas
en la lógica (2002) y de numerosos artículos en diversas publicaciones del
medio.
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