PUNTOS CRÍTICOS DE LA NUEVA LEY DE OBTENTORES VEGETALES por Esteban Ordenes, Consultora Orígenes
1. Es justo que las empresas tengan un marco de protección para sus variedades mejoradas, sin embargo este marco
ya existe con la ley de obtentores 19.342 y el convenio UPOV, en su versión 78, según se establece en la página oficial
del SAG y con los sistemas de inscripción y protección de nuevas variedades vigentes. Precisamente porque ya tienen esas
ventajas, las empresas saturan el mercado nacional con sus variedades mejoradas, que año tras año cambian por otras
nuevas. Al mismo tiempo invierten millones de dólares en investigación que consideran una inversión segura, e incluso a
veces es subsidiada por el Estado.
2. Es justo que las empresas cobren un precio superior por la investigación y trabajo que suponen las variedades híbridas o
mejoradas, sin embargo la diferencia de precios entre semillas híbridas y las no híbridas o estándar, es simplemente
descabellada, y esta diferencia de precios no tiene parangón en el mercado. Esto queda de manifiesto al examinar algunos
ejemplos del costo de semillas híbridas, en comparación con variedades estándares o no híbridas, para una hectárea de
producción.
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Especie
Variedad
Melón estándar
Melón híbrido
Pimentón estándar
Pimentón híbrido
Tomate estándar
Tomate híbrido
Dew Green Flesh
Sultan dew, early dew
Embell
Balera, correntin
Cal ace
Bobcat, athena,argos
Plantas por
Hectárea
13.000
13.000
31.250
31.250
20.000
20.000
Costo apróx./há
35.000
845.000
35.000
2.240.000
18.000
1.300.000
Variación semilla híbrida sobre semilla
estándar o no híbrida.
2.414 %
6.400%
7.222%
Con esta diferencia abismante de precios que nadie regula en el país, argumentar que las empresas necesitan de
“estímulos”, resulta de una incongruencia impresentable.
Año tras año los pequeños agricultores del país se endeudan o dependen de subsidios estatales para asumir el alto
costo de la semilla, que afecta fundamentalmente a hortaliceros, ya que deben comprar su semilla anualmente, su inversión
en semilla en 15 años sin considerar el alza anual que estas tienen, sería de entre los 11 a los 33 millones de pesos a
diferencia de un fruticultor, que compra material de propagación cada 15 años, cuyo costo dependiendo del frutal iría de entre
los 2 a los 5 millones de pesos en los 15 años, que es la vida útil promedio de un frutal, queda claro quienes pierden.
Desde cualquier punto de vista, los híbridos son el gran negocio de las empresas semilleras. Por una parte valen hasta un
7.000% más que una semilla no híbrida, y además no generan semilla viable, o esta se degenera rápidamente. Por eso, las
empresas sacan del mercado aquellas variedades no híbridas o estándar, dejando a los pequeños agricultores sin
alternativa. Esta tendencia se acentuará si el proyecto de ley de Obtentores Vegetales se aprueba dándole carácter de ley al
Convenio UPOV 91. La consecuencia en nuestros campos será la pobreza y la concentración del mercado de la semilla.
Es justo que una empresa genere una nueva variedad, la proteja y cobre por ella, pero es peligrosamente arriesgado que se
defina a un obtentor como alguien que “descubre” una variedad, ya que como es de público conocimiento, el mejoramiento y
la biodiversidad vegetal han sido el resultado del trabajo constante y desinteresado de indígenas y campesinos, que
con esta sencilla palabra verán su patrimonio absolutamente entregado ante intereses privados, que poco saben de
conciencia y sentido común.
Se define como “nueva”, por lo tanto patentable, a aquella variedad que no haya sido comercializada con anterioridad, sin
embargo el acto histórico de intercambiar semillas no supone comercio, por lo tanto gran parte de estas especies, que son
centenares en el país, quedarán peligrosamente disponibles. El antecedente de uso histórico debe ser incorporado
urgentemente como argumento de la preexistencia y no apropiación de las variedades.
Es de una gran inconsecuencia que el Estado invierta más en el estudio y difusión de especies vegetales de propiedad
privada, que en el reconocimiento y la protección de su propio patrimonio, que constituye la base de su seguridad
alimentaria, lo cual debiese tener una urgencia absolutamente mayor que la aprobación de una ley que solo asegura el
derecho y el negocio de privados. Las variedades locales no han sido catastradas.
Con o sin la nueva ley, las empresas seguirán con su rentable negocio de semillas mejoradas, seguirán apostando a tener el
control del 100% del mercado de la semilla en el país. Sin embargo, si esta ley se aprueba, las consecuencias para la
pequeña agricultura serán devastadoras, trayendo pobreza, migración y una pérdida incalculable de una biodiversidad que
hoy desconocemos. Y por favor, luego de leer esto NO DIGA QUE NADIE SE LO DIJO.
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