LA TRANSMISON DE DERECHOS
EN EL DERECHO DE AUTOR
(Actos Inter Vivos)
Introducción
La transmisión de los derechos del autor representa un problema cuyo estudio reviste
gran importancia. Esta importancia se manifiesta en dos momentos sucesivos bien definidos.
En un primer momento, cuando el autor pretende entregar la obra a su explotación y
comunicarla al público. En un segundo momento, cuando se produce el deceso del autor.
En el primer supuesto, el autor busca concluir contratos con profesionales dedicados a
la explotación de las obras del espíritu. Este es el problema que se vincula a la transmisión de
derechos por actos entre vivos.
La conducta del autor en cuanto a la transmisión de sus derechos exclusivos, de su
monopolio de explotación debe ser cuidadosamente guiada por el Derecho. La Propiedad
Literaria y Artística busca que la cesión que realiza el autor sobre su creación no le
proporcione una lesión a su patrimonio. De esta forma, el Derecho Común de los contratos se
ve modificado por éste cuidado de garantizar el pleno goce de los derechos de aquel que se
libra a la tarea creativa.
Es en virtud de esta filosofía que la legislación especial de Derecho de Autor se
orienta, reconociendo la existencia de contratos de adhesión y de cláusulas abusivas,
sancionándolas con la nulidad. Frente a esta realidad, esta disciplina concibe que los creadores
sean protegidos, su consentimiento cuidadosamente sopesado y sus derechos seriamente
respetados, esta orientación responde directamente a la evolución histórica de la materia1
La principal razón que influye en la modificación del régimen general de contratación
del Derecho Común ha sido el reconocimiento del casi imperial “derecho moral del autor”.
Este cambio de reglas se manifiesta a través de medidas tendientes a extender la protección del
autor, frecuentemente mal informado o descuidado de sus derechos, contra la habilidad
práctica, y a veces excesiva, de ciertos explotantes.2
1
Para una visión más completa de la evolución histórica del Derecho de Autor, ver CORBETTI, Ariel I. El
Derecho de Autor, “Los Principios Generales de la Propiedad Intelectual”, Editorial Portobelo, Libería El
Campus, P.F. 57, Panamá, 1997, p. 1 y s.
2
LE TARNEC, Alain. “Manuel de la Propriété Littéraire et Artistique”, 2a. edición, Dalloz, 1966, Nº98 y s.
Una situación diferente se presenta en la segunda hipótesis, cuando la transmisión
de derechos ocurre como consecuencia de la muerte del autor. La Ley 15 de 8 de agosto de
1994, en lo sucesivo, Ley 15/94, no contiene en su normativa un régimen especial de
transmisión de los derechos de autor por causa de muerte. Por el contrario, expresamente el
artículo 42 de la Ley nos remite al Código civil y a sus reglas sucesorales.
La Ley 15/94 se limita a establecernos reglas generales que gobiernan los derechos
transmitidos y el término de duración de la transmisión efectuada a favor de los herederos
del autor. Esta delegación legislativa que ha adoptado el régimen especial del derecho de
autor aparentemente cumple dos finalidades. La primera es la de evitar un difícil, pero
necesario trabajo: el de establecer las reglas claras de la sucesión con relación a las
personas, lo cual se cumple con el recurso al Derecho Civil.
La segunda, la más importante, ha quedado, sin embargo, a medio camino entre el
desarrollo de las normas especiales y el régimen general del Derecho Común. Así tenemos
que la regulación de la sucesión en cuanto al derecho moral y al derecho patrimonial no ha
quedado del todo clara, igual como sucede en la determinación de la protección de los
derechos morales de una obra caída en el dominio público.
Cuando sobreviene el deceso del autor, los derechos del autor, en efecto, no
desaparecen. Esto es una consecuencia necesaria del derecho de propiedad sobre la obra.
Como el autor es propietario, dicho de otra forma, titular de los derechos que se derivan de
la creación de la obra, él está facultado por el ordenamiento jurídico para transmitir la
propiedad en su vida o en su muerte.
Por ello, parece justo que el autor pueda transmitir a sus herederos una fuente de
riqueza. Puesto que el sacrificio de elaborar una obra acompaña múltiples privaciones de
los que somos conscientes. Los causahabientes del autor deben poder explotar la obra, al
menos por un tiempo. La sobrevivencia de los derechos pecuniarios se encuentra, de esta
forma, claramente justificada.
Sin embargo, llevar a los extremos el razonamiento anterior sería establecer la
perpetuidad de los derechos pecuniarios, pero esta solución es generalmente rechazada,
reteniéndose la idea que el autor, una vez publicada la obra, ha decidido por esta vía que la
obra pase al conocimiento del público, por lo que debe esperar que esta caiga luego de
transcurrido cierto tiempo, en el dominio público, es decir, que su reproducción y su
representación puedan ser libremente realizadas.
Como el camino al dominio público es la publicación de la obra, la equidad nos
indica que es justo que el monopolio de explotación subsista durante un período
determinado a fin de permitir a los sucesores del autor de beneficiarse de los frutos de la
explotación de la obra creada por el causante. Este monopolio por concesión, si podemos
llamarlo de esta forma, llegará a su fin permitiendo que la obra pase al fondo común de la
cultura, al patrimonio común de la humanidad.
En palabras más o menos exactas:
“construir sobre las ideas es construir para la eternidad”.
Como consecuencia de esta exposición, deberemos estudiar la transmisión de los
derechos del autor cuando éstos se transmiten por actos realizados durante la vida del autor.
Los puntos relevantes que nacen del estudio del problema de la transmisión de los derechos
del autor los podemos considerar desde un ángulo cercano a la exposición del análisis
contractual clásico. Desde este punto de partida deberemos abordar las reglas de fondo y
luego las reglas de forma.
Así pues, analizaremos la transmisión de derechos desde el punto de vista contractual,
considerando Las Reglas que Gobiernan la Formación del Contrato (A), para luego llegar al
análisis de Las Reglas que Gobiernan el Contenido del Contrato (B).
A. Las Reglas Generales que Gobiernan la Formación del Contrato
El autor de una obra del espíritu no está obligado a difundirla.
Esta es una
consecuencia del deseo de beneficiarse de su explotación. Son los llamados contratos de
explotación del derecho de autor que llaman la atención singular de nuestro estudio. Puesto
que el autor es considerado como la parte más débil de la relación contractual, la orientación
general coincide en su protección.
Para hacer efectiva dicha protección, la Ley 15/94 ha establecido un dispositivo
jurídico destinado a tal fin. No obstante, la existencia de tal dispositivo no impide que a las
relaciones contractuales les sean aplicables las reglas de la contratación civil, atenuadas
principalmente en cuanto al efecto relativo de los contratos y a la fuerza obligatoria de los
mismos.
Así las cosas, deberemos iniciar con el estudio de Las Condiciones de Validez del
Contrato (1), para luego conocer las particularidades que rodean La Forma del Acto (2) como
parte del objeto contractual.
1.
Las Condiciones de Validez del Contrato
Es cierto aún en derecho de autor que el principio resta el consensualismo3. Los
contratos de explotación de los derechos de autor están sometidos a las reglas generales de
validez y existencia establecidas en el Código Civil, especialmente a los 1112 y siguientes.
Por esta razón, abordaremos el estudio de las reglas que gobiernan el consentimiento y la
capacidad (a), para seguir luego con las reglas aplicables al objeto y a la causa (b).
a.
El Consentimiento y la Capacidad
El autor puede ceder sus derechos sobre sus obras a fin que estas puedan ser
explotadas. Ahora, no todos los derechos del autor pueden ser cedidos a los explotantes o
cesionarios. Son, en especial, los derechos patrimoniales los que pueden sufrir la contratación
del autor.
Más específicamente, los derechos cedibles por el autor están enumerados en el
artículo 36 de la ley 15/94, estos son el derecho de comunicación pública (representación), el
de reproducción y el de distribución. Lamentablemente la definición del contenido de los
derechos patrimoniales del autor es vaga y confusa, interpretando al derecho de modificar la
obra como un derecho patrimonial y no como lo es su naturaleza: un derecho moral.
Como el autor está autorizado a ceder sus derechos de explotación de la obra, estamos
obligados a buscar las condiciones que harán válido un acuerdo en este sentido.
Es el consentimiento del autor y el estudio de su capacidad los que nos vinculan en un
primer intento. Estas condiciones de validez no fueron establecidas claramente en la Ley
15/94 sobre el Derecho de Autor. Sin embargo, podemos establecer frente a ciertas reglas
enunciadas en forma dispersa, los principios generales que conforman la protección deseada
sobre los creadores de obras literarias o artísticas.
3
GAUTIER, Pierre Yves. "Propriété Littéraire et Artistique", PUF, París, 1995, p. 302 y s.
No importando cual sea la capacidad jurídica del autor cuyas reglas del derecho común
les son aplicables, su consentimiento personal es requerido. El autor debe siempre dar su
consentimiento por escrito, salvo si él se encuentra en imposibilidad física.
El fundamento de esta exigencia se encuentra en la propia naturaleza de la propiedad
intelectual, la cual está dirigida a proteger la personalidad del autor a través de los derechos
morales de éste, lo cual equivale a decir que los contratos de propiedad intelectual son intuitu
personae, donde la calidad personal de los contratantes juega un papel determinante dentro de
la celebración de estos contratos4.
Así, el artículo 31 de la ley 15 de agosto de 1994 ha establecido que corresponde
"exclusivamente" al autor la facultad de resolver sobre la divulgación total o parcial de la
obra, para lo cual se hace necesario el consentimiento del autor. Toda vez que nada se
encuentra dicho sobre si el consentimiento personal del autor es requerido, debemos
auxiliarnos con las reglas generales del Código civil, las cuales permiten la figura del mandato
o de la representación (artículo 1110 del Código civil)
Debemos interpretar este artículo de acuerdo al objetivo social de la ley, la protección
del autor concuerda con la ley Nº 29 de 1º de febrero de 1996, la cual establece un régimen
general de protección frente a los profesionales o especialistas llamado derecho del consumo o
derecho de protección al consumidor5.
En consecuencia, tendremos que el autor tiene derecho a recibir una información clara
y precisa sobre el contenido del contrato, es decir, sobre los derechos y obligaciones de cada
una de las partes a fin que la emisión de su consentimiento sea dada en el mejor conocimiento
de causa y de efectos.
En el supuesto de las negociaciones entabladas, si las partes no llegasen a entenderse
sobre los elementos esenciales del contrato y salvo que sea probado que una de las partes ha
faltado a su obligación de "negociar de buena fe" y cometido culpa en el período
precontractual de las negociaciones, cada una de ellas partirá libremente por su lado no
viéndose ligadas por ningún contrato6.
4
Para VEGA VEGA, J.A. Op. cit. p. 141, el consentimiento personal del autor no es necesario en el Derecho
español, el mismo puede darse a través de la representación.
5
Ver VASQUEZ FERREYRA, Roberto A. y ROMERA, Oscar E. “Protección y defensa del
Consumidor”, Depalma, Buenos Aires, 1994
6
GAUTIER, P-Y. Op. cit., p. 306 y s.
Al contrario, a partir del momento donde el destinatario ha aceptado la oferta y que
aquella no contenía reservas, el contrato es perfecto por el simple intercambio de
consentimientos (Artículo 1109 del Código civil). En lo sucesivo, el policitante no podrá
intentar modificar los términos del acuerdo y cualquier modificación deberá pasar por un
acuerdo mutuo previo a la alteración planteada, lo cual tendría por ocasión la novación del
contrato por cambio en el objeto7.
Se hace necesario de realizar algunas precisiones en cuanto al objeto de los contratos
de explotación. Algunos principios esenciales en favor del autor han sido establecidos por la
ley.
b.
El Objeto y la Causa de las Obligaciones
De igual forma, la falta de precisión en materia de protección de los derechos de autor
se deja sentir en cuanto a las reglas que gobiernan el objeto y la causa de las obligaciones
nacidas de los contratos de explotación, régimen que como hemos dicho anteriormente
modifica sustancialmente la organización del Derecho Común de los contratos.
De acuerdo a las normas generales del Derecho Común de los contratos, el objeto debe
existir, debe ser posible y determinado o al menos determinable y la causa debe existir y ser
lícita8. Esta regla es aplicable de igual manera a la causa de los contratos en derecho de autor.
Ambos, tanto el objeto como la causa deben existir, esto es, las obligaciones recíprocas de las
partes (contratos sinalagmáticos) deben ser identificadas claramente.
Es necesario recordar que en materia de la Teoría general de la Causa, la Teoría
tradicional la ha definido como el equivalente o la contraprestación esperada. En los contratos
sinalagmáticos, la causa de la obligación de cada una de las partes es el compromiso tomado
por su cocontratante. En estos contratos, hay ausencia de causa cuando una de las partes se
obliga si contrapartida verdadera9. Efectivamente, como en los contratos del Derecho Común,
la Ausencia de Causa o la Causa Ilícita permiten la anulación del contrato.
7
8
Ibidem
Sobre la Teoría del Objeto y de la Causa recomendamos la lectura del desarrollo de dichos conceptos
realizados por el profesor GHESTIN, Jacques."Traité de Droit Civil" (La Formation du Contrat), L.G.D.J., 3ª
edición, París, 1993, p. 658 y s. y p. 821 y s.
9
GHESTIN, J. Op. cit., Nº 841 y s.
No pretendemos revisar aquí toda la teoría que existe al respecto de la noción de causa
de las obligaciones, por lo que remitimos su estudio a las obras sobre la materia. Retendremos
entonces el estudio sobre el objeto de la obligación, cuyas particularidades en materia de
Propiedad Artística y Literaria, obligan a su análisis.
El Objeto de las obligaciones nacidas de los convenios en materia de Derecho de Autor
es aquello a lo cual se obliga el deudor, es decir, la prestación prometida que varía según la
voluntad de las partes que fijan el contenido del acuerdo. La prestación consiste en un dar, un
hacer o un no hacer (Artículo 973 del Código civil).
En cuanto al objeto material que compone este dar, hacer o no hacer -esto es la
prestación prometida- el mismo es regulado en términos generales a partir del artículo 1122
del Código civil estableciendo como principio que pueden ser objeto de contrato, todas las
cosas que no están fuera del comercio.
En materia de Derecho de Autor, el objeto de los contratos de explotación posee ciertas
particularidades. Convendrá entonces analizar algunos principios generales que gobiernan el
objeto de las obligaciones nacidas del contrato y luego la remuneración percibida por el autor.
2.
La Forma del Acto
Los contratos relativos a la explotación de los derechos de autor no derogan ni al
principio del consensualismo, ni a las reglas ordinarias de prueba contenidas en el Código
civil.
Cabe puntualizar que la ley 15 de agosto de 1996, la cual pudiéramos llamar el Código
de la Propiedad Artística y Literaria, con un objetivo de protección del autor exige un mínimo
de formalidad, esto significa que un escrito deberá ser redactado (a.), conteniendo un mínimo
de información sobre el alcance de las obligaciones y los derechos de las partes (b.).
a
Exigencia de un Escrito
El artículo 62 de la ley 15 establece expresamente que los contratos de cesión, es decir,
los acuerdos de explotación, de derechos patrimoniales y los de licencia de uso han de constar
en forma escrita.
El principio general, por el cual un escrito es exigido, es aplicable a todos los contratos
de explotación de los derechos de autor. Esta norma impone ésta obligación a todos los
contratos donde participe un autor, puesto que la misma es parte del Capítulo I de la Ley 15 de
agosto de 1994 que trata de las disposiciones generales sobre la transmisión de los derechos
patrimoniales del autor.
Este artículo 62 viene a suplir una necesidad en favor de los tutelados por el régimen
de la ley al exigir un acto escrito que pueda servir al mismo tiempo de solemnidad y de medio
probatorio, principio que se refleja en cada uno de los capítulos de la ley que trata de los
diferentes contratos de explotación.
Sin embargo, a falta de una sanción expresa de la ley por la no redacción de un acto
escrito, hay que concluir que no será el editor o el empresario de espectáculos quienes a falta
de una sanción expresa podrán eludir la redacción de un escrito conteniendo las estipulaciones
del contrato, puesto que son ellos los principales deudores de ésta obligación10.
En todo caso la ambigüedad será interpretada en favor del autor, puesto que se trata de
la protección de sus derechos frente a aquellos que puedan obtener provecho de su creación
intelectual, siendo sancionado a través de la teoría del abuso de situación como ramificación
de la responsabilidad civil por culpa11.
Ahora bien, cabe preguntarse, a título de qué es exigido el escrito, si el mismo
corresponde a una exigencia de prueba (ad probationem) o si el mismo acompaña el
resurgimiento del formalismo a través de la imposición de alguna solemnidad (ad
solemnitatem) que hace parte de las condiciones de validez y existencia de los actos jurídicos.
El artículo 62 no es claro en la materia, el mismo ha sido redactado en forma
imperativa utilizando el verbo "deber" en el presente del indicativo, lo cual nos lleva a pensar
primeramente que se trata de una condición esencial para el contrato.
En España12 y en Francia13 el escrito es exigido a título de prueba en favor del autor,
siendo que a falta de prueba éste podrá realizarla por todos los medios. En Panamá, el
principio no es claro. La tarea de establecer si el escrito es o no exigido como una condición
10
El artículo 1107 del Código civil, en plena concordancia con el artículo 1000 del mismo, prohiben dejar al
arbitrio de alguno de los contratantes, la validez o el cumplimiento de las obligaciones (nulidad de las
obligaciones puramente potestativas).
11
STARCK, Boris. “Obligations - Responsabilité Délictuelle”, Litec, cuarta edición, París, 1991, Nº 329 y s.
12
VALPUESTA FERNANDEZ, María R. y otros. "Derecho de Obligaciones y Contratos", Tirant lo Blanch,
Valencia, 1994, p. 775 y s.
13
COLOMBET, Cl. Op. cit. Nº 317 y s.
de prueba o de validez será parte de las labores de la jurisprudencia que deberá pronunciarse al
respecto a fin de deslindar este punto obscuro.
Consideramos que envista que el objetivo de la ley es la protección del autor, el cual, a
su vez, es una persona civil no comerciante, por lo que se debe descartar la aplicación del
régimen general de pruebas establecido para los actos realizados entre comerciantes, para
establecerse un régimen mixto concordante con la doctrina, la legislación y la jurisprudencia
internacional, en el cual el autor pueda valerse de cualquier medio de prueba contra los
comerciantes e imponiendo, al mismo tiempo, la obligación para los comerciantes de aportar
la prueba escrita del acto concluido con los creadores intelectuales.14
Cabe señalar que el Decreto Nº 261 del Ministerio de Educación determina en su
artículo 17, que para los efectos de los artículos 41 y 62 de la ley 15, se considerará ilícita toda
utilización no autorizada de una obra que se efectúe fuera de los límites previstos en la ley, o
que se realice sin el consentimiento escrito del autor o de sus derechohabientes.
En
consecuencia, tenemos que el autor puede usar su derecho de demandar la nulidad toda vez
que la autorización dada no reúna los requisitos mínimos establecidos en la ley, siempre que
no exista abuso de su derecho.
Aún así, consideramos que la orientación está dada por el ánimo de protección, por lo
cual la inexistencia de un escrito debiera ser interpretada como el incumplimiento de una
formalidad exigida a título de prueba y no como una solemnidad sancionada con la nulidad del
acto (la cual debiera ser en todo caso relativa y no absoluta, nulidad relativa15 basada en el
orden público de protección), lo que significa que el legislador no quiso instituir el
incumplimiento de éste escrito en una nulidad absoluta. La falta de un escrito obligará a aquel
que se piensa acreedor a probar no solamente la existencia del contrato, sino su contenido.
El problema de la sanción por el incumplimiento de la forma o de la solemnidad posee
importantes consecuencias, puesto que de ello dependerá la titularidad de la persona que puede
demandar el acto. Si el acto atacado de nulo es confirmable y si ha existido perjuicio, la
persona que deberá soportarlos y, por último, el problema de las restituciones mutuas.
14
15
s.
BENABENT, A. Op. cit., Nº 118 y s.
BENABENT, Alain. “Droit Civil - Les Obligations”, Montchrestien,cuarta edición, París, 1994, Nº 207 y
Por otro lado, es necesario que el contrato conste por escrito, pero además, es necesario
que el mismo contenga un mínimo de información sobre las obligaciones de las partes en el
contrato.
b.
Menciones Obligatorias en el Contrato
El fin de proteger los derechos del autor se expresa a través de un formalismo protector
que apunta al cuidado de obtener de aquel un consentimiento reflexionado sobre las cláusulas
de los contratos pasados por él.
Las cesiones y autorizaciones llaman a una interpretación restrictiva en cuanto a los
derechos y en cuanto a las obras. Así, la transmisión de derechos cedidos debe ser el objeto
de una mención distinta en el acto de cesión, la remuneración y el dominio de explotación de
los derechos cedidos debe estar delimitado en cuanto a su extensión, en cuanto al lugar de
explotación, y en cuanto a su duración.
El objeto de estas exigencias es el de evitar que el autor se encuentre ligado por una
convención imprecisa o ambigua y también que puedan nacer una serie de litigios
injustificados resultantes de la imprecisión y de la duda.
La ley 15/94 lo ha entendido así en su artículo 36, el cual establece que los derechos
patrimoniales y sus respectivas modalidades son independientes entre si. De igual forma el
artículo 55 establece en el párrafo segundo que la cesión de derechos patrimoniales para su
explotación se limita al derecho o derechos cedidos, a las modalidades de explotación
expresamente previstas en el contrato, incluyendo al término de duración y al espacio
territorial de explotación.
Cada uno de los derechos cedidos y sus modalidades deben estar expresamente
determinados en el escrito del contrato, de esta forma se impide la existencia de contratos
generales que confieran al explotante, derechos ilimitados sobre los trabajos del autor.
Los contratos vistos por la ley, en forma especial, son el contrato de edición, de
representación y el de producción fonográfica.
La ley establece que estas normas son
aplicables también a los contratos de edición de obras musicales, a los contratos de
representación pública cualquiera que sea su forma, a los contratos de reproducción de obras
literarias ya sea que se utilicen como texto complementario de una obra musical, como
declamación o como lectura para su fijación en un fonograma (casette o disquette), que tengan
como fin la reproducción y venta.
B. Las Reglas que Gobiernan el Contenido del Contrato
El Derecho de autor ha establecido una serie de reglas protectoras del autor,
dispuestas en forma de principios. Estos principios gobiernan la interpretación del contrato
(1) y la forma del acto (2).
1.
La Interpretación del Contrato
En cuanto a la interpretación del contrato, tres son los principios fundamentales
reconocidos en la Ley 15/94: El Principio de Interpretación Restrictiva de las Cesiones (a),
el Principio de La Nulidad de la Cesión Global de Obras Futuras (b), y el Principio de la
Separación entre la Cesión de la Obra de su Soporte Material (c).
a.
El Principio de Interpretación Restrictiva del Contenido de los
Contratos16
De este principio resultan dos consecuencias: La primera hace referencia a la cesión o
venta del objeto que contiene la obra. Cuando el autor cede una obra de arte, el comprador no
está investido, del hecho de la compra, de ninguno de los derechos previstos por la ley 15 de
agosto de 1994. Estos derechos le son atados de suerte que el autor continuará a ejercer su
derecho de reproducción17.
La segunda, guarda relación a la cantidad de derechos cedidos en un contrato de
explotación. En efecto, si los derechos de reproducción y de representación son cedibles a
El artículo 20 del Decreto Ejecutivo No. 261 del 3 de octubre de 1995 dispone que “salo pacto en contrario,
los efectos de la cesión de derechos patrimoniales, conforme el artículo 55 de la Ley, se limitan a los modos
de explotación previstos específicamente en el contrato y al plazo y ámbito territorial pactados.” El párrafo
segundo de éste artículo introduce una nueva precisión en la materia cuando expresa que “de no indicarse
explícitamente y de modo concreto la modalidad de utilización objeto de la cesión, ésta quedará limitada a
aquella que se deduzca necesariamente del propio contrato y sea indispensable para cumplir la modalidad el
mismo.”
17
COLOMBET, Cl. Op. cit Nº 296. Ver igualmente el artículo 1º y 26 de la ley 15 de agosto de 1994 y artículo
4o. del Decreto Ejecutivo 261 de 3 de octubre de 1995 los cuales establecen que los derechos del autor son
independientes del soporte material que contiene la obra, cuya enajenación no significa cesión alguna en favor del
adquiriente.
16
título oneroso, la cesión de alguno de ellos no importa la cesión del otro18; el empresario de
espectáculos que ha adquirido los derechos de representar la pieza no puede editarla, igual que
un editor que ha pasado con el autor un contrato de edición de poemas no podrá por el mismo
acto, consentir a que dichos poemas sean leídos en público19.
En este sentido, por vías de la protección, se entiende que un contrato de edición no
comprende autorización de adaptación, ni de traducción sin el acuerdo previo del autor20.
De igual forma, el acuerdo dado por el autor para un modo de difusión, no vale para
los otros modos de explotación, siendo necesario un acuerdo expreso21. La ley 15 de 1994
expresamente asume esta posición en su artículo 62 en su párrafo segundo, consagrando de
esta forma un principio básico de protección a los derechos de los creadores intelectuales.
Este principio ha sido claramente consagrado tanta por la doctrina como por la
Jurisprudencia. Así podemos citar, por ejemplo la Sentencia de la Corte de Casación francesa,
de la 1a. Civil del 28 de diciembre de 1979 la cual examinando el negocio judicial presentado
por un diseñador que había confeccionado un logo o emblema en favor de ciertas compañías
las que lo habían utilizado para fines publicitarios a partir de una transacción concluida al
primer momento, estimó casando la decisión de los jueces del fondo que habían rechazado la
demanda por estimar que la transacción concluida autorizaba la utilización del emblema para
la publicidad lo cual implicaba necesariamente su aparición por televisión, que “la transacción
comportaba cierto cesión del derecho de reproducción bajo todas sus formas, pero ella no
contenía ninguna cesión del derecho de representación de aquel, igual para fines publicitarios.
Ahora bien, la difusión por televisión corresponde al ejercicio del derecho de representación.
La Corte Suprema considera entonces que los jueces del fondo han violado el principio de
interpretación estricta de las cesiones…”22
18
JOSSELIN-GALL, M. Op..cit. No. 216 y s. señala que cuando las partes han determinado la extensión de
la cesión, se trata de apreciar en qué medida una modalidad de explotación no expresamente cedida está
incluida en la convención. El principio de especialidad ordena entonces que hay que considerar que todo
aquello que no está expresamente cedido por el autor ha sido retenido por él. De igual forma señala, a manera
de ilustración, que éste principio lo podemos encontrar en el artículo 37 de la ley alemana, en el artículo 43
línea 1, 48 y 50-1 de la ley española y en el artículo 30 de la ley francesa.
19
COLOMBET, Cl. Op. cit. Nº 297. Ver artículo 36 de la ley 15 establece que cada uno de los derechos
patrimoniales es independiente entre sí, así como sus respectivas modalidades.
20
Ver el artículo 37 de la ley 15 de agosto de 1994.
21
SIRINELLI, Pierre. Op. cit., p. 102
22
Revue Trimestrielle de Droit Comercial 1980, II Propriétés Incorporelles, Propriété Littéraire et Artistique
por André Françon, p. 80 y s.
Es interesante resaltar las conclusiones del profesor A. Françon cuando expresa que
lo que se encuentra en causa aquí es la independencia de los derechos de representación en
relación al derecho de reproducción en materia de alienación de los derechos pecuniarios:
la cesión del derecho de reproducción no comporta aquella del derecho de representación.23
b.
El Principio de Nulidad de Cesiones Globales de Obras Futuras
La cesión de los derechos de explotación de una obra pueden darse por dos vías
alternas, la primera recaería sobre los derechos de explotación y la segunda sobre las obras
mismas, las cuales podrían ser determinadas con claridad, identificadas por su género o
completamente indeterminadas e incluso indeterminables.
La hipótesis de cesión global de los derechos de explotación sobre las obras futuras de
un autor se refiere básicamente al acto jurídico por el cual el autor cede sus derechos de
explotación sobre toda su producción futura.
Esta cesión indefinida e ilimitada es declarada nula tanto en legislaciones como la
española como en la francesa24 fundados en que una persona no puede verse ligada a otra
indefinidamente sin posibilidad de ruptura. Sin embargo, los contratos sobre obras futuras son
perfectamente válidos en el Derecho alemán, donde se exige, por un lado, que el contrato
conste por escrito el cual puede ser denunciado durante el término de 5 años, teniendo en
cuenta que éste derecho no es renunciable. El autor goza, entonces, de un derecho unilateral
de resiliación del contrato.
Por su parte, los países del copyright ninguna disposición
legislativa puede mencionarse en la materia.25
A partir de nuestra ley 15 de 1994 la cesión de global de obras futuras es nula. El autor
podría encontrarse "abusivamente" ligado por una cesión de esta naturaleza.
Debemos entender por cesión global de obras futuras, aquellas cesiones de derechos realizadas
sobre dos o más obras o sobre la producción indefinida del autor. Esta prohibición tiene por
objeto de impedir que los editores o empresarios de espectáculos se beneficien abusivamente
de las necesidades de los autores para comprometerlos indefinidamente.
23
FRANÇON, A. Propriété Littéraire et Artistique en Revue Trimestrielle de Droit Comercial 1980, II
Propriétés Incorporelles, p. 81.
Ver artículo 43 d ela ley española: “es nula la cesión de los derechos de explotación relativos al conjunto
de obras que el autor pueda crear en el futuro” y la ley francesa que expresa: “la cession globale des oeuvres
futures est nulle”
25
JOSSELIN-GALL, M. Op..cit. No. 188 y s.
24
Efectivamente, el autor considerado como la parte más débil en la contratación26, se
encuentra beneficiado por un principio general de orden público que establece una prohibición
a la enajenación futura de todas las obras producidas o creadas por el autor.
El artículo 56 de la ley 15 de agosto de 1994 es claro en este sentido, incorporando a su
redacción una prohibición adicional referente a la nulidad del pacto por el cual el autor se
comprometiera a no crear obra alguna en el futuro.
Ciertamente, este principio que pareciera ser en exceso riguroso, debe encontrar
algunas atenuantes, en especial en cuanto al Contrato de Edición, cuyas normas pueden ser
aplicadas en términos generales a los demás contratos de explotación.
Como medida destinada a conciliar los intereses legítimos, pero contrarios de las
partes. La aplicación brutal a la materia de la edición del principio de la nulidad de la cesión
global de obras futuras no haría cuenta de las realidades, ni de la justicia ni de la equidad.
Cuando en efecto el editor acepta publicar la primera obra de un autor, él asume un riesgo, es
una empresa una inversión.
Es equitativo, por tanto, el disminuir el riesgo enfrentado por el
editor a través de la amortización de las condiciones, bajo el respeto a los derechos del autor.
De esta forma, a pesar que la ley 15 de agosto de 1994 no lo disponga expresamente lo
cual constituye una de las lagunas más importantes en la ley, ha sido reconocido generalmente
en la doctrina y en las legislaciones extranjeras que el editor puede beneficiarse no de una
cesión, sino de un "pacto de preferencia" para la edición de sus obras futuras, el cual debe
estar sometido a reglas rigurosas en su aplicación. Otra posibilidad puede ser la de eliminar
este principio estableciendo, en contrapartida, el derecho de resiliación unilateral, tal como lo
hace la legislación alemana, lo cual consideramos de efectos aún más perversos.
Así tenemos que nuestra recomendación sería la de establecer legislativamente éste
pacto el cual debe recaer sobre las obras del género expresamente mencionado en el contrato.
De igual forma, este pacto de preferencia debe estar limitado a un cierto número de
obras o a un término específico de vigencia, los cuales no pueden ser abusivos lo que
significaría un atentado contra los derechos reconocidos en la ley en favor del autor.
26
GHESTIN, Jacques et FONTAINE, Marcel.
Contractuels", L.G.D.J., Paris, 1996
"La Protection de la Partie Faible dans les Rapports
De esta forma tenemos que el editor beneficiado por la preferencia debe hacer conocer
al autor por escrito su aceptación, pasado un cierto plazo, sin que se haya recibido su respuesta
afirmativa, el mismo pierde su preferencia y, en consecuencia, el autor queda liberado.
En caso de un rechazo sucesivo por parte del editor de un máximo de dos obras, se
debe pensar que el autor queda liberado de toda la obligación nacida producto del pacto de
preferencia. En caso de aceptación y Del ejercicio por el editor de su derecho de preferencia,
las partes deben acudir a la conclusión del nuevo contrato, siendo cada contrato sobre cada
obra distintos unos de los otros.
c.
Principio de la Separación entre la Cesión de la Obra de su Soporte Material
La regla es que la propiedad incorporal sobre la obra es independiente de la
propiedad del objeto material. El soporte material es indiferente y no puede dar lugar a
ningún derecho de autor.
El propietario del soporte ejerce sobre este todas las facultades reconocidas por el
Derecho Común al propietario de un objeto corporal, pero ningún derecho de propiedad
intelectual. En sentencia de la Corte de Casación francesa del 20 de diciembre de 1966 se
reconoció formalmente este principio: “El derecho de autor tiene un fundamento y un
objeto diferente de aquellos de la propiedad misma de la cosa”27.
Poco importa que la adquisición haya sido a título oneroso o a título gratuito. La
propiedad del soporte material no conlleva la propiedad de la obra. De esta forma, tenemos
que el comprador de una casa no está autorizado a reproducir por vía fotográfica la fachada
o los planos, o bien la utilización no autorizada por el autor de un mueble para fines
publicitarios excede los derechos patrimoniales del simple adquirente del soporte material,
como la donación de una obra de arte que no conlleva ningún derecho de explotación.
La teoría que dirige y orienta la legislación del Derecho de Autor, tanto a nivel
nacional, como en el Derecho Comparado, es casi unánime en coincidir en la distinción
entre el “corpus misticum” entendido como la obra en sí, la idea realizada y expresada
27
LUCAS, A. y otros.
Op. Cit., N° 222 y ss.
objeto del derecho de autor y el “corpus mechanicum” que corresponde al bien material
donde la obra se exterioriza o materializa28.
Este principio se deriva de una constatación sencilla: en todo soporte de una obra, la
obra continúa siendo la misma obra, con independencia de la cantidad de ejemplares que
exista.
Así, podremos observar que sobre una canción o sobre una obra audiovisual
encontraremos un número indeterminado de copias (casettes, cd, dvdd, etc.) de la misma
canción o de la misma obra audiovisual, siendo el elemento común de todas las formas
materiales, la obra en si.
Esto hace que los actos celebrados por el propietario del soporte material sin la
debida autorización del autor sean contrarios a la ley y produzcan la violación de los
derechos del autor. Este principio ha sido admitida en la Ley 15/94 en el artículo 1, párrafo
segundo y en el artículo 26, párrafo segundo.
2.
La Remuneración del Autor
La Propiedad Literaria y Artística entiende que es necesario fortalecer la protección del
autor cuando éste se compromete dentro de una relación contractual. Tales medidas de
protección tienden a hacer más eficaz la cobertura del riesgo asumido por el autor dentro de la
relación contractual, regulando al mismo tiempo la forma de la remuneración a percibir por el
autor (a.), y, por otro lado, estableciendo ciertos privilegios del autor (b.).
a.
La Forma de la Remuneración
La contrapartida de la cesión por parte del autor es el precio, es decir, la remuneración
percibida por el autor producto de los contratos de explotación concluidos sobre su obra.
En todos los contratos sinalagmáticos, la causa de una obligación es la obligación de la
contraparte. De esta forma, la remuneración del autor aparece como un efecto natural de su
actividad creadora dada en explotación.
El artículo 59 de la ley 15 de agosto de 1994 establece que la remuneración por la
cesión, la cual se presume siempre onerosa, debe ser pactada entre las partes y de acuerdo al
ANTEQUERA PARILLI, Ricardo. “Derecho de Autor”, Tomo I, 2ª edición, Editorial Venezolana C.A.,
Caracas, 1998, p. 137 y ss.
28
artículo 64 de la misma ley, la cláusula del contrato que versa sobre la remuneración del autor
es esencial al contrato.
Por consiguiente, en base al derecho común de los contratos, si la remuneración del
autor no se encuentra establecida en el contrato, éste acto jurídico es anulable por falta de uno
de los elementos esenciales: la determinación del precio, es decir, por falta de objeto o de
causa, de acuerdo a los artículos 1112 y siguientes del Código civil.
El principio general y básico señalado en la ley es que el autor debe beneficiarse de
una cuota-parte de las recetas producto bruto de la venta o explotación del objeto material
sobre el cual se concretiza la obra, es decir del beneficio adquirido por el ejercicio del derecho
de reproducción o del derecho de representación.
En caso en que las partes no establezcan otra cosa, se entiende que ellas han convenido
que la remuneración del autor será del mínimo del veinte por ciento (20%) del precio por
ejemplar vendido al público29.
En el caso de los contratos de producción audiovisual y de representación y de
ejecución de obras musicales, donde la ley no ha establecido un principio básico de
remuneración, definido tal y como es el caso del contrato de edición, debe entenderse aplicado
el artículo 59 y, en defecto de determinación expresa y por analogía el artículo 65 numeral 6º
de la ley 15 de agosto de 1994 será aplicable30.
Sin embargo, hay casos en que por su naturaleza se hace necesario el acuerdo expreso
de una remuneración global o fija entre las partes, en vista que se dificulta la puesta en marcha
de un mecanismo de participación proporcional, sea en razón de las dificultades en la
determinación de los elementos del cálculo, sea por cualquier otra razón.
Es por ello que el legislador ha abierto el parámetro positivo de permitir el pacto de
una remuneración fija o global. Así, por ejemplo, tenemos que el numeral 5º del artículo 66
que se encuentra dentro del capítulo que trata sobre el contrato de edición, establece que si se
29
Ver artículo 65 numeral 6 de la ley 15 de agosto de 1994. El Derecho Colombiano establece una remuneración
del 60% del total recaudado. El Derecho francés y español no establecen límites mínimos legales. Sin embargo,
en el caso del Derecho español se dice que si no se pacta la remuneración, se entenderá que el contrato es a título
gratuito, pero si otra cosa se desprende de dicho contrato, éste será nulo por falta de causa, ver artículos 46,1. y
artículo 1274 del Código civil español).
30
El artículo 22 del Decreto Nº 261 de 3 de octubre de 1995 por la cual se reglamenta la ley 15 de agosto de 1994
establece en forma general que en ausencia de voluntad expresa se entenderá aplicable el sistema de remuneración
proporcional al cedente. Este artículo redactado en forma amplia y establecido en términos de disposiciones
generales y que reglamenta el artículo 59 de las disposiciones pertenecientes al Capítulo I del Título VII sobre
transmisión de los derechos, trata de normas generales las cuales son aplicables a todos los contratos de
explotación de los derechos de autor, lo cual confirma la posición antes planteada.
hubiese pactado la remuneración fija en contrapartida de la cesión realizada por el autor en
favor del editor, ésta deberá ser pagada a partir del momento en que los ejemplares estén
disponibles para su venta y distribución. La remuneración del autor se encuentra de este
hecho, limitada a una suma fija y definitiva, normalmente independiente del éxito de la obra.
La ley sobre la propiedad artística y literaria ha entendido dar una mayor libertad para
establecer los pactos necesarios a fin de arribar a la explotación de las obras, al mismo tiempo
que entiende establecer reglas supletorias de la voluntad contractual.
A este respecto,
consideramos que la materia de protección a los derechos de autor aún modifican los
principios generales del Derecho civil
Nuestra ley de propiedad artística y literaria no prevé los casos en que por lesión
causada al autor, la fijación de una remuneración global o fija pueda ser revisada. De igual
forma, las deficiencias en la protección al autor se encuentran al no establecerse los límites
específicos en los cuales una remuneración fija sería aceptable.
La ley ignora que respecto del autor siempre la remuneración proporcional será más
efectiva. Además, nuestro derecho común de las obligaciones no reconoce directamente la
existencia de la rescisión del contrato por "lesión", por consiguiente, la revisión del contrato
no puede hacerse valer, si no a partir de la prueba de la culpa del cocontratante, ya sea en base
al abuso de situación dado en base a la superioridad económica de una de las partes sobre la
otra como sucede en la protección al consumidor.
b.
Los Privilegios del Autor
Estos privilegios están dados en forma de garantías establecidas a favor del autor..
Estas garantías recaen principalmente sobre el pago del autor (b.1) y de la inembargabilidad
parcial del producto de las sumas ganadas en concepto de explotación de su derecho
patrimonial (b.2)
Garantías de Pago
En el Derecho comparado podremos encontrar como norma general que los creadores
son acreedores privilegiados de sus cocontratantes, editores, casas productoras, etc..
Así tenemos que en Francia, el artículo 131-8 del Código de la Propiedad Intelectual,
dispone que los autores son beneficiados por el privilegio establecido en el numeral 4º del
artículo 2101 del Código napoleónico, en donde aquellos tienen un crédito de 4º grado en
contra de los bienes muebles del cocontratante del autor y, en virtud del artículo 2104 ordinal
2º que establece un privilegio que recae sobre los bienes inmuebles.
asimilados al mismo nivel que los trabajadores o asalariados.
El
Los autores son
privilegio
así
establecido se encuentra limitado a las deudas existentes en los tres años anteriores31. Esta
regla la encontramos también en el Derecho español (artículos 53,2 y 54 de la LPI.).
En Panamá, por el contrario, la ley 15 de agosto de 1994 ha guardado silencio al
respecto, por lo cual se entiende que los autores no tiene ningún privilegio especial sobre los
bienes muebles o inmuebles de sus cocontratantes y, en caso de concurso, los autores deberán
ingresar en principio a la masa del concurso en calidad de acreedores comunes.
Sin embargo, el Decreto Nº 261 de 3 de octubre de 1995 del Ministerio de Educación,
en su artículo 15 establece que se concede a los ingresos obtenidos por la explotación de la
obra, los mismos privilegios consagrados en las leyes. Lo anterior significa que frente a un
concurso de acreedores, quiebra o liquidación del empleador, le serán aplicables a la
remuneración del autor, las normas que reglamentan el salario (ver el artículo 1662, numeral
2.d. del Código civil).
En consecuencia, el autor gozará de un derecho preferente o de prelación sobre
cualquier otro crédito incluyendo al estado y la Caja del Seguro Social, salvo los garantizados
con derechos reales sobre determinados bienes. Así, es aplicable los artículos 166 y 167 del
Código de Trabajo los cuales regulan la prelación de créditos existente en materia laboral en
favor del trabajador, lo cual es extensivo al autor, cocontratante del empresario, por mandato
de éste Derecho, del cual tenemos ciertas dudas sobre su constitucionalidad.
La inembargabilidad parcial del producto de la explotación del derecho patrimonial del
autor
Ahora bien, el legislador nacional ha decidido otorgar al autor la garantía que nadie
pueda ni secuestrar, ni embargar su derecho patrimonial. Efectivamente, nadie a parte del
31
COLOMBET, Cl. Op. cit. p. 225
autor mismo puede, a través de una acción de secuestro o de embargo (Proceso Ejecutivo en
contra del autor), apropiarse del derecho de reproducir, representar o de continuar la
explotación de los derechos patrimoniales del autor salvo en aquello que se tienen con el
carácter de frutos o ganancias derivados de la explotación, considerados como ingresos para
los fines de los privilegios otorgados por la ley.
Esto lo dispone claramente la frase inicial del segundo párrafo del artículo 36 de la ley
15, la cual expresa literalmente que: “el derecho patrimonial no es embargable...”. El objeto
de esta disposición es el de proteger al autor de sus propios acreedores.
Sin embargo, la
protección deseada en favor del autor pareciera no ser total. Así, la segunda parte del segundo
párrafo del artículo 36 de la ley 15 permite que los frutos derivados de la explotación sean
considerados como ingresos para los efectos de los privilegios que la ley establece. De esta
forma, dichos ingresos pueden ser secuestrados o embargados con arreglo a las disposiciones
del Código Judicial, teniéndose, por tanto, como una excepción a la inembargabilidad de los
derechos patrimoniales del autor.
La interpretación oficial de éste artículo se encuentra dada por el Decreto No. 261 de 3
de octubre de 1995, cuyo artículo 15 establece que “los ingresos derivados de la explotación
de la obra, gozan de la misma protección que se concede al salario, a los efectos de los
privilegios consagrados en las leyes.”
Efectivamente, como ya apuntáramos, en materia de los derechos patrimoniales la ley
15 establece una excepción a la inembargabilidad de los derechos patrimoniales del autor, en
cuanto a los ingresos obtenidos por la explotación de sus obras, los cuales siendo tomados en
razón de su naturaleza slarial, estos ingresos no podrán ser embargados sino a partir que se
garantice el monto mínimo tomado como salario mínimo según lo definido por la ley. De
acuerdo al Código Judicial sólo puede ser embargado el 15 % del excedente del salario
mínimo que el deudor gane con su empleo.32
En otras legislaciones, el producto de la explotación de la obra del autor tiene carácter
alimentario, las sumas debidas en razón de la explotación pecuniaria o de la cesión de los
derechos de propiedad literaria y artística, no son embargables si no a partir del mínimo
reconocido para su existencia y sus necesidades reales, siendo este mecanismo aún más
32
Ver artículo 1673 ord. 5o. del Código Judicial.
favorable para el autor a fin de determinar realmente el límite máximo de inembargabilidad de
los beneficios recibidos por sus obras.
Descargar

La Transmision de Derechos en el Derecho de Autor: Actos Inter Vivos

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