LA METODOLOGÍA POR PROYECTOS
EN LOS PROGRAMAS DE
DIVERSIFICACIÓN CURRICULAR
Nicolás Uriz Bidegain
ÍNDICE
1. ¿Por qué una metodología por proyectos en los programas
de Diversificación curricular?
2. ¿Qué es un proyecto?
3. Duración de un proyecto
4. ¿En qué consiste la realización de un proyecto?
5. ¿Cómo se evalúan los proyectos?
6. El aprendizaje cooperativo o colaborativo como forma
de trabajo en los proyectos
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1. ¿Por qué una metodología por proyectos en los programas de
Diversificación curricular?
Recordando lo apuntado en el apartado anterior, la referencia que se marca en los
programas de Diversificación curricular, son las capacidades recogidas en los objetivos
generales de la etapa y el desarrollo de competencias básicas. Para desarrollar las
competencias, es imprescindible el uso de conocimientos que hay que aplicar en la
resolución de problemas. Esta aplicación exige un contexto y necesariamente, un
proyecto de trabajo concreto. Así pues, la competencia implica la resolución de una
tarea, en una situación donde se aplica. Por ello es muy adecuado incorporar esta
metodología en las propuestas de enseñanza que se planteen.
2. ¿Qué es un proyecto?
En primer lugar, habrá que definir qué es un proyecto para poder identificarlos y
seleccionarlos dentro de propuestas de enseñanza concretas.
El concepto de proyecto en la Orden Foral que regula los programas de
Diversificación curricular no restringe la posibilidad de que, en cada uno de ellos, se
incorporen conocimientos de más de una materia, si bien, matiza en el Art.5.4 que
tendrá como referente el currículo de aquella materia que esté asociada a él. Esta
circunstancia abre posibilidades a los centros ya que, dentro de su autonomía
pedagógica, les permite adaptar la plantilla e instalaciones a su propia realidad. Así
pues, el proyecto se puede definir como la aplicación práctica del currículo, por el que, a
través de un plan motivador y próximo al alumno, se pueda acceder a la consecución de
las competencias básicas de la etapa. La clave del éxito se fundamenta en que las tareas
deben resolverse en condiciones reales, no simuladas, deben ser motivadoras para el
alumnado y próximas a su mundo. En el ejemplo “Cuenta una historia en imágenes” el
alumnado que lo realice va a desarrollar todas las competencias del currículo de
Educación Plástica y va a contribuir, al menos, en el aprendizaje de cinco de las ocho
competencias básicas de la Etapa. El proyecto que se adjunta con el nombre de
Presupuestos familiares, se adjudica al Departamento didáctico de Matemáticas,
desarrolla el currículo de esta materia, pero contribuye al desarrollo de otras cinco
competencias básicas del currículo. Lo mismo podemos decir del resto de las
ejemplificaciones que se presentan.
En la ejemplificación Cuéntame una historia, la materia se centra en el estudio de
la época del Descubrimiento de América, es decir, son contenidos de Ciencias Sociales,
pero se trabajan, también, contenidos de lengua, elaborando distintos tipos de textos.
Este es un ejemplo útil que abre posibilidades que cada centro utilizará en la medida de
sus necesidades. El centro podrá adjudicar este proyecto a cualquiera de los dos
departamentos didácticos, siempre que haya un profesor o profesora motivado para
llevarlo a cabo.
Enfocado de esta manera el concepto de proyecto, vemos que se puede adaptar
perfectamente a la realidad de cada centro.
Así pues, de manera sintética, cuatro son los principios que diferencian los
proyectos de otro tipo de propuestas didácticas:
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Son tareas a realizar con un fin específico.
Se realizan en colaboración con otros (exigen cooperación entre iguales).
Son reales, no prácticas simuladas.
Suponen motivación por la proximidad al mundo del alumnado.
3. Duración de un proyecto
No existe una duración prefijada para los proyectos y, lógicamente, dependerá de
las características de cada uno. Ahora bien, la experiencia de los años en que se ha
trabajado con esta metodología de proyectos, básicamente en la materia de Tecnología,
ha hecho que se llegue a la conclusión de que la duración de un proyecto tiene que ver
con la motivación del alumnado implicado. La focalización del interés del alumnado
por un tema tiene sus limitaciones y el éxito o fracaso de un proyecto puede ser debido a
la excesiva duración del mismo.
En las ejemplificaciones que se adjuntan, la temporalización ronda las ocho
semanas, que es tiempo que se ha experimentado como adecuado a cada proyecto. Esto
no quiere decir que existan proyectos que se puedan realizar en menos tiempo o en
más. De cualquier manera, también se pueden plantear proyectos para un curso
completo, pero como si fuera una macroestructura que diera coherencia a una serie de
ellos, diferentes, pero dirigidos a un fin común.
4. ¿En qué consiste la realización de un proyecto?
A la hora de programar un proyecto para trabajar con un grupo de alumnos y
alumnas se deben seguir las siguientes, fases:
1º. Decidir el tema o tarea:
El profesor o profesora responsable planteará a su alumnado un tema o tarea, para
cuya elección habrá tenido en cuenta los siguientes criterios:
a) Debe ser una tarea compleja, que permita y dé sentido al trabajo de las áreas
implicadas en el ámbito pero a la vez lo suficientemente concreta como para
posibilitar un plan de trabajo específico.
b) Debe resolver un problema real y sentido por los alumnos y alumnas del
grupo, en otras palabras, debe ser motivador y debe responder a sus
necesidades.
c) Tiene que ser participativo, es decir, debe abrir y dar sentido al trabajo en
grupo. Para ello, sus intereses se tienen que ver reflejados claramente. En
este sentido conviene recordar que el trabajo colaborativo o cooperativo es
consustancial al trabajo por proyectos. Más adelante se expondrán las
características de este trabajo cooperativo.
d) Se recogen todas las ideas, no se desecha ninguna. Todos tienen que sentir
que sus aportaciones se reflejan. Será el trabajo de análisis del grupo sobre
los temas planteados el que decidirá cuál es la tarea asumida por todos.
e) En consecuencia, el grupo deberá estar convencido al final que la tarea
decidida es lo que se compromete a realizar.
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2º. Realizar un plan de trabajo
Una vez explicado y asumido el tema y explicado claramente el qué, el por qué y
el para qué del proyecto, lo primero que deberá hacerse es comprobar la implicación de
todos y cada uno en el proyecto, su compromiso en la participación en todas las fases...
Se trata de lograr un sentido y compromiso de todo el grupo alrededor del proyecto.
Hecho esto, se pasa a elaborar el plan: Concretar objetivos, especificar los
productos a elaborar, tiempos, responsables, la forma de trabajo (individual, por parejas,
en tríos, en gran grupo...), adjudicando a cada una de estas formas de trabajo la tarea
concreta que se debe realizar.
En la asignación de tareas es importante que se respeten los intereses y preferencias
de cada uno de los miembros del grupo. Para facilitar estas tareas conviene utilizar
guías, parrillas, listados, que vayan organizando y orientando el trabajo. El uso de
modelos concretos que faciliten cómo hacer es muy indicado tanto para animar a la
participación como para tutorizar el trabajo de los miembros del grupo.
3º. Ejecutar el plan de trabajo
El grupo pasa a la acción, se trata de hacer, de poner en práctica el plan. Aquí es
muy importante el papel del profesor o profesora. Este es un mediador que colabora con
el grupo, facilita los materiales, aconseja en momentos concretos y observa cómo se da
la participación de todos y cada uno de los miembros. Teniendo en cuenta que en
muchos proyectos la fase de recogida de la información es muy importante, el papel del
profesor como referencia para, cómo consultar y cómo buscar es decisivo, pero teniendo
en cuenta que encontrar la información es tarea y responsabilidad de los alumnos.
Para valorar el desarrollo del plan, es útil que se lleve, por parte del profesor, una
guía o memoria en la que se vaya recogiendo el trabajo, las dificultades surgidas,
aquellas tareas en las que los alumnos se implican especialmente, la participación de
cada alumno y alumna… En definitiva, esto le debe permitir utilizarlo para reflexionar
sobre el proceso seguido y la adecuación del plan diseñado para el proyecto. Será lo que
se utilice para el análisis de la propuesta didáctica con todo el equipo docente. Así se
podrá conseguir la mejora progresiva de los siguientes proyectos de trabajo.
4º. Presentar el proyecto realizado
Esta última fase es muy importante. Hay que recordar que una de las características
que tienen los proyectos es utilizar experiencias o tareas reales, no simuladas. Por tanto,
el producto del proyecto tiene que ser algo funcional, algo que pueda ser explicado,
mostrado o comunicado a otros. Se pueden exponer públicamente de muy diferentes
maneras, bien en forma de presentación en PowerPoint, o explicando su funcionamiento
y utilidad, según el tipo de trabajo presentado.
Además, se debe tener que tener en cuenta que siempre se aprende mejor cuando se
tiene que dar cuenta ante otros de lo aprendido. Esta especie de rendición de cuentas, en
la que se explican los resultados, es una tarea especialmente relevante desde el punto de
vista del aprendizaje de los alumnos y alumnas. Explicando lo realizado y la forma en
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que lo han hecho, vuelven a reeditar todo el proceso seguido a la par que explican de
manera razonada los resultados de sus investigaciones, recogidas de información o las
soluciones que han encontrado para resolver la tarea propuesta.
Previamente a la exposición pública de lo realizado, es necesario que se detalle qué
han aprendido, cómo lo han aprendido y posibles formas en que van a aplicar o se
pudiera aplicar lo aprendido, bien sea de forma individual o en pequeños grupos.
Aquí también el papel del profesor o profesora tiene una importancia capital. Es
necesario que ayude al grupo y a cada uno de sus miembros a contrastar dónde estaban
cuando iniciaron el proyecto y dónde se encuentran al finalizarlo, qué camino han
recorrido, dificultades tenidas y formas de afrontarlas. El final del proyecto es un
momento especialmente creativo para el profesor. Tiene que colaborar con el grupo para
hacer esta reconstrucción y a la vez debe plantear preguntas o problemas que permitan
aplicar lo que han aprendido en el proyecto a otro tipo de situaciones, no solo se deben
limitar a repetir mecánicamente lo que recuerdan del proyecto sino que deben saber
aplicarlo en otros posibles. Es un reto, ya que, según sea la forma en que el profesor lo
plantee, se conseguirá que los alumnos den valor o no a lo aprendido, al identificarlo
como útil en otros contextos o situaciones. En definitiva, se trata de potenciar la
aplicabilidad y transferencia de los aprendizajes.
5. ¿Cómo se evalúan los proyectos?
Como ya se ha comentado comentado, el referente curricular para el trabajo por
proyectos son las competencias básicas o clave. Por tanto estas competencias serán
objeto de evaluación ya que se observarán en contextos y situaciones de aplicación muy
concretas. Competencias lingüísticas, matemáticas, de interacción con el medio físico,
de relación con otros, etc.
El qué evaluar por tanto parece claro. Sería conveniente matizar el cuándo. Según
esto distinguiríamos tres momentos:
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En la fase inicial: una vez decidido el proyecto hay que concretar lo que
cada alumno y alumna sabe referido a informaciones concretas, a
conocimientos, saberes, procedimientos y técnicas. Esto se puede hacer con
parrillas en las que cada alumno concreta lo que sabe o bien en conversación
grupal dirigida por el profesor o profesora.
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A lo largo del proceso: se deberá recoger lo referido a los alumnos y
alumnas en cuanto a participación en grupo, realización de tareas y
actividades asignadas, implicación... Asimismo en la memoria aludida antes,
el profesor habrá recogido informaciones que le permitan comprobar la
adecuación de la propuesta de trabajo y su posible mejora en el futuro.
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Al final del proyecto: se valorará especialmente, la exposición realizada, la
comunicación a otros del resultado del trabajo; de igual manera se
comprobará lo que se ha aprendido individualmente, pudiendo utilizar
pruebas escritas, o bien repasando entre todos lo que no se sabía y ahora se
sabe, gracias al trabajo realizado. Hay que recordar lo comentado
anteriormente en cuanto a la aplicación de lo aprendido. Una forma muy
adecuada de comprobar el grado de aprendizaje que se ha conseguido es
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que cada profesor proponga a sus alumnos una situación parecida, para
evaluar si el alumnado es capaz de transferir a otro proyecto, el
conocimiento logrado con el suyo.
6. El aprendizaje cooperativo o colaborativo como forma de trabajo en los
proyectos
Como se ha señalado anteriormente y consustancial con la metodología de trabajo
por proyectos, está el aprendizaje cooperativo que consiste en aprender con otros,
aprender en grupo. Por ello es especialmente relevante explicar, a grandes rasgos, la
manera en que puede plantearse esta forma de trabajar y cooperar con otros.
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¿Qué se pretende con el aprendizaje cooperativo?
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Mejorar para trabajar y colaborar en grupo, teniendo en cuenta que así se
adquiere una capacitación para el futuro profesional.
Aumentar la implicación en las tareas, gracias a la colaboración con otros.
Mejorar el aprendizaje de los contenidos correspondientes gracias a la
percepción de las dificultades propias, al tener que explicar y ayudar a los
compañeros.
Resolver dudas entre todos de forma ágil y rápida.
Mejorar en el producto final gracias a la aportación de todos.
Fases a seguir para la organización del trabajo en grupo:
1º. Formación de grupos. El profesor o profesora selecciona las fuentes de
información con los que se va a trabajar el tema elegido. Forma los grupos y
concreta lo que se pretende de forma clara.
 Todos y cada uno de los miembros del grupo deben aprender lo más
posible.
 Todos y cada uno de los miembros del grupo deben participar y ser
respetados y ayudados.
 Es conveniente que en cada grupo se nombre un coordinador que
promueva la participación, anime, organice y dinamice las discusiones…
2º. Adjudicación de tareas. Dependiendo del grupo, el profesor asigna tareas a
sus miembros, procurando que haya dos o tres alumnos por tarea. Se les
entrega o se les orienta sobre fuentes de información o recursos que pueden
utilizar. Si la tarea del grupo se centra en el desarrollo de un tema, será cada
apartado del tema el que se encargue a los miembros de cada sub-grupo.
3º. Trabajo en grupo pequeño. Cada grupo pequeño hace su tarea, selecciona
los contenidos, hace un informe y lo presenta a los demás, todos estos
contenidos incorporarán las aportaciones de cada uno de los miembros de
estos pequeños grupos.
4º. Presentación. Presentación de la tarea o del informe realizado al grupo
grande. Se trata de incorporar lo aportado por cada sub-grupo a la tarea
común, por eso, entre las aportaciones de todos, se debe llegar al producto
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final. Requiere un esfuerzo para que el trabajo esté cohesionado y cumpla el
cometido asignado al grupo.
5º. Evaluación. El aprendizaje mediante el trabajo cooperativo tiene su reflejo
en el sistema de evaluación. Al establecerse un objetivo común, el alumno
tiene que tener en cuenta que el resultado conseguido es de todos. La
máxima que tiene que presidir en el grupo y del que todos sus componentes
deben ser conscientes es que los resultados alcanzados por el grupo
dependen de uno mismo y de los demás componentes del grupo, de manera
que cada alumno o alumna sólo alcanzará los objetivos propuestos si el resto
de componentes del grupo también los alcanza.
No existe una fórmula exacta para evaluar el trabajo cooperativo, pero
hay que establecer de forma clara, los criterios de evaluación antes de
comenzar un proyecto, de forma que los alumnos perciban la importancia de
la cooperación e interdependencia del grupo.
En cualquier caso, se califica a todo el grupo según el desarrollo de todas
las fases en las que se ha implicado así como el producto final. Además, se
puntúa individualmente, bien mediante una prueba en la que se valoren
conocimientos adquiridos, procedimientos y técnicas utilizados; bien con la
observación realizada por el profesor del trabajo individual, bien con la autoevaluación del alumnos, o normalmente,
con las tres fuentes de
información. No obstante, es necesario realizar estas dos evaluaciones: la del
grupo y la individual. La calificación vendrá dada por el peso que demos a
cada una de ellas en la suma final.
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A modo de síntesis, el trabajo cooperativo implica:
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Un proyecto común
Consensuar unos mínimos que orienten la acción del grupo
Definir y distribuir tareas.
Analizar y debatir desacuerdos y conflictos: lo que permite que aflore la
creatividad. La diferencia es elemento necesario para la creatividad.
Desarrollar individualmente y en grupo un plan de trabajo acordado
Evaluar los resultados del grupo y los resultados individuales, teniendo
en cuenta que el éxito del grupo está condicionado a que todos sus miembros
lo tengan también.
Por tanto, el trabajo por proyectos es una metodología en la que el trabajo
cooperativo llega a ser condición para su puesta en práctica.
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