Modelos en Psicopatología
Cuadernillos de Psicopatología infantil
EL PENSAMIENTO PSICOPATOLÓGICO EN LAS PRIMERAS ANALISTAS
DE NIÑOS: M. KLEIN, ANNA FREUD.
I. Introducción
Nos proponemos aquí presentarles algunas de las líneas fundamentales para acercarnos
al pensamiento psicopatológico de las que generalmente han sido consideradas como las
primeras analistas de niños. Nos referiremos a Anna Freud y a Melanie Klein.
Hemos decidido que, como ambas tienen una producción escrita que se desarrolla a lo
largo de casi cuarenta años y donde se registran cambios en sus conceptualizaciones,
recortaremos en esta oportunidad las cuestiones fundamentales para intentar responder a
los interrogantes que nos planteamos.
Las preguntas con las que organizaremos nuestro recorrido girarán en torno a:
 ¿Cómo entienden cada una de ellas el tránsito por la infancia, o dicho de otra forma,
qué es un niño para A. Freud y qué para M. Klein?
 ¿Cuándo piensa cada una de ellas que está indicado un análisis para un chico?, y a
partir de esta pregunta la que sigue,
 ¿De qué padecen o sufren los niños?
Responder a estas preguntas será la manera de dar cuenta de cómo entienden cada una
de ellas la patología en los niños.
II. Los planteos de Anna Freud (1896-1982)
Anna Freud, como se sabe, es la hija menor de S. Freud. Se diplomó de maestra –
institutriz y entre 1918 y 1921 realizó su análisis didáctico con su padre.
En 1926 publica su primer libro, El Psicoanálisis del niño, donde formulará que, a diferencia del adulto, el niño es un ser inmaduro y dependiente.
Podrá parecernos un tanto obvia esta formulación que plantea que un niño no es un
adulto y sin embargo, como veremos después con M. Klein, en el campo psicoanalítico
esta cuestión no fue así desde el vamos ni lo es aún hoy.
Inmadurez y dependencia son dos ejes con los que A. Freud teorizará el tránsito por la
infancia, haciendo hincapié en que este tránsito implica un crecimiento gradual.
Años después, en 1960, en su libro Normalidad y patología en la niñez, ese gradual crecimiento se expondrá en términos que van “desde las actitudes dependientes, irracionales, determinadas por el ello y los objetos hacia un mayor control interno y externo por
parte del yo”. Para ilustrar este movimiento “desde y hacia” citemos algunos de los
ejemplos que aparecen trabajados en su libro:
(...) por ejemplo, desde las experiencias del lactante con la amamantación y el destete,
hasta la actitud racional, antes que emotiva, del adulto hacia la alimentación; desde el
entrenamiento del control esfinteriano impuesto al niño por las presiones ambientales,
hasta el control más o menos integrado y establecido del adulto; desde la fase en que
el niño comparte la posesión de su cuerpo con la madre hasta la exigencia del adolescente de su independencia y propia determinación en cuanto a la disposición de su
cuerpo; desde el concepto infantil egocentrista del mundo y de los otros seres humanos
hasta el desarrollo de sentimientos de empatía, mutualidad y compañerismo con los
otros niños; desde los primeros juegos de carácter erótico con su propio cuerpo y con
el cuerpo de su madre a través de los objetos de transición (Winnicott, 1953) hasta los
juguetes, los juegos, los hobbies y finalmente hacia el trabajo, etcétera.
1
La propuesta de lo que denomina “líneas de desarrollo” que seguiría el niño normal se
sostiene en la existencia de procesos de maduración referidos al ello, procesos de adaptación en relación al desarrollo del yo, el superyo y el medio y procesos de estructuración donde interactúan todos los elementos organizados.
Esta perspectiva evolucionista determina que entienda las perturbaciones en el niño
directamente relacionadas al grado en que impiden el curso de un desarrollo normal
o, si se prefiere, pensar las perturbaciones en tanto dificultan “la adaptación del niño”.
Planteos como éste dieron lugar al surgimiento de la “psicología del yo”: “Se pone así
al yo bajo observación, considerando linealmente que la distorsión de la función yoica
es índice de patología, tesis fundamental de los representantes de la psicología del
yo”1.
Comparando las conductas del “desarrollo normal” con los “trastornos patológicos” de
este desarrollo se concluye en la indicación de una terapia analítica. Para esta indicación tomará en cuenta algunas de las siguientes cuestiones:
“Si un niño presenta un conocimiento defectuoso del mundo exterior, que está muy por
debajo del nivel de su inteligencia, se ve gravemente alienado de sus propias emociones
y presenta espacios en blanco en el recuerdo de su propio pasado que rebasan el alcance usual de la amnesia infantil, con un desdoblamiento de su personalidad, y con
una motilidad incontrolada, entonces no puede caber mayor duda de que la neurosis es
grave y de que es tiempo de adoptar una acción terapéutica”.
La cita es del libro El psicoanálisis infantil y la clínica de A. Freud y aparece comentada por una analista contemporánea, R. Hillert, quien nos agrega que “es indudable la
indicación de terapia analítica cuando la energía de un niño se ve consumida por conflictos entre sus instancias psíquicas, cuando las defensas contra las pulsiones son
inadecuadas, las ansiedades dominan la atmósfera interna, la regresión impide el desarrollo y la represión de la agresividad limita la productividad”2.
El pedido de atención para un niño aparecerá siempre mediado a través de los padres, en
consecuencia, le resulta necesario considerar el trabajo que el analista realizará también
con los padres cuando éstos consulten:
“(...) los padres que hicieron enfermar al niño y los que deben ayudarnos en su curación siguen siendo las mismas personas (...). Sería peligroso dejarles librada la decisión sobre el futuro destino de la vida instintiva ya liberada, pues es harto problable
que vuelvan a imponer al niño el camino de la represión y con ello el de la neurosis”.3
A. Freud propone reemplazar transitoriamente a los padres, entendiendo que el analista
de niños cumplirá mejor la función que éstos no han podido llevar a cabo con éxito: la
de educar al niño “como se debe”.
“Así, el analista reune en su persona dos misiones difíciles y, en realidad, diametralmente opuestas: la de analizar y educar a la vez, es decir, permitir y prohibir al mismo
tiempo, librar y volver a coartar simultáneamente. Si no lo consigue, el análisis se le
convierte al niño en un salvoconducto para todas las maldades condenadas por la sociedad; pero si puede lograrlo corrige con ello toda una fase de educación equivocada
1
Hartmann, A. En busca del niño en la estructura. Manantial. Bs. As. 1993. Pág. 47
Hillert, R. Niños y analistas en análisis. Homo Sapiens.Rosario.1994. Pág..29.
3
Freud, A. Psicoanálisis del niño. Hormé, Buenos Aires, 1981. Pág. 74
2
2
y desarrollo anormal, ofreciéndole al niño, o a quienes deben decidir su destino, una
nueva oportunidad para enmendar sus errores”.4
III.Los planteos de M. Klein.
Recordemos brevemente que M. Klein vivió entre los años 1882-1960 y que tuvo intenciones de estudiar medicina, como su padre, intenciones que no pudieron llevarse adelante por la decisión de casarse y tener que mudarse por razones laborales del marido.
Cuando en 1910 regrese a Viena tomará contacto con la obra de Freud. Cuatro años
después iniciará su primer análisis con Ferenczi y luego su segundo analista será K.
Abraham.
Influida por las concepciones psicopatológicas de éste, Klein se preocupará por los procesos tempranos y su capacidad de producir patología. Casi todos los conceptos que, en
la obra de Freud, aparecen repartidos a lo largo de las distintas etapas de la evolución
del sujeto, se presentan para Melanie Klein desde el inicio de la vida.
De esta forma puede entenderse su planteo en relación a que “en el inconciente los niños no son de ninguna manera fundamentalmente distintos de los adultos”5. Primer
planteo que marcará su debate con A. Freud.
Desde bebés todos los seres humanos experimentan sufrimiento psíquico:
Los hallazgos del psicoanálisis han conducido a la creación de una nueva psicología
del niño. Nos han enseñado que los niños, aun en los primeros años, no sólo experimentan impulsos sexuales y ansiedades, sino que sufren también grandes desilusiones. Ha
desaparecido la creencia en el “paraíso de la infancia”, y la creencia en la asexualidad
del niño. Los análisis de adultos y observaciones realizadas directamente en niños nos
han conducido a estas conclusiones, que se han confirmado y ampliado mediante el
análisis de niños de corta edad.6
Subrayemos los conceptos a través de los cuales va a dar cuenta de este sufrimiento,
como decíamos, precoz: distintas formas de angustia, actuación del instinto de muerte,
diversas ansiedades, impulsos y deseos agresivos, etc.
Los niños para M. Klein pasarán entonces dentro del primer año de vida por dos estadios o posiciones: la esquizo-paranoide y la depresiva. Podemos entender la idea de
posición tal como la define H. Segal “una configuración específica de relaciones de objeto, ansiedades y defensas”7.
Entre los primeros tres o cuatro meses de vida la posición esquizo-paranoide dominará
al sujeto, tiempo en el cual, por predominar una modalidad defensiva primaria, la disociación, hallaremos separadas las pulsiones de vida y muerte, lo que traerá aparejado el
desarrollo independiente de esta última, sobre la que recaerán otros mecanismos defensivos como la proyección e introyección. El resultado de estos mecanismos generarán la
escisión del yo y del objeto. Así la proyección de las pulsiones de vida y de muerte
construirán las relaciones con los objetos “buenos y malos” (términos que M. Klein rescata del lenguaje de los niños). Relaciones que luego serán introyectadas y que provocarán, por la primacía de la pulsión de muerte, ansiedad paranoide con angustia persecutoria y miedo al aniquilamiento.
4
Ídem anterior, pág. 80/1.
Klein, M. “Simposium sobre análisis infantil” en Obras Completas. T.I. Paidós. Bs. As. 1990. Pág. 152.
6
Klein, M. “Fundamentos psicológicos del análisis del niño” en OC. T II. Paidós. Bs. As. 1990. Pág. 23.
7
Hillert, R. Niños y analistas en análisis. Homo Sapiens. Rosario. 1994. Pág. 39.
5
3
Con el desarrollo del yo se pasará a la segunda posición que M. Klein describe de la
siguiente forma:
La creciente capacidad de integración y síntesis del yo conduce cada vez más, aun en
estos primeros meses, a estados en los cuales el amor y el odio, y correlativamente los
aspectos buenos y malos de los objetos, son sintetizados; y esto origina la segunda forma de angustia -la angustia depresiva- porque los impulsos y deseos agresivos del lactante hacia el pecho malo (la madre) son sentidos ahora como peligrosos también para
el pecho bueno (la madre). Entre los tres y seis meses estas emociones son reforzadas,
porque en éste período el lactante percibe e introyecta cada vez más a su madre como
persona. La angustia depresiva se intensifica, porque el lactante siente que ha destruido o que está destruyendo un objeto total por su voracidad y su agresión incontrolables. Más aún, por la síntesis creciente entre sus emociones, experimenta que estos impulsos destructivos son dirigidos hacia una persona amada. Procesos similares operan
en relación con el padre y otros miembros de la familia. Estas angustias con las defensas correspondientes constituyen la “posición depresiva” que culmina más o menos a
los seis meses y cuya esencia es la angustia y la culpa relacionadas con la destrucción y
la pérdida de los objetos amados, internos y externos8.
Estas concepciones parecerían hablarnos de un tránsito por estadios en sí mismos patológicos, habitados por ansiedades y formas de defensa extremas. No encontramos aquí,
a diferencia de lo que leíamos en la propuesta de A. Freud, ninguna idea de desarrollo
normal.
Para M. Klein, luego que el niño atraviese estas posiciones, sobrevendrá un aplacamiento de las angustias y ansiedades, al introyectar a la madre y al padre como personas totales. Sobrevendrá posteriormente la etapa de la neurosis infantil que se iniciará en el
primer año de vida y finalizará al empezar el período de latencia.
De esta forma sostendrá que:
(...)las dificultades, que nunca faltan, en el desarrollo del niño pequeño son de carácter
neurótico. En otras palabras, todo niño pasa por una neurosis que se diferencia sólo en
grado de un individuo a otro. (y agregará en una nota al pie) Este punto de vista, que
he mantenido por años, ha recibido últimamente apoyo en el libro de Freud ¿Pueden
los legos ejercer el psicoanálisis? (O. C. 20) donde dice: “Desde que hemos aprendido
a ver más claramente, nos inclinamos a decir que la aparición de una neurosis en la
infancia no es la excepción sino la regla. Es algo que no puede evitarse en el curso del
desarrollo de la disposición infantil a la vida social del adulto9.
La conclusión no se hace esperar: si todo niño pasa por una neurosis ¿por qué no hacer
uso del psicoanálisis y aplicarlo a todos los niños?. En el mismo texto señala que la indicación de un análisis es entonces posible para todos los niños casi de un modo directo
y solamente se diferencia en grado de un individuo a otro.
Sin embargo, en la época en que formula estas ideas, algunas consideraciones prácticas
(la poca cantidad de analistas de niños) la obligan a diferenciar una serie de manifestaciones que mostrarían la presencia de una neurosis tales como trastornos en la comida,
en el sueño, inhibiciones en el juego, etc. donde se expresarían ansiedades, angustias y
sentimientos de culpa que el niño no logra resolver. Manifestaciones que hallarían solución por medio del análisis como cualquier síntoma neurótico.
8
9
Klein, M. El sentimiento de soledad y otros ensayos. Pág. 263.
Klein, M. Neurosis en los niños en O.C. T. 2. Paidós. 1987. Pág. 115-6.
4
En síntesis, los niños, para M. Klein, deberán elaborar en el transcurso de su análisis los
conflictos y ansiedades que inexorablemente experimentan en su primer año de vida.
En relación con los padres, Klein no postula una incidencia directa de estos en la producción de patología en la infancia, y por tanto tampoco los incluye en el trabajo terapéutico, el que se desarrolla exclusivamente con el niño.
IV. Consideraciones finales
Tal como decíamos al comienzo estas dos maneras de pensar la cuestión psicopatológica en el niño inician un debate que deja marcas en los analistas que continuarán la reflexión en torno a la problemática de la infancia.
En los desarrollos posteriores encontraremos ecos de esta oposición e intentos de articulación de sus nociones fundamentales.
Por nuestra parte, queremos finalizar con una pregunta que formula muchos años después otra analista de niños, F. Dolto. Es una larga pregunta donde si bien resuenan estas
viejas discrepancias nos parece que también se proponen nuevas cuestiones que permitirán otro acercamiento al complejo campo de la niñez.
La respuesta a esta pregunta determinará la manera de posicionarse frente a la escucha
del padecimiento en la infancia.
¿Cuáles son entonces las condiciones necesarias y suficientes que deben estar presentes
en el medio de un niño para que los conflictos inherentes al desarrollo de todo ser humano puedan resolverse en forma sana, es decir creadora, para que surja una persona
activa y responsable en el momento decisivo del Edipo y de su resolución en la reestructuración de los afectos, de las identificaciones y de los deseos incestuosos, para que
la angustia de castración ligada al complejo de Edipo conduzca al abandono de las
fantasías arcaicas o perversas intrafamiliares y permita que el sujeto se exprese en la
vida social mixta y la vida cultural simbólica, aceptando sus leyes?10.
10
Dolto, F. Prefacio en La primera entrevista con el psicoanalista de M. Mannoni. Gedisa. Bs. As. 1985.
Pág.19
5
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