LA ESCUELAS NECESITAN MAESTROS APASIONADOS
"La enseñanza está organizada de manera que los docentes interpreten y pongan en práctica las normas educativas, el
currículo y la instrucción. Son el punto de contacto humano con los alumnos. Todas las influencias sobre la calidad de la
educación están mediadas por él y por su acción. Tienen la posibilidad de aumentar la calidad de la educación dando vida
al currículo e infundiendo en los alumnos la curiosidad y el aprendizaje autodirigido. Y también pueden degradar la calidad
de la educación merced al error, la pereza, la crueldad o la incompetencia. Para bien o para mal, los profesores determinan
la calidad de la educación" (Clark, 1995, p. 3).
Los recuerdos más fuertes de la escolaridad de muchos de noso tros, son de maestros que estaban más preocupados
por el control que por la creatividad y más interesados por su asignatura que por sus alumnos. Sin embargo, entre
ellos, había algunos que estaban apasionadamente interesados por entusiasmar a sus alumnos con el gusto por
aprender, que se daban cuenta de cuándo las personas tenían algún problema y actuaban en consecuencia, que estaban
decididos a hacer todo lo posible para comunicarse de manera que conectaran con los intereses y necesidades de los
alumnos. Estos maestros nos enseñaron el valor de la reflexión, nos mostraron mundos nuevos, nos motivaron para
explorarlos a pesar de nuestras malas experiencias escolares.
Los docentes apasionados por la enseñanza se muestran comprometidos, entusiastas e intelectual y emocionalmente
enérgicos en su trabajo con niños, jóvenes y adultos. Sin embargo, estos signos manifiestos de la pasión se sustentan
sobre unos fines morales claros que van más allá de la implementación eficiente de los currí culos establecidos. Los
docentes apasionados son conscientes del desafío de los contextos sociales más generales en los que enseñan, tienen un
sentido claro de identidad y creen que pueden favorecer el aprendizaje y el rendimiento de todos sus alumnos. Se
preocupan profundamente por ellos. Les gustan. También se preocupan por cómo y qué enseñan y quieren aprender
más acerca de ambas cosas con el fin de ser y seguir siendo algo más que docentes competentes.
Saben el papel que desempeña la emoción en el aprendizaje y en la enseñanza en el aula. Están comprometidos con el
trabajo cooperativo y, a veces, en colaboración con los colegas de sus escuelas y de otras, buscan y aprovechan las
oportunidades de emprender reflexiones de distintas clases en su práctica profesional y sobre ella. Para estos
maestros, la enseñanza es una profesión creativa y audaz, y la pasión no es una mera posibilidad. Es esen cial para la
enseñanza de alta calidad.
"Los maestros comprometidos apasionadamente son los que aman de manera absoluta lo que hacen. Están buscando
constantemente formas más eficaces de llegar a sus alumnos, de dominar los contenidos y métodos de su oficio.
Sienten como misión personal... aprender tanto como puedan sobre el mundo, sobre los demás, sobre ellos mismos, y
ayudar a los demás a hacer lo mismo" (Zehm y Kottler, 1993, p. 118).
Estar apasionado por enseñar no consiste sólo en manifestar entusiasmo, sino también en llevarlo a la práctica
de manera inteligente, fundada en unos principios y orientada por unos valores. Los docentes eficaces tienen
pasión por su asignatura, pasión por sus alumnos y la creencia apasionada en que su yo y su forma de enseñar pueden
influir positivamente en la vida de sus alumnos, tanto en el momento de la enseñanza como en días, semanas,
meses e, incluso, años más tarde. La pasión se relaciona con el entusiasmo, la preocupación, el compromiso y la
esperanza, que son características clave de la eficacia en la enseñanza. Para los maestros que se preocupan, el
estudiante como persona es tan importante como el estudiante en cuanto aprendiz.
Es probable que ese respeto por la persona se traduzca en una mayor motivación para aprender. También conocen a
sus alumnos y crean relaciones que fortalecen el proceso de aprendizaje (Stron ge, 2002). La pasión también está
asociada con la justicia y la comprensión, cualidades que mencionan constantemente los estudiantes en sus
evaluaciones de los buenos maestros, y con las cualidades que los docentes eficaces exhiben en sus interacciones sociales
cotidianas: escuchar lo que dicen los alumnos, estar cerca de ellos, tener un buen sentido del humor, animar
a los alumnos a que aprendan de distintas maneras, relacionar el aprendizaje con la experiencia, animar a los
estudiantes a que se responsabilicen de su propio aprendizaje, mantener un ambiente de clase organizado, conocer
bien su materia, crear ambientes de aprendizaje que atraigan a los estudiantes y estimulen en ellos el
entusiasmo por aprender.
Sólo cuando los docentes sean capaces y estén preparados para alimentar y expresar sus pasiones por su campo de
conocimientos y sobre el aprendizaje, de trasladarlas a su trabajo, de romper "la niebla de la conformidad pasiva o del
desinterés activo" (Fried, 1995, p. 1) que parece envolver a veces a muchos estudiantes, alcanzarán el éxito.
El equipo de Armonía está convencido que una educación de calidad es posible. Sabemos, sentimos y somos conscientes de las
dificultades de las escuelas de hoy, pero más allá de las asignaturas pendientes, creemos que nosotros desde el trabajo
individual y en conjunto como maestros, podemos hacer el cambio.
Estamos en un momento histórico más que interesante. Muchos hemos recuperado los ideales, algunos nunca los hemos
perdido, y en este nuevo transitar por la consolidación de un mejor país para todos, la educación tiene un papel fundamental.
Somos privilegiados en cuanto a actores de ese posible cambio.
Desde la fundación de Armonía en 1992, hemos crecido sin prisa, con ideales fuertes que se fueron concretando a lo largo
de todos estos años. Hoy tenemos esta escuela, querida por muchos, respetada y elegida, donde el alumno es el protagonista,
y las familias que nos eligen también.
Intentamos cada año sentirnos cada uno desde el rol que ocupa, no solamente parte del proyecto sino actores importantes.
Más que exigentes creemos que estamos muy comprometidos con la profesión que elegimos y con los ideales que le dan vida a
nuestra escuela y no pedimos más de lo que un maestro o directivo debiera hacer en esta escuela o en cualquier otra ya sea de
gestión pública o privada.
Los invitamos a recuperar los ideales, a trabajar con pasión, a compartir momentos de intercambio interesantes, de
crecimiento y vocación, intentando construir un equipo de trabajo, que nos permita sentir que nuestra profesión sigue valiendo
la pena.
Alejandra Antoniassi
Asesora Institucional
Armonía Jardín de Infantes – Escuela Primaria
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las escuelas necesitan maestros apasionados