“Diagnósticos Rurales
Participativos: Orígenes, desarrollo
y debilidades.”
Ivan Sandoval Cervantes1
Dr. Oliverio Hernández Romero2
Fundación Gregorio A.C.
Puebla, Puebla
2003
1
2
Estudiante de la licenciatura en Antropología Social de la Universidad de las Americas
Profesor Investigador del Colegio de Postgraduados. Montecillos México. e mail [email protected]
1.-INDICE...............................................................................................................................2
2.-INTRODUCCIÓN..............................................................................................................3
3.- ALGUNOS
MÉTODOS ANTERIORES A LOS DRP Y EL SURGIMIENTO
HISTÓRICO DE LOS DRP..............................................................................................5
3.1.- Desarrollo y pos-desarrollo.......................................................................................5
3.2.- Desarrollo participativo: algunos acercamientos......................................................6
3.3.- Diagnóstico Rural Rápido.........................................................................................8
3.4.- Influencias y diferencias entre los DRP y otras metodologías previas...................10
4.- DESCRIPCIÓN DEL DIAGNÓSTICO RURAL PARTICIPATIVO............................11
4.1.- De “objeto de estudio” a “sujeto de enlace”: Los DRP como ejercicio de
comunicación............................................................................................................11
4.2.- Técnicas empleadas por los DRP............................................................................12
4.3.- Diagnóstico y participación....................................................................................14
4.4.- El conocimiento da poder: la importancia del conocimiento local.........................16
5.- DESARROLLO ¿QUIÉN QUIERE QUÉ? Y ¿POR QUÉ?............................................18
6.- NUEVOS Y VIEJOS RETOS: DEBILIDADES Y FORTALEZAS..............................21
7.- COMENTARIOS FINALES...........................................................................................27
8.- BIBLIOGRAFÍA.............................................................................................................29
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INTRODUCCIÓN.
El desarrollo como discurso y como práctica existe dentro de momentos donde diferentes
corrientes lo interpretan y lo manejan de distintos modos. Por lo tanto para entender lo que
son los Diagnósticos Rurales Participativos o DRP en la primera parte de este texto se han
señalando cuáles son algunas de las cuestiones que son debatidas actualmente en cuanto al
desarrollo, esto con el fin de comprender de donde surge el llamado desarrollo participativo
y qué importancia tiene para algunas acercamientos que lo abrazan.
Los DRP como “una familia de acercamientos y métodos que permiten a la gente
local expresar, realizar, compartir y analizar su conocimiento de la vida y de sus
condiciones para planear y actuar” (Chambers 1994b: 125) tienen antecedentes históricos
como son, para citar el más importante, los Diagnósticos Rurales Rápidos. Las influencias y
las diferencias de estos enfoques también están colocados en la primera parte de este
ensayo.
La segunda parte se enfoca a describir lo que los DRP buscan, cómo lo buscan y en
base a qué lo buscan. Es decir, sus técnicas, la importancia de un diagnóstico rápido y
participativo y el papel que tiene el conocimiento local en el proceso. Esta parte busca dar
una visión general sobre la metodología empleada por los DRP y algunos puntos de
carácter teórico para comprender porqué se utilizan esos métodos y no otros.
En seguida se hace una breve crítica al desarrollo con el fin de detectar cuáles son
sus motivaciones y quiénes buscan el desarrollo, tomando al desarrollo como una idea que
ha sido interpretada de diferentes maneras y no como un bloque monolítico.
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Con esto en mente se realiza una crítica a las metodologías de los DRP para indicar
sus posibles debilidades en cuanto a las técnicas usadas y en cuanto a la ontología que esta
metodología utiliza. También se realiza un resumen de sus innovaciones y de sus nuevas
dinámicas en las ciencias sociales.
Por último señalamos la forma en que los DRP no deben de ser considerados como
la última metodología en busca del desarrollo, sino como un paso más en la búsqueda de
nuevas maneras de interpretar el desarrollo con nuevas metodologías y nuevos objetivos.
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ALGUNOS
MÉTODOS ANTERIORES A LOS DRP Y EL SURGIMIENTO
HISTÓRICO DE LOS DRP.
Desarrollismo y pos-desarrollo.
Los métodos que a través de los años han surgido para combatir la pobreza y propiciar el
desarrollo siempre han estado expuestos e influenciados por el momento histórico en el que
surgen y por las ideas que les precedieron.
Fue desde los años cincuenta, pasando por los sesenta y setenta, que el desarrollo,
sobre todo rural, fue visto en términos científicos de productividad y eficiencia (Bedoya y
Martínez 2000: 158); idea que aún perdura en algunos sectores. De esta manera el
desarrollo no es más que una imagen economista neoclásica, que evalúa el supuesto
“desarrollo” en términos de crecimiento económico con parámetros euro-centristas (Viola
2000: 12).
Según Viola (2000: 12-14) este “desarrollismo”, como él lo llama, pretende la
homogenización cultural, con occidente como modelo y bajo la dirección de tecnócratas.
Esta homogenización capitalista utiliza a la ciencia, área donde el occidente tiene casi total
dominio, para el control de la naturaleza. Y define al “progreso” como un aumento en la
producción y como el surgimiento de nuevas tecnologías. Viola (2000: 16) señala que la
teoría de la modernización que rige a dichas definiciones de modernidad y progreso es
dualista y a-histórica, donde los principales enemigos de la modernidad y del progreso son
las sociedades tradicionales.
La ontología desarrollista entonces, no necesita del conocimiento local puesto que
con el científico le basta. Pero Viola (2000: 19-20) plantea una “re-politización” de lo que
es el desarrollo, para plantear una corriente “pos-desarrollista” que analice al concepto de
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“desarrollo” como discurso. Así la “cultura” es tomada en cuenta en el desarrollo y se
puede hablar de proyectos “culturalmente compatibles”, como el etno-desarrollo (Viola
2000: 21-22). Hay que señalar que no porque el pos-desarrollo haya venido después del
desarrollismo significa que éste último haya desaparecido por completo, más bien creemos
que los dos coexisten en diferentes ámbitos y motivados por diferentes factores. Incluso el
mismo Viola (2000: 27-28) nos hace una diferenciación con respecto a la antropología,
señalando que hay una development anthropology (antropología desarrollista) implicada
directamente en las instituciones de desarrollo y otra anthropology of development
(antropología del desarrollo) que considera al desarrollo como un fenómeno sociocultural.
La primera bien puede ser llamada parte del desarrollismo, mientras que la segunda forma
parte del pos-desarrollo.
Desarrollo participativo: algunas acercamientos.
El desarrollo participativo, encabezado por Chambers y Korten surgió como una reacción al
paradigma desarrollista (Rennie y Singh 1995). Ésta nueva interpretación del desarrollo
trajo consigo diversos “métodos” o “acercamientos”. Casi todos basados en la observación,
identificación, entendimiento y análisis de las técnicas de la gente para adaptarse a su
medio ambiente (Rennie y Singh 1995).
Algunas de los métodos que surgieron para propiciar el desarrollo participativo son
los siguientes según Rennie y Singh (1995). Un acercamiento basado en los ecosistemas,
que busca la conservación de los recursos, ya que son consideramos el elemento base para
la sobrevivencia de los pobres. En este acercamiento es de gran importancia definir los
“ecosistemas tipo”, presentando sus características específicas, tanto para permitir la
comparación con otros casos, como para entender como las sociedades humanas y la
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economía se integran en un ecosistema. En el análisis que los autores hacen de este método
señalan la forma en que las políticas y acciones nacionales, de carácter capitalista, han
minado las estrategias adaptativas locales, rompiendo el balance entre el ecosistema y la
población.
El segundo de los acercamientos participativos es el que se denomina como
observación participante (Rennie y Singh 1995). Este método proviene de la antropología,
según los autores es una opción excelente si se cuenta con el tiempo necesario y con una
experiencia previa en la comunidad. Sin embargo su subjetivismo y egocentrismo, puesto
que depende demasiado del investigador y es catalogado como poco “objetivo”, y su
documentación problemática y muy poco útil para otros proyectos, lo hacen un tanto
problemático y con poca retroalimentación entre las partes involucradas.
El tercero de los métodos es el llamado “Investigación de Acción Participativa” o
IAP (Rennie y Singh 1995). Según Chambers (1994a: 954) el IAP es una familia de
acercamientos y métodos que utilizan al diálogo y a la investigación participativa para
lograr la conscientización y la confianza de la gente a través de la educación y la
movilización. Dicho método es catalogado por Rennie y Singh (1991) como el más
activista de todos, y tiene su origen en la tradición de activismo radical de Paulo Freire. El
IAP puede traer cambios más tangibles que otros métodos y puede modificar las relaciones
de poder, ya que busca desmontar la élite local. Pero también es muy riesgoso puesto que al
intentar corregir algo que supuestamente está mal, puede causar un total desorden.
Pero quizá el método que más ha influenciado en los DRP es el Diagnóstico Rural
Rápido (DRR). Según Tony Dunn (1994), los DRR surgen en los setenta tardíos,
parcialmente por la investigación rural en los países en vías de desarrollo y también como
respuesta al “turismo del desarrollo”. Este mismo autor (Dunn 1994) señala que los DRR
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tuvieron su auge en los años ochenta. Los orígenes de los DRR se pueden encontrar en: la
investigación activa-participativa de personas como Paulo Freire y Fred Hollows que
señalaban que los pobres deben de tomar las riendas de su destino ya que tienen la
capacidad para hacerlo y el foráneo sólo debe de facilitar. Otras influencias a los DRR son
el análisis de agrosistemas de Gordon Conway. El “Farming Systems Research” o FSR,
que buscaba “entender el sistema” agrícola. Y, por último, la observación participante de la
antropología.
Diagnóstico Rural Rápido.
Los DRR son programas a corto plazo, semi-estructurados, pero sistemáticos, de
adquisición de información de la vida rural con un equipo multidisciplinario (Welch,
Mabry y Ilahione 1996: 121). Los DRR son una evaluación metodológica que busca
reconocer y tomar en cuenta el conocimiento de los lugareños con el fin de mejorar las
relaciones de la población con la tierra (Dunn 1994). Es por eso que los DRR son
considerados como una ciencia “naturalística”, fenomenológica y empírica con principios
metodológicos muy flexibles (Dunn 1994).
Algunas de las técnicas empleadas en los DRR son: una investigación bibliográfica
preliminar, entrevistas con informantes claves (especialistas), encuentros grupales,
encuestas espontáneas a unidades productivas, consultas informales, encuestas de campo,
demostraciones a la población local, fotografías aéreas, calendarios y diagramas de
irrigación y cosecha (Welch, Mabry y Ilahione 1996: 125-128).
Según Welch, Mabry y Ilahoine (1996: 132) los DRR son ideales para las fases
iniciales de un proyecto. En su estudio de caso sobre la irrigación de tierras áridas en
Marruecos, señalan que los DRR pueden determinar el éxito del riego en agro-ecosistemas,
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señalando que los factores sociales son tan importantes como el ambiente y la tecnología en
la aplicación exitosa del riego (Welch, Mabry y Ilahione 1996: 119-121).
Algunas de las ventajas de los DRR es que, a pesar de tener menos precisión que
otros métodos cuantitativos clásicos, tiene mayor valor “evidencial”. Además es económico
para el investigador en cuanto a tiempo (Rennie y Singh 1995). Pero los DRR no
solucionan problemas, sólo los definen buscando una “imprecisión apropiada” y una
“ignorancia óptima” (Dunn 1994).
Pero también tiene desventajas. Dunn (1994) señala que puede ser difícil de
organizar. Mientras que Welch, Mabry y Ilahione (1996: 129-131) observan un mayor
número de desventajas como puede ser la afiliación a instituciones, la parcialidad espacial,
la parcialidad con las temporadas, la parcialidad hacia ciertas personas y las diferentes
habilidades en la gente. Para Rennie y Singh (1995) otra desventaja es que sigue siendo
extractivo, es decir, con un foráneo como director. Dunn (1994) opina diferente y cree que
una vez definido el problema, por el investigador foráneo claro está, la decisión sobre la
solución de dicho problema corre a cargo de la población local.
Es precisamente en este punto donde Rennie y Singh (1995) observan la principal
diferencia entre los DRR y los DRP: ¿quién es el dueño de la información?. Según estos
investigadores si la comunidad dibuja un mapa porque el investigador lo pidió, entonces es
DRR. Pero si se percatan que ese mapa les pertenece y lo quieren para darle un uso propio,
entonces es DRP.
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Influencias y diferencias entre los DRP y otras metodologías previas.
Como se señaló en el apartado anterior antes de los DRP surgieron diferentes
acercamientos al desarrollo participativo, los cuales tuvieron diferente influencia en la
creación de los DRP.
Los DRP y los DRR tomaron del análisis de agro-ecosistemas las técnicas de mapeo
y la recolección de datos (Chambres 1994a: 954-955). De la antropología aplicada
retomaron los conceptos de “etic” y “emic” para diferenciar las categorías de los
investigadores extranjeros (“etic”) y las de la población local (“emic”) (Chambers 1994a:
955).
Chambers (1994b: 1253) indica que los DRP también tomaron la idea de
autogestión de la IAP, los diagramas del análisis de agro-ecosistemas y la importancia del
raport relajado de la antropología social.
Las similitudes encontradas por Chambers (1994b: 1255) entre los DRR y los DRP
son catalogadas como epistemológicas, es decir, tienen maneras parecidas de obtener la
información de adquirir conocimiento. Mientras que las diferencias radican en la actitud
personal de sus practicantes, en su comportamiento y actitud.
Las diferencias que este investigador (Chambers 1994a: 958-960) encuentra entre
los DRP y los DRR tienen su origen en el desarrollo histórico de cada uno de los
acercamientos, en sus fines y en sus métodos. Por ejemplo señala que los DRR fueron
desarrollados en universidades con el fin de publicar resultados y aprender de los locales
mientras que los DRP fueron desarrollados por ONG´s con el fin de crear desarrollo
sustentable y empoderar a los locales. En cuanto a sus objetivos los DRR buscan que los
foráneos aprendan y los DRP que la gente local realice sus propios análisis, planes y
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acciones. En los métodos las diferencias son menos claras pero se reflejan en los métodos
más verbales de los DRR en contraste con los métodos más visuales de los DRP.
A pesar de estas diferencias es complicado una diferenciación clara entre estos dos
acercamientos, ya que como se pudo observar, son bastante similares. La palabra clave,
parece ser, es participación. Sin embargo no nos parece que esto esté tan claro y quizá dicha
confusión se deba a la flexibilidad de ambos métodos. Mientras que tanto Dunn (1994)
como Welch, Mabry y Ilahione (1996) señalan que los DRR también son participativos y
que buscan el reconocimiento y la validación del conocimiento local. Rennie y Singh
(1995), sin utilizar ningún estudio de caso, señalan que los DRR son extractivos y poco
participativos. Way (1999: 17) también dice que los DRP han sido interpretados como un
ejercicio igual de extractivo que los DRP pero legitimado con la “participación” que alegan.
Puede ser que las diferencias sean sólo nominales y superficiales o particulares de cada
caso y practicante.
DESCRIPCIÓN DEL DIAGNÓSTICO RURAL PARTICIPATIVO.
De “objeto de estudio” a “sujeto de enlace”: Los DRP como ejercicio de
comunicación.
Bajo la etiqueta de “Diagnóstico Rural Participativo” o DRP (en inglés es PRA por
Participatory Rural Appraisal) se engloba a una familia creciente de acercamientos y
métodos que permiten a la gente expresar, realizar, compartir y analizar su conocimiento
local de la vida y de sus condiciones con el fin de planear y actuar (Chambers 1994b:
1253). Es decir, son técnicas participativas que enfatizan el conocimiento local y permiten
a la población local tomar sus propias decisiones basadas en una información que ellos
mismos generaron (www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sba104.htm).
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El acercamiento que Caballero y Dietz (1999) proponen es de un intercambio de
ideas entre los campesinos, para su estudio de caso en el Perú, y los investigadores. Este
acercamiento, continúan los autores, haría que el “objeto de estudio” de las investigaciones
científicas tradicionales se vuelva un “sujeto de enlace”. La transición que proponen resulta
interesante y central para la aplicación de los DRP. La comunicación continua, surgida del
mencionado “enlace”, entre investigadores y población local hace que los DRP , más
que una
forma
comunicación
de
y
investigación
de
y de
transferencia
análisis,
de
se
vuelvan
conocimiento
entre
un ejercicio
ambos
de
grupos
(www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sba104.htm).
Entonces, los DRP más que buscar extraer información de una comunidad buscan
darle poder por medio de la participación y de la validación del conocimiento local
(Chambers 1994b: 1265-1266). Por este cambio en la perspectiva sobre los objetivos de una
investigación también se necesitó echar mano de nuevas técnicas que no fueran sólo
extractivas, sino participativas.
Técnicas empleadas por los DRP.
Los DRP se distinguen por la creación de representaciones gráficas locales que legitiman el
conocimiento local y lo “empoderan” (Rennie y Singh 1995). Según Chambers (1994b:
1263) los métodos visuales igualan a las personas puesto que la manifestación visual de la
información no está sujeta a otro tipo de educación que pudiera ser elitista como el saber
leer y escribir; por estas razones los DRP enfatizan los métodos visuales e intentan
combinarlos con los verbales.
Estas representaciones gráficas son, sobre todo, mapas de la comunidad, diagramas
históricos y diagramas sobre las estaciones del año. De esta manera se puede conocer la
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historia de la zona y/o del poblado, la ubicación de los recursos naturales, la lógica en el
uso de la tierra y, de manera superficial, las interrelaciones entre los distintos grupos
sociales (Caballero y Dietz 1999).
Chambers (1994b) nos habla de varias secuencias de métodos participativos que
involucran la información visual, por ejemplo: mapas participativos que se complementan y
a los que se les va agregando información. Mapas sociales con información sobre las
unidades domésticas, la población, los grupos sociales, la salud y otras características de la
comunidad. Un mapa participativo sobre los recursos locales que permita hablar sobre las
“mejores apuestas”. Un mapa participativo de un área deforestada que pueda proporcionar
información sobre la forma en que podría ser reforestada. Un mapa social de la aldea que
de información sobre el estado económico de las unidades domésticas y que diferencie a los
grupos locales. Y, por último, una valoración de la población local sobre ciertas cosas como
árboles, vegetales, tipos de cultivo y de animales, entre otras.
Es importante señalar que para que estas representaciones gráficas cumplan con sus
objetivos deben de provenir de la población local. La ventaja que tiene el realizar mapas
participativos donde exista un grupo de personas ayudando es que la información visual no
se queda sin verificar ni es poseída por el investigador (Chambers 1994b: 1256-1257).
Junto con estas representaciones gráficas se emplean otras herramientas que
incluyen, según el Banco Mundial (www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sba104.htm), la
sesión inicial abierta, entrevistas semi-estructuradas y discusiones de grupos meta y la
sesión final con una junta posterior.
Chambers (1994b) es más específico y aunque no habla de tiempos ni de sesiones sí
proporciona una lista de técnicas no visuales que pueden utilizarse con éxito. Por ejemplo
propone la realización de censos participativos que sean reflejados en mapas y que
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informen sobre el número de individuos y las condiciones de las unidades domésticas.
También señala una técnica utilizada para recopilar información sobre la cantidad anual de
lluvia que consiste en colocar doce piedras, una por cada mes, y después dejar que algunos
agricultores asignen semillas o pedazos de madera para indicar la cantidad de lluvia por
cada mes. Sin embargo no olvida las sesiones e indica que la ventaja de las entrevistas
grupales es que varios sujetos saben más que uno solo, además de que los temas delicados
son tocados de manera más natural y la información de cada participante se complementa.
Para Caballero y Dietz (1999) las herramientas de los DRP son talleres y grupos de
trabajo. Según estos mismos autores hay dos etapas. La primera que consiste en la
preparación, es decir, el contacto con los representantes y los grupos para informarles del
DRP, así como la organización de talleres. Y la segunda etapa donde se organizan talleres
de seis a ocho días y es cuando se realiza todo el trabajo de campo.
Como se puede ver el tiempo es un elemento clave en la aplicación de dichas
herramientas. Mientras Caballero y Dietz (1999) nos hablan de talleres de seis a ocho días,
otras fuentes (www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sba104.htm) indican que se deben de
realizar entre dos y tres semanas de trabajo de campo, para luego señalar que los resultados
se ven afectados por el tiempo empleado.
Diagnóstico y participación.
Dicho esto se puede entender porqué es un diagnóstico y porqué es participativo. Es
diagnóstico porque no pretende conocer la situación del grupo en su totalidad, sino que
busca una “ignorancia óptima”, es decir, la información necesaria para la eficiencia
(www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sba104.htm). Y es participativo porque, como ya se
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mencionó antes, la información proviene de los grupos meta en un ejercicio de
comunicación, y no únicamente del investigador.
La información que los grupos meta proporcionen es necesaria y fundamental,
puesto que la participación activa de estos grupos ayuda a conocer y comprender la realidad
de las familias afectadas (Caballero y Dietz 1999).
La selección de los grupos meta varía según cada caso, pero siempre se intenta que
exista el principio de “inclusividad” que, según Rennie y Singh (1995), trata de incorporar a
grupos marginales. Para el caso del Perú, analizado por Caballero y Dietz (1999), las
mujeres fueron uno de estos grupos meta, ya que tenían poca presencia en espacios
públicos y mixtos, por lo que la creación de espacios para la opinión femenina fue
fundamental.
Si seguimos con la idea de que el desarrollo tiene que ser participativo (Rennie y
Singh 1995) encontraremos el porqué de la importancia del conocimiento local en métodos
como los DRP. Como ya se dijo anteriormente la relación entre investigador y “sujeto de
enlace” es un ejercicio de comunicación, donde ambas partes deben aprender algo del otro
y donde las relaciones de poder entre ambos debería, supuestamente, quedar de
lado.
actuar
De esta
como
manera se entiende que los
controladores,
lo
investigadores
hacen
foráneos,
como
más
que
“facilitadores”
(www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sba104.htm). Los DRP pretenden que la población
local se apropie del conocimiento al realizar el trabajo que tradicionalmente era delegado
sólo a los investigadores foráneos (Chambers 1994b: 1255). Es decir, los DRP intentan
llegar, junto con los protagonistas, a conclusiones y a recomendaciones estratégicas con
respecto a acciones concretas para el desarrollo alternativo (Caballero y Dietz 1999). Este
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desarrollo alternativo debe de estar basado en el conocimiento local, que es definido por
Escobar (2000: 188) como un modo de conciencia centrado en un lugar.
El conocimiento da poder: la importancia del conocimiento local.
A través de los años cincuenta, sesenta y setenta los programas de desarrollo rural fueron
definidos en términos científicos, de productividad y eficiencia, ignorando la importancia
del conocimiento local por completo al argumentar la superioridad de la ciencia (Bedoya y
Martínez 2000: 158). Así el discurso de la globalización, según Escobar (2000: 144), es
capitalcentrista; el capitalismo aparece como hegemónico y dominante, si no es que como
el único sistema viable. Esta poca integración entre el conocimiento global, es decir la
ciencia, y el local llevó a que los DRP reaccionaran buscando un “empoderamiento”, ya
que el conocimiento es poder, al legitimar el conocimiento local se rompe el monopolio del
conocimiento profesional, aunque no se descarta que el conocimiento “externo” a los
grupos afectados pueda ser asimilado por estos (Rennie y Singh 1995).
Según los mismos autores (Rennie y Singh 1995) este empoderamiento del
conocimiento local debe de tener sus bases en un respeto de los investigadores, que deben
de dejar las actitudes paternalistas atrás y estar preparados para “aprender a aprender”. Con
esto queda claro que el papel de los investigadores es fundamental para el éxito del
programa. De hecho la investigación tiene contextos específicos: el estilo y la actitud del
investigador (Rennie y Singh 1995), características que varían según cada persona y que, de
igual manera, provocan reacciones y proporcionan resultados diferentes. Ya que cada
investigador es diferente y con diferentes capacidades es importante formar un equipo
flexible y que conozca las limitaciones de cada uno de sus miembros, de esta manera el
trabajo puede ser repartido de tal forma que se favorezca el conocimiento y las actitudes de
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cada investigador, por ejemplo una persona a la que le cuesta trabajo entablar
conversaciones puede hacer otro tipo de trabajos como el de medir terrenos y observar
técnicas agrícolas (www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sba104.htm). Esto debe de ser
considerado desde el principio de la investigación ya que un acercamiento abrupto con
demasiado formalismo puede crear la sensación de explotación entre la población local
(Rennie y Singh 1995).
Sin embargo es importante señalar que en los DRP siempre debe de haber
transparencia en la finalidad del proyecto, es decir se debe de plantear que el estudio no
promete acciones directas e inmediatas, sino sólo es un estudio con una finalidad sujeta a
muchos factores (Caballero y Dietz 1999). Hacer explícitas las expectativas puede ayudar
(Way 1999: 36). Con esto se puede evitar la desilusión en la población que, según sea
planteado el proyecto, espera resultados tangibles inmediatamente (Rennie y Singh 1995).
Otro punto donde la actitud del investigador debe de cumplir cabalmente para lograr
un auténtico DRP es en la devolución de la información obtenida en la investigación
(Caballero y Dietz 1999). Con esto queremos decir que en los DRP los “dueños” de los
resultados de la investigación no son los investigadores, sino la comunidad en cuestión
(Rennie y Singh 1995). Así el empoderamiento no sólo se da con la validación del
conocimiento local, sino con la transmisión del conocimiento “científico” a la población
local que puede darle el uso que quiera.
Pero también los DRP han estado expuestos al cambio, a pesar de que en
su
nombre
se
incluye
la
palabra
rural,
según
el
Banco
Mundial
(www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sba104.htm) ahora también se están aplicado sus
herramientas en contextos urbanos, con lo que está dejando de ser solamente rural.
17
Es por esto que según Rennie y Singh (1995) los DRP más que ser un método, como
muchos lo definen, son un estilo ecléctico situacional que cambia según lo requiera el caso.
DESARROLLO, ¿QUIÉN QUIERE QUÉ? Y ¿POR QUÉ?
En las páginas anteriores se ha hablado sobre el desarrollo participativo, una forma
alternativa de beneficiar a ciertos grupos de personas en ciertos contextos ecológicos
tomando en cuenta su conocimiento y la forma en que quieren el desarrollo.
Pero, ¿qué es el desarrollo? Según la visión pos-desarrollista de Viola (2000: 10) el
desarrollo es una transición histórica a una economía moderna, industrial y capitalista;
definida por un aumento en la calidad de vida, la erradicación de la pobreza y el bienestar
material. Esto mismo llevó a que, como se dijo antes, los programas de desarrollo que
surgieron en las décadas de los años cincuenta a setenta fueron formuladas sólo en términos
científicos, es decir, cuantificaciones de la productividad y de la eficiencia, sin tomar en
cuenta el conocimiento local ni la relación entre población y ecosistema (Bedoya y
Martínez 2000: 158).
Si el desarrollo es sólo definido en términos de productividad y de medidas oficiales
y cuantificables, nos resulta obvio la poca participación y el poco control y poder de
decisión que la población afectada puede tener sobre dichos programas “desarrollistas”. Por
lo tanto la crítica pos-desarrollista cuestiona la ontología del “desarrollo” como discurso
(Viola 2000: 19) y señala la necesidad de que la población que, supuestamente, saldrá
beneficiada tenga el control del proceso puesto que será la más afectada (Bedoya y
Martínez 2000: 160). En esta crítica se resalta la importancia del conocimiento local y,
quizá, se define al desarrollo, más que en términos de producción y de eficiencia, en cuanto
a una mejoría en las relaciones entre población y territorio (Dunn 1994).
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Pero el resaltar las particularidades de cada cultura en su agri-“cultura” (Dunn 1994)
y el recuperar el “conocimiento local” para una nueva agro-ecología (Viola 2000: 50) no
debe de llevarnos a aislar a los grupos afectados y a romantizar a los grupos indígenas
(Viola 2000: 29). Y decimos esto porque creemos que el desarrollo es un concepto
multifacético y muy complejo como para reducirlo a definiciones tan simples.
Si bien es cierto que el empoderamiento de las sociedad locales por medio de la
validación de su conocimiento es algo importante, también tenemos que recordar que no
todas las sociedades son iguales y no todos dentro de una sociedad comparten las mismas
circunstancias y potencialidades. Es aquí donde el “desarrollo sustentable” muestra algunas
debilidades. Como lo señala Escobar (2000: 201-202) la “[s]ustentabilidad se tiene que
basar en las propiedades estructurales y funcionales de ecosistemas correctos”, es decir, la
sustentabilidad y el desarrollo basado en las buenas relaciones entre población y ecosistema
no es para todos, sólo para algunos ecosistemas con las características adecuadas. El
desarrollo, de cualquier tipo, es una oportunidad desigual.
Esta desigualdad de oportunidad no sólo se debe a las características estructurales
del ecosistema. En los DRP la designación de “grupos meta” o “grupos focales” es otro
indicio de que el desarrollo no es para todos. Si bien es cierto que los DRP buscan ser
inclusivos y tomar en cuenta a los grupos marginales dentro de sus programas, la realidad
es que dicha tarea es casi imposible. Al interior de las sociedades, sin importar el tamaño o
la población de éstas, siempre se encuentran diversos grupos y facciones que no comparten
los mismos intereses. Dicho esto, se tiene que poner mayor cuidado en la selección de los
grupos meta, ya que un proyecto que no tome en cuenta las relaciones de poder y la
distribución desigual de la riqueza en una comunidad, bien puede ayudar a generar mayor
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pobreza al empoderar a los grupos que aparentan ser marginados, pero que gozan de mucha
fuerza local.
El desarrollo tampoco aparece de la misma manera para todos. Bedoya y Martínez
(2000: 160) señalan que la mayoría de las veces los proyectos rurales de desarrollo
implican procesos de reestructuración en las estrategias de asignación de recursos humanos,
por lo que hay oposición. Y es que, siguen los autores, el tiempo gastado en dichos
procesos significa el restarle tiempo a otras actividades, quizá necesarias para la
subsistencia, por lo que no todos pueden participar.
También cabe señalar que los proyectos de desarrollo y de conservación de recursos
no siempre existen ajenos a cuestiones de poder y de política. De hecho, según O´Connor
(citado en Bedoya y Martínez 2000: 132), la dinámica del capitalismo deteriora su propia
base de reproducción creando una “externalidad negativa”, por lo que el Estado tiene que
intervenir para impedir el aniquilamiento de su base y para reducir costos (Bedoya y
Martínez 2000: 132). Por lo que la pregunta importante en el desarrollo es ¿por qué se
protege lo que se protege? Way (1999: 21) cree que las metodologías participativas sólo
son permitidas por el Estado donde no hay grandes intereses y los pobladores son débiles y
con poca fuerza política.
La importancia de los DRP es que buscan, por medio del diagnóstico, crear una
“radiografía” de la sociedad en cuestión, para lograr un desarrollo más participativo e
incluyente. También buscan crear espacios para el entendimiento y la comunicación entre
diversos niveles de la sociedad (Way 1999: 22).
Es interesante resaltar que a lo largo de los años el desarrollo había pertenecido casi
exclusivamente a los proyectos gubernamentales, quizá ahora, como dicen Bedoya y
Martínez (2000: 159), con la mayor participación de la sociedad civil se pueda dar un
20
estilo diferente de desarrollo. Desde 1994 la utilización de las metodologías participativas
ya era manejada en gran parte por las ONG´s, sin embargo Chambers (1994b: 1254) hacen
notar que el Estado en algunos países empezaba a experimentar con estos acercamientos.
En el caso de México la entrada de los DRP ha sido muy limitada y sigue siendo
muy débil (Way 1999:3-4). La aceptación de las metodologías participativas ha estado
condicionada por los contextos sociopolíticos a nivel local (Way 1999: 11). La expansión
de los DRP ha sido motivada por algunas ONG´s que han tenido contactos con países
angloparlantes (Way 1999: 15). La poca actividad sobre estas metodologías se debe tanto a
la actitud del gobierno que ve a las ONG´s como una amenaza y por eso intenta controlarlas
(Way 1999: 11) como por el hecho de que algunas ONG´s locales perciben a los DRP como
una expansión del vecino del norte y por lo tanto no lo aprueban en absoluto (Way 1999:
15).
NUEVOS Y VIEJOS RETOS: DEBILIDADES Y FORTALEZAS.
Si algo queda claro hasta este punto es que los DRP como metodología son un tanto
ambiguos, influenciados por los contextos locales y por la actitud de los investigadores
entre otras cosas. También queda claro que como toda metodología tiene sus debilidades y
sus fortalezas, algunas de las cuales analizaremos aquí.
Los DRP, como se ha señalado con anterioridad, han sido un cambio fresco con
respecto a las otras metodologías participativas. Pretenden reconocer el conocimiento de las
poblaciones locales, enriquecerlo y respetarlo. Crean espacios de comunicación y
negociación y permiten a la gente tomar decisiones con más información. Además de que
es muy flexible como metodología.
21
Pero estas “ventajas” o fortalezas muchas veces sólo existen en el planteamiento a
priori y también estas mismas fortalezas son las características que luego se vuelven
problemáticas.
Una fuerte crítica de los DRP es proporcionada por Sally-Anne Way (1999) en su
texto Critical Reflectios on PAR and Participation in México. Esta autora señala los riesgos
de la “participación” como discurso que legitima decisiones y borra diferencias internas.
Para Way (1999) los DRP terminan legitimando objetivos externos predeterminados ya que
los que la llevan a cabo reciben un sueldo por ello y este financiamiento está basado en
ciertos intereses que no son decididos por la población local, por lo que la “participación”
es decidida con dinero, es una participación dirigida. La participación, en ese caso, sólo se
utiliza para incrementar la efectividad en la implementación del programa, es decir no hay
participación en el diseño del programa, cosa que sigue estando en las manos de los
“científicos”, sólo en su realización.
Por otro lado Way (1999) acepta que los DRP no tienen herramientas para lidiar con
la heterogeneidad y mucho menos con las relaciones de poder. Y es que como los DRP
buscan una perspectiva “a-política” o “neutral” carecen de los conceptos para entender las
relaciones de poder que existen en todos lados. Esta falta de sensibilidad se expresa en las
juntas, básicas en los DRP, donde la mayoría de las decisiones son de pequeños grupos no
representativos y con poder tradicional y que al ser tomadas en cuenta por los DRP sólo
reproducen las formas tradicionales de poder y el status quo existente. Las juntas son un
buen ejemplo de la “neutralidad” de los DRP porque dejan ver la pobreza del método y su
poco impacto en la vida cotidiana, ya que a estas juntas sólo asisten quienes tienen tiempo y
dinero para dejar sus actividades diarias. Y en estas juntas, aunque quizá parezca existir
igualdad en su interior, se ignora que están sujetas a relaciones de poder y dominación con
22
fuertes bases históricas y materiales. También es de notar que a pesar de que los DRP se
concentran en las unidades domésticas, según Way (1999), no pueden ver las relaciones de
poder al interior de éstas. Es por esto que los DRP no pueden romper barreras políticas.
Una de las debilidades que también parecen fortalezas es la búsqueda de consensos.
Esta búsqueda puede ser peligrosa ya que los consensos pueden validar objetivos
gubernamentales o de grupos específicos (Way 1999: 17-18). Esto sin excluir la posibilidad
de que los consensos sean logrados con modelos de tomas de decisiones impuestos por los
mismos DRP (Way 1999: 27).
Por si esto no fuera poco los DRP también están sujetos a los ritmos burocráticos
que, al parecer, se han incrementado con los intermediarios que la misma participación ha
creado (Way 1999). Además de que la comercialización de las metodologías participativas
ha cambiado el compromiso de los investigadores (Way 1999: 30), factor que fue tan
remarcado por otros autores como Chambers (1994b), y que se encuentra sujeto a la
cantidad de dinero y de tiempo disponibles.
Otro de los problemas que nos gustaría tocar aquí es el de la validez de la
investigación, es decir, ¿qué tanto los reportes de los investigadores, sobre todo sociales,
pueden reflejar la realidad de la localidad y de la región? Este problema, de carácter
epistemológico, nos hace reflexionar sobre la manera en que la información es filtrada por
el investigador y sobre el origen de dicha información. La naturaleza de la información es
de suma importancia puesto que las acciones llevadas a cabo por los proyectos están
basadas en los resultados de las investigaciones. La información surge de los grupos meta,
desde éste punto se puede hablar de una parcialidad, de una información subjetiva, no
objetiva, de la situación social de la localidad. Y es que la realidad va más allá de los
grupos meta y de las personas entrevistadas, la realidad incluye a toda una población con
23
diferentes facciones con sus relaciones unas con otras. De la misma manera el investigador
también interpreta la información de los sujetos y la convierte en su propia interpretación
subjetiva de lo que él o ella cree que es la realidad. Para este problema casi irresolvible los
DRP han sugerido la “ignorancia óptima”, que pretende recopilar la información necesaria
para la eficiencia del proyecto sin buscar conocer toda la realidad de la localidad
(www.worldbank.org/wbi/sourcebook/sba104.htm).
Llama la atención el uso del término flexibilidad tan importante para los DRP. A
nuestro parecer es otro término que intentando ser una de las fortalezas de los DRP termina
siendo un punto débil. Chambers (1994b: 1255) en un intento por señalar la flexibilidad de
esta metodología dice “[l]o que se hace es diferente cada vez” señalando que los principios
del DRP fueron basados en la prueba-error (Chambers 1994b: 1254). Lo mismo señala
cuando dice “[l]a teoría [de los DRP] se ha inducido de la práctica, de lo que ha
funcionado, no se ha deducido de las propuestas” (Chambers 1994c: 1449). Con esto sólo
podemos interpretar que los DRP carecen de algún supuesto teórico sobre el cual
fundamentarse y por lo tanto en su perfeccionamiento podrían perjudicar a muchas
personas que sólo servirían como conejillos de indias. Sobre este punto Way (1999: 23)
también señala que los resultados de los DRP varían según los contextos, casi señalando
que jamás se sabe lo que sucederá.
Para Chambers (1994c) algunos de estas debilidades surgieron por la manera en que
se difundieron y extendieron los DRP, de una manera muy rápido con riesgos en la
adopción rápida y rígida de los mismos métodos. Sin embargo el mismo autor señala que la
responsabilidad de los DRP yace en el juicio personal del individuo, así como en las
ONG´s y en el gobierno (Chambers 1994c: 1450). A nuestro parecer justificar de esta
manera las debilidades de los DRP más que resultar un buen argumento es una manera de
24
convertir a los DRP en un núcleo que se desliga de cualquier mal resultado alegando la
responsabilidad individual de los mismos. Es decir, los DRP “comprueban” su buen
funcionamiento con los buenos resultados, pero son los individuos, las ONG´s y el
gobierno quienes responden por los malos. La teoría de la cual surgen los DRP se vuelve,
entonces, en una teoría que no puede ser falseada y que amenaza con impedir el
crecimiento de la ciencia.
En cuanto a la metodología se puede señalar que los DRP han logrado métodos más
atractivos y con una apariencia de mayor “confiabilidad” (Chambers 1994c: 1438). Estas
técnicas también han resultado más efectivas y más populares que los cuestionarios
tradicionales (Chambers 1994c: 1444). Y es que como Finan y Willigen (1991: 4) señalan
con los grupos focales, una de las técnicas más empleadas por los DRP, se obtiene
información más representativa que con un solo informante clave además de que la
información se contraste entre los diferentes miembros del grupo. Pero, siguen los mismos
autores (Finan y Willigen 1991: 6), en ocasiones los grupos focales pueden estar dominados
por uno o más individuos sin que esto sea evidente en la reunión de los grupos focales.
Y es que aunque los métodos tradicionales hallan sido desplazados por estas nuevas
técnicas más dinámicas e innovadoras. Las encuestas, uno de los métodos más criticados
por Chambers (e.g. 1994), pueden documentar importantes problemas que escapan a las
entrevistas con grupos focales y a los diagnósticos rápidos, problemas tales como el ingreso
real de una mujer campesina o el nivel educativo (Finan y Willigen 1991: 7).
Además de estas razones y a pesar de que algunas técnicas de los DRP como la
creación de mapas y diagramas sean muy atractivas e innovadoras incluso para disciplinas
como la antropología, los DRP parecen olvidar por momentos que existe una gran
diferencia entre lo que se expresa y lo que se vive en la realidad. Las entrevistas profundas,
25
las historias orales y las demás técnicas empeladas tanto en los DRP como en la
antropología, así como los mapas y diagramas popularizados por los DRP surgen en un
contexto de seres sociales con relaciones políticas y económicas entre ellos y por lo tanto
toda la información recopilada lleva consigo una fuerte carga personal con intenciones e
intereses propios. Con esto no señalamos que la información sea inútil, muy al contrario, es
muy útil si se logra contextualizarla dentro de una historia personal, local, regional e,
incluso, nacional.
26
COMENTARIOS FINALES.
A lo largo de este texto se han hecho diferentes observaciones y comentarios sobre los
DRP: sus orígenes, sus objetivos, sus técnicas, sus ventajas y las críticas que se le pueden
hacer. Esto nos ha traído hasta este apartado final que no hemos llamado conclusión o
conclusiones porque no pretendemos llegar a ellas sino solamente señalar las ideas que este
texto ha producido.
Los DRP, como pudimos ver en las primeras páginas, no son un producto surgido
de la nada, muy al contrario. Tienen una larga serie de antecedentes históricos que han ido
moldeando y creando lo que ahora conocemos como DRP. Por lo tanto no sería
descabellado considerar a los DRP, como lo hace el propio Chambers (1994c: 1448), como
un nuevo paradigma de desarrollo. Pero esto no debe de hacernos creer que hemos llegado
al límite en la comprensión de lo que es el desarrollo. Ciertamente los DRP traen consigo
actitudes, comportamientos y técnicas que llevan a compartir el conocimiento generado en
un ejercicio continua de comunicación entre investigadores y locales, pero esto no significa
que los DRP no puedan ser modificados y mejorados con nuevas metodologías que vengan
en un futuro.
Dichas metodologías deberán considerar las aplicaciones prácticas de los DRP: los
diagnósticos participativos y la planeación. La implementación, monitoreo y evaluación de
programas de desarrollo. Las investigaciones temáticas. La capacitación y orientación tanto
para foráneos como para locales (Chambers 1994a: 961). Y tampoco deben de descuidar los
sectores donde los DRP buscan funcionar: el manejo de recursos naturales como el agua, la
tierra, los bosques, los recursos acuáticos y la biodiversidad. La agricultura tomando en
cuenta el riego, el ganado y las investigaciones sobre los mercados. La pobreza y los
27
programas sociales enfocados a créditos, selección de grupos pobres, ingresos no agrícolas,
género y alfabetización adulta. Salud y aseguramiento de comida (Chambers 1994a: 961).
Pero si en realidad el reto máximo de los DRP es establecerse en organizaciones y
en el gobierno (Chambers 1994c: 1447). Entonces deberán de cuestionar más la política de
asistencia y el afán de control político del Banco Mundial que muchas veces financia
programas de “desarrollo sustentable” o de “etnodesarrollo” con el fin de disuadir a otros
países de una opción diferente a la determinada por la hegemonía mundial y que legitima el
discurso neoliberal (Boletín ICCI No. 25, 2001). Y también deberán poner más atención a
las desigualdades internas y en la selección de los grupos meta como se señala en el texto.
De esta manera esperamos que este documento halla cumplido con su cometido:
ofrecer una visión crítica de los DRP señalando las innovaciones, las ventajas y los
beneficios que esta metodología tiene así como sus carencias, debilidades y flaquezas.
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