Un Erasmus en tierras mitológicas Rubén Cañas Caballero

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Un Erasmus en tierras mitológicas
Rubén Cañas Caballero
Seleccionado Exposición
III Concurso Fotorrelato Erasmus
Cultura Activa 2010-11
Universidad de Castilla-La Mancha
Y yo, ¿por qué fui de beca Erasmus? La verdad, en un principio no quería ir a ningún lado.
Dónde voy yo, un mozalbete conquense, con más que raíces en mi tierra, acostumbrado a la comida
de una madre, sus cocidos, sus lentejas, y lo que es mejor con un inglés manchego cerrado, cerrado.
En fin, dónde voy con más déficits que capacidades para viajar. Pues ¿dónde vas a ir? ¡A Grecia! A
un piso alquilado tan, tan limpio, que la campana extractora tenía grasa acumulada desde el año de
la creación, tanto que en un pegote de grasa había un mosquito, con cuyo ADN se podría resucitar
de nuevo a los dinosaurios.
Pero bueno, montas en el avión pensando; “menos mal que no ha venido mi familia a
despedirme al aeropuerto. Seguro que mi abuela me enfrasca un tupperware con chorizos de la
orza, y a ver quién le explica a ella que eso no lo puedo llevar, que me lo quitan en el control. Mi
madre estaría envuelta en lágrimas. Alguno con la pancarta de despedida y cómo no, la frase
célebre por parte de padre, tío o abuelo: “Tú hijo mío, no te hagas notar mucho”.
Si supieran lo que me ocurrió nada más llegar a la universidad. Yo iba allí a hacer prácticas
de campo, y como no tenía asignaturas, me metieron directamente a una de mitología griega con el
famosísimo Dr. Gareth Owens. Mi intención era no hacerme notar, pero no fue fácil en una clase
llena de alumnos Erasmus que ya se conocían todos, porque un servidor llegó con un mes de
retraso. Al principio la cosa no iba mal. Yo entendía un poco la historia de Ulises y cómo su mujer
Penélope deshacía por la noche lo que tejía por el día. Y ocurrió lo que, cosas del destino, capricho
de los dioses, tenía que ocurrir: el famoso arqueólogo, mirando fijamente a los ojos a aquel
muchacho conquense sentado en primera fila, siempre asintiendo con la cabeza –aunque no se
enterase de mucho–, le dijo: “I have a present for you”. Y saca de su mochila el famoso Disco de
Festos, una reliquia cretense, en la cual el Dr. Gareth estaba basando su tesis. Me la entrega, la
miro, por arriba, por abajo, de canto, de mil formas, y pienso “Mira qué majo este profesor, nada
más llegar y me regala esto, que no sé lo que es, pero que de regalo para mi madre me sirve”. Acto
seguido abro mi mochila y meto la tan valorada pieza mística en su interior. A todo esto, el chico
francés que estaba a mi lado no hacía nada más que mirarme, como si fuera un delincuente. No
transcurrió mucho tiempo cuando el profesor lanza una pregunta al aire, yo ya había desconectado,
pero se formó un rumor en clase y mi compañero no paraba de hacerme gestos muy raros.
En ese momento comprendí que la había cagado.
Todas las miradas taladraban mi persona. Abrí la mochila y saqué el disco, excusándome en
que pensaba que era un regalo para mí y por eso lo había guardado. Al instante comenzaron las
carcajadas. Pequé de ignorante, pero yo no tengo la culpa de que “you” signifique tú y vosotros a la
vez. Nadie la tiene. Como decía antes, caprichos de los dioses, es lo que tiene viajar a su tierra.
Desde ese día fue imposible que no me relacionaran como el español que intentó robar el Disco de
Festos. Porque además fuera a donde fuera y visitase lo que visitase: fiestas, montañas, playas, me
pedían que contara la historia.
No sé qué tiene el Erasmus, pero cuando pasa te das cuenta de lo intenso que ha sido.
Recuerdas cada amigo y cada momento como si fuera ayer. Ese acontecimiento me hizo conocer
mucha gente, de sitios y lugares bien distintos, y participar en muchos eventos: visitar islas
paradisíacas donde montábamos el campamento con tiendas de campaña y sacos; beber Rakí a la
luz de la luna y al calor de la hoguera –gracias a la cual me quemé el bañador al saltarla una y otra
vez–; encontrar tesoros naturales como el día en el que buceando con snorkel, en playas
paradisíacas de postal, me encontré en un arrecife una estrella de mar de la cual me hice amigo;
superar expectativas como del día que visitamos un pueblo casi olvidado, muy tradicional, en el que
me tuve que comunicar con sus longevos residentes, tirando de muchos gestos y del poco griego
que sabía para que me indicaran dónde quedaba la cueva en la que según la mitología griega nació
Zeus; sorprender a la población con nuestra participación activa en las fiestas, arrancándote por
flamenco, pasodoble, rumba o bulerías aunque no supieras hacerlo; observar las caras que ponían
los griegos cuando nos bañábamos en sus fuentes para celebrar la victoria de España en el
mundial…
Pero esas… esas son otras historias.
¡Ευχαριστω!
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