Centro Virtual de Estudios Judaicos
Ser judío en un lugar de trabajo no judío.
por Richard Rabkin
Ser judío en un lugar de trabajo no judío puede ser a veces una situación llena de
desafíos. En la estación navideña, frecuentemente las oficinas están repletas de fiestas
religiosas, concursos de decoración de árboles e intercambio de regalos de amigo secreto.
Luego, nuestros colegas y sus hijos están cazando huevos de chocolate, mientras nuestros
niños, (si es que tienen suerte), están comiendo matzá cubierta de chocolate. Después de
eso, los hijos de nuestros amigos se disfrazan y comen las golosinas que consiguen en
Halloween mientras que los nuestros, en Iom Kipur, no comen nada.
Nosotros los judíos nos hemos acostumbrado a decir: “Nosotros no hacemos eso.
Nuestra familia es diferente. Somos judíos”.
Tengo que decir eso en numerosas ocasiones. La primera vez me ocurrió en la oficina
donde actualmente trabajo. En mi primer día, mi nueva jefa quería que tuviéramos un
almuerzo “para conocernos” con todo el departamento. Le dije que estaría más que
contento de participar, pero dado que yo era judío observante sólo podía comer comida
casher, por lo tanto, tendría que perder el almuerzo y sólo podría participar de la etapa de
“conocernos” de la tarde.
“Podemos conseguir comida casher para nuestro almuerzo”, ofreció ella amablemente.
¿Acaso mis nuevos compañeros de trabajo van a pensar que soy un loco con fobia
a los gérmenes?
Entré a la sala de juntas y me impresionó el elaborado banquete – no había kugel, sólo
ensaladas gourmet y sándwiches. La comida se veía increíble y quería atacarla
inmediatamente. El único problema era que yo era “diferente”. Los judíos observantes se
lavan sus manos ritualmente antes de comer pan. ¿Dónde me voy a lavar las manos? ¿Acaso
mis nuevos compañeros de trabajo van a pensar que soy un loco con fobia a los gérmenes?
Empecé a buscar soluciones. Comencé a diagramar jugadas en mi cabeza como si fuera
un entrenador de la NBA. ¿Qué pasaría si hacía una jugada de toma y corre? Podría usar a un
colega como pantalla, lavarme las manos sin que nadie viera y luego correr directamente a la mesa a
comer un sándwich y anotar una canasta…
Pero incluso si lograra hacer mi jugada de Michael Jordan camino a la bandeja de comida,
había otra complicación: recitar la bendición que se dice luego de la comida (Birkat
Hamazón) cuando terminara de comer mi sándwich. ¿Cómo podría hacer eso de una forma
discreta? ¿Acaso quería que mis nuevos colegas dijeran, “Este Richard es bien agradable, pero no sólo me
usó de pantalla, también murmuró algo para sí mismo cuando terminó el almuerzo. Y tiene fobia a los
gérmenes. Asegúrense de mantenerlo lejos de los niños?”.
Decidí saltarme el sándwich y comer en vez, una porción saludable de ensalada. A pesar
de que cualquier comida, incluyendo ensalada, requiere una bendición de agradecimiento
antes y después, esas bendiciones son mucho más cortas y se pueden decir de una
manera mucho más sutil.
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Mientras amontonaba la ensalada en mi plato mi jefa me preguntó porque no estaba
comiendo sándwiches. Después de todo, ellos se habían esmerado tanto en conseguir
comida casher para mí, que querían verme comiendo de todo.
Sin pensarlo mucho, le respondí como contando una indiscreción, “Realmente no como
pan. Estoy haciendo la dieta Atkins”. Estoy seguro que el doctor Atkins estaba
revolcándose en su tumba de bajas calorías de sólo pensar que yo alguna vez seguiría su
dieta.
Después de haber comido sólo ensalada en la última hora y media, yo estaba realmente
hambriento. Al abandonar la sala de juntas, tomé con disimulo un sándwich para comer
después. Volví a mi escritorio, realicé el lavado ritual de manos y la bendición y di un
gran mordisco al sándwich gourmet que había estado observando desde el medio día.
Justo en ese momento, pasó mi jefa. “¿Pensé que estabas haciendo la dieta de Atkins?”,
preguntó ella con una mirada de confusión en su rostro.
¡Estaba todo estropeado! ¿Qué iba a hacer?
La única otra cosa que podía hacer – otra indiscreción. “Tengo problemas con mi fuerza
de voluntad”, le respondí.
No Más Acertijos
Sí, ya sé, ya sé… ¿eran realmente necesario todos esos acertijos? ¿Por qué no podía
simplemente explicar a mis compañeros de trabajo que yo era diferente y que por eso, me
comportaba de manera distinta? Ellos seguramente serían respetuosos.
Yo quería, pero me sentía incómodo. Después de todo, era mi primer día. Después de un
tiempo, me dije a mí mismo, voy a ganar más confianza en mi nuevo ambiente.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Un año después, nuestro departamento tenía otro
almuerzo (dado que ya “nos conocíamos unos a los otros”, este simplemente se llamó
“almuerzo”). Mi considerada jefa nuevamente consiguió un proveedor de comida casher.
Pero esta vez, yo iba a tener más seguridad en mí mismo. Iba a estar orgulloso de ser
diferente. No más acertijos.
Al entrar a la sala de juntas, yo fui directamente a los sándwiches. Tal vez sobre
compensando lo del año anterior, apilé tres de ellos en mi plato. Saqué una botella de
agua y lavé mis manos de la forma ritual. Creo que la gente ni siquiera se dio cuenta.
El almuerzo fue agradable y discutimos sobre el año pasado y sobre algunas metas para el
futuro. Cuando la comida llegaba a su fin, la gente empezó a pararse para irse.
Calmadamente y con seguridad le dije a mi jefa, “Paula, tengo que recitar una bendición
de agradecimiento, así que adelántense y yo los alcanzo”.
Pensé que había sonado calmado y natural. Bueno, había practicado esa frase algunas
veces en la ducha esa mañana.
“Oh no”, dijo Paula. “Adelante, te esperamos”. Ella le hizo una seña a todos para que se
sentaran.
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¡No! No se supone que debía ocurrir eso.
“No en serio, Paula, se demora unos minutos. Mejor vayan y yo los alcanzo”.
“Absolutamente no”, dijo decidida. “Vamos a esperar a que termines tu rezo”.
Y justo cuando piensas que no puede ser peor…
“¿Por qué no recitas tu rezo en voz alta? Creo que será muy interesante para nosotros”.
Empecé a pensar si acaso esta era la forma en que Dios me estaba castigando por
difamar la memoria del Dr. Robert Atkins.
“Paula, de verdad, no creo que sea necesario. Es más bien un rezo privado”, dije rogando
por misericordia.
“Sabes, creo que sería una experiencia constructiva para todo el departamento el estar
más familiarizados con algunas de tus tradiciones”, dijo seriamente.
Observé a mi alrededor y vi las caras de mis colegas asintiendo, incitándome a seguir.
Entonces, en la sala de juntas en el piso 49 de nuestro edificio de oficinas en el centro de
la ciudad, rodeado por colegas no judíos, empecé a recitar Birkat Hamazón – la
bendición después de la comida.
“Baruj atá Hashem, Elokeinu melej haolam…” Mis colegas observaron con alegría,
mientras yo extrañamente revivía mi Bar Mitzvá, esta vez sin el peinado especial y el
acné.
Somos Diferentes
El judío que vive en una sociedad cristiana frecuentemente se siente diferente,
especialmente durante la temporada de fiestas religiosas. Y en muchos aspectos,
eso es bueno.
Una vez que el shock y el horror de mi experiencia de Bar Mitzvá en la sala de juntas
había pasado, me di cuenta que yo era realmente afortunado. Cuando mi abuelo llego a
este país, junto con toda una generación de judíos, no se les permitía ser diferentes. Se les
advirtió que si no trabajaban en Shabat, entonces no podrían trabajar del todo. Hoy
vivimos en una sociedad que nos permite amablemente – e incluso nos alienta – a la
diversidad.
El judío que vive en una sociedad predominantemente cristiana frecuentemente se siente
diferente, especialmente durante la temporada de las fiestas religiosas. Y en muchos
aspectos, eso es bueno. Debemos estar agradecidos que nuestros amigos no judíos y
nuestros compañeros de trabajo valoran esas diferencias - porque esas diferencias son las
que nos hacen ser únicos. Y esa singularidad nos recuerda que debemos proclamar
orgullosamente, “Nuestra familia es diferente – Somos judíos”.
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