LAS FUNCIONES EJECUTIVAS
¿QUÉ SON Y CUÁLES SON?
Uno de los más antiguos temas de reflexión es el de lo que diferencia a los seres humanos de
todas las demás especies que pueblan la Tierra, e incluso de los posibles seres que habiten o
pudieran habitar fuera de ella. Si haces la pregunta a la gente “corriente”, te responde siempre, casi
con independencia de su edad, “que el ser humano piensa”. Pensar significa, en términos muy
generales, manejar representaciones abstractas, es decir, implica la capacidad simbólica, la
capacidad de abstracción y la de combinar o relacionar los símbolos o representaciones. Ir más allá
de ellas, esto es, inferir ciertas conclusiones a partir de representaciones más simples es ya razonar.
“El hombre es un animal racional”. Es la definición más veces expresada del ser humano. Sin
embargo hoy suenan otras voces desde los campos de las Neurociencias y la Psicología, y llegan a
oírse incluso en el territorio de la Filosofía. Al querer señalar la diferencia entre bestias y humanos,
incluso entre especies de humanos desaparecidas (como los Neandertales) y los humanos
modernos, se apunta al funcionamiento ejecutivo. Se ha venido fraguando esta hipótesis al
observar personas con daños focales en ciertas áreas cerebrales, con frecuencia la corteza
prefrontal de los lóbulos frontales, que conservaban intacta su inteligencia, memoria, lenguaje,
capacidad perceptiva, e incluso la capacidad de pensamiento abstracto y razonamiento –incluido el
razonamiento social, es decir, el que requiere un análisis práctico de la situación y sus posibles
consecuencias_ y, sin embargo, todo este conocimiento y tales habilidades no le servían para
hacerse cargo de su vida, para apropiarse de sus acciones, no aplicaban todo ese conocimiento
teórico a su conducta como sería esperable; se alteraba en ellos algo sutil pero profundo: su modo
de enfrentarse a la vida y a sus problemas, que de pronto parecía haber perdido un director, un
centro de mando, desde el que organizar su acción en el mundo. Aparecía alterado lo nuclear de lo
humano, precisamente aquello a lo que se refieren hoy los neurocientíficos como funcionamiento
ejecutivo.
El funcionamiento ejecutivo no consiste única ni principalmente en razonar de forma abstracta
y lógica, no es “razón pura”, robándole el término a Kant... y a Damasio, que lo retoma en nuestro
siglo desde la neurobiología. El famoso Phineas Gage razonaba con claridad, pero era irresponsable,
desinhibido, grosero e irreverente, cuando antes de la lesión era un capataz con capacidad de
organización, responsable y serio.
Es también destacable el caso de las personas con autismo, pero con altas competencias
intelectuales, o bien los que presentan síndrome de Asperger ( si es que ambos grupos de sujetos no
son el mismo), individuos que son muy capaces, incluso más que los demás, a la hora de hacer
razonamientos lógicos, matemáticos, gramaticales y al realizar tareas visuo-espaciales. Sin embargo
tienen enormes dificultades en la comprensión de lo mental y lo social. Intentan aplicar el mismo tipo
de lógica que emplean para resolver aquéllas para enfrentarse a las relaciones humanas, el
resultado es algo extraño, ajeno, inadecuado...chirría, no se ajusta...¡Y es imposible explicar a otro
cómo hay que adaptar la razón a la práctica cotidiana, a la resolución de la vida! No es sólo lógica...a
veces no es lógica. El razonamiento frío y calculador, como dice Damasio, ha de ayudarse de las
cálidas emociones, pero en una proporción que no es matemática, y que no se puede enseñar de
forma explícita.
Ser humano y desarrollarse como humano es saber hacer “eso”: gobernar el propio
comportamiento por medio de una sabia mezcla de razonamiento, conocimientos y emociones, para
adaptarse al mundo propio, que es social, esto es, mental. No hay que olvidar que Lezak, que fue la
primera en utilizar el término, define las funciones ejecutivas como “las capacidades mentales
esenciales para llevar a cabo una conducta eficaz, creativa y aceptada socialmente”. Se ha de
reparar en esto último: socialmente adaptadas... No es sólo una acción eficaz en el mundo físico, en
el mundo de los objetos, sino una acción que sea aceptada socialmente, que tenga en cuenta a los
demás, sus necesidades, expectativas ...etc y las normas por las que se rigen.
El funcionamiento ejecutivo, por tanto, supondría elaborar y organizar los datos que se
reciben de la situación, tanto del mundo circundante como del mundo social -de los otros que
conforman un mundo de mentes, reglas, símbolos- integrando toda la información en una
interpretación coherente y global, en la que el individuo ha de tomar conciencia de sí mismo
como un Yo que piensa, que quiere y que actúa, un yo que a la vez que es un polo distinto a
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la situación, forma parte de ella y ha de establecer sus objetivos desde la misma, ha de
proponer sus metas, y en función de ellas planificar su acción, evaluar si las estrategias
utilizadas le acercan o no a su propósito, y si no lo hacen, tener la creatividad y flexibilidad
suficientes como para organizar otro plan que suponga un nuevo curso de acción. Todo lo
cual requiere análisis de las alternativas que la situación ofrece, o que se pueden crear a partir
de la misma, inhibir respuestas automáticas, impulsos, esquemas rígidos ya aprendidos y
automatizados, y atender a lo relevante desatendiendo lo fútil. Es imprescindible, también, la
capacidad para situarnos mentalmente en el tiempo, teniendo en cuenta el pasado –todo lo
que ya sabemos- y el futuro, puesto que es hacia el futuro, hacia lo que aun no es y no se es ,
hacia donde se proyecta nuestra vida, como decía Ortega: “la vida es proyecto, es futurición”
En definitiva cuando hablamos de funciones ejecutivas nos estamos refiriendo a un racimo de
capacidades, que aun no está claro si forman un sistema común, pero en el que la mayoría de los
autores incluiría:
 La capacidad de proponerse metas, objetivos a corto, medio y largo plazo.
 Anticipación y previsión de consecuencias
 Planificación de estrategias para dirigirse hacia esas metas con eficacia
 Inhibición de automatismos y capacidad para aplazar la recompensa
 Generar soluciones alternativas y diferentes acciones posibles y toma de decisiones de la
que se valora como la mejor para el caso
 Evaluar si con el plan trazado se logrará realmente el objetivo
 Capacidad para cambiar la estrategia y la conducta si se considera que el camino seguido
no es el adecuado.
 Ser capaz de entender la propia mente y la de los demás (teoría de la mente)con el fin de
ajustar nuestra conducta en función la interacción social. Esto implica la capacidad de nuestro
pensamiento de versar sobre sí mismo, a lo que se suele llamar capacidad recursiva de la
mente, o capacidad metarrepresentacional.
 Autoconciencia
 Capacidad para concebir el tiempo y situar la propia acción y la vida dentro de una marco
temporal, la que implica conservar el pasado de modo que pueda ser efectivo en el presente y
proyectarse desde ambas dimensiones temporales hacia el futuro (dimensión que destaca
de forma destacada Fuster)
Todas estas funciones requieren dos condiciones que serían la base que hace posible su
ejercicio: la atención y la memoria operativa o memoria de trabajo. “Sin la atención básica y la
memoria funcional no hay perspectiva de una actividad mental coherente” –dice A. Damasio (1)
Se diría, que las funciones ejecutivas son funciones metacognitivas más que cognitivas, en el
sentido de que no se trata de funciones perceptivas que nos ofrecen información del mundo y de
nuestro interior, ni funciones motoras, ni afectivas, ni lingüísticas, sino que más bien organizan todas
estas funciones y las integran en una unidad de acción, que tiene un sentido personal y social.
DESARROLLO ONTOGENÉTICO
El cerebro pasa por distintas fases desde el momento mismo de la gestación hasta la muerte
del individuo, que pueden agruparse en tres principales: desarrollo, madurez y vejez.
En la fase del desarrollo, fundamentalmente en la infancia y la adolescencia, aunque continúa
hasta bien entrada la juventud, en el cerebro se forman las aptitudes y habilidades cognitivas.
El desarrollo se lleva a cabo a través de los procesos de neurogénesis y sinaptogénesis con
sus correspondientes momentos de podas neuronales y sinápticas, y los procesos de mielinización.
La neurogénesis se produce en su mayor parte durante la gestación, en distintos momentos
según la zona cerebral, pero continúan produciéndose neuronas durante toda la vida. En la
sinaptogénesis se desarrollan las fibras nerviosas, las dendritas y los axones y se establecen las
conexiones neuronales. Comienza antes del nacimiento, pero la densidad sináptica aumenta de
forma espectacular en los primeros años de la vida, etapa en la que el número de conexiones del
cerebro es muy superior a la del adulto. A estos mecanismos de proliferación neuronal y sináptica
siguen momentos de poda: para que el cerebro funcione bien y se establezcan con éxito las distintas
capacidades y habilidades, se han de “limpiar” los elementos sobrantes, han de eliminarse las
neuronas y conexiones excedentes. La poda neuronal programada o apoptosis se produce desde el
nacimiento y también en momentos distintos en diferentes partes del cerebro, acabando en el lóbulo
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frontal. Además se produce una poda sináptica en la que son eliminadas las conexiones poco
utilizadas o redundantes, de la que salen reforzadas las conexiones más usadas. De este modo se
reduce “ruido” y se gana en eficacia en la transmisión de la información. Los mecanismos por los que
se eliminan neuronas y sinapsis son de tipo selectivo, las neuronas compiten entre sí, ganan las que
logran conectar y reforzar tal conexión a través de su uso.
Qué conexiones sobreviven y cuáles desaparecen depende en parte de la programación
genética, pero también son cruciales las experiencias a que ha de hacer frente el individuo en la
relación con su mundo.
El otro mecanismo fundamental en el desarrollo cerebral es la mielinización. En las primeras
etapas de la vida los oligodendrocitos comienzan a abrazar los axones y a recubrirlos de una capa
lipídica blanca, la mielina. Al ser ésta aislante y cubrir de forma intermitente las fibras neuronales,
facilita la velocidad de transmisión del impulso nervioso, pues la membrana no ha de despolarizarse
en toda su superficie, sino sólo en los nodos no cubiertos por mielina (los nodos de Ranvier),
produciéndose la transmisión saltatoria. Las estructuras cerebrales no son plenamente funcionales
hasta que los axones que las conectan no están mielinizados. Mientras que en algunas zonas la
mielinización se produce en los primeros años de la vida, como son las visuales, en otras es más
tardía y en los lóbulos frontales, particularmente en las áreas prefrontales, la mielinización continúa
hasta más allá de la veintena.
El desarrollo no se produce de manera lineal y continua. Pueden señalarse dos momentos de
explosión de la sináptogénesis y probablemente de neurogénesis seguidas de podas neuronal y
sináptica: los primeros tres años de la vida y el momento de la pubertad y la adolescencia. En el
primer momento se están “montando” las principales capacidades sobre las que se va a asentar todo
lo que adquiramos posteriormente. En esta etapa de la vida se aprende a percibir, a caminar, a
hablar, a manejar símbolos, a situarse espacio-temporalmente, etc si tales capacidades no se
adquieren su adquisición posterior es problemática y, posiblemente, deficiente.
El periodo de la adolescencia se ha estudiado menos, pero últimamente se han hecho
interesantes descubrimientos. Entre los años 70 y 80 del pasado siglo, Huttenlocher, al comparar
cerebros de antes y después de la pubertad, halló que había más sustancia blanca en los segundos
en el área prefrontal, aunque con un número similar de neuronas, lo que indicaría mayor
mielinización y, por tanto, mejor transmisión en esa área y, por tanto, una mejoría en las funciones
frontales. En segundo lugar encontró un gran aumento en la densidad de las sinapsis en la misma
corteza frontal tras la pubertad. Lo que significa que se produce una nueva sinaptogénesis en la
pubertad en esta zona del cerebro, cuando en otras se ha logrado la madurez mucho antes.
Después de esta nueva oleada de crecimiento de las sinapsis, se produce una nueva poda
neuronal, esencial para el ajuste de las redes funcionales del tejido cerebral. Esto implica que los
procesos cognitivos de los lóbulos frontales sólo se afianzan a partir de la adolescencia. Las
funciones ejecutivas, por tanto, no tendrían plena efectividad sino a partir de esta etapa de la vida.
Parecidos resultados se obtienen de los estudios con imágenes cerebrales y en experimentos
de la Psicología cognitiva.
¿Qué consecuencias tienen estos cambios estructurales en el comportamiento? Los chicos
de 12, 13, 14 años, que serían los que están en el proceso de sinaptogénesis, tendrían peor
rendimiento en tareas que exijan las funciones ejecutivas: autocontrol, anticipación de
consecuencias, hacer dos cosas a la vez. Su comportamiento sufre una especie de desorganización,
de cataclismo, son más irresponsables, impulsivos, arriesgados, se saltan las normas con mayor
facilidad... y rinden peor en tareas que requieran por ejemplo hacer dos cosas al mismo tiempo, peor
incluso que los niños más jóvenes. “Es posible –dicen Blakemor y U. Frith- que, en la pubertad, el
exceso de sinapsis, que todavía no se han incorporado a sistemas funcionales especializados, den
origen durante un tiempo a un peor rendimiento cognitivo. Sólo más adelante, después de la
pubertad, el exceso de sinapsis experimenta una poda y su transformación en redes especializadas
eficientes” (4)
En la etapa de madurez hay menor flujo neuronal y mayor estabilidad de las estructuras
cerebrarles.
En la fase de envejecimiento el cerebro sufre cambios globales: disminuye un 2% cada
década, los ventrículos aumentan de tamaño, los surcos se vuelven más acusados, todo lo cual se
traduce en atrofia o reducción del tejido neuronal. Además las conexiones son más escasa, se
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produce una desarborización, con la consiguiente disminución de sinapsis, que implica peor
conectividad neuronal y peor transmisión de la información. También disminuye el flujo sanguíneo y,
por tanto, la llegada de oxígeno. Posiblemente las zonas que antes y más se afectan son los lóbulos
frontales, siguiendo una ley según la cual las zonas que más tarde se desarrollan se deterioran
antes. Por tanto, las funciones ejecutivas son unas de las que más sufren en el envejecimiento.
BASES NEUROBIOLÓGICAS DE LAS FUNCIONES EJECUTIVAS
Se considera de modo general que los principales responsables del funcionamiento ejecutivo
son los lóbulos frontales, en concreto la corteza prefrontal. Ya Luria señalaba que las lesiones en
estas áreas cerebrales tenían un efecto devastador en la capacidad de los pacientes para llevar a
cabo su vida con normalidad, y el trabajo actual con sujetos con daños prefrontales, parecen
corroborar esta hipótesis.
Damasio considera que las cortezas prefrontales tienen un papel privilegiado por la
información de que disponen y las representaciones que pueden crear, gracias a sus conexiones con
otras zonas del cerebro: 1) Reciben señales de todas las regiones sensoriales en las que se forman
las imágenes sobre las que versan nuestros pensamientos, incluidas las cortezas somatosensoriales
que proporcionan información sobre el estado de nuestro cuerpo. De modo que “están al corriente”
de lo que pasa “fuera”, en el mundo exterior, y de lo que pasa en nosotros mismos, en nuestro
cuerpo.
2)Las cortezas prefrontales reciben también señales de los principales sectores biorreguladores del
cerebro humano: el tallo cerebral, el prosencéfalo basal, la amígdala, la cingulada anterior y el
hipocampo. De este modo las áreas prefrontales están informadas de las “preferencias” innatas del
organismo así como de las respuestas emocionales ante los EE. 3) Ellas mismas crean ciertas
representaciones de la situación teniendo en cuenta los elementos presentes en ésta y sus
relaciones, según la relevancia y la valencia afectiva, que tenga todo el conjunto para el sujeto en
función de su experiencia vital. 4) Las cortezas prefrontales, en su sector ventromedial y mesial
superior, conectan directamente con todas las vías de respuestas motroras de que el cerebro
dispone, tanto las cortezas motoras primaria y premotoras como los ganglios basales. Y 5) La
cortezas prefrontales ventromediales envían señales a efectores del sistema nervioso autónomo y
pueden promover respuestas químicas asociadas con la emoción.
En la misma línea Elkonon Goldberg escribe: “como corresponde a las funciones ejecutivas,
la corteza prefrontal es probablemente la parte mejor conectada del cerebro...Está conectada con la
corteza de asociación posterior, la máxima estación de integración perceptual, y también con la
corteza premotora, los ganglios basales y el cerebelo, todos ellos implicados en diversos aspectos
del control motor y los movimientos. La corteza prefrontal está conectada con el núcleo talámico
dorsomedial, la máxima estación de interacción neural dentro del tálamo; con el hipocampo y
estructuras relacionadas, que se saben críticas para la memoria; y con la corteza cingulada, que se
presume crítica para la emoción y para tratar con la incertidumbre. Además, este puesto de mando
está conectado con la amígdala, que regula la mayoría de las relaciones básicas entre los miembros
individuales de la especie, y con el hipotálamo, encargado del control de las funciones homeostáticas
vitales. Por último, pero no menos importante, está conectado con los núcleos del tallo cerebral
encargados de la activación y el impulso”. (5)
Tal diversidad de enlaces anatómicos y sus complejas y privilegiadas conexiones con el
resto de áreas cerebrales constituyen la base para explicar sus diversas e importantes funciones.
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