ENSEÑANZA DEL DERECHO ROMANO (contenidos)
Haroldo Ramón Gavernet
I
A través de los sucesivos Congresos, ha sido habitual
escuchar las más variadas, interesantes y diferentes propuestas referidas a
técnicas, modo y maneras pedagógicas útiles para la enseñanza del Derecho
Romano.
Desde la utilización de las clases magistrales, método de
caso, representaciones gráficas, teatralizaciones, tareas de investigación, uso
de los medios modernos de comunicación e informática, y hasta las palabras
cruzadas y la “sopa de letras”, nos ilustran respecto a la inventiva e intentos
docentes por lograr la atención de los alumnos y la búsqueda de formas más
propicias para la transmisión de los conocimientos.
Sin duda tales propuestas han devenido útiles, al menos
para mí, a la hora de ejercitar las funciones docentes.
Sin embargo el presente trabajo, casi reflexiones, no se
encamina análisis de la metodología de la enseñanza, sin duda de la mayor
importancia, sino a los contenidos que se busca transmitir.
Muchas veces, hemos efectuado consideraciones sobre los
intentos, en algún caso lamentablemente exitoso, de excluir de los planes de
estudio a nuestra asignatura; o de colocarla en la especialización, degradando
su importancia y trascendencia.
Las motivaciones de tales decisiones generalmente han
denotado o equívocas y hoy trasnochadas razones ideológicas, o, lo que es
peor aún, razones demagógicas y facilistas. Tal por ejemplo cuando le otorgan
los mismos pocos créditos a quien decide encarar el estudio de Derecho
Prof. Titular en las Universidades Nacionales de La Plata y de la Patagonia “San Juan
Bosco”, (Rep. Argentina). Prof. Titular en la Universidad de Montevideo, (Rep. Oriental
del Uruguay)

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Romano (con el esfuerzo y dedicación que ello entraña), como a otras
materias o actividades complementarias.
Ahora bien, en que medida no estaremos los profesores de
derecho romano, contribuyendo a mostrar una imagen distorsionada,
equívoca, de lo que realmente importa a la hora justificar la necesidad de su
enseñanza en las Facultades de Derecho.
Nadie puede ignorar que nuestro derecho actual encuentra
sus raíces y fuentes en el Derecho Romano; particularmente en lo que atañe al
derecho privado, pero también, aún cuando muchas veces no se lo señale
suficientemente, en cuanto a nuestro derecho público y en nuestras
instituciones jurídicas. Ello es tan evidente que puede darse razón al Profesor
Rinaldi, al entender que casi parece que estamos frente al Derecho Romano en
otro estadio de su evolución. Este es sin duda un buen argumento.
Coincidentemente opinaba Michel Villey1: “No costara
mucho al lector reconocer que el cuerpo de nuestro derecho, esa técnica
inteligente, esas nociones que nos permiten dirimir los procesos de manera
segura y minuciosamente equitativa, todo ello lo hemos tomado en su mayor
parte de los romanos.”
También lo es la circunstancia que la materia contribuye a
que los estudiantes puedan incorporar las categorías jurídicas, los constructos,
que permiten pensar el derecho, de allí la utilidad de colocarlo a los comienzos
de la carrera de grado.
El análisis particularizado de las instituciones jurídicas
romanas, su evolución y adaptación a los cambios y necesidades, la relación
con los avatares históricos condicionantes de esa evolución, la exégesis y
estudio de los textos, no resultan fútiles y han demostrado con creces las
ventajas que su conocimiento proporciona, excediendo los límites de la
erudición.
Pero tal vez ello proporcione una idea parcial de la riqueza
y valores que se evidencian a poco de considerar una visión integral. Decía el
autor mencionado2: “Si ello es así y los juristas de la edad moderna, dada su
manera de utilizar el legado jurídico de los antiguos, han tomado por el falso
1
2
Villey, Michel; “El Derecho Romano”, Ed. EUDEBA, pag.59
Villey, Michel: id. pag. 62
3
camino, entonces una nueva tarea se impone a los romanistas. No es
suficiente con que hagan obra científica y tracen la historia de los orígenes de
nuestro derecho; cabe esperar de ellos mejor provecho”.
II
Vivimos tiempos en los cuales el fenómeno universal de la
globalización ejerce también su incidencia en el plano jurídico. La
instrumentación de recetas de pretendida aplicación universal, que ignoran las
características particulares de cada pueblo y situación, impulsan y propician
una antinatural uniformidad que pudiera incluso concluir por acomodar todo a
un sistema único de valores, principios e ideología.
Así, por ejemplo, se importan fórmulas alternativas para la
resolución de los conflictos, que desprotegen particularmente a la parte más
débil, priorizando la composición y los acuerdos aún por sobre la solución
justa. El Derecho cede terreno a la Sociología, y lo que ha sido producto de
larga evolución, en pro de asegurar a los individuos y la sociedad un orden
más justo y las garantías para la protección de la vida, el honor y los bienes
espirituales y materiales de la comunidad, la familia y los hombres, queda
sujeto a avatares que intentando cambiar la realidad los ponen en riesgo.
Frente a estas circunstancias, y a las que por conocidas por
todos no parece necesario enumerar, se vuelve necesario oponer permanentes
respuestas, que el Derecho Romano tiene, para reconducirnos a un estadio más
justo y equitativo en las relaciones jurídicas.
Ahora bien, para ello es menester no limitar la enseñanza
del Derecho Romano al estudio de sus Instituciones, como antecedente del
derecho vigente, como fenómeno histórico, como útil a la formación práctica
de los abogados (sin desmedro de su trascendencia y especial significación);
antes bien acentuar lo que significa en su conjunto. Es que no basta con
mostrar los departamentos, hace falta comprender el edificio y el paisaje
circundante.
La confrontación de las nociones esenciales del Derecho
Moderno y del Derecho Romano, y la evolución transitada por ambos, parece
4
casi ineludible. Para ello no basta con circunscribir el estudio a las nociones
jurídicas, a los institutos legales. Deberá indagarse sobre el espíritu e
idiosincrasia origen y fundamento del plexo jurídico y soluciones aportadas
por nuestra materia.
No se pretende afirmar que los juristas romanos hayan
compartido una concepción común e invariable, una única filosofía, pero fácil
resulta advertir la conformación de una coherencia directriz, de postulados y
principios que aún en las divergentes respuestas se ponen de manifiesto.
Los postulados basales, no explicitados por ser parte de la
creencia común, pero existentes y patentizados en la labor de los juristas
persisten en muchos casos hasta hoy.
Mal que pese a muchos, cotidianamente vemos la apetencia
de los hombres de un orden, una armonía, un lugar para cada ser humano y
cada cosa; una necesidad de reconocimiento, de protección, de seguridad, de
respeto a sus lícitas apetencias; de reafirmación del derecho a la libertad, a la
vida, al desarrollo de la persona y respeto a la condición de tal.
La construcción de un orden equitativo fue sin duda la
búsqueda permanente de los iurisprudentes, así para Cicerón el fin del
Derecho Civil no es otro que la conservación de la equidad3. Y no parecería
arriesgado sostener que ello incluso deviene válido para la mentalidad de la
época arcaica, como para las épocas posteriores.
Entendemos que en el derecho romano no es regla y
finalidad última el interés de los particulares, ni que se presente
exclusivamente como compendio de los derechos de cada uno, sino producto
del servicio a la Justicia de los iurisprudentes4. Es el estudio de las cosas, de
los asuntos y de lo justo en cada una; examinado lo que les correspondería por
su condición, determinando su ubicación y estatuto, de lo que debería ser en
un orden armonioso y justo. “Descubrir lo que cada uno es en un mundo
armoniosamente ordenado; su estatuto, su propia condición: ius suum, su lugar
en el todo”.5
Cicerón: de Oratore, 1.188 / 190: “Sea, por tanto, el fin del Derecho Civil... la conservación de la equidad”
Ulpiano: D.1; 1; 1; 1:“Por cuya razón alguien nos llama sacerdotes; pues cultivamos la justicia,
profesamos el conocimiento de lo bueno y equitativo, separando lo equitativo de lo inicuo, discerniendo lo
lícito de lo ilícito, anhelando hacer buenos a los hombres no sólo por el miedo de las penas sino también con
el estímulo de los premios, buscando con ansia, si no me engaño, la verdadera filosofía, no la aparente”.
5
Villey, Michel: “Estudios en torno a la noción de Derecho Subjetivo”; Ed. Universitarias de Valparaíso, pag.
65.
3
4
5
Parecería que más que confirmar derechos a cada hombre,
con gran riqueza y flexibilidad se muestran los roles de los componentes
sociales, se determinan sus atributos, se estatuye sobre las cosas, y se otorga
protección frente a los ataques o amenazas contrarios a la situación propia de
cada uno en función de un orden social preestablecido por la naturaleza.6
Con frecuencia al exponer el derecho romano, trasladamos
a nuestro lenguaje y categorías modernas, y en tal transposición perdemos el
arcano y principios de aquel derecho, como un efecto no deseado de nuestra
propia formación académica positivista.
III
De la convicción de estar frente a la enseñanza del derecho
de una comunidad que traspasando los límites de ciudad pequeña se extendió
por todo el mundo entonces conocido, que responde a la idea de servir a una
misma causa, la del bien del conjunto; válido para todas las regiones y razas, y
por qué no para todos los tiempos en su esencia, dependiente más del espíritu
que de la materia, dependerá el contenido de lo que intentemos transmitir.
No se trata de la vana pretensión de que el Derecho
Romano traiga la respuesta a todos los interrogantes, ni sea solución mágica a
los desvaríos de este mundo moderno.
Tampoco de sostener la vigencia irrestricta de sus
instituciones, antes bien de mostrar una “forma mentis”, una técnica depurada
y valedera que con suma precisión aporta respuestas de justicia y equidad, por
sobre nuestras diversidades.
Nadie por si sólo detenta el conjunto de las verdades
humanas, sin embargo es posible exhibir los principios que sustentan y
emergen del derecho de los romanos y que pueden seguir proporcionando a
los hombres las herramientas para la construcción de un mundo mejor, más
humano, más justo y por ello capaz de dar, siquiera en parte, la esperanza de
satisfacción de sus más nobles apetencias.
6
Conf. Villey, Michel; id. pag 65/66.
6
En ello, por sobre cualesquiera otras cosas, entiendo ha de
centrarse la enseñanza de él Derecho Romano, para que las generaciones
venideras puedan también valerse de él; por ser “sabio en sus principios,
claro en su método, sencillo en sus aplicaciones, la verdad legal por
excelencia y lo más sublime de la moral y de la razón”7
La concepción del derecho como un “juego de ajedrez”, o
como una “pura regla” desconectada de la moral, de lo sociológico, de lo
político, de lo justo, del puro tecnicismo que se limita a interpretar la ley; ha
producido profesionales tecnócratas, cientifistas, calculadores preocupados
sólo por “solucionar” los inconvenientes de sus clientes.
La superación de esta opción tecnocrática impone la
recuperación de los viejos y siempre nuevos principios romanos, capaces de
restaurar los valores permanentes, dando satisfacción a la necesidad de
Justicia, creando las condiciones para un nuevo florecimiento del Derecho
todo.
En este sentido, por su claridad y profundidad, me permito
transcribir al Dr. Di Pietro: “...En primera instancia podríamos decir que el
concepto de Ius creado por el hombre romano, la eficacia técnica empleada
por los magistrados y “iurisprudentes”, la construcción sutilísima adecuada
de sus instituciones en una realidad en ciertos aspectos siempre igual, y en
otros cambiante, otorgan al Derecho Romano el valor de “derecho fuente
entendido ello como manantial que no se agota, entregando la sustancia
nutritiva que sustancializa hoy día la manera de pensar jurídicamente”8.
Pero, como dice también el mencionado Maestro, más allá
de las “instituciones” romanas “que son algo así como el “producto”,
resultaría más interesante el aporte que puede hacer el estudio del Derecho
Romano por lo “instituyente”, es decir por lo “productor”, es decir por las
esencias que han sido capaces de “producir aquellas instituciones”.
Es a esta búsqueda del espíritu creador de las instituciones
jurídicas romanas y su comunicación, superadora de las características,
tecnocráticas y cientificistas y positivistas con que se muestra el derecho en
Villafañez: “Discursos sobre el derecho civil, manuscritos” cit. por Heineccio en “Recitaciones del Derecho
Civil, según el orden de la Instituta”, Garnier Hnos. , Paris, 1888, tº 1º, pag. 9
8
Di Pietro, Alfredo: “Derecho Romano, necesidad de su enseñanza”, Revista Verbo, nº142, 1974.
7
7
nuestras casas de estudios superiores, a la que apelo como contenido de la
Enseñanza del Derecho Romano, presentado no como algo cristalizado sino en
su ágil y vivo presente.
Ofreciendo de tal modo una visión que sobrepasando el
terreno de la legalidad, afirme la existencia, más allá del juego de las
instituciones, de la presencia de un Derecho fundamental del hombre, una
libertad inherente a su existencia; que por encima de las leyes escritas y las
elucubraciones tecnocráticas, revele a Ley de la cual las leyes humanas son
sólo temporarias aproximaciones.
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