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EDUCACIÓN EMOCIONAL
La educación emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, que
pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial
del desarrollo humano, con objeto de capacitarle para la vida y con la finalidad de aumentar
el bienestar personal y social.
Si hay un entorno donde es imprescindible que se dé el desarrollo de las
competencias emocionales, este es el de la familia. Los fuertes lazos entre padres/madres e
hijos /hijas hacen necesario que unos y otros aprendan a ser emocionalmente inteligentes
con l objetivo de conseguir vivir todos y todas con mayor bienestar. El primer paso para el
desarrollo de las competencias emocionales es tomar consciencia de nuestras emociones.
Para trabajar nuestra conciencia emocional respondernos a cuestiones como estas:
¿como me siento?
¿por qué me siento así?
¿cómo estoy manifestando lo que estoy sintiendo?
¿esta emoción me ayuda en la situación y momento actual?¿qué estrategia puedo
utilizar para mantenerla? O bien, ¿qué puedo hacer para cambiarla y sentirme mejor?
El siguiente paso es ayudar a nuestro hijos e hijas a detectar como se sienten. Cuanto
antes comencemos este camino con ellos y ellas, mejor. Es necesario, enseñar a nuestros
hijos e hijas a conectar consigo mismos, para saber cómo se sienten. Cualquier situación de
la vida cotidiana, es buena para practicar y desarrollar la conciencia emocional. Es positivo
que presten atención a sus emociones, tanto si son tristeza, alegría, miedo...
Es positivo enseñar con nuestro ejemplo, y decir en voz alta cuando estemos
contentos, enfadados, etc. para aportar vocabulario emocional a los hijos e hijas. Una vez
que los niños y niñas conectan con su emoción, es importante ponerles nombres y ayudarles
a etiquetar esa emoción.
Otro aspecto importante, es trabajar con ellos y ellas la causa que les ha originado la
emoción, encontrar la mejor forma de expresarla, identificar los gestos relacionados con las
emociones.
Conviene destacar que todas la emociones son legítimas. Eso sí, el comportamiento
automático que se deriva de alguna de ellas no es adecuado. La impulsividad puede ser un
peligro. Es importante que nuestros hijos e hijas diferencien entre estar enfadados
(totalmente legítimo) y el hecho de pegar a un compañero por sentir esta emoción
(impulsividad). Estar enfadado es legítimo, lo que no es legítimo es pegar a otro por estar
enfadado.
Encontrar un equilibrio entre las emociones y los actos pasa por aprender a controlar
el comportamiento cuando una emoción fuerte nos inunda y por pasarse a reflexionar sobre
cuál es la conducta más adecuada. Esta capacidad consigue, entre otra cosas, canalizar la
agresividad y la ansiedad, aunque aprenderla lleva su tiempo.
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El objetivo es que el niño o niña sea reflexivo, es decir, que ante una emoción fuerte
se pare y piense antes de actuar.
¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos e hijas a ser más reflexivos?
 Enséñale a tu niño o niña cómo saber que está molesto. Los niños y las niñas no
suelen reconocer la ira, por lo que indicar sus señales físicas les ayudará a evitar
actuar de tal manera. Algunas señales comunes en niños y niñas que indican enojo
incluyen cuerpo tenso, dientes cerrados, incremento de discurso, aumento en el tono,
inquietud, respiración profunda, pucheros y expresiones faciales quejosas. Cuando tu
hijo tenga conocimiento de estas señales físicas, será capaz de reconocer su
frustración y elegir la forma de responder apropiadamente antes de perder el control.
 Anima a tu niño a tomar un descanso cuando se sienta frustrado. Debe estar solo
durante unos minutos para calmarse, repensar o posiblemente distraerse con algo
más positivo.

Después de que el niño o la niña haya tomado un momento para calmarse, ahora sí
es hora de decidir cuál sería una mejor manera de responder a la situación que causa
su enojo. Ayudarle a buscar alternativas posibles.
Por otro lado, la educación de nuestros hijos e hijas, nos suele dar más de un
quebradero de cabeza, y muchas veces es inevitable sentir que perdemos el control y que la
ira, rabia e impotencia nos invade, dando lugar a conductas que posteriormente generan
malestar y arrepentimiento en nosotras y nosotros. Para ello, será preciso tener en cuenta
técnicas de autocontrol:
1. Identificar las señales personales de alarma (agitación, elevación de la voz, gritar,
pulso acelerado, etc.)
2. Reconocer la irritación y procurar reducirla (respiración, contar hasta 10, etc.)
3. Pensar en las consecuencias de perder el control.
4. Preguntarse si hay algún motivo añadido para sentirse tan irritado.
5. Intentar reducir el grado de irritación (“mirar hacia otro lado”, bajar el tono de voz,
beber un poco de agua, etc.)
6. Evaluar la situación y decidir el siguiente paso que es necesario dar (si me he
calmado podré seguir con la discusión, si no es mejor dejarlo para otro momento).
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