POR MI CULPA
Elvira Lindo
Nuestros mayores nos dijeron que la vida era un valle de lágrimas. Nosotros,
como venganza, quisimos educar a nuestros hijos haciéndoles creer que la vida era un
parque de atracciones. Lo bueno que tenía el partir de una expectativa tan baja, el
célebre valle de lágrimas, era que las criaturas nos lanzábamos al mundo con la idea de
que todo sería cuesta arriba, de tal manera que la vida, finalmente, resultaba ser una
grata sorpresa y nosotros podíamos reservarnos una dosis de rencor, que siempre gusta,
hacia quien nos había inoculado la idea de que la alegría siempre es un sentimiento que
ha de ser castigado. El influjo del valle de lágrimas perdura. La felicidad carece de
prestigio intelectual. No verán ustedes un escritor que declare su alegría abiertamente:
unos dicen sufrir por el mundo desde que se levantan; otros, más sinceros en el fondo,
sufren sin descanso por su obra, y los terceros, entre los que reconozco que me
encuentro, jamás confesaremos nuestra dicha por terror a perderla. […]. De cualquier
manera, hay momentos en que me parece mucho más peligroso hacer creer a un niño
que la vida, esa incógnita, será un parque de atracciones. […] A menudo, escucho a los
padres de ahora que lo importante es reforzar la autoestima del niño. Hay, en el mismo
instante en que usted lee este artículo, cientos de miles de padres españoles
reforzándoles la autoestima a sus niños; es decir, haciéndoles ver que son guapos
cuando no lo son tanto; que son listos, cuando está por ver; que se lo merecen todo,
cuando no han demostrado nada. El problema es que una vez que las criaturas hayan de
convivir con otros niños se enfrentarán al hecho de que nadie les alaba tanto como sus
padres y, a menudo, sus desproporcionadas expectativas se verán frustradas. Los padres,
angustiados con la decepción de un niño que encuentra que la vida no es un permanente
parque en el que se tiene derecho a ticket para todas las atracciones, reaccionarán
reforzando más si cabe la dichosa autoestima. Como resultado, no es infrecuente
encontrarse con chavales rebosantes de autoestima e infelices por no encontrar un
mundo a su altura. La psicología barata ha hecho mucho daño poniendo el acento en el
yo: hay que aprender a quererse a uno mismo, librarse de la culpa. Parece que se busca
un tipo de persona que sólo se preocupe por satisfacer sus deseos. Por fortuna, hay otras
corrientes que entienden que lo que el individuo necesita es hurgar menos en su interior
y estar más atento a lo que ocurre en el mundo.
El País, 28-3-2010
1) Tema, resumen y estructura.
2) Valoración del texto y opinión personal.
3) Analiza sintácticamente: “A menudo, escucho a los padres de ahora que lo
importante es reforzar la autoestima del niño”.
4) Comenta la cohesión léxica del texto.
5) Características del esperpento y su reflejo en Luces de bohemia.
Por mi culpa
El tema del texto es la educación de los hijos. [demasiado escueto y vago]
El tema es la defensa de una educación realista. [bien, también serviría
equilibrada]
El tema es la propuesta de una formación que satisfaga las necesidades del niño
pero atendiendo también a las exigencias que la realidad impone.
El tema es la crítica a una educación demasiado personalista. [también serviría
egocéntrica]
El tema del texto es la crítica a un tipo de educación excesivamente permisiva.
[bien]
El tema o idea principal del texto es la sobreprotección de los hijos por parte de
sus progenitores. [regular]
El tema o tesis del artículo es el peligro de sobrevalorar a los hijos y ocultarles la
realidad de la vida. [bien]
El tema de este texto sería la crítica a la educación que dan en la actualidad los
padres a sus hijos. [regular]
El tema es el peligro de malcriar a los hijos [mal por coloquial]
Un posible resumen del texto podría ser el que a continuación presentamos:
Frente a una concepción demasiado negativa de la vida, inculcada en nuestra
infancia y que sobrevive en el pesimismo de algunos escritores, los padres actuales
tienden a transmitir a sus hijos que la vida es pura diversión y sobreestiman sus
capacidades. Luego la realidad no es tan grata y surgirá la frustración, por lo que los
padres incrementan los mimos y los encumbran a esferas irreales haciéndoles unos
desgraciados para la vida. Todo ello resultado de padres acomplejados por la culpa,
cuando deberían atender más a la realidad y menos a su propio ego.
O:
Se equivocan los padres que intentan resolver en sus hijos los complejos que
ellos adquirieron de niños. Si a nosotros nos enseñaron injustamente que a la vida
hemos venido para sufrir, no podemos inculcar la idea contraria puesto que
cometeremos el mismo desatino. Provocaremos en los jóvenes depresión cuando
lleguen a adultos si construimos de ellos imágenes falsas y proyectamos demasiadas
ilusiones, sólo para aliviar nuestro sentido de la culpa. Un término medio entre las
necesidades del ego y los condicionantes de la realidad sería el adecuado.
La estructura del texto responde a una organización expositivo-argumentativa.
El primer núcleo abarcaría las líneas 1-12, introducción expositiva del asunto sobre el
que se va a argumentar. Para ello la autora empieza contrastando dos ideas formuladas
mediante sendas metáforas (la educación de antes, “valle de lágrimas”, y la de ahora,
“parque de atracciones”), valiéndose además de su experiencia personal, (líneas 1-2) y
valorando positivamente el influjo ejercido por la antigua formación en personas ya
adultas (líneas 3-6). Expone una premisa de generalización indiscutible: la felicidad no
está bien vista (líneas 8-9). Como ejemplo de esto último, Elvira Lindo clasifica a los
escritores según su grado de padecimiento (líneas 9-12) y se incluye entre quienes
aparentan pesimismo (nuevo argumento de experiencia personal).
A partir de la línea 13 se inicia la argumentación propiamente dicha. La autora
advierte del peligro actual de concebir la vida como un juego y contraargumenta a
través de ejemplos (líneas 17-19) la postura de muchos padres (cita ajena indirecta,
líneas 13-14, y argumento estadístico, líneas 16-17) de reforzar la autoestima de los
hijos. Si idealizamos las virtudes del niño (belleza, inteligencia…), lo alejamos del
mundo y le provocaremos frustración (argumento de causa-consecuencia, líneas 19-21).
Y si lo vemos decepcionado aún reforzaremos más la autoestima hasta hacerlos infelices
porque la realidad no es como esperaban (nueva causa-consecuencia que agrava la
anterior, líneas 22-26).
Podríamos considerar tesis final del texto o conclusión la idea de que el origen
del problema reside en el sentimiento de culpa que los padres, inducidos por pedagogías
inadecuadas (argumento de causa), poseen por haber sido educados bajo el yugo de la
represión (líneas 26-28). En cualquier caso, vistos los efectos nocivos de mimar a los
hijos, se haría preciso atender a las exigencias que la realidad impone, idea que la autora
defiende valiéndose de una cita de autoridad (líneas 28-29, “otras corrientes que
entienden que…”) y que creemos coincide con la postura personal de Elvira Lindo. Esta
idea podría ser considerada principal tesis de la autora, por lo que hablaríamos de un
tipo de estructura sintetizante o inductiva.
O:
La estructura que presenta este artículo de opinión coincide en lo sustancial con
la organización prototípica de este género periodístico. Una breve introducción
expositiva da paso a un más extenso desarrollo argumentativo que aboca en una
conclusión en forma de tesis. Aquí el planteamiento del problema ocupa las tres
primeras líneas. A través de una contraposición o contraste de ideas, que luego
descubrimos que una es consecuencia de la otra, la autora avanza el contenido de las dos
argumentaciones que se desarrollarán posteriormente: el sentido de la vida como valle
de lágrimas –expresado a través de una cita ajena indirecta (línea 1)- o como parque de
atracciones –esta opción vista desde la experiencia personal de la autora (líneas 2-3)-.
Esta oposición de conceptos servirá de punto de partida para la siguiente reflexión.
A partir de “Lo bueno…”, línea 3, la autora empieza a analizar cada una de las
visiones del mundo que se quiere transmitir a los niños. Comienza extrayendo ventajas
de la concepción pesimista de la vida (líneas 3-6) y señalando su influencia en adultos
de hoy. Pone el ejemplo de los escritores, los clasifica y ella misma –nuevo argumento
de experiencia personal- se incluye entre los que reprimen su optimismo. En la línea 13
la autora se decanta por este tipo de educación como menos perjudicial y para reforzar
su postura explica los graves inconvenientes que acarrea la visión edulcorada de la vida,
es decir, el perpetuo parque de atracciones. Partiendo de una cita ajena indirecta
procedente de los padres (línea 15), completada con un argumento basado en datos (16-
17), Elvira Lindo ejemplifica el problema sirviéndose de falsedades que se dicen a los
hijos con tal de que se sientan bien (líneas 17-19). La consecuencia que se deriva de
esto es la frustración cuando se enfrenten al mundo real (líneas 19-21). Y la frustración
aumentará cuando nuevamente los padres, al ver a sus hijos decepcionados, incrementen
los mimos (causa-efecto cada vez mayor, líneas 21-24) por lo que el niño se verá
abocado a una insatisfacción crónica (líneas 24-26).
Como conclusión final, la autora se remonta al origen del problema, que parece
estar según ella en teorías psicológicas que propugnan un egocentrismo de los padres
demasiado radical, expresado por medio de una cita ajena encubierta en la línea 27, a lo
que contrapone una visión más amplia de la persona integrada en la sociedad y al tanto
de la realidad. Esta sería, por consiguiente, la tesis defendida por Elvira Lindo, que,
como está situada al final del texto, significaría que se sigue un tipo de organización
sintetizante o inductiva.
Un esquema jerárquico de las ideas que vertebran el texto sería el siguiente:
1. Los adultos recibimos una educación represora.
1.1. La vida luego no ha sido tan mala como nos decían.
1.2. Nos ha quedado el rencor y la tristeza.
1.2.1. Como en los escritores, que sufren por todo.
2. Para vengarnos educamos a los hijos permisivamente.
2.1. Causa: les reforzamos demasiado la autoestima.
2.1.1. Les decimos que son guapos y no lo son.
2.1.2. Alabamos su inteligencia y no la tienen.
2.1.3. Les compramos cosas que no se merecen.
2.2. Consecuencia: frustración cuando se enfrentan a la realidad.
2.3. Nueva causa: reforzamos aún más la autoestima.
2.4. Nueva consecuencia: los hacemos unos infelices ante la vida.
3. Origen del problema: el sentimiento de culpa.
3.1. Sólo aspiramos a satisfacer el ego.
3.2. Nos olvidamos del contexto en el que la persona debe vivir.
3.2.1. Corrientes de la psicología defienden esta postura.
El presente artículo advierte sobre el riesgo de educar a los jóvenes de forma
irresponsable. Elvira Lindo no se muestra firme partidaria de una educación
reaccionaria, pero no está de acuerdo con los métodos actuales que emplean muchos
adultos –no solo padres, también profesores y psicólogos- de inflar la vanidad de niños
y adolescentes. Se muestra contundente en la valoración que realiza de las
consecuencias que se derivan de una preparación para la vida adulta totalmente ficticia.
Y explica perfectamente las causas remontándose al origen del problema. No define
claramente su postura pero deja entrever que un punto intermedio entre el valle de
lágrimas y el parque de atracciones sería el correcto.
En mi opinión, tan negativa es una visión negra de la realidad como una de
colores. Un joven aprende de la vida a base de experiencias positivas y negativas y
cuanto antes se enfrente a ellas más rápido aprenderá a valerse por sí mismo. Retrasar la
madurez de una persona, es decir, la toma de responsabilidades puede resultar muy
perjudicial en su formación como adulto. Antiguamente una máxima decía que con una
mano se debía ofertar el pan y con la otra enseñar la vara. Significa que en ciertos
momentos los responsables de la educación de los jóvenes tendrán que corregirles y en
otros premiarlos. No parece mal consejo para los tiempos que corren.
II.2.) Entre los elementos lingüísticos que dotan de cohesión léxico-semántica al texto y
contribuyen a su unidad encontramos los siguientes:
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utilización de sinónimos para incidir sobre lo mismo y no reiterar los mismos
términos: “mayores-padres”, “hijos-criaturas-niños-chavales”, “personaindividuo”, “felicidad-alegría-dicha”, etc.
uso de antónimos textuales para contrastar ideas: “valle de lágrimas/parque de
atracciones”, “interior/mundo”, “padres/hijos”.
Hiperónimos y sus correspondientes hipónimos: “alegría-sentimiento”.
Campo conceptual relativo a la mente o a los sentimientos: “psicología”,
“autoestima” (tecnicismo), “culpa”, “rencor”, “idea”, “temor”, “problema”,
decepción”, “angustiados”, “infelices”, “el yo” (tecnicismo psicoanalítico),
“deseos”, etc.
Por último, como lexema clave del sentido general del texto hemos de
considerar el de la “vida”, término reiterado en cinco ocasiones, y su equivalente
“mundo” (cuatro veces repetido). Aparece también el derivado “convivir”. Y
para aludir a los diversos conceptos de la vida figuran las expresiones “valle de
lágrimas”, “parque de atracciones”, “grata sorpresa”, “esa incógnita”…
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