Inglaterra. 1325
Érase una vez en un tiempo de guerras y leyendas, Lady Leonor se disponÃ-a a salir de su castillo. Le
abrieron el rastrillo y bajaron el puente levadizo. Lady Leonor, salió montada a caballo.
Cuando estaba a una distancia considerable se apresuró a mirar hacia atrás y miró hacia la gran nube gris
que habÃ-a allÃ-: su castillo. Pudo ver como subÃ-an el puente y bajaban el rastrillo, también pudo
observar el foso, las almenas y la torre del Homenaje.
HabÃ-a crecido allÃ- y recordaba como era su infancia: recordaba el olor a azafrán, a canela y a pimienta
que desprendÃ-a la cocina. Recordaba los torneos, que los juglares anunciaban meses y meses antes y solo se
disponÃ-an a enfrentar los más apuestos caballeros. Recordaba como su madre, Lady Mery, que la habÃ-a
enseñado a bordar con hilos de oro, le habÃ-a enseñado cosas para la vida y a juntar las dos manos para
orar. Recordaba cuando se llevaron a su hermano, Lord Byron, al castillo de un señor del norte. No habÃ-a
vuelto a verlo.
Volvió de sus más infantiles recuerdos y se dirigió hacia el monasterio, traspasó los mansos que habÃ-a
dejado su marido a los campesinos y los vio con caras humildes y bonachonas, dejó atrás el molino y el
puente y cabalgó por el bosque. Pudo apreciar la Iglesia que en su tÃ-mpano se representaba la resurrección
de Jesús.
Llegó a la porterÃ-a del monasterio. Tocó a la puerta. Con voz muy serena pidió permiso para pasar:
− Oh, monje de Dios, os pido permiso para entrar en ésta Ciudad de Dios y ser iluminada con vuestras
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santas palabras.
− Oh señora, siento deciros que no podrá pasar dentro del monasterio hasta pasados los Laudes, ya sabe
que esta oración es la que nos despierta a un nuevo dÃ-a con Dios.
− Monje negro, si se fija en la posición del Sol, los Laudes ya deberÃ-an de haber finalizado además, traigo
unas nuevas para el monje Lucas. ¿Dónde se encuentra mi iluminado primo?
− Está en su scriptorium, al lado de la cocina, pasando por la enfermerÃ-a se encontrará un pasillo que le
conducirá hasta él. Adelante, adelante.
Lady Leonor, entró en el monasterio y siguió las indicaciones que el monje le habÃ-a dado. En el
scriptorium vio a Lucas.
-− ¡Oh primo! Traigo nuevas para ti.
− ¡Oh prima! Cuéntame las nuevas que me traéis.
− Mi marido se está preparando para el acto de vasallaje, como ya bien sabéis, y he oÃ-do en la cocina
que herejes se disponen a atacarle.
− ¡Oh! Que Dios nos salve del fin del mundo. Prima, no te fÃ-es de los labios de las cocineras, porque como
bien conocemos y se ha dado en multitud de ocasiones, pueden llegar a ser mentirosas. Pero No habéis
venido solo a contarme eso, pues bien tengo entendido que tu marido, Lord Morgreid, no ha convocado
ningún acta para dar cuenta de ello. Cuéntame lo que de verdad os preocupa, prima.
− Os debo de decir la verdad ya que sois un monje enviado por Dios Mi marido, piensa entrar en guerra con
un aliado del señor del norte que se llevó a mi hermano, Lord Byron, a nada más seis años de edad, y
temo por Byron y por mi marido. No sé lo que mi hermano puede hacer: ir en contra o a favor del señor
del norte al que papá le envió, justo cuando descubrimos
− ¿Descubrir el qué, prima?
− ¡Oh! Nada Primo, vos podéis hablar con él para hacer que no entre en esa absurda guerra
− Prima, antes de nada, ¿quién os ha dejado entrar?
− Un monje que estaba en la porterÃ-a Con ojos verdosos ¿Por qué me lo pregunta?
− Oh prima por nada, por nada. Pido permiso, voy a ausentarme un momento. Que no se os haga larga la
espera
Mientras el monje Lucas se dispuso a salir del scriptorium, Lady Leonor se aventuró en el monasterio,
investigándolo. Pasó por la cocina, por el granero y salió a un gran pasillo que llevaba a una Sala
Capitular. Escuchó el sonido de unas sandalias que iban directos de vuelta al scriptorium. Lady Leonor se
dio prisa en salir de la Sala rápidamente y volvió al scriptorium. Poco después de ella llegó Lucas.
− Prima, hablaré con tu esposo, tienes razón, no hay que entrar ahora en guerra, porque se está
construyendo la Catedral de Chichester. Hablaré con él. Ve en paz prima, que el Señor te guÃ-e
− Gracias primo, que el Señor te guarde sitio en el cielo. Hasta otra.
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Lady Leonor hizo una reverencia y agarrándose el vestido salió del scriptorium.
Cuando salió de él volvió a investigar el monasterio. Pasó por el refectorio, por el claustro y llegó a las
celdas. Espió infinitos pasillos y encontró una puerta con la Cruz de Jesús. El pomo estaba manchado de
sangre. Lady Leonor abrió la puerta con cuidado y descubrió a los cuerpos sin vida de su esposo y del
monje que la habÃ-a dejado pasar. Pero, ¿quién habÃ-a hecho esto? No, no lo podÃ-a creer.
− ¡Oh Lucas! ¡Lucas tu que eras un enviado de Dios! ¿Por qué lo ha hecho?
Lady Leonor se apresuró en salir. HabÃ-a descubierto que su primo era un asesino. CorrÃ-a peligro.
Cogió su blanca yegua y cabalgó hasta su castillo.
Pasó de nuevo por las viviendas de los campesinos y vio en la podredumbre en la que vivÃ-an. Llevaban las
ropas sucias y remendadas, utilizaban artilugios rudimentarios y pasaban hambre, frÃ-o, sed.
Vio las viviendas de apenas dos plantas, sin suelo, sin ventanas, con las paredes de piedra y el techo cubierto
de paja.
VivÃ-an en lo más bajo de la sociedad solo por mantener a ella
Siguió cabalgando hasta su castillo, cuando le abrieron el rastrillo y bajaron el puente levadizo entró, dejó
su yegua en las cuadras y entró a su dormitorio.
Recogió unos utensilios y se fue de nuevo, esta vez, a la todavÃ-a inacabada Catedral de Chichester.
Empezó a caminar, vio a los juglares anunciando el próximo torneo. Lady Leonor se paró y fue hacia ellos
al escuchar un nombre familiar: Lord Byron.
− Vengan al próximo torneo, dentro de tres dÃ-as, los más apuestos caballeros, recitadores de grandes
poesÃ-as, vendrán de muy lejos y sin ningún tipo de algarabÃ-as se enfrentaran Lord Byron, Lord Memel
y Lord Canciller entre otros. Vengan, vengan al próximo
¿Qué? ¿Su hermano iba a venir desde el norte de Inglaterra para luchar? Lady Leonor se esperó lo
peor. Lo habrÃ-a convocado su primo Lucas y ahora lo iba a matar a él. Lady Leonor se dispuso a ir de
nuevo a la Catedral pero un hombre de cuerpo fornido, de espaldas anchas y de pectorales voluminosos la
tomó de la mano y empezó a recitar:
<<La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. >>
− ¡¡Byron!! ¿De verdad que os veo o es un sueño?
− ¡Oh! Dulce princesa de cabellos de oro, no, no es un sueño. Me estáis viendo ahora mismo, al igual
que yo os estoy viendo a vos.
− ¡MaldÃ-game Satanás! Pero debo de abrazaros, hace tanto que no os veo, ¿qué te ha pasado todos
estos años?
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− Padre me llevó al castillo de un señor del norte, de cuyo nombre era difÃ-cil de pronunciar y mi nombre
no hacÃ-a más que gritar. ¿A dónde vas, hermanita? Si preguntar no es molestia.
− Oh, Byron, nunca seréis molestia para mÃ-, a la Catedral me dirijo, voy a orar allÃ- mas un secreto debes
guardar si no deseáis morir.
− Dime a donde vamos y yo, princesa, os seguiré mas ya me he enterado de que Lucas, criminal es.
Fueron corriendo en el caballo de Byron hasta la Catedral. En la puerta, lapidaban a una marginada, una
invidente, su muerte aclamaban.
− Oh dejad a esta pobre mujer. ¿Por qué lo hacéis? ¿Acaso os hace sentir bien? Es pobre, es ciega,
ya lo sé. Pero, ¿no dice Dios qué el que esté libre de pecado que tire la primera piedra?
La gente dejó de tirar piedras y rápidamente se disipó la multitud, pronunciando maldiciones hacia
Byron.
− Oh joven que Dios le bendiga, mi vida eterna se lo agradeceré, soy pobre, soy ciega, ya lo sé; pero en
m corazón hay luz de Dios, y se la entrego a usted. Bendecido seas.
Entraron a la Catedral, se sentaron en el último banco.
Lady Leonor se arrodilló en el banco. Empezó a rezar:
− ¡Oh Dios! Se ha pasado ya el año 1000 porque quieres enviarnos el Fin del Mundo. ¡Oh Dios! Que no
haya más muertos a causa del criminal de mi primo Lucas Dios en tu poder te lo dejo. Amén.
Mientras, Lord Byron observó la Catedral. Los techos abovedados, con bóvedas de cañón y de aristas.
Con arcos de medio punto, con planta de cruz latina, con las capillas absidiales, con el altar. Observó las
paredes con escenas de la resurrección de Cristo y del Apocalipsis. También se percató de que el edificio
era muy sólido, a la vez que oscuro.
− Byron, ahora que nadie aquÃ- ahÃ- debo contaros el secreto. Ya se que sabéis que Lucas es criminal, y a
mi marido y a un monje ha matado, y todo se debe al secreto del Santo Grial ¿Cuántos años hace qué
descubrimos aquella cueva? ¡Oh Byron! Eres el siguiente y yo también lo puedo ser, mas no quiero
alarmaros pues un ejército tengo preparado y Lucas entrará en prisión.
− Hermana, Lucas ha gente matado está y si descubre que tu lo sabes de bruja te acusará. Un ejército
no hace falta, tres gotas de veneno bastará. ¡Qué nos perdone Dios por ayudar a los demás! Mas he de
deciros, que hoy no puede pasar, pues un acto de vasallaje debo de presenciar. Mi señor un cargo
administrativo a un no privilegiado le dará y este sus manos juntará para jurarle fidelidad. Y si no
podemos poner las tres gotas de veneno, no te estreses hermana, que ya todo llegará, desde el rey, hasta los
soldados, siervos, villanos y judÃ-os de traidor lo acusarán. Escucha bien estas palabras que de sanación
servirán.
− Oh Byron, que Dios te escuche, mas temo lo que pueda pasar, ¿y si una cruzada no podemos evitar?
− Los musulmanes por aquÃ- no aparecerán, tranquila hermanita, ve a tu dormitorio a descansar, y
mañana bajo tus pies el Santo Grial protegido de Lucas estará, y si no llega un nuevo dÃ-a, pasado, Dios
dirá Ve a gusto, ve feliz, un amor te espera allÃ-, sÃ-, Lord Lancelot te espera vestido de blanco, a punto de
convertirse en caballero, y de lo de tu marido se ha enterado y fiel amor te ha jurado. Siempre te ha querido y
vos lo habéis querido a él, ve, ve con él. No te preocupes porque no salga un nuevo amanecer, no, ya
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verás como al fin, todo sale bien
Pasaron los dÃ-as, pasaron los meses, pasaron los años. Sonaban campanas de boda. La novia todo de
blanco ninguna fobia tenÃ-a pues la esperaba su amado Lancelot, al pie de la Catedral ya construida. Los
dos, al darle la bendición el papa, en un beso se fundÃ-an Al llegar la oscura noche Leonor y Lancelot
vestidos de alma yacÃ-an y al cabo de nueve lunas llenas, una hija tenÃ-an, bautizada como Lady Mery, en lo
mas oscuro de su habitación, en su frente, dos gotas de sangre caÃ-an, el Santo Grial, ella recibÃ-a. ¡Oh
no! Ningún malvado a su alrededor se pondrÃ-a, porque estaba bendecida con la sangre de Dios y su
pariente Lucas, en prisión se morÃ-a
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