La economía real también necesita un gran rescate

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La economía real también necesita un
gran rescate
Por Paul Krugman
De The New York Times
EVA YORK.- ¡El Dow está subiendo! ¡No, está bajando! ¡No, está subiendo! No, está?
Como sea. Mientras el maníaco-depresivo mercado de valores ocupa los titulares, la
historia más importante transcurre en las sombrías noticias sobre la economía real.
Ahora resulta claro que el rescate de los bancos no es más que el comienzo: la economía
no-financiera también necesita ayuda desesperadamente.
Y para proporcionar esa ayuda, vamos a tener que dejar de lado algunos prejuicios. En
lo político, está de moda echar pestes contra el gasto del gobierno y exigir
responsabilidad fiscal. Pero en este preciso momento, un incremento del gasto
gubernamental es justo lo que ha prescripto el médico, y habría que reprimir la
preocupación por el déficit presupuestario.
Pero antes de abordar ese punto, hablemos de la situación económica. Justo esta semana
nos enteramos de que las ventas minoristas se han despeñado en el abismo y lo mismo
ocurre con la producción industrial. Se estima que el desempleo está en niveles dignos
de una recesión profunda y el índice de manufacturas de la Reserva Federal de
Filadelfia cae al ritmo más rápido en casi 20 años. Todos esos signos revelan la
existencia de una crisis económica que será cruel, brutal? y larga.
¿Cruel hasta qué punto? El índice de desempleo ya está por encima del 6 por ciento. Ya
es prácticamente seguro que superará el 7 por ciento, y posiblemente llegará por encima
del 8 por ciento, convirtiendo esta recesión en la peor de los últimos 25 años.
¿Y larga hasta qué punto? Podría ser realmente muy larga. Pensemos en lo que ocurrió
durante la última recesión, que sucedió al estallido de la burbuja tecnológica a fines de
la década del 90. Superficialmente, la respuesta política a esa recesión parece exitosa.
Pero la verdad es que a la Reserva Federal le resultó difícil ganar impulso. A pesar de
las reiteradas reducciones de la tasa de interés, el índice de desempleo siguió en
ascenso; pasaron más de dos años antes de que el panorama laboral empezara a mejorar.
Y cuando finalmente se produjo una recuperación convincente, se debió tan sólo al
hecho de que Alan Greenspan había conseguido reemplazar la burbuja tecnológica por
una burbuja inmobiliaria.
El temor a otra burbuja
Ahora le ha llegado el turno de estallar a la burbuja inmobiliaria, dejando el paisaje
financiero sembrado de ruinas. Aun cuando los esfuerzos destinados a rescatar el
sistema bancario y a descongelar los mercados crediticios funcionaran ?aunque los
resultados iniciales han sido desalentadores?, resulta difícil imaginar que la vivienda
pueda volver a inflar una burbuja en el futuro próximo. Y si hay otra burbuja en espera,
no es para nada obvia. Entonces a la Reserva Federal le resultará aún más difícil ganar
impulso esta vez. En otras palabras, Ben Bernanke no puede hacer gran cosa por la
economía.
Por otra parte, el gobierno puede hacer mucho por la economía. Puede proporcionar
mayores beneficios a los desempleados, algo que ayudará a muchas familias en mala
situación y pondrá dinero en manos de personas que probablemente lo gastará. Puede
dar ayuda de emergencia a gobiernos estatales y locales para que no se vean obligados a
realizar grandes recortes presupuestarios que degradan los servicios públicos y
destruyen empleos. Puede comprar hipotecas y reestructurar los términos para ayudar a
las familias a quedarse en sus casas.
Y también es un buen momento para realizar algunos serios gastos en infraestructura,
que el país necesita con urgencia. El argumento habitual en contra de las obras públicas
como estímulo económico es que toman demasiado tiempo: para el momento en que se
acaba de reparar aquel puente y de mejorar esa línea de ferrocarril, la recesión ya pasó y
no hacen falta estímulos. Bien, ese argumento carece de fuerza ahora, ya que las
posibilidades de que esta crisis acabe en un futuro próximo son prácticamente nulas. De
manera que será mejor que pongamos en marcha esos proyectos.
¿La próxima administración hará lo necesario para enfrentar la recesión? No si John
McCain consigue una victoria sorpresiva. Cuando en uno de los debates le preguntaron
cómo enfrentaría la crisis, contestó: ?Bueno, lo primero que debemos hacer es controlar
los gastos?. Si Barack Obama es presidente, no tendremos la misma oposición
inquebrantable al gasto. Pero deberá enfrentarse a un coro de personajes que le dirán
que debe ser responsable, que si no el enorme déficit que tendrá el gobierno el año
próximo es inaceptable. Obama debería ignorar ese coro. La actitud responsable, en este
momento, es darle a la economía la ayuda que necesita. Este no es el momento de
preocuparse por el déficit.
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