Los Valores ¿Existen?
Por Hortensia Cuéllar - Universidad Panamericana, México
Resumen - El problema de los valores es un problema moderno que ha sido abordado por
filósofos como Scheler, Nietzsche, Windelband, Rickert, Wojtila, Weber, etc., pero que por la
evanenscencia de su específica naturaleza, resulta campo abierto y prácticamente inédito, para
el discurso radical. El ángulo de análisis que presento es desde la metafísica del ser, en donde
encuentro una relación de fundamentación vinculatoria entre ser, bien y valor, teniendo los
valores como fundamento próximo al bien trascendental y como fundamento último al ser,
con lo cual todo lo que existe es bueno y valioso, enfoque que difiere de los planteamientos
que circunscriben el tratamiento de lo valioso, al ámbito de la moral, asunto que considero un
error porque la filosofía de los valores trasciende el universo ético, ya que lo valoral puede ser
dicho en variados sentidos, de aquí que los valores en su versatilidad pueden presentarse
como paradigmas o bien como virtudes a vivir. Si son paradigmas, serán principios
regulativos de caracter perfectivo sin imperio sobre la voluntad pero sí, con un cierto imperio
político sobre la inteligencia que los presenta como modelos, que no significa como esencias
separadas ni construidas a priori, sino destellos de la perfección del ser que-por serlo-se
manifiestan en su valía universales por lo que resultan atractivos, apectecibles. Valor es
entonces, el brillo, el resplandor del ente, bajo la razón de bien. Si son virtudes, se tornan
cualidades adquiridas con esfuerzo que hacen a quien las conquista un hombre mejor.
-----------------Hace algunos meses asistí a una lección de un famoso académico europeo que ante la
pregunta ¿qué son los valores? perdió un poco la compostura y respondió secamente: "!Los
valores no existen! De eso no debería hablarse. Es más, habría que erradicar ese vocablo de la
lengua castellana." Mi perplejidad y asombro no tuvieron límites, por lo que decidí,
atendiendo al consejo de Wittgenstein en el Tractatus: "de lo que no es posible hablar, lo
mejor es callarse."
Esta anécdota la traigo a colación a propósito del problema que aquí pretendo exponer: un
acercamiento conceptual a la noción de valor y su fundamentación metafísica. Sé que se trata
de uno de esos terrenos que habiendo sido explorados en la contemporaneidad (por ejemplo
W. Windelband, Rickert, Scheler, Nietzsche, Wojtila, etc.) no lo ha sido de una manera
satisfactoria por su dificultad, por lo que decidí incursionar de nueva cuenta en un
planteamiento como el anterior. Los riesgos que corro - lo sé- no son menores, pero ante la
perspectiva de un nuevo tránsito en el terreno de la especulación radical - de la filosofía asumo el reto.
Lo primero que debo hacer es contestarle al profesor aludido con una respuesta paradójica
pero envuelta en la perplejidad: ¿ si los valores no existen, por qué hablamos de ellos? Al
hablar de ellos al menos tienen un tipo de existencia: la gramatical pero no solamente, ya que
no son voces sin sentido sino con significación, al grado de que al enunciar diferentes valores:
estéticos, religiosos, morales, intelectuales, sociales, etc. entendemos que algo queremos decir
- y por cierto no en el mismo sentido - con lo cual tienen también relevancia gnoseológica.
Con ello nos damos cuenta de que su ámbito de existencia se extiende, por lo menos, al
campo de lo linguístico y del conocimiento, de la intelección teórica y de la expresión práctica
vía el lenguaje ordinario. Esto significa que tienen algún tipo de existencia, algún tipo de
entidad, algún tipo de ser, como cuando decimos "este contenido es valioso" o bien 'este
diamante no tiene ningún valor." Ambas frases están llenas de sentido, no son flatus vocis,
sino que hacen referencia a algo que - en el primer caso - tiene valor y - en el segundo - carece
de ello.
Aquí el problema, por tanto, no está en destacar la dimensión linguística o gnoseológica de la
noción de valor, sino en determinar desde una perspectiva metafisica, su fundamento
ontológico. Mi tesis es pues la siguiente: la noción de valor siendo expresable sin
contradicción linguística o lógica (el inteligir es logos), lo es porque como fundamento
inmediato de su misma existencia, se encuentra la noción de bien entendida en sentido
ontológico trascendental (no en sentido kantiano), y como fundamento radical destaca la
propia entidad de aquello que se dice valioso. Es este el sentido natural del valor, su sentido
primero, para distinguirlo de otro sentido que es el convencional, que tiene un fundamento ya
no ontológico sino antropológico, en el sentido de que las distintas sociedades, los distintos
grupos humanos, deciden en razón de distintas causalidades, influencias e intereses, etc., qué
valor tienen las cosas sean naturales o culturales. No es esta la acepción del valor que aquí
trataremos, sino del sentido natural que se funda en el ser de lo que existe. Con este enfoque
traspasamos el ámbito linguístico y el lógico para trascender hasta el ámbito ontológico metafísico y conectarnos directamente con la doctrina clásica del ente que sostiene la
vinculación existente entre lenguaje - conocimiento - realidad que, bien lo sabemos, ha sido
uno de los nudos gordianos de la filosofía y que en el siglo XVI marcó un hito con Descartes
al darle preponderancia a la filosofia del pensamiento sobre la realidad. Su famosa divisa
cogito ergo sum marcó la pauta generacional que se abrió, desde entonces, en el gran carril de
la filosofía, dando origen al pensamiento moderno, donde la consigna es el pensar sobre el
ser. Lo muestran todos aquellos trabajos que le otorgan primacía a los contenidos y productos
de la conciencia sobre la realidad.
Nuestro planteamiento es a la inversa, en seguimiento de la gran tradición de la filosofía
analógica del ser donde el ente se dice en muchos sentidos. (1) Uno de ellos es el pensar, uno
de ellos es el conocer, que tiene que ver con el ser veritativo. (2)
En este contexto, el pensar recoge lo conocido del ser aunque no por eso en ello agota sus
específicas virtualidades que, además de cognoscitivas, pueden ser también de otro tenor
como por ejemplo reflexivas o judicativas, además de la actividad práctica que también le
compete como lo muestra su dimensión poiética, etc. Plegándonos al particular caso del
conocimiento teórico, el pensamiento es actividad inmanente que aprehende, juzga y procesa
racionalmente lo trascendente sin perder por eso su contacto con la realidad que - en cuanto
conocida - se identifica con él ad modum inteligentiae. (3) justamente en el acto de conocer.
La expresión de esto conocido se traduce en diferentes tipos de actos a los que genéricamente
les denominamos pensamiento o en su expresión práctico - fonética lenguaje que - siguiendo
a Michel Dummett - consideramos además de "medio de comunicación, dimensión práctica
del pensamiento." (4) Desde esta perspectiva, ser - conocer y lenguaje se encuentran en íntima
vinculación, teniendo la primacía el ser que en su plurisignificatividad incluye tanto al
lenguaje como al conocer. Con ello sostengo que tanto el lenguaje como el conocer son
sentidos del ente que tienen su último fundamento en el ser.
Una prueba de esta aseveración la representa la clásica doctrina del concepto que es un
ejemplo modélico de la imbricación epistémico - ontológica que se da entre conocer y ser ¿de
qué manera? Precisamente en razón de que su naturaleza específica es ser una specie mentis
cuya finalidad consiste en representar a otro como signum formale, es decir, "estar en lugar de
otro" (5) sea una multitud o sea un solo caso individual como es el caso de Dios. En este
sentido el concepto como modalidad del ser, se muestra generalmente como heterorreferente y
no como autorreferente como ocurre en las consideraciones oblicuas y meramente reflexivas
de la filosofía, por ejemplo Kant y Hegel. La naturaleza del concepto consiste precisamente
en representar a otro de manera peculiar con una raepresentatio que en este contexto indica
"estar por otro" y no en el sentido de Vorstellung que conecta con las aporías epistemológicas
de la imagen mental y el representacionismo moderno que priorizan indudablemente lo
experiencial de orden psicológico sobre lo intelectual de orden lógico, perdiéndose en ese
planteamiento la contextura peculiar del concepto que es su específica universalidad y su ser
signo. Ello no significa tampoco que la lógica tenga la primacía sobre el ser atendiendo a su
dimensión normativa, ya que como quedó dicho más atrás, lo lógico es una variedad del ente
(to on polajós legetai) y el concepto es signo formal. Si admitimos esta premisa-que el
concepto es signo formal-se vislumbra la heterorreferencia mencionada acorde a su propia
naturaleza con lo cual por la vía cognoscitiva, el hombre recoge intencional y paulatinamente
la pluralidad de lo real que resulta, en expresión de Leonardo Polo, una realidad extramental
pero no por ello incognoscible, sino siempre abierta a ser conocida, en virtud de su ser y modo
de ser peculiar.
Con ello quiero decir que-atendiendo a las múltiples variedades y complejidades de lo
existente-será su aprehensibilidad o cognoscibilidad por parte del hombre. Con eso no
significo ni la irracionalidad de lo real, ni su incognoscibilidad per se, sino su virtual
cognoscibilidad para la inteligencia humana que, por ser de contextura espiritual-como su
propia alma-puede "hacerse todas las cosas", (6) está abierta potencialmente a conocer la
universalidad de lo existente, aún cuando desde la perspectiva actual, su conocer sea limitado
y fatigoso. Pero ese factor no clausura ni la cognoscibilidad ni la inteligibilidad de lo que es:
ens ut verum convertuntur, ni la capacidad humana de hacerse a nivel cognoscitivo todas las
cosas de una manera potencial, de una manera intencional ( recordemos que aquí nos
encontramos en el orden facultativo). Y eso conocido es expresable-como sabemos-a través
del lenguaje. El nombrar de las cosas, por ende, viene dado por su inicial cognoscibilidad que
se traduce en el orden de la expresión ya no mental sino linguística en palabras (7) y
proposiciones con sentido. (8) Las palabras y proposiciones que no tienen sentido-en sentido
estricto-son ininteligibles, no conducen a algo sino más bien a nada como por ejemplo al
expresar en castellano " xrthk mstx lltg." Nadie lo entiende, a nada se refiere y es en sí misma
sin-sentido.
Con estos argumentos quiero volver ya a mi tesis inicial: entre ser, bien y valor se da una
relación de fundamentación vinculatoria, teniendo los valores como fundamento (9) próximo
al bonum trascendentale y como fundamento último al ser. Con esto apunto a la idea de que
cuando hablamos de los valores en cuanto tales, hablamos de algo que tiene sentido y que
hace referencia a una naturaleza peculiar genérica a la que denominamos "valor" y que por
serlo, es algo bueno. Esta naturaleza peculiar genérica a su vez, tiene un caracter analógico, en
el sentido de que la voz valor se dice en variados sentidos, atendiendo al tipo de valor al que
se hace referencia dentro del inmenso universo de lo existente. Con ello afirmo que lo que
existe es bueno y valioso a la vez habiendo entre estos dos calificativos una cierta distinción
semántica que es preciso aclarar.
Para ello lo primero que hay que preguntar es ¿qué son los valores? Difícil interrogación
abordada en la contemporaneidad de manera temática, por algunos filósofos de la tradición
neokantiana o fenomenológica como W. Windelband, H. Rickert, N. Hartmann, M. Scheler,
etc., independientemente de los trabajos de Niezsche y en menor proporción Max Weber y
algunos otros filósofos de la cultura. Al tratarse de un problema típicamente moderno, en lo
que sigue haré una referencia marginal a la Escuela de Baden, para continuar un poco más
detalladamente con el gran pensamiento axiológico de Max Scheler y por último plantear mi
tesis sobre el particular.
A reserva de mayores precisiones que en este lugar no vienen al caso, para Windelband y
Rickert la filosofía debe ser considerada una teoría de los valores donde se busquen los
principios que garanticen la validez del conocimiento de una manera normativa sin dejar de
lado la actividad humana que surge en el ámbito de la moralidad y el arte. (10) Tales
principios, en explicitación de Rickert son los valores que constituyen los principios apriori y
fundamento de la validez universal y necesaria de las ciencias, (11) así como del campo de lo
moral y del arte, horizontes de análisis que son de clara inspiración kantiana, sin-podríamos
llamarle-mayor matiz.
Para Scheler en cambio y en una axiología que no quiere ser "antikantiana" sino avanzar más
allá de donde quedó Kant, (12) los valores son "cualidades materiales que tienen una
determinada orientación mutua en el sentido de alto y bajo; y esto acaece con independencia
de la forma de ser en que se les incluya." (13) Con ello quiere significar que los valores "no
son propiedades de las cosas (...), ni tampoco fuerzas o capacidades o disposiciones ínsitas a
las cosas" (4) sino "cualidades" peculiares que manifiestan el " matiz valioso de un objeto
(...), que es lo más primario que nos llega de aquel objeto". (15) Esta idea es bastante
interesante en el sentido de que al ser lo valioso lo más primario que nos llega del objeto,
Scheler hace un planteamiento suficientemente original aunque no por ello menos
problemático, de la vinculación existente entre los objetos reales, la noción de bien y la de
valor.
Para el filósofo alemán, y en atención a la primigeneidad del origen, la cuestión debe quedar
planteada en los siguientes términos: " en la cosmovisión natural, los objetos reales no son
dados "primeramente" como puras cosas ni como puros bienes, sino como (...) cosas en tanto
y en cuanto que son valiosas." (16) Tal planteamiento permea toda su doctrina axiológica al
grado de afirmar que "justamente les es esencial a los bienes que el valor no aparece
cimentado únicamente sobre la cosa, sino que ellos mismos se hallan penetrados enteramente
de valor" (17) y ésto porque "los valores son el apriori respecto al mundo de los bienes de que
se trate." (18) Con esta tesis tocamos fondo en lo relativo a las virtualidades y fuente de
inspiración scheleriana en lo concerniente al gran problema de los valores. Para él, el valor es
lo apriórico en relación a los bienes y a la cosa misma que no está tomada aquí en sentido
contingente sino fenomenológico, es decir, esencial en cuanto referido al mundo de lo dado,
de la intuición eidética de la esencia valiosa , pero no desde una óptica more kantiana de
naturaleza específicamente lógica sino desde otra legalidad diferente, que es la legalidad
propia del mundo de los valores, la-podríamos llamarle-legalidad axiológica cuyos carriles no
son racionales sino de otro orden, en el contexto de Scheler. El texto de su Etica es el
siguiente: "el mundo de los valores no es de naturaleza lógica sino que pertenecen a una
legalidad propia del mundo de los valores y se fundan en conexiones de esencia y en
incompatibilidades de esencia existente entre los valores mismos." (19) Este universo de
investigación-el de los valores-no es intuido vía racional sino sentimental, que se constituye
en otro de los vértices más característicos del pensamiento ético-axiológico de Scheler, en
contra de Kant, como lo demuestra el texto siguiente: "La construcción de una ética material a
priori se hará únicamente posible con la eliminación definitiva del viejo prejuicio de que el
espíritu humano se agota en el dilema "razón-sensibilidad," o bien que hay que colocar todo
lo que hay en el espíritu bajo una u otra forma de esas categorías. Este dualismo radicalmente
falso (...) debe desaparecer sin contemplación alguna del umbral de la filosofía. La
fenomenología del valor y la fenomenología de la vida emocional han de considerarse como
un dominio de objetos e investigaciones enteramente autónomo e independiente de la lógica,"
(20) que es la enorme tarea que Scheler se echa a cuestas en varias de sus obras (21) y a la que
dedica gran parte de su vida.
Ya desde otra perspectiva, pienso que la filosofía de Scheler es un caso paradigmático en la
cultura contemporanea de la radicalización a la que puede conducir el apriorismo de Kant, al
grado de impostar esta noción como esencial a la ya de por sí evanescente noción de valor. En
Scheler está claro que el centro de su pensamiento ya no solamente ético es la axiología,
asunto que por el momento no podemos demostrar, sino que únicamente consignamos a modo
de indicación aporética. Con esta observación retomamos el hilo de la cuestión.
¿Por qué afirmo que la noción de valor tiene su fundamento próximo en la noción
trascendental de bien (bonum) de la filosofía clásica de corte griego cristiano y no la noción
kantiana acuñada a la luz del Ich Uberhaupt y éste a su vez (el bonum) se asienta en el ser?
Precisamente en razón de que el valor, los valores, lo valioso lo son porque representan-bajo
otro nombre-algo bueno en virtud de lo cual se denomina ese algo "valioso," es decir, nuestra
postura es exactamente la opuesta a la proposición de Scheler en el sentido de que la
fundación viene dada por el ser y no tanto por el valor que él privilegia. Se comprende que
esto pueda ser así ya que el enfoque y contextualización de los dos planteamientos es
diferente. Nosotros partimos de unos principios metafísico-ontológicos, Scheler de un
encuadre kantiano-fenomenológico donde parece adivinarse subrepticiamente la presencia del
Ich denke; ésta afirmación, sin embargo, tiene el caracter de hipotética por los detallados
análisis a los que conduciría su demostración.
La noción de bien a la que nos referimos es aquella de la que habla Santo Tomás en la q. 5, a.
3 de la Suma Teológica donde se plantea si todo ser es bueno. Su respuesta como es conocido,
es que " Todo ser es bueno en la medida que es ser," es decir, en cuanto que existe de algún
modo aún sea de manera accidental. Sabemos, asimismo, que el mejor modo de ser, es el que
se dice en sentido propio como es el caso de la sustancia, sin embargo no todo es sustancia
como no todo es accidente. En el mundo real se da el entreveramiento de seres sustanciales y
accidentales, (22) entes en acto y entes en potencia; (23) entes necesarios (24) y entes
contingentes (25) o posibles (26) considerando incluso diversos tipos de necesidad,
contingencia y posibilidad. Ello nos indica que el campo de lo existente es plural y
multiforme-analógico-donde la razón común entre todos ellos es su ser por ser lo más radical
que existe, sea un ser propio o en otro como ocurre con todos aquellos entes que no son
sustanciales. De aquí que podamos definir al ente como aquello que tiene ser (id quod habet
esse) y por tenerlo es bueno. Es esta la razón por la que el Santo afirma "omne ens, inquantum
est ens, est bonum" y por ser bueno "es de algún modo perfecto." El texto de Santo Tomás es
el siguiente: "al llamar a algo ente sin más, se indica que existe propiamente en acto (...). Sin
embargo, lo bueno entraña la razón de lo perfecto que es lo apetecible (...). De donde lo que es
completamente perfecto, se dice bueno sin más, mientras que lo que no tiene la última
perfección que debe tener, aunque tenga alguna perfección por estar en acto, no se dice
perfecto sin más, ni bueno sin más, sino solo en algún aspecto." (27)
De aquí que "bonum et ens sint idem secundum rem": es este el sentido del bien al que
queremos hacer alusión en relación al problema de los valores, no en relación al bien moral
que es el telón de fondo del enfoque de Scheler y de diversos círculos culturales de nuestros
días, que suelen malentender este planteamiento y piensan que al hablar o plantear el tema de
los valores se tiene que hacer bajo una clave ética. Desde mi punto de vista eso es un error
que tanto para la ética como para la axiología y la metafísica no resulta pertinente en virtud de
que el ámbito de los valores es mucho más universal que el de lo ético que siendo
fundamental para la vida práctica del hombre y para el logro de una vida buena, no tiene
porqué tematizar como un terreno específico suyo el amplio horizonte de la axiología. Con
ello tampoco afirmo que no exista ninguna vinculación. Eso también es un error ya que por lo
pronto el campo de los valores morales y su vivencia a través de la práctica de las virtudes
éticas le resulta o le debe resultar connatural. Y me parece un error más, no tomar en cuenta la
fundamentación metafísica de la axiología, vía la noción trascendental de bien.
Y es que el hombre además de vida moral, tiene vida especulativo-científica, poiéticocreativa, biológico-vital, político-social y económica, religiosa, afectiva, de contacto con la
naturaleza cósmica, etc, por mencionar algunas de sus manifestaciones más características.
Con eso-lo reitero-no quiero descalificar para nada el campo de lo moral. El ethos humano, lo
sabemos, es una de esas dimensiones que con mayor cuidado hay que cultivar hoy en día,
precisamente porque su olvido o descuido es el origen de tanta injusticia y trastornos en el
mundo, sea dicho ésto en casi cualquier ámbito en el que el hombre ejercita de modo
irresponsable su libertad. Con ello también quiero decir que el bien trascendental como tal
fundamenta al bien moral ya que el bien moral surge-como el mal ético-de la libre elección de
la persona en relación a aquello que le hace o no le hace mejor, es decir, en relación a su
propia perfección como persona. Este planteamiento no encierra optimismos infundados ni
incardina paradigmas platónicos en el cotidiano discurrir de la persona, sino que solamente
toma en cuenta lo que el ejercicio de la libertad humana lleva consigo.
Pero volviendo al problema inicial: ser y bien desde una perspectiva trascendental se
identifican teniendo primacía el ser ya que todo lo que es es bueno tan solo por el hecho de
ser. Eso no indica que no podamos encontrar entre ellos cierta distinción, distinción que viene
dada desde la perspectiva de la razón humana que descubre en lo que existe, diversas
virtualidades que tienen que ver o con el entendimiento (hablamos entonces del problema de
la verdad) o con el apetito ( nos referimos entonces a lo que es bueno) o incluso con lo que
agrada (que tiene que ver con la belleza) etc.
Hemos dicho por tanto que "bonum et ens sunt idem secundum rem: sed differunt secundum
rationen tantum." Hemos dicho también que " algo que es bueno es en cierta medida perfecto"
y por lo tanto "resulta apetecible" (28) o para sí mismo en virtud de que todas las cosas
apetecen su propia perfección porque ab initio es algo bueno-en este sentido el bien tiene
razón de fin-y su fundamento es ontológico, o bien resulta apetecible para otros para quienes
resulta un bien presentándose como algo valioso, digno de ser tomado en cuenta. Es esta la
dimensión sujetual del bien, la dimensión sujetual del valor, en el sentido de que es apreciada
su bondad, su valía, por un hombre, cultura o sociedad, quienes pueden magnificarla o
menospreciarla, en razón de diversas circunstancias, motivos, épocas, tiempos, educación,
propaganda, ideología, creencias, etc, para quienes resulta apetecible , para quienes resulta
valiosa.
Es ésta la enorme aporía que se abre cuando hablamos de los valores que-si lo sonnecesariamente serán algo bueno porque su fundamento es el ser y por tanto existen. ¿ De que
modo? Ese es otro problema que tiene que ver con el estatuto epistemológico de los valores y
su orden de fundación respecto al bien y al ser. Si somos consecuentes, sin embargo, hemos
asentado que el ser es el fundamento necesario y principial de lo que se presenta como
apetecible, es decir, como bueno, con lo cual si el ser es el fundamento del bien, el bien es el
fundamento del valor. Esto quiere decir desde una perspectiva gnoseológica, que los valores
son "bienes universalmente considerados," no en el sentido de los conceptos que son signos
formales de las cosas, sino como principios regulativos de caracter perfectivo, cuyo
fundamento último se encuentra en la misma perfección ontológica de lo que existe. Su
regulación, por tanto, no es imperativa al estilo kantiano, sino sugerente y condicionada a la
elección libre de los diversos hombres, que en su apropiación y vivencia sí pueden
transformar a los hombres al convertirse en virtudes. Es por eso que los valores en su
versatilidad, pueden presentarse como paradigmas o bien como virtudes a vivir. Si son
paradigmas, serán principios regulativos sin imperio sobre la voluntad, pero sí en cierto
sentido con un imperio político en relación al entendimiento que los presenta como modelos
que no significa esencias separadas ni construidas apriori, sino destellos de la perfección del
ser que-por serlo-se manifiestan en su valía universales, por eso son apetecibles, de donde
valor es el brillo, el resplandor del ente, bajo la razón de bien. Si son virtudes, se tornan
cualidades adquiridas con esfuerzo y se individualizan de tal manera que al ser vividos por el
hombre, éste crece cualitativamente y en sentido positivo, en aquella dimensión específica de
su personalidad en la que ha ejercitado aquel valor o virtud. En este sentido el hombre se hace
mejor, se perfecciona....y no solamente desde la perspectiva ética. Desde este ángulo de
análisis sostengo, por tanto, la fundamentación ontológica de los valores sobre la subjetiva o
del orden de las preferencias. Con ello afirmo que algo por ser bueno es valioso sin existir
entre estas tres realidades identidad conceptual pero sí metafísica: "la separación se da en el
pensamiento, pero no en las cosas". (29) La valía o plusvalía de algo desde la perspectiva
natural, no convencional, se da en razón directa de su bondad ontológica, como a su vez su
bondad ontológica es una consecuencia de su modo de ser. Desde estos presupuestos es
relativamente sencillo darse cuenta que no tiene el mismo valor la persona humana que es
digna en sí misma, sobre otro tipo de bienes, por ejemplo, los económicos o de caracter
material o incluso científicos y tecnológicos por mencionar sólo algunos del inmenso
horizonte axiológico y que teniendo un enorme valor y no siendo de ningún modo
despreciables, tienen que estar al servicio del hombre atendiendo a su esencia medial.
Es cierto, por otro lado, que "El bien se toma en tantos sentidos como el ente puesto que se
predica de la sustancia, como de Dios y la inteligencia; y de la cualidad como de las virtudes;
y de la cantidad como la medida y de la relación como de lo útil, y del tiempo como la
ocasión; y del lugar, como del domicilio conveniente y otras cosas semejantes", (30)
razonamiento que podemos hacerlo extensivo a lo valioso y así poder decir siguiendo al
Filósofo: "valioso se toma en tantos sentidos como el bien y bueno es todo lo que es" con lo
cual valioso es todo lo que es si tiene caracter perfectivo; lo que no lo tiene, es contravalioso,
como lo son los productos contraculturales de las diversas sociedades como son la guerra, la
droga, la violencia, el terrorismo, la prostitución, el aborto, la eutanasia, las hambrunas, la
destrucción del habitat humano en función de intereses políticos y económicos, etc.
Para fundamentar este argumento-el de la analogía del bien, el de la analogía del valortenemos que considerar el problema de los grados de perfección planteado en diversos lugares
del pensamiento tomista, uno de los cuales es la paradigmática cuarta vía de la Suma
Teológica I, q.2 a 3 donde afirma "Vemos en los seres que unos son más o menos buenos,
verdaderos y nobles que otros, y lo mismo sucede con las diversas cualidades. Pero el más y
el menos se atribuye a las cosas según su diversa proximidad a lo máximo, y por ésto se dice
que lo más caliente es lo que más se aproxima al máximo calor. Por tanto, ha de existir algo
que sea verísimo, nobilísimo y óptimo, y por ello ente o ser supremo; pues como dice el
Filósofo, lo que es verdad máxima es máxima entidad." ¿Por qué relacionar el argumento
axiológico con los grados de perfección de los entes? Precisamente en razón de que
dependiendo del tipo de ente que sean, será su mayor o menor perfección, su mayor o menor
tipo de bondad, su mayor o menor valor en el ámbito de lo existente. Esto se comprende con
facilidad si ponemos algunos ejemplos que con las limitaciones del caso, son ilustrativos de lo
que queremos decir: Hemos afirmado que todo lo que existe es bueno tan solo por el hecho de
ser y así es, pero no en la misma proporción, ya que no tiene el mismo valor un nino o
cualquier persona humana, al valor de un automóvil, la naturaleza física con toda su riqueza o
el caso de Dios. Desde una óptica metafísico-ontológica discernir la mayor o menor valía, la
mayor o menor bondad de los tipos de ser enunciados, nos llevaría al planteamiento entero de
la filosofía primera con sus principios y causas y la pluralidad analógica fundamentada en el
ser. Desde este ángulo de análisis es un axioma que no todo se puede demostrar pero sí
mostrar, como es el caso del principio de no contradicción (31) y la realidad misma de la
realidad donde en el mundo físico se descubre la generación y la corrupción, la necesidad y la
contingencia, etc. con independencia de lo que el Filósofo denomina el mundo supralunar y la
realidad del Acto Puro. (32) Lo que se descubre en todo este universo, es un mundo variado,
complejo, heterogeneo pero no por ello absurdo ni irracional. Más bien inmenso donde se
evidencian distintos tipos de ser: el de lo humano con todas sus complicaciones sociales,
culturales, políticas, científicas, etc.; el de la naturaleza física con sus variados géneros de ser
como pueden ser los llamados reinos animal, vegetal y mineral, o desde otra perspectiva, el
mundo de la microfisica y el de la macrofísica; y por supuesto Dios, al resultar pertinente la
pregunta por su existencia cuando se parte de un planteamiento incardinado en la perfección
del ser.
Si ésto es así, es manifiesto que "el bien no puede ser algo común, universal y único, pues si
así fuese, no se predicaría en todas las categorías, sino en una sola", (33) asunto que
patentemente resulta extra-aristotélico si tomamos en consideración la doctrina de el to on
polaxos legetai que conduce a la multiplicidad de los tipos de ser, a la versatilidad de los tipos
de bien, a la versatilidad de las modalidades concernientes al valor, etc. En el filósofo de
Estagira y en la tradición que le continúa, si bien la noción de bien es de extrema importancia
no lo es a la manera platónica de la primacía de la Especie sobre lo sensible y por ende sobre
lo fenoménico y plural. En Aristóteles salvando la pluralidad analógica de lo existente, vía los
principios de lo individual, se salva asimismo la universalidad de los principios de lo real, que
por cierto no integran un mundo separado ideal-con lo cual se abriría nuevamente un
xorismós-sino que se inteligen en lo individual que se manifiesta plural. Y como el ente es
plural y el bien sigue los sentidos del ente, el bien es también plural.
La noción de valor como ha quedado dicho, es una noción acuñada en la modernidad y ajena
como tal, al discurrir aristotélico. Ello no indica, sin embargo, que pueda ser extraña al vivir y
convivir humanos donde resalta-en virtud de la bondad ontológica de lo existente-lo valioso
que inspirándonos nuevamente en otra tesis clásica puede ser al menos (y ésto es solamente
una precisión dentro de las diferentes que se pueden hacer) de tres tipos: lo que es valioso por
ser útil, lo que es valioso por ser agradable, y lo que es valioso por ser bueno en sí mismo;
ésto dicho con independencia de la bondad natural, la valía natural, que tiene lo que existe.
Lo valioso por ende, se dice en multiplicidad de sentidos en concordancia a la versatilidad del
ser, su función e incluso su operatividad específica (pensemos, por ejemplo, en los llamados
valores morales o los intelectuales que surgen de la proyección facultativa humana ordenada
al conocimiento de la verdad en el ámbito en que se descubra, o al bien vivir de la persona,
desde una perspectiva universalista pero siempre acotada por la libre elección humana). De
aquí la oscilación, preeminencia, éxito o desprecio de diversos valores de índole diversa, en
las diferentes épocas, culturas, latitudes, tradiciones, personas, etc. El relativismo de los
valores por tanto y expresado esta afirmación en sentido radical, no es tal ya que su
fundamento último es ontológico; lo que es relativo es su vivencia y aprecio por parte de las
personas.
No es la noción de valor, en consecuencia, una noción general regida por una Idea singular
que nos llevaría a un solo tipo de valores, sino una noción analógica acunada a la luz de la
pluralidad y versatilidad de lo existente que es expresable desde la complejidad como algo
bueno, o verdadero, o justo, o santo, o saludable, o bello, etc. calificativos que denotan de
suyo un contenido valioso y que vienen a integrar lo que genéricamente se denomina el
universo de los valores que-por serlo-es universal y plural. Por eso es posible hablar con
sentido de valores materiales y espirituales, o-desglosados-de valores religiosos que tienen
que ver con la religación del hombre con Dios y el culto y adoración que le es debido; valores
intelectuales que tienen que ver con el conocimiento y el descubrimiento de la verdad por
parte del hombre; valores morales que tienen que ver con el cultivo del bien enraizado en la
libertad, las virtudes éticas y el amor; valores sociales que tienen que ver con la convivencia y
la vida del hombre en la polis; valores estéticos que están vinculados con el mundo del arte y
la apreciación de lo bello; valores vitales que se cultivan en relación al cuidado de la salud y
la propia vida; valores económicos que surgen con el uso del dinero y la creación de la
riqueza; valores ecológicos que tienen que ver con el trato político y no despótico de la
naturaleza física y el medio ambiente (los llamados ecosistemas), etc. El cultivo de estos
valores vía la práctica de las diversas virtudes por parte del hombre forja al hombre creyente o
santo, al hombre pensante (científico o filósofo), al artista, al hombre sociable, al amante de
sus tradiciones, al político, al patriota, al hombre sano o deportista, al hombre rico o
administrado, al ecologista (hombre preocupado de su habitat natural), al hombre bueno, al
hombre libre, democrático, comprometido, etc. sin que con ello se quiera decir que el
favorecimiento de algún tipo de valores excluya o deba dejar de lado a los demás valores. Si
así ocurriera el hombre no se desarrollaría de manera integral, sino parcelariamente, con lo
cual se le privaría del cultivo de diversas zonas de la educación y de la cultura que-por serloresultan siempre valiosas.
Notas
(1) Cfr. Met.IV, l003a, 33-34; VII, l028 a, 10
(2) Cfr. Met. VI, l027 b
(3) "El conocimiento dice existencia de lo conocido en el cognoscente" De Veritate q. 2, a5,
ad 15
(4) Cfr. DUMMETT, MICHEL, "Conocimiento práctico y conocimiento del lenguaje",
Anuario Filosófico XI, 1, l978, p. 39.
(5) "Según el Filósofo, las palabras son signos de los conceptos y los conceptos son
representaciones de las cosas" S. Th., I, q. 13, a 1 ; Cfr. Perih., 1,c 1, no. 2.
(6) Cfr. De Anima III,
(7) "(...) en la medida en que podamos conocer una cosa, en la misma podremos imponerle
nombre" S. Th., q. 13, a. 1.
(8) WITTGENSTEIN,LUDWIG: Tractatus Logico-Philosophicus,(trad.e introduc.de Jacobo
Munoz e Isidoro Reguera),Altaya, Barcelona, 1994, 3.3 "Sólo la proposición tiene sentido;
sólo en la trama de la proposición tiene un nombre significado" (Nur der Satz hat Sinn; nur im
Zusammenhang des Satzes hat ein Name Bedeutung).
(9) Aquí quiero hacer una aclaración: la expresión fundamento no la entiendo en sentido
arquitectónico: como cimiento y por ende como lo que queda abajo, según la equivocada
interpretación de algunos hermeneutas. Entiendo esta frase, en sentido ontológico-principial.
(10) Cfr. WINDELBAND, W: Historia de la Filosofía, 4 vols. Madrid l941-43; Preludios
Filosóficos, l949.
(11) Cfr. RICKERT, H. : Sistema de la Filosofía.
(12) Cfr. SCHELER, M.: Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik in
Gesammelte Werke, edición de María Scheler, Francke, Berna, 1954. Versión castellana:
Etica. Nuevo ensayo de fundamentación de un personalismo ético. Trad. Hilario Rodríguez
Sanz, Revista de Occidente, Madrid, 1941, tomo I, prólogo a la tercera edición, p. 22.
(13) SCHELER, M., Op. cit., p. 44
(14) SCHELER, M., Op. cit., p. 42
(15) SCHELER, M., Op. cit. p. 42
(16) SCHELER, M., Op. cit. p.50
(17) SCHELER, M., Op. cit. p. 50
(18) SCHELER, M., Op. cit. p. 42
(19) SCHELER, M., Op. cit. p. 42
(20) SCHELER, M., Op. cit. pp. 101-102
(21) Por ejemplo Wesen und Formen der Sympathie; Das Ressentiment in Augbau der
moralen; Die Stellung des menschen im Kosmos, etc.
(22) Cfr. Met. VII, l028 b, 33-37; VI, l027 a
(23) Cfr. Met. IX
(24) Cfr. Met. VI, l026 b, 27-30 : " entre los entes hay unos que son siempre del mismo modo
y por necesidad, no por la necesidad causada por la violencia, sino por aquella a que nos
referimos cuando algo no puede ser de otro modo"
(25) Cfr. Met. VI, l027 a, 8-9 : " no todas las cosas están por necesidad y siempre en el ser o
en el devenir, sino que la mayoría está sólo generalmente."
(26) Cfr. Met. V, l019 a, 33-35; l019 b, 12-13; l019 b, 27-35
(27) Cfr. S. Th., q. 5, a.1
(28) Cfr. S. Th., q. 5, a. 1
(29) Cfr. Met. l026 b, 31-32
(30) Cfr. Etic Nic. VI, l096 a, 24-28
(31) Cfr. Met.1V, l006 a, 6-7
(32) Cfr. Met. XII, 1069 a, 30-34.
(33) Cfr. Etic. Nic., VI
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