Cristóbal Colón, (c. 1451−1506), navegante y descubridor, tal vez de origen genovés, al servicio de España,
hombre polémico y misterioso, autodidacta y gran observador, descubrió el Nuevo Mundo el 12 de octubre de
1492, fue el primer almirante, virrey y gobernador de las Indias, y enseñó a los hombres de mar de su tiempo
el camino a seguir para ir y volver de América.
Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán,
mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la
tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana
Fontanarrosa. De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación
marinera; el tercero fue Giácomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes,
Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en
1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado fasta hoy Ya pasan de cuarenta
años que yo voy en este uso. Todo lo que fasta hoy se navega, todo lo he andado".
El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde
los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas
comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de
las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre
Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al
amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y
reconocida hasta en los tratados internacionales de la época.
Colón y Portugal
Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un
durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su
barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina
en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino
ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales
que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes
atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a
Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre
Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa
Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De
este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego
Colón.
¿Conocía Colón antes de 1492 las tierras de América?
Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón,
cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde
el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado "Predescubrimiento de
América". Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las
islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo", le sucedió, si
hacemos caso a sus palabras: "Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era
hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine
a Vuestras Altezas".
Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso
que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía,
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le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante
ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias.
Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como "leyenda del piloto
anónimo") que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo
allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina
procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio
obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías coinciden en señalar que tal
encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que
por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas
tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era
cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y
castellanos.
El proyecto descubridor colombino
Por los años 1480−1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero
carecía de ciencias y saberes teóricos: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que
abastaba, y ansí de geometría y aritmética". Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval
que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum
ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d'Ailly; y la Correspondencia y
Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a
través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.
De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy
detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy
concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del
Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en
distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco
Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre
todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto
en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli
asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque
situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras
estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias,
Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se
encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.
Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera
terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la
circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del
ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una
medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de
unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De
mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía
mucho.
Colón en Castilla
A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: "Siete
años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla",
recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la
Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda
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material, amigos y conversación.
El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares
(Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la
ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.
A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de
los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y
entendido en navegación, fray Antonio de Marchena. Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan,
y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos
sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La
Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con
el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel
Sánchez.
Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz
Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando
Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que
vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado
sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se
movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin
la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.
Las Capitulaciones de Santa Fe
Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el monasterio de La Rábida y fray
Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El
17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento−contrato, que estipulaba las
condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes, un preámbulo
sorprendente que dice así: "Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la
que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en
servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese "ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría
del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492,
descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le
corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:
1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el
modelo del almirante mayor de Castilla.
2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para
cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.
3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.
4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto
nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.
5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la
octava parte de los beneficios.
Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.
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El gran viaje
Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y
alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente
Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492,
Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de
Palos.
La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre
con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el
Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas.
A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar
dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la
que contaría de menos. El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16
llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han
sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el
primer motín entre los marineros de la Santa María. Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron.
Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón.
Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en
la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".
Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla
de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes
Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso
Pinzón. El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y
la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles
ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de
Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue
tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12−15 de febrero) que forzó a la
Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo)
obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba
triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a
los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona,
se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda
la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.
El segundo viaje
El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres,
portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el
primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de
descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los
españoles muertos. Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a
Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje.
Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios.
A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles:
"Así Dios me lleve a Castilla". El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala
propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.
El tercer viaje
Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso
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se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota,
que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias, siguió a Cabo Verde
y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la
isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino
de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva
capital de las Indias, Santo Domingo.
La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco
Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las
quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el
criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo. El 23 de
agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y
gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A
primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.
Cuarto viaje
Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus
oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150
hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la
Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el
Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo.
Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá.
No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió
la pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en
Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego
Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28
de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España. Después de
arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y
reclamó infructuosamente sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.
FICHA
nombre: Colón, Cristobal
Nacionalidad: España
Aunque su origen ha sido objeto de las más diversas especulaciones, parece existir un mayor acuerdo en
considerar que nació en Génova en una fecha indeterminada entre el 25 de agosto y el 31 de octubre de 1451,
hijo de Domeneghino Colombo y Susanna Fontanarossa. Es posible también que no fuera el primogénito,
falleciendo sus hermanos mayores. Tenía además dos hermanos pequeños, Bartolomé, uno o dos años más
joven, y Diego. Su familia, sin ser rica, poseía cierto acomodo, debido al negocio de telares que el padre
ostentaba y a los ingresos complementarios que procuraba un pequeño comercio de quesos. La infancia de
Colón, como su fecha y lugar de nacimiento, también aparece envuelta en nebulosa. El mismo Almirante
señala que desde muy joven aprendió el oficio de la mar, sin duda alentado por el carácter marinero de la
ciudad de Génova y la ebullición del comercio mediterráneo que inundaba la ciudad. Parece ser que a los
dieciocho años estuvo al servicio del corsario francés Guillaume de Casenove, quien asediaba las naves
venecianas que comerciaban con Flandes por el Atlántico, hacia 1470. Un episodio mejor documentado
refiere que Colón formó parte de la tropa que, al mando de Renato de Anjou, nombrado heredero de la reina
Juana de Nápoles, se enfrentó a Alfonso V de Aragón y posteriormente a Juan II. Una tercera referencia, algo
más dudosa, aparece en un documento que habla de un corsario que en 1473 asoló las costas valencianas y
catalanas. Por último, se sabe que Colón participó en una flota genovesa que hacia 1474−75 salió en defensa
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de la isla de Quíos, asediada por los turcos, en donde los genoveses adquirían la goma. Un año más tarde
Colón aparece formando parte de una flota genovesa que se dirige a vender la goma de Quíos en los puertos
de Inglaterra, Portugal y Francia. Siendo atacada por el corsario Casenove, el barco en el que Colón viaja
naufraga y éste puede alcanzar a nado la costa de Portugal, asentándose en Lisboa, donde existe una amplia
colonia genovesa. Es en Lisboa donde Colón conocerá a su mujer, Felipa Moniz de Perestrello, de familia
noble y afamada. Durante estos años, Cristóbal Colón se dedicó al comercio y hubo de tratar con gentes
marineras, que a buen seguro contarían historias sobre la existencia de tierras más allá del mar, sobre extraños
objetos o troncos encontrados flotando y sobre naufragios en costas alejadas y desconocidas hasta entonces.
En esta misma época (1481), Colón viaja a la costa oeste africana como miembro de la expedición de Diego
d´Azambuja y a Inglaterra, portando productos desde Génova. El mismo Almirante declara, aunque algunos
autores lo ponen en duda, que pudo haber tocado las costas de Islandia. No cabe duda de que todos estos
viajes otorgarán a Colón una acreditada experiencia en las artes de navegación, así como un vasto
conocimiento de la geografía de la época. En la mentalidad de científicos y navegantes de finales del siglo XV
existen ya diversas ideas y concepciones que dan pie a la creencia de Colón en una ruta occidental hacia las
Indias de la especiería −el oriente asiático− más corta y ajena al peligro que suponen la piratería y los turcos.
El Mediterráneo es por aquel entonces un mar demasiado estrecho y peligroso, donde naciones enemigas y
piratas de toda clase dificultan o impiden la ruta que lleva hacia los ricos países orientales productores de
especias y productos exóticos. Unos siglos antes, Marco Polo, entre otros, abrió el camino de la larga travesía
hacia Catay, demostrando además el beneficio económico que, no obstante el largo y peligroso viaje, puede
deparar una carga de mercaderías traída desde Oriente. La ruta occidental por mar, más segura que la travesía
terrestre y más rápida que la marítima bordeando el sur de África, ya explotada por los portugueses, se
convierte a mediados del siglo XV en un foco de especulaciones, configurándose paulatinamente en una
creencia cierta sobre la que cada vez se acumulan más datos. Toscanelli, en cuyas afirmaciones creerá Colón,
no sólo piensa que debe existir una ruta occidental que libre del peligro de los turcos, sino además fija la
distancia de la ignota isla Antilla del Atlántico con la isla de Cipango (Japón) en 2500 millas. El mismo
científico transmite a Colón por carta sus impresiones. El viaje de Colón a los nuevos territorios no debe
explicarse como un hecho aislado o fruto de la mera casualidad. Desde algunos siglos antes se vienen
produciendo diversos antecedentes que preparan el camino para la gran navegación transatlántica. Un
antecedente claro sitúa a los vikingos tocando la costa americana hacia el año 1000. En el mundo ibérico, las
navegaciones exploratorias cada vez son más frecuentes, contribuyendo a crear un corpus de información
geográfica y astronómica e incorporando nuevos territorios a los ya conocidos. Las innovaciones y mejoras
técnicas o las incorporaciones de adelantos procedentes de otras culturas, como el astrolabio, facultan a las
naves de los reinos ibéricos para realizar grandes travesías. Desde el siglo XIII la acumulación de
conocimientos, además del empuje demográfico y el dinamismo económico, parecen actuar a favor del
descubrimiento de nuevas tierras. En 1415 Enrique el Navegante fundó en Sagres un centro de estudios
cartográficos y náuticos, que recogía las noticias y hallazgos procedentes de las exploraciones del litoral
africano. Unos años más tarde, Juan II de Portugal instauró la Junta dos Matemáticos, encargada de elaborar
tablas de navegación basadas en los conocimientos mallorquines y catalanes sobre el Mediterráneo. El
convencimiento de Colón en la posibilidad de establecer una ruta oceánica occidental pudo basarse, también,
en las conversaciones que supuestamente mantendría con marineros tanto en el Puerto de Santa María como
en Murcia, que asegurarían haber conocido costas lejanas tras ser arrastrados por el temporal. El dinamismo
portugués en cuanto a sus exploraciones por África, fomentadas desde la corona, es una cuestión conocida en
la época. En 1484 Diego Cao es premiado por el rey Juan II por sus exploraciones africanas, lo que sin dudad
anima a Colón a presentar su proyecto a la corte portuguesa. Solicita al rey la equipación de tres carabelas con
vituallas y mercaderías para comerciar, ser armado caballero y Almirante y Gobernador de los territorios
descubiertos y adjudicarse un diez por ciento del beneficio económico que se obtenga de las nuevas tierras y
participar con un octavo en cada barco que comerciase con los países hallados. La negativa del monarca a
secundar la operación parece provocada por estar inmerso en las exploraciones africanas, convencido de estar
ya en la mejor ruta hacia oriente −la africana−, y comprometidas las arcas reales en la empresa. Posiblemente,
una vez rechazado el proyecto, pudo enviar una carabela que, tras seguir las indicaciones dadas por Colón,
debió de volver de vacío. En los inicios de 1485 Colón pierde a su esposa y abandona Portugal, quién sabe si
por deudas o acusado de conspirar contra el rey. Lo cierto es que su hermano Bartolomé ofrece el proyecto a
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Enrique VIII de Inglaterra, quien también lo rechaza. Parte entonces Cristóbal Colón hacia Palos, para ofrecer
su plan a los reyes de Castilla y Aragón. El desembarco en Palos hubo de hacerse a causa de las noticias que
circulaban en la localidad, conocidas de Colón, acerca de un viaje del piloto Alonso Sánchez de Huelva hacia
el occidente atlántico. Se supone que el prior de La Rábida, fray Juan Pérez, y el cosmógrafo fray Antonio de
Marchena pudieron entregar el diario y una carta de ruta del piloto, que pudo usar Colón en su primer viaje. A
través de diversos personajes interpuestos tienen noticia los Reyes Católicos del proyecto de Colón, siendo
recibido por estos en Alcalá de Henares el 20 de enero de 1486. Aparte de las ganancias económicas, la idea
de Colón reunía en sí misma grandes aspiraciones del mundo cristiano de la época, como el comercio directo
con Oriente, el contacto con los misteriosos reinos cristianos del Preste Juan y el remate al ideal de Cruzada
con la toma definitiva de Jerusalén. Valedores de Colón fueron fray Juan Pérez y el contador mayor, Alonso
de Quintanilla, quines consiguieron que una junta consultiva se reuniese en Córdoba para examinar sus ideas.
Posiblemente fue el confesor de la reina Isabel, Hernando de Talavera, quien, contrario al proyecto, fomentó
la negativa de la junta. Parece, además, que otras razones incidieron en el rechazo a apoyarlo,
fundamentalmente la guerra establecida con el reino nazarí de Granada y las desmesuradas peticiones de
Colón, ciertamente inéditas en la época. Entre tanto se delibera en la corte de Isabel y Fernando, Bartolomé
Colón ha pasado a Francia, donde ofrece el plan de su hermano a Ana de Beaujeu, regente durante la minoría
de edad de Carlos VIII. En Francia tampoco se prestará demasiado crédito al proyecto. Las deliberaciones en
la corte castellana duraron varios años, durante los cuales Colón no obstante fue mantenido por indicación de
la Corona. Son años en los que Colón va ganando adeptos en la corte, como fray Diego de Deza, o
Medinaceli, en cuya casa se alojó por dos años. Una nueva negativa de la corte le empujó a marchar de
España, pasando antes por La Rábida. Desde aquí fray Juan Pérez hace un último intento, escribiendo una
carta a la reina Isabel, como resultado de la cual Colón es llamado a Santa Fe (Granada) para empezar a
negociar. En este punto la intervención de Luis de Santángel, escribano de ración de la corona de Aragón,
resulta crucial, pues persuade a la reina de la viabilidad y conveniencia del proyecto. La negociación finaliza
el 17 de abril de 1492, dando lugar a las Capitulaciones de Santa Fe. En ellas se determina que Colón y sus
herederos ostentarán el cargo de Almirante en todos los territorios que pudiera descubrir, cobrando el quinto
de las mercancías; se le nombra también virrey y gobernador de las tierras descubiertas, con poder para
nombrar funcionarios; recibirá la décima parte de los tesoros conquistados o adquiridos y ejercerá de juez en
cuantas cuestiones comerciales se pudieran suscitar; podrá participar con un octavo en cualquier expedición
comercial que se emprendiese, obteniendo así un octavo de los beneficios. Se equipara así a Colón en rango
con el Almirante de Castilla, con los mismos privilegios y mercedes, y su hijo Diego es nombrado paje del
príncipe don Juan. Las pretensiones de Colón son inusitadas para la época, pues aparte de exigir un alto
porcentaje sobre los beneficios de la empresa, sus aspiraciones políticas le convertirían de hecho en el
segundo dignatario de Castilla tras la reina. Sus pretensiones son más desmesuradas aun considerando que se
trata de un advenedizo, un extranjero apenas llegado que presenta un plan supuestamente inconcebible. El
acuerdo con los reyes de Castilla y Aragón indica, por tanto, que en la mentalidad y conocimientos de la
época ya estaba la posibilidad de realizar un viaje así. Además, juega a favor de Colón el hecho de que la
toma de Granada ha acabado, lo que permite a los Reyes distraer su atención hacia otros asuntos y dedicar
recursos al nuevo proyecto. El 30 de abril de 1492 los reyes envían una misiva a Palos en la que ordenan la
construcción de dos carabelas que pondrán al servicio de Colón, como pago o castigo contraído con
anterioridad. El mismo Colón se desplaza a la localidad para formar la tripulación, encontrando reticencias
hasta que interviene fray Juan Pérez y se enrola el afamado marino Martín Alonso Pinzón, ofreciendo una
carabela propia. Con él se enrolan también sus hermanos Francisco Martínez y Vicente Yáñez Pinzón y el
piloto Juan de la Cosa. Armadas las carabelas Pinta, Niña y la nao Santamaría, salen del puerto la madrugada
del 3 de agosto de 1492, dirigiéndose a Canarias, donde arribarán más tarde. Aquí repostan y hacen las
oportunas reparaciones, tras lo que parten en dirección oeste. La duración de la travesía comienza a
impacientar a la tripulación, surgiendo amagos de sublevación que son atajados por Colón mintiendo sobre la
distancia recorrida y prometiendo regalos. La situación comienza a ser desesperada cuando Rodrigo de Triana
avistó tierra el 12 de octubre, habiendo llegado a la isla Guahaní (San Salvador, Watling). Durante este viaje
realizó además exploraciones durante tres meses por otras islas cercanas, a las que bautizó como Juana (Cuba)
y La Española (Haití). En ésta parece ser que tuvo el primer contacto con un jefe nativo, Guacanagari, quien le
regaló objetos de oro. En la Nochebuena de 1492 la Santa María embarrancó, lo que persuadió a Colón de
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aprovechar sus restos para construir un fuerte ("Navidad") donde quedarían algunos miembros de la
expedición, para amistarse con los indios y establecer una colonia. Separada la Pinta tras la insubordinación
de Martín Alonso Pinzón, quien se había ido a explorar la mítica isla de Babeque, Colón parte con la Niña
hacia España el 2 de enero de 1493, llevándole las corrientes a Lisboa. En esta ciudad, Juan II alega que las
nuevas tierras son suyas, en función del tratado de Alcaçobas, lo que generará una polémica que no quedará
saldada hasta la intervención del papa Alejandro VI y el acuerdo establecido por el Tratado de Tordesillas.
Vuelto a España, los reyes le reciben en Barcelona. Colón les trae presentes y lleva consigo a seis indios. Son
los primeros indígenas bautizados, encargando los reyes a Colón emprender un nuevo viaje en el que llevará
consigo a fray Bernardo Boyl y otros religiosos para convertir a la población. El segundo viaje cuenta ya con
un ingente despliegue de medios, lo que indica un interés colonizador. Se preparan mil quinientos hombres y
diecisiete barcos cargados con vituallas y provisiones tanto para mantenerse como para fundar
establecimientos permanentes. Entre los viajeros figuran el hermano de Colón, Diego, Ponce de León, fray
Antonio de Marchena, Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa, Pedro Margarit, etc. El regreso al fuerte Navidad es
desolador, encontrando sólo restos que indican un ataque indígena y disensiones de los españoles, algunos de
los cuales habrían partido a la región del cacique Caonabo con la esperanza de encontrar oro. El 6 de enero de
1494 se fundó la primera ciudad, La Isabela, en un lugar malsano que provocó que fuera abandonada dos años
más tarde, fundando Santo Domingo a instancias de Bartolomé Colón. Entre tanto, continuó Colón realizando
exploraciones, convencido de estar ante las puertas de los reinos del Gran Khan. Así, reconoce por completo
La Española y explora Cuba, Jamaica y algunas islas menores. Tras dejar a Francisco Roldán como Alcalde
Mayor de la Isabela, emprendió el viaje de regreso a España. Surgió entonces el conflicto entre Roldán y
Diego Colón, que provocará la primera sublevación. Los desórdenes producidos llegan a oídos de la corona,
quien envía un visitador para investigar. Como resultado, se presentan acusaciones contra Colón, que son
ignoradas por los Reyes. El 30 de mayo de 1498 parte Colón por tercera vez, con una flota de seis barcos y
seiscientos hombres. Durante esta expedición realizó nuevas exploraciones, como las de la isla Trinidad, el
golfo de Paria, en el continente americano, Asunción (Tobago) y Concepción (Granada), Margarita y
Cubagua. A su regreso a La Española siguen los problemas generados por Roldán y otros españoles,
contestadas por Colón con actuaciones soberbias y despóticas. Como resultado, la corona envió a un nuevo
investigador, Francisco de Bobadilla, cuya autoridad negó Colón, por lo que fue encadenado y enviado preso
a la Península. La protección real, aunque con algunas reservas, le procuró ser absuelto y que se nombrara un
nuevo investigador en sustitución de Bobadilla, esta vez Nicolás de Ovando. Para evitar conflictos, los Reyes
prohibieron a Colón tocar La Española en su cuarto viaje, emprendido el 11 de mayo de 1502 junto con su
hermano Bartolomé y su hijo Hernando, tocando las islas Caribes, Santa Lucía o Martinica, Santa Cruz,
Puerto Rico, Honduras. El viaje resultó descorazonador, pues el paso hacia las Indias, en el que Colón aun
creía firmemente, no aparecía por ninguna parte. Parece ser que las penalidades y el carácter altivo de Colón
empujaron a la tripulación a rebelarse, a lo que se sumó una fuerte tormenta y el mal estado de las naves. De
vuelta a España, Colón ha de ocuparse de hacer valer sus derechos, pleiteando con la Corona. A pesar de
habérsele reconocido algunas mercedes, la situación interna de los reinos ha cambiado profundamente, tras
fallecer la reina Isabel. Las reclamaciones al rey Fernando no son atendidas como quisiera, encontrándose éste
en una difícil coyuntura política por la posible llegada al trono de Felipe el Hermoso. No obstante, Colón aun
conserva algunas amistades entre los personajes influyentes de la corte, como Diego Hurtado de Mendoza o
Cisneros. Entristecido y melancólico, Colón ve próxima su muerte, dictando testamento a favor de sus hijos,
hermanos y de Beatriz Enríquez de Harana, mujer con la que compartió parte de su vida y madre de su hijo
Hernando. El 20 de mayo de 1506 muere aquejado de gota y otras enfermedades en la ciudad de Valladolid,
sin conocer que en su exploración había dado con un continente desconocido hasta entonces por los europeos
de su época y al que se dará el nombre de América, fruto de un equívoco al asignar su descubrimiento a
Américo Vespuccio.
INTERÉS CIENTÍFICO DE COLÓN
Se centra básicamente en dos problemas, la naturaleza de los conocimientos geográficos que le llevaron a
concluir que era posible un camino occidental hacia las Indias, y sus contribuciones a la navegación.
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La decisión de Colón de buscar dicho camino se basaba en una estimación realmente infravalorada de la
distancia de océano que se debía atravesar. La principal fuente de información acerca de la pequeñez del mar
fue la Imago Mundi, de Pierre d'Ailly, quien afirmó repetidamente que España estaba próxima a la India,
separada solamente por un estrecho mar. D'Ailly hizo notar que un pasaje del Libro de Esdras afirmaba que
seis partes del globo eran habitables y sólo la séptima estaba cubierta con agua, testimonio que Colón
consideró obviamente como significativo. Colón estuvo también influido por el florentino Paolo Toscanelli
quien, en una famosa carta a un corresponsal portugués, afirmaba que la provincia de Mangi estaba a unas
5.000 millas náuticas al oeste de Lisboa y que Cipango estaba incluso más próximo. Colón había visto una
copia de esta carta no mucho después de 1481, cuando residía en Portugal. Una esfera terrestre construida en
1492 por el cartógrafo alemán Martín Behaim siguió con exactitud la estimación de Toscanelli, pero Colón
redujo todavía más aquellas cifras al disminuir en una cuarta parte la magnitud aceptada para un grado de
longitud.
Colón creyó haber confirmado algunos cálculos medievales del diámetro de la Tierra con sus observaciones.
En una nota marginal (núm. 490) a su copia del Imago Mundi, escribió lo siguiente: "Nota que a menudo
navegando de Lisboa hacia el sur de Guinea yo he observado con cuidado el trayecto que hacen los capitanes
y los marinos; y en seguida he tomado la altura del Sol con el cuadrante y otros instrumentos en varios
sentidos, y he encontrado que ella concordaba con los datos de Alfragán, a saber, que a cada grado
corresponden 56 2/3 millas; por ello hay que prestar fe a esos cálculos; se puede, pues, decir que el circuito
de la Tierra bajo el círculo equinoccial es de 20.400 millas. ES tal como lo habían establecido el maestro,
médico y astrólogo José Vicinho y varios otros que fueron enviados expresamente para esto por el Serenísimo
Rey de Portugal". Otras notas al margen repiten la cifra de 56,66 millas para el grado.
Colón fue conocido por sus contemporáneos como un gran navegante. No determinaba las latitudes en alta
mar, sino que navegaba por estima, esto es, apreciando según su parecer la distancia recorrida en veinticuatro
horas y registrando el rumbo según el compás náutico. Utilizó el cuadrante marino y la plomada para observar
la altura de la estrella polar, pero tan sólo como una comprobación de la estima. Para registrar la latitud, no
hizo uso de fórmulas, sino de una tabla de latitudes correspondientes a los días de solsticio. Se hallaban las
horas que duraba el día, tal como se determinaban por la ampolleta y luego se leía la latitud. Colón fue el
primero en consignar por escrito la variación de la aguja magnética, aunque los modernos especialistas
tienden a concluir que los pilotos portugueses debieron conocer este fenómeno con anterioridad. Por otra
parte, logró determinar la longitud mediante la observación de un eclipse de Luna. Sus numerosas
observaciones astronómicas le llevaron a la extraña conclusión de que la Tierra no era redonda, sino de forma
de pera, con una protuberancia del tipo de un pezón.
Colón fue un agudo observador de las corrientes y vientos oceánicos y, como consecuencia de ello, inauguró
las grandes rutas de navegación del Atlántico norte. En su viaje de vuelta, basándose en observaciones previas
de marinos portugueses y en las suyas propias extraídas de un viaje a Islandia, navegó con rumbo noreste
hasta la latitud de las Azores, antes de encaminarse al Este, porque sabía que allí prevalecían los vientos del
Oeste.
Colón tenía un conocimiento de primera mano de la cartografía, el comercio practicado por su hermano
Bartolomé en Lisboa; en el diario de su primer viaje afirmaba: "tengo propósito de hazer carta nueva de
navegar, en la qual situaré toda la mar y tierras del mar Océano en sus proprios lugares, debaxo su viento".
De hecho, en los Pleitos de 1514, un testigo daba cuenta de que todos los exploradores de Tierra Firme
después de Colón "yvan por las cartas quel dicho Almirante de aquella navegación avia hecho e hizo, porque
de todo lo que descubría solía hazer cartas". Debe observarse que, mientras que las cartas de Colón tenían
siempre escalas de distancias, carecían de cuadrículas de latitud y longitud, porque continuaba pensando en
términos de "climas" ptolemaicos. Colón, como muchos otros autores de la época de los descubrimientos, hizo
frecuentes referencias a Ptolomeo y persistió en el intento de hacer nuevos descubrimientos acordes con el
sistema ptolemaico.
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ÍNDICE Pag
Orígenes de Cristóbal Colón ....................................... 2
La vida de Cristóbal Colón .......................................... 2
El proyecto de Cristóbal Colón .................................... 3
Los viajes de Cristóbal Colón ...................................... 4
Primer viaje ......................................................... 4
Segundo viaje ...................................................... 4
Tercer viaje .......................................................... 4
Cuarto viaje ......................................................... 5
Mapas ..................................................................... 5
Mapa del siglo XIX ....................................... 5
Mapa de los viajes de Colón .......................... 5
Orígenes de Cristóbal Colón.−
Cristóbal Colón, navegante genovés al servicio de Castilla (¿Génova 1451?− Valladolid 1506). Las dudas y
polémicas acerca del lugar en que el descubridor nació, sobre la fecha de su nacimiento y las primeras etapas
de su vida, han tenido como punto de partida el empeño de su primer biógrafo "Hernando Colón, hijo natural
del navegante" por oscurecer los orígenes plebeyos y humildes de quien había de llegar a convertirse en virrey
y almirante, y cabeza de uno de los linajes más ilustres de la nobleza castellana. Numerosas ciudades se han
disputado la cuna de Cristóbal: en Italia, aparte de Génova, diversas localidades de Liguria (Piacenza,
Cogoletto, Savona, Cuccaro, etc.), Venecia, Córcega, etc. También se la he querido hacer griego, portugués, y
en España, entre otras filiaciones de menos fortuna, gallego (tesis sostenida por Celso García de la Riega con
documentación sobre la que en su día emitió dictamen negativo la Academia de la historia), extremeño,
catalán, y finalmente, mallorquín. En general, estas diversas teorías "con las que a veces se enlaza el posible
origen judío de Colón" se desentienden de la documentación material genovesa, muy difícil de desmontar.
Aparte de la amplia base que nos ofrece la Raccolata colombiana para probar el arraigo de los Colombo en la
región ligur desde el siglo XIV (en Mocconesi, cerca de Terrarrosa o Terrarrubra), sabemos por esta misma
fuente documental que Domenico Colombo (padre de Cristóbal) era aprendiz de tejedor en la propia Génova
desde 1429; su familia residía por en esta época en Quinto, y el propio Domenico aparece en los diversos
documentos de la Raccolta unas veces en Génova y otras en Quinto o en Savona.
La vida de Cristóbal Colón.−
Cristóbal Colón, artesano e hijo de artesanos, vinculado al principio a los negocios de su padre, aparece desde
muy pronto enrolado en navegaciones comerciales y al servicio de las grandes casas mercantiles de su ciudad
natal; por tanto, en lo que se refiere a sus actividades y formación como navegante, el que había de ser
almirante del mar Océano parte de una práctica y una afición de autodidacta.
En 1476 fijaría su residencia en Lisboa, desde donde realizó viajes de gran amplitud (hasta Islandia, en el mar
del Norte). Allí casó con Felipa Moniz de Perestrello, muy bien relacionada, por su padre, con los círculos
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vinculados a las grandes empresas descubridoras que Portugal estaba desarrollando por entonces, con el
empeño de circunnavegar África para llegar al Índico y alterar la ruta tradicional de las especias. Diego
Perestrello, padre de Felipa, era capitán donatario y colonizador de la isla de Porto Santo (Madera). El enlace
de Cristóbal con esta familia marcó una inflexión decisiva en su vida: Colón fue desprendiéndose cada vez
más de las actividades mercantiles y orientándose hacia las empresas geográficas y científicas.
El proyecto de Cristóbal Colón.−
En cuanto a los orígenes de su gran proyecto, parecen indudablemente relacionados con las ideas que el
humanista florentino Paolo del Pozzo Toscanelli participó, primero verbalmente y luego a través de una
extensa carta, a Fernando Martins, canónigo de Lisboa y muy allegado al rey. Esta carta contiene ya el
proyecto colombino. Parte éste de un supuesto cierto (la esfericidad de la tierra) y dos grandes errores:
• Creer mucho más extendidas las tierras del continente euroasiático, en el sentido de los paralelos, y,
por tanto, mucho más breve el espacio marítimo entre costa y costa.
• Una medida equivocada del grado ecuatorial, que haría mucho más reducido el diámetro terrestre de
lo que es en realidad.
Pero, en esencia, la teoría de Toscanelli es la de Colón: la facilidad de alcanzar el oriente (el gran foco del
mercado de las especias) navegando hacia occidente. Ofreció Colón su proyecto a Juan II de Portugal; el rey
lo sometió a una junta de técnicos, presidida por Diego Ortiz de Calzadilla, obispo de Ceuta: ésta lo rechazó,
con buen fundamento. Es posible que Juan II intentase, sin embargo, poner en práctica la idea, enviando, a
espaldas del genovés, una expedición que no tuvo éxito. De aquí que Colón, disgustado, decidiese salir de
Lisboa y acudir a la vecina corte de Castilla; su esposa había muerto, y el abandono de sus antiguos negocios
le había creado una situación económica difícil, que compartía con su hermano Bartolomé.
Colón entró en contacto, primero con los miembros del consejo real, y luego directamente con los reyes,
quienes, como había hecho Juan II, sometieron el proyecto a una junta (la llamada Junta de Salamanca); por
las mismas razones que en Portugal, también en Castilla fue rechazado por los técnicos (1487). Pero Isabel no
desechó la idea: realmente, la ruta a oriente por occidente abría una remota posibilidad de expansión a
Castilla.
Sin embargo, hasta 1492, ya ultimada la guerra de Granada, no serían firmadas las capitulaciones de Santa Fe
(17 abril), no sin dificultades e incluso con un rompimiento motivado por las exigencias de Colón, que ya
anteriormente, en 1491, desalentado, había querido abandonar Castilla y acudir al rey de Francia,
determinación de la que le disuadieron, en La Rábida, fray Antonio de Marchena y fray Juan Pérez. Pero, en
definitiva, obtuvo en estas capitulaciones los títulos de virrey y almirante y los derechos sobre la décima parte
de cuanto se obtuviese en las tierras alcanzadas.
Los viajes de Cristóbal Colón.−
• Primer viaje. Realizada la expedición, gracias sobre todo a los buenos oficios de los hermanos Pinzón,
salió Colón de la costa de Huelva con las embarcaciones Pinta, Niña y Santa María el 3 de agosto de
1492 y, tras una breve escala en Canarias, el 6 de septiembre inició la travesía atlántica. La expedición
alcanzó tierra en Guanahaní (Watling, en las Bahamas), que Colón bautizó San Salvador (12 octubre),
no sin antes tener que sobreponerse a la inquietud de los tripulantes, lógicamente exacerbada al
prolongarse el viaje más de lo previsto. Sucesivamente tocaron otras islas del mismo archipiélago
(Santa María, Fernandina, Isabela) y, por último, Juana (Cuba, ya en las grandes Antillas) y la
Española, donde de momento, encallada la Santa María, hizo construir Colón un primer
establecimiento (el fuerte Navidad). Al regreso hubo de enfrentarse con un temporal que separó a las
carabelas: la Pinta alcanzó Galicia, y Colón, en al Niña, Lisboa. Juan II lo recibió ceremoniosamente,
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y en seguida inició la disputa diplomática con los Reyes Católicos sobre sus derechos a las islas
descubiertas.
• Segundo viaje. Entretanto Colón, que había sido recibido triunfalmente en Barcelona por los Reyes
Católicos, realizaba su segundo viaje (1493−1496), en el que descubrió el archipiélago de las
pequeñas Antillas, Puerto Rico y Jamaica, a más de circunnavegar en buena parte por Cuba y realizar
una fundación (La Isabela) en La Española (el fuerte Navidad había sido destruido por los indígenas).
• Tercer viaje. En el tercero (1498−1500) descubrió costa continental (en la desembocadura del
Orinoco) y luego las islas de Trinidad y Cubagua, antes de llegar a La Española. Fue entonces cuando
atravesó Colón sus primeras dificultades graves como virrey, dada su escasa capacidad de gobierno.
• Cuarto viaje. Realizó un cuarto viaje (1502), pero se le prohibió expresamente tocar la Española. En
esta ocasión descubrió Colón la costa de América Central, entre Honduras y Panamá.
Sin embargo, Colón, que murió dos años después de su regreso, nunca llegó a sospechar que las tierras por él
descubiertas no tenía nada que ver con Asia; en tal sentido el descubrimiento intelectual del Nuevo mundo
cabe atribuirlo a Américo Vespuccio; en cambio, no es cierto que éste visitara el continente antes que Colón
en un fantaseado viaje.
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