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CUERPO Y ESPACIO HABITACIONAL: DOS OBSERVABLES
PRIVILEGIADOS EN EL TRABAJO VINCULAR
MYRIAM ALARCON DE SOLER
1989
1. EL CUERPO HABLA
El cuerpo tiene un lenguaje. Ya nos decía Freud que el Yo es ante todo un Yo corporal.
Sabemos que además de un lenguaje verbal existe toda una gama de lenguaje paraverbal
que enriquece y complejiza la comunicación. También la enfermedad y los síntomas
somáticos son un lenguaje. El cuerpo habla por el individuo, habla de la pareja , de la
familia, de los vínculos….
Entonces, nos preguntamos: qué dice el cuerpo de la familia, de qué cuerpo vincular se
trata? Cuál es la trama vincular inconsciente que está expresada en este cuerpo? He ahí
uno de los desafíos para el analista.
La familia Z consulta por su hijo Esteban, quien presenta múltiples úlceras duodenales
sangrante. Una amiga de la familia sugirió hacer una consulta familiar.
Concurren a la entrevista Consuelo, la madre, de 48 años, el padre, Angel de 54,
Felipe, el hijo mayor de 24 y Esteban, el menor de 19 años.
Felipe se sienta en una silla un poco más alta que el resto de la familia entre el padre y
la madre. Todos expresan sus deseo de colaboración:” Están allí porque eso es lo que
les han dicho que hay que hacer”. Todos están muy preocupados por lo que le ocurre a
Esteban.
Se describen como una “ familia perfeccionista”, todo lo hacen bien, son esforzados,
cumplen con su deber. Utilizan un lenguaje descrito por ellos mismo como “ácido”
entendiendo por tal la acidez y la crítica frente a lo que no se hace como debe ser.
El clima transferencial, aunque aparentemente cordial, es de mucha desconfianza. La
terapeuta percibe un clima vincular que podría describirse como “ prohibición a
hablar, prohibición a preguntar” y su consecuencia prohibición a saber. La sensación
contratransferencial es estar incluyéndose en un terreno prohibido.
En la entrevista aparecen algunos datos: todos los miembros en una u otra oportunidad
han sufrido de úlcera gástrica. La madre, una mujer hermosa y elegante, ha sido
operada en los últimos años unas siete veces de diversos problemas, entre otros,
hernias en la columna. La descripción de estas operaciones las hace con lo que podría
describirse como una “bella indiferencia”.
Por otra parte, los padres insisten en que ellos siempre “han hecho todo como es
debido”. Han sido generosos con sus hijos de tal manera que estos han tenido la
libertad para hacer lo que quieren, disponen de fondos económicos propios y tarjeta de
crédito, han viajado solos, etc. Todos son muy religiosos y practicantes. Los dos hijos
no han tenido novias ni parejas estables. Se educaron en un colegio muy religioso.
Poco a poco empieza a emerger en la entrevista una denigración velada hacia la
madre y una idealización masiva del padre. Subrepticiamente circulan otros modelos
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provenientes de la familia materna, “no tan perfectos”: en la familia de la madre hay
un hermano homosexual, “ con una sexualidad promiscua”. A pesar de esto, este tío es
muy amigo del hijo mayor.
Esteban empezó a tener dudas respecto a la carrera que estaba estudiando pero no
sabía como enfrentar el problema, que podría opinar su padre. Describe así el
momento agudo de la enfermedad, que los lleva a consultar: “Tenía problemas en la
universidad, no me gustaba lo que estaba estudiando. No sabía que hacer. Ante tantas
presiones imaginaba una salida: Cuando iba en el carro, pensaba y daba un timonazo y
tenía un accidente y me moría y ya… se acabó. Un poco de dolor y nada más. O
también imaginaba que me podría pegar un tiro. O si tal me enfermaba y ya… Si
sucedía algo grave. Ahí se me estranguló la úlcera. Me caí, me desmayé. Había perdido
tres litros de sangre. Tenía una úlcera de un centímetro y varias alrededor…”.
Impactan varios aspectos de este material. Es una familia “perfecta”, aunque detrás de
la perfección se percibe un clima ácido de denigración. Por otra parte todos son o ha
sido “úlcerosos”. Es una familia en la que desde lo manifiesto “todo se pude hablar” que
encubre la exigencia de hablar solamente de aquello que concuerde con el ideal
narcisista de ser una familia perfecta, sin conflicto, donde las situaciones de agresividad
son desmentidas, donde el disenso no es posible, donde la desconfianza es desmentida
y suplantada por un discurso de tolerancia y amor.
El hijo mayor, al igual que en la entrevista, se ha colocado en un lugar más alto, de
superioridad, desde el cual vigila el transcurrir de los acontecimientos, de tal manera
que todo se mantenga bajo control. El padre, Angel, quien se presenta como bondadoso
y comprensivo, ha impuesto un ideal tiránico de perfección religiosa, de una familia sin
conflicto. En la pareja no ha espacio para las diferencias, para el disenso, la
confrontación, el conflicto.
La madre, más rebelde en el fondo, se ha sometido a este orden, con un gran costo
emocional reflejado en sus múltiples enfermedades, desplazamiento de su malestar
interior. Sostiene el pacto denegativo en este acuerdo inconsciente atravesado por la
exigencia de perfección y el silenciamiento de aquello que no “debe ser”.
La familia está atravesada por un discurso autoritario, “ser perfectos”, encubierto por
una tolerancia sostenida en convicciones: “En esta familia todos somos libres, podemos
hablar de todo”.
La familia se ha organizado en dos polos opuestos: la madre y Esteban por un lado, los
más “sensibles”, y el padre y el hijo mayor, “los que piensan”, los que tienen todo bajo
control, los que hacen las cosas como deben ser. Organización dualista en la cual
subyace la perfección como eje, que encubre la denigración de la figura materna y la
idealización de la figura paterna erigida como un Yo ideal.
Subrepticiamente circulan otros modelos provenientes de la familia materna: hombres
homosexuales que de forma encubierta desean inducir a los sobrinos a una “sexualidad
más liberada” contrapuesta a las restricciones sexuales impuestas por el padre.
Propongo entonces que la úlcera gástrica es un camino de expresión de lo denegado en
ese vínculo. Qué es aquello de lo que esta familia no puede hablar? De que nos hablan
las úlceras?”
La agresividad reprimida, la rabia del sometimiento, la prohibición al disenso, la sin
salida generada por una familia cuya pertenencia está sostenida en un ideal de
perfección tiránico, encuentra su manifestación en el lenguaje del cuerpo: las úlceras.
Nos dicen que el lenguaje es ácido. Acido también aquello que ocasiona la úlcera. Todo
parece bajo control, menos el cuerpo, que a pesar de la represión consciente de todo
malestar, expresa dramáticamente el malestar de la familia.
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Materiales clínicos como estos plantean la necesidad de una reflexión acerca del
lenguaje del cuerpo, como expresión de un cuerpo vincular. Trama interfastasmática
vincular que encuentra su expresión privilegiada en la sintomatología corporal de uno o
varios integrantes de un vínculo.
Este cuerpo vincular habla de aquello que no puede ser hablado de otra manera. Lo no
simbolizado se transforma en la “pauta que conecta” el relato familiar. El cuerpo,
continente del Yo de los sujetos vinculares, se amplía al cuerpo vincular que puede
expresar a través de síntomatología somática la conflictiva vincular.
Así, los síntomas físicos o las enfermedades de un grupo familiar son observables de la
dinámica intersubjetiva y como tal pueden constituirse en una puerta de acceso al
inconsciente vincular.
2. LA CASA: TESTIGO DE LA HISTORIA VINCULAR
Un ejemplo clínico:
Camille solicita una entrevista de pareja. Asisten Camille, de 52años, y Alberto de 52.
Camille dice que han sido remitidos por su médico clínico a causa de una pérdida
excesiva de peso sufrida por ella a raíz de la separación con Alberto. Ha perdido siete
kilos y este peso no ha podido ser recuperado. Por otra parte, Alberto no pueden
dormir.
Quieren revisar el “por qué de su separación”. Relatan que hace dos años, la víspera
de Navidad, sin motivo aparente, Alberto alista sus maletas y se va de la casa. Se
instala en el apartamento de su madre, vacío desde la muerte de esta, hace ya año y
medio. Este apartamento no tiene muebles, y Alberto pasa allí todo el verano “ como un
faquir”. Entre tanto, Camille se queda viviendo en la casa construida por ambos hace
más de diez años y dice “ que está condenada a vivir allí porque la casa no se puede
vender”.
Tienen dos hijos, Juan de 26 años y Daniel de 16. A los pocos meses de la separación el
hijo mayor se va a vivir solo. Sin embargo, a los dos meses, se traslada a la casa de su
novia, quien tiene una hija de un matrimonio anterior. Muy pronto, ella queda
emabarazada. Camille se queda entonces en la casa, a l a cual se siente “atada” con el
menor de sus hijos, quien va llenando la casa con animales domésticos. A pesar de las
protestas de la madre, el hijo alega que tiene igual derecho sobre la casa que ella.
Camille y Alberto vivieron durante los diez primeros años de su matrimonio con los
padre de Camille. Estos tenían una casa muy grande en la cual acomodaron un
pequeño apartamento para la pareja. Cuando el hijo mayor nace, luego de tres abortos,
los abuelos le asignaron una habitación entre las habitaciones separadas de ellos. C y
A cuentan que la razón para vivir con los padres de C era económica. Sin embargo,
pudieron disponer durante estos años de dinero para comprar un buen auto y otras
cosas “superfluas”.
Alberto es arquitecto y la casa que construyen es descrita por él como “ la casa de sus
sueños, una casa perfecta, con espacios perfectos”. C en cambio dice que esta casa no
era suya, que suyo era el jardín donde podía disponer a su gusto. En la casa ni siquiera
podría elegir el color de la alfombra o de las paredes. Actualmente, después de dos
años de separación, ella continúa en la casa, atada a ella porque no se puede vender y
condenada a “vivir en casa ajena”. Por su parte, Alberto no ha podido buscar un lugar
estable donde vivir. Ha compartido con amigos apartamentos que utiliza únicamente
para dormir.
Respecto a la historia de la familia, Alberto cuenta que su padre, de origen europeo,
viene al país siendo muy joven, luego de una pelea familiar. Sin embargo, tan pronto
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como llega, se casa con Camille, una mujer llena de parientes y queda “sumido dentro
de esta familia”.
Los padres de Camille, también europeos, inmigran después de la guerra con sus tres
hijas muy pequeñas. Es una tierra que se les ofrece como “rica y feliz”. En su familia el
desarrollo intelectual es muy valorado. Sin embargo, Camille, la segunda las hijas,
siente que nunca ha tenido un lugar , que no ha sido tan exitosa y tan inteligente como
sus hermanas y que la relación con su madre es difícil y distante.
Aunque serían muchas las posibilidades de análisis de este material clínico, deseo
privilegiar la temática relacionada con el espacio habitacional. Los avatares de la casa y
de los sucesivos espacios que esta pareja ha ocupado, reflejan la dinámica vincular.
Impacta una paradoja: Alberto deja la casa que ama y que fue su sueño, y ella se queda
“atada” a una casa que no siente como propia.
La casa es uno de los proyectos privilegiados en la vida de una pareja. Constituye, al
igual que los hijos, un producto de los proyectos vitales compartidos. Es testigo y
reflejo del devenir vincular.
Algunas parejas se separan al poco tiempo de haber construido la casa de sus sueños.
Con frecuencia, la construcción de la casa confronta a las parejas con la necesidad de
construir un proyecto conjunto, con las dificultades que esto conlleva. Los proyectos o
fantasías individuales pueden constituirse en obstáculo para concretar ese proyecto
vincular.
En el caso de Alberto y Camille, la casa fue pensada como un proyecto vincular, que les
permitiría salir de la casa de los padres. Podemos pensar que vivir en la casa de los
padres de Camille durante tantos años, por razones aparentemente económica, encubría
la dificultad de construir un proyecto vincular independiente de la familia. Alberto, al
igual que su padre, deseaba conscientemente un proyecto propio. Sin embargo queda
subsumido en la familia de su mujer. Juan, el hijo mayor, tampoco logra una separación
exitosa de sus padres: rápidamente hace pareja y su mujer queda embarazada. El espacio
de Juan al nacer esté entre las habitaciones de sus abuelos. Tal vez entregado a estos
para su cuidado? El proyecto de Camille y Alberto como padres parecería bastante lábil.
Los embarazos anteriores, como muchos proyectos de esta pareja, habían sido
abortados. Poco a poco se va conformando un relato donde se perfila la dificultad de
esta pareja de construir y sostener proyectos propios y comunes a ambos.
La casa, tanto tiempo proyectada, termina siendo un proyecto de Alberto, donde
Camille siente que no tiene cabida. Así dividen el espacio habitacional: la casa para él,
el jardín para ella… pero el desencuentro continúa. Este arreglo encubre la brecha entre
ellos. La construcción de un espacio conjunto queda trunco.
Cuando Alberto se separa vuelve a la casa de su madre, casa-madre donde pretende
encontrar su identidad huyendo de una casa donde siente que la convivencia lo ahoga.
Tampoco allí encuentra abrigo: “vive como un faquir, sin techo, sin hogar”. Camille,
queda atada a una casa que no ha podido investir como su hogar.
El hijo menor se queda en casa. Al faltar el padre, la noción de lugares se confunde.
Dice tener igual derecho que la madre. Derecho a qué? Invade la casa con animales
domésticos, tratando así de llenar el vacío dejado por su padre y por su hermano.
A raíz de la separación, tanto Alberto como Camille presentan síntomas corporales: el
pierde el sueño, ella pierde peso. Han perdido el proyecto vincular, que aunque precario,
lo habían sostenido durante muchos años. De esta manera, su sensación es haberse
quedado en un cascarón vacío, en una casa que ya no contiene sino los fragmentos de
una familia, y de la que sin embargo no se pueden desprender.
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El espacio habitacional, producto de un funcionamiento vincular, refleja su trama
inconsciente. En el espacio habitacional se plasma uno de los proyectos vinculares y en
él podemos leer algunas de las manifestaciones de la dinámica vincular. Las vicisitudes
del espacio habitacional dan cuenta del paso del tiempo y de la significación de
acontecimientos en el devenir familiar.
La casa es testigo del espacio compartido de la pareja, habla de su cotidianeidad y el
compartir de este espacio es una expresión simbólica del devenir vincular.
Se observa que en la separación de una pareja, la casa y los objetos materiales
compartidos, y por supuesto los hijos, se transforman en la arena sobre la cual se hacen
patentes aquellos elementos negados mientras el vínculo se mantuvo vigente. Fantasmas
que surgen como Caja de Pandora y que cobran cuerpo en la lucha por la posesión de
estos objetos. El espacio habitacional y los objetos que lo habitan se transforman en
instrumentos de la lucha por el poder característica de esos momentos vinculares.
3. CUERPO Y ESPACIO HABITACIONAL
Veamos un último ejemplo que ilustra la combinación de las temáticas del cuerpo y el
espacio habitacional.
La familia Pérez consulta por problemas de conducta de la hija mayor Estela, de 15
años. Tiene problemas escolares, indisciplina, no acepta límites, sale a cualquier hora,
la madre no la puede manejar. La madre teme que Estela esté consumiendo droga.
Asisten a la primera entrevista la madre, Juana, de 40 años, la hija Estela, y la hija
menor, Adriana, de 12 años, que según el relato de la madre, no tiene problemas.
Las entrevistas iniciales revelan que a pesar de lo expresado por la madre, Adriana no
puede dormir sola, duerme en cama de la madre, impone sus caprichos, y durante las
entrevistas se dobla en el asiento en posición fetal y se tapa los oídos gritando “ No
quiero oir”, “ No quiero oír”. Cuentan que a madre y la hija mayor son asmáticas, la
hija menor solamente está resfriada. Adriana hace ruidos continuos con la nariz y se
suena continuamente.
Llegan al consultorio comiendo helados, papas fritas, galletas, chicles y cuando se va
el piso del consultorio queda lleno de moronas y papeles, residuos de lo que han traido.
Relatan que la madre y el padre, Rodrigo, están separados desde hace casi once años.
Sin embargo, Rodrigo sigue entrando a la casa a cualquier hora, tiene llave, y la
impresión de la terapeuta es que sigue tan presente como antes de la separación.
La casa de esta familia ha sufrido diferentes reformas. Sin embargo no parecen sentirse
cómodas allí. Adriana se ha negado a utilizar su nuevo cuarto. En la última reforma, el
arquitecto señala que lo que le falta a esta casa “es un pulmón”.
Cuerpo, casa y consultorio están cargados de residuos molestos. Residuos que nos
hablan de un funcionamiento vincular que genera sufrimiento y diversa sintomatología.
Si tomamos el significante señalado por el arquitecto “ a esta familia le falta un
pulmón” podríamos pensar que madre e hijas se encuentran encerradas en el pasado ,
inundadas de residuos que no les permiten respirar. El proyecto como familia ha
quedado estancado, congelado desde la separación. Esta las sumió en un desamparo, del
cual, once años después, no han podido salir. Juana continúa ligada a su marido, quien
le da órdenes a Estela, en contraposición a Juana. Dos órdenes circulan en esta familia:
por un lado la madre, y por otro el padre y su familia, de quien tampoco Rodrigo ha
podido desligarse. Estel denigra a la madre, no puede aceptar los límites que esta intenta
implementar. Toda la familia está desbordada, inundada por objetos dañados e
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irreparables. Estela “ pone el pecho” a las dificultades entre sus padres, y va de acá para
allá como intermediaria, tratando de preservar a su hermana mayor de este
funcionamiento enloquecedor. La hermana menor no quiere oír, no quiere saber de estas
dificultades, y sin embargo hace síntomas. Ha construido una relación simbiótica con la
madre que le impide crecer, tener autonomía, respirar. Hasta ahora los intentos de
reparación de su casa, de su cuerpo, de su familia han tenido poco éxito.
En el consultorio proyectan también su desamparo su voracidad. Inundan el consultorio
con moronas y papeles, como proyección de sus objetos dañados.
Poco a poco el proceso terapéutico y la semantización y simbolización de estos
conflictos proveen un espacio para la reparación, un pulmón que les permite respirar y
encontrarse de una manera diferente.
He querido mostrar en estos materiales clínicos las producciones vinculares que
atraviesan dos observables privilegiados en el trabajo vincular, el cuerpo y el espacio
habitacional.
Bibliografía
Berenstein, I. Psicoanálisis de la Estructura Familiar Inconsciente. Buenos Aires,
Paidos, 1981
Calderwood, L., Hidalgo, C. y Alarcón M. “Cuerpo, Espacio Habitacional y
Configuración Vincular”. V Jornadas Anuales AAPPG, 1991.
Nemirovski, A. Alarcón, M., Altaraz, D, y Zyguier, B. “Si el Cuerpo
Hablara…”Jornadas de Asistencia AAPPG, 1989.
Puget, J. y Berenstein, I. Psicoanálisis de la Pareja Matrimonial. Buenos Aires,
Paidos, 1988.
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