LA GUARDIA CIVIL
Cuerpo militar español, encargado de labores de seguridad en las zonas rurales del país, control de
tráfico, aduanas, costas y protección de organismo públicos. A pesar de su calificativo de civil su estatuto y
organización es la de un cuerpo militar, aunque depende directamente del Ministerio de Interior.
El elemento más característico del cuerpo es su fuerte carácter militar, así como un ideario forjado en más
de siglo y medio de existencia, basado en el honor, la obediencia y el servicio.
En su uniforme siempre ha destacado el tocado típico del cuerpo, el tricornio negro charolado, que en la
actualidad ya no se usa.
Historia
El nacimiento del nuevo cuerpo policial fue el resultado de las condiciones sociales y políticas reinantes a
mediados del siglo XIX en España, un periodo especialmente convulso, que desde el final de la invasión
napoleónica, las fuerzas conservadoras y liberales se habían enfrentado en el país en algo que trascendió
más allá de lo estrictamente político. En ese enrarecido ambiente surgió en 1844 la idea de crear un cuerpo
militar, encargado de labores policiales a iniciativa de las fuerzas conservadoras del país. Con la creación
de ese instituto armado, los militares pasaron a monopolizar las labores de seguridad dentro del país.
El cuerpo se creó por Real Decreto el 28 de marzo de 1844, por iniciativa del mariscal de campo II Duque
de Ahumada. En un principio contó con unos 6.000 hombres, entre jefes y números, como son conocidos
los integrantes de la escala básica. El modelo organizativo era claramente francés, y el cuerpo dependía del
por entonces Ministerio de la Guerra, aunque estaba bajo las órdenes del Ministerio de la Gobernación.
Uno de los elementos más característicos del uniforme del nuevo cuerpo, el tricornio, fue adoptado desde el
principio como una variante del popularmente conocido como sombrero de medio queso, para el que
tuvieron que pasar algunos años hasta que se forró de hule negro. La forma definitiva que ha perdurado
hasta la actualidad, aunque con un tamaño menor, se adoptó en 1859,
En cuanto al color de los uniformes también ha variado, pasando por colores como el azul, el caqui y el gris
verdoso, sin olvidar el famoso capote tan característico del cuerpo durante gran parte de su historia.
Se optó por crear una especie de cuerpo militar de élite, para lo que se recurrió a soldados veteranos a los
que se garantizó una paga bastante alta para la época. En un intento de evitar la corrupción reinante en los
anteriores cuerpos policiales se procuró que sus miembros no fueran destinados a sus regiones de
procedencia, de esta forma la Guardia Civil pudo independizarse de opciones políticas, cumpliendo su labor
con diligencia, limpiando de bandoleros caminos hasta ese momento inseguros.
Otra de las características definitorias fue la convivencia de todos los miembros en la casa-cuartel, con lo
que se reforzaba el control sobre los individuos, además de provocar un forzado distanciamiento entre
sociedad civil y miembros del cuerpo. La vida del integrante de la Guardia Civil transcurría dentro del
pequeño recinto de la casa-cuartel, sus relaciones sociales se circunscribían a sus propios compañeros, por
lo que se creaba un espíritu de fuerte pertenencia a una clase distinta.
El instituto armado se convirtió con el tiempo en la mejor arma del estado en su lucha contra los crecientes
movimientos de contestación social y política: a mediados de siglo XIX, la Guardia Civil fue la encargada de
mantener el orden en la cada vez más agitada región andaluza que fue durante mucho tiempo un auténtico
polvorín social debido a que la propiedad de la tierra estaba en manos de unos pocos latifundistas, frente a
una población sin recursos y sin tierras en un sistema casi feudal, de manera que los jornaleros del campo
andaluz fueron el caldo de cultivo perfecto para la extensión del anarquismo e ideologías de corte obrerista.
La represión de las primeras manifestaciones obreristas a favor de los grandes latifundistas marcaron la
imagen que parte de la población tuvo a partir de la década de los 60, de la Guardia Civil. Esa labor propició
un fuerte crecimiento de sus efectivos que pasó a los 15.000 hombres.
A partir de ese momento, el cuerpo se vio involucrado en todos los acontecimientos que se sucedieron en la
convulsa historia española de los siglos XIX y XX. Durante todo ese periodo conjugó su papel de cuerpo
policial, con el de represor de los distintos movimientos sociales y políticos que ponían en entredicho el
sistema político y social español. Se pueden encontrar referencias a la actuación del cuerpo en los
movimientos obreristas catalanes, las revueltas sociales andaluzas, la crisis cantonales, etc., siempre de
parte del poder político y más concretamente de los de signo conservador. También se puede rastrear su
trabajo en otros conflictos como los de Cuba o Marruecos.
El cuerpo, garante como era de la monarquía y del sistema político vigente en 1931, optó por mantenerse
neutral ante el advenimiento de la II República. El General Sanjurjo, director de la Guardia Civil prefirió
mantenerse fiel al nuevo sistema político, frente a la opinión de los que querían iniciar una sublevación
contra la recién nacida República. Ejército y Guardia Civil se mantuvieron fieles.
De todos modos, un cuerpo militar como ese, sufrió las mismas dudas que el ejército. Por una parte su
función primordial era la de cumplir las órdenes emanadas desde el poder legalmente establecido. Por otra,
los acontecimientos empezaban a tomar un cariz que poco podía gustar a un cuerpo con una visión de
España claramente conservadora. Sucesos como la quema de iglesias y conventos, los primeros procesos
descentralizadores del estado, la Revolución de Asturias y la debilidad del poder político para hacer frente a
los problemas, chocaba con la visión de orden del cuerpo.
Un suceso particularmente impresionante tuvo como protagonista al varios de sus miembros. El 1 de enero
de 1932 cuatro números fueron asesinados y descuartizados en una aldea de Extremadura, llamada
Castilblanco. No era más que otro episodio del feroz odio que los jornaleros sentían por un cuerpo policial
que garantizaba los privilegios de unos pocos poderosos.
El levantamiento militar de 1936 se vivió de muy diversas formas dentro de la Guardia Civil. Al igual que
ocurrió entre los militares profesionales, muchos se pasaron al bando de los sublevados llevados por sus
convicciones, mientras que otros muchos se atuvieron a las circunstancias. A lo largo de la contienda, la
Guardia Civil se destacó en varias acciones, como la toma de Ávila por 50 miembros del cuerpo, para la
causa rebelde, o la defensa del Santuario de la Virgen de la Cabeza en Jaén. En otros casos como el de
Barcelona, los efectivos del cuerpo fueron fieles al gobierno legítimo, actitud decisiva a la hora de abortar
los planes golpistas en la capital catalana.
Al iniciarse la contienda española, sus efectivos sumaban unos 34.000, divididos entre 24 Tercios y 30
Comandancias. Los que se mantuvieron fieles a la República fueron encuadrados en un cuerpo policial,
mientras que los que se unieron a los sublevados mantuvieron la labor policial en las zonas conquistadas en
el transcurso de la guerra.
Tras la guerra, la Guardia Civil se convirtió en uno de los elementos principales de la política de seguridad
del nuevo régimen. Fue la Guardia Civil la que hizo frente a las constantes ataques de los exiliados
españoles desde Francia hasta su total derrota, así como los de los conocidos como maquis, que iniciaron
sus ataques tras la II Guerra Mundial. Se estima que un total de 4.000 hombres participaron en las
incursiones por el Norte de la Península y Andalucía.
Con el tiempo, el estamento militar perdió poder dentro del Gobierno del General Franco. Ejército y Guardia
Civil se convirtieron en sustento del régimen, en la garantía de supervivencia política del régimen, pero sin
un poder dentro de las estructuras políticas del gobierno. A pesar de su poco peso específico dentro de las
estructuras de poder, la Guardia Civil cumplió un papel fundamental en el control policial de la población
preferentemente rural durante esos casi 40 años. Eran uno de los más eficaces controles del orden público
a todos los niveles, con la imagen representativa de la pareja de números patrullando con el mosquetón que
infundía respeto e incluso temor a la población.
Hasta 1959 no se inició su modernización, año en que se creó la Agrupación de Tráfico. De esta forma el
Instituto se hizo cargo de la vigilancia, control y auxilio en el tráfico del país, labor que mantiene en la
actualidad.
La llegada de la monarquía, encontró a todo el estamento militar en posiciones claramente inmovilistas: la
mayor parte de los jefes militares habían participado en la guerra y aún se veían como la salvaguarda de la
España del Movimiento Nacional surgida de la guerra; habían perdido el contacto con la realidad social y
política del país.
Durante décadas el cuerpo había buscado a sus miembros entre las clases más desfavorecidas, como
salida a la situación de pobreza, garantizada por un sueldo bajo, pero de por vida. Se les adoctrinaba con
un código muy estricto, cuyo cumplimiento, hasta en la esfera personal, se controlaba con la obligación de
que las familias vivieran en las casas cuartel, repartidas por todo el país. Un dato esencial para entender la
preparación de los miembros del cuerpo de esa época es que de las personas admitidas en 1972, un 12%
no tenían estudios de ningún tipo, mientras que el 70% sólo habían cursado estudios primarios. Las
resistencias a los cambios democráticos fueron numantinas, erigiéndose como baluarte de la esencia
franquista. El momento álgido de esta posición inmovilista llegó cuando el 23 de febrero de 1981, un grupo
de guardias civiles tomó el Congreso de los Diputados como detonante de un golpe militar de signo
involucionista, cuyo fracaso, y la evidencia de un pueblo volcado con las instituciones democráticas marcó
el final de una época.
A partir de ese momento se inició un proceso de depuración lenta de los elementos más antidemocráticos
dentro de los Cuerpos de Seguridad del Estado, que se han ido transformando con la propia sociedad.
Precisamente la permanencia como cuerpo militarizado supuso uno de los elementos más polémicos, ya
que desde ciertos sectores de la izquierda se pidió la transformación en un instituto civil con posibilidad de
que sus miembros pudieran sindicarse al igual que los de otras policías.
Un momento importante para la Guardia Civil fue el nombramiento de su primer director general civil, en
1987, un verdadero hito que marcó el final de un enfrentamiento tradicional de las fuerzas de izquierdas con
el cuerpo, concretamente del gobierno socialista. El problema es que con el tiempo, ese director civil, Luis
Roldán, se demostró un auténtico delincuente económico que no dudó en usar su cargo en su provecho.
El otro gran problema en que se ha visto envuelto el instituto armado ha sido el terrorismo: la Guardia Civil
ha sido uno de los objetivos preferentes de los terroristas del grupo ETA, y es que la lucha contra la banda
terrorista ha ocupado un lugar muy importante dentro de las labores de la Guardia Civil durante las últimas
décadas, en las que ha tenido lugar una auténtica guerra, que en algunos casos, parece que ha derivado en
prácticas ilegales, a tenor de las denuncias y de los procesos abiertos en los juzgados españoles contra
alguno de los miembros de la Guardia Civil.
La modernización del cuerpo ha sido notable en los últimos años; incluso su imagen se ha modernizado con
el abandono del tricornio por una gorra mucho más moderna. Otro cambio de gran calado fue la
incorporación de mujeres al servicio, así como la selección de aspirantes cada vez más preparados,
medidas que han ampliado la base social de sus miembros. Las misiones se han diversificado y adaptado a
los tiempos, con grupos como el encargado de los delitos ecológicos, conocido como Servicio de Protección
de la Naturaleza o las misiones internacionales desempeñadas en lugares en conflicto como en América
Central, donde guardias civiles han velado por el cumplimiento de misiones de paz y han entrenado policías
en América y África; también han patrullado el Danubio en las operaciones de embargo a Serbia.
Conviene destacar los planes de los últimos años para reestructurar sus fuerzas y presencia en el territorio,
de manera que con el tiempo se concentrarán los efectivos en menos lugares, para hacer al cuerpo más
operativo, y menos oneroso el mantenimiento de la ingente cantidad de instalaciones aún en uso.
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