¿La Corte constitucional puede llegar a sustituir la constitución a través
de su interpretación?
Juan Carlos Rodríguez Guzmán
Abogado de la Universidad Santo Tomás.
Especialista en Derecho Constitucional y
Estudiante del último trimestre de la especialización
en Derecho Administrativo
de la Universidad del Rosario.
En el proceso de creación del Estado, se identifica el acto constituyente por medio del cual
el pueblo manifiesta su voluntad política, el poder constituyente en el cual el pueblo se da
su propia organización política y jurídica, y la constitución como resultado del ejercicio de
dicha potestad.
La constitución es considerada como un “conjunto armónico de reglas e instituciones
jurídicas que establecen las bases de la organización general del Estado y de su
funcionamiento, determinan los principios de la forma de su gobierno y de sus órganos
supremos, así como los derechos y deberes del mismo en relación con las persona y de
éstas con aquél, delimitando el circulo de acción”1.
Esta facultad que tiene todo pueblo de darse su propia constitución, es conocida bajo el
nombre de poder constituyente. De igual forma se le asigna este nombre, a la potestad de
cambiar o modificar la Constitución Política existente.
Lo anterior equivale a decir, que la función constituyente no se agota o acaba con el acto de
darse por vez primera una constitución, ya que el poder constituyente enmarca el poder de
reforma de la constitución original o presente, de forma total o parcial.
La necesidad de reformar parcial o totalmente una constitución, radica en el hecho que la
carta política se adecue a las necesidades presentes de la sociedad, es decir la necesidad de
la evolución de todo Estado.
El poder de reforma o poder del constituyente derivado, hace referencia al poder
establecido por la constitución, el cual tiene por objeto reformar la carta superior bajo las
condiciones fijadas por ella misma.
1
Jacobo Pérez Escobar. DERECHO CONSTITUCIONAL COLOMBIANO. Quinta edición. Editorial Temis. Página
8.
En Colombia el poder constituyente radica en el pueblo, quien tiene la potestad de darse su
propia constitución. Este poder originario no está sujeto a límites jurídicos, ya que los
actos del poder constituyente establecen el orden jurídico.
El artículos 374 y siguientes de la Constitución del año 1991, establecen los mecanismos
de reforma de la carta, los cuales se denominan acto legislativo, referendo y Asamblea
Constituyente. En las citadas normas se fijan las reglas y los procedimientos a los que
deben estar sometidos los mecanismos de reforma constitucional.
Sin embargo, este poder derivado de reforma constitucional está sometido a controles. Es
así como la Corte Constitucional, tiene competencia para decidir acerca de los vicios de
procedimiento en su formación, mediante la atribución otorgada en el numeral 1 del
artículo 241 de la Constitución, que le confiere a la Corte Constitucional la competencia
para “(d)ecidir sobre las demandas de inconstitucionalidad que promueven los ciudadanos
contra los actos reformatorios de la Constitución, cualquiera que sea su origen, pero solo
por vicios de procedimiento en su formación”. A su vez el artículo 379 de la carta dispone
que los actos legislativos, la convocatoria de referendo, la consulta popular o el acto de
convocatoria a asamblea constituyente, podrán ser declarados inconstitucionales cuando
violen los requisitos establecidos en el título XIII de la Constitución, que regula los
procedimientos de reforma constitucional.
No obstante lo anterior, la Corte Constitucional en varias de sus sentencias (C – 551/03, C970/04 y C-1040/05), ha manifestado que en el control constitucional de las reformas a la
carta, además de verificar que los mecanismos de reforma no tengan vicios de
procedimiento en su formación, la corte pueden valorar que la reforma a estudiar, no
sustituya la constitución, esto es, la intención de remplazar la constitución por una distinta.
Mediante esta tesis, el alto tribunal constitucional “pretende” defender la integridad del
querer del constituyente de 91.
Atendiendo a lo dicho, nos preguntamos si es posible que en la interpretación de la
constitución, el alto tribunal incurra en sustitución de la constitución y si es así, que órgano
lo controla o que recursos existen para esto.
Para contestar nuestro interrogante, comenzaremos por dilucidar que es la sustitución
constitucional, tal como lo entiende la Corte.
La Corte Constitucional en sentencia C-1040 de 2005, analiza las sentencias C-551 de
2003, C-970 y 971 de 2004 y aclara su posición frente a la sustitución constitucional.
En el citado fallo se estableció:
(…)
“(E)l concepto de sustitución refiere a una transformación de tal magnitud y
trascendencia, que la Constitución anterior a la reforma aparece opuesta o
integralmente diferente a la que resultó después de la reforma, al punto que
ambas resultan incompatibles. La jurisprudencia ha aludido a sustituciones
totales y a sustituciones parciales y ha sostenido que el reformador tampoco
puede introducir sustituciones parciales entendiendo por tales aquellas en las
cuales un eje definitorio de la identidad de la Constitución sea remplazado por
otro opuesto o integralmente diferente. En ninguna de sus sentencias la Corte
ha declarado inexequible una reforma constitucional por haber llegado a la
conclusión de que el reformador excedió su competencia y sustituyó la
Constitución, en todo o en parte…”.
(…)
“(L)a Corte ha dicho que la aplicación del método para identificar
sustituciones en ningún caso puede conducir a volver irreformables normas de
la Carta porque no hay normas pétreas ni principios intangibles en la Carta de
1991”.
(…)
“(L)a Corte reitera su jurisprudencia en el sentido de que el reformador de la
Constitución no es soberano y ejerce una competencia limitada por las normas
adoptadas por la Asamblea Constituyente en 1991. Se subraya que, de
conformidad con el artículo 374 de la Carta, la Constitución puede ser
“reformada” por el Congreso, no derogada, subvertida o sustituida. A su vez,
el artículo 380 de la Carta permite distinguir entre la derogación de una
Constitución, de un lado, y las reformas introducidas a una Constitución, de
otro, reformas que si bien pueden cambiar el contenido de las normas
constitucionales no sustituyen la Constitución por otra Carta opuesta o
integralmente diferente, como sucedió cuando se promulgó la nueva
Constitución en 1991. En el artículo 379 de la Carta se establece que la Corte
debe controlar que el reformador respete todos “los requisitos” establecidos
en el Título XIII de la Constitución, el primero de los cuales es precisamente la
competencia del órgano que expide la reforma regulada en el primer artículo
de dicho Título. Esta competencia es un presupuesto para que dicho órgano, en
este caso el Congreso de la República, pueda luego seguir el trámite para
modificar válidamente la Constitución. El requisito que debe verificar la Corte
es que el Acto Legislativo sea una reforma, no una derogación o sustitución de
la Constitución, como lo ordena el artículo 374 en concordancia con el artículo
380 de la Constitución Política. La Corte enfatiza que el único titular de un
poder constituyente ilimitado es el pueblo soberano, en virtud del artículo 3º de
la Carta. En 1991 el poder constituyente originario estableció un poder de
reforma de la Constitución, del cual es titular, entre otros, el Congreso de la
República que es un órgano constituido y limitado por la propia Constitución y,
por lo tanto, solo puede ejercer sus competencias “en los términos que esta
Constitución establece”, no de manera ilimitada. El Congreso, aun cuando
reforma la Constitución, no es el detentador de la soberanía que “reside
exclusivamente en el pueblo”, el único que puede crear una nueva
Constitución. Adicionalmente, la Corte constató que el pueblo puede investir a
una Asamblea Constituyente de la competencia para expedir una nueva
Constitución, posibilidad expresamente permitida en el artículo 376 de la
Carta. Solo por medio de este mecanismo puede ser sustituida la Constitución
vigente por una opuesta o integralmente diferente”.
(…)
“Advierte la Corte que el poder de reforma es muy amplio y comprende la
adopción de modificaciones importantes e, inclusive, trascendentales. No es la
importancia, ni son las implicaciones profundas de una reforma, lo que
determina si ésta supone una sustitución de la Constitución. El fenómeno
jurídico de la sustitución de la Constitución se presenta cuando un elemento
definitorio de la esencia de la Constitución de 1991, en lugar de ser
modificado, es reemplazado por uno opuesto o integralmente diferente. Así,
después de la sustitución de la Carta, como es imposible reconocerla en su
identidad básica, no cabe afirmar que la Constitución reformada sigue siendo
la Carta de 1991. Al Congreso de la República le está vedado sustituir la
Constitución, en forma total o parcial, permanente o transitoria. Por supuesto,
le está prohibido reemplazar la Constitución de 1991 por una completamente
nueva y diferente. Pero tampoco puede sustituir la Carta mediante un cambio
parcial de tal magnitud que haga imposible, de manera permanente o
transitoria, reconocer en la Constitución los elementos esenciales definitorios
de su identidad originaria, lo cual no obsta para que el Congreso efectúe
reformas importantes para adaptar la Carta a la evolución de la sociedad y
responder a las expectativas de los ciudadanos”.
(…)
“Si el órgano que expidió la reforma era competente para hacerlo, nos
encontraríamos frente a una verdadera reforma constitucional, susceptible
de control sólo en relación con los vicios en el trámite de formación del
correspondiente acto reformatorio. Si, por el contrario, hay un vicio de
competencia, quiere decir que el órgano respectivo, por la vía del
procedimiento de reforma, habría acometido una sustitución de la
Constitución, para lo cual carecía de competencia, y su actuación habría de
ser invalidada”.
(…)
“El método del juicio de sustitución exige que la Corte demuestre que un
elemento esencial definitorio de la identidad de la Constitución de 1991 fue
reemplazado por otro integralmente distinto. Así, para construir la premisa
mayor del juicio de sustitución es necesario (i) enunciar con suma claridad
cuál es dicho elemento, (ii) señalar a partir de múltiples referentes normativos
cuáles son sus especificidades en la Carta de 1991 y (iii) mostrar por qué es
esencial y definitorio de la identidad de la Constitución integralmente
considerada. Solo así se habrá precisado la premisa mayor del juicio de
sustitución, lo cual es crucial para evitar caer en el subjetivismo judicial.
Luego, se habrá de verificar si (iv) ese elemento esencial definitorio de la
Constitución de 1991 es irreductible a un artículo de la Constitución, - para así
evitar que éste sea transformado por la propia Corte en cláusula pétrea a
partir de la cual efectúe un juicio de contradicción material- y si (v) la
enunciación analítica de dicho elemento esencial definitorio no equivale a fijar
límites materiales intocables por el poder de reforma, para así evitar que el
juicio derive en un control de violación de algo supuestamente intangible, lo
cual no le compete a la Corte. Una vez cumplida esta carga argumentativa por
la Corte, procede determinar si dicho elemento esencial definitorio ha sido (vi)
reemplazado por otro –no simplemente modificado, afectado, vulnerado o
contrariado- y (vii) si el nuevo elemento esencial definitorio es opuesto o
integralmente diferente, al punto que resulte incompatible con los elementos
definitorios de la identidad de la Constitución anterior…”.
Una vez verificado lo que el alto tribunal constitucional entiende por sustitución, nos
adentramos a estudiar los efectos de las sentencias de la Corte Constitucional. La doctrina2
ha recogido esto, bajo la denominación de sentencias interpretativas y sentencias
manipulativas.
2
Xiomara Lorena romero Pérez. Memorias. V Jornadas de Derecho Constitucional y Administrativo. Los
procesos ante la jurisdicción constitucional y de lo contencioso administrativo. Universidad Externado de
Colombia. 2005. Página 97.
Por sentencias interpretativas se ha entendido, “aquellas que restringen o eliminan el
margen interpretativo pero siempre en relación con el enunciado. Desde esta perspectiva,
incorporan algún tipo de declaración acerca de cómo debe entenderse un determinado
enunciado legal, es decir, no se limita a declarar la constitucionalidad o
inconstitucionalidad de la norma impugnada, sino que excluyen algunas de las
interpretaciones posibles o excluyen todas menos una, que es la que se declara conforme a
la constitución”3
Se ha dicho que este tipo de sentencias puede ser:
I. “Desestimatorias del recurso: expresamente no declaran la inconstitucionalidad de
una disposición, pero declaran la inconstitucionalidad de normas”4.
II. “Estimatorias del recurso: aparentemente declaran la inconstitucionalidad de una
disposición, pero declaran la inconstitucionalidad de normas”5.
III. “De carácter armonizante: son aquellas sentencias que declaran la
constitucionalidad de una disposición sin pronunciarse acerca de las normas
derivadas de ésta, pero que condicionan su exequibilidad a la realización de
una interpretación en armonía con una serie de principios y valores, con otras
disposiciones bien sea de rango legal o constitucional”6.
Por su parte, las sentencias manipulativas son entendías como aquellas que “no se
pronuncian simplemente acerca de la conformidad o no con la Constitución de las normas
sino que, junto con ello (o para ello), el tribunal constitucional produce una nueva norma,
que no es el resultado de la interpretación de la disposición enjuiciada, sino que, a juicio
del tribunal, bien impuesta por la constitución para conservar la validez de la disposición,
aunque finalmente esa norma nueva es presentada como un significado de la disposición
impugnada, en otras palabras la norma se obtiene, no del enunciado, sino directamente de
la Constitución”7.
Este tipo de sentencias puede ser:
i. “Aditivas: en ellas la disposición acusada es declarada conforme a la constitución
con el añadido realizado por el Tribunal Constitucional”8.
3
Ibídem.
Ibídem.
5
Ibídem.
6
Ibídem.
7
Xiomara Lorena romero Pérez. Memorias. V Jornadas de Derecho Constitucional y Administrativo. Los
procesos ante la jurisdicción constitucional y de lo contencioso administrativo. Universidad Externado de
Colombia. 2005. Página 98.
4
8
Ibídem.
ii. “Reductoras: son aquellas sentencias que como consecuencia de la declaración de
inconstitucionalidad o constitucionalidad, de una parte del contenido normativo
que deriva conjuntamente de un texto afectándolo o no, conlleva a una
reducción de la extensión del contenido normativo”9.
iii. “Sustitutivas: la norma que se desprende de la disposición es declarada
inconstitucional y sustituida por otra norma conforme a la constitución y
producida por el tribunal a partir de ella”10
Al respecto la Corte constitucional ha expresado11:
“La Constitución no ha establecido que la Corte esté atrapada en el dilema de
mantener en forma permanente una norma en el ordenamiento (declaración de
constitucionalidad) o retirarla en su integridad (sentencia de inexequibilidad),
puesto que la carta simplemente ha establecido que a la corte compete decidir
de las demandas de inconstitucionalidad que presenten los ciudadanos contra
leyes (CP 241 ord 4°). Por consiguiente, al decidir sobre las demandas, la
corte debe adoptar la modalidad de sentencia que mejor le permita asegurara
la guarda de la integridad y supremacía de la Constitución. Y de esta manera
lo ha hecho y lo seguirá haciendo esta corporación. Así, en ciertas ocasiones,
la Corte ha decidido mantener en el ordenamiento jurídico una norma pero
condicionando su permanencia a que sólo son validas unas interpretaciones de
la misma, mientras que las otras son inexequibles (sentencias interpretativas o
de constitucionalidad condicionada)”.
(…)
“Esta modulación de los efectos de la sentencia no es en manera alguna una
arbitraria invención de la Corte Constitucional colombiana, sino que, como se
ha dicho, es una consecuencia de la función de la corte como guardiana de la
integridad y supremacía de la carta. Además, la necesidad de esa modulación
de las sentencias resulta de las tensiones valorativas implícitas en todo texto
constitucional, razón por la cual la mayoría de los tribunales constitucionales
han desarrollado diversos tipos de fallos con el fin de cumplir en forma
razonada, su función de control constitucional”.
(…)
9
Ibídem.
Ibídem.
11
Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C- 109 de 1995.
10
“La sentencia integradora es una modalidad de decisión por medio de la cual, el
juez constitucional, en virtud del valor normativo de la Carta (CP art 4),
proyecta los mandatos constitucionales en la legislación ordinaria, para de
esta manera integrara aparentes vacios normativos o hacer frente a las
inevitables indeterminaciones del orden legal. En ello reside la función
integradora de la doctrina constitucional, cuya obligatoriedad, como fuente de
derecho, ya ha sido reconocida por esta corporación. Y no podía ser de otra
forma, porque la constitución no es un simple sistema de norma, sino la norma
suprema, por lo cual sus mandatos irradian y condicionan la validez de todo el
ordenamiento jurídico”.
(…)
“Las sentencias integradoras encuentran entonces su primer fundamento en el
carácter normativo de la Constitución, puesto que le juez constitucional, con el
fin de asegurar la integridad y la supremacía de la carta, debe incorporar en el
ordenamiento legal los mandatos constitucionales. Por ello, si el juez, para
decidir un caso, se encuentra con indeterminación legal, ya sea porque el
enunciado legal es insuficiente, ya sea porque el enunciado es contrario a la
carta, el juez debe proyectar los mandatos constitucionales directamente al
caso, aun cuando de esa manera, en apariencia, adicione al orden legal con
nuevos contenidos normativos. El juez en este caso en manera alguna está
legislando pues lo único que hace es dar aplicación al principio según el cual
la Constitución, como norma de normas, tiene una suprema fuerza normativa”.
Una vez enunciado todo lo anterior, podemos establecer como el alto tribunal a través de
sus diferentes tipos de sentencias, puede llegar a sustituir la constitución por medio de su
interpretación, ya que al ser la Corte Constitucional el guardián de la integridad y
supremacía de la constitución, puede interpretarla como a bien tenga. Así lo ha dejado claro
el alto tribunal al sustentar la necesidad de la modulación de las sentencias12.
Esto nos lleva a plantear, que la Corte Constitucional frente al análisis de una disposición,
una norma o un acto reformatorio de la constitución, puede dar una interpretación
totalmente contraria al querer del constituyente primario, de tal forma que modifica en
forma sustancial la integridad de la constitución.
En otras palabras el alto tribunal puede a través de su interpretación realizar una
transformación de tal magnitud y trascendencia, que la Constitución anterior a la reforma
12
Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C- 109 de 1995
aparece opuesta o integralmente diferente a la que resultó después de la reforma, al punto
que la interpretación y la norma constitucional resultan incompatibles.
Veamos como las sentencias de la Corte Constitucional tiene un margen de libertad muy
amplio, ya que incorporan declaraciones acerca de cómo debe entenderse un enunciado
legal frente a la carta superior, o produce una nueva norma que supuestamente viene
impuesta por la misma constitución. Esta última actuación ha dado lugar a denominar al
alto tribunal constitucional como un legislador negativo, que en muchos casos se inmiscuye
en asuntos que no le corresponden, generando así una extralimitación de sus funciones.
Es por esto, que al tener un margen tan amplio de acción, el alto tribunal si puede llegar a
realizar una sustitución total o parcial de la Constitución.
Un ejemplo de este planteamiento se podría dar, en el caso hipotético que la Corte
Constitucional al realizar un control constitucional, llegue a la conclusión que en Colombia
debe instituirse de ahora en adelante la siguiente interpretación: Colombia es un estado de
derecho, organizado en forma de estados federados, cuya soberanía radica en manos del
presidente de la unión.
Como podemos observar, el anterior caso plantea una situación típica de sustitución
constitucional, ya que cambia de manera sustancial el marco normativo de la constitución
del 91, además de la voluntad del constituyente del mencionado año.
Entendemos que el ejemplo planteado es un caso extremo, pero resaltamos la gravedad del
asunto en un caso como el sugerido, ya que si esto llegare a pasar, no existe ningún órgano
que controle al alto Tribunal Constitucional, ni una instancia superior de decisión judicial,
ni mucho menos un recurso contra las sentencias de la Corte Constitucional13.
Recordemos que todo poder que no esté totalmente regulado tiende a generar excesos.
Es importante resaltar, que a la Corte Constitucional de Colombia, en los precisos términos
del artículo 37414 de la Constitución, no le fue atribuida la facultad de modificar la Carta
Superior y mucho menos de sustituirla, ya que el único que puede realizar esta actuación es
el pueblo mediante una Asamblea Nacional Constituyente.
Ahora bien, el alto tribunal constitucional he establecido que si “hay un vicio de
competencia, quiere decir que el órgano respectivo, por la vía del procedimiento de
13
Decreto 2067 de 1991. Artículo 49. “Contra las sentencias de la Corte Constitucional no procede recurso
alguno”.
14
Constitución Política de Colombia. Artículo 374. “La Constitución Política podrá ser reformada por el
Congreso, por una Asamblea Constituyente o por el pueblo mediante referendo”
reforma, habría acometido una sustitución de la Constitución, para lo cual carecía de
competencia, y su actuación habría de ser invalidada”15.
Sin embargo el artículo 243 de la carta dispone que los fallos que dicte la corte hacen
transito a cosa juzgada constitucional, lo cual trae como consecuencia que las sentencias
del alto tribunal constitucional presenten las siguientes características:
1. Efecto erga omnes y no inter partes.
2. Obligan para todos los casos futuros y no solo para el caso en concreto.
3. No se pueden juzgar nuevamente por los mismos motivos y por tanto, el fallo
tiene certeza y “seguridad jurídica”.
4. Todos los sujetos de derecho quedan obligados por lo contemplado en el fallo.
Es así como en el evento en que la Corte Constitucional sustituya la carta, el fallo que lo
realiza, produce efectos erga omnes, obliga hacia el futuro y no es susceptible de ser
juzgado nuevamente por los mismos motivos y por lo tanto, el fallo del alto tribunal que
traiga consigo una sustitución, goza de certeza y seguridad jurídica, vinculando a todos los
sujetos de derecho y todo esto bajo el aval del artículo 243 de la Constitución.
Para muchos la solución salta a la vista, pues resulta evidente que no aplicar la supuesta
sentencia de la corte que sustituye la constitución, es lo más conveniente y procedente.
Otros simplemente podrán decir que se debe dar una aplicación taxativa del texto
constitucional, dando cumplimiento al principio de supremacía del texto constitucional.
No obstante lo anterior, el problema central se presentaría cuando la sociedad a través de
sus operadores, aplica dicha sentencia, cambiando radicalmente el orden existente.
No es viable imaginarnos las graves consecuencias sociales, económicas, políticas y
jurídicas que acarrearía una situación como esta, pero en aras de prevenir este grave
inconveniente, creemos que una situación de esta magnitud traería consigo graves
problemas de violencia, inestabilidad en el mercado nacional e internacional, inseguridad
jurídica, lucha por el poder, ruptura de la unidad nacional, etc.
Diferente es la situación, cuando el pueblo se organiza a través de una Asamblea Nacional
Constituyente y crea una nueva constitución, para lo que está de antemano preparado las
autoridades del Estado, por autorización expresa del constituyente primario.
Lo anterior se materializa con la fijación de suficientes recursos económicos y jurídicos,
para poner en marcha las nuevas disposiciones constitucionales, lo que no sucedería con
15
Corte Constitucional en sentencia C-1040 de 2005.
una sustitución de la corte vía interpretación, ya que el pueblo ni sus gobernantes están
preparados para dicho cambio.
Nosotros sabemos que el alto tribunal constitucional, está conformado por sujetos muy
capacitados, pero de igual forma entendemos que al ser estos parte de la especie humana
son susceptibles de cometer errores o equivocaciones. No son dioses ni pueden ser
catalogados como tal.
Por lo tanto, a modo de conclusión y con el fin de evitar una situación como la planteada y
en aras de garantizar una efectiva seguridad jurídica, es necesario que se cree un recurso de
reconsideración, el cual debe tener por objeto, que la Corte Constitucional revise en sala
plena, si en una determinada sentencia modifico o sustituyo la constitución a través de la
interpretación en sus sentencias.
Adherido a lo anterior, sugerimos que el mencionado recurso pueda ser ejercido por
cualquier persona y no se reduzca a las personas que intervinieron en el proceso.
Lo anterior por cuanto, la importancia del tema a tratar en el recurso, hace necesario el
interés y participación de los miembros de la sociedad.
Con esto se garantizaría la conservación de la integridad del texto normativo y por ende del
querer del constituyente del 91 y se respetarían principios tan importantes como la
seguridad jurídica, el orden justo, el acceso a la administración de justicia, la democracia, la
dignidad humana y evitaríamos de esta forma la inclusión en un posible estado de barbarie.
Es por todo lo anterior, que sugerimos una reforma al artículo 49 del decreto 2067 de
199116, o en su defecto un pronunciamiento por parte del alto tribunal constitucional.
16
Decreto 2067 de 1991. “Por el cual se dicta el régimen procedimental de los juicios y actuaciones que
deban surtirse ante la Corte Constitucional”.
Bibliografía
1.
2.
3.
4.
Asamblea Nacional Constituyente del año 1991. Constitución Política de Colombia.
Decreto 2067 de 1991.
Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C- 109 de 1995
Corte Constitucional. Sentencia C – 551 de 2003. M.P. Eduardo Montealegre
Lynett.
5. Corte Constitucional. C-970 de 2004. M.P. Rodrigo Escobar Gil.
6. Corte Constitucional. Sentencia C-971 de 2004. M.P. Manuel José Cepeda.
7. Corte Constitucional. sentencia C-1040 de 2005. M.P. Manuel José Cepeda
8. Vidal Perdomo Jaime. Introducción al control constitucional. (Teoría y
aproximación a la práctica en Colombia). Ediciones Academia Colombiana de
Jurisprudencia. 2007.
9. Sáchica Luis Carlos. Nuevo Constitucionalismo Colombiano. Editorial Temis.
10. Memorias. V Jornadas de Derecho Constitucional y Administrativo. Los procesos
ante la jurisdicción constitucional y de lo contencioso administrativo. Universidad
Externado de Colombia. 2005.
11. Pérez Escobar Jacobo. Derecho Constitucional Colombiano. 2004.
12. Younes Moreno Diego. Derecho Constitucional Colombiano. 2006.
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