A C U E R D O
En la ciudad de La Plata, a 10 de setiembre
de
2012,
habiéndose
dispuesto
en
el
siguiente
orden
establecido,
Acuerdo
de
2078,
votación:
de
que
conformidad
deberá
doctores
con
lo
observarse
el
Hitters,
Negri,
Kogan, de Lázzari, Soria, Genoud, Domínguez, se reúnen los
señores jueces de la Suprema Corte de Justicia en acuerdo
ordinario para pronunciar sentencia definitiva en la causa
C. 101.652, "Montenegro Velázquez, Fernando Martín contra
Club San Ignacio y otro. Daños y perjuicios".
A N T E C E D E N T E S
La Sala I de la Cámara de Apelación en lo
Civil
y
Comercial
del
Departamento
Judicial
de
Mar
del
Plata revocó la sentencia de primera instancia y rechazó la
demanda.
Se interpuso, por la parte actora, recurso
extraordinario de inaplicabilidad de ley.
Dictada
la
providencia
de
autos
y
encontrándose la causa en estado de pronunciar sentencia,
la Suprema Corte resolvió plantear y votar la siguiente
C U E S T I Ó N
¿Es
fundado
el
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley?
V O T A C I Ó N
A
la
cuestión
planteada,
el
señor
Juez
doctor Hitters dijo:
I. Se inician las actuaciones con la demanda
promovida por Fernando Enrique Montenegro Vázquez y Ana
Inés
Velázquez
en
representación
de
su
hijo
Fernando
Montenegro Velázquez, -menor de edad entonces-, en el que
reclamaban se indemnicen los daños y perjuicios sufridos
por su hijo, integrante del plantel del "Club San Ignacio",
como consecuencia de una grave lesión sufrida en una jugada
violenta acaecida en el encuentro de rugby disputado en la
cancha
de
pretensión
"Unión
del
Sud".
Al
resarcitoria
contra
la
efecto,
entidad
encauzan
su
mencionada
en
primer término y contra la institución organizadora del
evento "Unión de Rugby de Mar del Plata" (v. fs. 34/43).
En la instancia de origen se hizo lugar a la
demanda,
condenándose
a
los
codemandados
-en
forma
solidaria- al pago de los montos que integraron la petición
(fs. 358/365).
Apelada la decisión por el letrado apoderado
de la codemandada (Unión de Rugby de Mar del Plata), la
Cámara
de
Apelación
revocó
la
sentencia
de
primera
instancia, rechazando la demanda incoada contra la parte
recurrente (fs. 407/411 vta.).
Basó
su
decisión,
en
lo
que
interesa
destacar, en que:
a) El encuadre del debate no puede dirimirse
de acuerdo a lo normado en la ley 23.184, toda vez que sus
previsiones se dirigen a proteger a los espectadores -por
los
daños
ocurridos
espectáculos
durante
deportivos-
y
no
su
a
permanencia
los
en
los
que
los
aplicación
lo
jugadores
protagonizan (fs. 408 vta.).
b)
Tampoco
consideró
de
normado en la segunda parte del art. 1113 del Código Civil,
ya que dicho sistema de responsabilidad objetiva se limita
a hipótesis en los que media intervención de una "cosa",
sin que se extienda a supuestos diferentes. Razón por la
cual,
entendió
que
para
que
la
pretensión
resarcitoria
prospere, correspondía en el caso demostrar la culpa del
agente (conf. art. 1109, Cód. cit.).
c) El deporte es una actividad lícita que
contribuye a la formación integral del hombre y tiende a
promover el bienestar de la población, desarrollándose con
una intensidad superior a la normal en una competición con
reglas
preestablecidas
e
intención
recreativa
(fs.
409
cit., 409 vta.).
d) Puede señalarse que, en apariencia, el
perjuicio
sufrido
por
el
actor
fue
ocasionado
por
el
constante contacto físico y disputa por la posesión del
balón,
sin
que
contendientes,
pueda
por
atribuirse
cuanto
no
responsabilidad
habiendo
a
sus
transgredido
las
reglas del juego, se encuentran exentos de responsabilidad
ante la inexistencia de daño (fs. 409 vta. cit.).
e) El acto referenciado es lícito y mientras
no haya abuso no hay responsabilidad. A ello debe adunarse
que el deportista se expone a contingencias del juego que
ha aceptado voluntariamente (fs. 409 vta. cit., 410).
f)
El
reclamo
no
fue
enderezado
contra
ningún jugador del club adversario ("Unión del Sud"), sino
contra
la
institución
que
integra
el
deportista
y
la
institución organizadora de la competencia, quienes carecen
de una obligación tácita de seguridad pues, de ser así,
desnaturalizaría la esencia del deporte amateur en el que
se despliega un esfuerzo que aumenta las posibilidades de
sufrir algún daño (fs. 410).
II. Contra dicha decisión se alza el letrado
apoderado
de
la
actora
a
través
del
recurso
de
inaplicabilidad de ley en el que denuncia la violación de
los arts. 16 y 17 de la Constitución nacional, 33 de la ley
23.184,
499,
512,
901,
906,
1067,
1109
y
1113
segundo
párrafo del Código Civil, 166 inc. 4, 260, 375 del Código
Procesal Civil y Comercial.
Alega
que
la
alzada
empleó
un
criterio
erróneo al no juzgar aplicable el art. 33 de la ley 23.184,
por
cuanto
jugador
y
al
su
existir
propio
relación
club,
de
dependencia
comprende
al
entre
actor
el
la
responsabilidad objetiva que prevé la norma, en razón del
riesgo creado y garantía de seguridad que deben otorgar la
institución demandada y la entidad organizadora. De tal
modo, entiende, cobra operatividad el criterio sentado por
la
Corte
Suprema
de
Justicia
de
la
Nación,
que
hace
extensivo el concepto de espectador a otras personas, entre
ellas a los jugadores.
Expresa
que
debe
aplicarse
la
previsión
legal contenida en el art. 1113 2º párrafo del Código Civil
por encuadrar la cuestión en la responsabilidad objetiva,
siendo ajenas al presente las normas que giran en derredor
de la culpa (art. 1109 del Cód. Civ.). Cita -en sustento de
su postura- doctrina de este Tribunal que aduce conculcada.
Resalta
que
el
a
quo
pronuncia
que
la
calidad riesgosa de la actividad deportiva se exacerba al
aumentar las posibilidades del padecimiento de daño por sus
partícipes. Asimismo entiende que la obligación tácita de
seguridad a cargo de los accionados no puede desconocerse
frente a la reglamentación de la Unión de Rugby Argentina.
III. El recurso no puede prosperar.
1.
En
primer
lugar,
cabe
descartar
el
supuesto "agravio" traído por el quejoso a fs. 418/419, en
el que denuncia la infracción del art. 163 inc. 4 del
Código Procesal Civil y Comercial que sustenta en lo que
considera una "... equívoca afirmación efectuada por [la
Cámara], al calificar como mala práctica del juez a quo,
que
este
último
entienda
como
'cuerpo
principal'
de
la
sentencia a los llamados considerandos" (subrayado en el
original).
No
se
llega
a
advertir
del
discurso
del
quejoso en qué recae el gravamen que alega sufrido. Dicha
definición ha sido adoptada "al pasar" por la alzada, con
el
sólo
propósito
de
señalar
propedéuticamente
lo
que
entendió como una irregularidad en la confección del fallo
y
organización
del
discurso
sentencial
por
parte
del
judicante de primer grado.
Ha expresado reiteradamente esta Corte que
lo
que
legitima
al
recurso
es
el
interés
de
quien
lo
interpone, es decir, el gravamen sufrido como consecuencia
de una decisión que al eludir la concreta voluntad de la
ley
ha
desconocido
un
bien
actual
tutelado
por
aquella
voluntad (doct. causas Ac. 89.718, resol. del 4-II-2004;
Ac. 97.226, resol. del 8-XI-2006; Ac. 102.041, resol. del
5-III-2008; Ac. 103.143, resol. del 21-V-2008; Ac. 102.043,
resol. del 11-VI-2008). Ello es así dado que el ejercicio
de un camino recursivo, como toda acción en justicia, no se
reconoce
sino
legitime
el
a
quienes
acceso
a
justifiquen
la
vía
una
judicial
afectación
de
que
carácter
extraordinario, pues a falta de aquélla, no hay petición
audible ante dicha instancia (conf. doct. Ac. 84.185, sent.
del 5-IV-2006; Ac. 97.226 cit.)
No veo que de la referida aclaración liminar
concretada
naturaleza
"parte
quejoso,
por
y
el
a
finalidad
dispositiva",
ni
quo
que
por
de
los
surja
la
tendiente
a
distinguir
"considerandos"
perjuicio
alguno
circunstancia
de
y
la
de
para
la
el
precisar
una
deficiencia técnica en la confección del fallo de primera
instancia (que además la alzada entendió subsanable ante
sus
estrados),
se
haya
colocado
al
accionante
en
una
situación desventajosa (conf. Ac. 67.628, sent. del 29-II2000; Ac. 87.607, sent. del 11-V-2005).
Corresponde,
por
ello,
descartar
esta
primera parcela del embate.
2. En cuanto al fondo del asunto, el embate
se ocupa de cuestionar dos de las premisas que integran el
eje de la decisión: a) la errónea interpretación de la ley
23.184; b) la violación del art. 1113 del Código Civil y de
la doctrina de este Tribunal en cuanto al alcance de la
responsabilidad objetiva que contempla el texto legal.
Abordaré
separadamente
ambos
tópicos
a
continuación.
2.1) Quid de la aplicación de la ley 23.184
de espectáculos deportivos en el sub lite.
Como fuera adelantado, el a quo entendió que
no podía acudirse al régimen legal previsto por la ley
23.184 para dirimir el presente conflicto, toda vez que
dicha
norma
no
ampara
al
jugador,
sino
al
espectador,
resultando disímil la situación de ambos.
El reproche del actor transita por un único
carril,
esto
es,
la
afirmación
de
que
la
hermenéutica
brindada por el tribunal de apelación se desentiende del
criterio
sentado
por
la
Corte
nacional
en
la
causa
"Zacarías, Claudio H. c/ Provincia de Córdoba y ot. s/
Indemnización
de
daños
y
perjuicios"
que
extendió
al
jugador -en dicho caso- la tutela que proporciona la ley de
marras.
No le asiste razón al recurrente en esta
parcela de su queja.
a) En el pronunciamiento recaído en la causa
referenciada
supra
(Fallos:
321:1124,
"Zacarías"),
el
cimero Tribunal nacional, condenó al Club Instituto Central
Córdoba, por los perjuicios sufridos por el jugador Claudio
Zacarías quien, integrando el equipo visitante -San Lorenzo
de Almagro- en las inmediaciones del club demandado y con
antelación a la disputa del encuentro de fútbol entre ambas
instituciones, fue herido al impactar un trozo de vidrio
emplazado en la ventana del vestuario, el que estalló como
consecuencia
de
una
bomba
de
estruendo
arrojada
por
integrantes de la hinchada local.
En el análisis de la materia, plasmado en el
voto
mayoritario,
se
señala
que
"La
gravedad
de
tales
hechos, que en algunos casos costaron la vida de personas,
llevó
a
la
sanción
responsabilidad
de
la
objetiva,
ley
23.184
con
que
consagra
fundamento
en
el
una
riesgo
creado, que prescinde de toda idea de culpa por parte del
sujeto obligado a resarcir frente al espectador que sufre
un daño, en estadios de concurrencia pública, durante un
espectáculo deportivo" (v. considerando 9°, párrafo sexto)
Luego,
al
tiempo
de
juzgar
el
criterio
trazado en el caso que le fuera sometido a tratamiento
asevera "Que un supuesto diferente se presenta cuando -como
en
el
caso
de
responsabilidad
Zacaríasdel
se
organizador
trata
del
de
establecer
la
evento
frente
un
a
jugador del equipo visitante con el cual no tiene relación
de dependencia, ni su condición es la de espectador a que
se ha hecho referencia, amparado también por la mencionada
ley [23.184], cuya aplicación analógica no resulta posible
en el sub lite" (v. considerando 10, primer párrafo causa
cit.)
Pues
bien,
la
pretendida
inclusión
del
deportista (protagonista) en el texto originario de la ley
23.184, como beneficiario del régimen de responsabilidad
civil por la "... interpretación analógica del precepto al
caso
sub
examine...",
fue
descartada
en
el
antecedente
analizado. La tesitura del quejoso sólo se trasluce en la
opinión de los ex integrantes del alto Cuerpo, doctores
Moliné O’Connor y Vásquez, que, a posteriori, no conformara
la decisión mayoritaria en el referido caso "Zacarías".
b)
descartar
el
Lo
antes
planteo
expuesto
impugnativo
es
del
suficiente
quejoso,
para
basado
exclusivamente en la cita del citado precedente de la Corte
Suprema de la Nación in re "Zacarías", sin advertir que como dije- la mayoría del máximo Tribunal no sostuvo allí
la tesitura "amplia" del recurrente, por la que pretende
incluir
en
la
contingencias
tutela
especial
ordinarias
del
de
dicha
deporte,
como
norma
son
a
las
las
que
motivan el sub lite.
Complementariamente, para no dejar pasar un
constante
yerro
presente
de
modo
reiterado
en
estas
actuaciones en torno a la interpretación de la ley 23.184,
debe advertirse que, por la fecha en que tuvo lugar el
hecho (fuente de la obligación de resarcir enjuiciada),
debió aplicarse en autos la versión de dicho cuerpo legal
reformada por la ley 24.192 (B.O., 26-III-1993).
En vez de ello, tanto la Cámara (que no ha
dedicado a la problemática de la aplicación de la ley de
espectáculos deportivos más que una breve referencia -fs.
408-) como el quejoso (que debería haber advertido que el
texto modificado de la norma en cuestión beneficiaba su
posición sobre la materia), insisten en aludir al art. 33
de la ley 23.184 que en su versión original rezaba: "[l]as
entidades o asociaciones participantes de un espectáculo
deportivo son solidariamente responsables civiles de los
daños sufridos por los espectadores de los mismos, en los
estadios y durante su desarrollo, si no ha mediado culpa
por parte del damnificado" (el resaltado me pertenece).
Ahora bien, el partido de rugby en el que se
produjeron las lesiones cuyo resarcimiento se peticiona en
el sub judice, tuvo lugar el 31 de mayo de 1998, estando ya
en vigencia la reforma de la ley 24.192. En lo que aquí
respecta,
esta
exclusivamente
última
aludía
amplió
a
la
"los
redacción
espectadores"
inicial
como
(que
sujetos
tutelados), pasando a regular la responsabilidad civil de
los organizadores del evento de este modo: "Las entidades o
asociaciones participantes de un espectáculo deportivo, son
solidariamente responsables de los daños y perjuicios que
se generen en los estadios" (art. 51, ley 23.184 -texto
según ley 24.192-).
En síntesis, el quejoso no ha advertido que
el
encuadre
jurídico
de
su
pretensión
había
sido
mal
seleccionado teniendo presente la vigencia temporal de las
normas en juego, y el a quo no corrigió dicho planteo por
vía del principio iura novit curia.
Posiblemente el error del quejoso provenga
de
haberse
"Zacarías"
limitado
a
(C.S.J.N.,
sostener
Fallos:
la
aplicación
321:1124)
del
varias
caso
veces
recordado supra. Leído el caso, puede verse que el hecho
dañoso que lo originara, a diferencia del presente, había
tenido
lugar
con
Así,
pese
24.192.
Tribunal
es
de
anterioridad
a
fecha
a
la
reforma
que
el
pronunciamiento
28
de
abril
de
1998,
de
la
ley
del
máximo
la
lesión
enjuiciada había acaecido el 8 de mayo de 1988, por lo que
-reitero- se aplicó en tal precedente la redacción inicial
de la ley de espectáculos deportivos vigente al momento del
hecho. Y dicho texto sólo se refería a los "espectadores"
como sujetos amparados por el régimen de la responsabilidad
objetiva.
El quejoso se ha privado así de un argumento
que hubiera beneficiado su posición, al no advertir que el
texto de la ley al que expresamente alude en su pieza
recursiva (v. fs. 419, citando la versión original del art.
33 de la ley 23.184) fue sustituido por una redacción más
amplia que ya no se limita a los daños sufridos "por los
espectadores", sino a todo perjuicio "que se genere en los
estadios" (art. 51, ley cit., conf. ley 24.192).
No
obstante
lo
expuesto,
creo
relevante
destacar que aún cuando el accionante hubiera encuadrado
adecuadamente su impugnación aludiendo a la norma vigente
al momento del hecho, más favorable a sus pretensiones (es
decir,
al
texto
reformado
de
la
ley
23.184,
conf.
24.192), su planteo no hubiera corrido mejor suerte.
ley
En efecto, pese a que pueda afirmarse que la
modificación en cuestión ha tenido por finalidad extender
la
protección
especial
de
la
ley
aludida
a
personas
diversas de los "espectadores" stricto sensu, no es dable
predicar que dicha expansión llegue al extremo de admitir
la
aplicación
del
(responsabilidad
régimen
objetiva)
en
especial
hipótesis
de
marras
absolutamente
ajenas a la télesis del citado cuerpo normativo, como son
las
lesiones
sufridas
por
los
deportistas
a
partir
de
contingencias normales del juego (como ocurre en el sub
lite).
Sabido
es
que
constituye
una
misión
fundamental del intérprete indagar el verdadero alcance de
la
ley,
mediante
un
examen
atento
y
profundo
de
sus
términos que consulte la realidad del precepto, puesto que,
sea
cual
fuere
prescindirse
sentido
de
de
sus
la
su
naturaleza
finalidad
disposiciones
de
para
la
norma,
indagar
(doct.
causas
el
no
puede
auténtico
Ac.
88.092,
sent. del 2-III-2005; L. 81.860, sent. del 12-XII-2007,
etc.). La doctrina del máximo Tribunal federal es conteste
en la materia, sosteniendo que al interpretar una norma,
debe tenerse en cuenta, además de su letra, la finalidad
perseguida y la dinámica de la realidad (C.S.J.N., Fallos:
320:875; 328:1146; entre otros).
En
tal
orden
de
consideraciones,
la
referencia a "cualquier daño generado en un estadio" (art.
51,
ley
24.192)
debe
ser
interpretada
en
el
contexto
legislativo al que está integrado y, en particular, a la
finalidad
protectoria
especialmente
de
orientado
a
dicho
prevenir,
marco
normativo,
sancionar
y
reparar
episodios de violencia en los espectáculos públicos, y no a
remediar las posibles lastimaduras experimentadas por los
deportistas durante la práctica normal de la disciplina.
Descartado
controversia
en
el
así
régimen
el
de
la
encuadre
ley
de
de
la
espectáculos
deportivos, corresponde analizar la crítica sustentada en
la infracción al sistema general previsto en el art. 1113
del Código Civil.
2.2.) Denuncia de infracción al art. 1113
del Código Civil.
a) En aras de fundamentar la exclusión del
dispositivo aludido en el sub examine, aseveró la alzada
que
dicho
precepto
responsabilidad
autoridad
o
que
"...
no
contemple
profesional
sino
incorporó
el
que
un
sistema
de
riesgo
de
denominado
se
limitó
a
receptar
aquélla basada en el riesgo creado, que se aplica solamente
a los casos en los cuales media intervención de una cosa,
pero que no se extiende a supuestos diferentes..." (v. fs.
408 vta., enfatizado a cargo del sentenciante).
Precisó
en
tal
sentido
que
el
daño
fue
ocasionado sin intervención de una cosa, por lo que se
requiere "... la demostración de la culpa del agente..."
(v. fs. 409, destacado en su texto original).
Se agravia el impugnante de la afirmación
del juzgador, aduciendo que los actuales caminos por los
que
transita
la
doctrina
autoral
y
jurisprudencial,
permiten ampliar los alcances originarios del art. 1113 del
Código Civil.
b)
Entiendo
que
el
reproche
formulado
en
este tópico tampoco puede prosperar.
Sabido es que el Código Civil -en su art.
1113- prescribe en relación al daño causado por el riesgo o
vicio de la cosa que el dueño o guardián de la misma, se
eximirá total o parcialmente de responsabilidad acreditando
la culpa de la víctima o de un tercero por quien no debe
responder.
Ahora bien, como tuve oportunidad de señalar
recientemente, "El artículo 1113 atribuye responsabilidad
al dueño o guardián de una cosa cuando el daño es originado
por la intervención de la misma, lo que no ocurre cuando se
causa
por
la
tarea
que
cumplía
la
víctima
(...)
La
expresión ‘cosa’ utilizada por la norma no establece un
sistema
riesgo
de
de
responsabilidad
autoridad
o
que
contemple
profesional,
sino
el
que
denominado
recepta
la
responsabilidad fundada en el riesgo creado que se aplica
solamente a los casos en que media intervención de una
cosa, pero que no se extiende a supuestos diferentes..."
(causa L. 81.930, sent. del 25-II-2009).
Pues
bien,
lo
plenamente
aplicable
en
autos
afirmación
del
recurrente
al
allí
donde
señalar
expuesto,
resulta
-precisamenteque
la
la
"expresión
'cosa' excede el marco restringido de la definición del
art. 2311 de ese ordenamiento y que, en tal sentido, puede
ser utilizada para designar conceptualmente una tarea..."
(fs.
423),
no
se
compadece
con
los
alcances
que
cabe
asignar al texto en análisis, conforme mi opinión dada en
el citado precedente.
Es por ello que entiendo que la exclusión
del
dispositivo
Código
Civil
legal
para
contemplado
juzgar
la
en
el
lesión
art.
sufrida
1113
del
por
el
accionante en el desarrollo de un encuentro deportivo se
ajusta a derecho.
IV.
corresponde
Si
lo
desestimar
expuesto
el
es
recurso
compartido,
extraordinario
interpuesto, con costas (art. 289, C.P.C.C.).
Voto por la negativa.
A
la
cuestión
planteada,
el
señor
Juez
doctor Negri dijo:
1.
En
autos,
se
trata
del
resarcimiento
pretendido por la actora por los daños y perjuicios que
dice sufrió su hijo, en ocasión de desempeñarse aquél, como
jugador
de
rugby
de
la
división
juvenil
del
club
"San
Ignacio" de Mar del Plata, en cancha del club adversario
"Unión del Sud" de la misma ciudad, a raíz de una jugada
violenta que lesionó gravemente su rodilla.
Primera instancia hizo lugar a la acción,
condenando
a
las
accionadas
aquí
vencidas
en
forma
solidaria, a responder por los montos que integraron la
pretensión.
La
sentencia
del
Cámara,
juez
por
de
el
origen,
contrario,
rechazando
revocó
la
la
demanda
interpuesta por la aquí recurrente.
2. Comparto con el colega que me precede en
la votación en que son dos las premisas que integran el eje
de la decisión, a saber: a) la errónea interpretación de la
ley 23.184, b) la violación del art. 1113 del Código Civil
y de la doctrina de este Tribunal en cuanto al alcance de
la responsabilidad objetiva que contempla el texto legal.
En cuanto
al primer punto, también he de
coincidir con lo expresado por el colega doctor Hitters a
lo que me remito por cuestiones de brevedad, en cuanto a la
disimilitud existente entre lo establecido en la ley 23.184
-en
cuanto
aplicación
consagra
en
el
una
responsabilidad
antecedente
"Zacarías"
fáctica en las presentes actuaciones.
objetiva-,
y
la
su
situación
No obstante recuerdo que según mi criterio
los fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, no
resultan vinculantes: su validez se encuentra limitada al
caso
concreto;
lo
que
no
obsta
que
su
contenido
sea
receptado en orden a su validez conceptual.
3.
alegada
Por
violación
el
del
contrario,
art.
1113
en
del
relación
Código
a
la
y
de
Civil
doctrina de este Tribunal, he de disentir con el colega
preopinante.
El tribunal a quo en relación a este punto,
sostuvo
que
no
era
de
aplicación
en
la
especie
el
dispositivo contenido en el 2° apartado del art. 1113 en
tanto
dicho
precepto
responsabilidad
autoridad
o
que
"no
incorporó
contemple
profesional,
sino
un
el
denominado
que
se
sistema
limitó
riesgo
a
de
de
receptar
aquella basada en el riesgo creado, que se aplica solamente
a los casos en los cuales media intervención de una cosa,
pero
que
no
se
extiende
a
supuestos
diferentes
(conf.
Excma. SCBA, DJBA, 138-2939; etc.)...".
En tal sentido, entiendo que el concepto de
cosa que refiere el art. 1113 del Código Civil, excede el
marco
restringido
de
la
definición
del
art.
2311
del
ordenamiento citado y, en este sentido, puede ser utilizada
para designar conceptualmente una tarea. Ello porque la
naturaleza riesgosa de la cosa deviene de un cúmulo de
circunstancias que le son idealmente referibles. Esto ya lo
ha dicho esta Suprema Corte en diversos pronunciamientos a
los que corresponde remitirme (conf. L. 57.562, sent. del
4-VI-1996; L. 65.978, sent. del 27-X-1998; L. 72.336, sent.
del 14-IV-2004; L. 83.342, sent. del 26-IX-2007).
El
desarrollo
de
la
actividad
deportiva,
llevada a cabo por jugadores profesionales o amateur no
habilita a diferenciar en materia de riesgo de la cosa,
puesto que lo que aquí interesa es que "el riesgo" está en
la actividad misma.
En autos, el deporte practicado por el hijo
de los actores como jugador de rugby adquirió la cualidad
de actividad riesgosa por los daños propios de su práctica
aunque no de su naturaleza.
Si bien la teoría del consentimiento predica
que
es
el
asentimiento
del
dañado
que
participa
de
la
contienda y su sometimiento a los riesgos inherentes al
deporte que practica lo que elimina la ilicitud del hecho,
entiendo
que
no
es
razonable
derivar
de
allí
la
interpretación que el jugador consiente anticipadamente ser
dañado.
Mucho más cuando un asentimiento para ser
dañado
en
la
integridad
física,
es
irrelevante,
por
tratarse la integridad de un derecho personalísimo, sobre
el
cual
no
se
puede
contratar
(conf.
Jorge
Mosset
Iturraspe, Estudios sobre responsabilidad por daños. Tomo
II. Edit. Rubinzal y Culzoni).
4. El jugador lesionado era un joven de 17
años, que integraba el equipo juvenil de rugby del "Club
San Ignacio" y su equipo representaba a dicha institución
en un torneo organizado por "Unión Marplatense de Rugby".
Así, tal como lo señala el juez de primera
instancia, esta última entidad es quien trae, al momento
del
responde
de
la
demanda,
"...
el
Seguro
y
Fondo
Solidario: Reglamento de la Unión Argentina de Rugby, que
se ocupa de la subcomisión dedicada a esta temática, de la
formación
del
fondo
solidario,
del
alcance
de
los
beneficios, del reintegro de gastos médicos, del seguro de
vida e incapacidad total, de la ayuda económica y de los
procedimientos internos, instrumento que se ocupa de todas
estas
cuestiones
que
hacen
a
la
preservación
y/o
recuperación de la salud de los jugadores de este deporte,
debidamente
fichados,
de
acuerdo
a
la
fotocopia
del
referido Reglamento que se encuentra glosada entre fojas
37y 43 inclusive de estos obrados, ello por imperio de la
acción de la codemandada precitada".
En tal contexto, tal como se concluye en la
instancia de origen, "los propios elementos aportados por
la parte codemandada hacen que la entidad organizadora del
evento deportivo en cuyo marco se produjo la acción de
juego que provocó la lesión en cuestión, no pueda escapar a
asumir las consecuencias perjudiciales de dicho episodio
dañoso...".
Desde
la
perspectiva
jurídica
expuesta
y
teniendo en cuenta los extremos de prueba a cargo de la
demandada y la prueba producida al efecto, juzgo que no ha
logrado demostrar que la conducta observada por la víctima
haya
tenido
la
necesaria
eficiencia
causal
como
para
excluir su deber de responder por el daño en los términos
del art. 1113 del Código Civil y su doctrina legal (arts.
279 y 289 del C.P.C.C.).
5. Si lo que dejo expuesto es compartido,
corresponde
hacer
lugar
al
recurso,
revocando
el
fallo
impugnado y manteniendo la sentencia de primera instancia;
con costas (art. 68 del C.P.C.C.).
Voto por la afirmativa.
La
mismos
señora
fundamentos
Jueza
del
doctora
señor
Juez
Kogan,
doctor
por
los
Negri,
votó
señor
Juez
también por la afirmativa.
A
la
cuestión
planteada,
el
doctor de Lázzari dijo:
I. Comparto el criterio de los ministros que
me
precedieron
en
que
la
ley
23.184
que
consagra
una
responsabilidad objetiva y su referencia en el antecedente
"Zacarías" del máximo Tribunal nacional no puede extenderse
en su aplicación a la situación fáctica de las presentes
actuaciones
-tal
como
lo
requiere
el
quejoso-
porque
responde a una hipótesis absolutamente ajena a la télesis
del
citado
lesiones
cuerpo
sufridas
normativo,
por
los
como
es
la
deportistas
que
a
surge
de
partir
de
realizar
la
contingencias normales del juego.
II.
Ahora
bien,
a
fin
de
subsunción jurídica en base a los hechos que han delimitado
el thema decidendum no se puede soslayar que estamos en
presencia de un daño acaecido durante una justa deportiva actividad
lícita
de
alto
contenido
riesgoso,
incluida
dentro de objetivos sociales colectivos como es el deporte
amateur-, y que tanto el club como el ente organizador han
tenido en cuenta los riesgos y características propias de
dicha actividad para así explicitar ciertos recaudos que
hacen a la preservación y/o recuperación de la salud de los
jugadores
modo
posiblemente
cierta
lesionados,
previsión
ante
garantizando
posibles
daños
de
este
(conf.
Reglamento, antes referenciado por el doctor Negri), al
revestir los destinatarios la condición de menores de edad
a
quienes
les
alcanzan
medidas
de
protección
especial
(arts. 1, 2 y 19 de la Convención Americana; 1, 2, 3, 4, 6,
12 y 24 de la Convención de los Derechos del Niño, 75 inc.
19, 22 y 23 de la Const. nac.). Sin embargo, aplicando
sobre esta plataforma fáctica el derecho que corresponda,
juzgo que los hechos destacados para estimar o desestimar
las pretensiones de las partes no han sido tomados en su
real
dimensión,
ya
que
la
sentencia
en
crisis,
en
la
determinación de las normas que lo rigen, circunscribe su
análisis a desestimar la aplicación el art. 1113 del Código
Civil segunda parte, sin poner la mirada en las conductas
inmersas en la circunstancia peculiar que presenta el caso,
que hace necesario velar por la seguridad de los menores de
edad merecedores de protección constitucional.
III. En este sentido Germán Bidart Campos,
nos explica como paso obligado para dar el debido encuadre
jurídico
a
una
pretensión,
que
"...
lo
razonable
es
seleccionar y aplicar bien el derecho vigente (la norma) de
acuerdo a las circunstancias de la causa. Por el principio
iura novit curia (...) el derecho que el juez suple cuando
las partes no lo invocan o cuando lo invocan mal, ha de ser
el
que
encuadre
circunstancias,
y
bien
al
el
que,
no
caso,
conforme
desprendiéndose
a
de
sus
ellas,
planea en la región conceptual de normas que se aplican sin
tomar en cuenta circunstancias que lo vuelven inaplicable a
un
caso
encuadrable
en
ella"
(conf.
"Hay
veces
que
la
doctrina de un fallo plenario es inaplicable a un caso
encuadrable en ella", en ED, 133-786-788).
En un precedente donde estaba en juego la
eficacia
del
derecho
a
la
salud,
a
través
de
la
recuperación de un joven que se lesionara con una pelota
(C.
85.692,
sent.
del
9-VI-2010),
entendimos
que
la
superioridad normativa de la Constitución, como un sistema
de valores comunes de una sociedad imponía, en función de
la equidad, que se reinterpretaran las normas de derecho
privado
lesionado
y
se
(en
definitiva,
diera
una
particular
allí
corta
el
indemnización
tratamiento
consideramos
que
al
menor
sicológico).
las
En
circunstancias
imponían un deber de seguridad en función de un factor de
garantía en tutela de la salud de un menor de edad, en
donde el Club debió haber contratado un seguro de salud o
de
accidente
para
mitigar
los
efectos
inmediatos
de
cualquier contratiempo en el juego, pero con un alcance
limitado a hacer frente a los gastos de salud surgidos por
el
accidente.
Vale
decir,
las
normas
de
derechos
fundamentales contenidas en la Constitución (en razón de la
condición de niño con necesidad de protección especial por
parte de la Sociedad -arts. 75 incs. 19, 22 y 23; 19,
Convención Americana-), generan derechos subjetivos de los
ciudadanos oponibles tanto a los poderes públicos como a
los particulares.
A esos fines es
que resulta apropiado lo
dicho por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el
sentido de que: "entre las medidas necesarias en el orden
jurídico interno para cumplir el fin de la Convención deben
considerarse comprendidas las sentencias judiciales, por lo
que puede el tribunal determinar las características con
que ese derecho, ya concedido por aquélla, se ejercitará en
el caso concreto" (Fallos: 315:1492, consid. 22).
Por ello, pese a suscribir la doctrina de
que el art. 1113 segunda parte del Código Civil, en una
interpretación dinámica de la misma (L. 80.406, sent. del
29-IX-2004, "Ferreyra"), incluye a la actividad dentro del
concepto
de
"cosa"
y,
por
lo
tanto,
sea
un
factor
de
atribución de responsabilidad objetiva, entendemos que en
el caso particular de la actividad deportiva esta extensión
no
resulta
dimanan
de
posible.
la
Precisamente,
doctrina
clásica
los
presupuestos
que
describe
que
las
características propias de esta actividad (conf. mi voto,
C. 85.692, sent. del 9-VI-2010) son bien distintas a las
razones que justifican la responsabilidad del titular de
una actividad riesgosa enmarcadas en una idea de riesgo o
provecho. De allí que comprender a la actividad deportiva
en esta calificación jurídica no responda a la finalidad
perseguida por los otros poderes del Estado al dictar las
normas
del
sistema,
ya
que
la
propia
naturaleza
de
la
organización del deporte amateur que tiene fines altruistas
no permite asimilar esta práctica a los avatares a los que
se enfrenta, por ejemplo un trabajador en la ejecución de
su tarea, caso que sí cabe el encuadre en la norma de
referencia.
De
indemnizaciones
lo
para
llevaría
al
absurdo
derechos
de
la
contrario,
los
de
daños
que
infancia
derivados
en
se
conceder
vez
de
en
gruesas
el
deporte
promocionar
desalentaría
la
labor
los
tan
reconocida de los clubes para alcanzar ese objetivo (conf.
Nino,
Carlos
derecho",
Santiago,
2da
edición,
"Introducción
Editorial
al
análisis
Astrea,
1988,
p.
del
436;
Fallos: 234:482).
No
obstante
ello,
tampoco
sería
razonable
desconocer la relevancia que tiene en el caso la necesidad
de valorar la circunstancia de que se trate de un menor, y
que
los
organizadores
sean
los
que
están
en
mejores
condiciones para contratar un seguro en función de cubrir
las
contingencias
esta
es
la
idea
directas
de
del
seguro
accidente.
que
los
Precisamente,
suscriptores
del
Reglamento han previsto al estipular esa previsión.
IV. Volviendo a estas actuaciones, tal como
se menciona en el voto del doctor Negri en el punto 4, "...
los
propios
hacen
que
elementos
la
entidad
aportados
por
organizadora
la
del
parte
evento
demandada
no
pueda
escapar a asumir las consecuencias perjudiciales de dicho
episodio dañoso".
Mas desde nuestra perspectiva jurídica, por
las propias características del daño causado a un menor en
el
despliegue
de
una
actividad
lícita,
voluntariamente
asumida,
y
amateur,
de
la
interés
comunitario
indemnización
a
como
es
otorgarse
el
ya
no
deporte
puede
participar del criterio integral sino que da paso a la
conjugación con otro principio, expresamente consagrado por
el
ordenamiento.
Me
refiero
al
de
equidad.
Reiterando
conceptos ya vertidos en el recordado precedente causa C.
85.692, es de señalar que en su segundo párrafo, el art.
907 del Código Civil dispone que los jueces podrán también
disponer un resarcimiento a favor de la víctima del daño,
fundados
en
importancia
razones
del
de
equidad,
patrimonio
teniendo
del
autor
en
del
cuenta
hecho
y
la
la
situación personal de la víctima.
He de conjugar todo ello con la obligación
de seguridad precedentemente abordada. El incumplimiento de
esta
última,
morigerado
en
por
el
las
caso,
ha
de
particulares
ser
equitativamente
circunstancias
de
la
relación jurídica y la plataforma fáctica que nos ocupan.
En este sentido, comparto plenamente las afirmaciones de
Marcelo López Mesa y Félix Trigo Represas quienes expresan:
"La
equidad
sirve
de
válvula
de
seguridad
o
muelle
antichoque permitiendo al juez hacer lo que supone haría el
legislador, en un caso concreto, si hubiera tenido en vista
los
elementos
Responsabilidad
fácticos
de
esa
causa"
Civil",
p.
761-762).
("Tratado
Pues,
como
de
la
también
señala Juan Carlos Rezzónico, este principio de equidad
siempre debe tenerlo en cuenta el juez (art. 16 del Cód.
Civ.),
especialmente
tomando
en
consideración
las
circunstancias del caso (conf. "Principios fundamentales de
los contratos", ed. Astrea, p. 1999, p. 360-361).
Entiendo,
en
consecuencia,
que
el
resarcimiento debe limitarse al daño emergente. Y en este
sentido,
estimo
cuantificación
apropiadas
económica
las
que
al
consideraciones
respecto
contiene
y
la
sentencia de primera instancia.
En
función
del
principio
de
la
apelación
adhesiva, corresponde abordar los agravios vertidos por la
parte demandada a fs. 394 vta. y siguientes, que no fueron
atendidos por el tribunal a quo en atención a la manera en
que resolvió el caso. Las quejas allí vertidas en torno a
la
relación
constituir
de
una
pronunciamiento
causalidad
crítica
atacado
deben
desestimarse
concreta
sino,
y
antes
por
razonada
bien,
una
no
del
mera
disconformidad con lo resuelto, limitándose a exponer ante
la alzada una postura distinta de la asumida por el juez de
grado, introduciendo generalizaciones de carácter subjetivo
que concluyen en una discrepancia que se agota en su mera
enunciación (arts. 260 y 261, C.P.C.C.). En lo que hace al
punto de partida del curso de los
intereses, es en el
momento
en
exigible
del
la
acaecimiento
obligación
de
del
daño
seguridad,
que
razón
se
por
ha
la
hecho
cual
corresponde confirmar lo decidido en origen (art. 622, Cód.
Civ.).
Con
respecto
al
alzamiento
sobre
incapacidad
sobreviviente y daño moral, la manera en que propicio se
resuelva el sub lite toma abstracta su consideración.
IV. Con el alcance indicado, voto por la
afirmativa.
A
la
cuestión
planteada,
el
señor
Juez
doctor Soria dijo:
I. Comparto la solución propiciada por el
doctor Hitters.
Por
un
lado,
adhiero
a
los
fundamentos
expuestos en su voto con respecto a la interpretación y
aplicación de la ley 23.184 al caso (punto 2.1 de su voto).
Por
otro,
con
relación
a
la
denunciada
infracción al art. 1113 del Código Civil, dos órdenes de
razones me llevan a considerar que el recurso no prospera.
Tal
como
señala
el
colega
que
abre
el
acuerdo, la responsabilidad objetiva prevista en la citada
norma
comprende,
en
principio,
los
daños
derivados
del
riesgo o vicio de la cosa.
Para más, con respecto a la responsabilidad
derivada
85.692
de
eventos
(sent.
del
deportivos,
9-VI-2010),
como
las
sostuve
lesiones
in
re
C.
deportivas
sufridas por un jugador sólo dan lugar al deber de resarcir
cuando media un accionar que viola el reglamento del juego
y denota un obrar culposo por imprudencia o torpeza o,
claro está, cuando existe un obrar intencional dirigido a
provocar
el
daño
(conf.
Bustamante
Alsina,
J.,
Teoría
General de la Responsabilidad Civil, Ed. Abeledo Perrot,
Bs. As., 1980, pág., 488; Orgaz, ob. cit., pág. 189, Trigo
Represas, Félix A. López Mesa, Marcelo J., "Tratado de la
Responsabilidad Civil", Edit., La Ley, Bs. As., t. II, pág.
790, C.N.Civ., sala D, in re "Cotroneo" ya cit. id., sala
G, 28-IV-1988 in re "Arit. C. Ventura", "La Ley", 1990-B,
138; id., sala A, in re “Berman”, sent. de 6-IV-1995, con
nota de Mazzinghini (h), “Los daños en el deporte”. Una
sentencia severa pero justa, “La Ley”, 1996-C, 698); lo
cual descarta un régimen de responsabilidad objetiva. En el
caso,
los
accionantes
concurrencia
de
no
los
han
alegado
ni
mencionados
demostrado
parámetros
la
de
responsabilidad.
Desde
ya
que
quedan
al
margen
de
la
predicada irresponsabilidad aquellas hipótesis en que el
perjuicio sobreviene por la culpa o defecto en cuanto a la
seguridad o modalidades de la competición imputable al club
o
ente
organizador.
intensificación
del
En
estos
riesgo
casos
por
la
se
produce
una
provisión
de
instalaciones inadecuadas o uso indebido de cosas riesgosas
o viciosas, donde la autorización estatal del deporte y
participación voluntaria de los jugadores no excusan de
responsabilidad (Trigo Represas-López Mesa, ob. cit., págs.
792/793). Sin embargo, este supuesto no ha sido denunciado
por los accionantes.
II. Por los fundamentos expuestos, voto por
la negativa, con costas.
El señor Juez doctor Genoud, por los mismos
fundamentos del señor Juez doctor Soria, votó también por
la negativa.
El
mismos
señor
fundamentos
del
Juez
doctor
señor
Juez
Domínguez,
doctor
por
Hitters,
los
votó
también por la negativa.
Con lo que terminó el acuerdo, dictándose la
siguiente
S E N T E N C I A
Por lo expuesto en el acuerdo que antecede,
por
mayoría,
se
rechaza
el
recurso
extraordinario
de
inaplicabilidad de ley interpuesto, con costas (arts. 68 y
289, C.P.C.C.).
Notifíquese y devuélvase.
EDUARDO NESTOR DE LAZZARI
HECTOR NEGRI
JUAN CARLOS HITTERS
HILDA KOGAN
DANIEL FERNANDO SORIA
LUIS ESTEBAN GENOUD
FEDERICO GUILLERMO DOMINGUEZ
CARLOS E. CAMPS
Secretario
Descargar

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Capitulo IX Cuestiones fundamentales de la aplicación judicial •

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