CUERPO DE ROYAL MARINES
Una experiencia diferente.
Gonzalo Rosas Berardi
Teniente 2º IM
Durante los oscuros días de junio de 1940, cuando los recuerdos de las desastrosas derrotas de
Sedán y Dunkerke aún estaban vivos en la memoria de la nación británica, Winston Churchill prometió a
los súbditos del Imperio continuar la lucha hasta la derrota final germana. La desesperada situación de
las Fuerzas Aliadas exigía soluciones especiales para problemas especiales, creándose para estos efectos
el Comando de Operaciones Combinadas y las primeras unidades de Servicios Especiales. Los miembros
de estas unidades eran voluntarios cuidadosamente seleccionados, conocidos dentro de las fuerzas
aliadas como "Commandos". Los primeros comandos y rangers aliados efectuaron intentos poco
exitosos sobre la instalaciones costeras y de retaguardia alemanas en Europa ocupada, sin embargo, su
fama alcanzó las altas esferas del mando aliado cuando una importante base de submarinos alemanes,
en Saint Nazaire, resultó totyalmente destruida después de una incursión sorpresa.
Saint Nazaire constituyó uno de los muchos éxitos que coronaron las operaciones de comandos
aliados en la Segunda Guerra Mundial, aunque los desastres no fueron poco frecuentes y se
aprendieron duras lecciones en lugares como Dieppe, Rodas, Walcheren, etc. Estas operaciones
efectuadas bajo difíciles circunstancias, con medios inapropiados y, a menudo en situación de
inferioridad numérica y de material, debieron su éxito en gran medida a la excelencia alcanzada por la
Escuela de Commandos en Achnacarry, Escocia, donde se concentró el entrenamiento de todas las
tropas de Comandos y Rangers aliadas. Estos embrionarios Comandos mantuvieron el espíritu ofensivo
de las fuerzas aliadas en un momento en que sus tropas retrocedían en todos los frentes y aportaron
valiosas experiencias para la futura invasión de Europa a través de Normandía.
Después de la rendición del último baluarte del Eje, en Japón, las Fuerzas de la Commonwealth
sufrieron drásticas reducciones, resultando de ello que las funciones anfibia y de Comandos pasaran a
depender exclusivamente de los Royal Marines. De este modo la Escuela de Comandos se trasladó de
Achnacarry, en Escocia, a Plymouth, en Devon,y todo el personal de Royal Marines, a excepción de las
bandas de músicos, debió completar el entrenamiento de Comando, además del personal Naval y del
Ejército que operara normalmente con la Brigada de Comandos. Es así como nació el Commando
Traning Centre cuya ubicación actual es Lympstone a orillas del río Exe, en el Suroeste de Inglaterra.
Lympstone concentra toda la instrucción Básica, Intermedia, de Comandos y algunas de
especialistas, tanto para oficiales como para gente de mar, siendo su objetivo final la formación de
soldados eficientes y altamente motivados, capaces de operar en la más diversa variedad de escenarios,
en tareas anfibias o de comandos, integrados en Unidades grandes o en pequeñas partidas, su palabra
clave para el Infante de Marina es flexibilidad.
La formación de Infantes de Marina de estas particulares características requiere de un acabado
período de entrenamiento precedido por un riguroso proceso de selección. Según el Staff de
Instructores en Lympstone, es vital realizar una cuidadosa selección de los jóvenes postulantes, de
modo que sólo sean aceptados aquellos que posean el potencial para completar el entrenamiento. El
curso de selección para posibles reclutas, denominado PRC (Potential Recruits Course), agrupa a jóvenes
de entre 17 y 28 años que deberán someterse durantes tres días a un intenso proceso de test físicos, de
conocimientos, de aptitud de comandos, de liderazgo y a acuciosas entrevistas con sicólogos e
instructores, todo esto dentro de un marco de apretados horarios y rígida disciplina militar. El curso está
diseñado para desalentar a los débiles de carácter, a los aventureros y a aquellos de dudosas
motivaciones. Los instructores observarán cuidadosamente a sus potenciales alumnos, buscando en
ellos las cualidades de liderazgo, carácter, autodisciplina, capacidad de aprendizaje, autoconfianza y
estabilidad emocional, necesarias para completar con éxito el entrenamiento e integrar las Unidades
altamente especializadas de los Royal Marines. Estos Cursos de selección se realizan con frecuencia
variable a lo largo del año y rara vez sobrepasan la treintena de postulantes de modo que los
instructores puedan prestar una atención personalizada a cada uno de ellos, condición esencial para la
eficiente selección del futuro recluta.
La selección de Oficiales o POC (Potential Officers Course) se realiza dentro de los mismos
lineamientos generales del PRC pero con mayor énfasis en las pruebas de liderazgo y con pruebas
especiales de expresión oral y escrita. Los postulantes, además, deben poseer un mismo grado
académico de educación superior y muchos provienen de otras ramas de las Fuerzas Armadas
británicas. Desde el primer día son aceptados en la Cámara de Oficiales del Centro, donde podrán
compartir las experiencias de los jóvenes oficiales en entrenamiento y familiarizarse con el estilo de vida
y la etiqueta dentro de dicha Cámara. Los mejores postulantes son seleccionados para asistir a otro
período de pruebas con una Junta especial de Almirantazgo (Admiralty Interview Board), la que en
definitiva decidirá quienes son aceptados para una comisión en los Royal Marines.
Después de este arduo proceso de selección, los reclutas aceptados son agrupados en cursos de
entre 30 a 40 miembros con un Staff de Instructores compuesto de un oficial y tres experimentados
suboficiales que deberán guiarlos a lo largo de las 30 semanas de duro entrenamiento que les espera. El
entrenamiento comienza con un período de inducción donde el recluta aprende a vivir dentro de una
comunidad militar y bajo reglas que la rigen. Nada es pasado por alto y el recluta aprenderá desde
como lavar y planchar sus uniformes, a los diferentes beneficios de paga, asignaciones para
matrimonios, etc.
Una vez terminado este período de ambientación, el recluta comienza su entrenamiento militar
básico que se prolongará por 11 semanas y gran parte del cual se efectuará en las áreas de
entrenamiento alrededor de Lympstone. El equipo de instructores pondrá gran énfasis en el desarrollo
de la autodisciplina, iniciativa y responsabilidad individual, en especial durante los ejercicios en terreno,
donde los reclutas serán dejados, a menudo, solos en sus campamentos, aunque vigilados de lejos por
sus instructores. Rara vez se someterá a los reclutas a algún tipo de hostigamiento a menos que hayan
incurrido en una falta que amerite una lección ejemplar. Con esto se pretende que el recluta encuentre
la motivación y la disciplina en sí mismo, en lugar de buscarla en sus instructores. Sin embargo, esta
aparente suavidad en la formación del recluta no es tal, ya que la magnitud de las exigencias puestas
sobre él, tanto físicas como profesionales, lo ponen bajo una pesada carga de presión. El recluta conoce
desde el primer día las pruebas que deberá superar para ser admitido en un Commando y sabe
también, que depende sólo de él el superarlas, de modo que el Staff en Limpstone piensa que sus
elevadas vallas de entrenamiento son suficientes para filtrar de sus filas a los más débiles e irresolutos,
sin necesidad de recurrir a las diversas formas de hostigamiento tan comunes en otras organizaciones
militares. Este enfoque individual del entrenamiento es una característica muy particular de Lympstone
y proviene de la primitiva Escuela de Comandos, que juzgaba esencial formar hombres individualistas de
gran confianza en sí mismos, para operar lejos de sus bases logísticas, muchas veces sin apoyo de fuego
y de cuya resolución e ingenio dependía la victoria.
Antes de pasar a la siguiente fase de entrenamiento, el recluta deberá aprobar un ejercicio donde
será sometido a una serie de tests para determinar su dominio de técnicas tales como navegación
terrestre, mimetismo, observación, primeros auxilios y administración de campaña, entre otras. Fallar
cualquiera de estos tests significa la separación inmediata de curso y aunque las vallas son altas, el
esfuerzo desplegado por los reclutas es aún mayor. Una vez superada esta etapa se inicia el
entrenamiento avanzado, donde el recluta aprenderá a operar dentro de pequeñas formaciones
tácticas y se le iniciará en el aprendizaje de técnicas más avanzadas de combate como guerra química,
combate en áreas edificadas, operación de armas pesadas de infantería y tiro de combate con fusil y
pistola. Este período es particularmente duro ya que el recluta escasamente verá una cama o probará
una comida caliente en muchas semanas. Los instructores ejercerán gran presión sobre sus alumnos a
través de constantes ejercicios tácticos con escaso tiempo para dormir o comer, manteniendo siempre
un alto nivel de exigencia en todos los aspectos relacionados con el entrenamiento. Es en esta fase
cuando muchos alumnos ven flaquear sus voluntades, pero contrariamente a lo que podría pensarse,
son los instructores los que los conminan a seguir adelante reafirmando su confianza e imponiendo, con
su ejemplo personal, un reto que los fuertes e individualistas caracteres que han contribuido a formar,
no pueden resistir.
Paralelo a los aspectos netamente militares del entrenamiento, los Royal Marines asignan gran
importancia a la condición física del recluta y a su preparación para las duras pruebas de Comando, para
lo cual, Lympstone posee un Staff de instructores exclusivamente dedicados a esta tarea. Durante su
entrenamiento, el recluta deberá superar varias etapas de preparación física, cada una de ellas
coronada por diversos tests que deberá aprobar para pasar a la siguiente. La primera de estas etapas se
denomina entrenamiento físico inicial, donde el recluta será sometido a un programa de gimnasia sueca
destinado a fortalecer su musculatura de tren superior y su resistencia aeróbica. Luego de superar un
test físico inicial, el recluta comenzará la etapa de entrenamiento de circuito y de técnicas militares
básicas, donde las sesiones, realizadas en un gimnasio equipado con diferentes aparatos de apoyo y
cuerdas, tendrán por finalidad desarrollar la musculatura general del individuo e introducirlo a las
diferentes destrezas físico-militares que empleará en la siguiente etapa. Finalmente, el recluta pasa a la
última etapa de entrenamiento físico de combate, en la que deberá superar canchas de obstáculos de
asalto, puentes de cuerdas, obstáculos de altura y circuitos de acondicionamiento, todo esto, cargando
10 kgs. de equipo y un fusil. Para aprobar esta etapa y tener derecho a rendir las pruebas de Comando,
el recluta deberá pasar el Test Físico de combate que consiste en una sesión de canchas de obstáculos,
piletas de agua, cuerdas de 30 pies de altura y carreras con heridos simulados a la espalda, todo ello con
equipo de combate, pesando 15 kgs. Contrariamente a lo que se piensa, los Royal Marines no buscan
superatletas, sino individuos comunes que posean el suficiente carácter y fuerza de voluntad para
sobrellevar el inusual entrenamiento físico y superar las pruebas que se les imponen.
La última fase del entrenamiento del recluta y la más dura es el Curso de Comandos, que todo
Royal Marine debe aprobar para integrar las unidades del Cuerpo. Este curso se prolongará por 6
semanas y en él, el recluta aprenderá todas aquellas técnicas y destrezas que lo capacitarán para llevar
a cabo incursiones detrás de las líneas enemigas ya sea desde el mar o desde bases en tierra. Durante el
curso, los alumnos serán puestos en alerta de 20 minutos y enmarcados en una situación ficticia de
crisis, de manera que todo el entrenamiento que realicen, estará bajo la doble presión de encontrarse
en situación táctica. Los ejercicios se realizan en distintos lugares del Reino Unido, utilizando medios
anfibios y de aerotransporte, y los escenarios varían entre largas emboscadas en yermos con
temperaturas bajo cero, a violentas incursiones en lanchas rápidas sobre instalaciones y facilidades
portuarias enemigas. En los diversos ejercicios los alumnos aprenderán técnicas de supervivencia,
escalamiento en roca y asalto de acantilados, procedimientos en embarcaciones y en aeronaves,
reconocimiento de objetivos y conducta como prisionero de guerra, entre otros. El curso finaliza con la
semana de pruebas o Test Week, donde el recluta deberá realizar un curso de obstáculos de altura, una
carrera de resistencia de 7 millas con túneles y piletas de barro, seguida por una práctica de tiro de
precisión contra el tiempo, una marcha rápida de 9 millas en menos de 90 minutos y, finalmente, una
carrera de 30 millas (48 kms.) a completarse en menos de 7 horas. Todas estas pruebas se realizan con
15 kgs. de equipo y al final de ellas el recluta tendrá derecho a portar la boina verde de los Comandos
Británicos. Nada puede ser más significativo que las palabras del Comandante del Centro al final de esta
Fase, "bienvenidos a la familia", con la cual los jóvenes reclutas se gradúan como Royal Marine
Commando.
El curso para oficiales, denominado "Young Officers course", sigue la línea general de
entrenamiento del curso para reclutas, pero con una extensión mucho mayor, de 54 semanas, y con
inclusión de variados tópicos que facilitarán su labor como líderes. Es así como deberán pasar largas
horas, durante el período básico, escribiendo ensayos sobre diferentes temas militares o de actualidad,
además de asistir a eventos sociales, en el casino de oficiales, donde aprenderán las severas normas de
la etiqueta naval. Adicionalmente, se pondrá gran énfasis en el entrenamiento práctico de liderazgo,
donde el oficial será sometido a diversas situaciones simuladas en que deberá organizar partidas, tomar
el control de un determinado escenario, y llegar a una feliz solución para el problema planteado. El
período básico para oficiales concluye en forma similar al de reclutas con un ejercicio en terreno donde
deberán aprobar una serie de test individuales de combate, así como exámenes escritos y pruebas
prácticas de liderazgo (PLT).
Al término del período básico los oficiales comenzarán su entrenamiento táctico, donde
aprenderán a comandar pequeñas unidades en operaciones características de tropas de infantería. Esta
fase es eminentemente práctica y los alumnos pasarán la mayor parte de su tiempo en ejercicios en
terreno, realizando operaciones de patrullaje, ataque, defensa y de contrainsurgencia, entre otras,
todas ellas orientadas a las funciones anfibias y de comandos que cumplen los Royal Marines. Además
del entrenamiento táctico, los oficiales deberán cumplir un nutrido programa académico que incluye
lecciones de ética, conferencias sobre temas de relaciones internacionales, cursos de operador
computacional, programación de entrenamiento, administración de personal y análisis de operaciones
anfibias, entre otros. La presión sobre los alumnos en esta fase es bastante fuerte, en especial si se
considera que se debe compatibilizar el duro entrenamiento físico y de combate, con las exigencias
académicas propias de la educación de un oficial. La materialización de esta dualidad casi irreconciliable
es especialmente apreciada por la gente de mar que ve con gran satisfacción como sus futuros líderes
comparten su mismo sistema y exigencias de entrenamiento, debiendo superar las mismas pruebas y
haciendo uso de las mismas instalaciones, todo ello aumentado por una pesada carga de trabajo
intelectual.
La fase de entrenamiento táctico culmina con el curso de comando, muy similar al de gente de mar,
pero con mayor énfasis en el planeamiento de las operaciones y la emisión de órdenes. De este modo
los jóvenes oficiales deberán enfrentar duros ejercicios de patrullaje, incursiones anfibias y
aerotransportadas, sabotaje de instalaciones, asalto y control de naves en la mar, supervivencia,
resistencia a interrogatorios, evasión y escape, y técnicas de escalamiento en roca y asalto de
acantilados. Todo esto se efectuará dentro de un escenario simulado de conflicto bélico donde los
alumnos se encontrarán a 20 minutos de preaviso para embarcarse. Finalmente, los oficiales deberán
aprobar también los tests de comando con mayores limitaciones de tiempos y por rutas más
complicadas que en el caso de los tests para gente de mar, reforzando de este modo su posición de
liderazgo. Al terminar la prueba de las 30 millas, y para aquellos que hayan logrado superarla, les espera
la entrega de la boina verde, en una sencilla ceremonia de campaña, que es tanto más significativa por
cuanto prescinde del boato habitual de las ceremonias militares, siendo su verdadero realce los rostros
orgullosos y satisfechos de los alumnos graduados.
A diferencia de los cursos para gente de mar, el curso de oficiales no termina con la entrega de la
boina verde y los alumnos deberán aprobar varias etapas más antes de graduarse del Centro. Con el
curso de comando aprobado se esperará que el ofical tome un papel más activo de liderazgo y asuma
las responsabilidades inherentes a su grado. De esta forma los alumnos participarán en ejercicios
mayores con empleo de unidades operativas de comandos donde deberán asumir el mando de las
mismas y donde el enfoque de los instructores se concentrará en pulir sus destrezas militares y técnicas
de planeamiento y liderazgo. Además, los oficiales participarán en seminarios de guerra naval, y
deberán completar un curso de director de polígonos y supervisor de seguridad para prácticas con
munición y explosivos. Este período culmina con un embarco de dos semanas en Unidades de la Royal
Navy, donde el alumno conocerá, en la práctica, la operación de las naves de la flota. Las últimas
semanas de curso son dedicadas a los exámenes finales que deberán ser aprobados antes de la
graduación. Finalmente y después de 54 semanas de arduo trabajo, llega el momento de la graduación
final, donde los familiares y amigos verán desfilar las caras sonrientes de los orgullosos graduados que
en pocos días más tomarán el mando de diferentes unidades en el Cuerpo de Royal Marines.
Conclusiones.
Los Royal Marines ven, en su particular entrenamiento, su factor de fuerza más importante y aunque
usualmente perderán un 40% de la gente que inicialmente integra los cursos, los que logran graduarse
se caracterizan por su fortaleza de carácter, creatividad, iniciativa y potencial de liderazgo. La validez de
su sistema de formación fue aprobado con resonante éxito durante el conflicto de las Falkland y
continúa dando brillantes resultados en el presente conflicto e Irlanda del Norte. La boina verde de
comando, representa mucho más que una calificación de combate, su verdadera importancia reside en
que eleva a un grupo de hombres a un mismo status, les entrega un sentido de pertenencia que va más
allá de la simple adhesión a una unidad militar, elevando sus sentimientos de lealtad a auténticos lazos
familiares. El General Helmuth Von Moltke describió a las masas de soldados como chusma armada. La
intención del entrenamiento de comando es convertir a la chusma armada en formaciones inteligentes,
imaginativas y cohesionadas a un grado tal en que el Comandante tenga plena confianza en la
competencia de sus tropas; y donde las tropas sigan las directrices de su líder en una recíproca
interacción de mutua adhesión. En un mundo inestable, de cambios rápidos e imprevistos, las fuerzas
navales y militares de carácter flexible y de propósito múltiple, constituyen el camino hacia el futuro; y,
tal vez, la clave para la modernización de las unidades de nuestro Cuerpo de Infantería de Marina,
reside en un cambio de enfoque que nos lleve a una experiencia diferente en la formación y
entrenamiento de nuestro personal.
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