LECTIO DIVINA
Es una lectura profunda, jugosa, reflexiva y metódica de la Biblia, hecha en el
contexto de la vida real, que nos permite transformarnos a la vez con la realidad tal
cual es y con el mensaje de Dios, tal como nos llega, VIVO Y CÁLIDO, a través de la
Sagrada Escritura.
La Lectio Divina es al mismo tiempo un método de oración y de reflexión.
LECTURA DE LA BIBLIA. La palabra misma LECTIO significa LECTURA. Divina en latín
eclesiástico no significa “DIVINA”. Una buena traducción sería Lectura SAGRADA; al
mismo tiempo de la Biblia y de la EXPERIENCIA; lectura que da SENTIDO a la vida;
lectura como EJERCICIO SAGRADO.
Se formó en los siglos IV y V, en ese periodo constituyó la manera corriente
de leer la Biblia. Es un método que se encuentra en la misma Biblia. Fue la forma
principal de hacer teología en la Iglesia. Y una ciencia que predominó en la época de
san Benito, gran parte de su regla está cuajada de frases de la Sagrada Escritura.
El método es para asegurar que se haga una lectura profunda que llegue al
corazón.
Hay dos clases de lectura, la lectura de un libro de texto para informarnos de
hechos objetivos y estáticos, y la lectura de un relato en el nos identificamos con
sus personajes, lo cual implica sentimiento, corazón, imaginación, cosas todas
subjetivas y dinámicas. Los relatos son el medio por el que la cultura trasmite sus
valores, los padres cuentan a sus hijos hechos pasados de la familia para transmitir
sus propios valores que dan sentido a los porqués de la vida y de la propia familia.
De un modo parecido, cuando se ingresa en una comunidad religiosa, se le
cuenta la historia de la Orden por que se abraza a una comunidad con sus propios
valores y tradiciones; no por la enseñanza abstracta de unos libros de textos, sino
mediante relatos, memoria, esculturas, pinturas y arquitecturas, todo lo cual nos
sitúa a un nivel de vivencia. De esta forma los valores se transmiten casi sin darnos
cuenta. Los libros de texto enseñan directamente mediante hechos y los relatos lo
hacen de un modo indirecto. Con relatos se nos pueden comunicar cosas muy
profundas.
La Biblia constituye una colección de relatos en la historia del Pueblo de Dios.
Jesús cuenta historias, él mismo es una historia. La Biblia contiene proverbios y
leyes, pero todo en forma de relato.
En la Biblia Dios escribe una historia para
comunicar valores. Dios conoce muy bien la naturaleza humana, cuando quiso
enseñarnos valores y las profundas lecciones de la vida, lo hizo por medio de
relatos.
UNA HISTORIA VIVA. Dios nos envió una historia viva: JESÚS. La Lectio Divina
es una lectura de la historia. El camino más profundo para comunicarse con Dios y
para transmitir la Palabra de Dios a los demás, puesto que es el estilo en que fue
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escrita la Biblia. Tomemos la historia del paso del mar Rojo: los israelitas huyen
aterrados, Moisés extiende su vara, las aguas se retiran y los israelitas pasan sanos
y salvos, más libres que antes. Todos nosotros hemos tenido una experiencia
semejante: a nosotros Dios nos ha hecho aún más libres, aunque nos parezca que
no tenemos nada que ver con la experiencia del pueblo de Israel. En la Biblia
aprendemos nuestra propia historia. La Lectio Divina revela historias que no se han
de leer como historias del pasado, sino como algo que nos ayuda a comprender el
presente y mañana. Lo que sucedió puede suceder en nuestras vidas. La Lectio
Divina se basa en el principio de que la Biblia nos explica lo que nos acontece
actualmente. Se trata de descubrirlo en cada relato y también de celebrarlo
COMUNITARIAMENTE.
UN EJEMPLO: Isaías 43, 16-21 (leerlo). Este pasaje fue escrito cuando los
judíos vivían exiliados en Babilonia y condenados a la esclavitud. Isaías les
proporciona una enseñanza bíblica. Como exiliados, estaban sometidos a trabajos
forzados y se les explotaba. Aunque tenían su propio orgullo de ser un pueblo
elegido, y por esto, se sentían tratados de un modo que ofendía su dignidad.
CONTANDO UNA HISTORIA DEL PASADO. La enseñanza de Isaías se desarrolla
en tres partes:
1. Dios a los egipcios en su camino y acabó con ellos. Y antes los que escuchan
indiferentes, Isaías se les anticipa y prosigue: “No penséis en el pasado, mirad
que realiza algo nuevo. Vuelve a contar la historia para que puedan reconocer lo
que les está sucediendo en el momento presente (EN EL AQUÍ Y EN EL AHORA);
ese algo nuevo ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? Este es el método de la
Lectio Divina: se nos narra un acontecimiento pasado, para después mostrar que
se trata de algo presente y actual.
2. Por esto Isaías sigue contando: “Sí, pongo un desierto en el camino”. Al leer la
Biblia muchas cosas no se han de tomar al pie de la letra, ni tampoco se ha de
pensar que los acontecimientos pasados no tienen nada que ver conmigo, sino
que se han de leer como algo que arroja luz sobre el presente.
3. Una nueva comprensión que consiste en contar de nuevo la vieja historia, para
comprender el presente y el futuro, para que el viejo texto surja con una luz
totalmente nueva; éste es un ejemplo de cómo se hacía lectio divina en la Biblia.
Para nosotros la Biblia leída hoy correctamente no es un libro sobre el pasado,
sino de algo que se hace presente en lo que está sucedido actualmente: el
pasado y el presente se hacen actualidad.
LOS TRES NIVELES: La lectio es un proceso simple que se realiza a tres niveles:
lectura (LECTIO), meditación (MEDITATIO) y oración (ORATIO), y es el mismo para
todos, nosotros hemos añadido la rumitio que forma parte de la meditatio (aprender
el texto, o una parte del mismo, para recordarlo durante el día, como una oración
continua.
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La Lectio Divina nos facilita el comprender y gustar de Dios y como entendernos
a nosotros mismos. Es accesible para todos, tengan o no formación escriturística. En
la tradición monástica se leían los textos en voz alta para que los aprendieran de
memoria los que no sabían leer y todos participaran y se alimentaran de la Palabra
de Dios.
LECTIO = Lectura. Leer significa familiarizarse con el texto, leyendo en voz alta,
dejando que las palabras vayan penetrando en uno mismo. Las palabras son
importantes, con el significante (el sonido o conjunto de sonidos articulados, la
representación escrita de estos sonidos – por signos – que expresan una idea) y el
SIGNIFICADO (sentido de las palabras – la idea – objeto que se significa) por
ejemplo: la palabra LEON significante puede tener varios significados: León capital,
León provincia, león animal de la selva…
Es necesario amar las palabras, los sonidos, las metáforas (que trasladar el
sentido recto de los voces a otro figurado: por ejemplo “Yo soy la vid … y vosotros
los sarmientos…) Alegoría (que consiste en exponer, por medio de metáforas
correctivas, un sentido recto y otro figurado a fin de dar a entender una cosa
expresando otra diferente. La Lectio divina se basa en un gran amor al texto actual,
el aprobado por la Iglesia; leyendo las introducciones de la Biblia para poder
comprender el significado de los textos y el contexto en el que se hallan escritos.
LA MEDITATIO.- En la Lectio divina la meditación es poner en marcha la
imaginación para penetrar en el relato y reconocernos como parte del mismo. Así,
cuando leemos el paraje del siervo inútil (Lc 17, 7-10), la primera impresión es la de
un amo inconsiderado, injusto, pero alguien puede ver a un hermano en la figura
del siervo, que trabaja duramente, que siempre mira por la Comunidad y sólo
después se preocupa de si mismo. Eso es la meditación reconocer a alguien o así
mismo en los relatos; conocer a Jesús, la persona de Jesús en el evangelio (y por
extensión en todo la Biblia), para luego reconocerle en la vida de cada día, en las
personas y en los acontecimientos. Cada uno puede tomar la actitud más apropiada
en su momento:

Se puede preguntar cosas a los personajes que intervienen.

Ver cómo son transformados al contacto con Jesús, o por un hecho
maravilloso realizado por Dios en el A.T.

Qué camino se les pide seguir.

Como Jesús instruye a los apóstoles, cómo ora, cómo acoger …
Se puede escribir e ir anotando como Jesús oraba, acogía, educaba, de que temas
hablaba, de donde saca la parábola, en qué contexto la dice … Para pasar a la
actualización de la persona de Jesús, al momento presente, es Él quien me habla, el
que pregunta y camina, ora, perdona, ama …
Toda persona que entra en contacto con él no me es indiferente porque esa persona
puede ser yo mismo. El sólo hecho de escribir es muy importante, puede que así
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descubra con más facilidad, lo profundo, lo verdadero de la voluntad de Dios es mÍ,
revelada por su PALABRA.
ACTITUDES.SENCILLEZ: no razonar mucho; los muchos razonamientos matan el Evangelio.
NO MANIPULARLO: Llevando el agua al propio molino, intentar siempre el
máximo de objetividad.
Buscar la manera de entrar en comunión con la persona de Jesús, pidiendo al
Espíritu Santo tener los mismos sentimientos que tuvo con la gente.
Estar abiertos al misterio que se nos va revelando, en una actitud de
comprensión y de receptividad.
Dejarnos interpelar por Jesús, sorprender por la Palabra de Dios, SIEMPRE NUEVA.
Dar importancia a los detalles, todo es importante en la vida de una persona,
ellos nos descubrirán muchas cosas significativas.
RUMINATIO. En la antigüedad cristiana y, sobre todo, monástica, el término
meditativo reviste sobre todo dos sentidos: primero aprender un texto de memoria
a base de repetirlo en voz alta para seguir rumiándolos cuando no era hora de leer.
Segundo, recitar de memoria un texto determinado. Esta es una práctica que se
hacia desde antiguo entre los judíos. Dice el salmo primero: “Dichoso el hombre que
no sigue el consejo de los impíos…, sino que su gozo es la ley del Señor, y meditar
su ley día y noche”. Lo que pretendían, ante todo los monjes antiguos al practicar la
meditatio: ASIMILAR mejor lo que leían, asimilarlo por completo, mediante una
especie de masticación y digestión comparables a los rumiantes. Así aparecen los
vocablos RUMINATIO y RUMINARE como sinónimos de meditatio y meditare. La
rumia de los animales evoca el REPOSO, la QUIETUD, una total CONCENTRACIÓN,
una PACIENTE ASIMILACIÓN. Pero no es una concentración intelectual, sino que al
repetir con frecuencia una palabra o un texto, se saborea y asimila interiormente no
en la cabeza, sino en el corazón.
Se trata de SUMERGIRSE EN EL TEXTO profundamente para poder entender de verdad
lo que en él se nos dice: Saborearlo con el paladar del corazón extrayendo todo su
sentido de tal manera que nos inunde y sea parte de nosotros mismos, o nosotros
convertidos en hombres nuevos pos la Palabra de Dios.
Esta actividad ya no es tan sólo meditatio, sino que se convierte en oratio: una
respuesta cordial a la Palabra de Dios que ama y salva.
LA ORACIÓN.- La meditatio, pues, nos lleva a dar gracias a Dios, lo esencial
de la lectio divina es que oremos con espontaneidad, con palabras salidas del
corazón. Palabras de la Biblia que se convierten en nuestra propia plegaria. Palabras
dirigidas a Jesús por algún personaje del evangelio, o palabras del mismo Jesús. Y
volveremos al texto para SABOREAR UNA Y OTRA VEZ LA PALABRA. Esto poco a poco
nos va transformando en contemplativos, una vocación especial en la Iglesia, un
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estilo de vida en la que el texto bíblico se convierte en parte de nuestra vida, como
el aire que respiramos. Por la Palabra de Dios somos transformados individualmente
y comunitariamente: somos instrumentos de EVANGELIZACIÓN.
EL TIEMPO Y LA DISCIPLINA.- Ya hemos dicho que la Biblia son relatos que
nos comunican valores, como el relato habla a la imaginación y la lectura pretende
penetrar en el relato, lo reconocemos como nuestra propia historia y la de toda la
humanidad, creemos que Dios inspiró este libro para nosotros, para que podamos
encontrarlo en él, y este es nuestro acto de fe. Con esta apertura hacia la Palabra de
Dios nos afectará profundamente. Pero esto requiere tiempo, se puede dedicar
varios días al mismo texto; el pasaje ha de suscitar recuerdos profundos, recuerdos
olvidados, por los que quizás haya que pedir perdón a Dios, darle gracias, alabarle y
sumirse en una silenciosa adoración. Con esta experiencia aumenta el conocimiento
de Dios, de su obra salvadora, el amor, la confianza y el deseo de responder: EL
COMPROMISO.
Frecuente nos encontramos que el pasaje ha sido escrito para nosotros
mismos o PARA NUESTRA COMUNIDAD y nos descubrimos en él de un modo
personal. Hay personas que reciben palabras de Dios (REVELACIONES) pero la lectio
divina nos da un método y una disciplina para que esto acontezca, leer el texto una
y otra vez, con perseverancia, llegará a darnos su verdadero contenido, siempre
nuevo, sorprendente, aún que no nos guste, porque nos urja a romper con la
mediocridad de nuestra vida; por esto hemos de ser fieles al texto y a la experiencia
de Dios en nosotros: “TODO LO HAGO NUEVO” (Ap. 21, 5), el Señor recrea en
nosotros una persona nueva, la señal de esto es que oramos y que lo hacemos con
las mismas palabras inspiradas por Dios: EL ESPÍRITU ORA EN NOSOTROS (Rm 8, 15_
Gal 4,6).
DESCUBRIR UNA PAUTA.- La meditación es progresiva, los tres pasos: lectio,
meditatio, oratio, forman un ciclo. La lectura lleva a la meditación y repetición del
texto, esto nos lleva a la oración, la oración deja un poso, gusto, quietud, presencia
de Dios = CONTEMPLACIÓN (CONTEMPLATIO) y una necesidad de volver al texto,
hacer una nueva lectura, a descubrir nuevas pautas (señales, caminos, reglas). Un
ejemplo sería que no basta con ser sanado, hay que volver atrás y hay que admitir
que hemos sido tocados por Jesús, pero no queremos remontarnos a experiencias
humillantes y, en cambio es importante que lo hagamos. Así, a partir de un
recuerdo, comenzamos a empalmar con otros sucesos de nuestra vida, descubrimos
la acción salvadora de Jesús y la meditación se hace más profunda, esto requiere
tiempo. La Palabra de Dios me revela aspectos de mi propia historia, sobre mi
propia personalidad. Esto me llevará a comprender y respetar a las personas a las
personas, salvadas y amadas por Jesús, a respetar y amar a la comunidad, salvada y
amada por Jesús. Gradualmente descubriré que la Palabra de Dios me lleva a la
realidad de la vida, al compromiso, al servicio, a ser más universal, porque la
Palabra de Dios es universal.
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LA SABIDURÍA.- En la lectio divina no empezamos por principios generales, sino por
el simple texto, que nos lleva a la meditación, a los recuerdos, a la plegaria y a la
interioridad: LA VIDA, LA SABIDURÍA. Para que la sabiduría de Dios vaya calando en
la persona hace falta tiempo; nadie puede enseñar y llegar a lo profundo, al corazón
del hombre, sino sólo Dios y esto se hace posible por la lectio divina. El don de la
sabiduría que no se somete a reglas que no se puede programar porque
simplemente ACONTECE.
La sabiduría de la lectio divina es una profundización, una intuición del corazón y
lleva a la celebración. Esta intuición es nueva, no radicalmente nueva, sino que
abriéndose progresivamente, es una experiencia de conversión. Y lleva a la acción.
La sabiduría es muy simple y a la vez muy profunda y no requiere una gran
formación, sino mas bien método y fidelidad.
LECTIO DIVINA Y PLEGARIA CONTEMPLATIVA. La lectio divina es un camino de ida,
una vía hacia la comprensión de Dios, de la comunidad y de nosotros mismos, a
medida que avanzamos nos damos cuenta de los comos y PORQUÉS de nuestra vida
personal y comunitaria; cómo vamos integrando todo lo que constituye el
patrimonio monástico es nuestra vida, la moral, la ascética, la espiritualidad, etc…;
por medio de la lectio la integración se hace de un modo natural. A los tres niveles
de lectura, meditación y oración, se enriquece la última la CONTEMPLACIÓN que es
como el SABOR, el GUSTO de Dios.
PLEGARIA-ORACIÓN DIFERENCIA – El nivel de la oración en la lectio divina contiene
dos pasos.
- Al primero se le podría llamar oración diferenciada; tan pronto como el texto de la
Escritura provoca un recuerdo personal, meditamos sobre ello y esta meditación nos
conduce a diferentes tipos de oración, de acción de gracias, de humildad y de
petición. En la acción de gracias leemos nuestra propia historia, p.j.: “Yo, Señor, te
doy gracias por Jesús, por el modo como curó a los leprosos… Te doy gracias por
las experiencias de curación en mi vida.
- En la segunda nos sentimos más humildes, p.j.: “Yo, Señor, me doy cuenta de que
en mis curaciones nunca he vuelto atrás para reconocerlo, y así es, que nunca he
tenido una profunda curación…”.
- Finalmente, ésta la petición: “Yo, Señor, pienso en los leprosos que hay en nuestra
sociedad; envíales a Jesús, o a alguien que los ayude…”
De estos tres tipos de plegarias, la los más olvidados son los primeros: los de la
acción de gracias y de la humildad. Estamos más acostumbrados a la plegaria de
petición, La verdadera señal de que estamos haciendo lectio divina es que
celebremos que Jesús esté vivo, en nuestra vida y en la de los demás. Esto lleva
tiempo, honestidad y profundidad. Del mismo modo necesitamos humildad para
poder descubrir la plenitud de sentido en nuestra vida, es el primer paso de la
oración. La lectio divina ha de curar las heridas personales y de la comunidad,
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porque conduce a una oración más humilde, a una acción de gracias verdadera, por
la obra de Dios en mí y en los hermanos, a vivir en una PLENA COMUNIÓN.
LA PLEGARIA SIMPLIFICADA (oración simplificada) Si dedicamos a la meditatio el
tiempo suficiente hallaremos que está sucediendo en la oración, que se hace
sencilla, más contemplativa, más real. El proceso simplificador actuar en dos
direcciones: primero nos concentramos en pocas palabras p.j.: “Yo, Señor, soy un
siervo inútil, me levantaré y te serviré” o “levántate y anda” o “levántate y sigue tu
camino” o “cuando fui a presentarme, vi que estaba curado”… Nos sentimos felices
usando una frase sencilla.
El segundo paso hacia la simplicidad se da cuando ya no distinguimos entre
alabanza, humildad y petición. En la tradición de la lectio divina no hay un método
para la CONTEMPLACIÓN, sino que toda la vida del monje está impregnada de la
Palabra de Dios que SE HACE VIDA EN ÉL: lectio, meditatio-ruminatio, oratio,
contemplatio…: ES UNA VIDA EN DIOS = Teología.
LA PLEGARIA DEL CORAZÓN. Llegamos al tercer nivel cuando decimos las palabras
no con los labios sino con el corazón. No es algo destinado sólo para los místicos,
sino para todos, ya que todos estamos llamados a la unión con Dios. A veces, brota
sin pensar, mientras estamos ocupados en un trabajo manual, la antífona de un
salmo, sin analizar las palabras; un texto bíblico que nos llama la atención y que
nos infunde paz, que nos hace sentirnos más en Dios, unidos a los hermanos y con
la creación entera. El método de la lectio divina hace que se viva lo sagrado, la
presencia de Dios, como algo normal y permanente, dando respuesta y sentido a la
propia vida, a la vocación.
LA SANTIDAD PARA TODOS.-A la oración estamos llamados todos. Todos estamos
llamados a la santidad. La Lectio divina da unidad a la reflexión teológica y a nuestra
vida de oración. No debemos huir, por muchas ocupaciones que tengamos de la
experiencia diaria de Dios que se acerca a nosotros mediante su palabra y hace que
brote en nosotros una respuesta de vida de oración; no hemos huir del encuentro
diario con la Palabra de Dios para poder tener momentos de oración contemplativa.
La misma experiencia del pecado nos hace comprender que somos pecadores y que
por Jesús somos curados, sólo hay que permanecer humildemente en la presencia
de Dios, esto conduce al silencio, a descansar en Dios. Es algo muy distinto a leer la
Biblia de un modo moralizador. Descubrimos que no somos como Jesús, pero
oramos para ser como Jesús y nuestra oración es activa. Si en la meditatio
reconocemos las huellas de Jesús en nuestras vidas, descansemos en esto y nos
daremos cuenta de que LA VIDA DE JESÚS EN NOSOTROS ES LO MÁS PROFUNDO QUE
PODEMOS TENER. Lo importante no es orar para que acontezca algo, sino para
descansar en el hecho de que ya acontece: “MIRAD QUE REALIZO ALGO NUEVO; YA
ESTÁ BROTANDO ¿NO LO NOTAIS?” (Is 43, 19).
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LA INTEGRACIÓN DE LA ORACIÓN Y LA VIDA. Una de los grandes bendiciones de la
lectio divina es que nos hace capaces de remontarnos a la primitiva iglesia que
integró la vida de oración en la liturgia, la vida personal, trabajo, estudio, el
apostolado: EN UNA VIDA CONTEMPLATIVA – EN UNA ORACIÓN CONTINUA; todo
acaba siendo un único ejercicio.
El mundo sufre las consecuencias del pecado, pero la gracia nunca cesa y por eso lo
celebramos.
La lectio divina nos ayuda a todos a orar con un sistema que se adapta al ritmo de
cada persona y al de la vida diaria. No debemos consentir que nos invada el deseo
consumista de buscar ardientemente lo que nos satisface; porque en realidad es un
escapismo que pretende evitar el desafío de la ración. La disciplina de la lectio
divina consiste en permanecer en el relato bíblico y profundizar en él; el método es
profundo pero sencillo y no requiere medios, lo único la Biblia, no se necesita más;
es igual para todos: PALABRA DE DIOS. Dios está en ella. Gracias a la lectio divina,
no hay nada más elevado en la vida de oración de la Iglesia. La lectio divina rompe
con la compartimentación de la vida y de la oración, muestra que la contemplación
lo es todo en la vida y no está limitada a una élite.
¿La lectio divina es individual o comunitaria? De hecho es ambas cosas. La lectio
divina es una experiencia muy honda de Dios, y es necesario que haya, exista
interacción entre la comunidad y nuestra vida personal de oración. Se podría hacer
la experiencia de hacer la lectio comunitaria tomando un mismo texto durante una
semana y a la semana siguiente compartir nuestras experiencias sobre el texto.
Sobre todo, hay que tener en cuenta, que la oración personal sobre el texto requiere
tiempo, pero la participación también es necesaria. Cada persona es profunda y su
experiencia preciosa, muy valiosa. No estamos todos cortados con el mismo patrón,
esto se olvida frecuentemente, con perjuicio para la comunidad, cada miembro de la
comunidad tiene centros de interés muy distintos y por eso su lectura del relato
resulta también distinta; dejemos que la comunidad descubra lo que la Palabra de
Dios le dice.
¿DÓNDE SE QUEDA LA ACCIÓN? La lectio divina no deja al monje fuera de la
realidad. Es un método para introducirse en la unión con Dios mediante la lectura de
la Biblia. En la meditacio es el lugar en el que la experiencia de la vida y el texto de
la Biblia se encuentran. Esto ha de llevar a un compromiso en el actuar y al mismo
tiempo a la oración contemplativa. La lectio divina nos lleva un auténtico
seguimiento de Jesús. Es un método de reflexión que se orienta a la oración, pero al
permitirnos juzgar nuestra situación presente a la luz de la Biblia, ha de conducirnos
a la acción.
Leer la Biblia, leer nuestra propia experiencia, mi experiencia, tu experiencia, su
experiencia realizada en el pasaje bíblico. Tomemos por ejemplo la cura de los diez
leprosos (Lc 17, 11-19), sólo uno vuelve a Jesús y le da gracias, esto tiene muchas
lecturas, tantas como hermanos hay en la comunidad, habrá quién escogerá ésta: te
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acuerdas, por ejemplo, de una vez que te curaste de algo, pero luego te olvidaste,
querer olvidarse que se fue drogadicto, atenazado por una pasión, por un vicio …
cualquier cosa, es no estar del todo curado. Y esto lo podemos percibir y
comprender cuando sucede también a otros hermanos de la comunidad y a ella
misma. En la oración entiendo el relato evangélico, no basta con ser curado, sino
que es necesario tomar conciencia de ello, esta es mi historia y también la de mis
hermanos. La historia bíblica se realiza en todos nosotros, pues es una historia
humana que toca la vida misma. La lectio divina no es nunca centrífuga, sino que se
expande y se encarna en todas las personas. La Biblia es un libro humilde al servicio
de todos.
¿PORQUÉ REPETIR EL TEXTO EN LA LECTIO DIVINA? El texto bíblico hay que amarlo,
eso sí; expresado en el lenguaje de hoy, con buenas traducciones. Pero supongamos
que en la Eucaristía el celebrante dijera: “hemos oído tantas veces este pasaje del
Evangelio que no es necesario repetirlo y vamos a pasar directamente a la homilía …
Todos mostraríamos desacuerdo, porque necesitamos escuchar el texto una y otra
vez, porque lo amamos. Por muy buena que sea la homilía, omitir la Palabra de Dio
sería un error, porque la Biblia no es sólo un mensaje en un relato sino que contiene
muchos si lo leemos una y otra vez.
¿CON QUÉ TEXTOS COMENZAR? Un buen texto para comenzar el Evangelio del
domingo, que debería ser el núcleo, la tónica de la semana para integrar la reflexión
bíblica y teológica con la vida de oración.
¿QUÉ HACER CUANDO HAY UN ACONTECIMIENTO EN LA COMUNIDAD QUE RECLAMA
UNA PALABRA ESPECIAL? La lectio divina no está reglamenta ni tiene un orden fijo,
podemos comenzar por el acontecimiento y meditar sobre él, luego seguir con la
plegaria y el texto bíblico, pero sin manipularlo. Lo que no podemos hacer,
adueñarnos de la Palabra de Dios y usarla fuera de contexto para aplicarla a lo que
nos convenga. En el leccionario es la Iglesia la que escoge el texto, un mismo texto
lanza su mensaje en situaciones muy distintas, no hay por qué hacerse un índice de
textos para cada coyuntura.
La lectio divina proporciona un espacio en el que cada uno puede expresarse
por sí mismo, reflexionar sobre lo que significa ser un servidor de Jesús hoy en día.
Lo que cuenta es la humildad y la imaginación para descubrir la presencia de Dios,
adecuar nuestra vida a la vida de la Biblia, interpretar la historia de Jesús, vivo hoy,
discernirlo, celebrarlo. Es una señal de que Jesús vive, no hay que ir a otra parte
para descubrir que Jesús está vivo y actúa hoy, basta con saber leerlo en la historia
personal de cada uno, vivir nuestra fe aquí y ahora. Para esto es necesario el método
y no dejarlo a la improvisación. La lectio divina tiene un método con una larga
tradición que se remonta a los orígenes del monacato, constituye la base de la
formación monástica, es un estilo de vida. La Biblia constituye a la comunidad como
lo hace la Eucaristía.
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