Desde hace unos meses suena y resuena en los

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INFLUENCIA MEDIÁTICA EN LA SENSACIÓN DE INSEGURIDAD
Desde hace unos meses suena y resuena en los medios de comunicación una
cantinela repetitiva sobre la alarma de la población en cuanto a la seguridad ciudadana.
Noticias sobredimensionadas sobre casos aislados de hechos delictivos y reportajes
especiales sobre el impacto delincuencial en nuestra sociedad.
Lo curioso e intrigante de todo este despliegue mediático es que esta inseguridad
ciudadana que nos quieren insuflar machaconamente, a golpe de letras e imágenes, no se
corresponde, en absoluto, con la realidad. Es más, los índices de criminalidad se están
manteniendo o, como en muchas comarcas, descendiendo levemente. Y es que hoy en
día, gracias a las nuevas tecnologías y protocolos policiales de coordinación, manejamos
estadísticas, conjuntas y en caliente. Son, sencillamente, datos reales y no sensaciones.
Dicho esto, si nos fijamos en otras épocas de crisis económica, también ocurría lo
mismo. Entonces, ¿qué es lo que sucede?. ¿quién causa esa sensación de inseguridad?
Según parece, tenemos a la crisis económica como principal causante. Ésta se ha
extendido como una metástasis en las diferentes capas de nuestra sociedad y uno de los
tópicos que se han venido manejando es cómo esta situación puede repercutir en los
índices de delincuencia. Esto es, en una gráfica frase, si los parados van a tirar por el
camino del robo.
Desde luego no parece lógico que, de la noche a la mañana, un vecino honrado de
toda la vida se transforme en ladrón porque se vaya al paro o se le acabe la prestación
económica de la Seguridad Social. Lo que sí se puede intuir es que el conflicto social y el
familiar se disparen y, por consiguiente, aumenten otros tipos de delincuencia que no
tienen que ver con los delitos contra el patrimonio, como pueden ser las agresiones,
maltratos, insultos y amenazas, fruto de la crispación entre los integrantes de una familia
ante la falta de recursos y de salidas o proyectos de futuro.
Existen estudios que demuestran que índices elevados de desempleo no mantienen
relación directa con niveles altos de delincuencia. Sólo en sociedades de baja renta
económica donde una crisis económica grave puede afectar a aspectos fundamentales
del individuo (ya de por sí deteriorados en tiempos de bonanza) como es el de la
alimentación, posibilitan la aparición de robos. Quizás también en nuestro país se detecte
una subida de hurtos de primera necesidad en los supermercados, ejecutados por personas
que, por vergüenza, antes de acudir al Banco de Alimentos o a Cáritas, se decidan por el
hurto famélico o de imperiosa necesidad. Pero, de ninguna de las maneras, esto justificaría
la campaña mediática que estamos soportando.
Todo esto incita a que la gente reclame planteamientos y estrategias más punitivas
en la sociedad, demandando más policía y más dureza de la justicia para luchar contra la
delincuencia, sin pensar que las consecuencias de tal petición pueden ser lesivas y
limitativas contra las libertades individuales, de tal manera que si se cumpliesen sus
exigencias puedan arrepentirse. Suele haber una relación inversamente proporcional entre
libertad y seguridad. La gente pretende vivir en sociedades extremadamente seguras, pero
éstas conllevan grandes limitaciones de libertad.. “Ten cuidado con lo que pides, no sea
que te lo concedan”.
Así el reconocido sociólogo Darío Melossi dice que la relación entre los niveles de
delincuencia y el ciclo económico de una sociedad no ha sido comprobado, pero lo que sí
ha sido demostrado es la relación entre ciclo económico y tasas de encarcelamiento. El
número de personas que se encarcela aumenta cuanto mayor es la recesión o crisis
económica, aún cuando la cifra de delitos disminuya. Quizás, digo yo, sea la presión
ejercida por los medios la que provoque una diferente valoración judicial a la hora de
enjuiciar.
De todas maneras, en cambio, parecería más lógico que en época de bienestar
económico, de vacas gordas, existan más oportunidades para el delito contra el
patrimonio y, a pesar, de cometerse una cifra igual o mayor de ilícitos penales, los medios
de comunicación no disparan sus alarmas, contradictoriamente.
Así las cosas, el otro día, en un programa de televisión con “tertulia”, hicieron un
receso para ofrecer un único consejo publicitario o anuncio en medio de unas noticias
sobre inseguridad ciudadana, y saben los lectores quién se anunciaba, pues ni más ni
menos que una empresa de venta e instalación de alarmas. Esto enseguida me hizo pensar
en que, durante una crisis económica, hay que peinar los presupuestos y los primeros gastos
que se eliminan en las empresas son publicidad, prevención y seguridad. Esto es, aquellos
programas que no son cortoplacistas. Por tanto, es lógico que las empresas de seguridad
necesiten equilibrar sus cuentas de resultados y no parece descabellado pensar en una
estrategia de contraataque bien diseñada, que no sólo paralice las intenciones de recortes
en seguridad sino que aumenten los gastos en esta materia, creando necesidades al
pregonar que viene el lobo.
Por tanto mi mensaje a los medios de comunicación es que cuando hablen de
fuertes aumentos de los índices delincuenciales, no se contagien de sensaciones
transmitidas por diferentes sectores gremiales o de testimonios en caliente de las víctimas, si
antes no han contrastado los datos estadísticos oficiales porque, sencillamente, sus
consecuencias pueden ser peligrosas, se está desinformando y se está haciendo el juego a
estrategias del sector de la seguridad privada.
César Pérez Toledo
Presidente de AJEPLE-EUBE
Asociación de Jefes de
Policía Local de Euskadi
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