En este caso, también se puso en duda su competencia... Fiscal, en base a la falta de jurisdicción española para...

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Garzón y la democracia (La Opinión, 24-04-2010)
En este caso, también se puso en duda su competencia jurisdiccional por parte del Ministerio
Fiscal, en base a la falta de jurisdicción española para actuar contra los presuntos autores de
genocidio en Argentina. Sin embargo, a partir de 2004, el relevo del Ministerio Fiscal permitió al
nuevo fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, defender la competencia española
para juzgar crímenes de lesa humanidad. Gracias a una interpretación más abierta de
genocidio por parte de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que considera que la
persecución por motivos políticos suele ir unida a la persecución por motivos raciales o
religiosos, y por tanto se encuentra incluida en el tipo de genocidio, se desarrollaron los Juicios
de Madrid, en base al principio de jurisdicción universal aplicable por un país diferente de aquél
donde se cometieron los crímenes.
Ahora se puede plantear una situación inversa: la aplicación del principio de jurisdicción
universal que impulsó los Juicios de Madrid, y que permitió perseguir los crímenes de lesa
humanidad cometidos en Argentina durante la dictadura militar de Videla, en un tiempo en que
tales crímenes eran impunes en el lugar donde fueron cometidos en virtud de las Leyes de
Punto Final y Obediencia Debida, podría permitir a otro país (por ejemplo, la propia Argentina,
en la que ya se ha presentado una querella en este sentido) investigar los crímenes del
franquismo, a partir de la negativa a hacerlo por parte de la justicia española, amparándose en
la Ley de Amnistía de 1977. Esta posibilidad ya ha sido prevista por parte de algunos
magistrados de la Audiencia Nacional, precisamente los que consideraron que el juez Garzón
sí era competente para juzgar tales crímenes. Sin embargo, el juicio a las Juntas Militares que
gobernaron en Argentina de 1976 a 1983, y la apertura de centenares de causas en la justicia
ordinaria argentina a partir de 1995 (los llamados “juicios de la verdad histórica” contra los
civiles y militares involucrados en el terrorismo de Estado, que han permitido procesar hasta la
fecha a más de 400 personas), no tendrían paralelo en el caso español, porque los presuntos
represores españoles ya han muerto.
En buena técnica jurídica habría que partir de los hechos probados, esto es, de la existencia de
represión y del ejercicio del terror durante la dictadura franquista, de si hubo torturas,
desapariciones forzosas y ejecuciones extrajudiciales en los 40 años de dictadura militar,
porque tales hechos son constitutivos de crímenes de lesa humanidad, que no prescriben y
que son el contenido material de la Justicia Penal Universal. Ésta se realiza a través de dos
vías jurisdiccionales: la vía de la Jurisdicción Internacional, mediante el Tribunal Penal
Internacional, los Tribunales Penales Internacionales ad hoc (como los de Yugoslavia o
Ruanda), y los Tribunales Penales Mixtos; y la vía de la Jurisdicción Nacional o Jurisdicción
Penal Extraterritorial, que habilita a cualquier Estado para actuar en defensa de los intereses
de la comunidad internacional contra los crímenes de lesa humanidad (instruirlos, reprimirlos y
sancionar a los culpables), con independencia del lugar de la comisión y de la nacionalidad de
sus autores. Y, precisamente, en España, el principio de la jurisdicción penal extraterritorial
quedó definitivamente respaldado en el desarrollo de los Juicios de Madrid por la sentencia del
Tribunal Supremo de julio de 2007, que aumentó la pena impuesta a Adolfo Scilingo por la
Audiencia Nacional de 640 años a 1084 años de prisión. En España, aunque el actual Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, ya ha
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Garzón y la democracia (La Opinión, 24-04-2010)
declarado no estar de acuerdo con la acusación de prevaricación que se le imputa a Baltasar
Garzón, creo que predomina tanto en la fiscalía como en la judicatura española una visión
contraria al juez Garzón, denominado despectivamente como juez estrella, por encima del
reconocimiento internacional de su actuación en los delitos de cuello blanco, los de corrupción
política (en los que ha dictado autos de prisión incondicional para políticos de todos los
colores), los de narcotráfico y los de terrorismo, a los que hay que añadir la solicitud de
extradición española en el caso Pinochet, la primera orden de detención internacional contra
Galtieri, la primera extradición fundada en la Jurisdicción Universal del argentino Cavallo, y
ahora, el primer intento de acabar con la impunidad de los crímenes de la dictadura franquista y
reparar a los más de 100.000 desaparecidos y a los 30.000 niños arrebatados a sus madres.
Teresa Vicente es Profesora de Filosofía del Derecho de la UMU y miembro del Foro
Ciudadano
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