Salvaje sureste (La Opinión, 17-07-2010)
Con el asunto de la aplicación de la nueva Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud
sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, mal conocida como Ley del
Aborto, la conducta normal de un dirigente político normal en una sociedad democrática,
también habría sido la de anunciar su cumplimiento, aunque personal o religiosamente no le
gustase tal Ley. Pero, una vez más, la derecha local ha preferido echarse al monte de la
insumisión, con alguna novedad sobre excursiones anteriores. Por ejemplo, el señor presidente
ha dicho: «Si acato la ley del aborto será por imperativo legal», argumento que recuerda al
utilizado tiempo atrás, a la hora de acatar la Constitución, y para poder mantenerse de manera
cínica en las instituciones del Estado, por el grupo más radical del nacionalismo vasco
independentista, ese al que el señor Aznar llamó movimiento vasco de liberación. No sabemos
si será por esto o por las secretas conexiones entre los diferentes nacionalismos, en este caso
entre el muy radical vasco y el hidráulico de corte murciano, pero el hecho es que el
argumentario básico se parece como una gota de agua a otra.
Aunque el brote de acatamiento por imperativo legal no ha durado mucho, en el sentido de que
el señor Valcárcel ha anunciado la aplicación de la Ley tras ponerla a caer de un burro, el plazo
ha sido suficiente para que otros insumisos de largo recorrido hayan echado una manita en el
torpedeo de la Ley. Le ha sobrado tiempo al señor obispo de la diócesis para darle un repaso a
la norma y, sobre todo, a sus autores intelectuales y materiales, a los que, como poco y a
juzgar por las palabras del representante de la jerarquía eclesiástica, les espera un infierno
especial para ellos. Esta jerarquía habla con mucho conocimiento de causa de los infiernos,
pues se ha aplicado, en no pocos casos, a su establecimiento sobre la Tierra, para luego poder
pasear bajo palio a sus gestores más sanguinarios. Cuando esos gestores han sido imputados
como criminales contra la humanidad, la jerarquía ha seguido a lo suyo impasible el ademán.
Como impasible sigue en el incumplimiento de la fiscalidad española, democrática y
constitucional, a pesar de los requerimientos de la Comisión Europea al Gobierno de España
para que sean cancelados los privilegios medievales de la Iglesia católica en este terreno. Hay
que ver lo refractarios que son a los impuestos la Iglesia católica y la derecha política; se diría
que incluso más que a los abortos.
No obstante, unos y otros, el Gobierno regional y la jerarquía eclesiástica, que tanto se aplican
al deterioro moral y material de la sociedad de su entorno, siguen impartiendo doctrina a toda
máquina, con ese fervor tan útil para fidelizar a una parte de la base social y la clientela política
de ambas instituciones, justo la más cavernaria. Éste aparece como el objetivo fundamental de
los desvaríos en torno a una Ley que, entre otros aspectos, supone un paso más en el
reconocimiento de la libertad de cada mujer para tomar la decisión que consideren más
adecuada en ese territorio tan estrictamente suyo, que no debe ser invadido ni siquiera por sus
padres, salvo que ellas lo pidan.
Desde luego, si hay un grupo social sin ninguna autoridad moral para sentar cátedra en tales
asuntos esa es la jerarquía de la Iglesia católica, y mucho menos tras su papel, que el propio
Papa Ratzinger ha denunciado, en los abundantes casos de pederastia que se van conociendo
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aquí y allá.
Si el señor presidente de la Comunidad Autónoma y el señor obispo de la diócesis están
verdaderamente interesados en reducir la tasa del 16,59% de abortos, en 2008, por cada mil
mujeres murcianas entre 15 y 44 años (la más alta del país), podrían aplicarse a reducir el
diferencial de tasa de paro entre la Región de Murcia y España, o las diferencias de renta con
el Estado, o la no convergencia ni en renta ni en salarios reales, o en mejorar la disponibilidad
de viviendas para jóvenes, o en reducir la tasa de temporalidad de las mujeres, o en ofrecer a
los jóvenes una cierta confianza y seguridad para el futuro, que están muy vinculadas a la
estabilidad en el empleo y a salarios decentes. Mientras no sean capaces de mejorar todo esto
con respecto al entorno en que vivimos, lo más honesto es permanecer callado y acatar todas
las leyes, también las fiscales.
Manuel Tovar Arce es miembro del Foro Ciudadano
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2010/07/17/salvaje-sureste/258934.html
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