COMPAÑEROS DESCONSOLADOS QUE ENFRENTAN LA PREGUNTA MÁS DIFÍCIL:
¿AHORA QUIÉN SOY?
Por Myra Christopher
Crees que su
Muerte es lo peor
Que podía pasar.
Pero entonces permanecen muertos.
-"Haiku desconsolado" escrito por Donald Hall poco después de la muerte de su esposa, la
poetisa Jane Kenyon.
XXX
Nadie que conociera a Bonnie y Bud Story se sorprendió cuando, luego de que se le
diagnosticara cáncer del esófago a Bud en 1992, Bonnie dejó la enseñanza y todo lo que no fuera
dedicar sus energías al cuidado de su esposo. Al fin de cuentas, había cuidado a Bud la mayor parte
de su vida.
Sus abuelos habían estudiado en la universidad empresaria juntos y habían sido amigables
competidores en el pequeño pueblo de Charleston, Montana. Sus madres se habían embarazado al
mismo tiempo y hacían bromas acerca de cuál nacería primero. Ganó Bonnie por cuatro días.
Dormían en la misma cuna. Se criaron juntos y estuvieron en las mismas clases. Noviaron
intermitentemente en la escuela media y se casaron antes de terminar la universidad, se instalaron
en Charleston como granjeros y criaron cuatro hijos.
En los 18 meses que Bud peleó por su vida, Bonnie hizo lo que todos sabían que haría. Ya
fuera en su hogar, en la Clínica Mayo en Rochester, Montana o en una clínica de tratamiento
alternativo para el cáncer en México, sabía exactamente cómo ser la señora de Albert Loebe Story
jr. Aprendió rápidamente a cuidarlo y defendió los intereses de su marido.
Luego de la muerte de Bud, no se acomodó a su nuevo papel tan rápido.
"Durante todo un año lo que quería hacer era dormir y mirar la televisión", dijo Bonnie. "Ni
siquiera me gusta la televisión. Estaba entumecida. No sabía qué hacer.
"Estaba tan ocupada buscando algo qué hacer, a dónde ir. Por primera vez en mi vida me
sentí totalmente sola y sin orientación, sin timón".
Los miembros de su comunidad estrechamente unida se sorprendieron cuando Bonnie no
sólo no volvió a enseñar después de la muerte de Bud, sino que se mudó de Charleston. Primero se
mudó a Cape Girardeau, Montana, a 60 kilómetros y luego a Martha's Vineyard a trabajar en una
tienda de regalos junto al mar. "Fue un intento de dejar atrás el dolor" dijo.
Resulta que cuando perdió a Bud, Bonnie también perdió a muchos de sus amigos. Parejas
con las que habían sido amigos largos años dejaron de visitarla. Pensó que la gente quería evitar el
contacto con ella.
"Era como si el dolor fuera demasiado para ellos" dijo. "O quizá creían que era contagioso".
En su nuevo ambiente, Bonnie encontró nuevos amigos, "gente divorciada y mujeres con las que
nunca hubiera sido amiga en mi vida anterior".
La experiencia de Bonnie es común entre el millón de americanos que enviudan cada año, y
las cifras aumentan rápidamente, alimentadas por la generación del auge de los bebés. La
Administración de la Seguridad Social proyecta que para el 2010, casi 1.050.000 americanos
perderán a sus cónyuges al año y para el 2030 la cifra será de más de 1,5 millones. Y estas cifras no
incluyen parejas en relaciones no tradicionales.
Los que quedan atrás se enfrentan a tener que redefinir sus vidas para hacerse cargo de
nuevas relaciones con la familia y los amigos, así como los sentimientos no resueltos y
remordimientos que subsisten sobre la pasada vida matrimonial. Así lo explica el doctor Morton
Lieberman, director del programa de envejecimiento y salud mental de la universidad de California
de San Francisco, en su libro, "Doors Close, Doors Open: Widows, Grieving and Growing."
(Puertas que se cierran, puertas que se abren. Viudez, Pesar y Maduración.)
Un folleto provisto por el Programa de la AARP de Pesar y Pérdida aconseja: "Con el paso
del tiempo sentirá un dolor menos intenso, pero no olvidará. Nunca volverá a ser el que era antes
(ha tenido un cambio importante en su vida), pero puede ser alguien diferente que está `bien'".
Estadísticamente la tarea de reconstrucción le corresponde mayormente a las esposas. Las
mujeres representan el 69 por ciento de las personas que enviudan. Y las cifras se contradicen con
la imagen de la viuda frágil y anciana. Según el Informe nacional de Estadísticas Vitales
actualmente hay 500.000 viudas menores de 45 años en los Estados Unidos, con muchos niños, lo
que lleva a problemas más complejos.
Shellie Gill es una de tales viudas.
Shellie tenía tan sólo 36 años cuando en febrero murió su marido, Joe, de una rara
infección, dejándola con su hija Madeline de 7 años y su hijo de 3 años, Stephen. Unas pocas
semanas después de la muerte de Joe, Shellie dijo que sus hijos eran "lo único bueno...el motivo por
el que me obligo a levantarme cada mañana; la razón por la que me obligo a comer y vestirme y
bañarme. Es bueno tenerlos".
"Nos compensábamos el uno al otro" dijo Shellie. "Joe le daba a los chicos algo que yo creo
que no puedo darles. Yo soy la seria: lávense los dientes, tomen la leche. Él les daba risas y
diversión. Él era el que nos convertía en una familia.
"Yo sé cómo cerrar la llave maestra del agua y encender la caldera, pero no sé como
reconfortar a Maddie cuando dice: 'Mi papi no me va a ver mis frenillos' O qué decir a Stephen
cuando llora toda la noche y dice: 'Pero mi papi quiere volver a casa'"
A la noche, cuando los niños se van a dormir, Shellie se enfrenta con su propio pesar.
Extraña desesperadamente la manera en que "sentía a Joe: sus cejas y sus manos". Unas
semanas después de la muerte de Joe, Shellie encontró una grabación de Joe y Stephen cantando
"Tomorrow" del musical "Annie". "Me descontrolé" dijo.
Debido a que es tan reciente la muerte de Joe, Shellie recién comienza a buscar ayuda. "Me
doy cuenta que necesito ayuda y quiero toda la que pueda conseguir" dijo, por lo que ve a un
consejero profesional y lleva a los chicos a la Casa de Solaz, un programa de pesar y consuelo para
niños y sus familias en la Ciudad de Kansas, Montana.
Hay viudas mayores con poca educación y medios financieros, que sorprenden a todos
enfrentando la situación para recomenzar.
Hace seis años, cuando Teresa Serda perdió su marido de 42 años, sus hijos ya habían
crecido y ella estaba lejos de México, donde se había criado "muy, muy pobre". Cuando nos
casamos, él era viudo y tenía seis hijos. Ella sólo tenía 21 años.
Teresa sabía que tendría que mantenerse cuando muriera su marido y que no sería fácil. No
tenía educación formal y no conducía vehículos ni sabía leer. Por lo que su marido moribundo se
sorprendió cuando ella le dijo que pensaba conseguir un empleo y que no quería "cocinar ni
limpiar".
Era una idea audaz para una mujer que nunca había ido al almacén sin su marido. Pero en
un año logró lo que se propuso. Teresa ahora trabaja en un centro comunitario que ofrece servicios
sociales a personas de habla hispana. Vive sola con su perra, Maggie y el loro, Charlie.
"Comencé a trabajar duro todos los días. Y mis hijos no pueden creerlo. Uno de ellos me
dijo 'Ay mamá, ¿por qué trabajas?' Él me lleva y me trae y a veces no tengo quién me lleve y pago
un taxi. Si no estoy enferma, vengo todos los días...y, sabe, mi vida se vuelve cada vez mejor.
Una de sus hijas recientemente la alabó del mejor modo: "Creo que papá está orgulloso de
ti".
Los hombres que enviudan se enfrentan a un conjunto diferente de problemas, lo que se
demuestra por su tasa de mortalidad, que es tres veces más alta que la de las mujeres en las mismas
circunstancias, según la AARP.
Comúnmente los hombres tienen dos cosas que les impiden superar el trance: no esperan
vivir más que sus esposas y su socialización y su formación les dice que deben ser fuertes y
aguantar en silencio. A menudo han perdido la única persona en el mundo con la que se sienten
cómodos para confiarle sus sentimientos en un momento en el que es críticamente importante tener
alguien con quién hablar.
Cuando le diagnosticaron el cáncer a la esposa de Michael Goshorn a fines de 1992, la
pareja encontró mucha información en línea acerca de su enfermedad y de grupos de apoyo. Por lo
que, cuando murió en 1993, él volvió a recurrir a la red, pero esta vez no encontró lo que
necesitaba: información referida específicamente a los problemas de la viudez de los hombres.
Cómo no pudo encontrar los recursos que necesitaba, creó www.Widownet.org, un sitio que
ofrece información práctica y autoayuda. El sitio incluye una cartelera y secciones como
"Comentarios Tontos y Preguntas Estúpidas" y "Cómo Pasar las Fiestas" así como vínculos para
ayudar a los hombres a enfrentarse con su nueva identidad.
Crearse una nueva vida o encontrar sentido a la vida a veces requiere simplemente ver la
"vieja" vida de otro modo.
Luego de que Bonnie Story se mudó de Charleston, obtuvo ayuda de un consejero
profesional, que la ayudó a manejar sus fuertes sentimientos de ira, que muchas viudas dicen que
domina sus vidas.
"No estaba enojada con Dios y por cierto que no estaba enojada con Bud" dijo. "Sólo estaba
enojada, enojada con todos y por todo".
El consejero la ayudó a entender que sus sentimientos "no eran extraños y que no me estaba
volviendo loca".
Los consejos y la lectura le permitieron a Bonnie adquirir nuevas ideas acerca de cómo
encontrar su nueva personalidad: Bonnie sin Bud.
Bonnie comenzó a comprender que "hay que encontrar algún motivo importante para seguir
aquí" Ella encontró ese motivo en la vida que tenía antes de que muriera Bud.
Hace dos años, Bonnie se mudó de regreso a Charleston y volvió a enseñar. "Impactar en la
vida de trece o catorce chicos cada año...eso es lo suficientemente importante" Recientemente se
encontró con un amigo del que se sintió alejada desde la muerte de Bud. Ahora cree que crearán
una nueva amistad.
"Sé que nunca superaré esa pérdida" dijo Bonnie. "Pero encontré tranquilidad en mi corazón
y libertad en la vida".
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Myra Christofer es presidente y principal ejecutiva de Midwest Bioethics Center en Kansas
City, Missouri.
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Para más recursos y contactos sobre cuestiones del fin de la vida vaya a
www.findingourway.net.
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(c)2001, Partnership for Caring, Inc.
Distribuido por Knight Ridder/Tribune Information Services
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compañeros desconsolados que enfrentan la pregunta más difícil