Jóvenes sin futuro
En cuanto a los que tienen la 'suerte' de trabajar, la reforma laboral ha aumentado todavía más
la precariedad de sus contratos y salarios: el 63% gana menos de 1.100 euros al mes. Están
viendo cómo aumenta la «flexibilidad» laboral (otra manera de llamar al despido libre), cómo se
cuestiona la negociación colectiva, cómo se retrasa la edad de jubilación, cómo se aumentan
los años de cotización para poder percibir una pensión... En fin, se ven, como trabajadores
precarios, indigentes y sin derechos de por vida.
Divisan para sí mismos un horizonte sin futuro. Observan el continuo aumento de la
mercantilización de los servicios públicos, y en particular de la educación, pues los gobiernos
apuestan cada vez más por la rentabilidad privada y no por la formación y el conocimiento
como bienes colectivos. Como dicen en su manifiesto, observan que se camina hacia «una
universidad de élite para una minoría y fábrica de precarios para una mayoría».
Piensan que los gobiernos, sometidos a la codicia insaciable de los mercados, los quieren
convertir en una generación sin futuro. Sienten que no tendrán posibilidad de acceder jamás a
una casa y a un empleo dignos. Se saben víctimas de un modelo económico fracasado.
Denuncian la incapacidad de las élites políticas para reaccionar ante esta crisis con creatividad
y con medidas alternativas. Y rechazan que los gobiernos, sometidos al poder de los
mercados, se limiten a socializar las pérdidas y a imponer sacrificios a los más débiles.
Quieren ser escuchados, quieren ser protagonistas de su propia vida y promover un cambio de
rumbo. Son conscientes de que la movilización y la lucha tienen sentido, que luchar es
avanzar. Sus ejemplos más cercanos son Italia, Francia, Grecia e Islandia. Pero también en el
mundo árabe han visto cómo la juventud se ha rebelado ante regímenes autoritarios y
corruptos que durante décadas habían condenado a la gente a vivir en la indigencia.
La indignación ha llevado a muchos chicos y chicas a salir a la calle para hacer oír su voz,
como hemos venido haciéndolo en los últimos meses los empleados públicos murcianos. Son
estudiantes, titulados en paro, jóvenes con empleos precarios, investigadores y técnicos
cualificados, activistas sociales, etc. Quieren que su indignación se extienda por toda la
sociedad. Disienten del mundo que han recibido y reivindican su derecho a tener derechos, a
construir para ellos un mundo más digno.
Por eso, han firmado juntos un manifiesto, en el que denuncian el estado cada vez más
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Jóvenes sin futuro
sombrío de su realidad, que es la nuestra. Piensan que hay que hacer lo imposible para hacer
lo posible, y que se puede, como dice la canción, «más allá del cielo gris, ir construyendo
alternativas al invierno».
Publicado en La Verdad, 18/4/2011
http://www.laverdad.es/murcia/prensa/20110418/opinion/jovenes-futuro-20110418.html
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