Facultad de Periodismo y Comunicación Social
PHILIPPE ARIÈS: MORIR EN OCCIDENTE. DESDE LA EDAD MEDIA HASTA NUESTROS
DÍAS.
Editorial: Adriana Hidalgo editora S.A.
Segunda Edición: mayo de 2007
Reseña: Lic. Anahí Angelini
Con escritura descriptiva y ciertamente pedagógica, Philippe Ariès nos conduce en los túneles
del tiempo que desembocan en la muerte y sus diferentes concepciones a lo largo de las
épocas: de la muerte domesticada del medioevo a la muerte prohibida y negada de nuestro
siglo.
La investigación que se presenta en la obra -la cual abarca diversos siglos hasta llegar al
milenio- se organiza en dos partes. La primera contiene cuatro conferencias dictadas en la
Universidad de Johns Hopkins (Estados Unidos), las cuales exponen su tesis acerca de las
diferentes actitudes ante la muerte y que dan cuenta la cronología de las transformaciones: la
muerte domesticada, la propia, del otro y la prohibida. A su vez, a modo de Itinerarios
presenta una serie de artículos publicados en distintos espacios y períodos, en los que se
redunda sobre algunos temas pero que se hace hincapié sobre el leitmotiv -en palabras del
autor- de esta obra: “la muerte domesticada, fondo inmemorial en el que se resaltan los
cambios sucesivos”.
Desde el punto de vista metodológico, el autor analiza una serie de documentos de distinta
índole con el propósito de descifrar en ellos la “expresión inconsciente de una sensibilidad
colectiva”, a partir de la dialéctica entre una proximidad con el sentimiento general de cada
momento histórico con el objeto de dar cuenta el común denominador de una época y a su
vez, de articular la diferencia con el propósito de observar el anuncio de los cambios que hay
en los mismos.
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El recorrido que nos propone va dando cuenta del proceso -muy lento y con períodos de
inmovilidad con respecto al cambio- en el que se pierde la familiaridad de la muerte hasta
llegar a su inhibición, entendiendo en su transcurso las diversas concepciones frente a la
misma, configuradas por distintos modos y prácticas de la convivencia social.
Los cambios en el contexto que introduce paulatinamente Ariès permiten entender las
disímiles representaciones con las que se fe dando contenido a la muerte. De esta manera, el
autor nos relata con precisión histórica como en la Edad Media la muerte era sencilla,
despojada de dramatismo, basada en una concepción colectiva del destino y una aceptación
de la misma: el moribundo sabía que iba a morir y organizaba la ceremonia para el día en que
llegara. Esta cercanía con la muerte estaba ligada al rasgo de coexistencia que se daba entre
los vivos y los muertos a partir de que los cementerios comenzaron a ser un lugar de asilo en
donde se construían casas y que funcionaba como espacio de encuentro: se sentían familiares
con los muertos y familiarizados con su muerte.
No obstante, como dirá Ariès, es a partir de modificaciones sutiles, que la muerte tendrá un
corrimiento y aparecerá como centralidad la preocupación por el destino individual. Es decir,
se pasa de la seguridad del rito colectivo bajo la resignación de que todos los hombres son
mortales a la inquietud de la interrogación personal de descubrir la muerte propia. De esta
manera, la muerte se convirtió en el sitio en que el hombre tomó mayor conciencia de sí
mismo en base a la concepción de que su final estaba determinado por una prueba, como la
última tentación. Esta individualización ante la muerte también se plasmará en la
personalización de las sepulturas.
Según el trazado del autor, la muerte como ruptura, no aparecerá hasta tiempo posterior, en
que emerge en primer plano la muerte del otro desde el lamento y dolor de los sobrevivientes
a partir del cambio entre la relación del moribundo con su circulo familiar en el que el
testamento de la distribución de su fortuna se reemplaza por un legado afectuoso que el
moribundo dice oralmente. Sin embargo, Ariés señala que es a partir del siglo XIX en que se
profundiza la dificultad de aceptar la muerte del otro y que se sucumbe e la certeza de que lo
temido no es el final de uno sino el de los otros y que se manifestará mediante una
exageración del duelo.
Desde la muerte domesticada de la Edad Media como inicio, el autor finaliza su estudio en las
sociedades postindustriales mediante la particularidad de la muerte negada e inhibida como
objeto vergonzoso y de censura que se oculta a la sociedad y el entorno con la intención de
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evitar el malestar por la agonía e impedir su irrupción en la vida feliz. La muerte como una
cuestión técnica llegará en la solitaria habitación de un hospital: es el gran tabú de nuestra
época.
Morir en occidente abre sendos caminos para comprender las distintas maneras en que el
mundo de los vivos configura el destino e los muertos: las representaciones y significados
construidos en temporalidades distintas pero bajo un mismo sino compartido, el de la muerte.
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