Lo peor de todo es que estas señoras encarnan el... al Mediterráneo. El que más y el que menos sacó ...

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Esperando la primavera en un año sin invierno
Lo peor de todo es que estas señoras encarnan el espíritu de este trozo de tierra reseca junto
al Mediterráneo. El que más y el que menos sacó tajada ayudando a deformar el paisaje por
unos euros para invertir en coches de lujo, segundas viviendas y frivolidad. Mientras, los
luchadores de causas imposibles, que analizaban con ojo crítico y certero la realidad, eran
tachados de cuervos oscuros, de pesimistas incorregibles.
Miro indiscreto a los cafés y bares, parece que no ha pasado nada en los últimos años, que el
paro no afecta a una parte importante de la población, que no corren peligro la sanidad y la
enseñanza públicas, que nuestro futuro no depende de decisiones de personajes indeseables
respondiendo a sus corredores de Bolsa desde sus hamacas en Dubai o las Islas Caimán, que
miles de familias no se están quedando sin hogar… No sé si es ignorancia voluntaria, la
negación inicial de una sociedad ante una enfermedad que puede volverse crónica; quizá no,
quizá sea ignorancia real, nunca se nos dio muy bien informarnos en la región, lo delata
nuestro bajo índice de lectura de prensa.
Mientras me cuelo por las callejas que rodean la Plaza de las Flores, tan bonita como siempre,
sonriente y reluciente como una miss recién elegida, también así de boba y ajena a lo que
sucede alrededor, me asalta la duda: ¿o será la complicidad lo que mueve a la mayoría de los
murcianos? Si algunos alcaldes han ganado con mayorías aún más aplastantes después de
ser descubierta su implicación en casos de corrupción, ¿no será que entonces despertaban
admiración en una parte importante de sus vecinos? Quizá esta sociedad aletargada y
autocomplaciente, entre marinera y Estrella de Levante, riendo entre olivas y pasteles de carne
ha decidido vender su alma por hacerse con coches de gran cilindrada a costa de entregar la
parcela del abuelo. Y qué bien nos ha venido ese marrullero convenio urbanístico, más tarde
declarado ilegal, para sacar ´aún más perras´. Claro que también vendimos el espíritu de
nuestros mayores y su modo de mirar el mundo, y muchos jóvenes dejaron los estudios para
construir el chalet de sus adultos y de paso perder la oportunidad de cultivar una conciencia
crítica, cambiando la formación por el dinero fácil.
Ya de vuelta a casa paso por la Glorieta. La luz brilla en los chorros de agua de sus fuentes y
varias personas conversan en los bancos mirando al Ayuntamiento. El ritmo lento de esta
ciudad roza lo inquietante. Ni siquiera tiene que ver con un pasado moruno como nos decían
en la escuela porque las medinas árabes son ruidosas y ajetreadas, en ellas se negocia y
regatea. Murcia en cambio parece adormecida, indiferente a todo.
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Esperando la primavera en un año sin invierno
Este año ni siquiera el otoño ha encontrado fuerzas para marcharse y los árboles del
Floridablanca, ya en el barrio, parecen desconcertados con las hojas doradas aún agarradas a
sus ramas. La calle está tan tranquila como lo estará el nuevo aeropuerto sin aviones, ése en
el que se han invertido millones de euros que podrían haber servido para mantener servicios
sociales que parece que tardarán mucho en volver. Pero no pasa nada, la mayoría no romperá
la calma hasta que no sienta afectado directamente su bolsillo, no por solidaridad, no por
rebeldía.
Atravesando el portal, por el pasillo camino de mi habitación, espero que este otoño, el del
triunfo de lo rancio, no dure para siempre, que si no lo quiere hacer este año el invierno, que al
menos regresen temprano la primavera y las pancartas y la lucha indignada zarandeando esta
sociedad, intentando una vez más romper dignamente el letargo.
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2012/01/21/esperando-primavera-ano-invierno/379851
.html
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