La nueva deidad se llama ´mercados´, y su religión es... cruel, exigiendo sacrificios humanos constantes. No tiene rostro ni...

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El invierno de nuestro descontento
La nueva deidad se llama ´mercados´, y su religión es fundamentalista y extremadamente
cruel, exigiendo sacrificios humanos constantes. No tiene rostro ni localización definida: los
mercados son Nadie, y «no hay nadie que pueda hablar con ese Nadie ni protestar ante él»
(Hannah Arendt).
En España en este tránsito ha quedado arrasada la ya escasa credibilidad de la clase política
y erosionada gravemente la de los medios de comunicación, pero también quedan tocados en
distinto grado desde los grandes sindicatos a la monarquía, pasando por la Iglesia Católica, el
poder judicial, el Banco de España, las cajas y la banca privada, la CEOE, las Cortes
Generales, y hasta la SGAE. Algunos analistas señalan que lo que está muriendo por
agotamiento es la llamada Cultura de la Transición, la manera de hacer y pensar hegemónica
en los últimos treinta años en nuestro país. Una construcción (cultural, política, mediática)
consensual, desproblematizadora y despolitizadora que ha actuado como único marco oficial
admisible de convivencia y organización de lo común, que señalaba claramente de lo que se
podía hablar y de lo que no. El 15-M representaría la expresión más clara de su impugnación
por las nuevas generaciones, por los jóvenes a los que se les ha arrebatado cualquier futuro
digno.
La crisis terminal de esta Cultura de la Transición tendría causas internas y externas de
diverso tipo, pero vendría precipitada por la crisis económica y sus derivadas políticas.
Finalmente lo que aparece en su base es la ruptura del pacto social que prometía cierto
bienestar para las clases populares a cambio de paz social, y el cuestionamiento del sistema
político en que se sostenía.
Subidos a la hegemónica ideología neoliberal, que constituye una verdadera revuelta de los
ricos contra lo pobres, una lucha de clases impulsada desde arriba, los sectores económicos y
políticos dominantes quieren aprovechar la debilidad de las ideas de la izquierda y de sus
organizaciones y la apatía e inhibición social para reformular a la baja este pacto so pretexto
de la nueva realidad económica internacional, el envejecimiento demográfico, etc., recortando
derechos sociales y privatizando servicios públicos en una nueva fase del capitalismo que
David Harvey ha llamado de acumulación por desposesión. La consecuencia es una fuerte
polarización social y un aumento de las desigualdades, que ya se ha venido produciendo en
las últimas décadas como señalan todos los estudios, con el ascensor social averiado (la
educación) y dejando cada vez más gente fuera del sistema productivo es decir, empujados a
la exclusión al fallar también los instrumentos públicos de inclusión y cohesión social
(desechos humanos o bajas colaterales, en el lenguaje de Bauman).
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Y en esto llega Rajoy. Y pretende completar el trabajo iniciado por el anterior gobierno sobre la
fundada convicción de que lo que a aquél no le permitía su base social, lo puede hacer la
derecha con la suya. Rajoy ha sido el líder de la oposición peor valorado de nuestra
democracia, y sólo cuenta con el voto de uno de cada tres electores, pero puede presumir de
legitimidad democrática cuando las referencias son los gobiernos italiano o griego, que no han
pasado siquiera por las urnas. No hace falta esperar a conocer sus medidas €escamoteadas
hasta ahora en una nebulosa de ambigüedad que continuará hasta que pasen las elecciones
andaluzas€ para saber qué quiere y cómo lo va a hacer.
Si se renuncia a poner impuestos a los ricos -ahora más ricos que nunca- y a combatir
seriamente el elevado fraude fiscal, el abanico de opciones queda muy simplificado: se
combatirá el déficit con más recortes sociales que afectarán especialmente a las clases más
vulnerables. Pero así no se recuperará la economía con lo que el resultado será problemente
un crecimiento de la fractura y el sufrimiento social, una nueva recesión y una prolongación de
la crisis.
La única duda está en saber con cuánta oposición social se va a encontrar esta política. Serán
las calles el escenario privilegiado de este combate, y no las instituciones democráticas
copadas por las mayorias de la derecha. Las medidas que se esperan actuarán como
gasolina sobre el incendio social. El malestar y el descontento van a siguir creciendo ahora de
la mano de la reaparición de verdaderas situaciones de miseria cada vez más amplias. Si se
activa con fuerza esta protesta, no habrá gobierno que la resista.
Patricio Hernéndez es Presidente del Foro Ciudadano de la Región de Murcia
(Artículo publicado en Diario La Opinión el 31/12/2011:
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2011/12/31/invierno-descontento/375027.html )
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