Una marea blanca para defender la sanidad pública
MARÍA TERESA MARTÍN MELGAREJO, MARÍA JESÚS HERRERO
HERNÁNDEZ y FULGENCIO MADRID CONESA
La privatización de la sanidad pública empieza a ser una seña de identidad de la política
sanitaria, tanto nacional como en las comunidades autónomas. Madrid pretende privatizar la
gestión de seis hospitales y 27 centros de salud ya construidos y en funcionamiento, pero no
es la única. Castilla-La Mancha, Cataluña, Valencia, Andalucía o Galicia están también
demostrando un interés privatizador que supera el concepto de partido político para
convertirse en una característica común en el ejercicio del poder.
Con el eufemismo de la "colaboración público-privada" se engloba a un conjunto de prácticas
privatizadoras que abarca la gestión sanitaria global, la subcontrata de la gestión de servicios
no sanitarios y la compra de servicios privados (conciertos). Para las primeras se aduce que la
gestión privada es mejor que la pública, mientras que los conciertos se justifican por unas
listas de espera excesivas, para terminar sentenciando que, al fin y al cabo, al usuario le da
igual quién se lo haga, ya que lo importante es que se lo hagan.
En primer lugar, basta leer la prensa para afirmar que no es verdad que la gestión privada sea
mejor. Los países con más sanidad privada tienen más gasto público y atienden peor a sus
ciudadanos, como sucede en los Estados Unidos, en donde Barack Obama quiere solucionar
el problema de los más de 40 millones de personas que no tienen protección sanitaria en el
país que más gasto sanitario tiene del mundo (incluido el público).
En segundo lugar, aunque la subcontrata de los servicios no sanitarios pudiera suponer un
ahorro a la administración pública (no están publicados datos que lo corroboren), esta se
produce a costa del bolsillo de los usuarios, que sufrimos unos precios abusivos en servicios
complementarios tan importantes como el parking o los comedores. Además, los hechos
demuestran que se empieza privatizando la gestión no sanitaria de los hospitales para acabar
privatizando también la sanitaria, como ha ocurrido en la Comunidad de Madrid.
En tercer lugar, somos los más firmes partidarios de reducir las listas de espera, sobre todo
porque somos nosotros los que las sufrimos y estamos convencidos de que estas son fruto de
una mala política de inversión en la sanidad pública y de una pésima gestión de los recursos.
Es más, tenemos la impresión de que los días que pasan entre el momento en el que
solicitamos una prueba, o una visita al especialista de hospital, o una intervención quirúrgica, y
el día en el que nos la hacen, son muchos más de los que recogen las estadísticas oficiales,
que las creemos llenas de argucias y trampas para enmascarar unos datos mucho más
desfavorables para quienes tienen la responsabilidad de gestionarlas. Probablemente, si la
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política presupuestaria nos convenciera de que no es posible dedicar más dinero a sanidad, y
el sistema sanitario público de que ha gestionado bien sus recursos, podríamos comprender
una colaboración público-privada. Pero España y la Región de Murcia están muy lejos de que
se cumplan las premisas anteriores.
Exigimos que se reduzcan las listas de espera, pero no a cualquier precio. No podemos
aceptar que se nos derive a una clínica concertada para una prueba si el mismo especialista
que nos la ha pedido la considera poco fiable y nos la vuelve a repetir en el hospital púbico.
Tampoco aceptamos que nos sometan a pruebas en peores condiciones de seguridad que
cuando nos las realizan en la pública. Por el contrario, exigimos una igualdad en cuanto al
riesgo de la prueba, con idéntica cualificación de los profesionales sanitarios y con la misma
posibilidad de recursos asistenciales para el supuesto de que algo no vaya bien y sea preciso
una atención urgente derivada de un problema no deseado durante la prueba. Esto mismo es
exigible para cuando se nos deriva a una intervención quirúrgica en un centro concertado. Y
estamos en el derecho de reclamar al sistema sanitario público que supervise la calidad
asistencial y la seguridad que nos proporciona la clínica a la que nos deriva, de manera que se
cumpla la igualdad de condiciones con la pública. Por último, les recordamos a los gestores
públicos que siguen siendo ellos los responsables de la asistencia que recibimos en los
centros concertados, y que no se pueden inhibir ante los riesgos o las consecuencias de un
error diagnóstico o una mala atención producida por los mismos.
Por estas razones, y porque creemos que con nuestros problemas salud no debe haber lucro,
defendemos una sanidad pública solidaria, universal, equitativa, de calidad y autosuficiente.
Por eso nos hemos adherido al Manifiesto en Defensa de la Sanidad Pública y de Apoyo a la
Sanidad Pública Madrileña
y estaremos en la concentración
convocada el día 17 de febrero
a las 12 del mediodía junto al hospital Reina Sofía de Murcia.
(Artículo publicado en diario La Opinión de Murcia el 17/2/2013:
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2013/02/17/marea-blanca-defender-sanidad-publica/4
54552.html )
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