Demasiado tiempo inmersos en la zozobra
Hace tres o cuatro años daba en pensar en la necesidad de un a modo de cónclave de
expertos de todo el mundo que, con toda seriedad, intentaran delinear una salida a este
callejón del capitalismo decrépito y asesino; probablemente un anhelo delirante de mi parte.
Ahora estamos llamados a ser con urgencia más prácticos. Se trata de clamar por la
supervivencia, por el sustento de muchos, no en el Cuerno Sur de África o Pakistán, sino en
Madrid, Albacete, Murcia...
Es cierto que parece como si en las cabezotas de muchos agitadores del capital -casi
'terroristas' ya del capital- rondara la cínica pregunta de: todos esos que se hunden en la
miseria, ¿pa kis tán? ¡Sobran! Pues no para ser ninguneados.
Seamos prácticos. ¿No podemos cambiar el orbe? Más aún: ¿queremos que los Estados
afronten una deuda que no contrajeron, descuidando hasta servicios básicos? ¿queremos que
se queden sin ellos y paguen con sus últimos estertores aquellos que no sabemos pa qui
están? ¿No somos capaces de reunirnos para buscar una salida honrosa? Absolutamente
imperdonable. Porque cuando buscamos dividendos sí que somos capaces de entendernos y
forjar mil congresos y encuentros a bien alto nivel, sin escatimar ostras y champagne... Pero
aún más imperdonable dejar morir a nuestros semejantes.
Seamos prácticos. Esta es la propuesta que ya cabe hacer, ingenua sólo para los acomodados
y cínicos: establezcamos desde el mismo Estado un 'fondo de beneficencia' ya, para personas
sin recursos. No continuemos debatiendo si debería ganar las elecciones tal o cual formación
política más sensible a las necesidades del pueblo, que también. Tracemos ese 'Fondo de
Beneficencia, Asistencia' por razones de justicia social y no por otras, dotándolo de recursos
más o menos voluntarios, administrados por la asistencia social, que tan importante papel
desempeña desde hace muchos años en nuestro país, en Ayuntamientos, Comunidades y el
ámbito estatal. Tal fondo, como digo, respaldado por el Estado, debería tener un
funcionamiento más serio y discriminativo que el de ONGs más o menos benefactoras. Estaría
capacitado para publicitarse y gestionarse de forma más potente. Tendría la marca del Estado
español, incapaz por otros medios de echar una mano a ya gran parte de ciudadanos que van
sumiéndose en la miseria sin misericordia alguna de sus semejantes menos desgraciados. Se
trataría de una institución nacida en momentos duros, críticos, como cuando sobreviene un
terremoto o cualquier otra catástrofe; sólo que su parcela de actuación es mucho más ancha y
duradera: ¡Qué le vamos a hacer, si estos son los efectos colaterales, y no tan colaterales, del
capital!
Tal fondo recibiría aportaciones voluntarias o incluso podría recaudar mediante imposiciones
a fortunas determinadas por su monto, según baremo a establecer. Debería tener sus recursos
en la Hacienda pública y facilitar a todos un número determinado de CCC para nutrirse y
mantenerse diariamente.
Esto es ya algo imprescindible, y nuestros gobernantes no pueden ya mirar hacia otra parte;
porque se les ve el plumero, el ansia por salvaguardar un estatus más allá de las exigencias
europeas, cuando lo que debe vérseles es el ansia de servir a todos sus conciudadanos, que
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les dieron el voto sin merecimiento alguno recibiendo a cambio toda la mierda que les
prometían evitar.
Obvio es que este no será el mejor estado de las cosas, pero sí es el adecuado en tanto se
genere exclusión de forma tan brutal. Analizar el porqué de esta situación, tender a superarla
como sea seguirá siendo obligación de los Gobiernos, pero entre tanto estaremos evitando
parte del dolor.
¡No hablamos de lucha, sino de justicia! ¡no de limosna sino de derecho! ¡no de misericordia,
sino de vergüenza! esa que tantas veces le falta a quienes tanto cacarean ahora defender el
interés general. Si tal pretenden consideren la necesidad de proteger, si no con recursos de la
nación, al menos sí de las gentes que aún pueden vivir holgadamente, a todos los vomitados
ya del sistema productivo. Organizar esta especie de colchón es justo y necesario. Parece que
sólo serán excusas argüir que esto acostumbrará a la molicie de las personas o que conducirá
a detener el desarrollo del país.
Si el sistema genera pobres el sistema debe a la vez atenderlos y procurar no generarlos.
(Artículo publicado en diario La Opinión de Murcia el 29/6/2013:
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2013/06/29/tiempo-inmersos-zozobra/479883.html)
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