conclusiones y recomendaciones finales

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CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES FINALES
En los Hospitales dependientes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la
implementación de los dispositivos de Cuidados Paliativos (CP) resulta desigual
existiendo instituciones que no cuentan con dicha modalidad y otras que se encuentran en
un estadio temprano de organización, con escasos recursos humanos e infraestructurales.
Aunque la mayoría de los hospitales de la muestra cuenta con un dispositivo de
CP, su estructura, su nivel de organización y de formalización, señalan que los mismos
están en un momento incipiente de su constitución, independientemente del tiempo que
lleven funcionando. Se trata de dispositivos sostenidos fundamentalmente en el interés y
compromiso personal que los profesionales intervinientes manifiestan respecto de las
necesidades planteadas por los pacientes y su entorno afectivo. Desarrollan sus
funciones mediante estructuras muy endebles, ya que sus integrantes son, por lo general,
profesionales asignados para otras tareas dentro de los Hospitales y que ceden parte de
sus horas de servicio para la atención de CP. De este modo, la forma en que se
constituyen los equipos existentes se torna transitoria y sujeta a las posibilidades
personales que los mismos profesionales presenten. Las iniciativas e intereses
personales parecen constituir uno de los grandes pilares en los que se sostienen los
diferentes grupos. Tal como revelan los entrevistados al relatar la historia de los
dispositivos existentes, éstos se han originado en la detección de un vacío institucional
para responder a dicha problemática sanitaria. La identificación de esta falencia impulsó
diversas propuestas como intentos de resolución, obteniéndose, en general, respuestas
informales de apoyo institucional, pero que no se han traducido en acciones concretas de
formalización por parte de las Direcciones Hospitalarias ni del Ministerio de Salud.
Entonces se establece una divergencia entre la concepción de CP sustentada por los
entrevistados y las posibilidades de concretarla en una práctica específica. Esto se
evidencia en el hecho de que más de la mitad de los profesionales convocados evalúa
que la respuesta dada por los equipos de CP resulta sólo parcialmente satisfactoria
respecto de las necesidades planteadas por esta población.
La inexistencia de los dispositivos de CP en los organigramas institucionales, la
escasa disponibilidad de recursos humanos e infraestructurales y la falta de
nombramientos profesionales en la especialidad dan cuenta de la precariedad aludida.
Cabe destacar como un hecho fundamental, en el impulso y promoción de los CP, la
creación en el año 2004 de la Residencia Post-básica en CP de la Secretaría de Salud del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, cuyas dos únicas sedes de funcionamiento son,
por el momento, los Hospitales Tornú y Udaondo, producto de la presencia sostenida de
los referentes de CP y de la permanente tarea educativa que se realiza en los distintos
centros. La promoción de los CP a través de la formación y divulgación pedagógica es
una constante reconocida por los distintos grupos de trabajo existentes. En este sentido,
la tarea educativa desarrollada colabora en su proceso de consolidación, pero
necesariamente debe ir acompañada de la creación de cargos en la especialidad como
parte de una política prioritaria de salud pública, para la adecuación del sistema de salud
al perfil epidemiológico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
De hecho esta falta de política sanitaria derivó en la necesidad de apuntalamiento
del quehacer de los dispositivos de CP por parte de instituciones externas. Es conocida la
relación entre PALLIUM, una ONG, con la creación y sostenimiento del Grupo de Trabajo
en el Hospital Udaondo, a semejanza de lo que sucede con la constitución y desarrollo del
dispositivo existente en el Hospital Tornú y la Fundación FEMEBA. Esto revela cómo
ciertos profesionales profundamente involucrados con el desarrollo de la especialidad de
CP han buscado sortear las dificultades presentes para la implementación de la asistencia
de esta población en el ámbito hospitalario, acudiendo a proyectos o a modos de
financiamiento extrahospitalarios. La adecuación del subsector de salud público al nuevo
perfil de morbi-mortalidad de los habitantes de la ciudad no puede depender de la
voluntad de un puñado de profesionales bienintencionados, debe partir de una política
sanitaria clara del nivel central, que disponga de recursos humanos capacitados y de
recursos físicos adaptados a estos nuevos requerimientos poblacionales.
Las necesidades de índole psico-social del paciente y su familia, la continuidad de
los cuidados en domicilio en los casos en que los pacientes no pueden ya concurrir al
Hospital, y el acceso a los medicamentos, constituyen los tres puntos en torno de los
cuales la distancia entre lo pretendido y lo logrado se presenta más ostensiblemente.
Primeramente, la asistencia psico-social de la unidad de tratamiento no se
encuentra extendida a la generalidad de los casos, resultando más deficitario el abordaje
de las problemáticas planteadas por el grupo familiar, debido a la escasez de
profesionales capacitados en dichas áreas.
En segundo lugar, ninguno de los hospitales dispone de un servicio de internación
domiciliaria que posibilite asegurar una adecuada continuidad en los cuidados de aquellos
pacientes cuyas condiciones clínicas impidan la concurrencia al hospital. La falta de
respuesta unificada, estructurada desde una política hospitalaria, se observa también
respecto de lo que sucede con la Internación Domiciliaria. La temática sanitaria que
abordan los CP plantea el hecho de que en algún momento del proceso asistencial los
pacientes ya no puedan trasladarse a los Centros Hospitalarios para ser atendidos. Aquí
surge la pregunta acerca de cómo sostener el tratamiento bajo esta coyuntura: pacientes
que no sostienen su condición de ambulatorios y dispositivos que no cuentan con
Internación Domiciliaria. Si bien en todos los casos se reconoce la necesidad de
implementar dicho Servicio la mayoría no evalúan viable su implementación, aduciendo
falta de recursos necesarios para tal fin.
La posibilidad de que la asistencia pueda realizarse en el domicilio del paciente
esta
legalmente asegurada por las Normas de Organización y Funcionamiento de
Servicios de Internación Domiciliaria que se incluyen en el Programa Nacional de
Garantía de Calidad de la Atención Médica del Ministerio de Salud de la Nación. Allí se
define la internación domiciliaria como “una modalidad de atención de la salud, mediante
la cual se brinda asistencia al paciente-familia en su domicilio, realizada por un equipo
multiprofesional e interdisciplinario cuya misión es: promover, prevenir, recuperar,
rehabilitar y/o acompañar a los pacientes de acuerdo a su diagnóstico y evolución en los
aspectos físico, psíquico, social, espiritual, manteniendo la calidad, el respeto y la
dignidad humana”. Sin embargo esta realidad de derecho no se traduce en acciones
políticas concretas que impulsen la incorporación de la asistencia domiciliaria.
Frente a esta dificultad los distintos dispositivos de CP implementan variadas
estrategias de sostén y seguimiento de los pacientes que ya no pueden acceder al
Hospital. En algunos casos se realiza seguimiento telefónico; en otros, seguimientos por
Consultorios Externos a través de la figura de algún cuidador principal1. En casos
excepcionales, los profesionales concurren al domicilio del paciente, sosteniendo esta
acción, nuevamente en motivaciones personales y realizándola en forma gratuita.
En tercer lugar, existe un déficit en la disponibilidad de analgésicos opioides; su
accesibilidad no se encuentra garantizada, quedando en gran parte de los hospitales,
descubierta su provisión a los pacientes ambulatorios. No se observa una relación directa
1
Cuidador principal: Persona identificada como aquella que se encarga de los cuidados del paciente. El
seguimiento se realiza citando a dicho cuidador, quien da cuenta de la situación sintomática y clínica del
paciente y la intervención se articula en función de su relato.
entre la disponibilidad y accesibilidad de esta medicación y la existencia o no de un
dispositivo de CP en la institución, hecho que posibilita pensar que los dispositivos
existentes no estarían funcionando en forma regular como agentes de cambio de las
políticas hospitalarias correspondientes.
Esta distancia entre los objetivos pretendidos y los resultados alcanzados se
inscribe en el proyecto de formalizar y/o redimensionar el dispositivo existente, presente
en la totalidad de los casos.
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