relaciones_europa_latinoamerica_siglo_XIX

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Walther L. Bernecker
Las relaciones entre Europa y Latinoamérica durante el Siglo XIX
Ofensivas comerciales e intereses económicos
1. Introducción
No es posible exponer en un sólo artículo, ni aún en forma sumaria, las relaciones entre Europa y
Latinoamérica durante el siglo XIX; eran demasiado variadas y complejas, demasiado estratificados
los niveles en que las interacciones operaban, y demasiados los protagonistas de tales relaciones. A
menudo es difícil, a veces imposible, trazar la frontera entre economía y política; a su vez, dos
grandes regiones geográficas, cada una con muchos países, deberían ser tratadas diferencialmente.
Por eso, el argumento de este artículo será sintetizante en extremo, limitándose a los grandes rasgos
del desarrollo, y renunciando a todo tipo de diferenciamientos.
El siglo XIX latinoamericano puede definirse, con respecto a la relación entre el subcontinente y las
naciones "desarrolladas" del Atlántico norte, como un período de transición entre "viejo" y "nuevo"
imperialismo. Latinoamérica había podido, a principios de siglo, sacudirse el poderío colonial
hispano-portugués, pero a finales de siglo el subcontinente ya se encontraba en un nuevo estado de
dependencia, ahora ante todo económica. Durante ese "siglo europeo" las naciones
latinoamericanas experimentaron la creciente expansión que las nuevas potencias económicas
europeas, especialmente Gran Bretaña, y poco después, de forma modificada, Alemania y Francia,
operaron en el vacío dejado por la retirada de España. A fines de siglo, sin embargo, era ya
ostensible que los Estados Unidos substituirían a las potencias europeas como socio dominante en
las relaciones de comercio exterior latinoamericanas.
Al desaparecer las ataduras políticas con la metrópolis española, se transformó de gran manera la
forma de incorporación de las estructuras económicas latinoamericanas al sistema comercial
internacional, fungiendo el subcontinente como periferia de los países más desarrollados de Europa.
La Independencia significó en primer lugar la eliminación de España como mediadora oficial del
flujo comercial. De esa manera, el re-ajustamiento a las estructuras económicas se llevó a cabo
dentro de un plan de capitalismo comercial internacional, que se expandía por toda la tierra.
En los últimos decenios se ha discutido una y otra vez, incluyendo la perspectiva histórica, sobre la
cuestión, central para el desarrollo económico de los países "atrasados" o "subdesarrollados", de las
relaciones entre el "país en vías de desarrollo" y la economía mundial. En la historiografía se ha
generalizado la creencia de que el capital europeo y los intereses económicos europeos,
especialmente después de las reformas liberales, jugaron un papel decisivo en las economías de
muchos países del subcontinente latinoamericano.1 Se suele omitir que, apenas liberados los países
ibero-americanos del tutelaje español, cayeron en graves dificultades económicas, cuya
consecuencia fue la dependencia económica de las potencias europeas, pues aunque políticamente
eran independientes, desde el principio practicaron solamente un control parcial sobre su destino
económico. Los modelos económicos latinoamericanos - al contrario que en los E.E.U.U.-,
continuaron dependiendo de Europa aún después de la Independencia.
La discusión acerca del desarrollo socio-económico recurrió, en los últimos decenios, cada vez más
1
Hobart A. Spalding: "Capitales, empresarios y obreros europeos en los procesos de industrialización y sindicalización
en América Latina, 1850-1930: Una breve síntesis", en: Capitales, empresarios y obreros europeos en América Latina.
Actas del 6o Congreso de AHILA. Dos volúmenes. Estocolmo 1983, I, 209 y s.
a menudo a standards de referencia de grupos exteriores. Tanto el esquema metrópolis-satélite de
las nuevas teorías del "capitalismo periférico", expuesto por Dieter Senghaas, como las teorías del
"deterioro secular de las relaciones de cambio" expuestas por Raúl Prebisch, a la vez que las
estrategias comerciales de mejoramiento de posición presentadas por el mismo, dan muestra
unívoca de la dominancia de impulsos externos, y trazan un sistema de referencia en el cual los
países atrasados o subdesarrollados no tenían participación, o bien, la tenían sólo en forma reactiva.
Una razón para la subsistencia de la orientación exterior de las economías latinoamericanas parece
ser que, durante el período colonial, Latinoamérica era más dependiente de la "Madre Patria"
española de lo que los Estados de Nueva Inglaterra lo eran de la Gran Bretaña. Esta tradición no
pudo ser eliminada después de la Independencia. También es preciso señalar que la gran mayoría
de la población latinoamericana económicamente apenas era relevante, su poder de compra casi
inexistente, por lo que no había ningún estímulo para la creación de una industria propia. Además,
la ausencia de capital era otro factor que obstaculizaba el desarrollo de la empresa industrial.
Habiendo pues permanecido las naciones latinoamericanas económicamente dependientes, y
orientadas al exterior, cabe cuestionar, por una parte, la importancia de los factores externos para
las economías nacionales y la forma en que estos factores afectaban a las economías. Por otra parte
cabe preguntarse por qué los nuevos Estados no siguieron una consecuente política proteccionista,
o de prohibición importativa. A un nivel de argumentación más bien general se pueden extraer de la
literatura al menos cuatro argumentos, que se esgrimen para explicar la crónica orientación externa,
y con ella, la dependencia:
a) La primera versión historiográfica acentúa que las potencias extranjeras - o al menos sus
agregados comerciales, entre ellos también algunos comerciantes extranjeros - influyeron
decisivamente en el comercio exterior de los países latinoamericanos. El blanco preferido de estos
ataques historiográficos es el "imperialismo de libre comercio" británico, mientras que las ofensivas
comerciales de los otros países europeos apenas se mencionan. De acuerdo con esas
interpretaciones, los extranjeros eran capaces de influir en la política comercial de los países
latinoamericanos, o hasta de imponerla a su antojo. Varios factores decidieron la superioridad
extranjera: de una parte la ventaja económica de los países europeos industrializados; de otra, la
inestable situación interna de los Estados latinoamericanos, golpes y guerras civiles, inestabilidad
política y estancamiento económico, corrupción y problemas presupuestarios. Apoyados por sus
"agentes" latinoamericanos, los cónsules extranjeros y los agregados comerciales consiguieron,
utilizando diversos métodos de persuasión, influir en la política comercial de sus "anfitriones". Lo
que no se conseguía a través de halago, soborno o amenaza, se lograba con la importación ilegal de
artículos extranjeros, paralelamente a la importación legal. Este tipo de interpretación iguala
participación masiva en el comercio exterior con "control" sobre la economía nacional, sin tomar en
cuenta los factores condicionantes endógenos de la política comercial exterior de cada país. Desde
ese punto de vista, las economías latinoamericanas se encontraban por definición en una relación
dependiente ante la hegemonía británica. Sea como sea, la definición de "control", así como su
forma de aplicación, permanece muy obscura en este contexto.
b) Un segundo modelo de interpretación parte de la existencia de unos "agentes" locales
latinoamericanos, quienes en calidad de "colaboradores" o de élite intermediaria, habían hecho
causa común con los intereses extranjeros. Este punto de vista enfatiza en el funcionamiento de los
regímenes librecambistas, pero apenas analiza la aparición de configuraciones políticas internas,
que son condición necesaria para la comprensión de la discusión entre proteccionistas y
librecambistas; la existencia de un estrato social cooperante con los intereses extranjeros se afirma
como un suceso permanente, sin notar que el obstáculo principal a la realización de los intereses
extranjeros estribaba precisamente en la ausencia de un grupo social que pudiera fungir en forma
satisfactoria como agente de dichas fuerzas .
c) El tercer esquema reúne elementos de los dos anteriores: un Estado latinoamericano débil, así
reza la argumentación, no era capaz de imponerse a los fuertes Estados noratlánticos, que se
guiaban por los principios librecambistas defendidos por Inglaterra; la ausencia de estabilidad
interna no propiciaba al Estado latinoamericano una resistencia adecuada contra el ataque
librecambista de las naciones desarrolladas. La actividad interestatal aportaba como único resultado
la desventaja del más débil.
d) Para terminar, se debe denotar la fuerte corriente liberal dentro de la gran mayoría de la
"inteligencia" latinoamericana, quienes veían en el ampliamiento del comercio una posibilidad de
propiciar el crecimiento económico, aceptando tempranamente el papel de socio menor, proveedor
de materia prima y comprador de manufactura dentro del sistema internacional de división del
trabajo. Es cierto que, especialmente durante las décadas 1830 y 1840, los prohibicionistas e
hiperproteccionistas defendieron enfáticamente su posición económico-política, pero su
incapacidad para proveer al mercado interno con artículos "nacionales" impedía la opción por
alguna alternativa practicable que contrarrestara la permanente importación de artículos extranjeros.
En la disputa que tiene lugar sobre las causas del "subdesarrollo" latinoamericano y sus
consecuencias, unos abogan por la teoría de la dependencia, frente a los defensores de lo que se
podría denominar - aunque con muchas salvedades -, "teoría de la autonomía". Necesariamente,
esta discusión se efectúa a un nivel relativamente general y abstracto, y sólo puede ser mencionada
aquí a grandes rasgos: En la clásica definición de la teoría de la dependencia, dada por Theotonio
Dos Santos, se establece una situación en la que la economía de ciertos países (dependientes) está
supeditada al desarrollo y expansión de otra economía (dominante). La relación de
interdependencia entre dos o más sistemas económicos, como también entre estos y el mercado
mundial, toma la forma de dependencia cuando los países dominantes son capaces de expanderse
autónomamente, mientras que los dependientes pueden desarrollarse sólo como reflejo de la
expansión y desarrollo de los dominantes, y no poseen ninguna autonomía en su desarrollo.2 Philip
O'Brien ha hecho notar que, con la teoría de la dependencia se trata de demostrar que la dinámica
interna de las sociedades latinoamericanas y su subdesarrollo fue y es condicionada, primariamente,
por la posición de Latinoamérica en la economía internacional.3 En el caso de Chile ha afirmado
André Gunder Frank que el país estuvo incorporado desde los tiempos de su conquista a la
expansión y desarrollo del comercio mundial, y después, al sistema industrial capitalista. Por su
parte, Stanley y Bárbara Stein identifican las economías latinoamericanas de la época
independiente como economías orientadas al exterior con carácter de "herencia colonial",
estrechamente unidas a las fuentes de oferta y demanda localizadas fuera de la economía nacional.4
En todas las argumentaciones dependentistas, desde las del nacionalismo pequeñoburgués
latinoamericano hasta las que llaman a la revolución socialista, hay una óptica de continuidad de las
economías latinoamericanas en la dependencia hacia Europa. El papel de socio dominante
desempeñado por España fue continuado por Gran Bretaña. Si bien algunos autores especifican que
el reemplazo de un poder hegemónico por otro no puede ser visto en forma mecánica, siempre se
insiste en la orientación externa, el condicionamiento de las economías latinoamericanas aún
después de la Independencia. La América Latina postcolonial y el "mundo exterior" sostuvieron,
desde esta perspectiva, estrechas relaciones económicas, en las cuales Latinoamérica (tanto colonial
2
Theotonio Dos Santos: "Über die Struktur der Abhängigkeit", en: Dieter Senghaas (editor): Imperialismus und
strukturelle Gewalt. Analysen über abhängige Reproduktion. Frankfurt 1972, 243.
3
Philip O'Brien: "Zur Kritik lateinamerikanischer Dependencia-Theorien", en: Hans-Jürgen Puhle (editor):
Lateinamerika - historische Realität und Dependencia-Theorien. Hamburg 1977, 41.
4
James Cockcroft/André Gunder Frank/Dale L. Johnson: Dependence and Underdevelopment: Latin America's
Political Economy. New York 1972, 7; Stanley J. Stein/Barbara H. Stein: The Colonial Heritage of Latin America:
Essays on Economic Dependence in Perspective. New York 1970, 135.
como nacional) aparece como proveedor de comestibles, materias primas y metales preciosos, a la
vez que importador de capital y artículos manufacturados. Factores exógenos, tales como las
decisiones de los países "metropolitanos", son concluyentes, según lo expuesto, para el crecimiento
y la estructura de la formación socioeconómica de Latinoamérica. Por su exhaustiva dedicación a la
exportación, el continente no podía desarrollar la capacidad para su transformación socioeconómica y el crecimiento necesario. Debido al capitalismo industrial, Latinoamérica tuvo que
abrirse paulatinamente al libre comercio; así se transformó la estructura social y política de tal
manera, que satisficiera las nuevas necesidades metropolitanas, y con ellas, en su calidad de
"socios" o "agentes", las de las burguesías locales latinoamericanas.
Las teorías de la dependencia se han visto expuestas a fuertes críticas en los últimos años; se les
acusa de argumentar en forma ahistórica y anacrónica, aplicando ciertos fenómenos históricos de
una determinada época a otras épocas históricas (la dependencia exterior real de muchos Estados
latinoamericanos a fines del siglo XIX, por ejemplo, a los primeros decenios de la Independencia);
además, se les echa en cara una reducción "economicista" y una ruda simplificación de hechos
complejos. Uno de los principales adversarios de las variantes expuestas por la teoría del
imperialismo económico y comercial británico, así como de la dependencia latinoamericana
respecto a las economías europeas, es D.C.M. Platt, quien en sus múltiples publicaciones,5 ha
contrapuesto al concepto de dependencia exterior latinoamericana el concepto de autonomía
económica latinoamericana en la fase postcolonial. Tanto las economías coloniales como los
Estados independientes estaban, según Platt, orientadas al interior (inward-looking economies);
después de su separación de España, las nuevas Repúblicas se mantuvieron por más de medio siglo
alejadas del mercado mundial. Platt respalda su aseveración con los siguientes datos: las
exportaciones británicas hacia la América española (Brasil constituye una excepción, debido a la
relación especial que mantenía con Inglaterra, y por eso se le excluye de este cálculo) ascendían
durante el decenio 1831-1840 a 2.49 millones de libras esterlinas de promedio anual; en el decenio
siguiente a 3.31 millones de libras, y en los años cincuenta a 5.45 millones de libras de promedio
anual. Durante los mismos decenios, el volumen total de exportaciones británicas ascendía a 43.53
millones, 41.74 millones y 99.27 millones de libras esterlinas de promedio anual, respectivamente.
De estas cifras se extrae que las exportaciones de Gran Bretaña a la América hispánica eran de
relativamente poca importancia. Ni siquiera para la población latinoamericana aquellas
importaciones pueden haber tenido demasiada importancia. En un período de depresión económica,
el comercio exterior, además de estancarse, tenía poca importancia; de esta forma, y contra su
voluntad, Latinoamérica permaneció aislada de las corrientes principales del comercio mundial, y
por lo tanto, autárquica e "independiente". Esta afirmación, relevante en lo que se refiere a la
dimensión comercial, tiene también validez en cuanto a la presunta dependencia financiera del
continente. En general, es mejor hablar al respecto de autarquía producida por una tradición de
aislamiento hacia los mercados mundiales, que hablar de una actuación dependiente dentro del
sistema capitalista de mercado mundial. Los latinoamericanos producían principalmente para el
mercado interno, y sus estructuras de producción se orientaban hacia ese rumbo. Con excepción de
la economía de plantación y de los enclaves mineros, el modelo de desarrollo económico estuvo
siempre orientado hacia las prioridades y necesidades internas.
5
La siguiente argumentación se orienta básicamente en sus publicaciones: "Dependency in Nineteenth-Century Latin
America: An Historian Objects", en: Latin American Research Review 15, 1980, 113-130; el mismo: "The Anatomy of
"Autonomy" (Whatever that May Mean)", en: ibíd., 147-149; véase también el mismo: "The Imperialism of Free Trade:
Some Reservations", en: Economic History Review, 21, 1968, 269-306; el mismo: "Dependency and the Historian:
Further Objections", en: C. Abel/C.M. Lewis (editores): Latin America. Economic Imperialism and the State. London
1985, 29-39.
Las dos posiciones que aquí se han bosquejado marcan posturas extremas en una continuada
discusión, en la que se han incluido muchos otros elementos. La mayor parte de la disputa se
concentra en la veracidad de las fuentes estadísticas, así como el efecto del comercio exterior sobre
los distintos estratos de la sociedad. Es de notar, que los "intérpretes de la autonomía" no pueden
aceptar ninguna dependencia, ni política, ni económica, en las relaciones británicolatinoamericanas durante la mayor parte del siglo XIX. Con especial énfasis niegan la categoría
analítica de "imperialismo informal", así como el término "neo-colonialismo" postulado por el
matrimonio Stein, un término que sugiere que la diferencia política entre el status independiente, y
el de colonia, es trivial.6
Este artículo se ordena dentro de la discusión, que a manera de introducción aquí ha sido
esquematizada. Como siguiente punto se cuestionará qué intereses perseguían los Estados europeos
en el momento de la Independencia, y qué estrategias comerciales aplicaron en Latinoamérica.
Acto seguido se contrapondrán a la perspectiva europea los conceptos latinoamericanos de
desarrollo; se analizará el debate entre aquellas fuerzas que pugnaban por una industria propia,
orientada al mercado interno, y las que pugnaban por una orientación externa, integrada al mercado
mundial. Sobre todo en la segunda mitad de siglo logró imponerse el concepto liberal de
"desarrollo hacia afuera"; el resultado de esta estrategia de modernización será ilustrado en base a
varios ejemplos: el cuarto inciso tratará el comercio entre Europa y Latinoamérica, el problema de
la inversión de capitales y la deuda externa. En el quinto inciso se expondrá la inmigración europea
a Latinoamérica, de la cual se esperó progreso económico, y a menudo, también social.
2. Intereses europeos y estrategias comerciales
La fuerza motriz decisiva para el establecimiento de relaciones económicas por parte de países
europeos con Latinoamérica después de la Independencia fue la situación económica durante las
Guerras Napoleónicas, y en el decenio posterior al Congreso de Viena. Pronto se constató que, a
pesar del principio de orden legitimístico, las potencias de la Santa Alianza tomaban una posición
más bien pasiva ante la cuestión de la emancipación latinoamericana. El principio de legitimidad
postulado en el Congreso de Viena no impulsó a las grandes potencias a intervenir a favor de
España en el Nuevo Mundo, para evitar a la Madre Patria la pérdida de sus colonias. A ello se
oponían los intereses reales de la Pentarquía, que pretendía el restablecimiento del status quo en
Europa, pero, por razonamientos económicos y comerciales, seguía una política no intromitiva en
Latinoamérica. Los intereses transmarítimos perseguían ante todo la abolición de las restricciones
económicas en el tráfico comercial con las colonias españolas, un aspecto que tuvo especial
envergadura dentro de los razonamientos de la política de comercio exterior británica. A fines del
siglo XVIII había tenido lugar una gran concentración de capital en Inglaterra; los comerciantes
ingleses se expandían por todo el mundo entonces "explorado". El volumen del comercio exterior
británico casi había sido doblado entre 1790 y 1808 (de 22 a 40 millones de libras esterlinas); las
Guerras Napoleónicas trajeron como resultado un nuevo impulso para la economía de la isla, que
además, gozaba en aquel momento de la incursión de capitales extranjeros en peligro, fugados del
continente hacia aquel seguro centro financiero. Las necesidades de las potencias continentales
crearon en Inglaterra poderosas organizaciones comerciales, y, en relación con la acentuada
acumulación de capital, un característico sistema de banco y financiamiento. 7
6
La colección editada por W.R. Louis: The Robinson and Gallagher Controversy. New York 1976, contiene tanto
importantes escritos de Robinson y Gallagher como también un gran número de reacciones críticas a la teoría del
imperialismo de libre comercio (hasta mediados de los años setenta).
7
John Lynch: "British Policy in Spanish America, 1783-1808", en: Journal of Latin American Studies 1, 1, 1969, 1-30;
Leland H. Jenks: The Migration of British Capital to 1875. New York 1973, 17-27.
Esta refinada estructura financiera y comercial parecía peligrar al final de las Guerras Europeas: la
demanda continental cayó abruptamente, la economía sufrió una profunda depresión postbélica, el
comercio algodonero estaba por los suelos. Sólo nuevos mercados de consumo para el amplio
exceso de producción podrían ayudar a la industria inglesa a salir del estancamiento. Entonces,
como era de esperar, la mirada británica se posó sobre América. A partir de 1820 el comercio
inglés tomó un nuevo impulso, que preludiaba una era de violenta expansión. El valor "oficial" de
los artículos algodoneros exportados por Inglaterra subió, sólo de 1821 a 1824, de 23.5 a 30.2
millones de libras esterlinas (el alza de los "valores declarados" era más baja, por la caída de los
precios).8 Las exportaciones británicas hacia Latinoamérica aumentaban en forma especial; para
1823 el mercado latinoamericano ya era tan importante para el comercio algodonero de Lancashire,
que la Cámara de Comercio de Manchester lo denominó "de primera categoría", exigiendo el
nombramiento de agentes consulares para asegurar dicho comercio.
A los ingleses les interesaba especialmente tener rutas comerciales seguras, ingresos prontos y el
volumen de venta más grande posible; aspiraban a la libertad comercial ilimitada con los mercados
latinoamericanos. La intensificación del comercio transmarítimo tenía importancia decisiva para la
industria británica; si bien para el comienzo y la fase inicial de la Revolución Industrial no jugó
ningún papel directo, el comercio transmarítimo sí contribuyó a la creación de bases del "take-off"
industrial. Las metas que Gran Bretaña perseguía en Latinoamérica, eran bastante concretas para
los responsables de la política exterior inglesa ya mucho antes de la Independencia. Uno de los más
ilustrativos documentos al respecto es una Memoria del Foreign Office, redactada ya en 1806 por
William Jacob:9
"A predominant influence in the Spanish provinces of Mexico, New Granada, Peru, Chili, and
Buenos Ayres, would be of the most beneficial consequence to Great Britain, in a political,
commercial and naval view [...] by extending the consumption of our manufactures, and supplying
us with many raw materials [...] Could excess be obtained (to the Latin American markets) these
ten millions of people would be clothed with the produce of our looms, for it would be more
advantageous to them to send their wool and their cotton to England, and receive it back
manufactured, than to continue their fabrick of those articles."
El Memorándum de Jacob presenta la clásica formulación de lo que más tarde los historiadores
llamaron imperialismo comercial, o "informal". El Foreign Office rechazaba categóricamente una
conquista directa, o una ocupación momentánea de los países latinoamericanos; en su lugar, lanzó
un proyecto casi visionario, a cuyas máximas hubo de acoplarse la política exterior británica
durante largos decenios. Contenía los elementos esenciales de la división de trabajo entre el
proveedor de materia prima y el productor de manufacturas; enumeraba tanto las ventajas del
tráfico comercial directo (sin intermediación de los E.E.U.U.), como la importancia estratégicomilitar de un comercio que hacía a Inglaterra completamente independiente del mercado europeo;
hacía notar que un comercio regular (sin recurrir al contrabando) con Latinoamérica podía ser
multiplicado por diez. La consecuencia política de estos razonamientos es obvia: todas las
restricciones que impedían el comercio con las colonias españolas debían ser abolidas o - ya que no
era de esperar que España accediera a esta política -, las colonias debían declarar su independencia.
Esta clase de razonamientos económicos fue, implicita o explícitamente, el hilo conductor de la
política exterior británica con Latinoamérica. Los intereses económicos y comerciales de la isla
eran y siguieron siendo la fuerza motriz de la política inglesa; estos intereses dominaban las
decisiones tomadas al inicio de los años veinte del siglo XIX, cuando se reconoció
diplomáticamente a las nuevas Repúblicas; y aún cuando decenios más tarde ya estaba claro que las
8
Arthur Redford: Manchester Merchants and Foreign Trade. 2 volúmenes. Manchester 1954/1956. I, 75.
(William Jacob:) Memorial on the Advantages to Be Obtained by Great Britain from a Free Intercourse with SpanishAmerica, 14-II-1806: Public Record Office/Foreign Office 72/90, folios 77-96.
9
exageradas esperanzas cifradas en el comercio con Latinoamérica no se harían realidad, la
combinación básica de relaciones de cambio - materia prima por manufacturas -, continuó siendo el
axioma inalterado de la política británica de comercio exterior.
Los razonamientos postulados por Gran Bretaña eran también válidos - mutatis mutandis - para los
demás Estados europeos, aunque se debe mencionar el retardado desarrollo continental frente al
británico, y la naturaleza distinta de ambos procesos económicos. Las colonias españolas se habían
convertido en un socio importante del capital comercial y manufacturero alemán a lo largo del siglo
XVIII. Cuando la Corona española realizó sus "reformas borbónicas", aumentó el interés
económico de Alemania por el mercado colonial. De gran importancia era entonces el lino de
Silesia, que gozaba de una especial preferencia en el mercado mundial; a mediados del siglo XVIII
su monto de exportación ascendió a casi 3.5 millones de táleros; en 1803 eran ya entre 8 y 10
millones de táleros;10 la mitad de esta mercancía pasaba de España a la América española vía
Hamburgo. Manfred Kossok ha hecho notar que, para los productores silesianos y los exportadores
hamburgueses, el dilatamiento del mercado colonial español llegó a ser una cuestión de existencia
económica.
Una vez consumada la Independencia latinoamericana, los comerciantes e industriales alemanes
vieron en ello la oportunidad de reavivar el antes tan provechoso tráfico comercial entre Alemania
y Latinoamérica. La "Rheinisch-Westindische Compagnie", una compañía alemana fundada en
1821 por comerciantes e industriales de Wuppertal, tenía como objetivo reabrir al "mercado
mundial" la industria alemana, a la sazón bastante postrada a causa de las Guerras Napoleónicas y
de la saturación del mercado alemán con productos ingleses baratos.11 La "Compagnie" abrió en
Haití, México y Buenos Aires sus primeras agencias.
Las Ciudades Hanseáticas no estaban menos interesadas que Prusia en el comercio
latinoamericano. Si bien es cierto que ya en el siglo XVIII se habían creado lazos comerciales entre
las colonias europeas en Latinoamérica y Alemania, y que las Ciudades Hanseáticas ya habían
podido eludir el monopolio comercial español (legal o ilegalmente) decenios antes de la
Independencia de las colonias españolas,12 a los hanseáticos sólo les fue posible quebrantar el
sistema de defensa de las potencias coloniales en calidad de "interloper": ejerciendo el contrabando.
Durante el último decenio del siglo XVIII, el comercio hamburgués había prosperado como nunca
antes; sin embargo, el Bloqueo Continental (1806-1813) trajo un fin abrupto a este florecimiento
económico, y para 1814/1815, la competencia inglesa ya se hacía notar por doquiera. Así, Centro y
Sudamérica se presentaban ante el comercio hanseático, que atravesaba tiempos difíciles, como una
"nueva" región mercantil, de carácter indispensable, con la que se debían establecer contactos
directos ipso facto, ya que España y Portugal, después de las Guerras Napoleónicas, habían perdido
su anterior importancia para Alemania como sitios de tránsito y transbordo hacia América en el
negocio de exportación de linos.
Los intereses económicos y comerciales franceses en Latinoamérica no eran menores que los
ingleses y pruso-hanseáticos. Si antes de la Gran Revolución había florecido el comercio francés a
10
Manfred Kossok: "Die Bedeutung des spanisch-amerikanischen Kolonialmarktes für den preußischen
Leinwandhandel am Ausgang des 18. und zu Beginn des 19. Jahrhunderts", en: Hansische Studien. Heinrich
Sproemberg zum 70. Geburtstag. Berlin 1961, 210-218.
11
(C.C. Becher:) Hauptmomente des Wirkens der rheinisch-westindischen Compagnie, als Anhaltspunkt zur
Beurtheilung der Sache, bei Gelegenheit der General-Versammlung vom 2. März 1830, den verehrlichen Aktionären
mitgetheilt von der Direktion. Elberfeld 1830, 5.
12
Hans Pohl: "Die Hansestädte und Lateinamerka um 1800. Ein Beitrag zur Geschichte ihrer Schiffahrts- und
Handelsverbindungen", en: Johannes Vincke (editor): Gesammelte Aufsätze zur Kulturgeschichte Spaniens, 22.
Münster 1965, 321-344. El mismo: Die Beziehungen Hamburgs zu Spanien und dem spanischen Amerika in der Zeit
von 1740-1806. Wiesbaden 1963.
base de reexportación, trata de esclavos y negocios coloniales, éste quedó por los suelos como
resultado de las guerras franco-británicas iniciadas a partir de 1793, y sobre todo, como
consecuencia del Bloqueo Continental; los puertos franceses habían perdido su papel como bodegas
de almacenamiento internacional; la antigua economía colonial y su correspondiente sistema de
intercambio estaban destruidos del todo. El fin del régimen napoleónico había significado para
Francia una profunda cesura en su comercio exterior, que ahora debía ser reconstruido bajo nuevas
premisas.
La economía francesa se repuso con velocidad sorprendente de las Guerras Napoleónicas; sin
embargo, como consecuencia del aumento de la producción por el industrialismo, ahora se
encontraba aún más supeditada a la exportación de sus excedentes. Esto hizo que muy temprano los
empresarios franceses pusieran su vista en Latinoamérica, ante las dificultades de venta tanto en su
país como en el resto de Europa. Como en Inglaterra y Alemania, también en Francia serían los
representantes de los intereses comerciales e industriales quienes pugnaran por la regularización de
las relaciones con las nuevas Repúblicas, vista la importancia económica que esto contraía. Y como
en Inglaterra y Alemania, también allí política y economía tomaron rumbos diversos. Ni Luis
XVIII, ni Carlos X, estaban dispuestos a un reconocimiento diplomático directo; pero aún cuando
Francia externamente se preciaba de legitimista, defensora de los derechos hereditarios de
Fernando VII, observaba con creciente aprensión la ofensiva comercial británica, y se esforzaba en
no desperdiciar ninguna oportunidad de afirmar sus intereses económicos en el mercado
latinoamericano.
Tanto los ingleses como los demás europeos presionaron a las Repúblicas latinoamericanas
independientes, desde el inicio, a practicar una política de libre comercio, que representaba grandes
facilidades para ellos, pues tenían urgente necesidad de ciertas materias primas, como maderas de
tinta, por ejemplo. No se esperaba de Latinoamérica que diese productos industriales, o cereales, a
cambio de las manufacturas inglesas. Por tanto, la política europea de comercio externo pugnaba
por libertad de comercio y librecambio en Latinoamérica, con la seguridad de que sus economías,
mucho más desarrolladas, sólo podían obtener ganancia de un sistema de cambio liberal; es más,
tenían necesidad de él. En el "American Quarterly Review" de 1831 fue claramente postulada esta
dependencia: "Europe, in her present situation, cannot do without America [...] Europe cannot
become independent of America."13
Así, el libre comercio se había convertido en la base fundamental de la política económica europea
en Latinoamérica, y para muchos coetáneos incluso había adquirido el carácter de ley natural.
Amplios círculos de empresarios y comerciantes europeos veían en él la base de una Constitución
liberal, del crecimiento del bienestar económico, de la libertad, el progreso, y la armonía natural,
etc., siempre que no actuara en detrimento de sus intereses específicos. En este sentido, la postura
europea referente al comercio era de "auto-interés ilustrado" (como lo ha llamado William
Woodruff); por una parte, esta actitud provenía de la nada altruista esperanza en ganancia
económica; por otra, muchos propagandistas creyeron en el sueño del libre comercio y le atribuían
una misión civilizadora a Europa.14
Independientemente de si existía en realidad una estrategia británico-europea de imperialismo
comercial, muchos latinoamericanos veían en el diluvio sobre sus mercados de artículos baratos de
consumo provenientes de Europa un intento de hacerles depender de la avanzada industria
nordatlántica, a la vez que reducirles al papel de proveedores de materia prima. El debate
13
"Europe and America; or, the Relative State of the Civilised World at a Future Period", en: The American Quarterly
Review (Philadelphia), tomo IX, No XVIII, junio 1831, 409.
14
William Woodruff: Impact of Western Man. A Study of Europe's Role in the World Economy 1750-1960. London
1966, 12.
latinoamericano entre librecambistas y proteccionistas da clara muestra de tal percepción.
3. Conceptos latinoamericanos de desarrollo
La discusión latinoamericana sobre libre comercio, proteccionismo y prohibiciones de importación
había comenzado mucho antes de la Independencia; era al mismo tiempo un debate sobre
estrategias de desarrollo. En concordancia con el optimista entusiasmo de la recién alcanzada
Independencia nacional - que a la vez significaba la superación de obstáculos largamente
combatidos en el sector económico -, la mayoría de los "teóricos de la economía" latinoamericanos
se pronunció en los tempranos años veinte en contra de un sistema comercial prohibitivo, y en la
mayoría de los casos, hasta contra un sistema comercial que tendiera a desembocar en
proteccionismo. El tránsito libre de artículos fue interpretado como un importante logro de la
libertad política recién alcanzada: la ideología de la lucha por la Independencia exigía libre
comercio y librecambio.
No obstante, muy pronto los políticos latinoamericanos comprendieron que las tarifas arancelarias
no sólo defendían las manufacturas y artesanías locales, sino que además, y sobre todo, llenaban las
vacías arcas estatales, de forma que era prácticamente imposible renunciar a ellas. Los aranceles de
comercio exterior pasaron a ser, en muchos casos, la más importante fuente de ingresos para el
fisco de aquellas naciones; el proteccionismo industrial y los requisitos fiscales estatales pronto
hicieron renunciar a la idea de un tráfico de artículos libre de todo obstáculo.
A pesar de ello, los liberales seguían exigiendo una amplia liberalización del comercio exterior. El
aspecto decisivo del programa económico de los librecambistas estribaba en que ellos no veían el
desarrollo de las fuerzas productivas como la verdadera fuente de la riqueza privada y social, sino de acuerdo con Ricardo y Adam Smith - en la capacidad de cambio de mercancías. La idea de
libertad comercial (sin importar el grado de desarrollo económico de un país) como garantía para el
progreso económico era la premisa implícita de este programa. En los grandes debates políticos de
los primeros años de la Independencia, los liberales ambicionaban para sus países repúblicas
democráticas federales con instituciones representativas; la sociedad secularizada debía estar libre
de toda influencia clerical; la Nación debía estar conformada por pequeños propietarios,
campesinos independientes y artesanos; el libre funcionamiento de las fuerzas mercantiles, la
competencia económica y los intereses individuales no debían ser impedidos por ninguna clase de
leyes restrictivas o privilegios artificiales. Los liberales se mostraban completamente convencidos
de la clásica doctrina económica de la "mano invisible" que hacía armonizar los intereses del
individuo con los de la sociedad. Una vez sobrepasados todos los obstáculos que impidiesen el
desarrollo de la libre empresa, la función del Estado se reduciría a la defensa exterior, la educación
y la garantía de la seguridad interna. La libertad política, pensaban, aportaría progreso y bienestar.15
El liberalismo imperante en los tempranos días de la Independencia significaba, para la política
interna, la repulsa al sistema colonial, y, para la política externa, signalizaba a las grandes potencias
la disposición a concesiones en el sector comercial, las cuales estaban enlazadas a la esperanza de
urgente apoyo económico y político (también en la lucha contra España). La necesidad de
legitimación se entremezclaba con las urgencias del momento, sugiriendo, tanto en materia
comercial como en derecho constitucional, una regulación de orden liberal.
La contraposición a los liberales era conducida por personas que en su mayoría eran empresarios, o
que tenían estrecha relación con la producción de géneros (artesanos, por ejemplo). Se habían
convertido en "paladines" del nacionalismo económico, y pronosticaban la ruina de la industria
15
Según David A. Brading: Los orígenes del nacionalismo mexicano. México 1973, 158 y s.
nacional en el caso de que se permitiera la importación de artículos extranjeros (en especial
textiles). Los prohibicionistas defendían su postura de forma muy convincente: las prohibiciones,
argumentaban, traían beneficio a la industria propia, y sin el fomento de la misma sucumbiría
inevitablemente la Nación; si a la Independencia política no seguía la económica, Latinoamérica
seguiría siendo dependiente del extranjero durante muchas generaciones. Altos aranceles de
importación no bastaban para proteger a la industria local de la aventajada competencia extranjera,
ya que los comerciantes extranjeros no tenían el menor escrúpulo en colocar provisionalmente sus
mercancías a precios de pérdida en los mercados latinoamericanos hasta llevar a la quiebra a sus
competidores locales, para luego tener el mercado a su completa disposición. La única solución
factible a las posibilidades de Latinoamérica eran las prohibiciones de importación. Que ellas
cumplían su cometido, había sido ampliamente demostrado durante las Guerras de Independencia,
cuando productos sucedáneos surgieron como resultado de las restricciones de importación. No se
debía nunca confundir liberalismo con librecambio; también otras naciones, liberales, protegían sus
incipientes industrias de la competencia extranjera.
Tanto proteccionistas como prohibicionistas coincidían en afirmar que la política arancelaria
defendida por ellos no debía ser un aislammiento duradero del mercado internacional, sino sólo una
medida pasajera, que concluiría en el momento en que la economía del "país aspirante" (Friedrich
List) se hubiera desarrollado lo suficiente como para sostener relaciones simétricas de cambio con
los socios antiguamente superiores. Ante la afirmación contrapartidaria de que las prohibiciones
dañaban al consumidor, pues garantizaban al productor local un monopolio de producción y precio
absolutos, los prohicionistas rebatían que la libertad industrial en el interior del país produciría un
clima natural de competencia que garantizaría precios bajos. La conexión de prohibiciones externas
y competencia interna estimularía a la industria y la artesanía, regulando el mercado.
El liberalismo "doctrinario" perdió en los primeros años de la Independencia su liderazgo en la
opinión política; sólo lo recuperaría después de mitad de siglo. Las decisiones político-económicas
generalmente fueron influenciadas por los conservadores pragmáticos, y las medidas legislativas según la necesidad del momento - oscilaban entre protección y prohibición.16 Sólo tuvo lugar un
cambio radical a mediados del siglo XIX, cuando se renunció a los intentos de crear una industria
independiente, y los políticos liberales se decidieron por un modelo de desarrollo orientado en la
economía de exportación agraria con fuerte participación en el mercado mundial, introduciendo la
fase del "desarrollo hacia afuera", que se prolongó hasta la crisis económica mundial de los años
treinta del presente siglo. El motivo de este cambio de curso, que conducía a una intensificación de
la exportación agrícola en base a una política librecambista, fueron los exiguos resultados de los
intentos anteriores de crear una industria propia con miras a independizarse de la importación de
manufacturas. Ni en México, ni en Colombia, ni en ninguna otra nación latinoamericana habían
tenido éxito estos intentos. A esto se sumaban las transformaciones de la economía mundial: el
triunfo del concepto de libre comercio, el aumento de la demanda de productos tropicales en los
mercados europeos, la organización del tráfico transmarítimo de barcos de vapor. Así, los Estados
latinoamericanos aceptaron el puesto en que se les clasificaba dentro del entonces vigente sistema
internacional de división del trabajo. El Ministro de Hacienda colombiano, Florentino González,
articuló en forma ideal la convicción reinante entre las fuerzas económicas liberales a mediados del
siglo pasado:17
16
Para el caso de México, consúltese la detallada discusión sobre política de tarifas y la disputa entre fomentadores de
la industria y librecambistas, expuesta por Walther L. Bernecker en: Industrie und Außenhandel. Zur politischen
Ökonomie Mexikos im 19. Jahrhundert. Saarbrücken 1987; el mismo: Die Handelskonquistadoren. Europäische
Interessen und mexikanischer Staat im 19. Jahrhundert. Stuttgart 1988.
17
F. González: "Memoria de hacienda 1848", citado por Hans-Joachim König: "Entwicklung nach aussen".
Voraussetzungen, Maßnahmen und Ergebnisse des Entwicklungskonzepts der Liberalen in Kolumbien in der zweiten
Hälfte des 19. Jahrhunderts", en: Inge Buisson/Manfred Mols (editores): Entwicklungsstrategien in Lateinamerika in
Vergangenheit und Gegenwart. Paderborn 1983, 75.
"En un país rico en subsuelos y productos agrícolas capaces de proveer un comercio exterior en
forma abundante y lucrativa, las leyes no deben apoyar a una industria que sólo aparta a la
población de ocupaciones tales como la agricultura y la minería, de las cuales se pueden extraer
grandes ganancias. Los granadinos no pueden competir, en materia manufacturera, con los
europeos o los norteamericanos [...] Europa, con una población capacitada, y en poder de la
máquina de vapor, con experiencia en cuanto a la producción de manufacturas, cumple con su
cometido en el mundo industrial transformando la materia prima. También nosotros debemos
cumplir con nuestro cometido, y, en vista del rico número de materiales nacionales con los que la
Providencia bendijo a nuestro país, no debe caber duda cuál es nuestro cometido. Debemos
ofrecerle a Europa nuestra materia prima y abrirle nuestros puertos a sus productos, para así
facilitar el intercambio comercial y recibir sus posibles beneficios, y al mismo tiempo favorecer al
consumidor con productos industriales a precios bajos."
Los liberales no se pronunciaban siempre tan claramente a favor de una apertura. Los liberales
mexicanos de la era de la Reforma, por ejemplo, aceptaron un proteccionismo moderado dentro de
las condiciones entonces reinantes, justificándolo en base al distinto grado de desarrollo en que su
país se encontraba, dentro del contexto de desarrollo mundial. Fuera como fuese, también para ellos
quedaba claro que el proteccionismo era sólo una fase pasajera en la aspirada ruta al libre
comercio.18
4. Relaciones comerciales e inversión de capitales
En forma introductoria se mencionó ya que al finalizar el formal control político formal que Europa
ejercía sobre Latinoamérica hasta principios del siglo XIX, no se paralizó la integración del
subcontinente a la economía mundial entonces en ciernes. La Revolución Industrial de los Estados
noratlánticos, con su consecuente intercambio económico y comercial, y sus correspondientes
corrientes migratorias, no hizo sino atar más a Latinoamérica con Europa. Ya el último decenio del
siglo XVIII alcanzó gran importancia para las relaciones Europa-Latinoamérica: el volumen
comercial de los Estados europeos con el imperio transmarítimo portugués-español había
aumentado ostensiblemente; se hacía uso regular del tráfico comercial directo, eludiendo el
monopolio español. Robin A. Humphreys incluso ha afirmado que la ruina del imperio hispánico en
América no fue otra cosa que un ejemplo de la expansión comercial europea.
Este tipo de afirmaciones bien pueden ser exageradas, pero: durante el siglo XIX Europa tuvo, en
materia de préstamos e inversiones, y en calidad de socio comercial, capital importancia para la
América Latina. A fines del siglo pasado, durante la Primera Conferencia Panamericana, Argentina
rechazó vivazmente la idea de una unión comercial interamericana, pues ella sólo conseguiría
"excluir a Europa de la vida económica, la misma Europa que nos tiende su mano, nos envía sus
poderosas armas, colabora a nuestra existencia económica, y nos incluye en su cultura". Argentina
reiteraba continuadamente la necesidad de entablar relaciones más estrechas con Europa, pues el
comercio era la arteria vital del país. También Brasil se expresaba en contra de una unión comercial
exclusivamente latinoamericana.19
Los primeros años de la Independencia de las Repúblicas latinoamericanas significaron, en relación
18
Véase al respecto Inge Buisson: "Wege, Ziele und Ergebnisse liberaler Entwicklungspolitik in der mexikanischen
Reform-Ära", en: Buisson/Mols (nota 17); Bernecker (nota 16).
19
Según Stanley Hilton: "Lateinamerika und Westeuropa: Die politischen Beziehungen bis zum Ende des Zweiten
Weltkrieges", en: Wolf Grabendorff/Riordan Roett (editores): Lateinamerika-Westeuropa-Vereinigte Staaten: Ein
Atlantisches Dreieck? Baden-Baden 1985, 21-58, en especial 34 y s.
con los últimos de la Colonia, una verdadera explosión de las importaciones. Durante 1806-1819,
por ejemplo, se importaron más de 23 millones de varas de tela a México. En el año cumbre de
1825 se registró una cantidad de importación casi idéntica. Aumentos como éste fueron observados
también en otros países, aunque en muchos casos las cantidades de importación disminuyeron algo
en los años treinta y cuarenta. Las exportaciones británicas hacia Latinoamérica oscilaban un poco
abajo del 10% del total inglés de exportaciones, porcentaje que se mantuvo a partir del fin de las
Guerras Napoleónicas durante la mayor parte del siglo XIX. El punto cúlmine de la exportación
inglesa a Latinoamérica, un 16%, se obtuvo en 1808, el primer año del comercio legalizado.20
Durante la primera mitad del siglo XIX, las principales importaciones latinoamericanas fueron
géneros de consumo, en especial artículos acabados o semiacabados: textiles, comestibles,
cerámicas, papel; el resto eran ferretería, herramientas, máquinas y metales. El elemento
característico del comercio de importación latinoamericano decimonónico era el dominio de los
tejidos. Esta dominancia refleja el control que la economía europea, especialmente la inglesa, tenía
sobre los mercados latinoamericanos, y la integración unilateral de éstos últimos al sistema mundial
de economía.
Dicha integración tuvo lugar especialmente en la segunda mitad del siglo XIX, cuando las fuerzas
liberales lograron imponerse. Después de 1850 se registró un alza general en las exportaciones de
Latinoamérica, aunque la especialización en pocos productos condujo a problemas de monocultura,
obligando a las economías latinoamericanas a depender unilateralmente de los mercados externos,
así como de las constelaciones de la demanda. Chile se especializó en salitre y cobre; Perú en
guano; Brasil en café; Argentina en carne y lana, Centroamérica en bananas; México en plata. Para
facilitar el transporte, Inglaterra invirtió grandes sumas en la construcción de sistemas de
transporte, especialmente ferrovías y (a través de créditos estatales) puertos marítimos. A fines de
siglo había grandes capitales británicos (que aportaban altos réditos) invertidos en magnos
proyectos de infraestructura urbana (servicios de gas y de agua), minería, plantaciones y (en
Argentina) proceso de carne.
Argentina presenta el ejemplo clásico de cómo una economía nacional subdesarrollada se convierte
en importante proveedor de artículos primarios con la ayuda de capital, tecnología y necesidades de
consumo europeos. En la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló en Buenos Aires, bajo el
auspicio de una economía agraria y vacuna, una burguesía económica y una oligarquía agraria, los
estancieros, cuyos intereses políticos, especialmente después de la caída del dictador Juan Manuel
de Rosas (1852), estaban orientados hacia el exterior y formaban la base para la intensificada
integración de Argentina al sistema liberal de comercio mundial.21 La "revolución de la pampa"
(Scobie) proveyó abundantemente a Europa -una vez creados adelantos tales como fábricas de
congelamiento de carne, barcos de bodega fría y transportes pesados- con carne y cereales.
Inglaterra tuvo hasta la Primera Guerra Mundial, debido a su hegemonía industrial y su flota
comercial, una posición privilegiada en los mercados latinoamericanos. La misma suerte de
Argentina corría a su vez Brasil, que en el siglo XIX era una especie de colonia informal mercantil
británica. La competencia mercantil imperialista se había generalizado de tal forma en el último
tercio del siglo pasado, que Alemania y Francia, y en especial los Estados Unidos, se habían
convertido en amenazadores rivales comerciales de Inglaterra en la América Latina. Entre 1873 y
1889, las exportaciones alemanas a Sudamérica se triplicaron entre 1873 y 1889; Latinoamérica se
convirtió, durante el cuarto de siglo anterior a la Primera Guerra Mundial, en un importante
consumidor de artículos alemanes (en especial máquinas, instrumentos, ferretería). Durante ese
20
Laurence Whitehead: "Britain's Economic Relations with Latin America", en: Joseph Grunwald (editor): Latin
America and World Economy. A Changing International Order. Beverly Hills 1978, 73-97, aquí 73.
21
H.S. Ferns: Britain and Argentina in 19th Century. Oxford 1960. James R. Scobie: Revolution on the Pampas: A
Social History of Argentine Wheat, 1860-1910. Austin 1964.
período el porcentaje latinoamericano de la totalidad exportativa alemana ascendió del 5.1% al
7.7%, mientras que la importación alemana de artículos latinoamericanos ascendió de 8.4% a
11.3%. En comparación con sus competidores Inglaterra y Estados Unidos, las partes porcentuales
latinoamericanas de importación se inclinaban gradualmente a favor de Alemania, aún cuando
Inglaterra y Estados Unidos seguían siempre en ventaja.22 Entre 1890 y 1895 sólo Alemania pudo
aumentar sus exportaciones hacia Latinoamérica, mientras que Inglaterra sufrió grandes pérdidas
hasta el cambio de siglo. Entre las ascendientes exportaciones alemanas, los artículos de más
demanda provenían de la industria del hierro, el acero y la maquinaria.23
Estados Unidos se impuso con claridad a principios del siglo XX como el socio comercial
dominante de los Estados latinoamericanos (el vínculo de la economía de exportación mexicana a
los Estados Unidos, por ejemplo, sumaba el 50%; a fines de siglo era ya el 75%); al mismo tiempo
se registraba una transformación de la estructura del comercio exterior: los artículos de consumo,
en especial los textiles, perdieron importancia para la importación latinoamericana, mientras que
subía la demanda por artículos de inversión (máquinas, accesorios ferroviarios) y combustibles. Si
en 1850 el 63% de las exportaciones británicas hacia Latinoamérica eran textiles, y sólo un 18%
eran metales y máquinas, esa relación se transformó drásticamente hasta 1913, cuando ya sólo un
tercio de las exportaciones británicas a Latinoamérica eran textiles, y el 27% era de metales y
máquinas.24 Estos cambios en la demanda de artículos importados reflejan las transformaciones
económicas sufridas por Latinoamérica, a raíz de la construcción de líneas ferrocarrileras, el
surgimiento de la agricultura de exportación y la paulatina aparición de una industria local de
ensamble. De 1900 a 1910 se alzó el monto de importaciones de los Estados latinoamericanos de
476 a 1'286 millones de marcos, o sea, en un 122%, siendo artículos de inversión la mayor parte de
estas importaciones. Argentina, por ejemplo, multiplicó por cuarenta y tres sus importaciones de
artículos de inversión (de 11.7 a 507 millones de marcos) durante el período comprendido entre
1870 y 1913, mientras sus importaciones de artículos de consumo sólo fueron multiplicadas por
treinta y uno (de 28.8 a 890.3 millones de marcos) en el mismo lapso de tiempo. "Argentina, Brasil
y Chile se habían incluido dentro del grupo de los mercados con la mayor capacidad para la
absorción de productos industriales a nivel mundial, pues su apertura avanzaba de manera muy
veloz, y la demanda de bienes de inversión que ello conllevaba casi sólo podía ser cubierta con
artículos venidos del extranjero".25 Como consecuencia de su desarrollo unilateral como países
exportadores de productos agrarios y materia prima, los Estados latinoamericanos dependían ahora
completamente de la importación de artículos industriales para continuar su crecimiento.
Los países europeos eran a la vez los más importantes proveedores de material bélico para
Latinoamérica. Inglaterra tenía, antes de la Primera Guerra, la primacía en venta de armamento
naval, mientras la Alemania Imperial, aunque con fuerte competencia francesa, era la principal
fuente para el pertrecho de la artillería y la infantería. La firma Krupp, y la "Fábrica Alemana de
Armamento y Munición" tenían en Argentina, Brasil y Chile prácticamente un monopolio de
venta.26 Muchos negocios se garantizaban a base de créditos estatales. Chile y Argentina se
endeudaron considerablemente en los años noventa del siglo pasado, a causa de la recíproca carrera
armamentista, aumentando así su dependencia económica de Europa, sin fomentar en nada la
propia industria. La influencia alemana sobre estos países se llevaba a cabo no sólo a través del
envío de armas, sino también como resultado de la instrucción militar y la profesionalización de sus
22
Ragnhild Fiebig-von Hase: Lateinamerika als Konfliktherd der deutsch-amerikanischen Beziehungen 1890-1903.
Vom Beginn der Panamapolitik bis zur Venezuela-Krise von 1902/03. Göttingen 1986, I, 140 y s.
23
Según ibídem, 160-163.
24
Frank Safford: "Trade (1910-1940)", en: Helen Delpar (editor): Encyclopedia of Latin America. New York 1974,
589-592.
25
Fiebig-von Hase: (nota 22), 170 y s.
26
Gerhard Brunn: Deutschland und Brasilien, 1889-1914. Köln 1971; Jürgen Schäfer: Deutsche Militärhilfe an
Südamerika: Militär- und Rüstungsinteressen in Argentinien, Bolivien und Chile vor 1914. Düsseldorf 1974.
ejércitos. Hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, Alemania influyó de manera decisiva en el
desarrollo militar latinoamericano; no es ningún caso fortuito que la mayoría de los Estados del
subcontinente se mantuviera neutral en 1914-1918.
Además de socio comercial, Europa jugaba también el papel de inversionista. La protagonista era
Inglaterra, seguida de Francia y Alemania. Bastante después venían Bélgica, con inversiones en el
sector de suministros y en ferrovías (en Argentina y Brasil), y Holanda, que daba préstamos a
ciertos Gobiernos. En el siglo XIX Gran Bretaña invirtió más capital a largo plazo en
Latinoamérica que en ninguna otra región. En 1914, según Fred Rippy, el 20% de las inversiones
extranjeras británicas - mil millones de libras esterlinas -, fue colocado en Latinoamérica.27
Inmediatamente después de la Guerra de Independencia, entre 1822 y 1825, la mayoría de los
gobiernos latinoamericanos había pedido préstamos en el mercado londinense de capitales,
llegando éstos a alcanzar una cifra superior a la mitad de todos los préstamos estatales que la bolsa
londinense emitió en aquella época. La parte principal de dichos préstamos sirvió para pagar
deudas contraídas durante las Guerras de Independencia, y para la compra de armamento, siendo,
por tal razón, improductivos. Como la economía nacional y los ingresos estatales no aumentaban al
ritmo deseado, la mayor parte de las jóvenes naciones tuvieron que suspender tempranamente
(1827) sus servicios de deuda externa, dando lugar a un largo ínterim de múltiples conversiones de
deuda y acumulación de intereses por falta de pago. La afluencia de capital europeo y la solvencia
crediticia latinoamericana disminuyeron en forma drástica.
A partir de 1870 se gestó en Latinoamérica una segunda fase de endeudamiento externo. "Los
ingresos de esta nueva ola de préstamos estatales fueron aplicados en el sector de transporte y
abastecimiento, especialmente la construcción de ferrovías. El requisito indispensable de este
segundo endeudamiento público fue el crecimiento de las economías de exportación de los países
latinoamericanos, y su integración al expansivo mercado mundial." 28 El clímax de esta segunda
fase de endeudamiento se pudo registrar en México entre 1885 y 1910, es decir, durante la
dictadura porfirista, cuando, según Friedrich Katz, "México constituyó un ejemplo clásico de la
incursión de capital extranjero en Latinoamérica",29 seguido algo más tarde por Colombia y
Ecuador. En esta fase los británicos se vieron fuertemente expuestos a la competencia de capital e
intereses exportadores de las otras potencias, Estados Unidos, Francia y Alemania.
D.C.M. Platt, como parte de los esfuerzos que por muchos años ha efectuado de minimalizar
interpretativamente el papel británico en Latinoamérica, ha puesto en duda el monto de los datos
acerca de las inversiones británicas en el extranjero, ya que al parecer, muchos de los préstamos
concedidos por el mercado de capitales londinense antes de 1870 provenían de fuentes no
británicas.30 Se refiere a inversiones directas de sociedades extranjeras privadas en América Latina.
Aún cuando a través de esa forma de cálculo se desplazara relativamente la parte correspondiente a
Inglaterra en las inversiones, no cabe duda que ésta era el inversionista más importante en
Latinoamérica durante el siglo XIX. El papel que Francia y Alemania jugaban en este sentido
tampoco era de despreciar. Aunque muchas inversiones francesas produjeron pérdida, el valor
27
J. Fred Rippy: British Investment in Latin America, 1822-1949. Minneapolis 1959.
Reinhard Liehr: "Die Phasen der Auslandsverschuldung Mexikos und Kolumbiens 1820-1920", en: Lateinamerika
zwischen altem und neuem Imperialismus. Göttingen 1988 (=Geschichte und Gesellschaft 2, 1988), 153. La
argumentación del endeudamiento externo latinoamericano durante el siglo XIX aquí expuesta, está basada en dicho
artículo.
29
Friedrich Katz: Deutschland, Díaz und die mexikanische Revolution. Die deutsche Politik in Mexiko 1870-1920.
Berlín (Oriental) 1964; el mismo: The Secret War in Mexico. Europe, The United States and the Mexican Revolution.
Chicago 1981.
30
D.C.M. Platt: "British Portfolio Investment Overseas before 1870: Some Doubts", en: The Economic History Review
33,1, 1980, 1-16.
28
nominal de las inversiones francesas en el extranjero continuaba ascendiendo a finales de siglo, y al
inicio de la Primera Guerra Mundial, el 13% de las inversiones extranjeras francesas estaba
colocado en Latinoamérica; las inversiones alemanas eran del 16% al mismo término, colocadas
especialmente en préstamos estatales, bancos, compañías de seguro, en la minería y en
plantaciones.31
Cuadro 1: Inversiones extranjeras en Latinoamérica 1913
(En millones de dólares)
_________________________________________________________________
Prestamista
Préstamo
%
_________________________________________________________________
Inglaterra
3.700
43,5
Francia
1.200
14,1
Alemania
900
10,6
E.E.U.U.
1.700
20,0
otros
1.000
11,8
_________________________________________________________________
Fuente: W. Baer, en: Grabendorff/Roett (nota 19), 75
_________________________________________________________________
En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el 43,5% de todas las inversiones extranjeras en
Latinoamérica provenía de Gran Bretaña, seguida de los Estados Unidos (20%), Francia (14,1%) y
Alemania (10,6%). Los principales receptores de estos préstamos eran Argentina, Brasil y México.
Cabe preguntarse si era Europa o Latinoamérica quien más se beneficiaba de los negocios
comerciales y las actividades inversionistas. En la investigación sobre la repartición de beneficios
comerciales entre Latinoamérica y Europa hay aún hoy una gran divergencia de opiniones. Se ha
logrado comprobar que, en los primeros decenios de la Independencia, un gran número de países
latinoamericanos mejoraron sus terms of trade: Brasil (azúcar, café, cueros, cacao), Chile (cobre),
Perú (salitre, guano, cobre, corteza de quina, algodón), Venezuela (café, cáñamo, cacao, algodón,
madera de tinta, pieles), Ecuador (cacao) y Guatemala (cáñamo, café) alcanzaron a mediados del
siglo XIX ingresos mucho más altos por sus exportaciones que a principios de la Independencia;
por el contrario Argentina (pieles), Uruguay (pieles), Colombia (madera de tinta, concha nácar,
corteza de quina, pieles) y México (cochinilla, madera de tinta, vainilla, aparte de la plata, que
predominaba) empeoraron sus relaciones de cambio, lo que se explica en base a la estructura de
importación-exportación de la época.32 Los precios de los productos industriales (especialmente
textiles) bajaron en general, debido a los bajos costos de producción y transporte, en comparación
con los precios de la materia prima. Pero -a esto ha hecho mención Werner Baer-, en este contexto
no basta el simple análisis de los terms of trade, pues una parte considerable del comercio se
encontraba en manos europeas, y por lo tanto, sólo es posible hacer observaciones parciales del
repartimiento de las ventajas comerciales. Aparte de esto, las ganancias del comercio internacional
obtenidas por Latinoamérica no traían consigo las ventajas de desarrollo a largo plazo
correspondientes, pues, como bien se sabe, los ingresos y el capital estaban fuertemente
concentrados, y eran empleados para proyectos improductivos y consumo de lujos.
31
Según Werner Baer: "Lateinamerika und Westeuropa: Die Wirtschaftsbeziehungen bis zum Ende des Zweiten
Weltkriegs", en: Grabendorff/Roett (nota 19), 59-76.
32
Jürgen Schneider: Frankreich und die Unabhängigkeit Spanisch-Amerikas. Zum französischen Handel mit den
entstehenden Nationalstaaten (1810-1850). 2 tomos. Stuttgart 1981, I, 46-49. Referente al surgimiento de las economías
nacionales latinoamericanas y su integración a la economía mundial, véase Reinhard Liehr (editor): América Latina en
la época de Simón Bolívar. La formación de las economías nacionales y los intereses económicos europeos 1800-1850.
Berlín 1989.
Han sido registradas otras distorsiones en la estructura económica y social como consecuencia de la
orientación exterior monoproductiva: la infraestructura de transportes, por ejemplo, estaba
destinada exclusivamente a la economía de exportación, lo que motivó el estancamiento de las
comarcas del interior, que antes gozaban de un relativo bienestar, y el sobrecrecimiento de las
ciudades portuarias. El desmoderado aumento de las monoculturas de exportación trajo como
consecuencia el fortalecimiento del latifundismo; la situación de las masas empeoró con la
propagación de la economía latifundista y las reformas liberales a mediados de siglo. "La
integración de Latinoamérica a la economía mundial provocó, sin lugar a dudas, notorios procesos
de crecimiento, modernización de la infraestructura y de los sectores aliados a la economía de
exportación. [...] El modelo de un 'crecimiento hacia afuera' (Prebisch) basado en la exportación de
materia prima -dentro del esquema de división de trabajo internacional -, parecía pues ser el más
adecuado a los recursos específicos latinoamericanos [...], sin embargo, todo este modelo estaba
guiado desde el exterior. Ni las naciones industriales, ni las oligarquías nacionales que se
beneficiaban de la exportación, estaban interesadas en una diversificación económica, mucho
menos en una industrialización autónoma, sino todo lo contrario. Sólo el estrepitoso derrumbe de
esas economías de exportación, acaecido durante la crisis económica mundial de los años treinta,
condujo a tardíos intentos de desarrollo 'hacia adentro'."33
Por otra parte, nuevas investigaciones han demostrado claramente que no se puede hablar de una
explotación exclusiva de las sociedades latinoamericanas por parte de los intereses económicos
extranjeros. Patrick O'Brien ha hecho notar, hace años ya, que la aportación de la "periferia" a la
formación de capital antes del "take off" industrial en los "centros" ha sido bastante restringida.34
La aportación del comercio exterior a los Estados y sociedades latinoamericanas no se juzga hoy en
forma exclusivamente negativa; en la historiografía se enumeran varios aspectos positivos:
Nils Jacobsen afirma, en el caso del Perú, que en la fase de impulso de la economía de exportación
entre 1850 y los tempranos años setenta del mismo siglo, así como también a principios del siglo
XX, se produjo un fortalecimiento del Estado nacional (no de las oligarquías regionales
semifeudales, como a veces se afirmaba en la literatura). La intensificación de la infraestructura
estatal lograda en aquella época no habría sido posible en tan corto tiempo sin las inversiones
extranjeras. La importancia de los intereses de exportación extranjeros se hizo notar
considerablemente desde fines de los años noventa. Las inversiones directas (en especial de
Norteamérica en la minería, la explotación petrolífera y la agricultura de exportación), ahora muy
importantes, portaron un alza en la recaudación de impuestos del Estado "central", permitiéndole
ampliar la burocracia estatal, la creación de nuevos Ministerios y Departamentos, el desarrollo del
sistema educativo, el refuerzo de la guardia rural, y un primer intento de profesionalización dentro
del ejército.35
En lo que a Brasil se refiere, se ha recalcado que el capital europeo, especialmente inglés, la
tecnología y la inmigración masiva proveniente del Viejo Mundo, que traía consigo una nueva
mentalidad económica, aportaron muchísimo al desarrollo del comercio y la industria.36 En el caso
de México, se ha defendido la tesis de que fue precisamente el capital comercial de los
inversionistas extranjeros, a través de los ingresos arancelarios como único ingreso de importancia
33
Hans Werner Tobler: "Entwicklungstendenzen im 19. und 20. Jahrhundert", en: Theo Ginsburg/Monika Ostheider
(editores): Lateinamerika vor der Entscheidung. Ein Kontinent sucht seinen Weg. Frankfurt 1984, 41.
34
Patrick O'Brien: "European Economic Development: The Contribution of the Periphery", en: Economic History
Review 35, 1982, 1-18.
35
Nils Jacobsen: "Ausländische Wirtschaftsinteressen und der Konflikt zwischen Zentralismus und Regionalismus in
Peru 1850-1930", en: Geschichte und Gesellschaft (nota 28), 178-192.
36
Eric N. Baklanoff (editor): The Shaping of Modern Brazil. Baton Rouge 1969; Richard Graham: Britain and the
Onset of Modernisation in Brazil, 1850-1914. Cambridge 1972.
que poseía el Estado Central, lo que permitió la subsistencia del Estado mexicano; que el capital
obtenido por medio del comercio exterior fue invertido en la incipiente industria textil,
beneficiándose ésta en gran manera con el negocio de importación-exportación; que el ocaso de la
clase artesanal sólo fue precipitado parcialmente por los efectos destructores de las importaciones
europeas, pues -contrariamente a las múltiples acusaciones hechas a las importaciones al respecto el problema más bien fue agudizado por el perfeccionamiento de las fábricas de producción
industrial.37
En el caso de Colombia,38 el concepto de desarrollo orientado al exterior, promovido por los
liberales, que permitió el surgimiento de una burguesía comercial, es valorizado como un elemento
positivo. Esto permitió también a las provincias aprovechar sus propias posibilidades económicas,
pasando a ser, por encima del desarrollo regional, impulsoras del desarrollo nacional. La economía
agrícola, orientada a la exportación, estableció el transporte fluvial por el Magdalena, e impulsó los
ferrocarriles, factores ambos que dieron gran ímpetu a la industrialización.Las condiciones
infraestructurales fueron mejoradas en general; el sistema bancario (como requisito institucional
para la creación de créditos y capitales), desarrollado.
La respuesta a la pregunta acerca de los efectos a largo plazo de las relaciones comerciales
europeo-latinoamericanas debe darse, pues, de manera diferenciada. Estas relaciones no deberían
ser vistas ni exclusivamente negativas como responsables del subdesarrollo latinoamericano en el
siglo XIX, ni exclusivamente positivas como prístinos elementos de modernización en unas
economías de por sí incapaces de desarrollo. La investigación del tema, intensiva en la actualidad,
deberá aportar ulteriores resultados, para poder continuar su análisis -fuertemente ideologizado- sin
prejuicios.
5. La inmigración masiva europea
Varias veces en este artículo se ha hecho alusión a la función modernizante de la inmigración
europea. Hay una amplia literatura sobre el tema de las aportaciones de los inmigrantes europeos al
desarrollo de Brasil, Argentina y Chile; pocas veces se aborda el tema en forma crítica, es decir, sin
atribuirle al europeo a priori el elemento técnico decisivo, gracias al cual se impulsó el desarrollo
del continente en el siglo pasado.
No cabe duda que la inmigración europea hacia Latinoamérica en el siglo XIX era de gran
importancia, tanto para el Nuevo, como para el Viejo Mundo.39 Los Gobiernos independientes
tomaron una posición radicalmente distinta a la de las anteriores "Madres Patrias" España y
Portugal en lo referente a la inmigración no-ibérica. Ahora se trataba de atraer al mayor número
posible de inmigrantes de las denominadas naciones "desarrolladas", con la idea de encaminarse de
esa forma hacia el progreso.40 Se emitieron leyes favorables a la inmigración, en las Provincias
37
Walther L. Bernecker: "Wirtschaftsimperialismus und Neokolonialismus. Zur Diskussion über die 'abhängige'
Entwicklung Mexikos im 19. Jahrhundert", en: Geschichte und Gesellschaft (nota 28), 193-219; el mismo: "Foreign
Interests, Tariff Policy and Early Industrialisation in Mexico 1821-1848", en: Ibero-Amerikanisches Archiv 1, 1988,
61-102; el mismo: Industrie und Außenhandel; el mismo: Handelskonquistadoren (nota 16).
38
König (nota 17); véase también Frank Safford: The Ideal of the Practical. Colombia's Struggle to form a Technical
Elite. Austin 1976.
39
Un cuadro sinóptico ofrecen Magnus Mörner/Harold Sims: Adventurers and Proletarians. The Story of Migrants in
Latin America. Pittsburgh 1985 (en especial los capítulos 3 y 4).
40
No cabe dentro del margen de este artículo abordar el tema de la influencia ideológico-cultural de Europa sobre la
América Latina del siglo XIX. Vale para todo el siglo XIX decir, que en casi todas las regiones se valoraba a Europa
como el gran ideal a seguir. Las constituciones latinoamericanas se concibieron tomando como modelo las europeas.
Las corrientes ideológicas europeas (romanticismo, liberalismo) tenían enorme recepción en Latinoamérica, hasta el
Unidas del Río de la Plata ya en 1812, en Cuba en 1817. El único requisito era pertenecer a la
Iglesia Católica; cuando los liberales alcanzaron el poder, en muchos casos hasta este requisito fue
derogado.
Los primeros inmigrantes europeos que se radicaron después de la Independencia en los países
latinoamericanos, vinieron solos, o formaban parte de algunos de los muchos proyectos de
colonización. Hasta mediados de siglo, la inmigración individual tenía carácter heterogéneo:
vendedores ambulantes, obreros y marineros se radicaban en las provincias y ciudades portuarias.
Un nuevo grupo de inmigantes fueron los soldados. En los ejércitos de Bolívar, por ejemplo,
combatían 7'000 voluntarios ingleses e irlandeses; una gran parte de los 1'000 supervivientes
permaneció en Latinoamérica. Un gran número de inmigrantes fueron expulsados por razones
político-ideológicas de sus países en Europa, los revolucionarios italianos exiliados en 1820, por
ejemplo, o los insurrectos de los movimientos revolucionarios de 1848; en tales casos se trataba en
realidad de inmigraciones temporales únicamente.
En Uruguay tuvo lugar una concentración especial de inmigrantes, registrable durante la primera
mitad del pasado siglo; entre 1835 y 1842 inmigraron al país alrededor de 33'000 extranjeros, en
especial franceses provenientes de los Pirineos. Muchos de ellos habían estado antes en Argentina.
En 1843, el 60% de los 31'000 habitantes de Montevideo eran extranjeros; a principios del siglo
XX eran aún el 33%.
Además de la inmigración individual, había una importante ola de proyectos migratorios,
organizados con afán de lucro por algunos empresarios. Muchos de estos proyectos se organizaban
desde los países latinoamericanos; la mayoría fracasaban, tanto por la falta de dinero, como por
errores de cálculo y fracasos personales de los organizadores. Algunos tuvieron gran éxito, como
las colonias alemanas de Río Grande do Sul, en Brasil. La más conocida era la colonia Blumenau,
fundada en 1850 en la provincia de Santa Catarina. A mediados de siglo, los alemanes organizaron
con mucho éxito un proyecto de colonización al sur de Chile, en los bosques de Valdivia y
alrededor del lago Llanquihue. También en Argentina se hicieron grandes intentos de fundar
colonias agrícolas con suizos y franceses.
Las dimensiones de estas corrientes migratorias hacia la América Latina independiente no pueden
ser calculadas en forma muy detallada. Entre 1816 y 1850 deben haber inmigrado unos 200'000
europeos hacia los atractivos países Brasil, Argentina y Uruguay. Se puede afirmar que la
inmigración durante todo aquel período tuvo carácter esporádico, y abarcó un número
relativamente pequeño de personas. Para poder denominar la inmigración como un fenómeno de
masas, faltaban aún algunos requisitos importantes: en los países de origen los "factores de empuje"
eran aún muy débiles; la travesía era muy cara; los países anfitriones adolecían de inestabilidad
política crónica; en países como Brasil, el esclavismo impedía la valorización de la fuerza de
trabajo libre.
La inmigración pasó a ser un fenómeno de masas durante el centenio comprendido entre 1830 y
1930. En este período emigraron en total 50 millones de europeos, la inmensa mayoría a los
positivismo comtiano de finales de siglo. No sólo las economías del subcontinente estaban orientadas al exterior: las
clases gobernantes se orientaban ideológica y culturalmente hacia Europa (alejándose con ello de su propia Nación).
Las ataduras socio-culturales al extranjero provocaron una adopción de los conceptos de orden y desarrollo europeos,
los cuales, transformados al contexto latinoamericano, adquirieron la calidad de ideal extranjerizado. La obra de
Sarmiento "Facundo, o civilización y barbarie en las pampas argentinas", es característica para el tema. Aquí el autor
hace el intento de elevar a la Argentina al nivel de civilización tal como lo define la escuela positivista. Francia
fascinaba culturalmente a Latinoamérica: arte, cultura y buen gusto francés caracterizaban el estilo de vida de las clases
altas latinoamericanas. En la literatura, Argentina ha sido descrita como colonia económica británica y vasallo cultural
francés.
E.E.U.U., pero también 11 millones de ellos a Latinoamérica. De los 11 millones, la mitad, 5,5
millones, se radicaron en la Argentina; 4 millones en Brasil, y medio millón en el pequeño
Uruguay. El millón restante se repartió entre los demás países latinoamericanos. El clímax de la ola
migratoria fue alcanzado en los tres decenios anteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando
partieron casi 250'000 emigrantes anualmente; la crisis económica mundial interrumpió esta ola
migratoria en forma tajante.
De los once millones antes mencionados, eran 38% italianos, 28% españoles, 11% portugueses.
Otros grupos étnicos más pequeños eran los franceses (2,8%), los alemanes (2,7%), y los llamados
"rusos" (2,6%), que en muchos casos eran alemanes del Volga, o judíos de la Europa oriental.
Durante cuatro decenios, los italianos formaron el contingente migratorio más fuerte; sólo hasta
principios del siglo XX fueron rebasados por los españoles. Las más atractivas mecas para los
italianos eran Argentina y Brasil. Durante el último cuarto del siglo XIX se radicó allá un 30% del
número total de la emigración italiana; en aquella época, casi un tercio de la población de Buenos
Aires eran italianos.41
La concentración de más del 90% de la inmigración hacia Latinoamérica en sólo tres países se
explica a través de la relativa estabilidad política de esos Estados, su reducida expansión
demográfica, el clima templado y el progreso económico. También son dignos de mención Chile y
Cuba: en el caso de Cuba formaron los españoles (77%) el contingente más grande de inmigración,
aún después de la Independencia de la isla. En Chile formaron españoles, franceses e italianos,
hasta fines de los últimos dos decenios del siglo XIX, el 20 ó 30% de la inmigración total,
respectivamente; ingleses y alemanes, el 6 ó 7% respectivamente. El creciente número de alemanes
al sur de Chile y Brasil era más bien un resultado del crecimiento de estas colonias extranjeras, y no
de la corriente inmigratoria.
En un principio, la mayoría de los inmigrantes se radicaba en las regiones rurales. De acuerdo a su
origen social, trataban de ser campesinos, lo que coincidía con los intereses de los Gobiernos, que a
veces hasta financiaban la travesía, si el recién venido se comprometía a dedicarse a la agricultura.
Muchos de los inmigrantes dedicados a las faenas agrícolas, sin embargo, retornaron años más
tarde, o se trasladaron a las ciudades, de forma que el fenómeno de inmigración en Latinoamérica
tuvo, en general, un carácter más bien urbano.
La re-emigración a Europa era en aquella época bastante común, casi del 50%. En los Estados
Unidos, como comparación, llegaba sólo a un tercio de la inmigración total. Algunos gobiernos,
descontentos de esta situación, tomaban medidas en su contra. El gobierno argentino obligó a las
compañías navieras, en 1911, a doblar el precio del pasaje a Europa, para de esta manera
obstaculizar el retorno.
Muchos eran los motivos que empujaban a casi la mitad de los inmigrantes a retornar a Europa:
problemas para la obtención de parcelas propias, dificultades de adaptación al nuevo medio social y
climático, inseguridad política y legal, a la vez que muchas desilusiones.
Por razones lingüísticas se asimilaban mejor los españoles, italianos y portugueses que los
provenientes de otros Estados europeos, aunque en este terreno las generalizaciones son
especialmente problemáticas. El proceso de asimilación no dependía sólo de las actividades del
inmigrante, sino también de la posición adoptada por el país anfitrión y sus habitantes. El éxito
41
Los inmigrantes sudeuropeos predicaban también doctrinas radicales como el socialismo, el marxismo o el
anarquismo, lo que en algunos países (Brasil, México, Argentina) tuvo gran repercusión en el movimiento obrero.
Véase John W.F. Dulles: Anarchists and Communists in Brazil, 1900-1935. Austin 1973; Richard J. Walter: The
Socialist Party of Argentina, 1890-1930. Austin 1977.
económico de los inmigrantes provocaba a menudo envidia y desconfianza entre los nativos, y
degeneraba a veces en movimientos nativistas.
La importancia de la inmigración para los Estados latinoamericanos se puede medir cuantitativa y
cualitativamente . Los aspectos cuantitativos juegan en algunos países un papel de importancia: En
Argentina, en 1940 el 30% de la población había nacido fuera de las fronteras del país. Ya que la
mayoría de los inmigrantes eran jóvenes, muy pronto criaban hijos; se calcula que su aportación al
crecimiento demográfico argentino fue del 58%. En Brasil, el contingente de inmigrantes, que a
nivel nacional era del 19%, alcanzó en el Estado de Sao Paulo, incluidos los niños, más del 50%.
La enorme importancia de la inmigración en masa se nota fácilmente en la explosión demográfica
de estos países. En la segunda mitad del siglo XIX se multiplicó por trece la población de Uruguay,
por diez la de Argentina, y por cinco la de Brasil. Sin la inmigración en masa europea no hay forma
de explicar estos datos.
Los inmigrantes contribuyeron considerablemente al crecimiento agrícola de Argentina, Uruguay,
Cuba y el sur del Brasil; al proceso de industrialización de Buenos Aires, Sao Paulo, Santiago de
Chile y otros lugares; a la profesionalización de los ejércitos de muchos Estados latinoamericanos;
al desarrollo del comercio, ciencia, cultura y formación. El fenómeno de inmigración, sin embargo,
muestra también otra cara: desde la perspectiva socio-psicológica se observa un gran alienamiento
de las clases medias en el Río de la Plata (y no sólo allí); económicamente, el tradicional
desequilibrio rural-urbano se agravó, ya que los inmigrantes a la larga siempre terminaron
radicándose en las ciudades, creando una exagerada urbanización, y empeorando la situación de la
agricultura monocultivista, la cual pronto mostró sus puntos flacos. También en materia racial, la
inmigración tuvo consecuencias. Por su mayor número, y mejor formación, los europeos
suplantaron rápidamente a los negros y mulatos en el mercado del trabajo, obligándoles a
abandonar el entorno urbano. Políticamente, la inmigración dejó, por lo general, las estructuras de
poder nacionales y regionales intactas. Aunque muchos inmigrantes jugaron un papel importante
en la política de sus países anfitriones y alcanzaron posiciones importantes, la gran masa
inmigrante permaneció más bien apática. Desde una perspectiva histórica, incluso las aportaciones
de la élite profesional y tecnocrática inmigrante parecen bastante ambivalentes. ¿No era la
tecnología que ellos introdujeron en última instancia demasiado cara?; ¿no condujo a una gran
dependencia de los conocimientos y facultades de la técnica extranjera?; ¿no condujo a la hoy
endémica orientación hacia el exterior y el extranjero?
La depresión mundial de 1929/1930 no produjo en América Latina el inmensamente alto
desempleo como lo hizo en Europa, pero bastó para generar una nueva política migratoria en los
Estados latinoamericanos. Si bien la política difería considerablemente de país a país, se puede
afirmar que fue entonces cuando la "política de puertas abiertas" encontró su fin.
6. Observación final
El sistema de libre comercio de la Independencia desarrolló la economía de exportación, el
crecimiento del sector urbano, la creación de una infraestructura moderna, así como el surgimiento
(aunque no muy profuso) de una burguesía. También los inmigrantes europeos a menudo
cooperaron como una fuerza creadora y emprendedora. Pero el crecimiento generado por las
actividades comerciales benefició sólo a unos pocos; la industrialización en masa no se produjo, el
capital comercial dominó siempre. La cohesión social de la clase latifundista permaneció intacta,
mientras todos los esfuerzos por lograr un desarrollo industrial estaban condenados a estancar; el
crecimiento, impulsado en primer lugar desde el extranjero, nunca condujo a cambios sustanciales
dentro de la estructura social oligárquica, o del sistema político de regímenes autoritarios, sino más
bien favoreció su estabilización. La dependencia del mercado mundial hizo al subcontinente más
susceptible que nunca a las crisis. Las relaciones Europa-Latinoamérica dejaron, prácticamente en
todos los sentidos, un resultado muy ambivalente y dubioso.
Publicado en: Hispania. Revista Española de Historia, N° 183, vol. LIII/1, 1993, pp. 177-212.
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