Vicisitudes de la educación nacional

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Vicisitudes de la educación nacional
Por Freddy J. ESPADAS SOSA
La Revolución mexicana fue sin duda el primer gran movimiento del siglo XX que
logró transformar radicalmente las estructuras económicas, políticas y sociales del
país. Sin su análisis no puede entenderse elproceso de modernización seguido por
el país ni las características que adoptó su desarrollo a lo largo de esta centuria.
Por las fuerzas motrices que la hicieron posible —campesinos, indígenas y
obreros— la Revolución tuvo un carácter eminentemente popular; encarnó asimismo
importantes demandas políticas y sociales surgidos de la opresión, la injusticia y la
desigualdad acumuladas por más de 30 años de dictadura.
Por los objetivos que se trazó, la Revolución fue un movimiento primordialmente
democrático, ya que luchó por las libertades y derechos sistemáticamente
conculcados por la elite porfirista: libertades de expresión, de manifestación y de
creencias, el sufragio efectivo, el derecho de huelga, la educación gratuita, el
derecho a la tierra, etc.
Siendo la educación pública, laica y gratuita uno de los más importantes logros del
movimiento revolucionario iniciado hace 96 años, es relevante referir las vicisitudes
históricas por las que aquélla tuvo que pasar hasta cristalizar en lo que es hoy el
complejo sistema educativo nacional.
En la eclosión revolucionaria, el rubro educativo fue motivo de honda preocupación,
no obstante que en los planes revolucionarios más importantes (San Luis, de
Guadalupe, de Ayala, etc.) no se explicitaban demandas sobre la materia. Sin
embargo, el Programa del Partido Liberal de los hermanos Flores Magón y otros
precursores de la Revolución sí recogió puntualmente este aspecto. En él se plantea
la multiplicación de las escuelas primarias, la obligación de impartir enseñanza laica,
la obligatoriedad de la instrucción hasta los 14 años y la importancia de pagar
salarios decorosos a los maestros.
En la etapa de escisión del movimiento, la Soberana Convención Revolucionaria de
abril de 1916 incluyó en su Programa de Reformas Político-Sociales la necesidad de
establecer escuelas rudimentarias en toda la república, fundar escuelas normales en
cada estado y elevar las percepciones de los profesores.
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Como es lógico entender, los años de conflagración son significativamente adversos
para el desarrollo de la tarea educativa; sin embargo, en el período previo a la
aprobación de la Constitución de 1917, que le dio un cobijo muy relevante al rubro
educativo, en los diversos pronunciamientos, leyes y programas que se emitieron en
medio de la guerra entre las facciones, se aprecian plausibles esfuerzos orientados
a lograr que el pueblo tuviera acceso a la enseñanza.
En las efímeras administraciones de León de la Barra y Francisco I. Madero es
cuando se organiza la escuela rudimentaria, al amparo de la ley aprobada en 1911,
la cual, a pesar de su fracaso, representa los primeros intentos serios por extender
los beneficios de la escuela hacia las clases campesinas y núcleos indígenas
dispersos por toda el país, orientado esto a alcanzar la unidad nacional, elemento
indispensable para impulsar el desarrollo económico del país.
En su informe rendido al Congreso de la Unión el primero de abril de 1912, el
presidente Madero refería que el Ejecutivo dedicaba especial cuidado a la
enseñanza, dictando las medidas más oportunas para obtener un buen servicio.
Señalaba que ya se había empezado a poner en práctica el decreto del 1§. de junio
de 1911 referido al establecimiento de las escuelas de instrucción rudimentaria en
toda la República. Madero le dio impulso a la instalación de estas escuelas, pero
estaba consciente de las grandes dificultades presupuestales que afectaban
severamente la realización de esta ingente tarea.
A pesar de la situación de guerra que se vivía, Madero informaba al Congreso el 12
de septiembre de 1912, que la Secretaría del ramo había emprendido "importantes
estudios sobre la mejor forma de organizar y establecer, de manera definitiva, y con
el mayor provecho y extensión posibles, las escuelas rudimentarias en todo el país;
tiene en obra la revisión...de los programas de enseñanza de las Escuelas Primarias
y Normales y de la Escuela Preparatoria, para conformarlos mejor con las exigencias
de la moderna Pedagogía, la que, como es sabido, persigue un triple fin
educacional, científico y práctico, con el que, a más de la cultura y la ilustración del
individuo, se obtiene la preparación conveniente de éste para bastarse en la lucha
de la existencia y ser un factor de provecho en la obra colectiva del progreso
nacional...".
En pleno enfrentamiento bélico, entre 1910 y el Constituyente de Querétaro, la
preocupación por la educación no disminuyó, realizándose varios encuentros
nacionales para debatir y ventilar sus más acuciantes problemas: unificación,
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federalización, organización, financiamiento, materiales y métodos. Los más
importantes congresos y asambleas realizados en ese lapso fueron: I Congreso
Nacional de Educación Primaria (CNEP), reunido del 13 al 24 de septiembre de
1910 en la Ciudad de México, a convocatoria del ministro Sierra; II Congreso
Nacional de Educación Primaria, celebrado en septiembre de 1911 en la capital del
país, convocado por el ministro Vázquez Gómez e inaugurado por el presidente
interino León de la Barra; III Congreso Nacional de Educación Primaria, convocado
por José Ma. Pino Suárez y el gobierno de Veracruz, que se realizó a mediados de
1912 en Jalapa; IV Congreso Nacional de Educación Primaria, con los auspicios del
gobierno del estado de San Luis Potosí y la Secretaría de Instrucción Pública y
Bellas Artes, a cargo del Lic. José Ma. Lozano, que se realizó a partir del 1§. de
octubre de 1913 en ese estado; Congreso Nacional de Educación, celebrado en la
ciudad de México a mediados de 1914, convocado por la Secretaría a cargo de Félix
F. Palavicini.
El gobierno de la Soberana Convención, paralelo y rival del régimen de Carranza,
promulgó en noviembre de 1915 la Ley sobre Generalización de la Enseñanza, en la
que se declara que la Enseñanza Nacional es de la competencia del Gobierno
Federal, estipulándose igualmente que será gratuita, obligatoria y laica.
El Constituyente y la educación nacional
El esfuerzo educativo, prácticamente interrumpido por la Revolución y la guerra civil
que asoló al país, sólo pudo ser reemprendido, no sin grandes dificultades, con el
ascenso y dominio hegemónico de la facción constitucionalista, liderada por don
Venustiano Carranza.
El rumbo fundamental en el ámbito de la educación sólo se marcará cuando los
constitucionalistas impulsan un gran debate nacional cuyos resultados habrían de
darle al país la estructura de un nuevo Estado políticamente centralizado. Los logros
alcanzados por el Constituyente de 1916-1917 —al pactar y condensar en una
nueva Carta Magna las más importantes demandas sociales acrisoladas en toda la
lucha revolucionaria— le permitieron al país transitar, no sin sobresaltos posteriores,
por un proceso de institucionalización de su vida económica, política, social y
cultural.
Los debates que adquirieron mayor importancia en el Constituyente de Querétaro
fueron los relativos a la educación y a las cuestiones laborales, religiosas y agrarias.
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Resaltando este aspecto, el Gral. Múgica señalaba en la sesión del 3 de diciembre
de 1916: "Estamos en el momento más sobresaliente de la revolución...ningún
momento, señores, de los que la revolución ha pasado, ha sido tan grande, tan
palpitante, tan solemne como el momento en que el Congreso Constituyente aquí
reunido trata de discutir el artículo 3§. de la Constitución de los Estados Unidos
Mexicanos...se trata nada menos que del porvenir de la patria, del porvenir de
nuestra juventud, del porvenir de nuestra niñez, del porvenir de nuestra alma máter,
que debe engendrarse en principios netamente nacionales y en principios netamente
progresistas...".
Con la aprobación del artículo Tercero, la Revolución moldea una nueva escuela
mexicana, de acuerdo con las tendencias que la significaron: carácter laico y
nacional; gratuidad; responsabilidad del Estado.
En materia educativa, con base en la Constitución de 1917, Carranza se propuso dar
prestigio, responsabilidad y fuerza a los Ayuntamientos, y el 28 de febrero de ese
año les entregó las riendas para dirigir la educación, aunque los resultados fueron
desastrosos, ya que el municipio se había vuelto botín de caciques, jefes de armas y
políticos locales, quienes sustraían considerables recursos económicos. La
Secretaría de Instrucción y Bellas Artes fue suprimida por la Ley de Secretarías de
Estado del 13 de abril de 1917.
No obstante estos serios desatinos, las preocupaciones educativas de Carranza
pueden apreciarse cuando el 15 de abril de 1917 informa al Congreso de la Unión
que "a pesar de los trastornos que naturalmente se originan de un período tan largo
de guerra como el que hemos sufrido, se ha tomado el mayor empeño en conservar
abiertos y dedicados al servicio público el mayor número de establecimientos
oficiales que ha sido posible, creando cuantos más establecimientos nuevos se ha
podido para ofrecer mejores oportunidades educativas a toda la población escolar".
En otro informe, Carranza refiere que "los Ayuntamientos han recibido las escuelas
elementales, superiores nocturnas y jardines de niños", reconociendo dos años
después que a pesar de que los Ayuntamientos tienen a cargo la Instrucción
Primaria, de conformidad con la Ley de 13 de abril de 1917, éstos "no han logrado
aumentar el número de escuelas, según las necesidades de la población actual, ni
sostener las que se hallan abiertas y por ello el Gobierno se ha preocupado de
fomentar la iniciativa privada, ayudando al establecimiento de centros educativos".
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La política descentralizadora del carrancismo no dio resultados positivos, pues al
poco tiempo que los ayuntamientos se hicieron cargo de las escuelas primarias y
jardines de niños, se demostró que estas instancias no estaban capacitadas para
esta compleja tarea, ya que su administración y funcionamiento requerían de una
preparación científica y pedagógica, así como de ingresos suficientes para llevar a la
práctica los principios de laicidad, obligatoriedad y gratuidad. En la práctica, esta
política se enfrentó a múltiples problemas como la necesidad de edificios,
organización, legislación y administración.
El primer período de estabilidad en materia educativa se inicia en 1921, con el
gobierno del general Obregón, quien el 1§. de septiembre de este año informaba
que el Ejecutivo "ha dedicado, y continuará dedicando, atención muy preferente a la
educación popular, por ser ésta la función más importante y trascendental del Poder
Público, la más noble institución de los tiempos actuales, y, al propio tiempo, en alto
grado fecunda para el bienestar social y económico de nuestros conciudadanos, no
menos que para su mejoramiento moral y cultura cívica; pues su más amplia difusión
en todos los ámbitos del país hará imposible el restablecimiento de la tiranía que por
tantos años ha deshonrado nuestra historia."
El primer paso de gran trascendencia que dio el gobierno de Obregón fue la
restauración de la instancia ministerial que iba de nueva cuenta a centralizar y
regular, desde una perspectiva nacional, la ingente tarea educativa. Al frente de esta
instancia designa a José Vasconcelos, hombre con una capacidad excepcional, gran
visión y enorme energía, a lo que aunaba un auténtico deseo de que el pueblo
acceda a la educación.
La SEP fue creada mediante ley de fecha 29 de septiembre de 1921. Vasconcelos
había sido efímero secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes del primer
gobierno de la Convención, a cargo de Eulalio Gutiérrez, del 7 de diciembre de 1914
al 15 de enero de 1915. Vasconcelos permaneció como titular de la cartera de
educación en el gobierno de Obregón, del 2 de octubre de 1921 al 2 de julio de
1924. Con la creación de la SEP dio inicio una etapa trascendental que condujo a la
conformación del sistema educativo nacional.
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