NO ERA MÁS QUE BUENO

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NO ERA MÁS QUE BUENO
Cuando lo concibió su madre todos los del pueblo sospecharon.
¡Era una chica maravillosa! Casi llegaron a perdonárselo. Pero, para su mentalidad, era demasiado.
Una vecina, con fama de vidente, dejó dicho entre las sombras de los portales de las casas de las
callejuelas: “Este niño será un personaje singular, de él se esperan grandes cosas”. Las mujeres en el
lavadero y en la fuente cuchicheaban al oído. “El hijo de la joven va a nacer con estrella”.
El día de su nacimiento los curiosos se apresuraron a verlo, para vislumbrar en su rostro su futuro.
Pero era un niño cualquiera: tenía los ojos negros, como todos los de su raza, y los cabellos negros y la tez
morena.
Creció tan anodinamente y fue tan normal, que hasta las viejas que recuerdan las historias llegaron
a olvidarse de que la adivina había predicho cosas maravillosas de él.
Sin embargo, a la medida en que se fue haciendo adulto, se despertó en él una personalidad poco
común: poseía una conciencia lúcida, interpretaba con profundidad la realidad y tenía junto con la
franqueza y la valentía, un fuerte espíritu crítico.
La gente comenzó a comentar la bondad que desprendía, su capacidad de comprensión, cómo
entraba en sintonía inmediatamente con los que le trataban. También observaron que, cuando se reunían a
orar, él ponía un acento singular en algunas palabras y, cuando se comentaba el libro venerado, él llegaba
al fondo de su sentido, dejando en evidencia la superficialidad de tantos “listos” que andaban por el
pueblo, dándoselas de guías.
Llegó un tiempo en que despertó en mucha gente un gran interés: le llamaban para pasear y
conversar, le esperaban cuando salía de su casa y le seguían. Como cada vez destacaba más su
personalidad hubo muchos que entablaron una gran relación con él.
Quisieron hacer un club en trono suyo, luego pretendieron crear un movimiento. Algunos pusieron
grandes esperanzas en él y soñaron en llegar a alcanzar todos sus deseos. Creyeron que allí había un foco
importante de poder para barrer tanta maldad, todas las corrupciones y comenzar una era de servicio al
pueblo.
Pero él hacía oídos sordos a tanto sueño y a las bravatas que, de vez en cuando, soltaban algunos
de sus amigos.
El sólo quería hacer el bien. Se acercaba a los que todos apartaban; daba la mano a los extranjeros
e inmigrantes; sentaba a su mesa a los que consideraban como perros apestados: miraba con ternura a las
mujeres perdidas por las esquinas. Incitaba a la gente a ser buena, a tener buen corazón, a dejarse
embargar por buenas intenciones, a hacer obras buenas que procuraran el bien de todos.
Cuando vieron claras sus intenciones, muchos se desinflaron. Se decían para sí: ¡Bah, es un
benefactor! ¿Se dedica a la caridad? ¡Sólo es una buena persona!
Se quedaron tan desengañados, que lo abandonaron, lo despreciaron, llegaron a olvidarlo. ¡Y tan
sólo porque no era más que bueno...!
PARA TRABAJAR
- cómo seguir a este Jesús que pasó haciendo el bien...
DINÁMICA
. Se ata a un miembro del grupo con una cuerda. El otro extremo de una cuerda está en
manos de un compañero, al que se le dice que de ninguna manera puede soltarlo.
- Una vez atado, se le dice: “Eres libre”. Puedes ir donde quieras y hacer lo que quieras. El
participante atado ciertamente tiene un radio de libertad relativa a la que le concede la largura de la
cuerda... y el final de la cuerda, es el final de su libertad, cuando quiere ir más allá , quien le tiene
sujeto, le va frenando e impidiendo caminar o seguir adelante donde quiere ir. (recordar el texto leído
ayer del joven rico) Descubrir la necesidad de libertad que hacer falta para seguir a este Jesús que me
invita a” hacer el bien” y que sólo si soy libre puede seguirlo.
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